LA SUBJETIVIDAD MEDIÁTICA ANTE UN CONTEXTO ISOMORFO EN LOS PROCESOS DE FORMACIÓN UNIVERSAL DEL INDIVIDUO, A TRAVÉS DE AMBIENTES VIRTUALES EN LAS INSTITUCIONES DE EDUCACIÓN SUPERIOR DE SAN LUIS POTOSÍ, MÉXICO

Lya Adlih Oros Méndez

Definición y Componentes del objeto de estudio.

 La transmisión de información, plantea a los procesos de formación actuales el desafío de construir signos y símbolos cuando las señales ya no son controladas por los dispositivos pedagógicos tradicionales: el pizarrón, el aula y el cuerpo de docentes, sino por el complemento de tecnologías de mediación, entre ellas: pantallas, celulares, dispositivos de audio, ondas electromagnéticas. El asalto del afuera de la escuela, ya sea el hambre, la tecnología o una combinación de ambas, u otros factores, exige que la educación superior  no sea más un interior autosuficiente, posibilitándose la producción de  subjetividades por las clases disciplinares y de control, legitimadas por medio de viejas y nuevas tecnologías.

            Si bien es cierto, cuando se hace inferencia a una definición de lo mediático, será necesario puntualizar que no se trata de los medios de comunicación, sino de un conjunto de tecnologías “de acción a distancia”, como sostiene Tarde (2004), dentro de las cuales conviven viejas tecnologías con las nuevas tecnologías de información. Para Rodríguez (2004), desde este punto de vista mediático, no quiere decir tanto proveniente de los medios de comunicación, sino propiamente  del avance en las tecnologías de mediación, las cuales constantemente están creando subjetividades con las que se enfrentan y buscan salvar el papel y  el accionar de la educación superior.
           
En cuanto a subjetividad, se tomará su definición como un modo de vida cultural y socialmente construido, en el que se encuentran producciones de subjetividades, mediante prácticas materiales que dan vida a esos modos de vida, por lo que se nombrará como dispositivos productores de subjetividades, a la existencia de determinadas estructuraciones prácticas, que logran afectar un modular en la forma de vivir, y que al mismo tiempo invitan a la destitución simbólica de la escuela, haciendo alusión a que la “ficción” que ésta construyó mediante la cual era interpelados los sujetos dejó de tener poder perfomativo.
                                                    
Entre los dispositivos que destacan dentro de la subjetividad mediática se encuentran los medios comunicación, al igual que las tecnologías de información y comunicación, que Duschatzk (2002) retoma,)al mencionar que  los medios no ejercen su poder sobre los sujetos previamente constituidos, sino que los constituyen.

            De ahí la inferencia que ejercen los medios masivos y las tecnologías de información y comunicación por instituir subjetividad, desde una epistemología constructivista del lenguaje  que, hegemonizado por el soporte-pantallas, organizan un complejo sistema espacio-temporal y perceptivos-cognitivos que condiciona la producción de modos de vida, desde los procesos de comunicación asincrónicos.

            Dentro del flujo mediático, se encuentra la distancia, que Tarde (2004)  considera como eslabón relevante de  la subjetividad, como una “comunicación de espíritu a espíritu, del alma al alma -que- no tiene condición necesaria la proximidad de los cuerpos”, lo que desarrolla una sugestión a distancia de los individuos que forman parte de los públicos, entendiendo ésta, como la supuesta adopción de un entorno a distancia en la que los sujetos imprimen y creen estar contextualizados de un entorno ajeno a través de la red, además como resultante de un proceso de desarrollo social y global, en la que los intercambios de intensidad de mayor -copresencia física- han quedado como parte de un pasado en la evolución mental de las sociedades.

            En cuanto a la definición que se le atribuye al subjetivismo se encuentra la acción y efecto de tomar el punto de vista del sujeto, entendiéndose éste como un sujeto individual , como el sujeto humano general, o como el sujeto trascendental en sentido, señalándose así a Mora (1994), por lo general cuando se habla de subjetivismo el sujeto que se tiene en mente, es individual, por lo que el punto de vista de aquel sujeto es particular, por tanto el subjetivismo es equiparable al relativismo, y en especial a relativismo individualista.

