Tesis doctorales de Economía


EL RIESGO DE DESASTRES: UNA REFLEXIÓN FILOSÓFICA

Carmen Delia Almaguer Riverón



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3.2.2 La comunicación del riesgo y la cultura de prevención como herramientas en la gestión para la reducción del riesgo desastres.

Desde diversos enfoques y perspectivas en las últimas décadas el tema de la comunicación del riesgo, suscita la atención de un número creciente de especialistas de las ciencias sociales quienes reconocen las posibilidades teóricas y metodológicas que la comunicación encierra para el cambio y la transformación social, cuestión a la cual prestan atención filósofos marxistas y no marxistas.

Desde las ciencias sociales, el problema de la comunicación y su determinación concreta no resulta fácil, su complejidad viene dada en tanto constituye una forma concreta de expresión de la actividad humana, que requiere en los marcos del desarrollo social ser abordada desde la síntesis de planos diversos que incluyen lo político, lo jurídico, lo ético, lo artístico, lo psicológico, lo sociológico y lo filosófico.

En su connotación filosófica, la comunicación expresa “… la relación objetiva-subjetiva entre sujetos, es decir, como intercambio de actividad intersujetos que sobre la base de la práctica social encarna la síntesis de lo objetivo-subjetivo en un proceso recíproco de producción, distribución y consumo engendrado en la actividad…”. (Pupo 1990:119)

Para Pupo (1990:120-121), “… la comunicación es social, por su contenido y esencia e individual por la forma en que se despliega la sustancia social por sujetos individuales…” afirmando además que “... en este devenir interactivo las relaciones sociales se realizan en un contexto concreto – individual, matizado además por la psicología peculiar de los sujetos…”. Esta idea resulta valiosa para comprender la importancia de modelos de comunicación del riesgo que partan de las peculiaridades y escenarios locales concretos, así como de la psicología de sus habitantes.

A tono con lo anterior, es importante subrayar en tal sentido lo planteado por L. P. Bueva citado por Pupo (1990:122) cuando afirma que “…del mismo modo que la sociedad no existe al margen de los individuos que la integran, las relaciones no existen al margen de la actividad vital real y la comunicación de las personas.”, revelando de esta forma la dialéctica de lo general, lo particular y lo singular como principio metodológico de la dialéctica materialista.

La actividad en tanto que modo de existencia y desarrollo de la realidad social, expresa lo universal, mientras que sus manifestaciones o modos de organización representan lo particular y la comunicación como modo de intercambio de actividad y expresión concreta de las relaciones sociales, emerge como el momento singular de dicho proceso histórico social.

La dialéctica de interacción: actividad - relaciones sociales – comunicación deviene en un proceso de conversión reciproca de lo material y lo ideal, que expresa a su vez, de manera histórica concreta la dinámica misma de la relación naturaleza - cultura – desarrollo, si se asume desde posiciones marxistas el papel del trabajo en la transformación de la naturaleza y del propio hombre, y el lugar que en este proceso junto al trabajo corresponde al lenguaje como sistema de signos y símbolos, como envoltura material del pensamiento y posibilidad real para desarrollar el pensamiento lógico abstracto, expresión de la experiencia histórico social, de la cultura y el desarrollo mismo de la sociedad hasta hoy.

Una comprensión sistémica de la comunicación presupone una concepción sistémica del hombre y la actividad y representa una premisa para la planificación del trabajo con el hombre. A tono con lo anterior Pupo (1990:132) resalta la importancia de la planificación consciente y planificada de la comunicación sobre la base de considerar que “… la intelección de la comunicación en su naturaleza sistémica, permite revelar su estructura y funciones, tanto en el nivel científico teórico, como en sus propias derivaciones socioprácticas. Al mismo tiempo, sobre la base del conocimiento de causa se desecha la espontaneidad y se planifica consciente y científicamente a tenor con los fines que se persiguen…”

La idea anterior resulta valiosa para la investigación que se presenta en tanto partiendo del valor heurístico, metodológico y axiológico de la comunicación, hace posible proyectar la comunicación social del riesgo como actividad cotidiana, sistemática y en general como herramienta de gestión que modifique los conceptos sobre el riesgo y el desastre, ampliando las bases para una cultura de prevención a nivel local, contribuyendo en los marcos del desarrollo local sostenible al replantear en términos de sostenibilidad la relación naturaleza – cultura - desarrollo.

