Tesis doctorales de Economía


EL CONOCIMIENTO TRADICIONAL Y LA PROPUESTA DE EDUCACIÓN Y CULTURA AMBIENTAL EN LA GESTIÓN EJIDAL ECOTURÍSTICA DEL PARQUE, SAN NICOLÁS TOTOLAPAN, CIUDAD DE MÉXICO

Gloria Amparo Miranda Zambrano



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3.5. Elaborando el Proyecto Ecoturístico Ejidal

Si el desarrollo sustentable ha traído algún beneficio, es de reconocer que ha priorizado el debate sobre el reconocimiento a los actores sociales del campo llegando a reconocerlos como hábiles estrategas del uso múltiple en el que se incluye el manejo agrícola, agroforestal, la pesca, la caza, la recolección, y la ganadería a pequeña escala (Toledo, 2000:129).

En esa concepción de reconocimiento de habilidades y capacidades a los actores sociales, la Consultora Balam, SC ha identificado comunidades campesinas y ejidatarias dentro del Distrito Federal, donde poder establecer las propuestas sustentables que ha venido trabajando. México vivía adscrito al marco del boom de la sustentabilidad, con la aparición de nuevos movimientos sociales e identidades sociopolíticas. Por su parte, el Estado mostraba cierto “debilitamiento” al ceder muchas de sus funciones a cuerpos no estatales.

Balam SC., se propuso obtener financiamiento para un proyecto de servicios turísticos en las zonas urbanas de la Ciudad de México como instrumento para detener el crecimiento de la mancha urbana y conservar los recursos naturales del Valle de México, en el marco del enfoque sustentable. Dicho proyecto consideraba prioritario que las empresas prestadoras de servicios fuesen propiedad de los dueños de los terrenos rurales del Distrito Federal, ya fueran comuneros o ejidatarios.

San Nicolás por su parte empezaba a buscar una manera eficiente de salvaguardar su recurso forestal y alejarse de las presiones, invasiones, violencia, delincuencia, usura e incertidumbre que aún existía sobre el Bosque. La ‘mancha urbana’ de la Ciudad de México se venía convirtiendo en una amenaza cada vez más demoledora. Hacía casi 50 años que sus terrenos no dejaban ningún ingreso económico a los ejidatarios, por ello estaban ante la búsqueda de opciones, había que hacer ‘algo impactante y sostenido’ con sus tierras.

Tras algunos meses de concertación, Balam, SC y el ejido de San Nicolás unieron sus esfuerzos para la instalación de una empresa prestadora de servicios turísticos de Naturaleza con enfoque sustentable. Después de tal acercamiento, irrumpieron diferentes opiniones e intereses de propios y extraños. El conflicto, las desavenencias y la rivalidad a favor y en contra de la propuesta no tardaron en manifestarse. Por un lado se sostenía que estaban “vendiendo a extraños” y que era “puro cuento”; las autoridades manifestaban que habían recibido amenazas anónimas. Los medios masivos de comunicación social de la Ciudad de México divulgaron las noticias, creando mayor confusión entre los ejidatarios. El “Diario Reforma” se mostró irreverente, estaba a favor de algunos ejidatarios que no querían adjudicarse la propuesta. Por otro lado, había confianza por la propuesta, el factor atrayente era la autogestión comunitaria de tal empresa y no la entrega servil de la misma. La disputa por el Bosque otra vez se hacía latente, ahora que venía recuperando su perfil boscoso. Sin embargo, la decisión estaba tomada.

La elaboración del proyecto corrió por parte de la Consultora (bajo la asesoría técnica del Biólogo Francisco Romero del Departamento de El Hombre y su Ambiente, de la UAM-X), quien sometió a revisión por parte de las autoridades ejidales, siendo aprobada en Asamblea General de Ejidatarios, en mayo de 1997, como “Parque Ecoturístico Ejidal San Nicolás de Totolapan” (PEESNT). Un año duraron los preparativos para la instalación y apertura del proyecto de los 336 ejidatarios responsables del proyecto, siendo ocho los voluntarios favorecidos para la conducción del servicio ecoturístico en la etapa de apertura.

Llama a la reflexión el que en los informes tal entidad sustente que el ejido ‘no tenía la menor idea de lo que era el turismo de naturaleza’; sin embargo, constatamos que los testimonios de los actores desmerecen tal aseveración. Antes que ingresaran al PEESNT, el ejido y las comunidades adyacentes ya recibían visitantes, aunque claro sin la denominación aludida y organización expedita y experta como la que orientó Balam, SC.

