Tesis doctorales de Ciencias Sociales

ECOLOGÍA, CAPITALISMO Y DESARROLLO AGRARIO EN LA REGIÓN PAMPEANA (1890-1950). UN ENFOQUE HISTÓRICO-ECOLÓGICO DE LA CUESTIÓN AGRARIA

Adrián Gustavo Zarrilli



 

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VI.2.1. La función del Banco Hipotecario Nacional

El Banco Hipotecario Nacional fue la institución oficial que mayor participación tuvo en todas las etapas de colonización de La Pampa por tratarse de un territorio nacional; y es precisamente en la etapa del minifundio que el papel que le correspondió fue de gran importancia. En el año 1919, se modificó la carta orgánica del Banco, Nº 8.172. De esta manera surgió una nueva norma legal, la 10.676, conocida como “ley de colonización” de la entidad bancaria citada, en la misma se estableció la facultad de Banco de acordar préstamos de un porcentaje excepcional, hasta entonces inusitado en sus operaciones de préstamos. Esta ley establecía que la entidad acordaría préstamos por un monto de hasta el 80 % del precio de compra sobre fracciones de tierra destinado a los agricultores que no excedieran las 200 has y que por su ubicación en zonas agrícolas y por sus condiciones, así como por su distancia a estaciones de ferrocarril o puertos, fueran -según la ley- “propios para la colonización” Tal calificación de la ley respecto a la aptitud de la tierra que debía gravarse, o de los lotes o fracciones que se formaran, constituyó la designación usual de los préstamos mismos, que fueron llamados en el léxico de la institución y del público préstamos “de colonización del Banco Hipotecario Nacional” . Se incurrió así en un error involuntario generalizado, por cuanto el Banco no fue en momento alguno colonizador, sino un mero financiador de operaciones que, aunque con muchas reservas pudieron caracterizarse con tal designación. En efecto, colonizaba sólo el propietario, que dividía su tierra y la entregaba a los colonos; el Banco no fue propietario de tierra alguna de la que se gravó con los préstamos del 80 %.

Desde el año 1921, en que se aplicó por primera vez la ley hasta el año 1929 se acordaron más de 100 millones de pesos sobre 6319 que debieron ser vendidos por sus propietarios únicamente a agricultores. Los defectos propios del sistema, los errores producidos en su aplicación en momentos de particular excepción, como fueron los de la postguerra de 1918, el optimismo reinante en años siguientes y la crisis tan grave que afectó a nuestra economía desde 1929, fueron causa de que el Banco hubiera de afrontar graves pérdidas como consecuencia de esas operaciones y llegara a adjudicarse un número grande de las propiedades afectadas a los préstamos de 80 % del inciso f del artículo 2° de su Ley Orgánica.

La aplicación de esta operatoria tuvo una masiva respuesta por parte de los agricultores, ya que en su mayor parte eran colonos arrendatarios y esta medida prometía hacerlos propietarios. Así entre 1920 y 1930 vemos surgir en La Pampa un importantísimo número de colonias originadas en la política del Banco Hipotecario Nacional

Esta situación de la agricultura territorial pronto dejaría ver sus resultados. Sí la institución había pretendido fomentar la colonización, ésta mostraba su cara de la desgracia a poco de echar a andar el proyecto. Gran parte de los colonos perdieron sus chacras y tuvieron que emigrar debido al rápido agotamiento del suelo, producto de las inadecuadas condiciones de trabajo agrícola. Mediante estudios del banco se llegó a la conclusión de que era necesario realizar remates de más de 2500 lotes de campo, hipotecados con aquellos préstamos. Estos constituían tres grandes grupos: primero el de los lotes situados en zonas que no debieron ser colonizadas por sus condiciones geológicas y climatológicas, recargados con préstamos excesivos, superiores al valor mismo de la tierra, y muchas veces gravados con hipotecas posteriores a las del banco; en segundo término, los lotes situados en zonas colonizables, pero afectados con gravamen a favor del Banco, y en algunos casos también con préstamos posteriores a favor de terceros, excesivos con respecto a la aptitud productiva de la tierra y cuya atención por los deudores no podía esperarse; y en tercer lugar los lotes ubicados en zonas de tradición agrícola más o menos realizada y de buena tierra, que aunque afectados con hipotecas elevadas, podía esperarse se regularizaran los préstamos si mediaba una situación económica más desahogada de los propietarios deudores . Si nos mantenemos sujetos a esta clasificación, podríamos establecer que las colonias de La Pampa relacionadas al Banco por esta operatoria, pertenecían en gran parte a los dos primeros grupos que acabamos de mencionar.

La acción privada fomentada algunas veces por el Banco había llevado la subdivisión de la tierra a algunas regiones con perjuicio serio para el interés particular del deudor y general de la región. Predios de superficie reducida no podían explotarse sino exclusivamente con agricultura. la acción repetida del cultivo en zonas de lluvia insuficientes, régimen eólico persistente y suelos de constitución arenosa, transformó buenos campos de pastoreo en terrenos improductivos, que en muchos casos debieron ser abandonados por sus pobladores.

