Tesis doctorales de Economía


ESTRUCTURA ECONOMICA Y MIGRACION INTERNA EN AYARIT. UN ANALISIS MICROECONOMÉTRICO

Eduardo Meza Ramos
 


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3.2. Movilidad de la fuerza de trabajo y determinantes de la migración

La movilidad laboral que ocurre cuando los trabajadores se cambian de una a otra empresa (McConnell y Stanley, 1997), es explicada como una característica sobresaliente de los mercados de trabajo, originada de diversas formas, de las cuales destacan las que ocurren a partir de que los individuos realizan acciones como: a) un cambio de empleo, sin que varíe la ocupación o la residencia; b) un cambio de ocupación, sin cambio en la residencia, la cual es conocida como movilidad ocupacional; c) un cambio geográfico a un puesto de trabajo de la misma ocupación, o; d) la migración geográfica acompañada de un cambio de ocupación. La migración involucra el desplazamiento de personas de un país o de una región delimitada administrativamente. Propiamente se entiende como migración cuando el movimiento geográfico de personas se da a través de una frontera específica, en un tiempo determinado (Aaupt y Kane 2001).

Si bien la migración es una acción colectiva que se origina en el cambio social y que afecta a toda la sociedad, tanto en las áreas de salida como en las de llegada, tiene diversas explicaciones. Algunas teorías la explican desde la visión macroeconómica, centrando la atención en las condiciones que atraen la migración, factores de atracción desde el punto de vista de los países de destino, y los que empujan a emigrar, factores de expulsión desde los países de origen. Estos factores se conocen con el nombre de teorías de ‘‘rechazo y atracción’’ (push and pull) que se fundamentan en las aportaciones de Ravenstein (1885, 1889), basadas en el análisis del censo de 1881 de Inglaterra y Gales; las acuciosas observaciones que expuso se constituyeron en el fundamento de las teorías económicas de la migración. Algunas de las variables utilizadas por Ravenstein han sido expresadas por otros autores mediante formulas matemáticas. Particularmente Zipf (1946) busca establecer una relación matemática que determine el volumen de intercambios, mediante la ley del inverso de la distancia.

Por su parte, Castles y Millar (2004) señalan el crecimiento demográfico, los bajos niveles de vida, la falta de oportunidades económicas y la represión política entre los “factores de rechazo”; mientras que como “factores de atracción” identifican la demanda de mano de obra, la disponibilidad de tierras, las oportunidades económicas y las libertades políticas. En particular, desde un enfoque económico se consideran como causas de las migraciones a las decisiones individuales sobre la base de la conquista de mayor bienestar en otro lugar, pues se perciben las expectativas futuras con base en la información sobre diferencias de ingresos, niveles de desempleo, puestos de trabajo, diferencias de precios y tasas relativas de crecimiento económico.

Las teorías del desarrollo económico explican las migraciones internacionales o internas desde dos enfoques: a) los modelos neoclásicos de cambio estructural y; b) los modelos de dependencia internacional. El primero de ellos se centra en el análisis del mecanismo por el cual un país en vías de desarrollo con economía agrícola tradicional de subsistencia, se transforma en un país con una estructura económica moderna; el exponente más representativo de este enfoque es Lewis (1954), quien maneja un modelo de dos sectores, con mano de obra excedente, mediante el cual investiga la expansión del sector industrial que se sustenta en una oferta de trabajo barata procedente del sector tradicional, el agrícola de subsistencia. Este modelo constituyó una de las primeras explicaciones económicas del movimiento migratorio del campo a la ciudad.

Desde la perspectiva microeconómica, el objetivo del individuo que emigra es maximizar su bienestar. Por lo tanto, el migrante potencial comparará su situación presente con la de destino y, dependiendo del balance entre los beneficios y los costos orientará su decisión. El modelo clásico de migración centra la decisión en el diferencial de ingresos entre el lugar de origen y el de destino, sin olvidar que se genera un costo por el hecho de producirse la migración (Hicks, 1932). Este modelo fue ampliado por Todaro (1969).

Los desarrollos teóricos recientes se centran en el estudio de los flujos de migración. En este sentido, Borjas (1987) parte de suponer la existencia de un “mercado de inmigración”, que selecciona inmigrantes entre países anfitriones potenciales; a su vez, los individuos que residen en cualquier país fuente consideran la posibilidad de permanecer ahí o de migrar a un número de países anfitriones potenciales. Los individuos toman la decisión de migrar teniendo en cuenta los valores de las varias alternativas existentes, y escogen la opción que mejor encaja dadas las limitaciones financieras y legales que regulan el proceso de migración internacional.

