Tesis doctorales de Economía


LA CONCEPCIÓN DEL DESARROLLO EN EL PENSAMIENTO ECONÓMICO DE JULIO LE RIVEREND BRUSONE

Yazmín Bárbara Vázquez Ortiz



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Anexo 3: Precisiones sobre el método en la obra de Julio Le Riverend Brusone.

• Principios iniciales de la conformación.

A partir del enfoque annalista de la Historia – Problema, al que se sumó posteriormente el enfoque estructural, desarrollado sobre todo a partir de la influencia del enfoque histórico estructuralista desplegado por Prebisch y los teóricos de la CEPAL, así como de la impronta teórico metodológica de la historiografía de Ramiro Guerra, el autor centró su atención, al investigar la Historia Económica de Cuba, en los problemas estructurales que habían estado presentes en la evolución económica del país y fue conformando su interpretación sobre el papel de estos problemas como obstáculo al desarrollo económico, así como sobre el proceso objetivo que los originó.

Los postulados esenciales de la concepción de la Historia-Problema que posibilitaron esta orientación, estuvieron dados por la visión de la Historia como una ciencia interpretativa, que parte de un matiz crítico y que se construye sobre la base de la búsqueda de determinadas respuestas en el proceso de investigación, partiendo de una preconcepción en el individuo que investiga. Esta preconcepción facilita la reordenación de los datos y la elaboración y estructuración de la situación histórica y, por tanto, determina la reconstrucción de la historia por el propio historiador. Por lo que a partir de ella el historiador parte de un problema identificado, que en este caso es el problema estructural ubicado en el centro de la problemática nacional en un contexto de crisis estructural que se caracterizó por la realización del resumen de los problemas cubanos a través de la historia.

En este sentido en el trabajo La Historia Antigua de México del Padre Francisco Javier Clavijero, que escribe en 1945 durante su estancia en el Colegio de México Le Riverend planteó que: “Toda obra supone una actitud teórica respecto de la historia, aún en aquellos casos en que el autor niegue todo esquema de interpretación y se proclame simple devoto de la verdad.” Definiéndose esta preconcepción a partir de la realidad que vive el creador: “... por ser la historia una de las disciplinas más impregnadas de la vida común de los hombres, no hay escritor que se sustraiga al finalismo, entendiéndose por éste aquella manera de ver los problemas que viene impuesta por la experiencia personal y social del momento en que vive ... ”

Estos presupuestos traen como resultado discrepancias de Le Riverend con Silvio Savala, en cuanto a las normas que le exigía para investigar y exponer los resultados, ya que Le Riverend afirmaba que el mismo tenía conceptos conservadores sobre la ciencia histórica, discrepancia que se pone de manifiesto cuando al culminar sus estudios en México y regresar a Cuba, publica el artículo Característica y significación de los tres primeros historiadores de Cuba (Arrate, Urrutia, Valdéz),en Revista Bimestre de Cuba, N. 65 y 66 de 1950 analizando de manera crítica este modo de enfocar los análisis en la historia de Cuba. Y quizás como parte del desarrollo de esta nueva concepción declara en 1945, en la Nota Preliminar de Los orígenes de la economía cubana, que la historia económica de Cuba estaba por escribirse a pesar de que desde 1944 se había publicado la obra de Friedlander referida a ese objeto. Debe tenerse en cuenta que las concepciones críticas de los Annales portadoras de este nuevo tratamiento de la historia no se difunden en México, y en general en América Latina, hasta después de 1949 en que Metier D Historien de Marc Bloch deriva en solicitado manual clásico de introducción a la historia.