La ley 10.676, en su artículo segundo inciso 2, punto f) establecía que los lotes no debían exceder las 200 hectáreas, y que debían estar próximas al ferrocarril o puerto. El préstamo estaba dirigido a los agricultores y el monto ascendía hasta el 80 % del total del precio del inmueble. También establecía que el propietario o la sociedad propietaria del inmueble debía convenir con el Banco la forma de división y la tasación del predio. La venta debía ser en remate público. Al participar de la tasación de sus tierras, los dueños las sobrevaluaron, aumentando la obligación hipotecaria de los colonos.

Respecto de las 200 hectáreas de superficie, las colonias pampeanas no sólo no las excedían sino que en muy raras ocasiones llegaban a esa superficie. Cuando esto ocurría lo hacían en zonas poco aptas para el desarrollo agrícola. La mayor parte de las colonias tenían chacras no superiores a las 100 hectáreas, por lo tanto, con unidades económicas insuficientes, ni siquiera había garantías de subsistencia. A esta operatoria se la conocía como la “colonización del Banco Hipotecario”, denominación, que permitió se incurriera en un error generalizado. La institución, si bien fomentaba la colonización a través de la financiación de las operaciones no era quien colonizaba, el propietario o la compañía colonizadora eran los encargados de la subasta y venta de las tierras.

Después de haber estudiado la evolución de las colonias, podemos observar que la mayoría de los colonos que tuvieron acceso a esos préstamos no pudieron cumplir con la obligación de la hipoteca y como consecuencia del incumplimiento de los pagos, después de razonables esperas, el Banco, se adjudicó y remató las chacras de los colonos.

También el Banco efectuó un análisis, determinando las causas que llevaron a los colonos a perder sus chacras, en donde destacaba lo siguiente:

1) La subdivisión de la tierra en superficies muy reducidas, fruto de la acción privada de los terratenientes y de las compañías colonizadoras.

2) La práctica del monocultivo y en zonas con régimen de lluvias insuficientes, con vientos persistentes, suelos arenosos, que transformaban campos aptos para el pastoreo en tierras improductivas.

El Banco, consciente de la situación que atravesaba el colono, puso en práctica un plan como alternativa de solución. Agrupó los lotes con el objeto de que poseyeran una superficie mayor, y como el Banco se los adjudicaba a través del art. 59 de la Ley Orgánica, pensó que los dos remates previos a la adjudicación debían hacerse en fechas próximas y que tuviesen como base toda la deuda con el Banco, más los gastos (para evitar que se vendieran sin estar agrupados). Por otra parte, se sabía de antemano que los remates fracasarían porque los préstamos excedían el valor real de las chacras. Además se consiguió no ocasionar la despoblación de importantes extensiones, que siguieron ocupadas por los ex deudores transformados en arrendatarios del Banco, mientras se los seleccionaba paulatinamente por sus aptitudes y se determinaban las parcelas adecuadas para la explotación racional.

En 1920 Pierre Denis señalaba en su descripción de la zona pampeana este problema de la sobrevaloración de los campos:

“La especulación malgasta el trabajo del colono y atribuye a la tierra un valor que no está fundado sobre el rédito que ha producido sino sobre aquel que el especulador estima que podrá producir en el futuro. Si el especulador no se dejase descorazonar por las primeras experiencias desgraciadas, serán necesarios repetidos fracasos para acabar con su optimismo. El colono puede aún, si las cuentas de sus cultivos no se reglan en su provecho, obtener un beneficio si el valor de su tierra se acrecienta. El aumento de su capital le disimula la mediocridad de su ganancia, tanto más cuando obtiene fácilmente de los bancos hipotecarios adelantos sobre el valor de su propiedad que le permiten monetizar anualmente esa riqueza. La especulación afecta sobre todo a las tierras nuevas, en la periferia de las zonas ya colonizadas”.

De esta manera los remates se sucedieron, dos, tres y cuatro veces, fracasando por falta de postores. Así el Banco evitaba que se vendieran en superficies demasiado chicas por las razones antes mencionadas. En este mismo informe, la institución se refería a las colonias establecidas por él, según el proyecto aprobado por el Directorio en 1936, es decir, la aplicación de su plan de colonización destinado a las propiedades adjudicadas por la institución.

Todo esto es lo que se desprende del informe antes consignado, elevado al ministro de Hacienda de la Nación Carlos Acevedo. Visto desde otro ángulo, hay quienes sostienen que el B.H.N., fue estafado por los grandes terratenientes. Además, suponen que la institución fue desconsiderada con los colonos porque era consciente de la pérdida de las cosechas, más la baja cotización del cereal, es decir, la crítica situación del agro.

Si bien es como ya se dijo antes, el sector más beneficiado con esta ley fueron los terratenientes y las compañías colonizadoras, también fue cierto que un gran número de colonos ni siquiera cumplieron con el reglamento mínimo de “alambrar” y “poblar” las chacras y tampoco la de trabajarla como establecía la ley. Esta situación conocida por el Banco fue la que primó posteriormente en la selección que debió efectuar la institución en la aplicación de un nuevo plan de colonización. Parte de estos agricultores son los que volverán a poblar las colonias fundadas por el Banco después de 1942, cuando éste se erigió como empresa colonizadora propiamente dicha.


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