Tesis doctorales de Ciencias Sociales

MODELO PEDAGÓGICO PARA EL PROCESO DE EDUCACIÓN COMUNITARIA

Aida Rosa Gómez Labrada
 




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CAPÍTULO I. FUNDAMENTOS EPISTEMOLÓGICOS QUE SUSTENTAN EL PROCESO DE EDUCACIÓN COMUNITARIA

Introducción.

En este capítulo se analizan las tendencias históricas del proceso de educación comunitaria en Cuba a partir del triunfo de la Revolución, se determinan sus etapas, se valoran los aspectos que desde el punto de vista psicológico, pedagógico y sociológico caracterizan el objeto de la investigación en la dinámica de la educación comunitaria. Se presentan los resultados del diagnóstico de la situación actual este proceso en la provincia de Las Tunas

1.1 Tendencias históricas en el proceso de educación comunitaria.

El surgimiento de las comunidades se produce con el propio nacimiento del ser humano en el largo proceso de evolución, en el cual el trabajo y la vida en grupo fueron factores fundamentales. Este proceso se inicia en la Comunidad Primitiva y con la aparición de nuevos instrumentos y técnicas para el trabajo y la propia necesidad de la vida en grupo, trae como consecuencias mayor producción, la división y especialización del trabajo, el surgimiento de clases sociales que acentúan las diferencias entre estas y el rol protagónico del ser humano en el desarrollo de una determinada región o territorio y que empiecen a surgir fuertes lazos y sentimientos de identidad y pertenencia a un grupo en un contexto determinado.

Después de la Segunda Guerra Mundial los programas de desarrollo estaban más dirigidos al protagonismo de los comunitarios y en 1954 se plantea en la reunión del Consejo Económico Social de las Naciones Unidas la expresión “desarrollo comunitario” para designar un medio instrumental hacia objetivos tendentes a la elevación de los niveles de vida, lo integran procesos por medio de los cuales los esfuerzos del pueblo se unifican con el de las autoridades para mejorar las condiciones económicas, sociales y culturales de las comunidades, para integrarlas a la vida nacional.

La organización de las Naciones Unidas (ONU) se planteó en aquel momento indicadores dirigidos a lograr la participación y colaboración, lo que requiere de la reestructuración y nuevas perspectivas que impliquen una educación y cambios en las actuaciones de los comunitarios para lograr determinados niveles de vida y mejoramiento en los aspectos socioeconómicos.

Estos pronunciamientos de la ONU fomentan en las comunidades, sus líderes, organizaciones no gubernamentales, instituciones, así como a investigadores de diferentes ramas, el planteamiento de nuevas alternativas que estén dirigidas al beneficio y desarrollo de las comunidades, pero es la Conferencia de Boston, en 1965, que se la oficializa el origen de lo comunitario como disciplina y campo de estudio y aparece la denominación de Psicología Comunitaria.

En el ámbito internacional son significativos los fundamentos epistemológicos que aportan diferentes autores, dado su carácter universal y general. Marco Marchioni en La utopía posible, planificación social y organización de la comunidad, refleja el rol del Estado y la relación entre política social y desarrollo económico y la importancia de la participación y el protagonismo de los comunitarios en su proceso de transformación.

Ezequiel Ander-Egg, se refiere en diferentes publicaciones relacionadas con la organización y desarrollo de las comunidades cómo es necesario lograr el autodesarrollo a partir del protagonismo de los propios actores.

Es importante destacar el proceso de descentralización en América Latina, fundamentalmente en materia de políticas sociales que se torna significativo a partir de la década del 70 cuando se promueven diferentes vías y en el nivel local comienzan a protagonizarse más las acciones de autodesarrollo.

Paulo Freire realizó un gran aporte a la metodología de la investigación popular de utilidad en América Latina y Cuba a través de sus obra Pedagogía de la Pregunta, de la Esperanza, de la Autonomía, entre otras.

