Tesis doctorales de Economía


EL CONOCIMIENTO TRADICIONAL Y LA PROPUESTA DE EDUCACIÓN Y CULTURA AMBIENTAL EN LA GESTIÓN EJIDAL ECOTURÍSTICA DEL PARQUE SAN NICOLÁS TOTOLAPAN, CIUDAD DE MÉXICO

Gloria Amparo Miranda Zambrano



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4.4.2.1. El oyamel como “colector de agua”

El árbol de oyamel es endémico, compone la mayor parte de la población forestal desde antaño en el Bosque –le sigue el ayacahuite–, por ello resume un mejor conocimiento y manejo por parte de nuestros actores. Todos los árboles son importantes en el Bosque, sin embargo, el oyamel lo es más.

Crece a un altura de 1,700 a 3,900 msnm. En febrero están en semilla; su “ocono” se abre y empiezan a botar sus semillas, si caen en tierra fértil brota solo. En junio, julio y agosto enraíza por el riego favorecido por las lluvias. En agosto, si acaso prende, se la puede replantar. El oyamel vive dos años en almácigo. Ahí se hacen más fuertes para que compitan con otros árboles, arbustos y demás malezas del monte. En un año y medio crece por lo general medio metro, siendo lento “luego se dispara”.

Posteriormente viene el “chaponeo”, que consiste en cortar la maleza. Se le abona con hojarasca (salido de sus propios nutrientes) y se riega con agua limpia. Se comprueba su edad por los anillos que traen en la longitud y perímetro de su corteza. Cada anillo responde a un año de duración. La antigüedad de los árboles se reconoce por el grosor y diámetro. No solamente del oyamel sino todo árbol en general. “Si tiene por ejemplo 90 cm de diámetro y 20 cm de corazón, el árbol tiene de 120 a 130 años de antigüedad. ¡Siempre al grosor nos vamos¡”

La producción del oyamel al natural y en vivero, requiere de mayor cuidado que los demás arbolitos. Para su conservación deben evitarse las corrientes de aire sino se ‘estresa’. Don Ambrosio Tenorio explica que un arbolito está estresado cuando “agarra un color verde oscuro, no está frondoso, sano, se hace ramadito (enrama en lugar de crecer). En cambio cuando está sano tiene sus puntitas verde limón, ¡esta contento! Los arbolitos no prenden solos, hay que acompañarlos con otros árboles que le hacen compañía”.

La característica principal del oyamel es concentrar cierta cantidad de agua. En relación a los demás árboles y arbustos, es un macizo que traslada más agua y aire al Bosque por la altura que alcanza. Sólo los grandes tienen agua, los de 80 años resumen mucho más. “Uno de 40 años junta más o menos 3 botes de agua de 20 litros cada uno. El agua está en todo el árbol distribuido. “Al tirarlo suelta un chorro de agua, como la sangre cuando se mata una res. Es como un recipiente, en lugar de correr la almacena, por ello en su pie crece musgo”. Algunos le han encontrado propiedades curativas a este fluido para curarse malestares del riñón, y algunos elaboran una especie de alcohol.

El oyamel destaca también porque siempre expresa verdor, incluso en tiempo de estiaje. “Es como la sangre del hombre que corre por todo el cuerpo, por eso está verde”.

Este árbol ha marcado la historia y el sentimiento en la vida de los actores, por ello hay expresiones como “el oyamel es un árbol que lo queremos mucho porque siempre ha estado con nosotros. A pesar de todo, ¡no nos deja!” “El oyamel me gusta más porque es hermoso, viene así como dibujado. Los otros tienen mucha ramazón”.

Al oyamel se le vienen dando variados usos además de la sombra que brinda. Especialmente para ser árbol de navidad (junto con el pino ayacahuite), como madera, sus semillas (piñas con mazorcas grandes) y porque cubre necesidades de bienestar a través de la belleza que expresa. “¡Es muy bello ese árbol!”.

