DESIGUALDADES REGIONALES Y COSTOS DE TRANSPORTE EN ARGENTINA

Valentina Natividad Viego

4.2 Brechas regionales persistentes: reseña de enfoques teóricos seleccionados

4.2.1 Crecimiento regional guiado por la demanda: el modelo de Kaldor-Dixon-Thirlwall

Las ideas de Kaldor (vertidas en una serie de artículos publicados desde mediados de 1960 hasta fines de la década de 1970) sobre el proceso de crecimiento corresponden a una variante más general de modelos conocidos como de causalidad circular y acumulativa, o de crecimiento desequilibrado, cuyo pionero fue Myrdal (1957), entre otros autores centrales en la teoría tradicional del desarrollo económico. En esencia, para este tipo de aproximaciones, las fuerzas de mercado generan disparidades regionales persistentes, en vez de reducirlas. El proceso de causalidad circular y acumulativa funciona del siguiente modo: la productividad crece más rápido en las regiones con mayor tasa de crecimiento debido a la presencia de rendimientos crecientes a escala (equiparados en un contexto regional a la existencia de externalidades de aglomeración). La relación entre productividad y crecimiento se conoce como ley de Verdoorn. A su vez, las mejoras de productividad se traducen en menores precios y ello en una mejor posición competitiva, que permite expandir la colocación en el mercado mundial de una mayor cantidad de producción. Como en este modelo el crecimiento es traccionado por la demanda, si la demanda aumenta, el producto de la región crece y ello genera nuevas rondas de mejoras de productividad, caídas de precio y expansión de la demanda, dando lugar a un círculo virtuoso de crecimiento, que se amplía según la intensidad del vínculo entre productividad y crecimiento y elasticidades precio e ingreso de la demanda. El mecanismo de causalidad acumulativa descrito anteriormente fue formalizado por Dixon y Thirlwall (1975). Este modelo conocido de crecimiento acumulativo se compone de 4 ecuaciones estructurales (expuestas en el Capítulo 3) cuya solución es

La tasa de crecimiento de equilibrio de la región i en el período t, git, varía positivamente con las tasas de crecimiento del componente exógeno de la productividad ai, del ingreso mundial, zt, y de los precios externos, pft y negativamente con la tasa de crecimiento de los salarios locales, wit, y del margen de beneficio, m. Aplicada a un contexto regional dentro de un mismo espacio nacional, es factible suponer un mark up constante y valores iguales para pft, zt, y w en todas las regiones. Por ello, las diferencias entre regiones de las tasas de crecimiento provendrían de , , ,  y , que representan el coeficiente de Verdoorn, la elasticidad del crecimiento del producto respecto de las exportaciones, la elasticidad precio de las exportaciones, la elasticidad ingreso de las exportaciones y el progreso técnico exógeno, respectivamente. En particular, el efecto Verdoorn, capturado en , constituye una fuente de variación inter-regional en el crecimiento sólo si varía entre regiones. Si, en cambio, no hay diferencias de  entre regiones, las brechas en las tasas de crecimiento provienen de diferencias en otros parámetros del modelo. De modo que  profundiza el efecto de dichas diferencias.

