TRANSNACIONALIDAD EN LA REGIÓN ORIENTE DE TLAXCALA
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LA MIGRACIÓN INTERNACIONAL COMO ESTRATEGIA DE REPRODUCCIÓN FAMILIAR EN LA REGIÓN ORIENTE DE TLAXCALA.

José Dionicio Vázquez Vázquez

 

 

 

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1.6 La transnacionalidad

Quienes acuñaron o definieron el concepto de migración transnacional (Basch, Nina; Glick Schiller, Lila y Blanc-Szanton, Cristina, 1992) lo definieron como los procesos en los que los inmigrantes forjan y mantienen relaciones sociales con múltiples entramados y estratificaciones, que unen sus sociedades de origen y las anfitrionas. Llaman a este proceso transnacionalismo, para enfatizar que los inmigrantes ahora, construyen campos sociales que trascienden las fronteras geográficas, culturales y políticas. Un elemento esencial es la multiplicidad de roles y compromisos que los `transmigrantes’ mantiene tanto en su sociedad originaria como en la receptora.

Además, afirman que la migración transnacional se vincula estrechamente con los cambios que se llevan cabo en las condiciones del capitalismo global y que por ello, aquella migración debe ser analizada en el contexto de las relaciones globales de capital y trabajo. Se hace evidente que los movimientos migratorios masivos de los últimos años tienen un contenido básicamente laboral, donde la mano de obra migrante es un factor que apoya la expansión del capitalismo a nivel internacional. Es por ello que la dirección que toman los agentes en los flujos migratorios se orienta desde los países con menor desarrollo hacia los más desarrollados.

En tanto Portes (2001), precisa el concepto de migración transnacional, al advertir que aquellos actores que llevan a cabo actividades de tipo transnacional, vienen siendo aquéllas iniciadas y sostenidas por actores no institucionales, que pueden ser grupos organizados o redes de individuos, a través de fronteras nacionales. La mayor parte de actividades transnacionales son informales; o sea, que tienen lugar al margen de los reglamentos y control del Estado, aún cuando sean supervisadas por agencias estatales. Lo que es clave es que sus actividades van encaminadas hacia un objetivo, y necesitan de una coordinación de un lado y del otro lado de las fronteras nacionales por los agentes sociales. Las actividades para ser consideradas como transnacionales, deberán ser llevadas a cabo por cuenta propia y no por medio del Estado o de otras instituciones. En este sentido, al crear múltiples relaciones sociales, económicas y culturales, los migrantes están creando campos sociales, haciendo que se conozcan dichos migrantes como trasnmigrantes.

Este proceso genera espacios territoriales entre las comunidades de origen y de destino, que incluso rebasan a los conceptos utilizados antaño, para comprender el fenómeno migratorio. Lo cierto es que las clasificaciones como “migración temporal”, “circular”, y “permanente” ya no dan cuenta del fenómeno, por ello se dice que se prefiere hablar de migración transnacional, poniendo énfasis en los cambios que se manifiestan dentro de los procesos migratorios, además de la forma diferente de percibirlos y estudiarlos.

A la pregunta de cómo surgen los procesos referidos, la respuesta se localiza en las redes sociales, pues son ellas las que permiten la constante circulación y fluidez de al información, recursos y de personas. Massey (1999) define a las redes sociales de migrantes como el conjunto de de vínculos interpersonales que conectan a los migrantes con quienes han migrado previamente y con los no migrantes, tanto en áreas de origen como de destino, a través de lazos como el parentesco, la amistad o el paisanaje. Este entramado de relaciones sociales es mantenido gracias a un conjunto informal de expectativas recíprocas u conductas prescritas.

El concepto de comunidad transnacional trata de dar cuenta de estas formas del entretejido social que vienen a ser el resultado del proceso migratorio e implican la dispersión geográfica de la comunidad, trascendiendo sus fronteras. Son actores entonces, no sólo quienes migran, sino también aquellos que sin migrar participan y forman parte de de la comunidad transnacional. De tal suerte que el nuevo concepto intenta dar cuenta de una realidad social concreta que se construye a partir de la constitución de redes sociales transnacionales.

