LA PREVENCIÓN DEL CONSUMO DE LAS DROGAS PORTERAS (ALCOHOL Y TABACO) EN ESCOLARES DEL SEGUNDO CICLO DE LA EDUCACIÓN PRIMARIA

Yanet Leticia Pérez Pérez

2.2 Componentes del modelo pedagógico para la prevención del consumo de las drogas porteras (alcohol y tabaco) en escolares del segundo ciclo de la Educación Primaria


El modelo pedagógico que se propone refleja las relaciones que se establecen en el proceso pedagógico de la Educación Primaria y que expresan la dinámica del proceso de prevención del consumo de las drogas porteras (alcohol y tabaco). Se representan en el plano teórico componentes esenciales de dicho proceso, que en su relación propician la ampliación de la capacidad de percepción del riesgo del consumo de drogas porteras.
Al penetrar en la esencia del proceso de prevención del consumo de las drogas porteras (alcohol y tabaco), se realizó un análisis de los elementos a tener en cuenta para su concepción. Se establecieron juicios con su debida fundamentación, que rigen la dinámica de las relaciones que se establecen entre los componentes del proceso de prevención del consumo de las drogas porteras (alcohol y tabaco) y que constituyen su sustento. Con este fin se determinaron premisas que son el punto de partida en dicho proceso.
De forma general, la determinación de las premisas permitió contar con la plataforma direccional del proceso de prevención del consumo de las drogas porteras (alcohol y tabaco), en tanto estas respaldan su lógica y establecen las relaciones que se dan entre sus componentes. En tal sentido se consideraron premisas del proceso de prevención del consumo de las drogas porteras (alcohol y tabaco) las siguientes:

  • El carácter participativo en el proceso de prevención del consumo de drogas porteras
  • El carácter sistémico y sistemático del proceso de prevención del consumo de drogas porteras
  • El carácter personológico del proceso de prevención del consumo de drogas porteras
  • El carácter flexible del proceso de prevención del consumo de drogas porteras
  • El carácter vivencial del proceso de prevención del consumo de drogas porteras
  • El carácter interactivo del proceso de prevención del consumo de drogas porteras

El carácter participativo del proceso de prevención del consumo de las drogas porteras implica, que se requiere la participación activa del escolar, la familia, la comunidad, las organizaciones de masas y miembros de instituciones. Todo ello con el objetivo de contribuir, desde todos los contextos de actuación, a la prevención del consumo y la ampliación de la capacidad de percepción del riesgo por parte de los escolares.
El carácter sistémico y sistemático del proceso de prevención del consumo de las drogas porteras: se evidencia en la estructura, las funciones, las relaciones y la periodicidad con que se desarrolla el proceso. La naturaleza del proceso precisa un trabajo continuo, al desarrollarse con una instrumentación en la práctica de carácter sistemático y desde una concepción sistémica. La caracterización de la prevención del consumo debe ser el primer paso a seguir, al aportar información relacionada con el desarrollo alcanzado. La intervención desde el punto de vista pedagógico y luego la retroalimentación para continuar elevando su desarrollo a niveles superiores, complementan el ciclo que le da el carácter sistemático al proceso en cuestión. Las relaciones que se establecen impulsan el desarrollo en espiral, lo que favorece la preparación del escolar para enfrentar otras etapas de su vida.
El carácter personológico del proceso de prevención del consumo de las drogas porteras: precisa individualizar las necesidades, progresos, particularidades de los escolares, teniendo presente sus intereses, motivos, motivaciones, necesidades, expectativas, vivencias, tradiciones familiares y sociales, identificados en el diagnóstico y las estrategias pedagógicas aplicadas. Tiene presente la integración de los procesos cognitivos y afectivos, expresado en las actitudes, valores y convicciones que regulan el comportamiento de cada uno y los hábitos de convivencia social.
Se precisa, además, colocar al escolar como centro del proceso educativo, modelar las influencias que este recibe, al actuar sobre lo interno y lo externo, lo afectivo y lo cognitivo en los diferentes contextos de actuación. Todo ello debe propiciar la producción de experiencias y vivencias complejas en el reflejo de la realidad, mediante la actuación del sujeto y de su participación.
El carácter flexible del proceso de prevención del consumo de las drogas porteras: se refiere a que puede ser enriquecido a partir de las experiencias de los maestros, de acuerdo a las características concretas de cada escolar y el grupo en general, del contexto y las individualidades. Esto implica además, que el proceso de prevención no transcurre de forma lineal, sino que es susceptible de regresiones, detenciones y cambios en correspondencia con las características de las relaciones entre los componentes del proceso.
El carácter vivencial del proceso de prevención del consumo de las drogas porteras: considera que el escolar se encuentra involucrado de manera activa y reflexiona acerca de su propia experiencia. En este sentido, se precisa la integración armónica de los componentes en función de lograr la concepción de la necesidad, la toma de conciencia y la interiorización de las consecuencias negativas del consumo de drogas porteras por parte de los escolares. Toda forma de implementar el proceso de prevención debe partir de la caracterización y análisis de las situaciones vivenciales, en función de minimizar los daños que estas puedan implicar a la vez que se amplía la capacidad de percepción del riesgo del consumo de drogas porteras por parte de los escolares.
El carácter interactivo del proceso de prevención del consumo de las drogas porteras: se refiere las características del proceso que permiten la interacción del maestro, los escolares, la familia, la comunidad, y las instituciones. Implica, además, la interacción armónica de los componentes.