Si una región consigue una ventaja inicial (por ejemplo, en la colocación de bienes de elevada elasticidad ingreso en los mercados mundiales), generará una ventaja competitiva y al mismo tiempo resultará difícil que otras regiones establezcan las mismas actividades. Esta es la esencia de la teoría de la divergencia entre centro y periferia, típica de los modelos de causalidad acumulativa. Además, un shock autónomo que incremente la tasa de crecimiento de la región no será suficiente para sostenerla vía el efecto Verdoorn, excepto que este shock afecte favorablemente a los parámetros del modelo o, alternativamente, que se trate de un shock sostenido. Por otra parte, los análisis de estabilidad del equilibrio indican que, si bien el modelo puede generar senderos potencialmente divergentes o convergentes, en la práctica, asignando valores razonables a los parámetros, no es probable la divergencia de las tasas de crecimiento respecto del equilibrio. El modelo augura entonces diferencias persistentes en las tasas de crecimiento entre regiones, sostenidas por el mecanismo de Verdoorn (McCombie y Thirlwall, 1994; Roberts, 2007) El modelo de crecimiento regional KDT fue objeto de varias críticas, enfocadas esencialmente a la omisión de factores que inciden en la especialización regional (y que, determinan por ende, las magnitudes de  y de ) y la subestimación de elementos de oferta en la explicación de los senderos de crecimiento de un territorio. No obstante, su sencillez matemática atrajo la atención de varios autores que, conservando la accesibilidad formal, desarrollaron variantes que toman en cuenta las limitaciones del modelo original, combinando aspectos de demanda y de oferta (Boyer y Petit, 1991; Verspagen, 1993; Targetti y Foti, 1997; Setterfield, 1997; Botta, 2009). Tampoco tiene en cuenta la existencia de relaciones insumo-producto entre sectores y vínculos entre regiones que pueden actuar ampliando o menguando las brechas de ingreso entre localizaciones, según la dirección y magnitud que tomen. Si bien esta omisión ha dado pie a algunas adaptaciones en las estimaciones econométricas que tienen en cuenta la existencia derrames inter-regionales, su incorporación en los modelos formales aún está pendiente (Ciriaci y Palma, 2008). Con todo, hay evidencia empírica que da soporte al modelo estimado para datos regionales dentro de un mismo país o de distintos países (McCombie y de Ridder, 1984; Harris y Lau, 1998; Fingleton y McCombie, 1998, Pons-Novel y Viladecans-Marsal, 1999; León-Ledesma, 2002; Alexiadis y Tsagdis, 2006, entre otros). Un balance de los resultados encontrados en esos trabajos registra que en las regiones de mayor desarrollo el coeficiente de Verdoorn alcanza magnitudes superiores y viceversa.

4.2.2. Externalidades y aglomeración endógena: los modelos de la "nueva geografía económica"

Dentro de los modelos de crecimiento que admiten desigualdades persistentes y/o divergencia entre regiones se ubican los de la "nueva geografía económica", inspirados en el trabajo de Krugman (1991a). En esencia, este tipo de modelos conserva el supuesto de rendimientos crecientes a escala e incorpora 2 aspectos adicionales: por un lado, la existencia de dos sectores, uno tradicional que opera con tecnologías de rendimientos no crecientes y otro moderno, caracterizado por la existencia de rendimientos crecientes y diferenciación de producto (que produce una estructura de mercado de competencia imperfecta). Por otro lado, se admite la existencia de costos de transporte. Combinados, estos elementos generan externalidades pecuniarias que influyen en los patrones de localización de firmas y población. Una de las novedades de los modelos de NGE es que modelizan los costos de transporte à la Samuelson o tipo iceberg: esto implica que los precios en puerta de planta de los bienes que enfrentan costos de transporte deben ser multiplicados por un parámetro , que representa la cantidad de unidades del bien que deben ser enviadas desde el origen i para que al destino j arribe una unidad. Este planteo hace que  = 1 ante costos de transporte nulos, y  >1 en presencia de costos de transporte positivos. Mientras que los costos de transporte representan el incentivo básico para localizarse cerca del mercado, las tecnologías de rendimientos crecientes estimulan las ganancias derivadas de la producción en masa. En otras palabras, los primeros constituyen una fuerza centrífuga y las segundas son una fuerza centrípeta, que empuja a las firmas a aglomerarse en pocas localizaciones. Si esta segunda no contrapesa lo suficiente a la primera emerge un patrón de distribución espacial disperso de las actividades y viceversa.

