Tesis doctorales de Economía

UN MODELO NACIONAL DE ORGANIZACIÓN TERRITORIAL

José María Franquet Bernis

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3. LA NATURALEZA DINÁMICA DE LA GEOGRAFÍA ECONÓMICA

La geografía moderna se ha venido alejando considerablemente de aquella de la antigüedad que se definía como mera descripción de la Tierra. En la actualidad, la nueva geografía es, realmente, la ciencia de la Tierra que estudia las diversas fuerzas que obran en nuestros días sobre ella, en sus manifestaciones y en sus consecuencias, estudiando, además, esas fuerzas en sus relaciones recíprocas y en las consecuencias de esas relaciones. Por lo tanto, la moderna geografía científica se halla dominada hoy por sendas ideas fundamentales: la idea de la actividad y la idea de la conexión, dejando de ser un inventario y una simple enumeración para trasformarse en un sistema que observa, clasifica y explica los efectos directos de las fuerzas activas y los complejos de esas fuerzas asociadas.

La geografía económica no puede ser separada de la geografía física, ya que la Naturaleza, que es su objeto, suministra al hombre los elementos de la producción, ni tampoco de la geografía humana, porque las sociedades, que son su objetivo, organizan esta producción, la utilizan por medio del consumo y establecen los intercambios según las predisposiciones naturales.

La geografía económica abarca desde el estudio de la caza y de la pesca al de la industria y de los transportes, pasando por el de toda clase de cultivos, la ganadería, la pesca, la minería, etc. La geografía económica trata, así pues, de las ocupaciones productivas e intenta explicar porqué ciertas regiones destacan en la producción y exportación de determinados bienes y servicios y porqué otras sobresalen en su utilización o consumo. Es evidente que las ocupaciones del hombre para procurarse los más importantes productos que necesita, y no sólo para asegurarse el mantenimiento de sus energías vitales (alimentación, vivienda y vestido), sino también otros, como combustibles, bienes de equipo y materias primas para la industria, e incluso los artículos de lujo, tienen bases físicas a las que se da el nombre de factores del medio natural. Por lo tanto, podemos afirmar con el Profesor A. Palomeque Torres (ver Geografía Económica. La Economía y su desarrollo, obra citada en la bibliografía) que la geografía económica es "el estudio de la relación de los factores físicos del medio con las condiciones económicas de la producción y de la distribución de las mercancías, encuadrando todo ello dentro del marco geográfico donde tiene lugar".

La finalidad de la geografía económica es el estudio geográfico, conforme a sus causas y efectos, del proceso activo que tiene por objeto los elementos naturales en la superficie de nuestro planeta. Su primer objeto consistirá en determinar la localización topográfica de los factores económicos sobre dicha superficie; el segundo estudiará el desarrollo de las relaciones causales entre los factores geográficos más importantes y las influencias recíprocas de las zonas mercantiles, censos agrarios, industriales y de servicios, etc., sobre los bienes económicamente valiosos y su proceso económico. Y el tercero se propondrá delimitar geofísicamente ciertas zonas (comarcas y regiones) con caracteres típicos en orden a la economía; precisamente, el modelo de comarcalización y regionalización objetivas que aquí se propugna, con su aplicación a Cataluña, abunda en este sentido.

Por lo tanto, la finalidad de esta disciplina será el estudio de las formas de producción y de la localización del consumo de los diferentes artículos en un conjunto espacial. La geografía económica es una ciencia fundamentalmente humana, en el sentido de que los procesos de producción, transporte, comercio y consumo de los diferentes bienes y servicios, proceden de iniciativas humanas, y deben sus caracteres, eficacia y formas de organización al pasado antropológico de cada grupo social (PALOMEQUE, 1964).

Desde luego, uno de los muchos puntos de vista desde los que puede estudiarse el fenómeno económico es el geográfico. De aquí la existencia de esta disciplina que, como hemos visto, estudia la distribución de las actividades económicas del hombre y sus relaciones con el medio ambiente físico que le rodea. El medio natural influye más en la producción y en el transporte de los bienes que se hallan más al margen de las condiciones geográficas. Por este motivo, el estudio de la localización geográfica de la producción constituye el núcleo central de esta materia.

Indudablemente, los cambios del medio exigen reajustes. Cuando el hombre agota un yacimiento petrolífero o minero o destruye un bosque, los puertos de apoyo, poblados mineros y aldeas madereras comienzan a ir menos hasta desaparecer incluso, si no han sabido explotar paralelamente una nueva fuente de riqueza. Pero pueden permanecer los factores físicos sensiblemente iguales en una comarca a lo largo del tiempo y, sin embargo, cambiar radicalmente su geografía económica por la introducción de nuevas especies animales y vegetales por medio de la aclimatación, selección, cruzamiento, mejora y bio-tecnología molecular, que han hecho variar el carácter y los límites de las especies originales. La actividad humana es responsable del grado de intensidad y de la naturaleza de la utilización de los recursos naturales de una región, dependiendo ello, principalmente, del tipo de civilización del grupo social que los explota.