La comunicación del riesgo es definida por la National Academy of Sciences como “…un proceso interactivo de intercambio de información y opinión entre individuos, grupos, e instituciones. Involucra múltiples mensajes sobre la naturaleza del riesgo y otros mensajes no estrictamente sobre el riesgo, que expresan preocupaciones, opiniones, o reacciones a los mensajes de riesgo o al orden legal e institucional establecido para la gestión de riesgo” (Covello et al., 2001:383)

En el análisis de riesgos, existen diferentes tipos de comunicación. Los aspectos técnicos se debaten entre gestores, evaluadores, Defensa Civil, el sector productivo y la población. A la hora de decidir cuál es la mejor manera de controlar un riesgo y de ejecutar las decisiones, la comunicación entre los gestores de riesgos y los diferentes actores sociales resulta esencial, constituye un debate en el que no sólo están presentes criterios técnicos sino además puntos de vista éticos, sociales y económicos a fin de tomar una decisión que se adecue al objetivo y sea aceptable para todas las partes la gestión de riesgos debe asegurar una comunicación adecuada.

La comunicación de riesgos evoluciona sobre todo gracias a los estudios de la percepción de riesgos. La comunicación social del riesgo requiere hoy de cambios sustanciales si se desea configurar como parte de la educación para la gestión participativa del riesgo, la cultura de prevención y, en términos generales, de la gestión del riesgo como componente de la gestión ambiental a nivel local, lo que significa, en buena medida, conocer las percepciones sociales del riesgo y modificar los conceptos profundamente arraigados sobre el desastre como evento o fenómeno de carácter “natural” y no como una ruptura en el desarrollo que involucra la variable vulnerabilidad.

La comunicación no puede estar exclusivamente orientada al ámbito de la información, por tal motivo, es preciso entender que la universalidad de los fenómenos comunicativos albergan también comprensiones y representaciones colectivas, expresiones sociales, sentidos compartidos y contextos tan disímiles que, sin lugar a dudas, modelan y decantan la naturaleza misma de la información, contribuyendo a caracterizar al individuo mismo en sus múltiples interacciones.

El diseño de la comunicación de riesgos integra los resultados del estudio de percepción, preocupaciones de la población, su nivel de información, lo que quieren y necesitan saber sobre el riesgo y las medidas de protección que deben adoptar. Una campaña de comunicación de riesgos busca sensibilizar a la población y comunicar los riesgos y las medidas preventivas.

Los resultados de los estudios de percepción sirven también para definir los “conceptos rectores” en la comunicación de riesgos, los "medios” que se utilizarán y cuáles serán los “mensajes”, es por ello que si bien las estrategias iniciales de comunicación de riesgos funcionaban de “arriba abajo”, actualmente se prefiere una forma dialéctica en la comunicación de riesgos que anime a todos los actores sociales a participar activamente en el proceso comunicativo.

El estudio de percepción de riesgos ayuda a identificar con mayor precisión al público al cuál se dirigen los mensajes, es decir, al sector de la población al que se le dirige la comunicación de riesgos y también los conceptos rectores de las estrategias y mensajes específicos de acuerdo al tipo de riesgo al que están expuestos y al nivel de conocimiento que poseen sobre los mismos.

Luís Ramiro Beltrán (2005: XI) citado por Alfonzo, afirma que “…la comunicación es la herramienta crucial para hacer posible la materialización de la cultura de prevención, en virtud de su poderío pedagógico, de su capacidad para educar en el sentido de modelar multitudinariamente conductas propicias al bien social. Más allá de dar noticia de hechos y opiniones y de difundir conocimientos, la comunicación inspira actitudes y enseña prácticas”

La comunicación se entiende según Cardona (2001:4) como un proceso complejo, permanente, multilateral y recíproco de intercambio de información entre actores institucionales y actores sociales, que mediante la generación de confianzas mutuas, la identificación de intereses compartidos y la construcción de un lenguaje común, contribuye a sembrar y a consolidar la incorporación de la prevención en la cultura, lo que también se conoce como la Cultura de la Gestión del Riesgo.

La gestión de la comunicación le otorga “valor” a la gestión del riesgo, dinamiza, promueve, influye, persuade, facilita la comprensión, modifica conductas y actitudes.

Confundida muchas veces con información, la comunicación se eleva ya al rango de proceso imprescindible en toda acción preventiva o de respuesta, en toda planificación destinada a la reconstrucción o a la rehabilitación, en caso de desastre. Ella provee los aspectos básicos para que emisores y receptores se relacionen acertadamente, interactúen proactivamente y puedan establecer una óptima retroalimentación.