Dado que la teoría económica neoclásica asume que los individuos actúan bajo el principio de maximizar la utilidad, los emigrantes buscarían el país de residencia que maximice su bienestar; búsqueda limitada por los recursos financieros de los individuos, por las regulaciones de inmigración impuestas por los países anfitriones competitivos y por regulaciones de la emigración del país fuente. Borjas (1989) hace notar que aunque la idea de un mercado de inmigración es relativamente nueva en la literatura sobre inmigración, no lo es la noción de que diferentes agentes están considerando la ubicación de recursos entre usos alternativos, y que esta ubicación estaría guiada por una economía de mercado definida básicamente.

En un mercado de trabajo perfectamente competitivo, los resultados que cabe esperar cuando se produce un desplazamiento de trabajadores de un mercado de trabajo a otro son, por un lado, un aumento de la oferta laboral (mayor número de personas dispuestas a trabajar) en el país de destino, lo cual trae como consecuencia un descenso de los salarios medios y, por otro, al descender los salarios se produce un aumento del empleo. En cambio, en el país emisor se producirá un aumento de los salarios medios y un descenso del empleo. Desde este punto de vista el efecto global es un aumento de la eficiencia en la asignación de los recursos, resultados que se ilustran en la gráfica 3.1.

Gráfica 3. 1. Aumento de la eficiencia por migración.

En esta figura se muestra tanto la reducción de las diferencias salariales como el aumento de la eficiencia generado por la migración, en A (país o región de salarios elevados) la demanda de trabajo, y en B (país o región de salarios bajos) la curva de demanda de trabajo. Supongamos que los niveles de empleo y de salarios del país receptor son Oe, Wa y en el país emisor son Ol, Wt, (país de salarios bajos) respectivamente. Como suponemos que la información es perfecta y que la migración no tiene costos, se movilizará trabajo de B a A hasta que se alcance el salario de equilibrio, We, en ambos países o regiones. El país receptor gana un volumen de producto interno igual al área ebcf y el país emisor pierde un volumen de producto interno igual al área kijl, siendo las ganancias del país receptor mayores que las pérdidas del emisor (la suma de las áreas Oacf y Ohik es superior a las áreas anteriores a la migración, Oabe más Ohjl). Adicionalmente la inmigración eleva la renta nacional no inmigrante en el país receptor de trabajo en el triángulo gbc del gráfico (del aumento total ebcf los inmigrantes reciben egcf, por lo que el aumento de la renta no inmigrante total es el triángulo gbc). El beneficio que pierden los trabajadores nativos lo obtienen las empresas del país receptor (obtienen el área We, Wa, bg a costa de los trabajadores nativos, así como el producto adicional representado por el triángulo gbc).

Fuente: Elaboración propia con base en McConnell (1997).

Desde el punto de vista de la teoría que postula la libertad de movimientos de los factores productivos, del capital y de la mano de obra, las disparidades regionales, nacionales e internacionales del mercado se verán suavizadas debido al aumento de la eficiencia en la asignación de los recursos. La cuestión radica en si los procesos de ajuste del mercado de mano de obra funciona con la suficiente rapidez en cuestiones como las diferencias en el perfil de las profesiones, las exigencias de los puestos de trabajo, el idioma y la legislación vigente. Las externalidades y entre ellas las relacionadas con la redistribución de la renta, pueden matizar los resultados anteriores (Santacoloma, 1997). Así ocurre cuando se introducen los conceptos de complementariedad y sustitución; si las personas que emigran son sustitutos brutos de algunos grupos del mercado de trabajo, el efecto de su entrada puede ser reducir la demanda de trabajo y los salarios de esos grupos y si los salarios son rígidos a la baja, aumentará el desempleo; en cambio, si son complementarios, en términos brutos, de algún grupo de trabajadores nativos, se elevará la demanda de trabajo y los salarios de este grupo.

A pesar de la rigidez de los postulados neoclásicos, parece existir consenso en el análisis teórico y empírico sobre los resultados de la tasa de paro de la población autóctona, en el sentido de que la afluencia de mano de obra extranjera no aumenta la tasa de paro nacional, y eleva la renta nacional del país de destino. Algo más ambiguo es el resultado en relación a los salarios, aunque hay una tendencia a considerar que los inmigrantes y los autóctonos son poco sustitutivos en la producción (Carrasco, 1999), en tanto que el efecto de las migraciones en el mercado laboral se manifiesta a través de cambios en la oferta y productividad del trabajo, en los niveles de salarios y en las diferencias de calificación (Fischer y Straubhaar, 1996).

