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III. POLÍTICA ECONÓMICA: ECONOMÍA DE GUERRA Y SITUACIÓN DE ESCASEZ. CONTEXTO HISTÓRICO, SOCIAL Y POLÍTICO DE LA POSGUERRA ESPAÑOLA

III. 2 POLÍTICA AGRARIA

 

La economía española en los años analizados era esencialmente agrícola.

La cuestión agraria fue uno de los temas prioritarios tanto del bando nacionalista como del republicano. No en vano se habían iniciado los enfrentamientos y descontento de los propietarios de tierras, germen de malestar general entre estos grupos y de los enfrentamientos con el poder republicano,18 acontecimientos que precipitarían la contienda.

Ya en los inicios de la guerra, Franco se refirió al tema agrario, planteando ciertas cuestiones en cuanto al modelo que debería seguirse para solucionar los problemas. Defendía más que la cuestión sociopolítica, los aspectos técnicos, recurriendo a ideas ya planteadas a comienzos de siglo. No hay que olvidar que siendo España eminentemente agrícola, el campo debía ser el que proveería de las necesidades básicas. Tanto en un estado de guerra como en un Estado con `planteamientos de guerra´, era básico que se estabilizasen la producción y los precios, lo que permitiría abastecer de las necesidades básicas. Son frecuentes durante la guerra y al término de la misma, los llamamientos a los agricultores (acompañados por incentivos y préstamos para la siembra, y posteriormente la obligación de entrega de los correspondientes cupos) para que sirviesen con su esfuerzo al sostenimiento y reconstrucción de la nación.

Así pues, las medidas se encaminaron a desmantelar los planteamientos y obras iniciadas en el sector agrícola durante el mandato republicano. Se produjo lo que se ha venido en aceptar conceptualmente por los investigadores como “ contrarrevolución” en la agricultura. Se abolió de forma fulminante todo lo que fuera en contra del derecho de la propiedad, limitado inicialmente por los primeros gobiernos republicanos y establecido claramente por las autoridades del Frente Popular.

Los nuevos poderes pusieron las bases, apenas establecidos, para anular lo hecho anteriormente en este sentido y devolver las tierras ocupadas a los antiguos propietarios. Esta labor se acompañó también de multitud de normativas y organizando servicios administrativos técnicos y de control, tan propios de militares como de un estado de guerra que parecía iba a prolongarse por mucho tiempo. Se centraron en la construcción de medidas que en un principio eran de carácter transitorio, respecto a la situación anterior19, pero sobre cuyas intenciones no existían dudas en cuanto la tenencia de las propiedades. Consolidado el poder nacional, se fueron fortaleciendo las medidas y la evolución de unidades administrativas que se constituían en verdaderas instituciones encargadas específicamente de la regulación y el control de las cuestiones agrarias.

La intención era retrotraer la situación agraria. Primero se dictaron medidas “sobre la marcha” (un tanto provisionales) para luego reelaborar poco a poco la situación, mediante un complejo conjunto de leyes y órdenes que se concretarían cuando el conflicto bélico terminó y con el fin de organizar `militarmente´ el abastecimiento.

Uno de los principios identificadores del ”Nuevo Orden” era no desarrollar la reforma agraria, planeada anteriormente por los republicanos. Por principios, también se defiende la propiedad privada de la tierra. En realidad se llevó a cabo una verdadera contra- reforma de las intenciones establecidas antes de la guerra.

Aparecieron propietarios y apellidos nuevos por efecto de la acumulación o la concesión de licencias, abonos y maquinarias y esta fue en realidad la reestructuración que se hizo en cuanto al reparto y propiedad de la tierra que se efectuó principalmente en esta época en la que no se avanzó en absoluto en otras cuestiones de desarrollo, calidad de vida y nivelación de las condiciones de vida mínimas de unos españoles que acababan de salir de una guerra civil. Condiciones más favorecedoras para los grandes propietarios y seguidores era el principio que regulaba los cambios del nuevo régimen. Mediante la agricultura por tanto, único sector en que España podría trabajar en aquella época, sería como se acumularía capital proveniente de la plusvalía conseguida gracias al mercado no oficial20, pero en la plusvalía influiría el deterioro de los salarios.

La tan cacareada política de reforma económica y social consistió en una maniobra de colonización agraria21, sin efectos realmente positivos. En realidad se procuró enmendar los efectos ideológicos y políticos que se habían planeado durante la República, así como el fortalecimiento del nuevo Estado y no el establecimiento de bases económicas para la reconstrucción de un país gravemente afectado tras la contienda.

Así, la política agraria se basó en la colonización22, con intención de fortalecer a los cultivadores tradicionales, pero con ello se pretendía además de suavizar el estado de cuestión en cuanto a la propiedad, resolver los problemas estructurales del campo. Se trataba de crear pequeños propietarios y las correspondientes tierras susceptibles de parcelación. Igualmente la medida más anunciada e impulsada fue la llamada “transformación revolucionaria del suelo”, es decir el regadío, falso eufemismo mediante el que se intentaba resolver las diferencias. La transformación en este sentido era no sólo impulsada sino que también estimulada mediante medidas favorables a quienes lo adoptasen.

Sin embargo, estas medidas que pretendían la potenciación de la cultura agronómica y que partían de intenciones de consolidación de los problemas técnicos y de carácter estructural, no resultaron precisamente ser alternativas que lograsen los éxitos esperados en este sentido.

Como ya se ha mencionado el problema se basaba tanto en la gestión como en la reestructuración, no se dotó a la España agrícola de estructura económicas modernas que evidentemente necesitaba.

