Tesis doctorales de Ciencias Sociales

ECOLOGÍA, CAPITALISMO Y DESARROLLO AGRARIO EN LA REGIÓN PAMPEANA (1890-1950). UN ENFOQUE HISTÓRICO-ECOLÓGICO DE LA CUESTIÓN AGRARIA

Adrián Gustavo Zarrilli



 

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III.4. Un ejemplo regional: la producción triguera

Dentro de la producción agrario pampeana es claramente predominante el cultivo de los cereales, y dentro de ellos fundamentalmente el del trigo, por lo tanto servirá como ejemplo de lo planteado en el actual capítulo con respecto a los niveles de productividad y ventajas naturales de la región estudiada.

La posibilidad y distribución de los cultivos agrícolas dependen en gran medida del clima, ya que los tipos de cultivo que puedan desarrollarse en una determinada región se ordenarán, en el transcurso del año, según las características climáticas más frecuentes.

Esta íntima relación de dependencia, avala la importancia del papel que juegan los estudios agroclimáticos en el desarrollo de la agricultura. En este aspecto, la climatología por sí sola no puede resolver satisfactoriamente el problema, pues la perfecta caracterización de los regímenes climáticos anuales, estacionales o mensuales, carece de significación mientras no se establezca la concordancia o relación con el proceso de crecimiento de los cultivos, comparando sus exigencias bioclimáticas con las disponibilidades climáticas. Si la distribución de un cultivo agrícola depende de las condiciones climáticas, la región o zona de cultivo puede delimitarse por la incidencia de aquellos elementos meteorológicos que favorecen su crecimiento y desarrollo normales. Más allá de estos límites, estamos en la zona submarginal del cultivo, donde los elementos meteorológicos no son totalmente adecuados o donde la variabilidad climática anual introduce relativa aleatoridad. Factores económicos o edáficos desfavorables, pueden impedir o disminuir las zonas de cultivo, aunque existan disponibilidades climáticas adecuadas. A pesar de estas circunstancias el clima es el responsable en primer grado de la distribución de los cultivos, especialmente en los de gran importancia económica o de utilización generalizada.

III.4.1. Las regiones ecológicas

III.4.1.1. Principales características de la región triguera argentina. Clima y suelos

El trigo a raíz de su fácil adaptación hallaba suelo y clima propicios a su desarrollo, ha debido establece su zona productora por imperio de la ubicación de las poblaciones, distancias, medios de comunicación y calidad de tierras, especialmente en la región central del país. Ella ofrecía, dentro de la variada gama de calidades y condiciones ecológicas, características especiales que la determinaban a saber: terrenos arenosos y areno-arcillosos en el suelo y arcillo-arenosos o areno-arcillosos en el subsuelo, siendo poco frecuentes los considerados enteramente humíferos y calcáreos. La zona cerealista o central abarcaba desde el norte de las provincias de Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos y toda la región que se extendía hasta el sur de Buenos Aires y la Pampa.

En La Pampa, sur y oeste de Buenos Aires y sur de Córdoba, que eran las zonas de más bajas temperaturas en invierno con respecto a la mencionada zona triguera, era donde se obtenían los mejores trigos de “corte” para la molineria por sus condiciones glutinosas, color subido y consistencia córnea.

La zona que correspondía al norte de Buenos Aires, centro y sur de Santa Fe y Entre Ríos y nordeste de Córdoba, era apta para la producción de trigos tiernos, más harinosos, por lo general con índices menores de gluten. En la provincia de Córdoba, la región verdaderamente típica para el cultivo del trigo, estaba formada por los departamentos de Gral. Roca, Marcos Juárez, Unión, Juárez Celman, Río Cuarto, Roque Saenz Peña, Tercero Arriba, Tercero Abajo, Río Segundo y San Justo. Esta zona se fue extendiendo progresivamente hacia Río Primero, Santa María, Colón, Tulumba y Río Seco.