En el desarrollo de esta orientación incide además el acercamiento de Julio Le Riverend a los principios metodológicos del entendimiento de la escuela sociológica e histórica cubana. El que tiene lugar cuando se gradúa de Doctor en Derecho Civil en 1941 y en 1950 de Doctor en Ciencias Políticas, Económicas y Sociales en la Universidad de la Habana y comienza su labor académica y científica estrechando sus vínculos con Fernando Ortiz y Ramiro Guerra. El aporte en este sentido del enfoque teórico metodológico presente en la obra de Ramito Guerra, estribó particularmente en el lugar esencial en que ubicó a los hechos económicos en la interpretación de los fenómenos históricos, con lo que marcó el inicio de cambios importantes en el entendimiento positivista tradicional de la ciencia histórica en Cuba.

Los estudios sobre el problema estructural, a partir de la investigación sobre el desempeño del conjunto de estructuras interrelacionadas entre sí que conforman el sistema económico y cuya medición cuantitativa, con el uso de los agregados de la contabilidad nacional, se hizo posible a partir del desarrollo de las teorías sobre el crecimiento económico después de la II Guerra Mundial. Analizando además la influencias en esta evolución histórica de las relaciones entre el país “periférico” y los países “centros” en la conformación de las particularidades técnico económicas de los primeros a través de un enfoque que ubica en el centro del entendimiento de los problemas de la dinámica histórica a los factores “técnico-económicos”, planteando sus posibilidades de solución a través de reformas. En los principios de esta concepción Le Riverend no solo encuentra orientación de qué problema estudiar, sino además, cómo estudiarlo. Constituyó su aplicación la base de la integración de los elementos que tuvo en cuenta para sus análisis a partir de relaciones de carácter funcional que describen el comportamiento del objeto y permiten estudiarlo en su expresión fenoménica.

Son también estos presupuestos los que determinan la orientación del análisis de los elementos tomados del pensamiento económico cubano y universal sobre el tema y su integración al entendimiento que desarrolló Le Riverend sobre los problemas estructurales presentes en el proceso de desarrollo de la economía cubana en los años cincuenta. Los mismos se orientaron a la búsqueda de aquellas ideas que contribuyeran al entendimiento de las transformaciones que ocurrían en la economía para lograr el progreso a través de su ajuste a los requerimientos del mercado internacional.

El estudio del pensamiento económico como parte de la interpretación del problema estructural, parte de la aplicación por el autor, del principio annalista de la historia global y de su acercamiento inicial al de la totalidad marxista aplicado al entendimiento del proceso de desarrollo socioeconómico.

La historia global es presentada, frente a las posiciones positivistas en las que la historia es solo el pasado registrado en fuentes escritas, como una historia cuyas dimensiones comprenden desde la más lejana prehistoria hasta el más actual presente, además de abarcar todas las diferentes manifestaciones de los hombres en la compleja gama de sus realidades: geográficas, territoriales, étnicas, antropológicas, tecnológicas, económicas, sociales, políticas, culturales, religiosas, artísticas, etcétera, por lo que requiere múltiples fuentes para construirse. En suma se presenta como el estudio desde una nueva perspectiva totalizadora que va desde el todo hacia la delimitación de las partes que se quieren analizar. Así se concibe que la historia es global en la medida en que es capaz de asumir y recrear constantemente la totalidad de la que el fenómeno o problema histórico estudiado forma parte. En este sentido se plantea que al relacionar la historia con el resto de las ciencias sociales, es necesaria la plena asunción de su vinculación específica con el todo, de su papel y ubicación desde el punto de vista de la totalidad en función de tener en cuenta el contexto general del proceso histórico. Por lo que asumir la totalidad de la historia no significa tener que estudiar todos los planos de la realidad social y en todos los tiempos, sino sólo tomar en cuenta esa totalidad en cualquier estudio particular de sus diferentes fragmentos, que lo mismo se aprecia en los procesos económicos que en la evolución de las “mentalidades”.

La historia, teniendo en su centro el principio de la globalidad, se ve obligada a incorporar y asimilar los desarrollos previos y presentes de todas la ciencias sociales conocidas, entremezclándose con ellas y utilizándolas como apoyos y auxiliares de sí misma, como fuentes y vías de su constitución y progreso, por lo que a partir de ello la historia reorganiza e influye en las otras ciencias sociales.

