ÉTICA Y RESPONSABILIDAD SOCIAL EN LAS RELACIONES LABORALES

Armando J. Camejo R.

El Ideario de Responsabilidad Social Empresarial

El despliegue de concepciones sobre los sistemas axiológicos que marcan pauta en la dinámica de las organizaciones empresariales y que revelan la necesidad de atender no sólo en términos del ideario ético minimalista (Cortina, 2002) las expectativas de los actores sociales que se vinculan con la responsabilización, indica con asertividad un reclamo expreso a las teorías administrativas en las cuales se basa la operatividad de la empresa.

Es en este campo, en el cual la necesidad de formalización de los esquemas conceptuales aparece con reciedumbre, es la exigencia de revisión del sistema teórico en lo atinente a la idea de ética empresarial y a la responsabilidad cono estamento categorial base para configurar un discurso no sólo explicativo sino de aplicación, cuyo fundamento tenga alcance en las consideraciones de los actores del campo empresarial como personas humanas fuertemente vinculadas con el entorno socioambiental en el cual se mueve la empresa.

El planteamiento precedente adquiere eco en los criterios sostenidos por  Guédez (2008). Éste último, al referirse a la idea fuerza de ser confiable , expresa que las organizaciones empresariales “…además de generar riquezas, …deben favorecer el enriquecimiento de la sociedad”; es decir, no sólo es el ritornelo de acumulación de bienes lo que marca la relación empresa-sociedad, sino que es la generación de un estado de consciencia cuyas implicaciones trasciendan los límites de la responsabilidad de la empresa con sus trabajadores y se desplace hacia evidencias más visibles del compromiso contenido en la visión de empresa responsable.

No se trata aquí de promover nuevos constructos para interpretar la responsabilidad social empresarial o echar tinta al discurso para generar la confusión; es más bien impulsar el esfuerzo más allá del concepto desde el concepto mismo. La responsabilidad social empresarial connota entonces tanto los intereses colectivos de los miembros de la organización con los intereses del colectivo que hace vida en el entorno empresarial. Destacan allí los elementos relacionados con el ámbito cultural y su contextualidad.

Las implicaciones conceptuales de la responsabilidad social empresarial, toman ribetes de complejidad en tanto su contenido expresa una profunda imbricación con lo humano, de modo que en esencia es constitutivamente ética, (Camps, 2005). Por ello, la consideración de la empresa como un sistema que articula lo social y lo humano implica rendición de cuentas sobre su quehacer. El componente derivado de las consideraciones sociales de la organización empresarial hace ver, entonces, el alcance de la interdependencia empresa-sociedad, en la cual la racionalidad sustancial del término, implica no sólo responder  al plano interior de la empresa sino ir más allá de sus limites; esto es, transitar hacia el espacio en el cual la misma causa impacto transformador en lo socioambiental y político-cultural.

La acepción de la responsabilidad social empresarial, remite a la diferenciación entre ética y moral, generando el replanteamiento del contenido propio de la expresión guía hacia una simbiosis entre lo restrictivo de la visión ética minimalista y la moralidad. Esto se evidencia en las ejecuciones o prácticas sociales de la empresa ante el reclamo normativo, para adentrarse en la ampliación de un constructo cuyo alcance delinee recursividad de los términos responsabilidad-social-empresarial.       

La construcción lingüística, necesaria al giro de la racionalidad funcional hacia el lenguaje (López, 2002), requiere comprender el término empresarial; éste a decir de Guédez (2008), respecto a la noción que transporta el término empresarial, se orienta a reconocerla como:

Congregación de personas que se organizan para trabajar en función de la generación de determinados productos o particulares servicios”. Esta acepción, sigue firmemente adosada al principio funcional del productivismo, pues endilga a la organización empresarial una vida próspera en la medida en que produzca “…valor con lo que ofrece, añadir valor a lo que hace, y enraizar valores a través de su manera de proceder (p. 97).

Como puede verse, la visión del autor citado coloca la expresión responsabilidad social empresarial, en el marco del dictamen del capitalismo de raigambre neoliberal. Por lo tanto, no son las competencias humanas ni los intereses o interacciones relacionales los elementos categoriales que definen la expresión en discusión, sino que es la consideración del carácter organísmico de la empresa en conjunción con el carácter humano de las personas que la mueven; allí estriba la simbiosis empresa-ser humano-sociedad-ambiente, para lograr la trascendencia en el contenido y alcance de la expresión responsabilidad social empresarial, que en concordancia con Adorno (ob. Cit), va más allá del concepto desde el concepto mismo.