En 1908 según los datos obtenidos por el Censo Agropecuario Nacional, las proporciones del cultivo del trigo eran las siguientes:

Pcia. de Bs. As_______________ 41 %

Pcia. de Córdoba_____________ 25 %

Pcia. de Santa Fe_____________ 22 %

Pcia. de Entre Ríos____________ 5 %

Pampa Central________________ 5 %

Otros_______________________ 2 %

Las principales características de la región triguera argentina (regiones ecológicas Nº 1, 4 y 6 correspondientes al Mapa Nº 2 ) eran:

A) la pequeña amplitud de temperatura (inviernos benignos, veranos no muy cálidos), que prolongaban la duración eficaz del período vegetativo y contribuía a los altos rendimientos.

B) Los inviernos relativamente secos, que impedían la dentrificación y la invasión del cultivo por las malezas. En las regiones donde el invierno era húmedo, los nitratos desaparecían y los cultivos sufrían de hambre de nitrógeno en la primavera; también los inviernos húmedos favorecían las malezas. Para conjurar estos efectos los agricultores estaban obligados a comenzar la preparación del terreno para la siembra del trigo desde el principio de la primavera que precedía el cultivo (barbecho desnudo de vegetación), o sembrar el trigo después de un cultivo carpido (maíz, remolacha, papa). Los inviernos relativamente secos permitían a los agricultores argentinos conseguir rendimientos más bien altos, sin recurrir a estas prácticas costosas.

C) La lluvia mensual era casi siempre inferior a la evapotranspiración mensual. Solamente en la parte oriental de la pampa deprimida había un pequeño excedente. De manera que sin la intervención del hombre al almacenamiento de agua en el suelo era muy pequeño y el cultivo dependía de la lluvia. Sí durante el período crítico no caía agua, el cultivo se perdía. Las heladas tardías -ese factor negativo de la producción- fue luego de mucho tiempo, conjurado con la siembra de variedades apropiadas. Concerniente a la humedad, la región triguera argentina sufría apreciablemente de la sequía. Pero hay que recordar que casi todas las grandes regiones trigueras del mundo también sufrían del mismo inconveniente, en un grado comparable o más intenso.

D) Como el suelo era más o menos seco y las temperaturas máximas eran relativamente altas en invierno, los nitratos no desaparecían del suelo, como ocurría en casi todas las regiones trigueras del mundo. La alta fertilidad de los suelos argentinos se debía en parte a la sequía y a las altas temperaturas máximas en invierno y la composición de los suelos argentinos, esta influencia del clima sobre la fertilidad era realmente importante. Un suelo seco y sin vegetación acumulaban nitratos en cantidades considerables, estos nitratos desaparecían rápidamente cuando el suelo se saturaba de humedad; en la misma forma las temperaturas máximas altas favorecían la acumulación de los mismos en un suelo desnudo. Además la sequía del invierno favorecía el trigo en su lucha contra las malezas y por lo tanto la preparación del suelo para la siembra podía ser más somera, facilitándose el laboreo del suelo.

De acuerdo a especialistas en climatología como Burgos y Vidal (1951) la aplicación de la clasificación de tipos climáticos de Thornthwaite a la zona triguera, indica valores promedios anuales de evapotranspiración decrecientes desde 1000 mm en la parte norte, hasta 750 en la parte sudeste. El balance hidrológico determina valores promedios anuales nulos de exceso de agua para una zona que comprendía a las provincias de Córdoba, La Pampa, parte del oeste de Buenos Aires y noroeste de Santa Fe. Los mayores excesos ocurrían hacia el noroeste de la provincia de Buenos Aires y Entre Ríos con valores de 150 mm aproximadamente. En cuanto a los valores promedios anuales de deficiencia de agua, iban desde deficiencia nula o muy pequeña en la parte oriental hasta aproximadamente 200 mm en la occidental; la isolínea de 200 mm prácticamente delimitaba la región triguera. Esto indicaba que toda la zona de cultivo del trigo en la República Argentina, se encontraba según los valores anuales del balance hidrológico en un equilibrio casi perfecto entre disponibilidades y necesidades con variaciones en uno u otro sentido del orden de los 150 mm. De esta manera quedaron bien definidas en sus tipos climáticos en dos regiones: una la occidental -caracterizada por exceso anual de agua nulo y con deficiencia anual de 50 mm o más, perteneciente al tipo subhúmedo seco y la otra región oriental caracterizada por exceso anual de agua entre 0 y 150 mm y deficiencia inferior a 50 mm perteneciente al tipo subhúmedo-húmedo. Ese mismo equilibrio quedaba de manifiesto al clasificar las dos zonas en relación con la variación estacional de la eficiencia hidrológica, pues los índices de aridez y de humedad adquirían valores muy pequeños, determinando una nula o pequeña deficiencia de agua para la zona oriental y un nulo o pequeño exceso de agua para la occidental.