Las funciones que debe desempeñar la comunicación sobre desastres, según Beltrán (2005b), son la informativa y la formativa, la primera entendida como provisión de datos, hechos y la formativa consistente en la labor persuasiva, esta última, puede comprenderse a nuestro juicio como el proceso dirigido a modelar las percepciones del riesgo y la conducta generadora de vulnerabilidades y por consiguiente del desastre como aspecto crucial en materia de cultura de la prevención.

En materia de comunicación del riesgo, es posible identificar según Beltrán (2005b:38-39), dos áreas específicas, una denominada “comunicación educativa” consistente en un proceso de enseñanza aprendizaje de conocimientos, actitudes y prácticas apropiadas para alcanzar la reducción del riesgo de desastres, evitando los mismos, mitigando sus efectos y, lo que a nuestro juicio es mas importante, reduciendo la vulnerabilidad ante estos, y una segunda de “información pública” dirigida a la divulgación clara prudente y oportuna de datos correctos sobre la incidencia, el desarrollo y las consecuencias del desastre con la finalidad de procurar en la población el comportamiento adecuado así como a favorecer los nexos entre las autoridades políticas y técnicas en el territorio.

La elección de los medios a utilizar se relaciona con el nivel de información con que cuenta el público; el conocimiento que tienen acerca del riesgo, su forma de percibirlo, el interés por conocer sobre el riesgo y las formas de protegerse, su nivel de escolaridad, grado de participación y de los medios con los que normalmente obtiene mayor información

Un plan de comunicación de riesgos integra los objetivos y estrategias a través de los cuales se comunicarán los riesgos a una población que está siendo afectada o puede verse afectada por un riesgo. De esta forma los distintos medios y mensajes que se utilicen tendrán una mejor distribución y con ello un mayor impacto.

Actualmente, el universo de datos que puede manejar cualquier persona o institución es de tal volumen que es necesario calificar o jerarquizar la información para posteriormente ser transformada en comunicación eficaz.

En los contenidos de documentos de consenso global, como el Marco de Acción de Hyogo o los Objetivos del Milenio, se pone énfasis en la comunicación del riesgo, la difusión de todo lo que permita conocer, saber y comprender acerca de la reducción de la vulnerabilidad. De este modo, la comunicación del riesgo sería la confluencia o síntesis de la información del peligro o amenaza más la información de las características de las vulnerabilidades, por lo que es posible en opinión de Bratschi (s.f) inferir que la comunicación social del riesgo adquiere “dos momentos” en su implementación:

a) Sensibilizando a la sociedad para que autoperciba su debilidad ante determinada amenaza y descubra sus fortalezas para disminuir las consecuencias negativas de tales amenazas.

b) Promoviendo acciones que reduzcan su vulnerabilidad, de modo que se prepare adecuadamente para enfrentar cualquier evento que pueda convertirse en desastre.

La comunicación es un acto humano, y en gestión del riesgo es importante tener en cuenta, cuestiones como: claridad, oportunidad, adaptabilidad, eficiencia y precisión, por eso también se necesita una gestión de la comunicación.

Planificar la comunicación según Bratschi (s.f) trae beneficios como:

• Hacer de la comunicación una herramienta para la educación y multiplicación del trabajo en prevención.

• Identificar las necesidades de información existentes en las comunidades ubicadas en zonas de riesgo y orientar los mensajes hacia fines preventivos.

• Promover en las comunidades la apropiación de la información y generar un proceso mediante el cual sus miembros identifiquen su vulnerabilidad y las opciones para hacer gestión preventiva.

• Aprovechar los recursos existentes para distribuir mensajes preventivos.

El reto consiste en impulsar un proceso comunicativo que avance del conocimiento hacia la toma de decisiones y acciones por parte de la población. Se requiere por lo tanto planificar y evaluar permanentemente las acciones en comunicación. “La concienciación del riesgo y de otros desastres susceptibles de producirse (…), no sólo compromete a la educación formal y sistemática, a las instituciones relacionadas con el tema y a la educación asistemática e informal de los medios de comunicación. También se necesita una planificación que involucre las acciones de las tres áreas mencionadas en forma permanente y con una programación a corto, mediano y largo plazo”. (Brastchi, 1995: p117).