La obra y epistemología investigativa de estos y otros autores, por su valor científico y flexibilidad en su aplicación, sirven en gran medida como fundamentos y referencias para la educación de las comunidades en Cuba.

Tendencias en el desarrollo del proceso de educación comunitaria en Cuba.

En el contexto cubano el desarrollo de las comunidades tiene un matiz muy especial y particular. Los acontecimientos políticos, sociales y económicos a lo largo del devenir histórico social, repercute en las investigaciones. David Miguel Limia (1999:34) en su trabajo ¿Una sociedad imposible? señala: “Los intentos de cuantificar y, sobre esta base, evaluar interiormente los diferentes aspectos de las relaciones sociales conformadas en Cuba a lo largo de la Revolución, son fallidos y profundamente engañosos, cuando pierden de vista lo esencial; la Revolución Cubana perfectible por vocación, inspirada en un nuevo paradigma de racionalidad, es decir, en un modo radicalmente diferente al liberal para organizar, entender, conocer, evaluar y transformar la vida social, llevado a la práctica a través de un sin número de contradicciones. A él lo signa un mecanismo más profundo y consecuente en la promoción y desarrollo de la sociedad y la persona, que aquel que se nos preconiza, desde la concepción hoy dominante de la cultura, “homogeneizada” por la globalización”.

Esta fundamentación refleja lo trascendental del proceso revolucionario cubano y lo peculiar y distintivo del mismo en el cual los comunitarios se implican y participan en acciones cuyo tejido social en su complejidad muestra los avances de esta sociedad.

Un mejor estudio y conocimiento de esta temática se propicia al plantear indicadores que permitan caracterizar las diferentes etapas para el proceso de educación comunitaria. Para este análisis se determinaron los siguientes indicadores:

• Condicionamientos políticos, económicos y sociales de cada momento histórico.

• Formas y vías para fomentar el desarrollo sociocultural comunitario.

• Envolucramiento del tejido social en la solución de problemas y satisfacción de necesidades a partir de acciones endógenas.

• Formación de valores que fomente el protagonismo social.

• Niveles de participación del Estado, organizaciones y organismos en la solución de los problemas de las comunidades.

• Rol educativo de la universidad y otras instituciones hacia la comunidad.

Desde estos presupuestos se distinguen tres etapas principales en el proceso de educación comunitaria en Cuba:

Primera Etapa: Desde el triunfo de la Revolución, 1959 hasta 1975.

Segunda Etapa: 1976-1990. Surgimiento de nuevas estructuras hasta los inicios del Periodo Especial.

Tercera Etapa: 1990- actual. Crisis de los años 90 y las transformaciones en el contexto de la Batalla de Ideas.

Primera Etapa: Desde el triunfo de la Revolución, 1959 hasta 1975.

Con las gestas emancipadoras iniciadas en el año 1868, aparece un protagonismo más significativo de lo comunitario, nuevos horizontes en términos de identidad y nacionalidad. Durante todo el proceso revolucionario las comunidades han desempeñado un importante rol, primero en la lucha por la independencia y después de 1959 en el mantenimiento de independencia y como protagonista en la realización de numerosos y variados programas, campañas, movilizaciones y tareas sociales. La construcción del proyecto social de la Revolución Cubana demandó la amplia participación popular como sujeto y objeto de las grandes transformaciones que se proponía.

Las grandes masas populares, con bajo nivel cultural e históricamente marginadas, no estaban preparadas para insertarse en un proceso de participación social para la toma de decisiones. Por eso una de las primeras medidas revolucionarias fue la campaña de alfabetización y la educación popular de adultos, que requirió del apoyo comunitario para la identificación de las necesidades en esa dirección y de los recursos humanos que podía implementar ese programa.

Las transformaciones revolucionarias de índole política, social y económica, tanto en la ciudad como en el campo, requerían del apoyo y participación de las comunidades y se crean diferentes organizaciones: Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) que, junto a instituciones y organismos, llevan adelante los programas de la Revolución y tienen como base de sustentación un trabajo comunitario de amplia participación popular.