La dilatada extensión de la superficie dedicada al cultivo del trigo, presentaba diversos tipos de suelo. El suelo franco a franco arenoso del norte de la provincia de Buenos Aires, sur de Santa Fe, puede considerarse como típico para el cultivo del trigo si iba acompañado de un régimen climático como el de esa zona que satisficiera plenamente las exigencias del cultivo. De ese centro y en las diversas direcciones se modifican las condiciones de tipo, textura, fertilidad, etc., de los suelos, en concordancia con condiciones de temperatura y humedad también distintas a las que se estiman como óptimas para este cultivo. Hacia el suroeste, los suelos se hacían cada vez más sueltos hasta llegar a los netamente pesados configurando la provincia de Entre Ríos un tipo de suelo particular en ese sentido; hacia el este se encuentran los campos inundables del Río Salado y en dirección sur un pronunciado aumento de la materia orgánica.

A modo de resumen se pueden distinguir en la región pampeana los siguientes suelos:

1) Suelos más o menos medianos, no salinos, sin horizonte impermeable a poca profundidad, y sin un banco continuo de tosca dura. Según una clasificación usual serían los “para-chernozems”, “castaños” o “pardos”. Abundaban en la parte norte de la región triguera. Eran muy buenos para el trigo. Algunos de ellos eran tan livianos que formaban médanos fijados o no.

2) Suelos semejantes a los anteriores pero con banco continuo de tosca. Estos suelos que abundan en la parte sur de la región triguera, serían para-chernozems petrocálidos. Eran muy buenos para el trigo, parecían menos ricos en fósforo que los primeros y parecían responder mejor a los abonos fosfatados, pero rendían bien sin ellos.

3) Suelos con un horizonte rico en arcilla, más o menos impermeables, cerca de la superficie (a una distancia de 10 a 40 cm). A estos suelos que abundaban en la pampa deprimida, se los denominaba planosoles y cuando el horizonte illuvial era muy impermeable, “clay-pan planosoles”. Los últimos eran malos para el trigo y rara vez se cultivaba este cereal en ellos. Una de las consecuencias de la presencia de un horizonte impermeable a poca profundidad era que el suelo era húmedo en invierno, desaparecían los nitratos y la fertilidad era baja.

4) Suelos semejantes a los anteriores, pero con un horizonte illuvial “nátrico” (rico en Na o Na y Mb absorbidos). Malos para el trigo, se sembraba muy poco del cereal en los mismos.

5) Suelos salinos. Malos para el trigo cuando el contenido de sales era elevado.

6) Suelos muy arcillosos desde la superficie. Estos suelos que abundaban en Entre Ríos, serían según la clasificación de la época “vertisoles”. Presentaban el inconveniente que el agua penetraba difícilmente y cuando el invierno era húmedo, los nitratos desaparecían y bajaba la fertilidad. Además cuando la lluvia que caía era escasa, se mantenía en la superficie, se evaporaba y era mal aprovechada por el cultivo. Para tener un panorama completo de los suelos de la República Argentina ver Mapa Nº 8 con sus respectivas explicaciones.


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