La asimilación de estos principios fue enriquecida a partir del regreso de Le Riverend de México al producirse la diversificación de sus lecturas más allá de la Historia, sobre todo de Antropología, Sociología, Economía y especialmente alrededor de la Filosofía, la cual recomendaba aludiendo que los historiadores por lo general tenían horizontes muy pegados al dato empírico, lo cual los limitaba y no les permitía deducir las grandes tendencias del movimiento de la historia.

Su concreción se pone de manifiesto en la Historia Económica de Cuba de 1952, donde el método que utiliza combina el estudio de la historia económica con el estudio del pensamiento económico partiendo de que: “... en relación con el desarrollo económico, a nuestro entender, es de suma importancia fijar las conexiones entre el hecho material de producir, de cambiar productos o de consumirlos y el pensamiento contemporáneo sobre esos hechos materiales.” Y teniendo en cuenta para la selección del material a utilizar que: “... el interés de las ideas económicas radica, sobre todo, en aquellas manifestaciones que parten de la propia realidad de la economía colonial y la aprecian, estudian y orientan de alguna forma, sin preocupación especial por seguir ideas surgidas del desarrollo de las economías europeas.” Planteamiento que marca la importancia que le concedió al estudio del pensamiento original que ofreciera respuestas propias a los problemas propios, para cada periodo específico, pero sin soslayar en que sentido se buscaban estas respuestas.

De manera que en los estudios que realiza sobre las estructuras agraria, industrial, comercial y de las clases y grupos sociales en su transformación, se tiene en cuenta el pensamiento que se desarrolla a partir de estas estructuras, reflejando las transformaciones que en ellas ocurren y los problemas que presentan. A partir de ahí, en el estudio de la etapa colonial, se nutre de tres fuentes fundamentales, del análisis crítico de la obra de Pezuela, Arrate, Ramiro Guerra y Fernando Ortiz que abordan los problemas de la Historia de Cuba; de los Censos de 1846 y de 1862 con información sobre sus etapas; y del estudio de las ideas presentes en las obras de Francisco de Arango y Parreño, José Antonio Saco, Alvaro Reynoso, Francisco de Frías, La Sagra, José Martí, y de las publicaciones de la época. En su acercamiento a las ideas económicas se refleja la influencia en particular de la obra de Friedlaender, de quien señala que realizó la más grande aportación en este sentido, trabajando la filiación de las ideas predominantes en la época. También evaluó positivamente las consideraciones que realiza Cepero Bonilla sobre Francisco de Frías como uno de los grandes teóricos de las transformaciones agrarias en Cuba.

La influencia de estas perspectivas de análisis se ponen de manifiesto cuando Le Riverend considera, en 1952, en la Historia Económica de Cuba que escribe como parte de la Historia de la Nación Cubana de Ramiro Guerra, las ideas presentes en cada época a partir de que: “... a la experiencia social que produce el progreso material súbito se une la aparición de clases o grupos sociales que por su posición, dentro del progreso realizado o por su número, representan nuevos factores influyentes en los modos de pensamiento sobre la realidad colonial.” En relación con lo cual señala en el estudio del periodo colonial que: “El panorama de la transformación de Cuba durante los años que transcurren entre 1790 y 1837 no quedaría completo si no se intentara relacionar el progreso material con el pensamiento sobre la economía y con la posición de los distintos grupos sociales respecto a los problemas y las actividades económicos capitales.”

La atención sobre el condicionamiento clasista de las ideas económicas, ya se esbozaba desde sus obras tempranas cuando califica a Francisco de Arango y Parreño como “ilustre y consecuente liberal depredador”, señalando que como representante de una nueva clase social no pierde ocasión para lograrle los mejores objetivos inmediatos .