Tampoco existía una idea clara desde el inicio, en cuanto a los fines que se perseguían como a los medios ( estructuras, posibilidades reales…) que se utilizaron, esto evidencia de nuevo la falta de planificación a la que se ha aludido, tanto para el sector agrícola como para todo el resto de los sectores económicos.

En palabras de García Delgado y Jiménez (1999:115) la evolución de la economía española muestra el “ sentido adaptativo romo y lento” de sus responsables. Según se defiende en el mismo libro y a través del estudio de las diferentes situaciones que se plantean, durante el franquismo no hay apenas talento para la anticipación sino más bien instinto de supervivencia del régimen.

Precisamente el planteamiento que se trabaja en el presente estudio es el de la supervivencia pero en sentido contrario: para el caso de la ciudadanía y ante las graves carencias alimentarias, como una posible estrategia no consciente.

La política económica así como la agraria, casi inexistentes en términos de planificación pero sí muy presentes en términos de intervención y control, fueron la causa de la situación tan grave en la agricultura.

Entre otros sectores económicos, en el agrícola es donde el intervencionismo tiene mayor presencia, si bien los efectos de las medidas tienen una escasa eficacia.

Por otro lado, otros autores como Barciela, C. (1987) defienden la idea de que la guerra no tuvo efectos sobre los resultados negativos de la agricultura, y las pérdidas en cuanto a materiales fueron limitadas. Aún así, durante esta década la agricultura española se encontraba en profunda crisis.

La causa del retraso en términos agrícolas no se deriva directamente de la destrucción que provocó la guerra, sino a las faltas que imponía el aislamiento y las faltas en el desarrollo de la política agraria del momento.

A todo lo anterior, habría que añadir además de cuestiones de carácter técnico y de transformación de las estructuras, el decremento de las superficies cultivadas de los más importantes productos agrarios (y eso teniendo en cuenta que se pretendía un autoabastecimiento), además de una bajada en los rendimientos de esas producciones también con respecto a los generalmente alcanzados durante la república.

Se partía de la base de que fijando los precios y los factores de producción mediante decretos y sin tener en cuenta las incidencias del mercado, se podrían conseguir beneficios mínimos para los empresarios agrícolas. Pero las consecuencias de la intervención no fueron los esperados en cuanto a los resultados en la producción y en cuanto a la reventa en el mercado negro.

La elevación de los precios durante el periodo analizado, no pudo contenerse y el abaratamiento de los productos fue una batalla perdida. El intento de disminuir la especulación fue declarado por las autoridades utilizando los argumentos de una mejora de las economías familiares y por el mismo Franco en varias ocasiones.

Sin embargo los salarios no acompañaban. En la editorial de I.C.E. de agosto de 194623, se habla de ello junto con la frase siguiente: “De ninguna forma se trata de eliminar a los ricos, ni de admitir la ilusión utópica de la desaparición de la pobreza. Se trata, sí, de crear entre estos dos estadios extremos una capa social intermedia de productores, de pequeños empleados, que puedan tener la satisfacción de ver atendidos sus gastos y sus necesidades con sus ingresos regulares, se trata de que los consumidores no se sientan enloquecidos, un día tras otro con la monstruosa curva de los precios…”

A pesar de que el curso del sector agrario es pero que el del industrial, se produce una redistribución de las rentas en alza para el campo y desfavorable para las ciudades, según han defendido Nadal y Fontana (1980:141 y ss.). Los beneficios se localizaban principalmente en la gran propiedad del sur que podían aprovechar las benevolencias del régimen en una acumulación.

Por su parte, los industriales, pudieron remontar la penuria, con licencias de importación y cupos entre otros, además de los beneficios que reportaba la bajada de los salarios obreros.  


18 En BARCIELA LÓPEZ, C. y LÓPEZ ORTIZ, I. (2001) se explica cómo los grandes propietarios fueron los que especialmente ayudaron a la consolidación de la sublevación contra el gobierno del Frente Popular.  

19 El ejemplo del paso de estas medidas transitorias hacia otras claramente contrarrevolucionarias es el caso de los yunteros de Extremadura y el cultivo de la tierra, posteriormente aparecen el decreto que deroga las disposiciones anteriores en materia de Reforma Agraria y el que establece las normas para que los propietarios puedan recuperar las fincas intervenidas por el Instituto de Reforma Agraria (en septiembre de 1936, días 25 y 26 respectivamente)  

20 Los valiosos trabajos de NAREDO J.M. (1974 y 1986) aportan datos para la medición del mercado clandestino. El autor defiende que tal plusvalía se produce por un incremento de la productividad. La cuestión de los salarios se desarrolla en el presente capítulo. En capítulos posteriores (V y VI) se incluirá temas como el de las condiciones de vida y las economías familiares. Es en este último punto es donde se puede sugerir una diferenciación entre distintos grupos sociales y el estraperlo.  

21 En 1939: Ley de Colonización que es desarrollada con otras posteriores, pero solo llegó a transformar 10.000 hectáreas de las 600.000 declaradas de interés nacional entre 1940 y 1951 e instaló solo unos 30.000 colonos en nada más ni menos que 12 años.  

22 En octubre de 1939 se crea el Instituto Nacional de Colonización y en diciembre del mismo año la Ley de Bases para la Colonización de grandes zonas.  

23 Referencia a una batalla contra los especuladores, en el discurso de Franco que se incluye en I.C.E. nº 149 Aún más jugosa es la editorial del mismo número.