Investigaciones sobre migración internacional y el destino de las remesas
BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

 

LA MIGRACIÓN INTERNACIONAL COMO ESTRATEGIA DE REPRODUCCIÓN FAMILIAR EN LA REGIÓN ORIENTE DE TLAXCALA.

José Dionicio Vázquez Vázquez

 

 

 

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1.2 Investigaciones sobre migración internacional y el destino de las remesas.

Actualmente, sería prematuro hablar de alguna teoría que explique la migración y el impacto de las remesas. Existen ciertos estudios locales que intentan explicar ese fenómeno aseverando ciertas regularidades en algunos casos, a lo más que se ha aproximado esa aspiración teórica es a la construcción de tipologías con relación a las causas de la migración y los efectos en la calidad de vida de las familias receptoras de las remesas.

En este punto se exponer sobre todo los estudios que han abordado la importancia de la migración hacia los Estados Unidos por parte de los connacionales y el impacto de las remesas en sus hogares de origen. La mayoría de estudios son de corte cuantitativo y que ilustran tanto la migración, específicamente hacia los Estados Unidos, como el efecto y destino de las remesas. Los menos, que son los trabajos cualitativos, presentan investigación de campo a nivel antropológico que complementan la visión de la migración hacia el país del norte y otros que son diagnósticos. Existen referencias que efectúan caracterizaciones de las migraciones hacia el vecino país y el uso y destino de las remesas que han logrado erigirse en patrón de las mismas.

No se van a encontrar trabajos que versen sobre los efectos multiplicadores de las remesas o, casos que apunten a las remesas como fuente de proyectos productivos, pues ese no es el objetivo general del presente trabajo.

Uno de los trabajos de investigación se generó para analizar el impacto de las remesas en el estado de Guerrero En esta investigación, Morales (2004) expone, con datos cuantitativos extraídos del Censo del INEGI del 2000, del CONAPO y del Banco de México, cuáles son los hogares receptores de remesas en el estado de Guerrero, dónde se ubican y cuánto reciben. Corrobora que en las zonas más marginadas de Guerrero son las que se benefician de la recepción por remesas y que por lo tanto se incrementa su calidad de vida. Aunque, hay que señalarlo, no diferencia conceptualmente esa noción, con la de nivel de vida, estándar de vida y la de índice de desarrollo humano. En cambio, señala en su análisis que en promedio para el año 2000, el estado de Guerrero recibía en cada hogar la cantidad de 1 466 pesos, y un poco más del 50% de los hogares obtienen, junto con las remesas 50% de sus ingresos. Por lo tanto, concluye que a nivel regional el índice de desarrollo humano se incrementa al incrementarse la cantidad recibida en remesas por los hogares.

Con relación a la industria de la migración, Hernández-León (2004) destaca la importancia que tiene como parte de la infraestructura social de la migración internacional y que ello no sólo cobra relevancia para las redes de migrantes que se construyen a partir de ella. Lo anterior como parte de su estudio que lo enfoca fundamentalmente a la organización social de la migración internacional, tanto en el espacio mexicano, como el de los Estados Unidos, que le permitió analizar su geografía y la geografía a su vez de la industria de la migración, además del conocimiento respecto a los actores involucrados, interesados en la duración a perpetuidad de los flujos de personas, tales como empresarios, “coyotes” (que trafican y lucran con personas), bancos (que tramitan el envío de las remesas), enganchadores (que contratan a migrantes), abogados (dedicados a asesorar al migrante en casos de deportación), y servicios de transporte, entre otros. A través de la observación, el autor constató el tráfico de personas que existe de Monterrey hacia los Estados Unidos, además de observar de qué manera se mezclan las actividades legales e ilegales.

Brinda un ejemplo respecto a jornaleros que los enganchadores contratan en los alrededores de la ciudad de Monterrey. Se trasladan por medio de transporte que cuentan con permiso desde Estados Unidos para dar servicio a jornaleros que van y vienen constantemente, desde las localidades de Houston y Dalton. Los migrantes llevan consigo cuando visitan sus lugares de origen, paquetería, dinero y correspondencia, además de las vivencias que los conocidos hacen llegar de viva voz a los familiares de migrantes que no pueden viajar constantemente. Este vínculo social se hace notar en el momento en que los familiares hacen llegar al paisano migrante algún alimento típico, correspondencia o recados verbales, que permiten acortar distancias, por decirlo de alguna manera.