A partir del establecimiento de las premisas del proceso de prevención del consumo de las drogas porteras (alcohol y tabaco), se realiza el análisis del sistema de relaciones que condicionan su dinámica. En la profundización de los componentes y sus relaciones se determinaron tres subsistemas que interactúan entre sí, de los que emerge el método vivencial-interactivo. Como resultado de estas relaciones e implementación de dicho método, se alcanza en los escolares, la ampliación de la capacidad de percepción del riesgo ante el consumo de las drogas porteras.
Las características del proceso investigado permiten que se transite desde la identificación de las situaciones vivenciales relacionadas con el consumo de drogas porteras, la dirección de la educación antitabáquica y antialcohólica hasta la formación de cualidades en los escolares que les permitan percibir los riesgos. En un sentido más general se puede decir, que la prevención del consumo de las drogas porteras (alcohol y tabaco) en el segundo ciclo de la Educación Primaria, se caracteriza por ser un proceso educativo, intencional, dirigido a potenciar la percepción del riesgo. Proceso que, mediado pedagógicamente, propicia la reflexión a realizarse de manera sistemática y contextualizada, en relación armónica e interactiva con la familia y la comunidad en que se desarrollan los escolares.
La identificación de las situaciones vivenciales relacionadas con el consumo de drogas porteras (alcohol y tabaco), constituye un elemento importante en el proceso de prevención en el segundo ciclo de la Educación Primaria. Consiste en el estudio exploratorio de aquellas características de los escolares que evidencian la cercanía al consumo de drogas porteras. En la identificación de las situaciones vivenciales se hace necesario, caracterizar sus vivencias respecto a dicho consumo, por parte del personal de la institución docente, familiares, vecinos y otros miembros de la comunidad que inciden en el sistema de relaciones del mismo. En este aspecto resulta importante la implementación del diagnóstico, como proceso que propicia conocer la situación de los escolares, la familia y la comunidad, así como el nivel alcanzado por estos, con respecto a la percepción del riesgo que poseen ante el consumo de las drogas porteras.
Desde el punto de vista pedagógico el diagnóstico consiste en un proceso que transcurre mediante la implementación de técnicas específicas, que permite llegar a un conocimiento más acabado del escolar y orientar mejor las actividades que se realicen. Entre sus funciones se consideran las de describir, clasificar, caracterizar, predecir y explicar el comportamiento del sujeto en el marco escolar. De forma general, el diagnóstico ocupa un lugar preponderante en el conocimiento de las condiciones previas en la conducción de un proceso consciente, orientado y condicionado por múltiples y complejos factores, como lo es el proceso pedagógico y específicamente el proceso de prevención.
A los efectos del proceso que se investiga la concreción del diagnóstico precisa, la determinación de las características especificas de los escolares, la familia y la comunidad así como las necesidades y potencialidades que poseen y la preparación de los maestros. De esta forma se tendrán elementos suficientes para enfrentar el proceso de prevención del consumo de las drogas porteras (alcohol y tabaco) desde una perspectiva ontogenética y  con la participación de todos los factores implicados.
La caracterización de las relaciones que se establecen entre la escuela, la familia y la comunidad y que condicionan la situación social del desarrollo de los escolares, resulta un aspecto de intencional atención. En este sentido, se precisa un análisis profundo de los elementos que intervienen en el desarrollo de este, incluye pasado y presente con sus relaciones, lo que permitirá aproximarse a una proyección futura de su desarrollo. Es decir, las vivencias relacionadas con el consumo de las drogas porteras que pertenecen a su pasado, en relación con las consecuencias que pueden ocasionar en el presente, marcan las pautas para proyectar la medida en que se puede modificar la percepción del riesgo que este consumo puede ocasionar a la persona y a los que conviven a su alrededor. Resulta de gran importancia el conocimiento por parte de los escolares de las causas, consecuencias y perjuicios que acarrea el consumo de drogas porteras, así como, de los condicionamientos y normas sociales respecto a este fenómeno. La caracterización de estos elementos por parte del maestro, favorece el conocimiento de la connotación que tienen las vivencias en el escolar.
La vivencia expresa la relación del individuo con uno u otro momento de la realidad y está condicionada por la cultura y la sociedad en su conjunto. A juicio de la investigadora, las vivencias relacionadas con el consumo de drogas porteras (alcohol y tabaco), se pueden analizar a partir de los siguientes elementos: el suceso, la asimilación por parte del sujeto, la actuación del sujeto y el impacto en el desarrollo de su personalidad.
El suceso es el elemento que genera a la vivencia en el escolar. Este ocurre en un espacio de lugar y tiempo determinados, bajo condiciones que no resultan predeterminadas. Constituye un momento en el que se generan datos e información diversa al escolar, respecto a dicha situación.  El suceso puede generar diversión, excitación y conflicto interpersonal e intrapersonal; ello determina las características de la asimilación de lo presenciado por parte del sujeto, al establecer relaciones entre hechos, sucesos y personas.
La actuación del sujeto siempre estará en correspondencia con las relaciones que este logre establecer en el momento del suceso. Además, estará condicionada por el valor emocional, significado propio y sentido que se asigna a lo ocurrido. La asimilación de la situación por parte del sujeto y la actuación ante lo ocurrido, además de tener un contenido afectivo y emocional fuerte, implican una importante carga cognitiva. El conocimiento y dominio que tenga el escolar, relacionado con el contenido de la situación en la que se encuentra inmerso, es compatible a las valoraciones internas respecto al suceso y consecuentemente con su asimilación. Por otra parte, sus modos de comportamiento ante la situación dada reflejan la medida en que el sujeto está involucrado desde el punto de vista cognitivo.


El impacto de la vivencia en el desarrollo de la personalidad del escolar, no depende solo de las características de la situación y su génesis, es mayormente dependiente de la medida en que el individuo logra una comprensión de lo que sucede y se percata de ello. La vivencia logra su impacto en tanto hay comprensión de la significación que el evento tiene para el sujeto, la valoración de la situación en que este se coloca y la posibilidad de un cambio en la manera de aprender su realidad. La relación existente entre la vivencia y el impacto que provoca esta en el escolar, está mediada por factores objetivos y subjetivos, que en su relación hacen evidente la forma y el contenido de la vivencia en cuestión.


