Tesis doctorales de Economía


CAMBIOS DEMOGRÁFICOS EN LA ESTRUCTURA FAMILIAR DEL MUNICIPIO DE SAN MARCOS, GUERRERO, COMO CONSECUENCIA DE LA EMIGRACIÓN INTERNACIONAL Y SUS EFECTOS EN LO SOCIAL Y ECONÓMICO

Darbelio Agatón Lorenzo



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III. 4 Teorías del desarrollo regional

Para analizar y evaluar, los efectos que tiene la migración internacional en el desarrollo de las localidades expulsoras de migrantes estudiadas y los efectos locales, es inevitable revisar las teorías de desarrollo regional, con el propósito de posicionar la presente investigación en alguna (s) de ella (s).

México se ubica a nivel mundial en la región geográfica de América Latina. Dentro de este continente es considerado por diferentes analistas como una nación importante en término económico, político y social. En particular, se evalúa como el país puente entre América del Norte y el resto de los países que componen a esta región. Debido a las relaciones de intercambio comercial y por su dinámica demográfica que se manifiesta entre estos países. Hasta hace una década, igualmente, asumía la categoría de mediador político entre el sur y el norte del continente.

Así mismo, el territorio de la República Mexicana al interior, se encuentra subdivido en regiones espaciales desde el punto de vista geográfico. Por ejemplo José Gasca Zamora (2005), fracciona al territorio mexicano en tres regiones geográficas de acuerdo a sus asimetrías económicas. Y agrupa aquellos espacios armónicos entre sí, dividiéndolos en: norte, centro y sur-sureste.

El Gobierno Federal en su Plan Nacional de Desarrollo (2002-2006), genera una propia división territorial con fines a su planeación macroeconómica, separándolo en cinco regiones: noroeste, noreste, centro-occidente, centro-país y sur-sureste.

Debido a estas regionalizaciones que se implementan en el mundo, en un país y/o en una entidad federativa, surgen teorías del desarrollo como: la más antigua de las teorías la de la escuela alemana de Von Thünen (1826), la teorías de corte neokeynesiano de J. Maynard Keynes, la teoría de la localización de Christaller (1929) y Lösch (1940), sólo por mencionar algunas, cuyo objetivo fundamental está encaminado, a elevar el bienestar social de la población y que permitan el desarrollo de una localidad o de la región.

Cabe hacer notar que en este trabajo se diferencía los conceptos de desarrollo y crecimiento. El desarrollo es considerado como lo aprecia Mario Miguel Carrillo (2001) un proceso mediante (y durante) el cual se mejora la calidad de vida de la sociedad, por lo que implica todo tipo de aspecto que inciden en la calidad de vida (sociales, culturales, medioambientales y políticos entre otros), y no solo el simple crecimiento de alguna variable económica en particular, por importante que ésta fuera.

Las perspectivas sobre políticas del desarrollo regional han cambiado considerablemente en los últimos treinta años. Existen antes de ésta treintena de años, varios intentos teóricos por generar políticas de desarrollo regional que condujeran a mejorar las condiciones de un país.

Bert Helmsing (2003), menciona tres generaciones sobre estas políticas de desarrollo: la primera que va de los años 50 a 60, bajo la perspectiva de la redistribución de crecimiento económico. Era entonces de conocimiento general y un hecho empíricamente comprobado que el crecimiento económico no se daba simultáneamente en todas partes del territorio sino que era desigual y selectivo. La segunda que corre toda la década de los años 70 y la tercera que dio inicio en los primeros años de la década de los 80.

A partir de la década de los 70’s e inicio de los 80’s, se suscitaron cambios importantes en el entorno económico y político en el mundo, que obligaron a buscar nuevas alternativas de desarrollo locales y regionales. Con modelos ajustados a estos nuevos paradigmas de la economía mundial. Debido a la apertura al libre mercado de bienes y servicios y de capitales. Dando origen con ello, a una gran gama de corrientes teóricas que buscaban explicar y encausar el desarrollo regional en un país.

Las distintas teorías del desarrollo regional

Edgar Moncayo Jiménez (2001) y Palacios (1993), analiza varios postulados de corrientes teóricas del desarrollo regional, que van desde la escuela alemana considerada el origen de las teorías de región y desarrollo, hasta las más reciente analizadas con un enfoque neokeynesiano y con un visión económica neoclásica.

La primera teoría del desarrollo, sin ser conocida con ese nombre tuvo su origen en el Alemán Von Thünen (1826), de allí la conceptualización como una teoría de teoría de la escuela alemana, el autor, en su trabajo pionero construyó un modelo muy útil que explica el desarrollo de un país. Basado principalmente, en el precio de la tierra, la calidad de la misma y los costos de transporte. Y así poder explicar la división del trabajo entre los centros urbanos y las áreas rurales dedicadas a la agricultura. Sobre estas variables económicas, descansaba fundamentalmente el desarrollo de la región de un país.