Los indicios de esa investigación hacen notar que se privilegia la reciprocidad, el capital social, la pertenencia comunitaria, entre otros tipos de contactos, donde destaca también la compra-venta de cosas. De ahí que le surjan dos preguntas al autor, en torno a la industria de la migración internacional ¿debemos hablar de los ‘sujetos transnacionales o de empresarios de la migración’? O bien ¿debemos entender al transnacionalismo como algo fijo o, como prácticas que ‘aparecen y desaparecen’?

En relación a las transferencias que realizan los connacionales para enviar dinero a sus lugares de origen, menciona que los migrantes prefieren hacer sus trámites ante instituciones que no les exigen alguna identificación, aún cuando las tarifas sean caras. El temor de los migrantes es que por medio de los bancos se sistematicen sus datos para conocer su estatus de legal o ilegal.

En uno de los trabajos de Sana (2004), señala la importancia de la infinidad de estudios de caso que dan lugar a tipologías, antes que a teorías sobre migración internacional, y por lo tanto de las remesas. A través de aquéllos se puede uno hacer la pregunta de por qué casi no hay teorías sobre lo señalado, y se puede responder: porque la teoría parte de los trabajos de investigación que son verificados o contrastados a partir de hipótesis, y la mayoría de las investigaciones carecen de ese ejercicio.

Precisa además, que remesa es todo aquel dinero que entra al país debido a la migración o el dinero que los nacionales envían al país de origen sin importar el destino. Hay otra definición del Fondo Monetario Internacional que considera a las remesas como remesas de trabajo y compensación del empleado, como dinero que los migrantes llevan consigo a su país cuando regresan, luego de un año de trabajo. Dinero que los migrantes llevan cuando visitan México y, el dinero transferido por lo trabajadores temporales de corto plazo.

Corrobora el argumento de La Nueva Economía como postura del pensamiento liberal que se refiere a la migración laboral, donde la variante es el tomar en cuenta a los hogares en cuanto que es la familia quien toma los acuerdos de quién sí podría migrar, más que el individuo que calcula los costos y beneficios de su partida, implicando los altos riesgos implícitos de carácter natural como las sequías o los de acumulación de capital donde para invertir es necesario endeudarse con altas tasas de interés. Maneja la hipótesis que, mientras el migrante disminuye su estatus legal, laborando en trabajos por debajo de su calificación, envía más remesas a su familia. En cuanto se instala y comienza a tener mayores comodidades y mejor trabajo, su estatus sube pero el envío de remesas disminuye.

Lo que afirma el autor es que cada vez se hace más difícil cuantificar y medir las remesas por las distintas fuentes existentes y recomienda contrastar los datos cuantitativos con trabajo de campo para poder construir el concepto remesa o remesas. En ese sentido, hay coincidencia con él, pues abundan los trabajos que presentan modelos y proyecciones sobre remesas con datos obtenidos de fuentes indirectas, y aún cuando ello refleja parte de la realidad sobre el impacto positivo por lo general que producen los recursos citados en las localidades de origen.

En un análisis basado en trabajo empírico en 48 comunidades del occidente de México, Ruiz (2000) buscó responder a las interrogantes relacionadas con el impacto que tienen las remesas internacionales sobre la distribución del ingreso. Al mismo tiempo, buscó determinar la contribución de este tipo de ingreso a la desigualdad total existente en las comunidades, así como las características que determinan la magnitud de dicha contribución.

La muestra fue amplia y con significativa variación del universo de comunidades rurales, zonas urbanas y áreas metropolitanas de los estados de Guanajuato, Michoacán, Jalisco, Nayarit y Zacatecas, San Luis Potosí, Colima y Guerrero. Los resultados arrojados por este estudio fueron los siguientes:

1.- Que a mayor experiencia migratoria de la comunidad, mayores son los montos de las remesas que envían los migrantes mensuales y existe mayor desigualdad en su distribución.