En esta etapa se realizan acciones en las comunidades por parte de funcionarios de cultura y salud pública; en el primer caso es significativo el grupo de teatro Escambray, llevando a las comunidades enseñanzas valiosas en el campo de la cultura, mientras salud pública es considerada pionera del trabajo en las comunidades en Cuba.

La participación popular en la determinación de las necesidades y en la formulación de proyectos para la acción en esta etapa fue decisiva en el desarrollo y construcción del socialismo. La integración y cooperación fueron categorías necesarias para el avance del proyecto social cubano; los comunitarios se movilizaron guiados por líderes y promotores y realizando acciones de gran significación en el fortalecimiento de las bases de la Revolución Cubana.

Segunda Etapa: 1976-1990. Surgimiento de nuevas estructuras hasta los inicios del Período Especial.

Se distingue esta etapa por diferentes acontecimientos políticos, económicos y sociales que permitieron el avance de las comunidades y de sus estructuras, entre las que se puede citar:

En el año 1976 se aprueba mediante referendo popular la Constitución Socialista. Su puesta en práctica unida al Primer Congreso del Partido celebrado en 1975, impulsa el desarrollo sociocultural y económico del país.

En 1976 se crea una nueva división política administrativa, la que con el transcurso del tiempo demostró en la práctica la necesidad de crear una estructura organizativa intermedia entre la instancia municipal y la población.

Con la implementación de la nueva división política administrativa se crearon 14 provincias y 169 municipios, desaparece la estructura regional, aumenta la extensión de los municipios y se produce un proceso de descentralización. Posteriormente, motivado por la propia práctica de la gobernabilidad, se detectan consecuencias negativas en este tipo de organización localizadas en lo democrático y la participación de los comunitarios en la satisfacción de las necesidades y solución de problemas. Ante esta situación, a nivel de dirección del país se plantea la necesidad de una forma intermedia de gobierno, que respondiera de forma más directa a la población y que estuviera ubicada antes que el eslabón municipal.

Se constituyen en el año 1988 los Consejos Populares que tienen como objetivos, "garantizar una representación del Estado en la comunidad, que vele por la eficiencia de la producción y los servicios y asegure la participación de la población en la fiscalización y control de la actividad de las entidades estatales y privadas, y a su vez, conozca las necesidades e inquietudes de los miembros y a la vez que ofrezca el apoyo necesario para su solución” (Arias, 1995:61).

La Constitución de la República plantea que los Consejos Populares “trabajan activamente por la eficiencia en el desarrollo en las actividades de producción y de servicios y por la satisfacción de las necesidades asistenciales, económicas, educacionales, culturales y sociales de la población, promoviendo la mayor participación de estas y las iniciativas locales para la solución de sus problemas” (Arias, 1995: 21).

En la sociedad cubana se comienzan a desarrollar numerosas experiencias de trabajo comunitario en esta etapa, entre ellas, estrategias diversas para la atención integral a sectores de la población con condiciones socioeconómicas desfavorables, proyectos de animación y desarrollo sociocultural con niños y niñas, adolescentes y jóvenes, programas de intervención social en esferas específicas, experiencias de desarrollo comunitario integrado, proyectos financiados por diferentes organizaciones no gubernamentales (ONG) dirigidos a beneficiar en determinados aspectos algún sector de la población, estrategias planteadas por organismos y organizaciones que tienen como fundamento la prevención y educación para el trabajo social comunitario.

Estas estrategias y programas tienen como objetivos promover el desarrollo sociocultural como parte de la política de desarrollo social del país, aprovechan las tradiciones cubanas y de la propia comunidad; participan las escuelas, casas de cultura, museos, instituciones de deporte, salud y otras ubicadas en las propias comunidades. En el programa “Para la vida” desarrollado en las comunidades, dirigido al bienestar psicosocial y educacional de toda la población, se prevé un alto grado de participación social.