Uno de los resultados centrales de los modelos encuadrados en la NGE, en cualquiera de sus variantes, es la existencia de mecanismos de causalidad acumulativa que generan la concentración de población y de actividades productivas en ciertas áreas (centrales) y despoblación y estancamiento en otras (periferia) que se erigen sobre pequeñas asimetrías iniciales entre regiones, ampliadas por las fuerzas del mercado. Este efecto "bola de nieve" ha operado como argumento para sostener que la historia "cuenta" (Fujita et al, 1999). En términos de Fujita y Thisse (1996), hay una geografía "maleable" (putty-clay): hay a priori flexibilidad locacional para las actividades, pero una vez que emergen diferencias espaciales, el patrón de distribución espacial de la actividad se vuelve rígido. La razón de ello es la propia causalidad circular: la aglomeración se retroalimenta al producir rentas que tienden a sujetar a firmas y trabajadores al lugar donde se ocurren. Una explicación alternativa de este proceso es interpretar estos modelos en términos de externalidades pecuniarias, que operan esencialmente vía precios, en oposición a la noción tradicional, basada en interacciones por fuera del mercado entre los agentes (externalidades tecnológicas). Cuando firmas o trabajadores migran, es probable que afecten los precios prevalecientes tanto en el mercado de bienes como de factores en ambas localizaciones (origen y destino) y ello tiene un impacto sobre otros agentes. Se han identificado tres mecanismos que generan aglomeración endógena: i) movilidad de factores (Krugman, 1991), ii) eslabonamientos verticales (Krugman y Venables, 1995) y iii) acumulación de capital (Baldwin, 1999; Baldwin et al, 2003) . En el caso de fuerza de trabajo móvil, la causalidad circular opera del siguiente modo: en presencia de 2 regiones a priori idénticas que intercambian distintas variedades de M, incurriendo en costos de transporte positivos, donde el único factor de producción es la mano de obra, móvil entre territorios, habrá migración cada vez que surjan discrepancias en el salario real entre ambas localizaciones. El desplazamiento de fuerza de trabajo entre regiones aumentará la demanda local en la región anfitriona.

Esto a su vez generará un incentivo para que las firmas se relocalicen hacia allí, estimuladas por su cercanía a un mercado ahora más amplio. Esto provocará una caída del precio de M en la región que recibe el flujo migratorio debido a que anteriormente una porción de M debía ser importada asumiendo un costo de transporte. Esto, a su vez, incrementará los salarios reales atrayendo a nuevos consumidores desde otras regiones lo que a su vez generará una nueva ronda de relocalizaciones de firmas. La mayor rivalidad entre productores de M en la región que atrae población y empresas y la competencia por fuerza de trabajo constituyen dos fuerzas centrífugas. Pero si las variedades de M relajan lo suficiente la competencia en precios y si la competencia por trabajadores no es demasiado fuerte, las fuerzas centrípetas podrían contrarrestar los incentivos a la dispersión espacial generando un proceso de aglomeración de M en la región que inicialmente atrajo población. Los eslabonamientos insumo-producto ofrecen otro canal por medio del cual operan las externalidades pecuniarias. Nuevamente, se parte de un contexto de 2 regiones con fuerza de trabajo como único factor de producción, que ahora es inmóvil entre regiones pero móvil entre sectores.

El sector M ofrece bienes de consumo diferenciados, producidos con mano de obra e insumos provistos por el sector I. Este último sector también ofrece bienes diferenciados pero los fabrica usando únicamente mano de obra. Tanto M como I incurren en costos de transporte. Partiendo de un equilibrio simétrico, si algunas firmas del sector M migran hacia una de las 2 regiones esto provocará un alza de la demanda local de I. Ello impulsará la relocalización de empresas de I hacia la región anfitriona. Esto disminuye el costo de abastecimiento de insumos para M, lo cual genera una nueva ola de relocalización de M. Como las empresas operan en un ambiente donde la competencia en precios es débil, las fuerzas centrífugas no llegan a contrarrestar a las centrípetas, dando lugar a un proceso de aglomeración irreversible. Por último, la escasa movilidad del capital también favorece la aglomeración. Esta variante supone que la producción de las distintas variedades de M incurre en un costo fijo de capital, que es inmóvil entre regiones a priori idénticas. El comercio de bienes enfrenta un costo de traslado positivo. Además, en cada período se destina un monto de recursos a la inversión. Si una región invierte más que otra ello aumentará su ingreso permanente. La demanda local crecerá en la región de mayor inversión volviéndola más atractiva. Las empresas localizadas en la región que invierte menos no pueden relocalizarse de modo que los beneficios y rendimiento del capital crecerán más en la región más dinámica en términos de inversión. Esto, a su vez, incentivará la acumulación de capital y la expansión de M, que se convertirá en exportador neto. La región de inversión rezagada quedará atrapada en un círculo vicioso; la menor demanda deprimirá el empleo y demorará nuevos planes de inversión. Por la misma lógica la región avanzada en términos de inversión experimentará un círculo virtuoso. Como los modelos NGE se abstraen generalmente de los elementos que constituyen la "primera naturaleza" (dotación de recursos naturales, condiciones climáticas, etc.) al suponer que las regiones son al inicio idénticas, qué región se transforma en central o periférica no queda determinado en el modelo. Esta abstracción, que en apariencia resultaba conveniente para destacar los efectos acumulativos por sobre las condiciones iniciales, se ha constituido asimismo en la fuente de numerosas críticas (Martin, 1999), al interpretar el sendero evolutivo de las regiones como resultados de "accidentes" históricos, mientras que lo que supuestamente se persigue es explicar determinadas trayectorias y no otras. Además vale decir también que el atributo de homogeneidad ex ante entre localizaciones es, de algún modo, ficticio porque el proceso acumulativo se inicia precisamente con una (pequeña) diferencia entre regiones. Como se explica en el Capítulo 3, esta diferenciación que los modelos NGE caracterizan como marginal y estocástica implica una inconsistencia teórica no menor; si bien es factible que cambios locacionales marginales (es decir, que ocurren en establecimientos o trabajadores aislados) respondan a factores aleatorios, personales e impredecibles, lo que resulta improbable es que ello desate un proceso de retroalimentación, especialmente porque este enfoque supone un grado de atomización no despreciable de los mercados de productos y de factores y tanto firmas como trabajadores se consideran idénticos. Esto vuelve poco plausible que la mudanza de una empresa genere una reacción en cadena de migración de trabajadores o de otras empresas.