2.- Las remesas se concentran de forma relativa en zonas rurales, distribuyéndose de forma más desigual en las comunidades metropolitanas, después en las pequeñas urbanizaciones; y la distribución más equitativa se encuentra en las zonas rurales.

3.- En las comunidades con una mayor proporción de jóvenes, aumenta la probabilidad de que éstos emigren y envíen remesas que en una comunidad de viejos.

4.- Las comunidades con un bajo nivel educativo son aquéllas que mandan el mayor número de migrantes al extranjero y sus remesas incrementan al nivel de desigualdad de su comunidad.

5.- El ingreso proveniente del exterior es el efecto importante directo de la migración. Las remesas familiares constituyen un monto considerable de divisas que llegan al país sin necesidad de un intermediario. Este tipo de ingreso contribuye de manera directa al financiamiento de actividades productivas, así como el desarrollo de vivienda e infraestructura. También, indirectamente, fomentan la producción y empleo interno, generando un efecto multiplicador importante.

En la práctica de campo realizado por Hernández (2000) en las comunidades de Nauhzontla, Toxtepic, San Rafael, la Margarita y Cuetzalan, en la Sierra Norte del estado de Puebla, obtuvo algunos datos importantes sobre la recepción de remesas en aquellas localidades, donde se encuestó a 30 personas. La mayor parte de los encuestados dijo tener algún familiar directo que le enviaba dinero a la familia, recibiéndolo en promedio de 2 a 3 meses. Los envíos los realizan a través de transferencias electrónicas como “Envíos Delgado”, “Casa Chiautla”, Western Union, que son empresas filiales o sucursales en Estados Unidos, para llevar a cabo esa transacción. Otro porcentaje prefiere el correo para enviar su dinero y las familias lo reciben 2 veces cada 5 meses. De quienes señalaron percibir dinero 4 veces al año, 6 afirmaron tener otra fuente de ingresos a través de una tienda familiar, la agricultura, trabajo formal, entre otras fuentes. Lo que hace suponer que la mayor parte de familias que reciben remesas vivan únicamente con esos ingresos sin buscar otras fuentes.

Concluye que se nota una mejora en la calidad de vida de las familias y recomienda que el gobierno mexicano aliente con mejores empleos para la clase de trabajadores de México.

Para el caso de Coahuila, Rodríguez (2003) encontró que de los 560 mil hogares que integran la entidad, para el año 2000, recibiendo o no remesas, poco más de una tercera parte (35.7%) se encuentran en una situación de pobreza de patrimonio (entendiendo a este tipo de pobreza como aquella situación en la que el ingreso total del hogar es menor al necesario para cubrir el patrón de consumo básico de alimentación, vestido, calzado, vivienda, salud, transporte público y educación, de todos los miembros del hogar). Al realizar una comparación del porcentaje de hogares que reciben remesas y resultaron ser pobres, el autor observó que existe una tendencia significativa a la disminución de dicho fenómeno, pues en promedio, sólo 1 de 4 hogares que reciben remesas pueden ser clasificados como pobres. Es más, si los 17 mil hogares que reciben remesas dejaran de percibirlas, el número de hogares pobres en la entidad se incrementaría en casi 10 mil familias y el número de coahuilenses que se integrarían a las filas de pobreza sería de poco más de 50 mil personas.

El mismo autor caracteriza el patrón migratorio de los coahuilenses hacia el país del norte y afirma que se trata de un proceso con amplia convergencia hacia la dinámica mostrada por el contexto nacional, donde existe una fuerte presencia de migración permanente, con la participación mayoritaria de varones jefes de familia y una significativa participación del sector femenino en el flujo hacia los Estados Unidos; además de la presencia muy importante de población joven en edad productiva. Además de la escasa participación que tienen las ciudades urbanas y medias y grandes de la entidad, como trampolín hacia los Estados Unidos.