También se estipularon medidas para la atención integral a sectores de la población con condiciones socioeconómicas desfavorables, entre ellos se citan los mercaditos y comedores comunitarios y servicios integrales a sectores específicos de la población. Se implementan en las comunidades diversos programas de desarrollo local con propósitos más integrales. Entre estas experiencias se destaca la labor que realizan los talleres de transformación integral de barrios, surgidos en 1988 en la capital del país, en los que participan equipos multidisciplinarios que tienen entre sus líneas de acción el mejoramiento de las condiciones de vivienda, la educación urbana de niños, niñas y jóvenes, el fortalecimiento de la identidad barrial, el desarrollo de la economía local, la conservación y protección del medio ambiente y el fortalecimiento del trabajo de prevención social, entre otros.

Los órganos locales de gobierno han sido protagonistas o apoyan directamente las experiencias que se desarrollan en las comunidades. En cada circunscripción y consejos populares funciona un grupo de trabajo comunitario presidido por el delegado o presidente del consejo popular. El éxito de las diferentes alternativas está asociado al proyecto social cubano, la participación social, justicia y equidad con un amplio sentido de solidaridad y humanismo.

Se desarrollan experiencias significativas de intervención comunitaria, específicamente en las zonas periféricas de las ciudades. Las comunidades agrícolas y pesqueras han sido portadoras de estas experiencias, labor desarrollada de forma empírica, mediada por la motivación, la identidad y la consecuente necesidad de transformar y educar, generando una praxis a este nivel.

Es precisamente cuando se manifiesta la necesidad de profundizar en materia de investigación comunitaria y son las universidades e instituciones como Cultura y Educación las que comienzan a desarrollar proyectos para la investigación y la intervención desde nuevos presupuestos. En la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana, en la década del 80, se inician estudios sobre las comunidades, lo que permitió la apertura de la asignatura Psicología Social Comunitaria en el año 1988, con el objetivo de preparar a los nuevos profesionales para dar respuesta a esta demanda.

Tercera Etapa 1990- actual. Crisis de los años 90 y las transformaciones en el contexto de la Batalla de Ideas.

El trabajo y educación comunitaria en esta etapa estuvo marcado por los significativos cambios en el ámbito económico y político a nivel mundial. La coyuntura se produjo cuando el país se encontraba inmerso en la rectificación de errores, proceso que entre otros propósitos tenía el de perfeccionar el sistema político en cuanto a profundizar la democracia y la participación.

El período especial modificó el balance del tejido social cubano. Según datos ofrecidos por el General de División Ulises Rosales del Toro en reunión efectuada con los presidentes de las Asambleas del Poder Popular en 1995: “El país tiene 1.4 millones de amas de casas, 1.25 millones de jubilados, 0.5 millones de desocupados y 200 mil trabajadores por cuenta propia, lo cual demuestra que en el barrio permanecen a tiempo completo cerca de 5 millones de personas. La inmensa mayoría de nuestra población vive y conoce el barrio, el reparto, el caserío o los bateyes, pueblos o comunidades que se cohesionaron durante años, crearon hábitos y costumbres, tradiciones, enfrentaron adversidades naturales, aprendieron a defenderse, a divertirse y a producir juntos” (CIE: APC, 1999, 61-62).

Hace varios años que se pronunciaron estos planteamientos, los datos numéricos no son los mismos, pero sí la esencia de las cualidades que infiere sobre el conocimiento y sentir de los comunitarios, su vida cotidiana, costumbres que, en un contexto, se mantienen latente, pero en otras condiciones históricas.

Refiriéndose al período especial José Luis Rodríguez expresó: “El periodo especial representó un golpe muy duro, no solo por las desigualdades que introdujo, las concesiones que nos forzó hacer, sino también por las circunstancias que llevaron a un sistema de gestión económica, que impidió controlar adecuadamente la divisa y asegurar se cubrieran las prioridades esenciales en la vida económica del país” (2005: 3).