            Descrito lo anterior, es que se  permite comprender los diversos puntos en relación a una definición de la subjetividad correspondiente a este conjunto, donde el problema de la información en cualquiera de sus acepciones, habla de un momento histórico en el que se vuelven a componer las relaciones entre espacio y tiempo y por ende las condiciones mismas de la enseñanza. Al hacerlo, invariablemente, resulta afectado el “contenido” de lo enseñado, hasta ser considerado como mera forma. El control, la modulación y lo mediático son distintos niveles de un universo informacional en el que se redefinen las pautas de reproducción y de creación de lo social.

.           En el siglo XX se estableció que existen estructuras perceptivas y que esas estructuras condicionan el conocimiento mismo. Para Winer (1969), el estudio de la percepción es un correlato evidente de la importancia adquirida por las tecnologías de acción a distancia, y a su vez, no se llegó a esta importancia por una simple influencia tecnológica. Se trata, más bien, de un cambio en el régimen de las relaciones entre conciencia y percepción, en beneficio de esta última, provocadas por una jerarquización distinta en la unidad cuerpo-alma de los sujetos modernos, por lo anterior puede soportar que la computadora es el artefacto resultante de la intención de reproducir lo único que no había sido posible reproducir anteriormente: las facultades intelectivas. Turkleb (1984)  explica de qué modo esta metáfora de la inteligencia artificial conlleva a un nuevo tipo de socialización en la que los niños y los adolescentes se plantean a través de un artefacto preguntas que antes sólo se respondían con la socialización clásica de la familia, de ahí que el educando pase mucho más tiempo con y frente a un artefacto,(como lo puede ser: la computadora, televisión, celular y video juegos), que con la misma familia.