El impacto que provoque en el escolar, una vivencia relacionada con las drogas porteras, constituye la base o el fundamento que caracteriza la asimilación, modos de comportamiento e impacto en un nuevo suceso de la misma naturaleza. El impacto que provocan las vivencias resulta un elemento complejo y por ello, requiere atención desde diferentes puntos de vista que abarquen aspectos relacionados con la escuela, la familia y la comunidad a que pertenece.


El análisis de los elementos que condicionan el impacto en los escolares, permite plantear que, en su aspecto más general, puede ser modificable con la acción de los factores que intervienen en el desarrollo de su personalidad. Resulta, en gran medida, inevitable la inmersión del escolar en una situación relacionada con el alcoholismo y el tabaquismo. Sin embargo, es posible la educación de su personalidad en función de que la asimilación y sus modos de comportamiento ante el suceso, minimicen el impacto desfavorable que pudiera provocar dicha situación.


La profundización en el proceso de prevención del consumo de las drogas porteras (alcohol y tabaco), permitió determinar como otro de los componentes del modelo: la dirección de la educación antitabáquica y antialcohólica en el segundo ciclo de la Educación Primaria. Este componente comprende el contexto escolar, familiar y comunitario.


La dirección de la educación antitabáquica y antialcohólica resulta un componente de relevancia, en tanto se entrelazan en él, de manera armónica, tres escenarios importantes en la formación y desarrollo de la personalidad del escolar: escolar, familiar y comunitario. La actuación de la escuela, la familia y el entorno comunitario, en función de la educación y prevención del consumo de drogas porteras (alcohol y tabaco) en los escolares del segundo ciclo de la Educación Primaria, requiere de una acertada dirección del proceso y necesaria coherencia en la realización de acciones. Por ello, se considera la preponderancia de la dirección del proceso por parte del centro escolar, es decir, en el contexto escolar.


La educación antitabáquica y antialcohólica, constituye uno de los ejes temáticos fundamentales del Programa Director de Promoción y Educación para la Salud en el Sistema Nacional de Educación. Al tener en cuenta su contenido, la dirección de este proceso en el contexto escolar se lleva a cabo en dos direcciones fundamentales: docente y extradocente. Para el trabajo en estas dos direcciones se tienen presentes objetivos educativos que constituyen el reflejo del carácter social del proceso pedagógico e instituyen la imagen del escolar que se desea formar, en correspondencia con las exigencias sociales.


Entre sus funciones el objetivo precisa, orientar el proceso para lograr la transformación del estado real de los escolares, al estado deseado que exige el modelo de hombre que se aspira formar. En su aspecto más general constituye una aspiración, un propósito a alcanzar; que por su carácter rector, es expresión de la esencia del proceso y como parte de su estructura contempla tres elementos fundamentales: acción – conocimiento – valoración.


En el Programa Director se plantea como objetivo general: comprender las consecuencias negativas que tiene para la salud el hábito de fumar y el consumo excesivo de alcohol. Sin embargo, para que el escolar llegue a comprender, es necesario que conozca los aspectos esenciales sobre las drogas porteras, es decir, sus efectos y cómo se previene, lo cual contribuye a la formación de hábitos, habilidades y modos de comportamiento.     


Por esta razón, se proponen otros objetivos educativos dirigidos a la asimilación de este eje temático y que favorezca la preparación de los escolares ante el consumo de las drogas porteras (alcohol y tabaco). Se establecen los objetivos educativos para la educación antitabáquica y antialcohólica, con vista al desarrollo de una prevención eficiente. Estos se dirigen al desarrollo de todas las fuerzas creadoras del escolar, de sus capacidades y aptitudes, se capacitan para que adquieran conocimientos, lo utilicen de forma útil y desarrollen una vida sana.   


Los objetivos educativos que se agregan al Programa Director de Promoción y Educación para la Salud son:
Objetivo general de la temática: Propiciar la percepción del riesgo que ocasiona el consumo de las drogas porteras (alcohol y tabaco) mediante la reflexión en los escolares.
Objetivos específicos:

  • Desarrollar los conocimientos sobre los aspectos esenciales relacionados con el consumo de las drogas porteras (alcohol y tabaco) y sus consecuencias
  • Proponer actividades pedagógicas dirigidas a la prevención del consumo de las drogas porteras (alcohol y tabaco) y que a  su vez contribuyan a la preparación de los escolares, la familia y la comunidad
  • Fomentar estilos de vida más sanos, la formación de hábitos, habilidades y una conducta saludable en los escolares ante el consumo de drogas
  • Desarrollar una cultura en salud de tal forma que el escolar sea capaz de asumir una actitud responsable ante el cuidado de la salud individual y colectiva
  • Manifestar una actitud de rechazo ante los hábitos tóxicos y potenciar hábitos higiénicos correctos
  • Contribuir a la toma de conciencia en los escolares sobre la necesidad de la prevención del consumo de drogas porteras (alcohol y tabaco)

El contenido de la educación es el que permite la adquisición por parte de los escolares de conocimientos, el desarrollo de la esfera afectiva y volitiva y la adopción de una actitud ante la vida. En este sentido se tienen en cuenta contenidos educativos que se deben trabajar desde lo docente y lo extradocente.


A partir de la determinación de los problemas existentes, en lo relativo a una adecuada percepción del riesgo de las drogas porteras y la caracterización de las vivencias que emanan del contexto familiar y comunitario, se introducen los contenidos educativos antitabáquicos y antialcohólicos determinados para el segundo ciclo. Para realizar esta proyección se parte de valorar el desarrollo alcanzado por los escolares respecto a la percepción del riesgo de estas drogas. Esto se hace teniendo en cuenta que los mismos en esta etapa, se encuentran preparados psicológicamente para comprender las normas de conductas y cumplirlas. El desarrollo que han alcanzado les permite apropiarse de un conjunto de normas, hábitos y valoraciones del mundo que les rodea, en correspondencia con el sistema de métodos empleados con ese fin.