Los postulados y justificación del Proyecto se dieron sobre la base de brindar pautas para la generación de un modelo de uso racional de los bosques del Distrito Federal, vitales para la recarga de los mantos acuíferos y la generación de oxígeno. Por ello, el objetivo central fue “desarrollar y poner en marcha un modelo de empresa ejidal basada en el turismo responsable en la naturaleza, capaz de promover efectivamente la conservación de los bosques del área rural del DF por parte de sus propietarios”. Asimismo, “dotar a la Ciudad de México de un parque donde se pueda convivir con la naturaleza en un ambiente seguro y formativo; cohesionar a la comunidad alrededor de un proyecto de conservación de recursos naturales a través de la generación de empleos y la elevación sustancial del nivel de vida y; promover entre los visitantes y habitantes de la región una cultura conservacionista”.

Si analizamos la propuesta, prioriza y privilegia, además del beneficio interno, también el impacto externo. Es decir, conlleva un compromiso de servicio de los actores protagonistas del proyecto, al comprometerlos a trabajar ‘anónimamente’ también para satisfacer necesidades de la población del Distrito Federal, quien debería beneficiarse con ‘aire puro y verdor’ producto de la recuperación del manto acuífero contiguo que ofrece San Nicolás, lo cual por demás es loable. Así escenificado este universo, la pregunta sería: ¿Por qué no reconocer integralmente la contribución que brindan las comunidades que trabajan la recuperación de los mantos acuíferos, con propuestas que superen la idea de que la sociedad mayor establece estrategias de intervención de los recursos con base en una ideología que legitima políticas en nombre del medio ambiente?

Es decir, a pesar que la propuesta del Proyecto fue discutida con los ejidatarios, conllevando la intención de generación de empleo e ingresos y consiguiente mejora de la calidad de vida, que es lo que motivó y cautivó a los ‘beneficiarios’; sobre sus hombros, otra vez, se recargaba la responsabilidad de conservar, reforestar y restaurar el Bosque para el disfrute ‘externo’, formulándose compromisos que quizás no fueron claros en la sociedad en cuestión y sus actores. En ese sentido, el ecoturismo –o turismo sustentable comunitario– puede también evidenciar que sostiene una renovada forma de compromiso por la recuperación del ambiente natural y cultural, tanto para el disfrute interno como externo.

Sustenta lo anterior, los estudios de “Opinión sobre Áreas Recreativas por parte de potenciales visitantes (1997), para exteriorizar la capacidad de gasto que tenían”, aplicándose 457 entrevistas. “Analizando por estratos, podremos observar que el 30% optan por pagar (por ingreso al bosque) 5 pesos y el 21% por pagar 10 a 12 pesos; en general, podemos inferir que el 60% de los entrevistados pagarán más de 5 pesos y menos de 10 pesos, mientras que sólo el 20% de ellos, pagaría entre 10 y 20 pesos, y el 30% pagaría menos de 5 pesos” (Balam, SC, 1998).

Entre las actividades que se establecen son las de “relajación y descanso (caminatas, paseos, días de campo y observación de flora y Fauna) ocupando el 60% de preferencias. Asimismo, actividades medias deportivas como correr, trotar, campismo, montar a caballo, etc., ocupando el 20% y, las actividades deportivas de alto esfuerzo (bicicleta de montaña, fútbol, etc.) ocupan el otro 20%.” Las comunidades aledañas de ningún modo fueron consultadas al respecto, peor los mismos ejidatarios para hacer de ellos también beneficiarios de las próximas instalaciones que debían erigirse.

Corrobora el interés de privilegiar el objetivo externo, el estudio sobre “Antecedentes sociales y ambientales”, donde se analizaron las demandas de los ciudadanos del Distrito Federal, concluyendo que “actualmente las áreas rurales y boscosas del Distrito Federal suman 86 mil hectáreas, 57% del total del territorio de la entidad. Muchas son visitadas de manera descontrolada, dado que no existen planes de manejo u orientación alguna para realizar actividades no depredadoras” ((Balam, SC, 1998). El interés por San Nicolás de Totolapan, ¡estaba justificado!