En consecuencia, desde la perspectiva del discurso investigativo, se abre una nueva concepción de la expresión responsabilidad social empresarial, cuyo núcleo esencial se afinca en la relación ética de la empresa con la puesta en práctica de la rendición de cuentas respecto al quehacer de la empresa hacia sus componentes internos y externos. Así mismo, en la incorporación del sentido humano de las personas en tanto entidades biológicas que piensan, se comunican, sienten, se emocionan y aman. Es entonces considerar no sólo el aparato productivo empresarial sino el respeto por la dinámica del entorno y en éste, el respeto por las personas en tanto seres humanos.

  Se puede considerar aquí lo expuesto por  (De la Garza; 2008: 123) en cuanto a que el conocimiento y la acción se construyen en un espacio de posibilidades que se articulan en procesos de diferentes temporalidades y subjetividades, en la trialéctica conocer -sentir – accionar.

Las implicaciones de la concepción señalada, ubica la consideración  de  la  responsabilidad social como eje temático clave para lograr la valoración de orden  subjetivo de  aspectos como: cognitivo, valorativo, razonamiento cotidiano, sentimental y estético  los cuales convergen en una configuración  que rescata  el poder de la subjetivación (De La Garza; 2008).

Las perspectivas de la responsabilidad social empresarial como aproximación, supone una composición compleja en la interacción de los dominios éticos, responsabilidad social empresarial y relaciones laborales. La conjunción de ellos es desde el seno de la investigación, la fuente potencialmente generadora  de la nueva visión de  la responsabilidad  social  empresarial en el marco de las relaciones laborales en el mundo globalizado.

Ante este escenario global las nuevas modalidades de gestión apuntan hacia  formas innovadoras asociadas a la consideración del sentido humano del trabajador, la arista de complejidad interna de la empresa, la dinámica compleja del entorno social y las expectativas sobre sustentabilidad ambiental. Esta visión, desarraiga las nociones tradicionales de ética, responsabilidad social y relaciones laborales  de viejo cuño, que las sostenía como imperativos conceptuales  tradicionalmente empleados para explicar el fenómeno socio-laboral.

La responsabilidad social tiene –en este contexto  de la nueva cosmovisión socio-laboral- un fuerte contenido  en todos los ámbitos.  Dado, que cada vez más los especialistas del tema la consideran como una propuesta integradora del bienestar y la calidad de vida del hombre;  es decir, el sentido humano en relación con la dinámica del campo laboral. Aún más, la noción de responsabilidad social es constitutiva a una nueva dimensión humana de las relaciones laborales y su vinculación  con el espacio sistema-mundo.

Las empresas modernas en un mundo globalizado como el de hoy  deben  reconocer que tiene responsabilidades  y que la misma van más allá de simple cumplir con la ley, maximizar el retorno hacia los accionistas, o hacer filantropía; es decir, no deben referir su aceptación de responsabilización al simple acto moral del cumplimiento de la ley.

Por otra parte, si bien el objetivo de la empresa es aumentar el valor para sus accionistas, hoy no es realista pensar en la creación de valor en el largo plazo sin promover una relación activa con los públicos interesados, un proceso que crea un contexto dinámico de interacción, respecto mutuo, solidaridad, diálogo y cambio. Ciertamente, la responsabilidad debe verse como una inversión y, en este caso, debe esperarse el llamado retorno de inversión.

Respecto a la responsabilidad gestada desde la interacción empresa-medio externo, cabe señalar que la sociedad actual requiere compañías que reconozcan que las operaciones de todos los días impactan los entornos humanos y ambientales en las que actúan, y que es en la gestión de esos impactos donde recae su responsabilidad social.

Es de interés para la empresa ser consciente de las consecuencias de sus operaciones para disminuir costos y manejar riesgos. Los entornos naturales saludables que tienen capacidad de renovarse, y los recursos humanos sobresalientes,  educados, sanos, y motivados, son la base que asegura la continuidad de la producción y el éxito de la empresa moderna.

Desde este ámbito, definir la RSE significa: “El compromiso de la empresa para contribuir en el desarrollo económico sostenido trabajando con, empleados, sus familias, la comunidad local y toda la sociedad para mejorar la calidad de vida” (Holliday, 2002, p.103).
         
Por su parte  Cortina (2003:5) 1 refiere lo siguiente:

La responsabilidad social va más dirigida a lo que llamaríamos el interés universalizable. No se trata de optar por una ética desinteresada, sino que se trata de una ética del interés universalizable, es decir, del interés de todos los afectados por la empresa. Por tanto, la responsabilidad social se distinguiría del derecho y también de la filantropía.