Tal como lo refiere Pries (1997), al señalar que los determinantes de la migración internacional, cualquiera que sea el contexto geográfico, ya no se pueden analizar desde el punto de vista del ajuste a espacios económicos jerarquizados, en el cual el migrante es simple objeto de atracción o repulsión. La dimensión estructural y estable de los procesos migratorios en varias regiones del mundo, proviene de la capacidad de los actores-migrantes de desarrollar y adaptar sus propias lógicas de movilidad espaciales. Esa adaptación se basa en sus necesidades de subsistencia, sus deseos de movilidad social, sus proyectos de vida, por lo cual los migrantes tienen sus espacios de origen como referente territorial e identitario.

Mientras que Guarnizo y Smith (1999), hablan de la existencia de un transnacionalismo desde arriba y de un transnacionalismo desde abajo, y ambos escapan del control de los Estados-nación. Los autores suponen que éste último coincidiría con el transnacionalismo en el que se involucran los migrantes en la creación de comunidades y territorios transnacionales. Por ello afirman que las prácticas no ocurren en un sitio intermedio entre los territorios nacionales, al contrario, aunque conectan colectividades ubicadas en más de un territorio nacional, las prácticas transnacionales están incrustadas en relaciones específicas, con personas concretas, situadas en localizaciones perfectamente ubicables y en momentos históricamente determinados.

Un tema central de los discursos sobre el transnacionalismo es la penetración de las culturas nacionales y de los sistemas políticos por fuerzas impulsoras globales y locales. Se considera que el Estado-nación: a) ‘desde arriba’ se ve debilitado por el capital transnacional, los medios de comunicación globales y las emergentes instituciones políticas supranacionales, y b) ‘desde abajo’, se enfrenta a las resistencias descentralizadoras ‘locales’ de la economía informal, el nacionalismo étnico y el activismo de las bases.

Los especialistas se plantean la interrogante de cómo se delimita la transnacionalidad, y señalan que este es un punto central que debe resolverse para determinar si las prácticas son evanescentes o constituyen una nueva característica estructural de la sociedad. Lo cierto es que la construcción social del ‘lugar’ sigue siendo un proceso de creación de significado local, con especificidad territorial, control jurídico y desarrollo económico, sin importar el nivel complejo de articulación de las localidades en los flujos económicos, políticos y culturales transnacionales.

De manera complementaria, Reveco (2003), reporta que algunas de las características de las relaciones y vínculos que establecen los transmigrantes en los lugares, es que se sostienen mediante el traslado físico continuo de los individuos entre sus áreas de origen y destino; sin embargo, no todos los inmigrantes son transmigrantes; sólo lo son aquellos inmigrantes que llevan una vida doble: comparten dos culturas, tienen hogares en dos países y construyen su vida por medio de intercambios continuos a través de fronteras nacionales.

La misma autora también identifica tres estadios o espacios sociales transnacionales, con los siguientes elementos básicos: los grupos transnacionales de parentesco, son las conformaciones más básicas que se establecen en los primeros movimientos migratorios y están integrados por familiares, parientes y amigos próximos del mismo núcleo o comunidad. En dichos grupos tiene una gran importancia la comunicación fluida y constante para el mantenimiento de las normas, en la continuidad en el envío de las remesas y el impacto que éstas están teniendo en la esfera de lo doméstico.

Los circuitos transnacionales son el segundo espacio en los flujos migratorios, donde se trasciende el parentesco debido al tamaño, conformándose por grupos diversos, pero con raíces y vínculos comunes identificables. La comunicación se hace necesaria para integrar redes sociales y su perduración en el tiempo, así como para su visibilidad y legitimación. Además de lo público, ahí se localizan los discursos, símbolos y representaciones no sólo del individuo, sino del grupo que integra el circuito. En el tercer grupo están las comunidades transnacionales, de transformación e incorporación, pero también de afianzamiento de las identidades culturales y el afincamiento físico, compartiendo lealtades. No sólo es el ir y venir, sino también es el “estar allá” viviendo acá y viceversa, apoyando el reforzamiento de la identidad la mediación, es decir, en la disponibilidad de las comunicaciones, en el uso de las nuevas tecnologías, la Internet y las páginas web, utilizadas por los clubes o redes establecidas de migrantes.