Corrobora su hipótesis central, donde demuestra que si bien en términos cuantitativos la migración internacional de coahuilenses hacia los Estados Unidos no es muy significativa como en otros estados del país, la funcionalidad económica del fenómeno es muy trascendente en el sostenimiento de las familias y que incide en la reducción de los niveles de pobreza. Considera finalmente que las remesas constituyen un recurso económico fundamental para el sostenimiento familiar y de sus comunidades. También funciona como un elemento dinamizador y en algunos casos, se vuelve imprescindible para algunos sectores de las economías locales y regionales, como son las ramas de bienes de consumo inmediato, el comercio en general, los servicios y la actividad financiera asociada al cambio de dólares por pesos.

Los autores Alejandre y Corvera (2003), en su investigación en 50 municipios del occidente de México en torno a la relación existente entre los ingresos de un municipio por concepto de remesas y su comportamiento económico, encontraron que esta relación es mínima, casi nula, y que el desempeño de los indicadores económicos es producto más bien de factores como las decisiones de inversión nacional y extranjera, las políticas públicas de desarrollo social y económico, y otros sucesos macroeconómicos y financieros e internacionales. Concluyeron que las remesas sirven para satisfacer las necesidades básicas de las familias que las reciben, pero en muchas regiones de origen de migrantes no se convierten en un detonador del crecimiento económico.

En su encuesta que aplicaron en 6 ciudades de tres estados: dos de Jalisco, dos de Zacatecas y dos más de Guanajuato, encontramos que en promedio 67 % del valor de las remesas de destinó a la manutención de la familia, 12 % a la compra de una casa o un terreno para la familia, 13 % al ahorro, 2 % a la creación o financiamiento de un negocio, 1 % a bienes raíces y 4 % a otro tipo de gastos. Las remesas resultan ser una entre variadas fuentes de inversión, y su importancia en estas ciudades es variable; y puede que sean poco significativas si se les compara con fuentes como la inversión extranjera, la de empresarios locales y la inversión pública.

Señalan los autores del estudio, citando a Ávila (2000), que el efecto más sobresaliente de las remesas es el impulso a la industria de bienes de consumo y a los servicios. Incluso, sugieren que las remesas pueden tener un efecto similar al que tienen algunas políticas sociales enfocadas en los grupos vulnerables. Arguyen también que, aunque ello pudiera ser cierto, normalmente tal impulso se presenta en aquellas regiones donde se producen dichos bienes y servicios, y no necesariamente en las que reciben las remesas. Es decir, que ese desarrollo se manifiesta en las regiones con mayor dinámica económica.

Una encuesta realizada en El Salvador (Cortés: 1999) reveló información importante sobre la economía familiar de este segmento de la sociedad con migrantes en los Estados Unidos. Averiguándose que el promedio de las remesas recibidas por los hogares salvadoreños era de 1 400 dólares anuales, que eran mujeres los principales destinatarios de esos recursos, que el monto por hogar equivalía al 72% del ingreso familiar, y que de cada dólar, 82 centavos se canalizaban al consumo.

En Nicaragua se realizó un estudio que comprende análisis cuantitativo y cualitativo a través de 148 entrevistas en 6 departamentos del país. Según Pritchard (1999), aproximadamente el 54% de los miembros de las familias con remesas obtienen ingresos mensuales por debajo de los 1000 córdobas y sólo 10.8% supera los 3000 córdobas. Mientras que el valor de la canasta básica alcanza 1975.96 córdobas. El monto que los migrantes envían a las familias es de 1200 dólares en promedio por año. Es por ello que las remesas se han convertido en un soporte importante e imprescindible en la economía de las familias receptoras.

Los canales para enviar remesas fueron mayoritariamente seleccionadas las agencias que les daba mayor confianza y credibilidad (88%) quienes les cobraban el 10% sobre el monto que envían los migrantes, tales como las empresas Western Union y Cocibolca Transfer; siguiéndoles en importancia el envío a través de parientes y amigos (5%), casas de cambio (3), de bancos (2%) y el resto, por medio de particulares. Pritchard no especifica quiénes son los particulares.

Cada mes, el 60% de familias encuestadas reciben mensualmente remesas, en tanto que casi el 80% las recibe con regularidad por lo menos 6 veces al año. También se descubrió que el 65% de familias dijo que la mayor cantidad de remesas en divisas y especie les llega durante las épocas de fin de año, semana santa y algunas ocasiones especiales de la familia.