Estas condiciones de escasez de recursos y alimentos, hace que los actores sociales expresen nuevas formas y enfrentamientos, los conceptos de participación social e integración toman un carácter más dinámico, se fortalezca en esta década el trabajo social y la prevención en el nivel comunitario, desarrollándose diversas experiencias al utilizar las potencialidades de las comunidades en cuanto a recursos materiales, humanos y la implementación de las acciones de organismos y organizaciones que de alguna manera inciden sobre el desarrollo y educación de las comunidades.

Las investigaciones comunitarias en la educación de los sujetos en sus propias comunidades ha sido dirigida desde la política del Estado y aplicada por investigadores de diferentes áreas del saber y se fundamentan en metodologías participativas, de estudios de grupos y familias para promover y establecer las relaciones del sistema de influencias educativas.

El CIE “Graciela Bustillo” desde el año 1998 ha efectuado anualmente eventos de intercambio de experiencias comunitarias, con la exposición de resultados prácticos y la utilización de la metodología de la Educación Popular, que de una u otra forma contribuyen a las transformaciones de las comunidades y a los avances en el proceso formativo desde la relaciones escuela-comunidad. Estas experiencias aportan conocimientos, sobre todo en cómo lograr la interacción social en una praxis educativa donde la escuela u otras instituciones sean las orientadoras del proceso educativo.

El Centro de Estudios Comunitarios (CEC) de la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas viene desarrollando en el último decenio importantes investigaciones en el ámbito comunitario dentro de Programas Nacionales Científico-Técnicos (PNCT) y Programas Territoriales (PTCT), cuyos resultados han sido valorados favorablemente por comisiones de expertos del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) y han permitido a sus autores la defensa de tesis doctorales y de maestría. Entre los aportes es significativo el libro Autodesarrollo comunitario. Los resultados han fundamentan científicamente el trabajo en comunidades a partir de complementaciones metodológicas con enfoque cualitativo.

En la Universidad de Oriente con la creación del Centro de Estudios Sociocultural Comunitario, se realizan aportes, destacándose como investigadores Rafaela Macias, Alisa Delgado, Alicia Martínez, entre otros. En su quehacer científico, desde un enfoque participativo y la investigación por proyectos han reelaborado categorías importantes como comunidad y participación, fundamentando estrategias que combinan elementos de metodologías participativas y de Educación Popular.

El Centro de Estudio de la Universidad de Camagüey muestra resultados, entre ellos el libro El trabajo comunitario: alternativa cubana para el desarrollo social, de los autores Maria Teresa Caballero y Mirtha J. Yordi García. En este se expone la tesis de que si se desarrolla un trabajo comunitario con participación popular permanente descentralizada, según el contexto, alejado de todo proceso de intervención, entendida como intrusión de niveles superiores, las transformaciones que se realicen serán más sólidas y duraderas y es posible el desarrollo local comunitario.

El Centro de Investigaciones y Desarrollo de la Cultura Cubana “Juan Marinello” cuenta con una importante trayectoria y sistematicidad en el estudio de la relación entre cultura, desarrollo y participación. Hay constancia de este esfuerzo tanto en la producción científica como en los debates dentro y fuera del centro. Uno de los trabajos que inició el debate sobre la participación en las Ciencias Sociales fue el libro La Participación. ¿Solución o problema? (Linares, C., et al, 1996).

Un colectivo de profesores del Departamento de Sociología y otras áreas de la Universidad de La Habana en 1995 iniciaron el proyecto Desarrollo rural y urbano y participación social”que hasta el año 2005 ha posibilitado la realización de más de10 talleres nacionales y la publicación de más de 10 libros que han recogido el debate sobre los procesos de transformación que estaban ocurriendo a nivel microsocial y la articulación de dos redes de investigadores sobre temas rurales y urbanos, con alcance nacional.