Pero también la habilidad humana para aprovechar eficazmente los múltiples recursos terrestres ha variado con el tiempo. En sus primeras etapas, las aguas corrientes suministraron al hombre bebida y pesca siendo, no obstante, obstáculos insuperables para su nomadismo; pero cuando conocieron y perfeccionaron las embarcaciones, se convirtieron esos cursos de agua en importantes vías de comunicación y, al continuar el progreso humano, se utilizaron, más tarde, para regar los cultivos, producir energía, refrigerar las centrales nucleares y para otros importantes usos industriales y comerciales.

Siguiendo a Palomeque (1964), veamos que tradicionalmente se han observado tres criterios para el estudio de la distribución geográfica de la producción. El primero sólo tenía en cuenta el tipo de actividad u ocupación del hombre, destacando el hecho de que la actividad económica se realiza dentro de un grupo social, y que las ocupaciones no se hallan inexorablemente determinadas por las condiciones climáticas, fisiográficas y biológicas. Son los mismos grupos humanos los que, en virtud de un conjunto de factores, casi siempre dependientes del tipo y grado de su civilización, orientan su esfuerzo hacia unas ocupaciones concretas.

El segundo punto de vista se basa en las condiciones estrictamente naturales. Cada una de las zonas terrestres ofrece una serie de posibilidades y encierra, otrosí, una serie de limitaciones, pero nunca un determinismo absoluto. Para el hombre primitivo, así como para el actual, la tundra ártica o los trópicos restringen el campo de las actividades extractivas. Sin embargo, aunque sea prolijo o imposible producir café en la tundra o criar renos en los trópicos, el hombre, adaptando las características naturales de los seres vivos a climas y suelos distintos de los que eran originarios, ha extendido el campo de sus actividades a regiones espontáneamente poco propicias a esas producciones.

Finalmente, la tercera concepción clasifica las actividades según las mercancías producidas, distinguiendo la producción de primeras materias, la de productos semiterminados y la de artículos finales. Estos productos pueden ser naturales, como todos los minerales y parte de los agrícolas y forestales; seminaturales, proporcionados por la Naturaleza, pero mediando intervención humana, como la mayoría de los agrícolas, y fabricados, en los que la Naturaleza proporciona la materia prima que después el hombre transforma.

Debe tenerse en cuenta, por otra parte, el estudio del transporte que, como instrumento auxiliar del intercambio, se erige en factor fundamental en la producción, al nivelar el desequilibrio existente entre ésta y el consumo. En la producción, el transporte colabora de dos formas principales: en la de materias primas, porque permite explotar recursos existentes en lugares alejados del que vayan a consumirse, transportándolos hacia zonas en que serán objeto de una transformación industrial, llevando a aquellas regiones otros elementos necesarios para su producción como máquinas, herramientas, etc., y en la de productos semiterminados o artículos finales, porque conduce, hasta las zonas en que se encuentran emplazadas las industrias de transformación, las primeras materias indispensables, permitiendo aprovechar al máximo los factores productivos en ellas existentes, como la energía motriz, la mano de obra especializada, los conocimientos técnicos y científicos, ... Sin embargo, otra serie de actividades terciarias, como las ocupaciones dedicadas a la producción de servicios (bancarias, financieros, culturales, profesionales, ...) tienen una dependencia del factor físico mucho menos marcada.

Ahora bien, raras veces coincide la división por regiones económicas con la pura división geográfica o administrativa. Una región económica es, en síntesis, una determinada ordenación de los elementos naturales que existen en una región geográfica impuesta por el trabajo del hombre, que actúa en virtud de unas determinadas ideas políticas, sociales, culturales y económicas.

La aceptación de este principio de interacción permanente y equilibrada entre la Economía y la Geografía, constituye, en nuestra opinión, la justificación del método de comarcalización y regionalización que proponemos, y que se distingue, formalmente, de otros métodos aplicados al caso merced a su espíritu objetivo y al empleo fundamental de técnicas estadísticas y de Investigación Operativa que le confieren, precisamente, el susodicho talante.

El cuerpo del proceso a seguir podemos considerarlo dividido en tres fases fundamentales, que se corresponden con los tres grandes modelos geoeconómicos a aplicar: en primer lugar, el modelo estructural, que nos permitirá el hallazgo de las variables macroeconómicas que se han de incorporar al segundo modelo, el de decisión multicriterio, que nos facilitará, a su vez, la selección de las "cabeceras de comarca" (o de “región”, en su caso) o, por decirlo de otra manera, de los "municipios relevantes" entre los cuales, y a través de la aplicación del tercer modelo, que será del tipo gravitatorio, podremos delimitar las fronteras comarcales (regionales o nacionales) que establecen racionalmente una división geo-económica del territorio estudiado.


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