Referente al uso de las remesas para ese momento, 75% se destinaron a alimentación, ropa, calzado y servicios básicos; un 12% se destinó a la salud y la educación, el 9% a la inversión o negocio y sólo el 4% al ahorro. El porcentaje significativo en la salud y la educación da pie a considerar que la inversión en educación puede permitir romper, a mediano o largo plazo la dependencia económica de las remesas, ampliando también las condiciones para competir en un mercado laboral cada vez más restringido. Esta estrategia familiar confirma que la educación es el factor más importante en determinar si las familias logran salir de la pobreza. Dicha inversión por parte de las familias significa que deben cubrir dichos servicios que antaño cubría el Estado, por lo tanto, se interpreta que dicha inversión revela la forma en que las familias se encuentran asumiendo los costos sociales debido a la imposición de políticas económicas de ajuste estructural.

El trabajo de Castro (1999) sobre migración y economía familiar es uno de los más completos que localizamos en la bibliografía sobre el impacto de las remesas, quien toma la información de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares de 1996 (ENIGH), para brindar datos sobre características sociodemográficas y económicas de los hogares perceptores de remesas y el patrón sobre las mismas que a continuación se enuncian.

De 1.1 millones de de hogares mexicanos –equivalentes al 5% del total nacional complementaron su ingreso corriente monetario con transferencias de dinero procedentes de Estados Unidos. Con relación a los hogares sin jefe presente, el resultado fue de 1 de cada 4 hogares en promedio, mientras que en la relación de masculinidad, fue de 3 hombres por cada 4 mujeres. El número medio de personas en edades no productivas (menores de 12 o mayores de 65) por cada persona del grupo de edades potencialmente productivas (12 a 64 años), resultó superior en el conjunto de hogares receptores de remesas. De acuerdo a la relación de dependencia económica, por cada 100 miembros activos, hubo 108 inactivos, en tanto que tuvieron 1.45 dependientes por cada miembro perceptor.

De los casi 1.2 millones de individuos perceptores de remesas captados por la ENIGH en 1996 los indicadores son los siguientes:

En hogares ubicados tanto en zonas rurales como no rurales, aproximadamente 70% de los perceptores de remesas tienen entre 20 y 59 años de edad, y alrededor de 1 de 4 son mayores de 60 años. Aproximadamente, 7 de cada 10 perceptores son mujeres, fundamentalmente cónyuges del jefe de hogar, y en una proporción que oscila entre 19.3% para las áreas rurales y 26.5% para las localidades de 2500 o más habitantes, son ellas mismas las jefas del hogar. Para la condición de actividad, en promedio, la mitad de los perceptores se incluye en la PEA. Esta proporción alcanza casi el 60% en localidades con 2500 o más habitantes, reduciéndose a 40% en áreas rurales. Para el caso de de las localidades con 2500 o más habitantes, para la mitad de los perceptores de ingresos del exterior, las remesas representan la única fuente de ingreso corriente monetario. Esta proporción disminuye un poco, ubicándose levemente por encima del cuarenta por ciento (42.6%) en las localidades pequeñas.

El conocimiento que se ha derivado de las encuestas de largo alcance y de trabajos con estudios de caso, enriqueciendo así las evidencias empíricas que hay respecto al ciclo de vida en que se encuentran los hogares que reciben remesas, aporta la siguiente hipótesis: Que los hogares perceptores de remesas son unidades domésticas nucleares pertenecientes a una u otra de las dos etapas extremas del ciclo de vida familiar.

1. Por un lado están los hogares en las etapas iniciales del ciclo de vida, poco después de la unión de los cónyuges, con hijos menores de edad (no más de 12 o 15 años), básicamente miembros económicamente inactivos. Durante este proceso de la unidad doméstica, es cuando se hace notoria la migración laboral hacia los Estados Unidos como una estrategia familiar de sobrevivencia a través de la emigración, de manera recurrente y más o menos temporal, del hombre jefe del hogar. Este jefe de hogar se ausentará de su familia, teniendo el cuidado de ahorrar lo más posible en dinero para convertirse así en el principal sostén de su hogar.