Posteriormente, para los inicios del Siglo XX otros geógrafos alemanes como A. Weber (1929) y especialmente W. Christaller (1929) y Lösch (1940), desarrollaron la teoría de la localización donde “intervienen la disposición geográfica del mercado y los costos del transporte para deducir con aplicaciones geométricas, el surgimiento de unos emplazamientos (localidades) centrales, organizados hexagonalmente, en los que se concentran las actividades productivas”. (Moncayo, 2000: 3).

Aquí surge la primera teoría del desarrollo regional sustentada geográficamente en los lugares más importantes de una región, considerados centros de producción y distribución de las actividades comerciales. Como una continuidad, de lo planteado por Von Thünen en las tres primeras décadas del año 1800.

Años después, estas ideas del desarrollo se expanden por todo el mundo, llegando a EUA en los años 50’s y 60’s. Por estas fechas, la academia norteamericana elaboró otras teorías Moncayo (2001), como la del: multiplicador de base-exportación (sustentada por Friedmann, 1966); y el potencial del mercado (analizado por Harris, 1954), que poseen como rasgo común el papel que tiene la demanda en la determinación del nivel de la actividad económica y por tanto del ingreso de la región.

El desarrollo regional en estas teorías estaba sustentada en un principio keynesiano (pensamiento económico surgido después de la primera guerra mundial) de una alta participación del estado en la economía nacional, que incentivaría y priorizaría la demanda externa. Que elevara las exportaciones (como principio de la teoría de base-exportación) y a la vez la demanda interna, como principio de la teoría que buscaba ensanchar y hacer crecer el mercado interno, para así generar el desarrollo de ese país o localidad.

Dentro de las teorías de corte neokeynesiano, se encuentra la corriente intervencionista, de la cual se desprenden tres tipos de aproximaciones teóricas de lo regional de acuerdo con Moncayo (2002), la del centro-periferia, de las dependencias de Friedmann 1972; Frank, 1965 y CEPAL 1950 - 70 y de la causación circular acumulativa.

La del centro-periferia y de dependencia postulan que “el nivel de desarrollo alcanzado por una región está condicionado por la posición que ocupa en un sistema de naturaleza jerarquizado y de relaciones asimétricas, cuya dinámica es ajena a la propia región”. (Moncayo, 2002: 117).

Los principios del desarrollo para una región de estas dos teorías son muy parecidos entre sí. Argumentan que, ninguna localidad dentro de una región, por si sola alcanzará el desarrollo, sino es por los flujos y fuerzas externas a la propia región o al área geográfica en la que se encuentra insertada y su posición que tienen dentro de ésta.

Si le corresponde coexistir dentro de una región con un considerable potencial para el desarrollo, la propia zona en la que se encuentra incrustada y que gracias a las fuerzas externas e internas que persisten en esa región, la impulsará para lograr y alcanzar su propio desarrollo armónico que se equipare a las demás localidades que las rodean. Es decir, depende -de ahí el nombre de la teoría- del desarrollo que tiene el área geográfica en la que se circunscribe y realiza sus actividades productivas y comerciales, para que alcance el mismo grado de desarrollo al de las demás localidades.

La otra teoría de causación circular acumulativa ó teoría del desarrollo desigual de Myrdal (1957), indaga las causas de las diferencias en el ritmo y nivel de desarrollo entre las regiones. Aduciendo que el desarrollo de una región es producto de los “mecanismos concentradores de la inversión en unos determinados emplazamientos, con la correlativa marginación de otras localizaciones. Ponen el énfasis en las condiciones internas de la región para explicar su posición en el sistema económico y su evolución de largo plazo”. (Moncayo, 2002: 117).

Esta teoría por igual de corte neokeynesiano, centra su política de desarrollo regional, en identificar las condiciones interna de la zona que les permita la atracción de nuevos recursos que refuercen la expansión del mercado a través de la realización de proyectos de desarrollo (inversión en tecnología) en ese lugar, a costa de relegar a otras que no reúnan las características o se encuentren rezagadas en esa área de expansión. Y así poder generar el desarrollo deseado y encausada a una zona con potencial a cambio de no impulsar a la que se encuentra en menor desventaja.

La otra corriente teórica del desarrollo regional es la llamada neoclásica, impulsada por Harrod (1939) y Domar (1947), quienes a decir de Edgar Moncayo (2002) “centran su atención en las cuestiones relativas a los determinantes del nivel del producto y las diferencias en sus tasas de crecimiento entre países y dentro de un mismo país a través del tiempo. Acentúan su teoría en la tasa de inversión y la razón capital-producto determinada tecnológicamente”. (Moncayo, 2002: 35).