El informe gráfico que desarrolla Viñas (2006) con base en el Estudio de opinión Pública sobre el Ecoturismo del 2002, sobre la base de 840 encuestados aplicado a la Ciudad de México, Guadalajara, y Monterrey, arroja también luces con respecto de las actividades ecoturísticas con mayor publicidad, destinos ecoturísticos más visitados en México y, las motivaciones para realizar viajes en estos tres Estados, que inclusive tiene utilidad para identificar ventajas comparativas del Bosque a la fecha.

Dentro de las actividades de mayor interés en publicidad (Gráfica No.1) están consideradas las caminatas y ciclismo de montaña con un 6.7% y 2.2%, respectivamente, servicios que ofrece el PEESNT. Asimismo, El Ajusco está considerado como uno de los destinos Ecoturísticos más visitados (Grafica No. 2), ciertamente el último en el grafico, pero aparece con un 1.0% en relación con Veracruz por ejemplo que es visitado con un 9.7%, más delante de Acapulco y Cancún. Considerando que el Bosque de San Nicolás está en la demarcación del Ajusco, entonces, era propicio su lanzamiento y sigue en curso de importancia a la fecha.

Respecto a la motivaciones que tienen los visitantes para visitar lugares Ecoturísticos (Grafica No. 3), hay una preferencia significativa sobre la convivencia con la Naturaleza, con un 12% en el interés, que es el segmento principal que ofrece el Proyecto, pero también está el descanso con un 25%, divertirse con un 24%, y realizar una actividad con un 15%; actividades todas que debían (hoy lo desarrolla) potenciarse en el Bosque a través de sus servicios.

Asimismo, si bien es cierto que la Consultora, reconoce las capacidades como población y organización ejidal (por ello la preferencia a la convocatoria de la organización comunitaria), refleja cierto desconocimiento en cuanto a que la comunidad ejidal mantenía una organización empoderada de resistencia a su territorio (demostrado en su pasado histórico de lucha y acceso al poder por sus propias audacias), con base en sus usos y costumbres tradicionales, misma que le permitió tener convocatoria, decidir, organizarse y, más adelante, construir en sus propios términos y apropiarse del Proyecto. Es un tanto ‘displicente de las capacidades locales’ aducir que sólo a partir de la gestión del proyecto ecoturístico la comunidad debería cohesionarse. Igualmente, el objetivo de “promover una cultura conservacionista” de alguna manera refleja cierto desconocimiento sobre que el ejido ya poseía un ancestral racionalidad y cultura sustentable arraigada en su forma peculiar de conducción del Bosque. Encarnado éste en su sentido de identidad y pertenencia por su territorio y territorialidad, cuya significancia iría, mucho más allá de solamente el sentido conservacionista de la propuesta, aspectos que demostramos en los dos últimos capítulos.

Así, los objetivos, metas, prácticas y simulacros acontecidos en la etapa de capacitación previa, de alguna manera ignoraban las capacidades y habilidades de conocimientos y saberes acumulados por generaciones por parte de los actores respecto a la conducción de su Bosque. Es decir, no aparecen como punto de partida, tampoco cuando se abordan estudios de los “aspectos sociales y comunitarios”. Para el caso, el objetivo prioriza el enfoque económico (de inversión-recuperación y de costo-beneficio) que especifica el enfoque empresarial. Un tanto preocupante diríamos por tratarse de una propuesta que justamente se puntualizaba como alternativa, a partir del enfoque de la sustentabilidad. Sin embargo, es lícito aclarar que no creemos que la ‘invisibilización’ haya sido blanco explícito para intervenir metodológicamente al ejido, invalidando capacidades; todo lo contrario, fue cuestión del establecimiento de prioridades. Los interventores externos, no siempre están en la obligación de conocer a profundidad la complejidad de temas que concentra el escenario de la Nueva Ruralidad, más aún en el caso de la Consultora que tenía para ese entonces, escaso tiempo de existencia institucional.

Ocurre que, a veces hay ‘deslices metodológicos’ (incluso en proyectos alternativos con propósitos afables, como es el caso) que pretenden prevalecer signos de dependencia y exclusión para los actores, porque esa es la mirada ‘inconciente’ (histórica) que se tiene del campo. “Son miradas que en el fondo, aún tienen concordancia con las connotaciones intervencionistas. Propias de enfoque ‘tradicional’ de la intervención del modelo de intervenir el desarrollo. Es decir tienden a evocar una imagen de los ‘externos’ como ‘más conocedores y poderosos’, quienes ‘ayudan’ a la gente ‘menos entendida y desposeída de poder” (Long y Villarreal, 1993:33) y Miranda (2002). Sigamos con lo que plantea en su momento inicial.