2. Por otro, se encuentran los hogares con vínculos familiares con migrantes en Estados Unidos, y que se encuentran en las etapas finales del ciclo de vida. Ahí, gran parte de sus miembros pertenecen a la tercera edad y son económicamente inactivos, en tanto que los hijos, en edades adultas jóvenes, por lo general alguno de ellos trabaja en Estados Unidos. También se considera que los recursos que envía a su familia representan una fuente insustituible que complementa otros tipos de ingresos monetarios y no monetarios como las jubilaciones y pensiones, o los ingresos procedentes de pequeños negocios familiares, así como de otras transferencias y el autoconsumo.

El autor señala tres encuestas especializadas en la migración de México a Estados Unidos (la ENEFNEU, 1970, 1979, la ETIDEU, de 1984 y la EMIF, desde 1993), donde aprecia que la pauta o patrón de las remesas no ha variado en los últimos 20 años, partiendo del año en que publicó su trabajo Castro (1999). Señala también que sólo se pueden identificar algunas diferencias entre las frecuencias relativas de las distintas categorías de uso, que podrían estar vinculadas más con la forma de realizar las preguntas y captar las respuestas de los entrevistados, que con una variación significativa de un cambio de comportamiento. Puntualiza a su vez, que los datos presentados por las encuestas citadas, no corresponden a proporciones de ‘dinero gastado en’ o ‘dinero usado para’, sino que corresponde a porcentajes de la ‘población entrevistada’ que se refirió a uno o más rubros de gasto, como el o los principales usos de las remesas, o el uso que se da en general a las remesas.

Por lo anterior se corrobora un patrón general del destino de las remesas, reafirmando la preeminencia que tiene el gasto en la satisfacción de necesidades básicas y otros tipos de consumo doméstico. Afirma que en los 3 casos, más del 70 % de los entrevistados indicaron que ése era el principal destino de los dólares recibidos en el hogar. Luego del consumo doméstico, le seguía el rubro del gasto en vivienda (compra, mejoras, ampliación o construcción). Según la EMIF, casi un 17% de los migrantes, manifestaron que el principal destino de este dinero en sus hogares fue la vivienda y según la ENEFNEU, destinan poco menos del 9%, teniendo el porcentaje más bajo la ETIDEU con el porcentaje más bajo (5%).

En el rubro denominado ‘Inversión productiva’ (compra de tierras, implementos agrícolas, ganado, establecimientos de negocios), resulta lo menos frecuente. Entre 1993 y 1997 no alcanzó el 2%, en tanto que para 1984 fue de poco menos del 3%, y a finales de la década de los 70 con información de la ENEFNEU, se encuentra el porcentaje más elevado con el 7%.

Lo antes descrito permite señalar otra hipótesis: que por una parte, la mayoría del recurso enviado por los migrantes desde Estados Unidos a sus familiares en México, se destinan al sustento del hogar, cubriendo o complementando los gastos requeridos para la satisfacción de las necesidades básicas o de sus miembros (alimentación, vestido, salud, educación, transporte), a la vez de servir para la compra de distintos tipos de bienes muebles asociados al confort; y por otro lado, la segunda prioridad en el destino de las remesas es la vivienda, siendo muy reducida la porción de los envíos que se destina a las inversiones productivas o incluso al ahorro.

En los distintos análisis realizados por Castro en su trabajo aclara, que no se incluye investigar el uso del capital ahorrado durante la carrera del migrante, ni tampoco el destino del capital acumulado en Estados Unidos después de una larga estancia del migrante en ese país, que a su retorno trae consigo (por una u otra vía). En el capital ahorrado por el migrante de retorno, es más probable que sea empleado en la formación de negocios, u otro tipo de inversiones productivas o financieras.

Por último, se hace necesario considerar que cuando las remesas se utilizan mayoritariamente en la compra de bienes y servicios de consumo básico, debe interpretarse también, en tanto la importancia de estos recursos para el sostenimiento de la demanda de bienes y de servicios en diversos mercados regionales y locales del país y, en consecuencia, cierto impacto en el empleo de los sectores del comercio y de las manufacturas.