Lo cierto es que a partir de la restauración del Bosque con oyamel, éste fue cobrando mayor importancia, tanto por la tecnología de propagación que idearon algunos sabios responsables del Bosque, como por la restauración que se hizo y viene haciéndose a partir del oyamel. La especie fue propagada en el vivero del Bosque, y a partir de esa contribución se hizo conocido San Nicolás. Lo visitaron personajes de relevancia política y económica de ese entonces; posteriormente de ahí nació el interés por instalar el Proyecto Parque Ecoturístico. “En realidad el vivero que instalamos fue muy visitado inclusive por las autoridades de la Delegación y del gobierno de México, y hasta presidentes de México”.

Nada hacía presagiar que más adelante el vivero se convertiría en la arena prístina y propicia para empezar a reconocerse y validar al CT de los actores de San Nicolás. “Ya con el vivero, a mi me ocupaban para explicar lo del oyamel” . “Aquí mismo doy conferencias a universitarios e ingenieros”.

En otro orden de cosas, el CT aplicado para la repoblación del caso del oyamel (así como de los otros árboles y arbustos del monte de San Nicolás), no fue de resultado por demás fluido. Lograr el reconocimiento empoderado y sobresaliente en la conducción forestal que hoy tiene, resume una camino espinoso y con contradicciones con quienes tienen aún la lógica de imposición de ‘reforestar por reforestar’ o ‘reforestar a como de lugar’ (entidades del gobierno). “(...) para simular que cumplieron sus objetivos de reforestación, siembran los arbolitos, les sacan fotografías y luego los abandonan”. “Hubo el caso de unos ingenieros que trajeron plásticos para hacer bolsitas para almácigos, hicieron su labor, pero al ver que faltaba el tiempo, enterraron las bolsitas… ¡sin almácigos!… pero informaron que habían cumplido con la forestación”. No pocos cuestionan la imposición de plantitas para la reforestación del Bosque, procedentes de viveros de Morelos, “(...) esos arbolitos no prenden, ¡deberían apoyarnos para que nosotros mismos desarrollemos dicha labor en el Bosque!” . Asimismo, se discrepa el hecho de que sin mayor cuestionamiento hayan sido incorporados al monte árboles como el cedro, eucalipto, y otros que no son de su vocación natural forestal. Aquí lo importante es distinguir la prevalencia de una lógica intervencionista y por otro lado la lógica de sustentabilidad campesina que aún impera en el estudio caso.

Sostienen que el cedro blanco, por ejemplo, no debió ser impuesto, tampoco el eucalipto, porque produce mayor erosión al suelo. “El cedro es un árbol que elimina el sotobosque, no da agua, reseca la tierra”. Los del gobierno no quieren repoblar con oyamel porque no saben cómo hacerlo. Los actores manifiestan que al Bosque hay que zonificarlo; que no se puede meter en zonas de oyamel, ocote, ayacahuite y viceversa, pues con el tiempo gana el ayacahuite, y los demás no crecen como debe ser. En cambio en montes mixtos sí se puede plantar un poco de todo, aunque sin dejar de considerar qué especie acompaña a quien, porque entre ellos luego despiertan competencias: se quitan el agua, los nutrientes, se hacen sombra, “Si se mete un árbol que no es de la zona, a lo mejor se dé, pero le cambió su vida”. Generalmente difunden que se reforeste más con ocote, porque crece más rápido. Se paga por árbol prendido. En el 2007 se introdujo más ocote, aunque también oyamel.

Es cierto que el eucalipto (por ser un árbol que no propicia plagas por el olor fuerte que expulsa), fue una alternativa recurrente para la reposición de la foresta en la temporada de recuperación del Bosque; inclusive por parte de los actores sociales en cuestión. Pero de ahí, a querer seguir hoy en día expandiendo por las entidades, por no saber el manejo masivo del oyamel, no es del asentimiento de los ejidatarios.

El enfrentamiento entre el CT y las políticas de reforestación por parte del gobierno no dejan de manifestarse, un ejemplo claro es la actitud de desconocimiento y descoordinación que viene asumiendo el Programa de la Reserva Ecológica Comunitaria (PREC) –que funciona dentro del Bosque–, en relación con las contribuciones que viene haciendo el vivero forestal emporio de la propagación de oyamel y además con base en el CT.

