LA DESILUSIÓN SEXENAL

Óscar Antonio Jiménez Morales

Capítulo  3

“El Foxismo un sexenio perdido”
De la embrionaria democracia al aborto sistemático.

Introducción:

El  objetivo particular de este Capítulo es el de demostrar que el desempeño político registrado durante el sexenio de Vicente Fox Quesada abortó la llamada transición democrática sumiéndola en una crisis institucional sin precedente teniendo consecuencias en lo político- electoral, en lo económico y en lo social.
Este Capítulo se inscribe en la Tesis como un gran telón de fondo frente del cual se inscriben los dos procesos electorales federales que estamos analizando en la investigación que nos compete, además que, muestra el deterioro político que registró el país durante el sexenio de Fox y que ha tenido repercusiones tanto para el incremento del abstencionismo electoral como para los resultados electorales de 2006, según los cuales, se pudo decidir quien ocuparía el puesto de elección popular más importante del país, el de Presidente de la República. Es así, como este Capítulo se engarza con el objeto de estudio en cuestión.
En esta tesitura, empezaremos a decir que el extendido antipriísmo que embriagaba a una buena parte de la sociedad mexicana después de años de abusos, torpezas e injusticias, la incapacidad de la izquierda electoral para presentar una renovada opción (por tercera ocasión se tenía como candidato a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano); el analfabetismo electoral de una gruesa capa de la población y la fortaleza desmesurada de los grupos de presión, más bien, poderes fácticos, en busca de conservar y acrecentar sus privilegios; juntos, tales ingredientes formaron un coctel de fácil digestión que desembocó en una candidatura, la de Vicente Fox Quesada, sin contenidos conceptuales, ralas habilidades políticas, grosera ignorancia, acomodaticia visión del país y cortos apoyos populares, pero que, con auxilios interesados se logró encaramar sobre sus débiles contendientes.
Lo que siguió fue la narración detallada, continua, por demás anunciada de una catástrofe de gobierno. Nadie puede llamarse a engaño, Fox mostró sus limitaciones desde que fue incoloro diputado, las asentó en el Guanajuato de sus viajes y promociones al vapor, para ratificarlas en el mero acto inaugural de su sexenio presidencial.
La frivolidad con que asumió la formalidad de sus puestos públicos fue un sello distintivo que sólo se acrecentó con el paso de los días y el acceso a los botones de mando y los dineros federales, que por cierto, Fox tuvo en abundancia (más de 400 mil millones de dólares adicionales) que todavía vagan (en lo que va de 2009) sin encontrar explicación, menos aún rendimientos en bienestar, justicia y crecimiento económico.
Los que afirman que Fox ganó la Presidencia por sus habilidades propagandísticas, por los recursos conseguidos a través de sus otrora “amigos”, o por su presencia, novedad o apariencia de su figura sólo mencionan una parte de la pequeña historia. El resto habría que buscarlo en los que fueron beneficiados durante su mandato. En primer lugar, están los magnates y sus empresas a quienes Fox atendió en desmesura con todo tipo de ayudas y recursos. Pagos obligados por su colaboración “desinteresada” en la campaña, pero también por la propia convicción de Fox en pensarse, él mismo, como un empresario que nunca fue, o bien, como señala Carlos Fazio que posiblemente estuvieron inmiscuidos dineros de empresas norteamericanas como la Coca Cola, La Enron y también de los azucareros cubanoamericanos de la Florida.1
Después, habría que indagar sobre la calidad de la elite de funcionarios y burócratas partidarios que reunió a su derredor, ésa que se dice panista y sus acompañantes del priísmo decadente. Juntos formaron y siguen formando una especie de cogobierno, parte de la oligarquía en el poder, que mucho tiene de saqueo a la intemperie, y poco, muy poco de eficacia política.
“El de Fox fue un sexenio malbaratado entre la tontería y la insensible producción de masas depauperadas que rondan por esta devastada República y que una escenografía mediática no pudo disfrazar. La acción de gobierno se puede calificar como una desarticulada sucesión de ocurrencias, delirios y pasos en falso”2. El Plan Nacional de Desarrollo no pasó de ser, en el mejor de los casos, un bosquejo del país que imaginó Fox y sus gerentes, pero, principalmente, la agenda económica que el FMI y el Banco Mundial han impuesto a México desde 1982.
El primer sexenio panista termina con una embestida represiva de Vicente Fox que en abierta connivencia con Felipe Calderón pretendió llevar a México a un escenario de amedrentamiento que hizo posible la entrega de la banda presidencial a quien no ganó las elecciones.
La intensificación de las acciones represivas del gobierno foxista contra el pueblo oaxaqueño y la campaña fascistoide de desinformación en los medios de comunicación que marcaron el final del gobierno de Fox y que aún continúa, y continuará en el de Calderón.
La simulación de la transición democrática ha terminado por desenmascarar por completo a los panistas, que una vez en el poder no sólo se asemejaron por completo a los tecnócratas priístas en su entreguismo y en su carencia de un proyecto nacional o en su vocación desmedida de abuso de poder para enriquecerse, sino en sus rasgos antidemocráticos.
El proyecto político de instaurar con Vicente Fox en Los Pinos un gobierno supuestamente “legítimo” de la extrema derecha empresarial y clerical, sostenido por el PAN y las organizaciones aglutinadas en el Yunque, fracasó tras los seis años de políticas antinacionales y antisociales de Fox, el burdo fraude electoral de 2006 y el derrumbe de fin de sexenio de la demagogia blanquiazul, por lo que el régimen, hundido por sus propias estructuras y prácticas antidemocráticas, no parece tener más sustento que los medios masivos de comunicación y la fuerza represiva del Estado.