En esta teoría, se le da mucho peso a los niveles de inversión que se realizan en una región y al nivel tecnológico impulsado por la inversión de este capital. Que mediante esta combinación, van a lograr una razón (ganancia) alta en su producción, debido a la tecnificación en sus procesos productivos. Está claro que, si no existe una inversión en tecnologías en los procesos productivos de las empresas públicas y privadas, no lograran utilidades suficientes que permitan un impacto en el desarrollo local y regional.

Enrique Hernández Laos (1993), hace referencia a la teoría del colonialismo intenso del desarrollo regional, bajo la tesis de la convergencia, en donde sostiene que tarde o temprano, las disparidades interregionales de cualquier país tendrán a eliminarse conforme avance el proceso de desarrollo económico.

En esta teoría, no sólo son los factores económicos los que caracterizan a este tipo de regiones, se acentúan por igual en las “relaciones asimétricas del poder derivadas de la concentración de la tierra y de la propiedad en manos de una elite que controla las instituciones y provoca la escasa participación económica y política de una parte importante de la población”. (Hernández, 1993: 583).

Se valora el énfasis que se le da a la desigualdad que existe entre las regiones. Sosteniendo que esta desigualdad interregional va a desaparecer en la medida que se logre la participación económica y política, tanto de las instituciones como de los particulares y de la propia sociedad misma. Y que en el transcurso del tiempo, estas disparidades por el mismo proceso del desarrollo económico, al final tendrán que converger en un mejor desarrollo regional.

Como se define el desarrollo regional

Una vez revisada las teorías del desarrollo regional, véase ahora la definición del desarrollo regional como concepto.

Sergio Boiser (1996) define el desarrollo regional como un proceso localizado de cambio social sostenido que tiene como finalidad última el progreso permanente de la región, de la comunidad regional como un todo y de cada individuo residente en ella. Y este desarrollo del individuo dentro de una región y de la misma, se logrará con la descentralización de una política regional que sea eficaz y equitativa.

Para Boisier (1992), la descentralización territorial es uno de los requisitos y una condición necesaria en los tiempos en que vivimos para el logro de la transformación productiva, de la equidad y de la sostenibilidad del desarrollo. Esta descentralización “favorece el desarrollo local, por la capacidad de decisión que permite a las autoridades y poderes subcentrales. Proporciona margen para que los poderes regionales y locales apoyen financieramente proyectos de interés para el desarrollo local, dado que se supone que la auténtica descentralización afecta también a los recursos financieros”. (Lázaro, 1999: 19).

Javier Delgadillo y Felipe Torres (2002), sostienen que el desarrollo regional es un concepto inherente a la transformación de las regiones. Un proceso y un fin en las tareas de administración y promoción del crecimiento y el bienestar del país.

En donde este desarrollo regional se asocia a cuestiones tales como “el incremento de la producción y el progreso técnico, las tareas de gobernabilidad y la disputa por el poder político en las entidades territoriales, la distribución del ingreso, la preservación de los recursos y del medio ambiente en general y la organización territorial de la sociedad que habita en las mismas”. (Delgadillo et. al. 2001)

Así tenemos que México en el devenir de su historia económica ha atravesado por varias étapas de la planeación para lograr un desarrollo. De los años 40’s hasta los años 80’s, se vivió un modelo de desarrollo conocido como sustitución de importaciones, el cual se basaba en un crecimiento económico hacia adentro, es decir, en su economía doméstica. Para lograr ese desarrollo buscado por el gobierno, se le dió mucho auge entre otras áreas, a la construcción de presas hidroeléctricas en algunos estados de la República, que incrementarían la producción principalmente del sector agrícola y la generación de energía eléctrica.

Tal y como lo afirma Pablo Wong González (1997), en términos generales para el caso de México, es posible argumentar que la dirección y la velocidad de los impactos territoriales que se tuvieron durante la década de los ochentas, estuvieron relacionados a la especialización sectorial de la base productiva de las regiones y su capacidad de respuesta ante el proceso de integración internacional y de apertura al libre mercado en América Latina y parte del mundo.

Este modelo se vió agotado a principios de los años 80’s, principalmente por la apertura comercial de la que habla Wong, que estaban teniendo algunos países especialmente EUA. Provocando con ello la reestructuración de las políticas públicas internas. Insertándose el país al nuevo modelo económico naciente.