El acercamiento de Le Riverend a este enfoque se remitía a los debates de la Sociedad de Estudios Históricos donde tienen lugar sus primeros contactos a la interpretación marxista de la historia. Debates que se producen en medio del ambiente polémico que caracteriza la década del treinta y el cuarenta, cuando se intenta la reinterpretación de la Historia de Cuba desde el marxismo.

Este intento se pone de manifiesto particularmente en las polémicas que se realizan sobre el método de la interpretación de la Historia de Cuba y se reflejan en el artículo El marxismo y la historia de Cuba que escribe Carlos Rafael Rodríguez, así como en la edición de los Cuadernos de Historia de Cuba, donde a decir de Carlos Rafael se iniciaba el ensayo de interpretar la historia de Cuba con un criterio marxista. Como parte del accionar de la misma, Le Riverend se relaciona con intelectuales cubanos como Carlos Rafael Rodríguez, Fernando Portuondo, Sergio Aguirre, Elías Entralgo y José Luciano Franco así como con el conocimiento de los elementos de la teoría y la metodología marxista que allí se discutían y divulgaban.

Es en este círculo donde se acerca al entendimiento marxista de la totalidad, concepción que muestra Carlos Rafael Rodríguez cuando afirma: “ ... se basa en la concepción de la totalidad, que niega las formas excluyentes de la interpretación histórica y para la cual lo que determina en la historia es el modo de obtención de los medios de vida necesarios para la existencia de los hombres, el modo de producción de los bienes materiales ... Ese MODO DE PRODUCCIÓN es como la base sobre la cual actúan los demás factores – raza, medio, ideas -, el marco en que aquellos factores se mueven. El modo de producción, hecho económico, actúa a su vez sobre el medio geográfico, la raza, la población, y determina en último extremo, las propias ideas de cada época.” Impulsando en el estudio de la historia la integración de la historia objetiva con las ideas que reflejan e interpretan cada proceso en los cuales se destaca el papel fundamental de los hechos económicos.

A partir de estos postulados se despliega un método más general de entendimiento de los procesos históricos de desarrollo económico, con un enfoque totalizador, que no solo tenía en cuenta el análisis del hecho material concreto y sus transformaciones, sino del pensamiento que alrededor de ese hecho se creaba y de su condicionamiento social. Método en cuyo desarrollo tienen gran influencia sus reflexiones compartidas con Raúl Cepero Bonilla en el periodo de gestación de Azúcar y Abolición, obra que es calificada posteriormente por Julio Le Riverend como un singular aporte a la historiografía marxista, y donde el método se caracterizaba por buscar en el todo social contemporáneo la definición de cada personalidad, a partir de las direcciones en que van los cambios en las técnicas y los medios de producción. Principios que fomentaron en Julio Le Riverend la critica del subjetivismo en la interpretación de los hechos y que propiciaron el inicio de la interpretación del fenómeno económico desde la perspectiva social sentando las bases para la asunción gradual del Marxismo-Leninismo.

• Maduración.

La maduración de los presupuestos metodológicos del entendimiento del proceso de desarrollo en la concepción de Julio Le Riverend tiene lugar a partir de su asunción gradual del Marxismo-Leninismo, en el periodo posterior al triunfo de la Revolución de 1959, y de su enriquecimiento a partir de la influencia de otras perspectivas de análisis como la presente en la teoría de la Dependencia.

La asimilación del método marxista le permite a Julio Le Riverend realizar el estudio sobre el fenómeno del desarrollo en los países coloniales y neocoloniales en los niveles de determinación esenciales del proceso, ya que al poseer el entendimiento de la totalidad del proceso histórico, desde la perspectiva de su condicionamiento social, tiene la posibilidad de superar el análisis de los procesos económicos reducidos a las aspectos técnico-económicos y a sus relaciones funcionales. Principios que además propician la madurez de sus análisis críticos respecto a las concepciones que constituyen su reflejo en el pensamiento económico burgués como base de las política económicas encargadas de perpetuar al sistema capitalista.