Para integrar los contenidos antitabáquicos y antialcohólicos, el maestro debe tener presente el establecimiento de los nexos interdisciplinarios de los contenidos de las asignaturas del ciclo. El contenido deberá ser educativo para que los escolares sean capaces de prepararse y prevenir el consumo de las drogas porteras, poseer efecto, trascendencia, propiciar la participación activa, cobrar un sentido y significado, a partir de que se logre una unidad de influencias educativas positivas que promueva y estimule la percepción del riesgo y los conduzca a nuevos estadios de desarrollo.


Se insiste en la formación de hábitos y la asimilación de normas de conducta, sentimientos, cualidades, actitudes, valores, principios y convicciones, de modo que el escolar participe de forma consciente en el desarrollo del proceso histórico social, de forma activa y creadora. Deberá  vincularse con la realidad social, para que se enriquezca la labor educativa con el accionar que proviene del entorno sociocultural, como un proceso general que permita fortalecer de forma crítica y consciente dicha formación.


El contenido, en su relación con el objetivo previsto, deberá suministrar conocimientos al escolar, propiciar que emita opiniones, criterios, desarrollar actitudes, estimular intereses y motivaciones. Se precisa que las estrategias de prevención que se desarrollen en la escuela mantengan un nivel adecuado de coherencia entre los objetivos, los métodos y los procedimientos educativos. Todo ello refuerza las normas de conductas, patrones de actuación, valores éticos y humanos que configuran su forma de enfrentar la vida y el modo específico de convivir entre los demás miembros de la sociedad.


Los contenidos educativos se proponen a partir de los relacionados con el eje temático: educación antitabáquica, antialcohólica y antidroga, de acuerdo al Programa Director de Promoción y Educación para la Salud en el Sistema Nacional de Educación. En este sentido, se plantea la educación antitabáquica y antialcohólica como un componente de la educación para abordar la temática en el segundo ciclo de la Educación Primaria, por esta razón se añaden al Programa Director contenidos educativos en correspondencia con esta etapa del desarrollo.


Se propone añadir  para la Educación Primaria los contenidos siguientes:

  • ¿Qué son las drogas porteras?
  • ¿Cómo elevar la percepción del riesgo?
  • Papel del escolar en la promoción de salud
  • La convivencia familiar con personas adictas
  • ¿Cómo crecer sanos y saludables?
  • Acciones pedagógicas para la prevención del consumo de las drogas porteras (alcohol y tabaco)

Los métodos educativos constituyen la vía para lograr los objetivos educativos, en consonancia con las exigencias sociales y las tareas específicas a desarrollar en condiciones determinadas del proceso pedagógico. Para su selección acertada es necesario tener presente:

  • la edad de los escolares, los cuales se encuentran en la etapa preadolescente
  • sus características individuales
  •  el nivel de desarrollo alcanzado por el grupo
  • el tipo de relación que se establece
  • las características del medio en que se desarrollan.

Los métodos educativos se distinguen por su carácter humano, de respeto a los sentimientos, y tienden a la formación de cualidades positivas de la personalidad. Contribuyen a la elaboración de formas, hábitos de conducta y coadyuvan a la formación y fortalecimiento de motivos morales. En lo relativo a la prevención del consumo de las drogas porteras deben seleccionarse métodos educativos que faciliten el desarrollo y la comprensión del proceso. La explicación y la charla constituyen métodos de formación de la conciencia social.


La explicación posibilita dar a conocer el contenido preventivo sobre las drogas porteras y manifestar las exigencias que se plantean al escolar, las normas de conductas, acontecimientos, fenómenos y de esta manera contribuir a su preparación integral. La charla, por su parte, puede ser dedicada a transmitir todo lo relativo a las drogas porteras y sus consecuencias, para lo cual se debe lograr la participación del escolar como ente activo.


Se considera que los métodos educativos para la educación antitabáquica y antialcohólica, resultan  insuficientes en la concepción del trabajo preventivo. Por ello, se propone un nuevo método que, sobre la base de las vivencias de los escolares, minimice su impacto negativo y con la interacción de la escuela, la familia y la comunidad, se logre una acertada dirección de la educación antitabáquica y antialcohólica: el método vivencial-interactivo. Este método, en esencia, propicia la ampliación de la capacidad de percepción del riesgo del consumo de drogas porteras a la vez que promueve una actitud responsable en los escolares. Permite desarrollar el conocimiento al respecto, la formación de hábitos correctos y modifica los modos de comportamiento ante el consumo.


El método vivencial-interactivo constituye un reflejo de las relaciones que el escolar establece con las demás personas y con su entorno, su carácter dinámico se expresa en el impacto emocional que produce y expresa la interrelación entre lo cognitivo y lo afectivo. Parte de la necesidad de la formación de una personalidad sana en los escolares desde edades tempranas, se encamina a lograr la prevención del consumo de las drogas porteras, posibilita las relaciones de interacción entre el escolar, el maestro, la familia, la comunidad y otras instituciones y organizaciones que intervienen en el proceso. 


El método permite:

  • Obtener conocimientos del proceso reflexivo por el cual transita el escolar en los momentos comunicativos
  • Apreciar las emociones y sentimientos positivos y negativos que manifiestan
  • Estimular las posibilidades cognitivas para la solución de problemas y promover un crecimiento personal ante la vida
  •  Propiciar una actitud positiva en los diferentes contextos de actuación en los que participa el escolar
  • Penetrar en la personalidad de este al realizar el proceso de exploración vivencial

En este sentido, se entiende por método vivencial-interactivo para la prevención del consumo de las drogas porteras (alcohol y tabaco), la vía que permite influir educativamente en los escolares mediante la prevención del consumo de las drogas porteras y dirigido a promover hábitos, habilidades,  estilos de vida saludables y modos de comportamiento acorde con las exigencias del contexto, de manera que puedan ampliar la percepción del riesgo del consumo y desarrollar su capacidad de resiliencia.  
Como método pedagógico posee las siguientes características:

  • Permite la integración entre lo instructivo, lo educativo y lo desarrollador dirigido a la formación integral de los escolares
  • Promueve el conocimiento, la formación de hábitos, habilidades, capacidades y sentimientos como recursos para enfrentar las adversidades presentes en el medio sociofamiliar y fortalecerse
  • Se integra en el proceso pedagógico de la Educación Primaria con vista a la prevención del consumo de las drogas porteras (alcohol y tabaco), el cual establece de forma lógica los pasos a seguir para el desarrollo del proceso

El método se basa en los cuatro pilares de la educación a lo largo de la vida: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y aprender a ser. Refleja la concepción de una pedagogía de enfoque humanista y optimista, que tiene en cuenta la integración de los escolares y que pretende prepararlos para la vida, al concebir la educación como un todo. Ese todo constituye la formación integral de estos y asume como contenido del aprendizaje los conocimientos, las habilidades, los hábitos, las normas, la conducta, las actitudes y los valores.


La misión de la educación apunta a: que se aprenda a "conocer", a "hacer", a "vivir juntos" y a "ser", con todas sus implicaciones. En el camino del aprender a conocer, al aprender a pensar se enfatiza en el paso intermedio para llegar a la finalidad de aprender a aprender, es decir, el escolar está formado cuando es capaz de pensar, reflexionar acerca de sus razonamientos, meditar acerca de sus reflexiones, cuando aprendió a aprender.


Es importante que este conozca, indague, reflexione, acerca de las consecuencias negativas que provoca el consumo de las drogas porteras, que utilice sus capacidades de forma óptima, manifieste independencia, originalidad en el descubrimiento y/o producción del conocimiento que se corresponde con la situación social presente en su medio sociofamiliar, lo cual contribuya a su crecimiento como personalidad.


La efectividad de la labor de la escuela y de los maestros debe apreciarse de manera integral, dirigida a la formación de un hombre en correspondencia con las necesidades de la sociedad en que vive, y el marco concreto de la comunidad en que se desarrolla. Por tanto, el maestro debe conocer los intereses de los escolares, sus diferencias individuales, las necesidades evolutivas y emocionales de cada uno de ellos, los estímulos de sus contextos: familiares, comunitarios, educativos, contextualizar las actividades y apoyarlo para enseñarle a pensar, es decir, desarrollar en este un conjunto de habilidades cognitivas que les permitan optimizar sus procesos de razonamiento.


También debe enseñarles a pensar, es decir, animarlos a tomar conciencia de sus propios procesos y estrategias mentales (meta-cognición) para poder modificarlos y enseñarles sobre la base de pensar por medio de sus experiencias personales. De esta manera su conducta se forma más persistente, de modo que gane en confianza, seguridad en ellos mismos y en sus posibilidades de actuación. Por tal motivo, las actividades vivenciales dirigidas a la prevención del consumo de las drogas porteras deben propiciar un nivel de reflexión, autoconocimiento y autovaloración, de manera que sean cada vez más reflexivos e independientes, críticos, flexibles, seguros y creativos, en fin desarrollados de forma plena.


Con relación al aprender a ser, el método propicia cultivar, y velar por el desarrollo del escolar de forma armónica, coherente y equilibrada, con capacidad de juicio crítico y que sepa asumir las consecuencias del consumo de las drogas porteras en la vida en sociedad. Del aprender a vivir juntos emerge el concepto de convivencia, en el cual le corresponde tanto a la familia como al escolar, internalizar las normas que la sociedad establece para vivir en una adecuada convivencia, mantener hábitos saludables y estilos de vida sanos. La escuela no se encuentra ajena a estos aspectos y es aquí donde el maestro enseña a convivir a la comunidad educativa.


Esta enseñanza de la convivencia se dirige preferentemente a las familias que presentan conflictos sociales, tales como el alcoholismo, el tabaquismo y a los adolescentes, para que puedan enfrentar las situaciones negativas que se presentan en su medio. El aspecto convivencial radica en enseñar a comportarse, a adaptarse y a autorregularse para que el escolar logre su autonomía.


Este aprendizaje debe tener un profundo sentido moral y forma parte de esa educación moral que, como enseñanza transversal, debe impregnar el proceso pedagógico a través de sus distintas actividades, para lo cual deben emplearse métodos de educación que propicie la preparación y formación de los preadolescentes.


Los procedimientos educativos constituyen una acción concreta del maestro o del escolar, que se caracteriza por su terminación y conduce a la consecución de un objetivo próximo o a la solución de una tarea en particular. En dependencia de la situación pedagógica, actúan como métodos independientes o como procedimientos metodológicos. La justa selección y aplicación de uno u otro procedimiento en el proceso de formación de los escolares, necesita de flexibilidad. Se deben tener en cuenta las condiciones concretas en que vive el colectivo escolar, la situación pedagógica en la que se realiza el proceso educacional y la utilización óptima del procedimiento.

Para el tratamiento a la temática relacionada con la prevención del consumo de las drogas porteras (alcohol y tabaco) se consideran mayormente efectivos, como procedimientos metodológicos: la narración y la explicación. Estos facilitan la comprensión, por parte de los escolares, respecto a los daños que ocasionan las drogas porteras desde el punto de vista físico, psíquico y social. El análisis de situaciones vivenciales harán que estos comprendan e interioricen las consecuencias de su consumo y el por qué se debe prevenir este fenómeno social.


Estos elementos del proceso se concretan en las dos direcciones del contexto escolar, lo docente y lo extradocente. La educación antitabáquica y antialcohólica en el contexto escolar se orienta en estos dos sentidos pero en una misma dirección: la ampliación de la capacidad de percepción del riesgo del consumo de drogas porteras (alcohol y tabaco), por parte de los escolares.