Modelo económico por igual, cuestionado por unos y avalados por otros economistas y teóricos del desarrollo. Como lo establece Bert Helmsing (2003) quien acepta los cambios en las políticas públicas fundamentadas en el nuevo modelo aduciendo, que en los últimos treinta años en México, las perspectivas sobre políticas del desarrollo han cambiado considerablemente. Y que los países sobre todo de América Latina deberían acogerse a ese cambio en su planeación económica.

Otros debatiendo las políticas de desarrollo regional, argumentan que ya no puede ser concebida como un factor aislado, ni se puede estar a expensas sólo a decisiones arbitrarias o impositivas del gobierno llámese este federal, estatal o municipal. Como lo sustenta Delgadillo et. Atl., (2001) el desarrollo regional reclama una nueva función planificada del territorio, incluyente de los actores regionales sin excepción, moderna en cuanto a formas de gobierno y de administración pública, promotora del desarrollo tecnológico, participativa de las inversiones local y externa, además de competitiva en los escenarios de la globalización.

Afirmaciones que son coincidentes con lo que sostienen Sergio Boisier (1992) y Laureano Lázaro (1999), es decir, una planificación de las políticas públicas descentralizadas en donde los actores sociales, sean tomados en cuenta en éstas y así conjuntando los esfuerzos se logre un desarrollo local y regional.

De ahí que, a partir de los años 90’s y principios del siglo XXI, se hayan instrumentado las llamadas políticas sectoriales y de desarrollo regional, cuyo objetivo consiste en promover y lograr un desarrollo interno de las regiones con un sentido de igualdad económica y social entre los pobladores que la habitan.

Estas políticas públicas están basadas en la descentralización de la actividad económica y la llegada de nuevos procesos de desarrollo locales, como punto fundamental de la nueva dinámica de crecimiento, vista esta política pública como una política económica regional “que incida tanto en al ámbito económico, como en el social y en el político de una parte del territorio nacional, con una definición de objetivos, el establecimiento de metas y la selección de instrumentos para alcanzar determinados propósitos económicos, políticos y sociales en determinadas partes -regiones- del territorio nacional”. (Ornelas, 1993: 13).

Una vez revisada esta parte teórica sobre las propuestas y definiciones de un desarrollo regional, se encuentra que, todos los análisis del desarrollo construidos por los diferentes autores en sus respectivas épocas. Están sustentados o tienen su origen en los principios económicos de alguna o algunas teoría (s) económica (s) de forma o de carácter particular o general sean ésta de una u otra orientación. Es decir, bajo los principios micro o macroeconómico y de acuerdo a una corriente ideológica con la que se identifica el autor.

Existiendo discrepancias y coincidencias en algunas sobre las políticas o instrumentos económicos que habrán de utilizar para lograr los objetivos del desarrollo planteado. Pero que todas manera apuntan hacia mejorar las condiciones sociales y económicas de todos los actores sociales. (Estado, empresarios y sociedad en general). Algunos sostienen y defienden la importancia que debe tener la participación del Estado para lograr este desarrollo (principio Keynesiano), a través de sus políticas públicas. Otros, defendiendo la libertad de actuación de las fuerzas del mercado que deben de conducirse por la mano invisible de Adam Smith (la no intervención del Estado en la economía), es decir, dejar que la oferta y demanda realicen su trabajo para una mejoría de las fuerzas productivas que generan el desarrollo.

Reflexionando las teorías antes descritas para el estado de Guerrero y en las zonas de estudio de la presente tesis, podemos concluir, con la aceptación de parte de los responsables para implementar los instrumentos que generen el desarrollo social y económico en el país y en las regiones dentro del mismo, que el estado de Guerrero, de acuerdo al Programa de Desarrollo Económico (2005-2011) se ubica en el tercer lugar dentro de la región sur-sureste de la República Mexicana, con “el Índice más bajo de Desarrollo Humano (IDH), apenas por encima de Oaxaca y Chiapas, debido a que su población sigue viviendo en condiciones de pobreza extrema, marginación y exclusión”.

Con esta aceptación y el reconocimiento del atraso que sufre el estado de Guerrero, existe una necesidad de aprovechar las ventajas potenciales con que cuentan las regiones, pero los planes o programas para lograr el desarrollo como los aseveran Javier Delgadillo “se guían no por el imperativo económico, sino por el de la reinvidicación político-social de grupos y áreas geográficas del país, sobre todo las que destacan por su condición de pobreza extrema”. (Delgadillo et. al. 2001).

De acuerdo a los teóricos del desarrollo, las orientaciones hacia el desarrollo que estén plasmadas en un programa, deben de ser estructurales insertadas dentro de una política económica con un solo fin: mejorar las condiciones de vida de carácter social, cultural, medioambientales y políticas de los habitantes de ésta región geográfica.


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