El Proyecto define al turismo sustentable como “la actividad turística que se desarrolla en una región atractiva por su estado natural, en la cual se promueven simultáneamente la educación ambiental, la conservación de los recursos naturales y el desarrollo socioeconómico de los habitantes locales”. Se ajusta diríamos a los principios que la OMT y Unión Mundial para la Naturaleza difundió hace más dos décadas , donde todavía no se consideraba al turismo sustentable en la dimensión actual.

Los puntos esenciales que considera el turismo sustentable comunitario se resumen en: a) protege y preserva el medio ambiente, b) genera empleo digno de la población local, c) asegura la participación equitativa de las poblaciones en la toma de decisiones, gestión y regalías y, d) afirma la identidad cultural de los pueblos con base en sus potenciales culturales e identitarios locales. Entonces, lejos estaría la consideración que venía haciéndose sobre el principio evolucionado del enfoque sustentable, que declara que cualquier proyecto de corte sustentable debe partir primigeneamente del reconocimiento de las capacidades y habilidades de la cultura local.

No se pretende sostener que el Proyecto propuesto es uno más que explica los lineamientos estratégicos de cómo hacer un proyecto sustentable convencional. Por las consideraciones que se vienen desarrollando en la práctica, visualizamos la pretensión de alejarse de tal afirmación. En el turismo alternativo se ha caminado considerablemente en el tema, habiendo demasiada labor al respecto. Trabajos para su planificación, mecanismos de concertación multisectorial, cómo involucrar a la población de base, inventarios sostenibles, capacidad de carga de destinos turísticos, diseño arquitectónico, capacitación, promoción, comercialización y marketing, estrategias de autofinanciamiento, propuestas de ley, cartas de intención, códigos de ética, principios, estrategias, propuestas de planificación, variables de evaluación e incluso herramientas de intervención para el monitoreo. Todo ello refleja mayor dedicación por el medio ambiente y los servicios que debe brindar la población local.

Sin embargo, de lo que se adolece como respuesta, es cómo comprender y acceder a las particularidades y entramados finos y diversos que encierra la cultura campesina, a las habilidades y capacidades de sus actores para ponerlas al servicio del ecoturismo. ¿Qué elementos de la cultura campesina compatibilizan con la cultura del servicio turístico?, ¿Cuáles son los límites que la cultura campesina –y con ello los secretos de los conocimientos tradicionales– debe tener cuando se privilegia ‘la venta’ del servicio turístico con sentido empresarial?

La experiencia de San Nicolás enuncia que, a pesar que fueron entrenados en la propuesta sustentable de la consultora, llegaron mucho más allá del planteamiento inicial, justamente con base en sus capacidades y habilidades sobre el manejo y conducción del Bosque (tema de los siguientes capítulos). ¿Sería el develamiento de las capacidades y habilidades que manifestó in situ San Nicolás, lo que motivó que Balam entrara en retirada de su interés inicial de co-conducir el proyecto?

Habría que recordar que los guiados cotidianos y servicio que ofrecen los actores están sobre la base de su cultura local ancestral, en diálogo con los conocimientos adquiridos en el año o más de capacitación que recibieron de la consultora. Lo dicen ellos mismos “Nosotros ya teníamos nuestros caminos, hacíamos vigilancia, conocíamos bien las huellas de los animales, nos entendíamos con el Bosque, mal que bien ¡…Sobre el camino andado es que construimos el Proyecto, no es justo que Balam se quieran llevar todos los reconocimientos, lo hicimos juntos!”. Por su parte, Pedro Rivera (uno de los fundadores del Parque) expresa, “Quisimos aprovechar todo ese potencial de la gente, convencerla de que dejara su escopeta y que toda su capacidad y conocimientos se la retransmitiera a la gente que va arriba. Afortunadamente los convencimos y ahora ellos son nuestros guías de las visitas de las escuelas y eso enriquece más el producto, es gente de la comunidad” (Rivera, 2006:84).