El alcance de lo que se aspira, será solo una utopía si se dirige el proceso únicamente desde y hacia el contexto escolar. Hay que entender la dirección de la educación antitabáquica y antialcohólica como un proceso, se orienta además, hacia y desde, la familia y la comunidad; sin descuidar que en su aspecto más general, el proceso es dirigido y orientado desde el centro escolar, como institución mayormente preparada para esta función. Se hace evidente entonces, que la educación antitabáquica y antialcohólica se dirige desde tres escenarios fundamentales: el contexto escolar, el familiar y el comunitario.


La educación antitabáquica y antialcohólica en el contexto familiar puede ser analizada desde dos ámbitos: el reglamento establecido en la familia para el cumplimiento de normas de conducta y el ejemplo personal de sus miembros relacionado con los hábitos del consumo de alcohol y tabaco. Este fenómeno debe ser atendido en gran medida de una forma sistemática y coherente.


Es en la familia, institución más importante de la sociedad, donde el individuo se identifica como un ser social, es donde surgen y se desarrollan sus primeras relaciones comunicativas y sociales, lo que distingue su personalidad y la hace única. Además, las necesidades materiales y en lo esencial las espirituales, deben encontrar en ella el nivel más alto de satisfacción. Todo ello implica, que la educación que se recibe en el hogar, sea la base en que se sustenta la formación de la personalidad en su vida futura.


Desde el punto de vista cultural, la familia transmite las mejores tradiciones culturales e históricas, que van desde la manera de vestir, bailar, preferencia por una música determinada y amor a sus semejantes. Entre otros elementos es capaz de transmitir la asimilación de posiciones ideológicas, culturales y religiosas. En este sentido, resulta innegable su capacidad y posibilidades para transmitir modelos educativos acertados o desacertados, todo ello sobre la base de patrones para el desarrollo de hábitos higiénicos, alimentarios, de cortesía, respeto, influyendo en los modos de comportamiento que constituirán rasgos distintivos de su personalidad.


La atención sistemática de la familia a aspectos relacionados con el alcoholismo y el tabaquismo resulta de importancia vital para el escolar. Establecer normas de conducta en el hogar respecto a los horarios, espacios y dosis del consumo por parte de los adultos que en él conviven, son métodos efectivos en este empeño. La comunicación con el escolar en función de explicar las consecuencias del consumo de las drogas porteras, basada en una vivencia relacionada con este fenómeno, resulta imprescindible y oportuno para  que este comprenda la situación dada y actúe en consecuencia.


La dirección de la educación antitabáquica y antialcohólica en el contexto escolar, en su aspecto más general, se caracteriza por ser espontánea, lo que no limita el hecho de que se determinen elementos que intervienen en este proceso. Se hace imprescindible la coherencia entre las normas de conducta establecidas en el ámbito familiar y los modos de actuación de los adultos. La correspondencia que exista entre estos dos elementos incide, en gran medida, en los modos de comportamiento de los escolares. En este sentido, resulta innegable que el ejemplo personal es uno de los mejores métodos educativos que se puede aplicar y si este, a su vez, está siendo apoyado por la orientación de la escuela, resulta más coherente la labor educativa.
El escolar no se desarrolla solo en el ámbito escolar y familiar. Su educación también está influenciada por los miembros y componentes de la comunidad en que se desarrolla y con la que interactúa de forma constante. De esta, es capaz de asimilar formas y modos de comportamiento que se incorporan a su personalidad.


La educación antitabáquica y antialcohólica en el contexto comunitario se puede analizar desde dos puntos de vista: la labor de las instituciones y las manifestaciones de los miembros de la comunidad. Estos dos aspectos, concatenados o no, influyen directamente en la educación de los escolares. Desde esta óptica, la dirección de este componente se torna espontánea y poco planificada.


La relación existente entre los elementos mencionados se puede resumir en que la labor de las instituciones está en limitar el consumo en lugares que no reúnan los requisitos para ello. La colocación de señalizaciones que oriente y eduque a la población en este sentido, así como, la adopción de medidas oportunas ante incumplimientos, resultan elementos que influyen en la educación antitabáquica y antialcohólica de la población y con ello de los escolares que en ella se desarrollan.
Los miembros de la comunidad, asimilen o no la labor de las instituciones respecto a este fenómeno social, inciden en la educación de los escolares. Sus manifestaciones ante el consumo y ante las acciones reglamentarias de las instituciones, son procesadas como vivencias que incorporan a sus modos de comportamiento, si son consideradas por ellos actuaciones correctas.


El trabajo cohesionado y bien orientado, en función de la educación antitabáquica y antialcohólica, propicia el desarrollo de cualidades en los escolares del segundo ciclo de la Educación Primaria, al marcar pautas para un cambio en sus modos de comportamiento. Al mismo tiempo, constituye una vía esencial, para el logro de aprendizajes para la vida. En tal sentido se consideró necesario contemplar la formación de cualidades como uno de los componentes del modelo pedagógico en el que se relacionan la toma de conciencia, la reflexión y la toma de decisiones, ante el consumo de drogas porteras (alcohol y tabaco).
Como un primer elemento de este componente se plantea la estimulación de la toma de conciencia sobre la necesidad de prevenir el consumo de drogas porteras. En su esencia, este elemento se basa en lograr que los escolares interioricen la necesidad de evitar el consumo de drogas porteras (alcohol y tabaco), además, que conciban motivos que los impulsen a profundizar en lo relacionado con las drogas porteras y sus efectos negativos; todo ello propicia el conocimiento que para su edad resulta imprescindible.


Se tiene en cuenta que las necesidades desempeñan una función determinante en la educación de los escolares.  En este sentido resultan de gran importancia las necesidades gnósicas y las necesidades sociales positivas (necesidad de conocimientos, la aspiración a ser útiles a la sociedad en algunos de sus sectores y no individuos señalados por ella). Las necesidades, al vincularse a uno u otro aspecto se transforman en motivos, que a los efectos de la investigación se requiere sean cognoscitivos, estables y conscientes, que partan de la propia finalidad de la educación que en ellos se pretende lograr y se encuentren dentro de ella.