Lo anterior se explica teniendo en cuenta que la concepción materialista de la historia constituye una teoría de la historia, que comprende un cuerpo articulado de conceptos y un conjunto coherente de hipótesis generales sobre el desarrollo histórico, que proporciona respuestas explícitas sobre la dinámica histórica y sus leyes de evolución fundamentales, sobre la causalidad histórica y sobre las jerarquías y relaciones internas entre los diferentes niveles de la totalidad social.

En relación con esto último, cobran relevancia los fenómenos económicos dentro del conjunto de los procesos históricos y sociales como punto de partida de la explicación de esa totalidad. Por lo que el marxismo le otorga a la historia de los procesos económicos un rol especial dentro del estudio de las dinámicas globales de las sociedades investigadas. Historia económica que tiene en Marx su primer descubridor, y que pone en evidencia el lugar fundamental de los hechos económicos dentro de los procesos históricos vividos por los hombres. Desde esta concepción general se realiza la proyección estructural para la comprensión de la dinámica del desarrollo socioeconómico. En la base de la estructura social se ubican las relaciones sociales de producción condicionadas por el desarrollo de las fuerzas productivas y en relación a las cuales evolucionan las formas de la conciencia social. Ello se expresa en el Prólogo de la Contribución a la Crítica de la Economía Política cuando se señala: “... en la producción social de su existencia, los hombres entran en relaciones determinadas, necesarias, independientes de su voluntad; estas relaciones de producción corresponden a un grado determinado de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción constituyen la estructura económica de la sociedad, la base real, sobre la cual se eleva una superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social.”

Al asumir la concepción materialista de la historia y su comprensión del proceso de desarrollo social a través de la concepción del Modo de Producción, Le Riverend entiende el proceso de desarrollo de la economía como parte del desarrollo social desde una nueva perspectiva estructural, la que concibe a las relaciones sociales de producción como la base de la estructura socioeconómica sobre la cual se levantan los elementos superestructurales. Se trata de la comprensión de la totalidad que, según Héctor Castaño Salas, se basa en “... el conocimiento comprensivo del proceso total que no se limita a las partes fenoménicas de manera aislada sino que asume el conjunto de relaciones que permite entender la esencia de una generalidad.”

Comprensión de la historia que estudia a través de su concreción en el análisis del proceso de formación y desarrollo del modo de producción capitalista desarrollada por Marx en El Capital y cuyo entendimiento desarrolla cuando aplica el método dialéctico al estudio de los problemas históricos, considerando las conexiones internas de la totalidad y sus múltiples determinaciones dadas por las leyes del movimiento general en relación con su origen y desarrollo. El método dialéctico Le Riverend lo comienza a conocer a través de la obra de Hegel y su asunción le permite completar una nueva perspectiva de entendimiento de la historia y de los procesos de desarrollo socioeconómico que se estudian con su concurso.

Desde estas nuevas perspectivas estructurales, madura su comprensión del proceso de desarrollo de las economías y las sociedades subdesarrolladas, a partir de su acercamiento no sólo a una nueva manera de entender la historia, sino a la interpretación sobre los procesos de desarrollo económico presente en al pensamiento económico y la Economía Política Marxista. Ello hace posible que el autor utilice las categorías y leyes desarrolladas por el marxismo para la explicación del mismo, planteando la necesidad de tener en cuenta determinadas consideraciones metodológicas para estos análisis, como los explicados en la Sección Séptima de El Capital por Marx referidos a que en el estudio de este proceso, hay que asumir las relaciones que se establecen a lo largo de la historia entre el desarrollo del capitalismo y el colonialismo, propiamente las consecuencias que para los países coloniales y neo-coloniales traen aparejadas éstas relaciones vinculadas al proceso de acumulación del capital.