Desde el planteamiento de Cortina, se está en acuerdo con el alcance de los fines del quehacer empresarial, los cuales llevan implícito que toda actividad se legitima socialmente por perseguir un bien interno, una meta. Esta meta puede tomar dos variantes expresas:

  • Maximizar le beneficio económico (Friedman, M., 1970)
  • Aumentar el beneficio para el accionista y, además, cumplir la ley; economía y ley serían por lo tanto, las dos claves del mundo empresarial.

Frente a este cerco prescriptivo, hay la posibilidad de tener una tercera opción que viene desde muchas décadas practicándose  y es la que visualiza a la empresa como el organismo que tiene que satisfacer necesidades humanas, asumiendo su responsabilidad social corporativa a través de la obtención del beneficio. El beneficio sería, pues, un mecanismo para realizar esa meta de la empresa.

Dado que la concepción de responsabilidad social en estas cosmovisiones que pueden signarse como tradicionales, se ve distorsionada por el sentido economicista de la acción empresarial, podemos advertir, en concordancia con Cortina (2003), en un primer espacio para la reconstrucción del contenido asociado al término, que la responsabilidad social consiste en:

Asumir voluntariamente las consecuencias de la empresa en el medio social y en el medio ambiente. Por tanto, va más allá de lo que exige el derecho. Esto se ve claramente en el inglés, con la distinción entre accountability y responsibility, ya que no se trata sólo de dar cuentas, que es lo que exige el derecho, sino de asumir una responsabilidad que no se exige legalmente, sino que la empresa asume voluntariamente y, por tanto, va más allá del propio derecho  (p.5).

Al respecto, otros teóricos comentan que “La responsabilidad es distinta de la sujeción a la prestación de cuentas–accountability -. Aunque ambas compartan la implicación de pena, la sujeción a la prestación de cuentas es, esencialmente, externa a la persona o a la empresa”. (Thiry-Cherques, 2003, p.2).

En este  sentido, el concepto de responsabilidad manejado por el Thiry-Cherques en su documento: “Responsabilidad moral e identidad empresarial” parte del punto donde las empresas están siendo interpeladas en su responsabilidad, ya que se ha comprobado que hay una serie de equívocos con respecto a la economía y los efectos sobre la sociedad. Se les esta responsabilizando por la indiferencia e imprudencia que nos han llevado a una situación de riesgo físico y espiritual. La corrección que se vislumbra hasta el momento es integrar la responsabilidad social al conformar la nueva identidad de las empresas.

Bajo esta nueva perspectiva, la responsabilidad la vamos a entender como la obligación de responder (Mardones, 2004). De allí que la responsabilidad social comprenda el deber de personas, grupos e instituciones con relación a la sociedad como un todo; o sea, con relación a todas las personas, todos los grupos y todas las instituciones. La responsabilidad es lo que nos hace sujetos y objetos de la ética, del derecho, de las ideologías, y si queremos de la fe. Es lo que nos torna posibles de sanción, de castigo, de reprobación y de culpa.

Cabe destacar que entre los objetivos de la investigación se hace alusión a la responsabilidad social, sin dejar de mencionar que la empresa tiene otros tipos de responsabilidades como: legal, institucional, religiosa y moral. Sin embargo, todas ellas tienen la misma raíz: spondere, que quiere decir promesa. Re-spondere que socialmente significa cumplir con el compromiso mutuo entre el agente y la sociedad; es cumplir con una obligación mutua, es decir simbiótica.

La última diferencia a tratar es la que separa la responsabilidad social de la ética, debido a que la ética trasciende en mucho a la responsabilidad. La ciencia de la ética opera sobre dos pilares: uno teórico (determinar los fundamentos de la moral), y el otro, práctico (aplicación de los fundamentos).

En resumen: la responsabilidad social  es solo un segmento de las obligaciones éticas. Ser moralmente responsable es cuidar que el output de la empresa no repercuta negativamente sobre los seres humanos participantes de la organización empresarial, incluyendo a las personas que allí trabajan. Eso comprende a cada ser humano y a la humanidad como un todo. Retomaremos este último punto, ya que Levinas (1998) maneja el concepto de responsabilidad partiendo desde la posición que es el otro quién se nos revela.

