CUARTO MUNDO: LA ACCIÓN EXTERIOR DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS COMO INSTRUMENTO DE CAMBIO Y RECONOCIMIENTO INTERNACIONAL 1992-2007

Joseba Iñaki Arregi Orue



CAPÍTULO II: EL COLONIALISMO HISTÓRICO: UN NUEVO MUNDO SOBRE LAS CENIZAS DEL VIEJO

1. INTRODUCCIÓN


Desde que en 1492 Europa colonizó América, el destino de los pueblos y culturas del continente ha estado íntimamente ligado a las visiones, deseos y puntos de vista de los poderes europeos y, sobre todo, a sus prácticas políticas aplicadas en los ámbitos económico, cultural, político y social. Este choque entre culturas confrontó por primera vez a la cultura europea con el desafío derivado de la enorme diversidad cultural y biológica del continente americano (Seed 1992, Niezen 2003). La colonización de América puso a dos civilizaciones en un contacto íntimo e irreversible, y dio inicio a una reacción dialéctica entre indígenas y no indígenas, que resulta de gran importancia para los estudiosos de los actores étnicos en las Relaciones Internacionales. Este encuentro nos muestra el choque con una diversidad étnica y biológica de gran complejidad y la incapacidad de ver al otro como igual, pero a la misma vez como diferente y con derechos, ya que la igualdad era entendida como asimilación y la diferencia como jerarquía entre inferiores y superiores (Todorov 1992:42). Según este autor, esta ambivalencia sigue viva hasta nuestros días y se encuentra en la raíz del pensamiento colonial que sufre el Cuarto Mundo.


La conquista de América buscó y contó con el apoyo y la legitimación del orden internacional del momento, representado por el Papa. A los pueblos de América se les aplicó un tratamiento de conquista desarrollado durante el tiempo de las Cruzadas y la Reconquista. La Bula Romanus Pontifex concedida al rey de Portugal Nicolas II en 1452, o la Bula Inter Cetera de 1493 y el posterior tratado de Tordesillas muestran la concesión a los monarcas cristianos de la propiedad de las tierras pertenecientes a los gentiles (Williams 1990, Wilmer, 1991Morris 1992, Anaya 1996, Keal 2003).


Contando con este apoyo legal, moral e ideológico, los poderes europeos se lanzaron a la conquista del Nuevo Mundo (Hanke, 1949). Allí se encontraron con pueblos caracterizados por una enorme diversidad cultural, económica, política y social que no supieron como abordar (Padgen, 1993, Todorov, 1992, McGrane1989). La empresa colonial se desarrolló a lomos de la Ideología de la Conquista y Descubrimiento, que consideraba que tanto las tierras y siervos que ganaba la Corona como las almas que ganaba la Iglesia constituían un bien superior capaz de borrar de la memoria las atrocidades cometidas (Calvet, 2005). Estado e Iglesia, la cruz y la espada, aparecen unidos en el desarrollo de estas empresas coloniales que aumentaron el papel e influencia de los reinos europeos y de la Cristiandad.


El saber occidental, la supremacía científica y técnica aplicada a la ciencia militar junto con la introducción (Todorov, 1992) y extensión de las enfermedades del Viejo Mundo, fueron capaces de diezmar la población indígena de la época (Man, 1994), facilitando la conquista.


En apoyo de la conquista militar, los poderes europeos fomentaron la emigración al "Nuevo Mundo". Tras hacer efectivo su control sobre los nuevos territorios, los poderes coloniales comenzaron a fijar los cimientos de su nuevo mundo y su proyecto de nueva sociedad (Korman 1996). La sociedad colonial se construye con la ayuda de los colonos que trasplantan sus estructuras económicas, políticas, sociales, culturales y religiosas. Las formas de gestión, organización social, cultural, económica y política se convirtieron en réplicas de la ya existentes en los Reinos Europeos, importándose los mismos esquemas de poder, y de estratificación jerárquica y borrando así cualquier resquicio anterior.
Los centros urbanos coloniales se convierten en el núcleo principal, referente y motor de la nueva sociedad y la tarea de construcción del nuevo mundo se realiza sobre las cenizas del mundo indígena.


El resultado es una sociedad etnocrática, altamente estratificada, dominada por una élite colonial que reduce a los "indios" a la categoría de siervos o campesinado general (Wright, 1994). En este esquema complejo, la riqueza étnica y humana personificada en los pueblos originarios de América quedó integrada en una categoría subordinada inexistente hasta entonces: nace el indígena como una realidad construida por Europa.


in the history of European encounters with non—European others 'the cultures of the West–do not merely respond to the presence of the "other": we actually construct him or her' (Padgen, 1993:183).
Los PIs se reconocen en la subordinación y experiencia de derrota y conquista que sufren. Se trata de una clase nueva que carece de historia y valor cuando se compara con la cultura dominante que tiende a identificar el comienzo de la historia del Nuevo Mundo con su llegada (González, 2007). Siendo considerados una clase subordinada, los indígenas sufrieron un continuo proceso de periferialización económica, social, cultural y religiosa (Landaburu, 1998) que les llevo a concentrarse en las zonas rurales (Olaechea, 1992) y en las denominadas Repúblicas de Indios. Se trata de "la implementación de un sistema social colonialista esclavista que destruye el horizonte propio de los pueblos autóctonos y crea un hundimiento de sus estructuras sociales y de sus capacidades tecnológicas" (Landaburu, 1998:76). Esta periferialización marca la pérdida de continuidad histórica (González, 2007) y de la autonomía colectiva e individual de la que previamente habían disfrutado los PIs.