La mayor parte de los trabajos, como los antes citados, se refieren al uso de las remesas y son mínimos los que se refieren a las remesas y su impacto en la calidad de vida. De hecho, la mayoría de los trabajos revisados no realizan esa relación, aunque dejan implícito que existe una mejoría en la calidad de vida. Este es el caso del trabajo de Guijón –Cruz y otros (2000) que señala el impacto de las remesas en la calidad de vida en el municipio de San Lucas Quiaviní del estado de Oaxaca. En su estudio construye modelos para analizar la calidad de la vivienda y su equipamiento como indicador de bienestar de los hogares. Concluyen que si bien la migración internacional trae consigo un incremento en la desigualdad socioeconómica, en la dependencia económica, el consumo improductivo y la desintegración social, las remesas son vitales para el Valle de Tlacolula, en donde el ingreso obtenido de la migración es uno de los principales medios para sufragar los gastos de alimentación, producción de alimentos, el acceso a la educación y a la salud. Además, corrobora mediante un modelo, que la calidad de la vivienda y su equipamiento aumentan.

También existe un beneficio comunitario, pues los migrantes realizan contribuciones monetarias directas para obras de infraestructura, para pagar salarios de las personas que realizan faenas y cargos en su nombre, así como para apoyar la fiesta del pueblo.

Finalmente, los clubes u organizaciones de migrantes de Los Ángeles California y otras áreas, envían dinero y cosas en especie, complementando el beneficio que se obtiene por su participación en la Guelaguetza, que constituye un mecanismo de intercambio de mano de obra y de artículos entre familiares.Cabe señalar la limitante que tienen los autores para definir lo que entienden por la calidad de vida, respecto al nivel de vida, porque los enuncian como si fuesen sinónimos.

Durand (1994), afirma que por lo general, el impacto económico de la migración a nivel local ha sido evaluado negativamente y que los trabajos coinciden en una conclusión, que las remesas y el dinero ganado en el norte han ingresado mayormente en la esfera de la distribución, en el consumo de bienes básicos para la sobrevivencia, como la comida, el vestido y la vivienda. Quedando la inversión en actividades productivas con una aportación mínima. Concluye que, aún cuando se ha dado un mejoramiento en el nivel de vida de las familias vinculadas a la migración, ese ingreso ha tenido escasos efectos multiplicadores de carácter social, ya que no se han generado nuevas fuentes de empleo, ni se ha transformado la estructura de los cultivos, ni se ha incrementado la productividad agrícola.

En el estudio realizado por el autor, en 11 localidades pertenecientes a los estados de Guanajuato, Michoacán y Jalisco, señala las particularidades y constantes de los casos analizados. Así por ejemplo, se descubre que parece darse cierta relación entre la antigüedad del proceso migratorio y la posibilidad de invertir de manera productiva y cita a la localidad Pozos, donde la migración se inició varias décadas más tarde que en el resto de localidades, y las remesas tuvieron por destino de manera preponderante a la vivienda y al consumo. Lo cual le permite afirmar que, luego de que las familias de los migrantes han cubierto ese objetivo indispensable, ya pueden pensar en otro tipo de inversiones. Otro factor que parece influir es el contexto urbano-rural del destino de la inversión, pues es en las localidades urbanas donde se presentan lo índices más altos de inversión productiva, mientras que sólo en 2 localidades, Santiago y San Francisco del Rincón, invirtieron en herramienta y maquinaria, lo que es compatible por su tradición obrera. De manera similar en la Unión y San Diego se distinguen por su inversión en ganado, siendo una zona lechera.

Otro dato que le llamó la atención es que figuraran inversiones de los emigrantes urbanos en tierras agrícolas. Constató que en algunos casos se trató de emigrantes internos que anteriormente habían emigrado a Estados Unidos e invertido en tierras agrícolas, mientras que en otros se trató de emigrantes que no perdieron el vínculo de su origen rural, proporcionándoles prestigio tal inversión, manteniendo el contacto con la población, aprovechando algunas ganancias y teniendo seguridad en su inversión al mismo tiempo.

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