ÉTICA Y RESPONSABILIDAD SOCIAL EN LAS RELACIONES LABORALES

Armando J. Camejo R.

Ética, responsabilidad social empresarial y relaciones laborales

La transición hacia la sociedad del conocimiento y el desarrollo de procedimientos legales adaptados a la misma, han integrado los intereses de otros individuos, también relacionados con la empresa de forma más o menos directa. En la actualidad, las  organizaciones empresariales como agentes económicos que son, y de acuerdo a la visión tradicional, se comportan de forma racional y persiguen un fin que, en principio, atiende a las concepciones que en ella se tienen sobre responsabilización, desde las cuales muestran un compromiso moral orientado a  beneficiar a la sociedad, mediante  la obtención de los resultados dispuestos en la planificación. De no ser así, perderían la confianza de sus inversores actuales y potenciales y quedarían apartadas del mercado. La confianza es entonces un elemento primordial que se cuida celosamente desde el accionar de la empresa y que no necesariamente se traduce en soslayo al compromiso con el entorno social de la empresa.

En este sentido, resulta de interés que  la empresa hoy gire la mirada de la responsabilidad social hacia las relaciones con sus  trabajadores, por cuanto ellos como parte integrante de la empresa,  buscan que su trabajo y desenvolvimiento consume sus esperanzas de satisfacción con la actividad que desempeñan. Es decir, existe la necesidad de sentirse valorados en sus justa dimensión humana dentro de la organización, y por supuesto, orgullosos de que se les identifique como parte integrante de la organización que responde  con unas condiciones laborales dignas1 .

Desde este escenario,  vale la pena explorar algunos aspectos destacados  por Ruiz de Giorgio (2006), desde los cuales se perciben importantes retos  en relación con el ejercicio de la ética (responsabilidad social) de la actividad empresarial referente a  los trabajadores en los siguientes aspectos:

Con frecuencia se ha venido notando como muchos  países del mundo aparecen expresando  índices macroeconómicos favorables y sobre todo aquellos que viven de la renta petrolera. Es decir engañosamente les va muy bien  al compararlos con otras naciones. Sin embargo vemos como en estas naciones petroleras (ejemplo Venezuela) se ha  venido construyendo una sociedad injusta. De allí, que tenemos unos índices de distribución del ingreso que comparados con   el resto de los países de  América Latina,  siguen siendo muy desigual, pese a la inmensa fortuna que  ha manejado el estado en materia  ingreso petrolero en los últimos años (Santos, 2009) .

Por otro lado, vemos que en Venezuela existe el mayor número de trabajadores con salario mínimo  en comparación con el resto del continente. Ello nos indica, que los pobres a pesar de que trabajan siguen siendo más pobres aunado a ello se observan altos índices inflacionarios que por supuesto acelera el deterioro del poder adquisitivo o valor de moneda (Barrios, 2009). 

Esta realidad nos refiere que esto tiene que ver mucho con la forma en como se distribuyen los frutos del esfuerzo que realizan todos quienes componen la colectividad del trabajo llamada conocida como estado o empresa.

Desde esta observación, vale recordar expresiones la Conferencia Episcopal2 quien viene sosteniendo reiteradamente en los últimos tiempos  que la pobreza no se da porque si.  O lo que es lo mismo, no es asteroide caído del cielo ni es producto de la casualidad, sino que es un hecho social vinculado a la condiciones estructurales de la sociedad y sus agentes socioeconómicos.

Estas acotaciones, permiten suponer que el empobrecimiento es producto de meras actitudes humanas por cuanto se han venido estableciendo modelos económicos, sociales, políticos y culturales que marginan a las personas no solo privándolas de sus bienes necesarios sino limitándoles además de las posibilidades de desarrollarse como personas plenas. Desde este escenario, cuando hablamos de responsabilidad social empresarial nos interrogamos ¿qué están haciendo o qué pueden hacer los empresarios a favor de la justicia y de la superación de la pobreza?

Con relación a este debate, es necesario acentuar que una empresa socialmente responsable con sus trabajadores debe procurar que el tiempo que ellos dedican a la actividad laboral posibilite la existencia de la vida familiar y adecuados tiempos de recreación y descanso. Sin embargo, es evidente que en muchos conglomerados urbanos se dedica mucho tiempo al trabajo y se pierde mucho tiempo en el desplazamiento entre los hogares y la empresa.

Este  tipo de circunstancias se traducen en el incremento de cuadros de enfermedades emocionales y afecciones como depresión, neurosis y estrés, lo cual incrementa los costos económicos asociados a la disminución de la capacidad de trabajo, el aumento en gastos de salud y  licencias medicas.
Bajo esta perspectiva  la OIT 3 señala  que uno de los factores que incide negativamente en la calidad del empleo y familiar es el número de horas  trabajadas  del jefe o jefa del hogar que es muy alto en todos los estratos socioeconómicos. La expresión anterior sugiere que  las largas jornadas de trabajo en las empresas son una irracionalidad por cuanto las mismas impactan negativamente en la calidad de vida de los trabajadores y en el incremento de riesgos de accidentes a los que se expone el trabajador. Todo ello se relaciona económicamente con la ley de los rendimientos marginales decrecientes; es decir, a partir de cierto punto, el tiempo adicional de trabajo acarrea una disminución de la productividad de la persona.