En cuanto a la responsabilidad de la persona como sujeto moral que realiza la ética es pertinente mencionar, que en el marco institucional hay tres elementos que no se nos deben escapar –sin olvidar que en última instancia se es moralmente responsable a nivel personal- :

  • Específicos aspectos coaccionantes de la iniciativa personal.
  • Una expresión de corresponsabilidad que puede tener efectos paradójicamente contrapuestos: diluir la responsabilidad personal; por otro aumentarla, poniéndola a la medida de los grandes retos que sólo desde las instituciones y su inherente corresponsabilidad se pueden afrontar.
  • Específicas y variadas conexiones, según los casos, con la dinámica política de la sociedad. (Etxeberria, 2002, p.180)

Como menciona Etxeberria (2002) en su libro de Ética de las Profesiones, puede partirse de la base que en la ética de la solidaridad se revela el sentido pleno de la justicia y se afirma el deber de ayuda positiva al otro necesitado. Entiende como solidaridad extragrupal o abierta aquella que se define por los siguientes rasgos:

  • Es solidaridad dirigida a todo el ser humano (totalidad en profundidad) y a todos los seres humanos (totalidad en amplitud). Es decir, ningún ser humano, me es ajeno.
  • Es solidaridad que se expresa en el marco de la igualdad, es decir, solidaridad que asume la justicia con todo lo que ella implica: obligatoriedad, horizonte de igualdad, perspectiva estructural.
  • Es solidaridad que se abre a todos desde la perspectiva de los menos favorecidos. En realidad se define por su compromiso respecto al amenazado, no se define por su imparcialidad, sino por su “parcialidad” por el débil y oprimido.

Sin embargo, hay que ser conscientes de sus riesgos:

  • Creernos secretamente superiores.
  • Ayudar desde el horizonte de nuestros propios objetivos y valoraciones, sin estar abiertos a los del otro.
  • Ser los únicos sujetos ante unos “objetos” que reciben nuestras atenciones.

Para evitar estos riesgos es fundamental:

  • Que la solidaridad se viva en el marco del paradigma moral que sintetiza las tres dimensiones aparecidas hasta ahora: justicia-solidaridad-autonomía: que la justicia marque el mínimo moral prioritario y universalizable, garantizando que la solidaridad sea auténtica; que la solidaridad, por su parte, revele el sentido último de la justicia y que la autonomía exprese la madurez moral.
  • Que se tenga una fuerte conciencia de nuestra independencia mutua y del amplio abanico de necesidades, posibilidades y derechos en el que todos podemos vivir nuestro papel de dar y recibir.

Hay que vivir la solidaridad no como pura iniciativa sino como secreta obediencia a la “extraña autoridad desarmada” del otro que me interpela (Levinas, 1998).

En fin, la responsabilidad es la estructura esencial y fundamentación de la libertad. Es desde aquí desde donde las personas de manera individual –aunque actúen en el marco institucional - podrán y deberán tomar una posición personal. Junto con los dirigentes de las empresas –grado e influencia de la corresponsabilidad -, podrán interpelar a las personas necesitadas de la comunidad y sociedad –clientes finales, trabajadores, accionistas, proveedores, entro otros - en las cuáles se encuentre inmersa la empresa misma o forme parte de su entorno inmediato. 

Así, el ser humano como participante de una empresa deberá evitar la neutralidad y actuar en cada interpelación tomando en cuenta todos los efectos que sus acciones conllevan en los diferentes contextos.

Las relaciones laborales constituyen un aspecto específico de las relaciones sociales que se producen en el seno de las organizaciones o empresas, tanto públicas como privadas. Estas relaciones se establecen entre personas que laboran en una misma organización y se rigen por normas, principios, políticas y costumbres que definen las pautas entre empresa y trabajador, directivos y empleados y compañeros de trabajo.

  Desde esta perspectiva, el concepto de sistema de relaciones laborales, derivado de la racionalidad instrumental positiva, (noción de relaciones industriales) parte en principio de normativizar: “los valores básicos, las leyes, las instituciones y las practicas organizacionales que rigen las relaciones de empleo” (Dunlop, 1958, p.89). Posteriormente, con la teoría  de Foucault (1997) y en el posestructuralismo, se criticó la noción de sistema para proponer la  de rejilla o constelación, para dar cuenta  de las relaciones menos duras que las sistémicas. Se tomaba así en cuenta las discontinuidades, dispersiones, contradicciones, relaciones duras (causa – efecto) junto con laxas (impresiones, ilustraciones).