Resulta importante el desarrollo de motivos que impulsen el comportamiento del escolar en correspondencia con sus conocimientos precedentes y vivencias relacionadas con el consumo de drogas porteras. Se estimula que el escolar se proyecte en función de superar los obstáculos que se presente ante la profundización acerca de las características de las drogas porteras y sus efectos. Además, resulta importante el logro de la constancia y perseverancia en el establecimiento de relaciones que permitan arribar a conclusiones respecto al consumo y sus efectos.


En el proceso que se modela se hace necesario que la finalidad del maestro no sea la simple concesión de conocimientos, hábitos, habilidades, valores, entre otros, sino, la comprensión de la realidad por parte del escolar. Se transita desde la estimulación de la aspiración, a comprender la realidad hasta la toma de conciencia sobre la necesidad de prevenir el consumo de drogas porteras.


La toma de conciencia respecto a la necesidad de prevenir el consumo de drogas porteras, constituye la base para analizar sus características, establecer nexos y valorar los efectos negativos que ello provoca. Esto se logra mediante la estimulación de la reflexión sobre las influencias negativas del consumo de drogas porteras en los escolares. Este constituye un elemento importante para la formación de cualidades.


La estimulación de la reflexión sobre el consumo debe propiciar que el escolar se sienta parte integrante del proceso como sujeto activo, capaz de emitir juicios, criterios, valoraciones y de asumir una posición crítica ante los riesgos que ocasiona el consumo de las drogas porteras. En este proceso se desarrolla una dinámica participativa en la que el maestro tiene en cuenta las necesidades e intereses de cada uno, propicia el análisis, la crítica, la reflexión, se analizan y discuten los elementos positivos y negativos del entorno social para que el escolar emita valoraciones al respecto.


La reflexión ante consumo de las drogas porteras (alcohol y tabaco) promueve el desarrollo de la personalidad del escolar a partir de su integración al proceso pedagógico de la escuela primaria. Las características que poseen le permiten mostrar capacidad para emitir juicios críticos ante las situaciones que se presentan. En ello la escuela, la familia y la comunidad constituyen componentes activos al favorecer la participación activa y reflexiva de los escolares en las actividades de prevención.


En la medida en que los maestros y escolares interactúan con profundidad en lo relativo a la incidencia del consumo de las drogas porteras, adquieren un mayor conocimiento a través del análisis y la reflexión, lo cual propicia la interiorización y comprensión acerca de las consecuencias para la salud del hábito de fumar y del consumo excesivo de alcohol. De este modo tienen una adecuada preparación para enfrentar las condiciones negativas presentes en sus contextos de actuación acordes con el sistema social cubano.


La reflexión se desarrolla en niveles ascendentes de complejidad que se concretan en un futuro a medida que el escolar transite por otras etapas de su vida. Aquí se condicionan los nuevos puntos de vista, la interpretación, el conocimiento, la capacidad de reacción y la reflexión en relación con los riesgos del consumo de las drogas porteras (alcohol y tabaco), a partir del análisis, la crítica y el intercambio. De forma general, la reflexión constituye un proceso donde el conocimiento de la realidad se deriva de la propia experiencia, requiere de la habilidad del maestro para hacer reflexionar en y sobre su acción y tomar decisiones coherentes y certeras.


La prevención, en la práctica educativa, supone un proceso de reflexión y toma de decisiones constantes. En tal sentido, se considera que la estimulación de la toma de decisiones sobre el consumo de drogas porteras es un elemento que resume el resultado de la formación de cualidades en los escolares. Se estimula la toma de decisiones en tanto se propicia que estos se propongan enfrentar el consumo de las drogas porteras (alcohol y tabaco) sin vacilaciones, que se sientan seguros de ellos mismos y de lo que hacen. Se ha de considerar que el interés, el deseo y el gusto actuarán en la personalidad del escolar como justificación de todo su esfuerzo y empeño para percibir los riesgos del consumo de drogas porteras. Por ello, en la medida que se desarrolle su interés y se evidencie la relación de este con el espectro de influencias y relaciones sociales, mayor será la profundización en el contenido relacionado con las drogas porteras y los riesgos de su consumo.


La toma de decisiones por parte de los escolares respecto al consumo de drogas porteras puede producirse de diferentes formas. Pueden tomarse decisiones respecto a opiniones emitidas por coetáneos, sucesos presenciados por ellos y acciones de familiares que sean consumidores. El escolar puede decidir por el rechazo a las personas o a las conductas, convivencia con las personas o sus conductas, aceptación de las personas o sus conductas y enfrentamiento a las personas o sus conductas.


La educación antitabáquica y antialcohólica debe propiciar que el escolar transite por la toma de conciencia, la reflexión y la toma de decisiones, respecto al consumo de drogas porteras; y consecuentemente, debe incidir en que ellos logren enfrentar las conductas negativas. Además, se estimula a tomar decisiones certeras acerca del consumo por otras personas y por él, en una etapa futura. Del logro en él de la toma de decisiones respecto al consumo de drogas porteras en esta etapa del desarrollo, depende su relación con los consumidores y con dichas drogas en etapas posteriores.


El logro en el escolar de la toma de conciencia, la reflexión y la toma de decisiones, conduce a que este aprenda contenidos, no solo para medir el desarrollo alcanzado en la etapa correspondiente, sino, que pueda utilizarlos en otras esferas y etapas de su desarrollo, contenidos que le sirvan para la vida. La labor cohesionada de la escuela, la familia y la comunidad, teniendo en cuenta cada uno de los elementos que intervienen en el proceso de prevención, viabiliza que los escolares aprendan a conocer, a hacer, a ser y a vivir juntos.


Es por ello una necesidad promover en los mismos conocimientos, hábitos y habilidades, que les permitan aprender a conocer los daños que ocasionan las drogas porteras, aprender a hacer en función de evitar el consumo en ellos y en otras personas, a ser hombres de bien comprometidos con la sociedad y a vivir junto a otras personas de su medio sociofamiliar, que sean consumidores, sin que esto afecte o influya en su personalidad.