En 1999 como parte del proceso de consolidación se constituye la cátedra UNESCO Desarrollo Humano sostenible: equidad, participación y educación intercultural que trabaja las investigaciones en varios niveles: profundizar en la conceptualización del desarrollo desde la perspectiva del desarrollo humano con énfasis en la integralidad de los procesos y en los enfoques transversales: equidad, participación, género, cultura, medio ambiente y educación.

A partir del año 2000 se centra el trabajo en dos proyectos.

• Sistematización de experiencias innovadoras de desarrollo local, identificando las potencialidades y limitaciones de los gobiernos locales para el desarrollo.

• Acompañar y sistematizar las experiencias desarrolladas por el programa de desarrollo humano.

La Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) Programa Cuba ha realizado numerosas investigaciones, en las que visualiza las transformaciones sociales que tienen lugar en las comunidades que permiten apreciar las potencialidades de este escenario para la promoción del desarrollo social integral. Son significativas las publicaciones a través de Cuaderno de comunidad. Teoría y práctica de nuestros días, que divulgan experiencias sobre participación social, organización y desarrollo de la comunidad.

A través de la dimensión extensionista del proceso docente educativo de las universidades se potencia el proceso formativo tanto para los estudiantes como para los comunitarios, al existir mayor presencia de la universidad en la comunidad. Resultan relevantes las tesis Modelo de Gestión de la extensión universitaria para la Universidad de Pinar del Río (Fernández, M., 2002) y Un modelo de extensión universitaria para la Educación Superior en Cuba (González, G., 1999).

En el Centro Universitario de Las Tunas se fortalece este rol con la apertura de diferentes proyectos de investigación del proceso de educación comunitaria Villa Nueva (1997-2001), Transformación y educación de la comunidad. Proyecto Girasol (2000-2006), Proyecto de desarrollo sociocultural comunitario. Proyecto ENTRESCULTURAS (2003-2005), Gestión para el conocimiento y la información del desarrollo del municipio Majibacoa, Proyecto Yahima (2002-2006). Son resultados de estos proyectos la participación social en la comunidad, el rol de los actores sociales, que en un eje de educación comunitaria, destaca el carácter orientador y capacitador de la universidad en este proceso. Estas experiencias se divulgan en el Taller Internacional de desarrollo comunitario, rural y urbano, evento que desde el año 1999 es organizado por la Facultad de Ciencias Sociales y Humanísticas.

Con el surgimiento y desarrollo de la Batalla de Ideas se requiere de nuevas formas de participación de las comunidades en la solución de sus problemas, se produce un enriquecimiento del contenido de conceptos como: participación, integración, coordinación y aprendizaje, formando parte del núcleo de acciones y eventos protagonizados por los actores sociales, expresión máxima de la praxis-transformadora de la sociedad y en la cual el proceso de educación comunitaria es distintivo.

En los momentos actuales se desarrollan múltiples programas dirigidos a elevar la cultura de la población y su masificación, visto el concepto en su acervo mas amplio, se destacan programas audiovisuales, apertura de clubes de computación y bibliotecas en las comunidades, reanimación de la actividad editorial y de las bibliotecas públicas, así como de las Escuelas de Instructores de Arte en todas las provincias del país.

Con la apertura de las escuelas para trabajadores sociales y la universalización de la Educación Superior en el año 2001 se crearon las bases para la realización de la educación comunitaria con un alto nivel de profesionalidad y un carácter masivo. Hasta estos momentos el trabajo social era en gran medida competencia de otros profesionales o técnicos que dentro de sus funciones incluían acciones en las comunidades. Con la apertura de estas escuelas el trabajo social pasa a ser una forma de empleo y con un carácter eminentemente humanista y diferenciado que incide en el desarrollo y educación de las comunidades. Las universidades unidas a otras instituciones protagonizan acciones educativas que fortalecen y dan un sello distintivo a la subjetividad del tejido social comunitario.


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