 Por otra parte, sostiene De la Garza (1998),  Las  relaciones laborales son: “el conjunto de valores básicos, las leyes, las instituciones y las prácticas organizacionales que rigen las relaciones de empleo”. Indica además, que el centro de las relaciones laborales lo constituye la negociación colectiva, la cual puede ser analizada en tres niveles: a) el estratégico: objetivos, estructuras y estrategias de sindicatos; b) el funcional, proceso propiamente de negociación colectiva, que implica un marco jurídico laboral, instituciones y procedimientos, así como costumbres y tradiciones; y c) el lugar de trabajo, orientado a definir cómo se traducen las relaciones laborales y la negociación colectiva en el lugar de trabajo (p.157).

 Desde esta perspectiva, las  hoy llamadas  viejas relaciones laborales (Industriales) llegaron a las sociedades latinoamericanas con importantes logros que conforman un patrimonio para quienes accedieron a sus beneficios (Lucena, 1998). Este arribo, no fue un proceso sin         contratiempos. Sin embargo, existen tesis que reconocen que luego de confrontaciones  se alcanzó la conformación de un compromiso histórico, que finalmente se materializó con el reconocimiento de los sindicatos y de las negociaciones colectivas, las que gradualmente permitieron el mejoramiento de las condiciones  de trabajo (socio-laborales); allí, el papel de la intervención de los estados fue determinante.

Esta concepción funcionalista  de sistema de relaciones laborales (industriales) tiene detrás la aparición del capitalismo organizado, vinculado al estado interventor benefactor, que pretendió  aprisionar  el conflicto interclasista en normatividades sancionadas por la ley y canalizadas a través de instituciones mediadoras (Hyman; 2001). Todo esto ha sido  parte de la realidad de las relaciones  entre el capital y el trabajo en el siglo XX.

En síntesis, en el enfoque funcionalista,  la relación capital - trabajo va del lugar de trabajo  a la negociación colectiva formal, a las relaciones  estatales y al movimiento sindical – obrero. Sin embargo, considerar estos elementos relacionados  hoy  con un sistema es poco realista. Se trataría en todo caso, de un sistema lleno de contradicciones, incoherencias, cambios asincrónicos y discontinuidades. Sería como un  sistema poco útil para dar cuenta de sus dinamismos y tenderíamos  -con esa concepción-  a dar preferencia al análisis de lo normativo  sobre lo real, tal como ocurre hoy en el mundo social – laboral.
 En este sentido, como señala De la Garza (2008), han surgido nuevas realidades laborales desde la década de los ochenta afianzados bajo los esquemas de la reestructuración productiva. En concordancia con este planteamiento, se tienen los criterios de Abramo y Montero (2000), quienes afirman que la reestructuración está cargada en lo tecnológico, organizacional, en flexibilidad laboral, en las características de la mano de obra y posteriormente en encadenamientos productivos; todo eso vinculado con la apertura de las economías.

Ante estas nuevas condiciones, las teorías en boga en los años setenta resultaban  restrictivas y limitadas para confrontar la necesidad explicativa sobre la especificidad del fenómeno de las relaciones laborales y más aún, para dar cuenta de su alcance.

En este plano, el eje teórico referencial, representado por las llamadas teorías de la dependencia, mostraba dificultades para articular los componentes conceptuales inherentes al problema, revelando sistemas incompletos para explicitar   los nuevos fenómenos implicados en la dinámica laboral. Mostraban sólo categorías generales  como: explotación (lucha de clases y excedentes o plusvalía relativa o absoluta, cuando eran de inspiración marxista) o deterioro de los términos del intercambio por importación de tecnología, cuando el sistema teórico explicativo se inspiraba en el estructuralismo. La sola dependencia con respecto de la tecnología del nuevo capital extranjero productivo no era suficiente para entender sus efectos en  sobre el trabajo y los mercados de trabajo.

Por ello, es importante un giro hacia  nuevos marcos referenciales, especialmente hacia aquellos coligados con el amplio espacio de discusión teórico en el cual se hacen visibles: el nuevo institucionalismo en economía, las teorías de la regulación, las neoschumpeterianas, las de la especialización flexible, del gobierno electrónico, de las cadenas globales y del aprendizaje tecnológico.

Estas teorías,  tuvieron como peculiaridades su debate con las teorías neoclásicas. A pesar de ser teorías económicas, no dejaban de incorporar en la reflexión el espacio del proceso productivo en la tradición de la sociología del trabajo europeo. No obstante la amplia gama de enfoques, la noción de responsabilidad social empresarial se mantiene velada en el plano del reconocimiento que le corresponde como componente relevante de las relaciones laborales (De la Garza, 2008).


1 Cortina, Adela. Seminario Internacional de Responsabilidad Social Empresarial. Santiago de Chile, Chile. Ponencia: “Las virtudes cívicas de la Responsabilidad Social Empresarial”.

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