Las oportunidades para el diálogo intercultural fueron escasas y se vieron reducidas cuando la maquinaria ideológica colonial comenzó a producir una historia colonial que legitima la conquista y defiende la superioridad y bondad del nuevo sistema, ofreciendo una imagen negativa del indígena, siempre contrapuesta al proyecto de civilización euro-cristiano. La historia colonial busca dominar culturalmente al indígena, legitimando la conquista y dominación de los pueblos originarios y sus ecosistemas y desvaneciendo su conciencia de pueblos con historia propia. Es una historia que crea, recrea, reproduce y expande una imagen del "indígena en negativo".


En lo que se ha llegado a denominar el "indio cerdo", que defendió Sepúlveda en su debate con Las Casas, los indígenas son descritos como salvajes, crueles, rebeldes ingobernables y capaces de los más abyectos comportamientos que una mente cristiana y civilizada del momento pudiese imaginar (Martínez & Santamaría-Benz, 2004). Frente a esta imagen, la ideología colonial impulsó al agricultor europeo, civilizado, cristiano y buen siervo de las monarquías como vanguardia de la civilización. La caracterización de los indígenas como salvajes "bichos de mato" (Etxebarria, 1997) fue un elemento importante de la política extrema de Descubrimiento y Conquista que animaba las empresas europeas. Esta caracterización en negativo, que negaba la humanidad de los indígenas, facilitaba la aplicación de las medidas más radicales y su exterminación a la hora de establecer control sobre los territorios indígenas (Churchill, 1992).
El periodo colonial se caracteriza por este impulso de conquista, población, explotación y evangelización de los territorios indígenas. El discurso dominante describe a los indígenas como salvajes con culturas violentas, caracterizadas por el retraso tecnológico (Wright, 1994), una incapacidad por aprovechar sus ricos recursos naturales (Cronon, 1983), la carencia de sistemas legales (Keal, 2003 y Anaya, 1996) y la inexistencia de gobiernos civilizados (Watson 1992, Williams 1990, Clavero 2003).


2. COLONIALISMO HUMANISTA. EL BUEN INDÍGENA

El encuentro con la América indígena causó una profunda crisis en el pensamiento de la época, que tuvo una importante consecuencia para el desarrollo de lo que posteriormente se ha venido a llamar sociedad internacional, sobre todo como precedente en la defensa de los Derechos Humanos. Los excesos de los primeros años de la conquista causaron verdadera conmoción en muchos de los intelectuales de la época. Desde los primeros años se oyeron voces que cuestionaron el tratamiento aplicado por los conquistadores (Morris, 1992).
Desde este periodo la cultura europea desarrolla una dualidad hacia los indígenas, que se manifiesta en la existencia de fenómenos de alterofobia y alterofilia que perviven en nuestros días.
Se produjeron importantes debates para integrar a los indígenas en el pensamiento europeo de la época. Vitoria y de Las Casas fueron especialmente importantes en la tarea de redefinir para el mundo europeo la lista de pueblos del mundo e integrar a los indígenas en ella.


Las Casas y Vitoria ilustran una concepción más humanista de la empresa colonial que, si bien no cuestiona los objetivos de la conquista, sí que busca un tratamiento más humano de los indígenas y defiende estrategias y tempos distintos (Seed 1992, Etxebarria, 1997).


Vitoria describió al indígena como "rústico, miserable y menor" (Clavero, 1994). Esta nueva caracterización supuso una mejora con respecto a "indio cerdo" defendido por Sepúlveda, que negaba la humanidad de los indígenas y les convertía en "bichos do mato". El bárbaro era considerado un ser con alma, en la periferia de la civilización, pero no un salvaje que podía ser eliminado. Este discurso crítico de Vitoria removió conciencias y marcó como misión la civilización del bárbaro que quedaría encomendada a la Iglesia y la Corona. En este marco ideológico se desarrolla una relación paternalista, de amo-siervo que caracteriza gran parte del periodo colonial y se encuentra férreamente enraizada en nuestro subconsciente colectivo. Los indígenas son considerados intelectualmente simples, culturalmente salvajes y espiritualmente redimibles (Esteva, 1989).


Las ideas de Vitoria y los debates entre Las Casas y Sepúlveda tuvieron un impacto positivo en la situación de los indígenas, ya que el Papa Pablo III en 1537 (Sublime Deus) reconoció su humanidad y prohibió que fueran esclavizados y sus tierras robadas. A esta iniciativa le siguieron las Leyes de Indias que crearon las "Repúblicas de Indios". Estas iniciativas consiguieron limitar el genocidio e invertir el declive poblacional que experimentaba la población indígena, aunque su aplicabilidad y el cumplimiento integro de las mismas fuera casi imposible.

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