Retomando la subjetividad y trasladándola a la red, se encuentra acorde a lo que plantea Turkleb (1997):
“El desarrollo de ventanas en las interfaces del ordenador fue una innovación técnica motivada por el deseo de conseguir que la gente trabajara de forma más eficiente al poder merodear de una aplicación a otra. Sin embargo, en la práctica diaria de muchos usuarios de ordenador, las ventanas se han convertido en una metáfora poderosa para pensar en el yo como un sistema múltiple, distribuido. El yo no interpreta diferentes papeles en diferentes escenarios en momentos diferentes, algo que una persona experimenta cuando, por ejemplo, se levanta como una amante, prepara el desayuno como una madre, y conduce su coche hasta el trabajo como una abogado. La práctica visual de las ventanas es la de un yo descentrado que existe en múltiples mundos e interpreta múltiples papeles al mismo tiempo”.
Lo anterior resurge la  adopción del término cibernética para llamar así a toda la materia referente al control y a la teoría de la comunicación, que procede del griego –kybernetiké-, perteneciente al piloto, o al arte de gobernar, ciencia que fue bautizada por Winer (1947), el cual menciona que solo puede entenderse a la sociedad mediante el estudio de los mensajes y de las facilidades de comunicación que de ella dispone, por tanto la cibernética es una ciencia complementaria de las comunicaciones, dado que estudia los soportes de ésta, y se basa en la analogía entre el comportamiento de las máquinas y el de los organismos biológicos, en busca de una interacción emitida por una socialización entre ambos.
            La socialización actual tiene otros componentes que no se pueden soslayar. Los medios de comunicación, las computadoras, las tecnologías digitales como los teléfonos celulares suponen otras tantas  nuevas pedagogías, que básicamente “bombardean” con estímulos a la propia conciencia. Actualmente es evidente ver la propia escena de la socialización como mucho más compleja de lo que suponía la educación clásica. En esta, la posición del docente emulaba en algún punto la imagen de los padres, ya sea como forma de identificación y forma de la prohibición. La educación clásica se basa en la fuerza de la palabra conjuntamente con la potencia visual del panóptico, es un proceso de formación, si se quiere, completamente antropomórfico, por lo que la educación moderna, conocedora de ello, aun cuando plantee modalidades virtuales en cursos y asignaturas de educación, no puede omitir o dejar a un lado el dispositivo visual y auditivo, lo cual responde el por qué los cursos y propuestas virtuales, tienden a ser totalmente amigables a la vista y el oído del alumno o prospecto, encontrándose con clases virtuales, para ver y escuchar las clases al igual que  las video-conferencias.
Aunado a un entorno virtual, Castells (1996) trabajó ante un ambicioso y original intento de formular una teoría sistemática que dé cuenta de los efectos fundamentales de la tecnología de la información en el mundo contemporáneo. De la misma forma atribuyó al desarrollo tecnológico como dispositivos mediante los cuales el trabajo actúa sobre la materia para generar producto; El análisis de Castells (1996) se desarrolla a lo largo de tres dimensiones básicas -producción, poder y experiencia-, que de igual forma coincide con Berstein (1994) al afirmar: Las relaciones de clase generan, distribuyen, reproducen y legitiman formas características de información, que transmiten códigos dominantes y dominados, y esos códigos posicionan de forma diferenciada a los sujetos en el proceso de adquisición  de los mismos, permitiendo entender el origen de los países que han propiciado y comercian con una transnacionalización educativa, producto de una virtualidad real.
De igual forma Castells (1996), propone transitar este tema tan remanado, invirtiendo sustantivo y adjetivo: más que de realidad virtual, habría que hablar de virtualidad real. Con este juego de palabras intenta destacar que no existe una contraposición entre una realidad “vivida”, no representada, y otra que vendría a ser la realidad propia de la representación. La cuál dicha representación se constituye por la integración de medios masivos de comunicación, tecnologías digitales, y los sistemas de redes, permitiendo a cualquier persona y universitarios acortar tiempos y espacios.
            Prueba de ello son las universidades virtuales, donde la presencia física del docente y espacio arquitectónico formativo, se desdibujan, permitiendo la multiplicación inaudita  de instituciones de educación superior de forma transnacional. En este sentido,  Lazzarato (2006) sostiene que, se logra despegarse cada vez más del tiempo cronológico y del espacio extenso, posibilitándose encontrar una rotunda globalización de ofertantes y demandantes del servicio educativo, donde el capitalismo no puede ser explicado a partir de paradigmas estrictamente economicistas; cuando el Estado funge como mega articulador simbólico de la vida social (Lewkowicz, 2004).