En este mismo tenor, si se toma como base que la microeconomía supone que el fenómeno de la migración es un mecanismo de mercado para reasignar el recurso laboral ínter regionalmente, Aroca y Lufin (2000) elaboran su teoría a partir de suponer que la migración sería una decisión que procura maximizar una función de utilidad, dependiendo esta última positivamente de las posibilidades de consumir bienes. Este proceso de maximización, que supone racionalidad en la toma de decisiones, es el que definirá el resultado individual de migrar o no (Rodríguez, 2004). La migración es una forma de movilidad geográfica o espacial de individuos entre una unidad geográfica y otra en búsqueda de trabajo, o de otros satisfactores, la cual en esencia implica un cambio de la residencia habitual de la persona desde el lugar de origen o de partida, al lugar de destino o de llegada. La migración se tipifica como un fenómeno único, con destinos finales diversos, que si bien le dan variación, de ninguna manera lo diferencian en dos o más fenómenos distintos. Por ello Nolasco (1979) sugiere que se puede analizar la migración rural-urbana que se daría al interior de un país o regiones, como migración hacia otros países, que constituiría la migración internacional. Así el fenómeno de la migración regional o nacional adquiere la ventaja de participar del análisis y de la explicación del fenómeno global.

Al respecto existen trabajos teóricos que vinculan la migración internacional y la migración interna (Lewis, 1954) y sostienen que ésta se produce por las diferencias geográficas en la oferta y la demanda de trabajo. De acuerdo a la teoría neoclásica, las causas de la migración internacional se deben a las diferencias salariales y de empleo entre los países y los costos de la migración. Por su parte, Massey (2000) concibe la migración como una decisión personal para maximizar el ingreso.

En lo que se refiere al trabajo pionero de Becker (1964), los economistas perciben frecuentemente las decisiones migratorias como una forma de inversión en capital humano, a manera de maximizar las ganancias del trabajo sobre el ciclo de vida (Gabriel y Schmitz, 1993). Cuanto más tiempo tarde el individuo o la familia en percibir la mejora de vida causada por la migración, más importancia tendrá el costo presente ocasionado por el hecho de emigrar. La aproximación teórica a este hecho tiene su fundamento en el modelo del capital humano, donde se aprecia la migración como una decisión de inversión (Sjaastad 1962), (Greenwood, 1985) y (Oded, 1991). Es decir, un individuo emigra si la diferencia esperada en la corriente de ingreso entre la nueva y la vieja locación excede los costos de la mudanza. Una vez que la decisión de migración es tomada, el individuo se mueve con certeza (Hanson y Spilbergo, 1999). En una economía de mercado, las señales que los precios de los bienes y servicios envían a los agentes económicos, las cuales se materializan en inversiones, necesariamente requieren de la concurrencia de servicios laborales que, si son atractivos, generan empleos más o menos permanentes (Wicab, Sifuentes y Luna, 1998).

La gente opta por ir hacia donde puede ser mas productiva, dada sus calificaciones; aunque antes de que se puedan captar los altos salarios asociados con una actividad con mayor productividad, debe emprender ciertas inversiones que incluyen el costo material del viaje, el costo que representa el movimiento en busca de trabajo, el esfuerzo que significa aprender otras lenguas y culturas, la dificultad experimentada durante la adaptación a un nuevo mercado de trabajo y el costo psicológico de cortar los viejos lazos y forjar los nuevos.

Desde este enfoque, todos los factores que atañen al ciclo de vida de los individuos tales como la edad, el estado civil, el número y la edad de los dependientes, la educación y las calificaciones laborales, afectarán las evaluaciones de los individuos respecto de las diferencias entre las localidades de destino y de origen, para determinar de esta forma las decisiones migratorias. Derivado de estos modelos teóricos, los modelos econométricos por lo general prestan atención explícita a las diferencias de ingresos “esperados”, los niveles de educación y la edad, entre otros. La edad de los migrantes sería un factor clave en la decisión migratoria, entendiendo que a menor edad relativa, mayor sería el horizonte para obtener futuros ingresos que confrontaría el migrante potencial.

En general, los individuos con mayor nivel educativo se encontrarían en mejor situación para acceder a información sobre las condiciones del mercado laboral y para tomar decisiones racionales al respecto (Oberai, 1989). Igualmente, a mayor educación mayor sería la probabilidad de encontrar empleo en las áreas de destino (Fields, 1975). Por todas estas razones, se espera comúnmente una relación positiva entre el nivel educativo de los individuos y la probabilidad de migrar.

Recientemente ha surgido la nueva economía de la migración o “teoría de la sobre-vivencia del hogar”. La teoría adopta el hecho de que en las familias de países en desarrollo, existe más contacto o mayor integración entre sus miembros que en los países desarrollados. Los estudios empíricos, con fundamento en la denominada nueva economía de la migración, consideran como unidad de análisis a la familia en lugar del individuo y expanden el marco de ingresos esperados al incluir la contribución de los ingresos esperados por todos los miembros del hogar, o al estudiar cómo las familias utilizan la emigración para resolver algunas fallas en países o regiones con claras imperfecciones en los mercados locales (fallas en el mercado de capital y riesgos que se traducen en falta de crédito al alcance de las familias de bajos ingresos, de modo que las remesas reducen las restricciones de liquidez en los mercados de crédito locales). Al evaluar las razones económicas de por qué un individuo emigra, se observa que las diferencias en los flujos esperados de ingresos aportan entre el 80 o 90% de la explicación (Urciaga, 2003).


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