Por el contrario, si el proceso se inicia con el desplazamiento de un número considerable de firmas o de trabajadores, que justifica razonablemente un proceso acumulativo posterior, sería necio sostener que ello responda a factores aleatorios. Por lo tanto, la crítica que inicialmente recibieron estos modelos por su incapacidad para explicitar el proceso inicial de diferenciación sobre el cual se erigieron las fuerzas acumulativas sigue vigente. Por otra parte, otra de las limitaciones de los modelos de NGE es de carácter computacional. Como la mayor de parte de las ecuaciones de partida de los modelos describe relaciones no lineales, la identificación del equilibrio general requiere la introducción de restricciones a fin de encontrar la expresión formal de la solución o acudir a mecanismos de simulación. Estas restricciones en varios casos implican supuestos poco factibles, que hacen dudar del grado de generalidad de las conclusiones del modelo. Por ejemplo, el parámetro que expresa en el modelo la preferencia por la variedad, , es también el que determina la altura de las economías de escala, ya que el ratio entre el costo medio y marginal es  / ( - 1), igualdad que no necesariamente se cumple en la práctica. Aún más, la elección de unidades para encontrar la solución del equilibrio general conduce asimismo a predicciones poco plausibles, como que el número de variedades esté inversamente correlacionado con la proporción del gasto en manufacturas. A su vez, el impacto del parámetro que refleja el grado de sustitución entre variedades de bienes industriales, , sobre el número y estabilidad de los equilibrios parece exagerado en la medida en que se adjudique únicamente a las preferencias de los hogares. Si la magnitud de  puede ser moldeada por las empresas (lo que, a su vez, depende no sólo del nivel de esfuerzo de cada firma individual, sino también de elementos sectoriales) este enfoque podría converger con la línea de investigación basada en el ciclo de vida de la industria (Gort y Klepper, 1982; Klepper, 1996; Klepper y Simons, 1997), aunque esta conexión aún no ha sido explorada en la literatura. Si bien el cuerpo teórico de NGE se ha extendido considerablemente en los últimos años, la investigación empírica se encuentra comparativamente menos desarrollada. Se contabilizan varios trabajos empíricos que demuestran la correlación entre acceso al mercado y producción e ingreso en el modo en que sugieren los modelos NGE, hay menos consenso sobre la dirección de la causalidad y el conjunto de variables de control utilizado (Redding, 2009).