Es por ello que Villalobos (2001) considera que el concepto de comunicación para la reducción del riesgo de desastres deberá constituir un proceso planificado y articulado, que no desprecia ningún modelo ni recurso técnico disponible y su cometido esencial es facilitar el diálogo entre todos los actores locales con la intención de propiciar un cambio cultural. La autora, subraya la importancia del cambio cultural resaltando así, la idea de la necesidad de cerrar la brecha entre la generación del conocimiento científico – técnico, la gestión de normas políticas y técnicas y la apropiación social de la información, de manera que esta información se convierta en conocimiento y éste a su vez se traduzca en decisiones y acciones sociales concretas. De ahí la importancia de que las acciones de comunicación estén ligadas a las estrategias para prevenir los desastres.

Lo conveniente es insertar en el flujo cotidiano de información, los contenidos de prevención de desastres y así hacer de este tema, también un tema cotidiano en el desarrollo de la región, zona o área.

En la medida en que la prevención se inserte en los procesos de desarrollo, la población estará menos expuesta a amenazas de origen natural o tecnológico. Una comunidad vulnerable a los desastres, debidamente informada y educada, puede implementar medidas de desarrollo sostenible donde incluyan la reducción del riesgo, teniendo en cuenta el crecimiento económico y el desarrollo local. De manera tal que para Villalobos (2001) aplicar sistemáticamente la comunicación a la gestión integral del riesgo, supone adscribirla metodológicamente al ciclo para el manejo del riesgo en todas sus fases y por otra parte tener en cuenta que la comunicación no es solo una cuestión de qué decir, sino de cómo y a quién decirlo. Solo así se alcanzará un cambio duradero en los comportamientos y las actitudes y una cultura para la prevención.

En realidad, como plantea Cardona (2003a), en el caso del riesgo y los desastres lo más adecuado es la incorporación de la prevención en la cultura, dado que lo que se intenta no es cambiar la cultura sino que la actitud preventiva sea parte, desde todo punto de vista, de las costumbres y hábitos de la sociedad.

Para desarrollar una cultura de prevención, la comunicación en opinión de Beltrán (2005b:54) “…debe ostentar tres características principales: universalidad, profundidad y perdurabilidad.”

En opinión de este autor, la universalidad viene dada por la necesidad de alcanzar con ella a todos los ciudadanos teniendo en cuenta las diferencias de edad, sexo, ocupación, nivel educacional y lugar de residencia así como las diferencias entre las propias comunidades

La profundidad en opinión de Beltrán (2005b:55) se entiende como la modificación a partir de la comunicación misma de aptitudes que procuren la disminución de las condiciones de vulnerabilidad y la voluntad de “hacer” antes de que el desastre ocurra todo lo necesario para minimizar su impacto, por perdurabilidad de la comunicación continúa Beltrán (2005b:56) “… se entiende el logro de la estabilidad por un largo plazo de un comportamiento generado por la persuasión…”

Para Beltrán (2005b:56) “…la sumatoria sinérgica de la universalidad, la profundidad y la perdurabilidad confiere a la comunicación el poderío requerido para forjar la cultura de prevención…” aunque reconoce que “…esta construcción sociocultural tomará necesariamente un largo plazo porque es imposible generar semejante cambio radical de conducta multitudinaria en breve lapso…”

Con los medios de comunicación disponibles se puede estar relativamente informado sobre los diferentes desastres que hoy acontecen, y sin embargo, saber muy poco en materia de prevención de riesgos, razón por lo cual la comunicación sobre el riesgo de desastres debería ser planificada y estar incorporada a la gestión para la reducción del riesgo de desastres de forma tal que contribuya al desarrollo de una cultura de la prevención y al desarrollo local sostenible.

CONCLUSIONES DEL CAPITULO I1I

• La reducción del riesgo de desastres como esencia de la gestión requiere de un modelo conceptual que incorpore la percepción social del riesgo, la gestión del conocimiento, la comunicación y la educación ambiental para el desarrollo de una cultura de prevención en función del desarrollo local sostenible.

• La Gestión del Conocimiento en el desempeño del Centro de Gestión para la Reducción del Riesgo constituye un elemento esencial para la prevención del riesgo de desastres en función del desarrollo local sostenible.

• Nuevos enfoques incorporados a la cultura de prevención del desastre se hacen necesarios para que los ciudadanos identifiquen la vulnerabilidad como elemento clave en la construcción del riesgo y del desastre, ello requiere del desarrollo de la educación formal y no formal, así como de la comunicación sistemática del riesgo de desastres.


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