            Otra manera de comprender el problema de la virtualidad real es la propuesta por Debord (1994) entre otras vertientes, porque enuncia de modo muy claro qué es lo que está en juego en la “realidad virtual” mucho antes de que el término mismo se pusiera de moda; mucho antes, además, del desarrollo masivo de las tecnologías digitales, el cuál entendiendo la forma de actuar de las sociedades, dado que el mundo está construido por el espectáculo, es decir un mundo vivido como imagen, sin extensión ni temporalidad, del que se busca adoptar un rol e identidad por medio de espacios virtuales, como la radio, televisión, internet y muros formativos.
            Lo cual las Instituciones de Educación Superior han sabido afiliar como ventaja competitiva al encontrar universidades, de corte privado especialmente, que en base a su estatus, buscan comercializar su servicio a través de su imagen institucional, que connota estilos y patrones de vida deseables por cualquier egresado por lo que vivir en el espectáculo es algo que no ocurre en la coincidencia espacio-temporal, sino en la solicitación de los sentidos, particularmente de dos: la vista y el oído. De este modo, estos dos sentidos suplantan una escena en la que antes se necesitaba no sólo esa coincidencia espacio-temporal, sino el conjunto de los sentidos  y cuerpo, de ahí que las principales campañas promocionales y de dominación de una oferta educativa mercantilista, se dé mediante spots publicitarios, publicidad impresa y propagada a través de la opinión pública, ostentando logros y méritos académicos.
            Quizás una manera práctica de comprender esta transformación sea comparar los tipos de relatos que pueden producir un mundo mediático y un mundo no mediático. En un mundo no mediático, lo que sucede en cualquier momento y lugar es, o bien vivido, o bien evocado. Por tanto es necesario que se pueda diferenciar entre lo que compone y simboliza un mundo mediático del que no lo es.
En un mundo no mediático, lo que sucede en cualquier tiempo y espacio es vivido, en el mundo mediático no se requiere una vivencia ni una presencia en sí, la radio como herramienta mediática relata lo que está aconteciendo a millones de personas, sin que éstas estén viviendo la nota, al igual que la televisión, a su vez, radio, cine y televisión son registros grabables y reproducibles como medios tradicionales, pasando en una actualidad  a ser medios digitales, en el que se adjuntan y colocan materiales e información para ser atendida por toda una población y alumnos a distancia en proceso de formación. En este sentido, el mundo mediático, la virtualidad real, el espectáculo, son nombres de una compresión del espacio y del tiempo -el tiempo atemporal y el espacio de los flujos- en la que los sujetos y estudiantes ya no se desplazan. Se trata, casi, de un viaje interior, sin movimiento, hacia la sustancia misma de la representación y comunicación asincrónica (Mockus, 1998).
 De ahí la existencia de universidades virtuales, clases a distancia, licenciaturas ejecutivas, procesos y modalidades virtuales que permiten el intercambio mercantil de un servicio educativo, mediante una vigilancia a distancia –desterritorialización-  y autonomía a cargo del gobierno e instituciones de educación superior, donde la eficacia simbólica de sus narrativas escolares no se miden en la correspondencia o la correlación estricta entre lo que se dice o promete y lo que efectivamente suceda. La eficacia simbólica de un discurso se mide en su potencia de producción de subjetividad, es decir, en su capacidad de construir un sujeto alrededor de un conjunto de normas y valores que son los que rigen la vida social.
            Dado lo anterior no hay duda de que la escuela  como pieza formadora no puede quedar al margen de este impacto. Ha de reelaborar el currículo introduciendo este nuevo contenido de la virtualidad del que se apoya para complementar sus procesos formativos, considerando lo que señala  Pérez  (1998):
 “…el papel de la escuela, sería ayudar a formar ciudadanos más cultos, responsables y críticos, ya que el conocimiento (en este caso sobre el potencial y los mecanismos de seducción y concienciación de los mass media y las nuevas tecnologías de la comunicación) es una condición necesaria para el ejercicio consciente de la libertad individual y para el desarrollo pleno de la democracia”.
Sin embargo, lo expuesto anteriormente requiere introducirse a una virtualidad, creada por la manipulación de tecnologías electrónicas, informáticas y cibernéticas como un mecanismo de control desde el interior y exterior de las instituciones educativas, considerando a Berardi (2006):
  “La transformación producida por las TIC´S (tecnologías de aceleración absoluta) del tiempo real que conllevan  una crisis de los fundamentos antropológicos  en los que se formó y ha podido florecer  la democracia”.
            Por tanto, las tecnologías pueden potenciar tendencias, transformar otras, convertirse en algo igual o distinto a lo previsto en el tiempo de su creación a través del uso social; pero tampoco basta con hacer referencia a este uso para omitir cualquier preocupante. La crisis del sentido de la formación, como enseñanza y como aprendizaje en la modernidad, es correlativa a la emergencia de la revolución tecnológica de la información. A su vez, esta revolución intensifica el campo de acción del espectáculo, porque lleva al infinito la posibilidad de la representación (síntesis de imágenes y sonidos, convergencias de tecnologías nuevas y viejas). Y al hacerlo vuelven a confirmar aquella crisis de la formación (Falf-Borda, 2006).