De esta forma quiere decir que el proyecto sustentable no hubiera emergido si se adolecía del perspicaz repertorio de conocimientos (como se aborda más adelante) y demás habilidades y capacidades que detentan sus ejidatarios. Aún más, aparte del capital social, el ejido aportó con un capital económico, expresado en tierra y territorio y los servicios que prestaba desde ya (caminos, senderos, señales…), cual infraestructura básica para el nuevo Proyecto. “Las principales actividades del Parque se hacen en sus senderos y en San Nicolás, no hicimos nada nuevo, a los senderos llamados de herradura nada más se le dio mantenimiento, se señalizaron y es lo que estamos utilizando, los senderos que están un poco maltratados se cierran para mantenimiento, “re-vegetación” y tenemos otros alternos (Rivera, 2006:84).

Finalmente, la consultora (en ese entonces) partió de la idea que entre la mayoría de los ejidatarios de San Nicolás había restricciones en sus capacidades, calificación y formación en general, en ello de convertirlos en ‘empresarios de la conservación’, siendo que la mayoría de ellos tienen instrucción y calificaciones diversas cual benefactores de colindar con la Ciudad de México. “(…) son personas los (ejidatarios de San Nicolás) que tradicionalmente han vivido del campo o como empleados y que tienen una imagen de sí mismos que no les permite imaginar fácilmente una nueva empresa de este tipo exitosa (…)”. Entendible, en la medida que en sus inicios el Proyecto adolecía de la gama de personal calificado que hoy concentra el Proyecto, pero la comunidad no lo entiende así, por ello la suerte de discrepancias.

Así, lo importante es reconocer que hay una suerte de negación de propuestas externas en la idea de forjar identidades internas. La relación identidad-negación como es el caso del ejido es una característica propia de los pueblos al paso del tiempo, anulándose muchas veces las propuestas externas como la de Balam, SC, en el entendido que a 12 años de distancia han re-descubierto capacidades y habilidades propias, tema que calza en lo que son los mitos de origen, lo del ‘antes, después’. Al respecto, Fridman habla de la identidad cultural como un proceso ligado a la historia (…), sosteniendo que la historia es un proceso social en el que los sujetos particulares participan en un determinado contexto, atribuyendo significados a lo que realizan. Este autor privilegia, en consecuencia, la posición del sujeto en cuanto se auto-identifica con su pasado y lo proyecta. De ese modo, la identidad cultural parte del sentimiento del auto-reconocimiento, más que del reconocimiento que “otros” pueden hacer de él.

Este hecho, en la actualidad, sigue perturbando a algunos de los actores responsables del Proyecto, lo cual ha causado cierto distanciamiento entre San Nicolás y la Consultora. “No es así, a nosotros nos costó llevarlo desde el principio. En todo caso, hablan así porque consiguen financiamientos cuando dicen que son autores del éxito de nuestro proyecto”. A la fecha, el PEESNT camina ya de manera independiente de Balam, SC, finalmente cumpliendo con uno de los objetivos sustentables: trabajar a favor del empoderamiento del Proyecto por parte de sus actores. Los nicolaítas, no por ello dejan de reconocerlos, hay todavía visitas de coordinación y apoyo interinstitucional entre los mismos.

Por otro lado, el presente análisis, no pretende dejar de reconocer –entre otros aportes– la labor de concertación que hizo la entidad en el pueblo y Bosque. La propuesta Balam, SC ‘fue punta de lanza’ para iniciar y posteriormente legitimar un proyecto de visión sustentable en un territorio conflictuado por amenazas de despojo y deterioro de sus recursos. Es el aporte cardinal. Asimismo, el ejido aperturaba al tema de los servicios y mercado eco turístico comunitario, inédito entre los propietarios del Bosque, tomando ventaja sobre otros en el mercado del rubro, a la vez que despertó renovadas miradas de los recursos del ejido (puesta en valor), en su pretendida ilusión de promover el ‘desarrollo desde abajo’.

Del mismo modo, estuvo lejos del modelo ‘tradicional’ de imposición mecánica y autoritaria de concertación (que generalmente toleran las comunidades), al elaborar un proyecto y lograr su aprobación en tiempos nada fáciles en el ejido. San Nicolás estaba recuperándose de un momento crítico de sensibilidad social y política acaecidos antes de la concertación. Con los años, el ejido ha tomado poder, autoridad y legitimación, eso es otra cosa, lo que queremos remarcar es la simiente y créditos, como arena ideológica para el despegue ejidal con la presencia de Balam, SC.


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