4.2.3 Balance

Pueden listarse entonces las ventajas de cada enfoque para reproducir los hechos estilizados repasados en la primera sección de esta presentación: i) ambos enfoques reproducen desigualdades regionales persistentes. En el caso de la aproximación KDT las brechas regionales provienen de diferencias en las elasticidades precio e ingreso de las exportaciones de la región ( y  respectivamente), de la elasticidad del producto respecto de las ventas extra-regionales () y de la magnitud de las economías de escala (). En el caso de la aproximación de NGE, las desigualdades se originan en pequeñas asimetrías (aleatorias) iniciales que se profundizan por la existencia de externalidades pecuniarias. El resultado final en el patrón de distribución de la actividad y de la población depende de la magnitud relativa de las fuerzas centrípetas (economías de escala, preferencia por la variedad) y centrífugas (competencia en el mercado, especialmente de factores, costos de transporte). ii) en particular, el modelo canónico KDT tiene el mérito de destacar el rol de la demanda en el aprovechamiento de economías de escala, elemento que en las regiones que forman parte de ámbitos desarrollados sea quizá poco operativo, pero que en los territorios no centrales de las economías subdesarrolladas tienen un peso significativo al generar una traba para la instalación de firmas con la escala mínima eficiente y/o en la frontera tecnológica del sector.

iii) los modelos que se inscriben en la NGE, por su parte, resultan una guía útil para incorporar al análisis de un modo sencillo los costos de transporte sin necesidad de apelar a medidas de distancia (geodésica, euclídea, etc.), a menudo problemáticas desde el punto de vista de su robustez. Con todo, los enfoques arriba expuestos conservan algunas desventajas en términos de su aplicabilidad a las economías subnacionales de los países subdesarrollados, como: i) el modelo KDT omite otros elementos de la demanda agregada que podrían incidir en la dinámica del producto regional, como la demanda local o los eslabonamientos entre sectores dentro del mismo país (intra o inter-regionales). En particular, Oliveira et al (2006) muestran que, en el caso de Brasil, el crecimiento es guiado sólo parcialmente por las exportaciones, reflejando la necesidad de incorporar al modelo otros componentes de la demanda agregada. ii) si el coeficiente de Verdoorn es concebido por el modelo KDT como originado en externalidades espaciales es probable que, más que generar economías de escala en los sectores de exportación (a menudo ligados a la explotación de recursos naturales en los países atrasados), genere rendimientos crecientes en la producción de bienes de consumo destinados al mercado interno. La tecnología que utiliza el sector basado en la explotación de recursos naturales suele ser caracterizada en los modelos formales como de rendimientos crecientes y el tamaño del mercado interno no incide en su productividad global. iii) el enfoque KDT no considera eslabonamientos entre regiones (algo marcado ya por Fingleton y McCombie, 1998) ni entre sectores. En Argentina, el patrón de especialización regional de la producción muestra un notable grado de división espacial del trabajo; los sectores que producen bienes transables muestran un elevado grado de localización espacial (Rofman y Romero, 1974; Manzanal y Rofman, 1989). Estas producciones suelen tener como destino la exportación o el consumo en otras regiones (esencialmente para una transformación posterior o eventualmente para su consumo final), lo cual refleja la necesidad de incorporar explícitamente vínculos inter-sectoriales e inter-regionales al análisis. iv) los modelos de la NGE suelen considerar que es el sector manufacturero, M, el que enfrenta costos de transporte de cierta significación. Sin embargo, en los sectores caracterizados por ofrecer productos diferenciados los fletes suelen no tener relevancia debido a que el consumidor decide sus compras en función de otros atributos no ligados al precio (incluido el costo de traslado). La única forma de conciliar ambos elementos (costos de transporte y diferenciación) es que la localización del oferente sea la única fuente de diferenciación. Sin embargo, los modelos NGE parecen adoptar una visión diferente. Si se considera que los fletes adquieren significación, entonces ello debe ocurrir en bienes donde las firmas compiten esencialmente en precio (cif) y, en menor medida, en calidad, prestaciones, etc. v) otro inconveniente vinculado con los rasgos atribuidos al sector manufacturero atribuidos por la NGE y su aplicabilidad en ámbitos subdesarrollados es el rol de la diferenciación de producto. En los territorios atrasados el sector industrial no se caracteriza por ofrecer (al menos en la misma medida que en las economías desarrolladas) variedades apreciadas por los consumidores. Más bien, lo que suele predominar es la existencia de diferenciación espacial basada en fletes (à la Hotelling).

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