Desde este punto de vista, la información sería el nombre de un proceso de transformaciones (de las sociedades occidentales, hasta el capitalismo mismo) del cual las tecnologías son al mismo tiempo expresión y potenciación; que están pivoteando entre las sociedades de control como aspecto general y las subjetividades mediáticas como aspecto individual, tal como lo señala Berardi (2006):  “Las tecnologías de comunicación han trastocado el contexto antropológico del pensamiento crítico y han suspendido los paradigmas fundamentales del humanismo moderno” .
            Tal pareciera estar desapareciendo el Activismo, es decir el amplio movimiento de resistencia creativa y de información independiente, donde su tarea es: mantener la vitalidad durante la mutación posthumana, las capacidades cognitivas, creativas éticas y estéticas, cuya supervivencia está amenazada por las formas que dicha mutación impone al organismo biopsicosociocultural (Berardi, 2006).  En consecuencia,  el activismo del que lamentablemente las instituciones educativas están ignorando, disuelve  la competencia desenfrenada  del colectivismo burocrático, frente al individualismo mercantilista (Derrida, 2006).
Dentro de la mediación, se encuentra la cibernética, que ha hecho famoso el prefijo “ciber” para caracterizar el tipo de transformaciones generado por las tecnologías de información -cibercultura, ciberespacio-, se constituyó entre los años ’30 y ’40 en Inglaterra, Francia, pero sobre todo en Estados Unidos. Los que se reconocieron en esta suerte de ciencia-marco, o movimiento científico, provenían de las disciplinas más diversas. Los enfoques sistémicos que proliferan en el campo de la educación, el mismo cognitivismo, otra corriente presente en la educación, es deudor tanto de la cibernética como de la teoría de los sistemas, lo que forma a contextualizar a una educación moderna (Levy, 2002).
            El primero de los elementos de la educación  moderna,  es la situación según la cual se le pide al alumno que repita lo que aprendió en clase y que entienda que eso significa saber. El segundo elemento es “ergonómico”, como lo puede ser la simple  pantalla de una computadora, palm o de un celular y hasta el clásico pizarrón que se encuentra en el aula, los cuales dichos elementos reclaman el uso de un sentido visual y auditivo, como en el caso del celular, donde en todos y cada uno de éstos, son considerados en el espacio y tiempo para su implementación, actualmente no se recurre a éstos meramente como artefactos de un aula académica, sino que mediante la virtualidad pueden ser abordados desde el hogar o cualquier parte que se encuentre el educando mediante una situación estática -aula/clase- o en una situación de movimiento -calle/colectivo-  que bastaría apoyarse de una internet móvil, bajo la propuesta de Berardi (2006), “la internet es el principal dispositivo de la mutación, el factor principal de la mediatización del lenguaje y de la vida humana” .
            Considerando lo anterior se puede hacer una distinción entre formación y capacitación, que se ha titulado -formación histórica- y -formación permanente-. Donde se afirma que la formación está caracterizada por la posición del saber, por una asimetría entre el profesor y el alumno, un plan de estudios, clases expositivas, una regulación institucional firme y un tiempo sucesivo de largo alcance, esto último, lo que permite que haya -formación histórica-. En cambio, la capacitación, o -formación permanente-  consta de información más que de saber de un capacitador más cercano al destinatario, de planes de estudios modulares y cambiantes, de un formato no tan expositivo sino con talleres o seminarios, de una regulación más flexible (curso presencial o virtual, institución pública, privada o mixta, variedad de quienes los dictan), más propia del término.

Hoy se exige no formar, sino capacitar, que significa ir cambiando de curso a curso, de problema en problema, de modalidad en modalidad, de competencia a competencia, pero al mismo tiempo quien lo exige, por lo general el Estado, sólo puede evaluar esa capacitación de modo continuo, es decir, en términos de formación y de modo disciplinario. Más claramente: se exige modo de control pero se juzga según modos de disciplina. Entonces, lo que debería ser, para las personas, formación permanente, termina siendo una nueva forma de la formación histórica. Lo expuesto toma sentido entendiendo que al hablar de la era de la información, donde hace notar que las nuevas tecnologías digitales, efectivamente cumplen la función de un mecanismo de control, vigilancia y panóptico, solo que de forma más económica , en la que los nuevos y futuros profesionistas se les apoya durante su proceso formativo basado en un enfoque de  competencias y artefactos virtuales buscando no tanto una formación histórica, sino una permanente que les permita ser más competitivos ante un deshumanizante pragmatismo que  busca  disminuir  costos, incluyendo el recurso humano y su  capital intelectual.

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