Es decir, el PREC haciendo el mismo trabajo de reforestación y restauración para el Bosque, prefiere implementar las directivas de la institución auspiciadora (Corena), que trabajar en coordinación con el vivero local. Es decir, tal institución no siempre cubre las expectativas de la localidad en el tema forestal.

En general, el objetivo de los Programas de forestación en el Bosque, auspiciados por empresas como Televisa, el gobierno u otras, no han asumido aún la reforestación como una actividad seria, que orille a obtener resultados categóricos a favor del Bosque (incorporando especies de vocación ecológica determinada, métodos de manejo adecuados a los mismos, etc.). La lectura de sus señala que sus acciones van por obtener resultados especialmente cuantitativos ‘a como de lugar’.

Lo saben los ejidatarios, porque varios tienen como fuente de trabajo al PREC. Lo ignominioso es que muchos de ellos, por mantener su trabajo o percibir ganancias económicas, apoyan labores de reforestación que van en contra de su saber local o beneficio para el Bosque (como por ejemplo reforestar con especies que no corresponden a la vocación natural, hacer zanjas de menos tamaño, etc.), so pretexto de que el trabajo continúe y el dinero ‘chorree’. Hay una suerte de círculo vicioso explicitado como: necesidad-exigencia-cumplimiento, por parte de los Programas y algunos actores que se someten a ello. “Lo hacen más bien para recibir más dinero, nosotros sabemos que es así. A ellos les exigen y ellos nos exigen a nosotros cumplir; se pagan mayores incentivos”.

Por parte de las instituciones que diseñan las políticas, en el fondo aún prevalecen las ideas de que “las culturas indígenas son inferiores por diferentes razones, pero fundamentalmente porque son incapaces de dominar el método científico, única manera de dominar a la naturaleza y avanzar por las rutas del progreso humano y social”, y “Que prevalece la tradición de la “falsa conciencia” o de cientificismo que se conserva hasta nuestros días” (Toledo, 2003:11). Es por ello, además de lo mencionado, que se sigue insistiendo en ignorar el aporte local de la forestería social de San Nicolás, manifestándose acaso en relaciones de poder, esta vez a través del discurso de la ciencia occidental.

Como vemos el CT tiene un enfoque y lógica de considerar las particularidades y necesidades según comportamientos de las plantas, como explicamos en líneas anteriores; de igual forma para el caso de los animales. Mientras el saber local hace una lectura de las necesidades de las plantas según su perfil particular, mismas que al atenderlas cubren las necesidades de los actores sociales, como por ejemplo sombra, compañía, frondosidad, belleza o, insistir en la presencia del sotobosque por ser parte de la ‘farmacia natural’ (‘maleza’ para los técnicos) entre otros. Al respecto, los externos hacen caso omiso de estas consideraciones porque en su lógica prevalece el enfoque de lograr cantidad más que calidad. “A ellos les pagan, por la cantidad”.

Lamentablemente, las consideraciones precedentes sobre la mirada que hacen sus actores del Bosque y otros, son poco estimados por los técnicos externos. Como sostiene Toledo “(…) los saberes occidentales y los saberes indígenas conforman sistemas de saberes o conocimientos que parten de perspectivas distintas, operan bajo procesos diferentes y sirven a propósitos distintos” (2002:508). Como manifestamos en líneas precedentes son relaciones de poder subyacentes entre la una y la otra.

Fue y es la constante que marcan las diferencias y disputas entre una y otra mirada; a nuestro entender existe la amenaza del objetivo velado. Al seguir oficializándose podría seguir apropiándose cada vez más de mayores espacios en el manejo de la foresta de San Nicolás. Si revisamos la presencia de las instituciones en el monte, sigue prevaleciendo la mirada anodina y de desavenencia hacia el CT por parte de las externalidades. De tal forma que es una constante que ha marcado diferencias entre el CT y las contribuciones externas. Por su parte, los actores sociales, han identificado que hay vacíos de conocimiento por parte de las instituciones visitantes, aspecto que les permite asentarse y reforzar más su propuesta. “¡¡Los que vienen no saben!!” No les da resultados, porque traen arbolitos de raíz desnuda… y como el clima es mas frío… el árbol se estresa y no prende. Pueden estar años, no crecen y están pequeños en años. Es porque no lo atendieron como debe ser según su tiempo, su necesidad”.