El proceso que se modela propicia que el escolar aprenda a conocer en tanto, se le ofrecen las herramientas para que comprenda el mundo que le rodea, desarrolle sus capacidades y se comunique con los demás. Así mismo éste proceso habilita al individuo para el aprendizaje continuo a lo largo de la vida.


En tal sentido, se logra una comprensión de las características de las drogas porteras, (alcohol y tabaco) sus efectos negativos y la existencia de personas que las consumen. El desarrollo de capacidades que le permitan profundizar en temas relacionados con el consumo de drogas porteras y la necesidad de su prevención al incorporar a su intelecto, cada vez, mayor cantidad de conocimientos al respecto. La comunicación con los coetáneos y adultos en la escuela y su medio sociofamiliar, sienta las bases para el establecimiento de relaciones entre las drogas porteras, su consumo y los efectos negativos que estas provocan. Todo ello propicia que el escolar aprenda a conocer de una manera perdurable.


Aprender a hacer, resulta una necesidad para él. Su finalidad no puede ser alcanzar una calificación en un contenido, componente o asignatura determinada sino, el logro de una competencia que lo capacite para hacer frente a un gran número de situaciones y a trabajar de forma individual, en colectivos pequeños (dúos, tríos y equipos). El escolar también aprende a hacer, en el marco de las distintas experiencias escolares, sociales y familiares. Este proceso ocurre de dos formas diferentes, espontánea y formalmente.
En el caso de la presente investigación, además de considerar la espontaneidad de los métodos familiares y sociales para la prevención del consumo de drogas porteras (alcohol y tabaco), se le concede la mayor importancia y connotación a la planificación en este proceso, de una forma coherente y bien organizada, de todos aquellos aspectos que inciden de forma positiva en el escolar.


Por su parte, aprender a ser, es lo que posibilita que florezca lo mejor de su personalidad y que esté en condiciones de obrar con creciente capacidad de autonomía, de juicio y de responsabilidad personal. Ello permite que sea capaz de tomar decisiones previamente analizadas y fundamentadas, que pongan en evidencia sus conocimientos acerca las drogas porteras, su consumo y efectos negativos.


Con esta finalidad, en la concepción del modelo y sus componentes se trata de explotar con creces las posibilidades y potencialidades de los escolares del segundo ciclo. Se dirige al desarrollo de la memoria, el razonamiento, el sentido estético, las capacidades físicas, la aptitud para comunicar lo que se sabe, se siente, se entiende, entre otros elementos. De forma general, se trata de que sean y a su vez, aprendan a ser individuos capaces de comprender las consecuencias negativas del consumo de drogas porteras (alcohol y tabaco) y consecuentemente, tomar decisiones certeras respecto a este fenómeno.


Constituye una necesidad que los escolares aprendan a vivir juntos y con ellos el colectivo pedagógico del centro, los miembros de la familia y de la sociedad. Para ello, se hace necesario el desarrollo de la comprensión del otro, de sus criterios, formas de pensar, lo que no incluye, hacer variar constantemente su concepción del fenómeno en cuestión. Las relaciones que se establecen en el modelo apuntan a que  aprendan a vivir juntos, lo cual se logra al propiciar la realización de proyectos que aúnan la participación de la escuela, la familia y la comunidad, en función de dar tratamiento a los conflictos, consecuencias y efectos negativos que provoca el consumo de drogas porteras. En todo momento se tiene en cuenta el respeto, la comprensión mutua, la armonía y la concordia.

De forma general en el modelo se ponen de manifestación relaciones de subordinación y coordinación entre la identificación de las situaciones vivenciales relacionadas con el consumo de drogas porteras, la dirección de la educación antitabáquica y antialcohólica y la formación de cualidades en el escolar. En ellas se hace evidente la presencia del método vivencial-interactivo, el que emerge como aporte fundamental de la investigación. Todo ello propicia la ampliación de la capacidad de percepción del riesgo en escolares del segundo ciclo de la Educación Primaria.


El modelo pedagógico para la prevención del consumo de las drogas porteras (alcohol y tabaco) posee rasgos distintivos que expresan su singularidad. Estos se concretan en lo siguiente:

  • Abarca el proceso de prevención del consumo de las drogas porteras en escolares del segundo ciclo, lo que hace que posea plena correspondencia con el enfoque ontogenético de la Educación Primaria, con las exigencias y necesidades de los escolares, así como, un adecuado carácter  preventivo.
  • Condiciona los nuevos puntos de vista, de interpretación y reflexión en relación con el riesgo del consumo de las drogas porteras, propicia la formación de sentimientos, actitudes, hábitos, valores y contribuye a la toma de conciencia y decisiones en el escolar, acerca de los daños que ocasiona el consumo excesivo de drogas porteras.
  • Tiene en cuenta el estudio grupal e individual, y utiliza el estudio de caso como método fundamental en la interpretación de las regularidades comportamentales de los escolares del segundo ciclo de estas comunidades.
  • El carácter vivencial–interactivo se evidencia al tener en cuenta las situaciones vivenciales de los escolares para que adquieran valor y significado, además, se aprecia la interacción con el entorno, su participación  activa y la participación necesaria y pertinente de los factores que intervienen en los diversos contextos de actuación.
  • Permite ampliar la capacidad de la percepción del riesgo del consumo de las drogas porteras (alcohol y tabaco) en los escolares del segundo ciclo, al tener en cuenta las características y exigencias del contexto donde se desarrollan.

El modelo pedagógico que se aporta tiene una consistencia estructural – funcional. Las relaciones que se establecen entre sus componentes contribuyen a la prevención del consumo de drogas porteras (alcohol y tabaco). Además, el hecho de tomar las situaciones vivenciales como base del posterior trabajo, propicia la ampliación de la capacidad de percepción del riesgo del consumo de drogas porteras en escolares del segundo ciclo de la Educación Primaria.

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