El gobierno de Fox se caracterizó también por la violencia verbal. Los medios de comunicación se acentuaron como instrumento de control del pueblo. La mayor parte de aquéllos no informó, por ejemplo, de las protestas que recibieron a Calderón en Washington el miércoles 8 de noviembre de 2006, en las que miembros de la organización Migrantes sin fronteras lo llamaron “Fecal espurio” y “asesino”, como tampoco de la protesta de la actriz Julieta Egurrola en Los Pinos, quien ese mismo día, durante la entrega de los premios nacionales, dio a Fox testimonios sobre las violaciones de mujeres en Atenco y la lista de 61 desaparecidos de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) recabada por el pintor oaxaqueño Francisco Toledo.
El desastre institucional que se ahondó a lo largo del sexenio de Fox por el desprecio que tuvieron los panistas pero también los priístas al marco constitucional del país corre el riesgo de de hacerse aún mayor.
El comentario de Fox a la corresponsal de la agencia Efe el 31 de octubre de 2006 diciéndole que “hoy habla libre y que puede decir cualquier tontería porque ya se va”, difundido por Telemundo, puso de manifiesto su desprecio no sólo por el orden jurídico y su entonces investidura, sino su corta memoria, pues no ha cesado de hacer el ridículo por sus opiniones, en particular sobre las instituciones mexicanas.
A lo largo del sexenio no se cansó de descalificar a la Constitución por ser, según él, un producto del priísmo, ni de vituperar al Congreso porque no aprobó mecánicamente las iniciativas de Los Pinos.
En esta tesitura, con la escasa elaboración que caracterizó, desde siempre, sus intervenciones verbales, el ex presidente Vicente Fox dejó entrever en una conferencia en Washington que el proceso de desafuero contra Andrés Manuel López Obrador, ex candidato presidencial por la Coalición por el Bien de Todos, fue un ataque político marcado por la animadversión personal, admitió a su manera la actuación parcial y delictiva del gobierno federal en los comicios presidenciales del año 2006, confesó plenamente que Felipe Calderón Hinojosa fue el candidato de los Pinos y afirmó con un desparpajo exasperante que la impugnada victoria del michoacano le significó un “desquite” contra el tabasqueño.
La confesión foxista es un escandaloso botón de muestra del cinismo, el patrimonialismo y la falta de respeto a las leyes con el que se ha desempeñado el grupo que llegó al poder en 2000 y que, con una “vocación democrática” meramente declarativa, ha causado un daño catastrófico a las instituciones.
A diferencia de la confesión formulada en septiembre de 2005 por Miguel de la Madrid: “el PRI perdió las elecciones en 1988”, en una entrevista, las implicaciones de lo dicho por Fox no son meramente históricas: de ello se desprende que en 2005, el guanajuatense violó la ley al usar a la Procuraduría General de la República (PGR), a la sazón encabezada por Rafael Macedo de la Concha, para destruir a un adversario político con una imputación amañada, o bien que incumplió las disposiciones legales al dejar en suspenso la causa correspondiente; en el primer caso es inevitable concluir que la Cámara de Diputados atropelló el orden republicano al aprobar el desafuero y que la Suprema Corte se plagó a las animadversiones personales del titular del Ejecutivo; asimismo, las palabras de Fox refuerzan los señalamientos de que el proceso electoral de 2006, aunque declarado formalmente válido por la instancia judicial respectiva (Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación), estuvo viciado de origen por la injerencia ilegítima de la mano presidencial y, que en la llegada al cargo de Felipe Calderón, hubo factores de adulteración de la voluntad ciudadana mediante un burdo fraude electoral tal y como lo hemos dicho en el Capítulo 2 de esta Tesis.
Ahora bien, el desarrollo de este Capítulo se presenta en tres grandes apartados los cuales son los siguientes: a).- Retroceso democrático y el deterioro de las instituciones; b).- Derechos humanos y Estado de Derecho y; c).- la Corrupción foxista (ver esquema 1).
En el primer gran apartado se desarrollan los subapartados de las relaciones exteriores, el deterioro de las instituciones electorales, el caso IFE y TEPJF, el desempeño en la política de transparencia, los medios de comunicación electrónicos y los casos del Canal 40, el decretazo y la Ley Televisa, el complot político, los videoescándalos y el desafuero; el uso religioso en la política foxista y la injerencia de la Iglesia Católica y, por último, el neocorporativismo blanquiazul.
En el segundo gran apartado, hacemos referencia a los casos de Atenco y la conformación del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, Pasta de Conchos, Michoacán, Cananea, el caso Oaxaca y la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca.
En el tercer y último gran apartado, se desarrollan los aspectos de la sospecha del enriquecimiento ilícito; la corrupción en el ejercicio gubernamental; Martha Sahagún de Fox; y por último,  el caso de los hermanos Bribiesca Sahagún.
Es importante decir que para el desarrollo de este Capítulo, también se hace referencia a algunos acontecimientos dentro del sexenio de Calderón, hechos que desvelaron muchas de las corruptelas, y saldos pendientes que se fraguaron dentro del sexenio de Fox.


1 Fazio, Carlos, en Aventuras en Foxilandia, documental de la editorial Canalseisdejulio. (en el video no se especifica el año de edición).

2 Zárate, Alfonso y otros, Fox: los días perdidos, México, D.F., Ed. Océano, 2004, pag.21

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