Entonces, la mirada y objetivo de los externos no es precisamente la reforestación como contribución mayor, y con ello ostentar la permanencia del Bosque, aparte claro de la frondosidad y belleza del monte, como esperan e ilusionan los lugareños. La reforestación con cedro –aparte de los logros de cantidad– obedece al objetivo y política de limitar las invasiones y, con ello, el crecimiento de la ‘mancha urbana’, pues el cedro crece más rápido y no se seca. Pero también hay que considerar que el tema resume opiniones divergentes, algunos actores piensan que el cedro es relevante porque no le entra la plaga, más bien la ahuyenta. Sin embargo, lo persistente entre los actores entrevistados es el recomendar la restauración del Bosque con oyamel, por sus característica sui géneris que presentamos. Empero, habría que manifestar que no sólo son en los espacios internos (ejido) que manifiestan posiciones encontradas respecto a perdurar la cultura del agua, son los espacios externos que al desconocer las particularidades de los bosques, manifiestan imponentes amenazas para su destrucción. Si vemos de manera global el problema, todas las zonas de reserva forestal que están en el DF estarían viviendo una suerte de amenaza perenne de su territorio.

Hay ejemplos de estrechez visionaria entre los personajes con poder de decisión en espacios políticos de la ciudad, quienes desconociendo las contribuciones de pueblos como San Nicolás, que fomentan la continuidad de la producción del agua, a través de la ‘crianza’ del oyamel u otras especies, pretenden borrar ‘de un solo tirón’ estas contribuciones. Es el caso que viene ventilándose públicamente sobre la amenaza de expropiación de la zona y adyacente para la instalación del ‘megaproyecto de desarrollo’ “Autopista en el tramo Lerma-Tres Marías y Ramal Tenango, Estados de México y Morelos” y adyacentes. La misma atravesaría las áreas naturales protegidas del Corredor Biológico Ajusco-Chichinautzin-Zempoala, del Parque Nacional Lagunas de Zempoala, la Zona Protectora Forestal del Cerro Pelado y de la Reserva Estatal Otomí-Mexica.

Así, el Bosque de San Nicolás y contiguos siguen en amenaza; como sustentamos (en el capítulo III) la zona –y en ella el Bosque de estudio–, tiene una importancia estratégica por ser la mayor cuenca hidrológica endorreica que abastece de agua a los habitantes de las ciudades de México, Toluca y Cuernavaca. El área en amenaza provee el 75% del agua que se extrae y consume en la Ciudad de México, (el otro 25% proviene de la cabecera del Lerma) y 100% del agua que se utiliza en Cuernavaca y el poniente de Morelos, colateral a esta contribución, conserva la biodiversidad endémica de la zona y país.

En este escenario, la contribución del ejido de San Nicolás Tototolapan al resistir la conducción del Bosque en términos de su propia sustentabilidad es significativa, tanto como espacio de reproducción de su propia vida, como en la contribución (junto con otras comunidades) para el externo (poblaciones adyacentes y Ciudad de México). Sustancialmente, brindando la oportunidad para la reproducción del ciclo hidrológico que asegura el abastecimiento del agua de consumo; además, claro, de conservar la biodiversidad natural y cultural que sustenta el Bosque.

El camino falta aún por transitar. Primero, aceptar que se tiene una realidad de convivencia de diferentes matrices de racionalidad ambiental, cultural e ideológica. Aceptando ello, y partiendo por lo que se tiene, se empezarían a explorar puntos de convergencia y articulación sin subordinaciones por parte de ambas propuestas. El compromiso de quienes estamos en el tema es seguir confluyendo posibilidades para la convivencia de lo diverso, de lo inédito.


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