La tercerización (outsourcing) es conocida como la cesión a un tercero de la producción de un artículo (puede ser un producto terminado, o un insumo para ser procesado), la prestación de un servicio, o cualquier actividad o proceso. En muchos casos, un tercero puede obtener menores costos por especialización en su área o economías de escala (le cuesta menos porque produce grandes cantidades). También es posible que las mejoras no vengan por el lado de costos, sino por la calidad del producto o servicio, la confiabilidad o la velocidad de entrega.

Como consecuencia, se ha venido observando en los últimos tiempos  que una gran parte de las organizaciones empresariales vienen entregando parte de sus  actividades productivas a terceros. Esto no responde precisamente a razones de eficiencia, sino a  la búsqueda de la disminución de costos laborales.

Desde este espacio cabe preguntarse: ¿existe en las empresas que utilizan los servicios de los trabajadores que dependen de terceros, preocupación por las condiciones en que estos laboran? Ante esta interrogante, la respuesta que a priori se nota es que a este tipo de trabajadores se le ha venido privando de derechos individuales y colectivos tales como: acumulación de antigüedad, acceso a indemnizaciones, bonos de fin de año, bonos vacacionales y demás gratificaciones. Tienen además, serias dificultades para organizarse sindicalmente o negociar colectivamente y hasta pierden  parte de su remuneración, la que pasa a ser utilidad de la empresa suministradora. Todo ello precariza el trabajo.

Lo que queda claro es que en la medida que se precarice el trabajo mediante la tercerización, no se desarrolla una responsabilidad social justa que promocione a la persona en el trabajo decente, como lo expresa la OIT. Esto por supuesto, hará imposible sostener la paradoja del desarrollo social integral de una nación.

En las últimas décadas las tasas de sindicalización ha venido experimentando un descenso acelerado en muchos países de América Latina. Ese fenómeno es similar en el declive del número de negociaciones colectivas y esto obedece a causas como: estructuras económicas que cada día segmentan más a los trabajadores, instauración de una cultura individualista y el estancamiento de una dirigencia sindical que no responde a los intereses de los trabajadores.

Estas circunstancias nos permiten indicar que los factores que más han  transgredido el deterioro del ejercicio de los derechos colectivos del trabajo, el rechazo a la sindicalización y a la negociación colectiva por parte de los sectores empresariales, es el constante abuso de su posición  de poder. Esta es usada por los mismos para torpedear el acceso a los derechos fundamentales de la clase trabajadora, reconocidos en las constituciones  y demás normas nacionales e internacionales del trabajo ratificadas por los países miembros de la OIT. Algunos estudios demuestran el incremento significativo de prácticas anti-sindicales dirigidas a  torpedear la formación y constitución de nuevos sindicatos;  es decir, se dificulta la libertad sindical en sus manifestaciones más primitivas: la formación de sindicatos para proteger los derechos de los trabajadores.

Conviene destacar que la libertad sindical se conoce como el derecho que determina y permite el ejercicio de otros muy diversos derechos en el trabajo. De modo que si  a los trabajadores se les impide o dificulta la posibilidad de organizarse no podrán ejercer ciertamente esos otros derechos.

Por otra parte la negociación colectiva es la principal herramienta que el derecho reconoce a los trabajadores  para poder mejorar su condiciones laborales. En este sentido una empresa que quiera ser responsable socialmente con sus trabajadores debe reconocer en sus trabajadores organizados la calidad de ciudadanos sujetos de derecho. De este modo, a través del diálogo tripartito o social  puede fomentarse la organización de relaciones laborales que promuevan y luchen por el desarrollo integral de los hombres y mujeres del trabajo.

En síntesis se valora desde esta perspectiva una nueva ética empresarial que asume con mayor responsabilidad el desarrollo social. Sin embargo, este compromiso  carecerá de consistencia si solo se manifiesta  a lo externo de la empresa; es decir, respecto a quienes están fuera de la empresa. Una responsabilidad social verdadera también ha de expresarse a lo interno de la empresa, procurando el desarrollo humano integral de quienes se desempeñan en ella.


1 Se denominan condiciones laborales o condiciones de trabajo al conjunto de factores que influyen en la realización de las tareas encomendadas y que abarcan tres aspectos diferenciados, tales como las condiciones medioambientales en torno al trabajo, las condiciones físicas en las que se realiza el trabajo y las condiciones organizativas que rigen en la empresa en la que se trabaja, lo que conlleva a posibles alteraciones en la salud y riesgos profesionales tanto en el aspecto físico, psíquico y social de los trabajadores en general. Cabrera, f  y varios (2005), Prevención de Riesgos Laborales, Madrid. Ediciones Francis Lefevre

2 Conferencia Episcopal de Venezuela

3 Organización Internacional del Trabajo (OIT)

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