Estos elementos le permiten madurar su entendimiento del problema y realizar en Problemas históricos de la Conquista de América la crítica de las perspectivas desde las que se realizan los análisis de la historiografía tradicional creando un vacío entre la historia europea y la historia de la conquista y la colonización americana, presentando a esta última como obra del azar y no como motivo de poderosos intereses económicos y sociales. En este sentido señala la necesidad de la comprensión de estos procesos como tema básico para la historia de nuestros pueblos, por constituir el primer impulso para la universalización de la dominación colonial moderna, y de la división del mundo en dos grupos de países, los dominadores y los sometidos, enfatizando en la necesidad de ir a la historia para entender mejor el presente de estas tierras, sobre todo a la historia del proceso de colonización atendiendo a que “... la dimensión geográfica y humana de la dominación ultramarina en nuestros días – siglo XX- es, sin duda alguna, un resultado de todo lo que le antecede.”

Paradigmas de la función del análisis histórico en el entendimiento de los procesos de desarrollo social que son realzados por el autor en la obra de Martí y de Lenin, señalando que la raíz historicista del pensamiento de ambos se revela con fuerza pareja a los análisis que realizan del pasado, y como condición fundamental en la génesis y fortalecimiento del movimiento revolucionario de su tiempo.

Es a partir del estudios de sus obras que Le Riverend profundiza el examen de la dialéctica en cuyo contexto se producía el subdesarrollo. En la obra de Lenin, fundamentalmente de El Imperialismo, fase superior del capitalismo, apreció los rasgos que tipifican la fase imperialista de desarrollo del capitalismo y la forma en que se produce el desarrollo desigual del sistema inherente al mismo. Con estas luces valoró el entendimiento martiano del surgimiento de este fenómeno a partir de la evolución del sistema en los Estados Unidos y su análisis de los resultados de este proceso para los países de América Latina, aspectos que se aprecian en artículos como Los Estados Unidos: Martí, crítico del capitalismo financiero y La idea del desarrollo social en la obra de José Martí.

Partiendo de estos postulados explicó el proceso de formación y perpetuación de la deformación estructural en los marcos del sistema colonial y neocolonial, centrando su análisis en las características que asumen las relaciones de producción en los países coloniales y neo-coloniales, o sea, en la formación de estructuras parceladas, a partir del desarrollo de sus fuerzas productivas como parte de los procesos objetivos que caracterizan el desarrollo socioeconómico del sistema capitalista. En los principios que tiene en cuenta para la interpretación de estas particularidades también deben señalarse los presupuestos del entendimiento de los autores de la teoría de la dependencia en el periodo.

Bajo esta impronta teórico-metodológica, Le Riverend despliega sus tesis sobre el neoesclavismo como una forma de explotación que en las condiciones contemporáneas, particulariza a las estructuras socioeconómicas del continente y se encuentra en la base de la perpetuación de su subdesarrollo.

En sentido general si bien los fundamentos metodológicos de los que se apropia Le Riverend en el periodo inicial de su concepción, le permiten desarrollar un entendimiento de la historia que supera el entendimiento positivista tradicional a partir del análisis global de los elementos que incidían en los procesos que estudiaba la manera de integrar los mismos queda limitada a partir de un enfoque funcional. Con la asunción del marxismo este enfoque es superado y cambian las perspectivas del análisis y los principios de integración.

Luego de aprehender la metodología del análisis marxista comprende que las crisis estructurales permanentes se producen como resultado de las leyes que rigen el desarrollo internacional de las relaciones de producción capitalistas, agravándose en la fase imperialista del capitalismo, primero, por el dominio de sus economías a través de la exportación de capitales que condiciona su deformación y su crisis; y después, desde los años sesenta y setenta del siglo XX, por la internacionalización de las relaciones de producción y por el uso del capital internacional, de formas de explotación de los recursos naturales y humanos propias de otros modos de producción con el objetivo de aumentar al máximo la obtención del excedente. El desarrollo de estas concepciones se encontraría desde una óptica cubana y latinoamericana en obras como Historia Económica de Cuba, Acerca de la América Latina en la correlación de fuerzas a escala internacional y Neoesclavismo en el siglo XX, entre otras.


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