Las jerarquías de los espacios o estadios no determinan las formas en que se manifiestan en la realidad, más bien se enriquecen en sus múltiples interrelaciones, siendo un fenómeno en continua transformación.

Desde el enfoque del análisis cultural Ortiz y Vertovec (2003), analizan los desplazamientos y la formación del concepto de identidad desde lo local y lo global, en la circulación de personas e ideas, entre otros. El primero señala que el surgimiento de las sociedades modernas requiere que las relaciones sociales ya no se sometan al contexto local de la interacción. Todo pasa, como si en las sociedades anteriores espacio y tiempo estuviesen contenidos en el entorno físico. La modernidad rompe esta continuidad, transfiriendo las relaciones sociales a un territorio más amplio. El espacio, debido al movimiento de circulación de personas, mercancías, referentes simbólicos, ideas, se dilata, se expande.

El segundo autor afirma que los procesos del transnacionalismo se insertan en el economía política global, contribuyendo con el impacto tanto en el autoreconocimiento de los que emigran como en las comunidades de origen expulsoras y aún en las receptoras.

La idea de Guarnizo (2003) se refiere a una condición que implica una serie de procesos transfronterizos iniciados y mantenidos por los migrantes. Esto contiene un compejo entramado de actividades, desde las remesas y las reproducciones culturales e interacciones sociales, hasta la participación política.

La perspectiva sociodemográfica ha dado cuenta de la migración México-Estados Unidos, analizando el volumen y composición del flujo, causas y consecuencias en lo lugares de origen y destino y el cambio en el patrón migratorio de los mexicanos que se dirigieron a los Estados Unidos en los años noventa. Sin embargo, la discusión iniciada por otras disciplinas en los años ochenta, respecto al fenómeno del transnacionalismo ha sido dejada de lado por la sociodemografía. Un especialista en la citada disciplina (Mendoza: 2004), a partir del análisis de la Encuesta sobre Migración en la Frontera Norte, reflexiona sobre los patrones de movilidad de los migrantes procedentes del interior de México y, sobre la relevancia de las redes migratorias a la hora de constituir espacios sociales transnacionales y el papel que juegan las ciudades fronterizas en la formación de espacios transnacionales para la migración entre México y Estados Unidos.

Primero, cita las posibles razones que han desviado la atención de la sociodemografía para centrarse en el estudio del transnacionalismo: la dificultad de ‘operacionalizar’ en variables cuantificables los conceptos relativos al transnacionalismo que surgieron en otras disciplinas sociales. Aduce que la segunda razón, consiste en en la falta de herramientas adecuadas para realizar esta medición, ello a pesar del cúmulo de encuestas que se han generado en los noventa. Puede ser por la dificultad que representa captar apreciaciones de carácter subjetivo, como la identidad o la vivencia del espacio construido entre dos Estados-nación. Lo cierto es que los debates han rozado cierta ambigüedad por las generalizaciones o la amplitud en que ha caído su conceptualización. También se niega la pretendida novedad del fenómeno, puesto que las anteriores oleadas de migrantes a los Estados Unidos se mantuvieron con redes sólidas y contactos múltiples con los países de origen.

Con el objeto de hacer una delimitación de la unidad de análisis y distinguir el tipo de transnacionalismo, el autor hace un ejercicio que se presenta a continuación.

Para delimitar el fenómeno transnacional desde la sociodemografía, se han explorado algunas dimensiones del transnacionalismo y algunos indicadores básicos para tipificar al migrante. El concepto de circuitos transnacionales, implica una dimensión temporal asociada a movilidad periódica y una dimensión espacial en la que se relacionan varios territorios bajo un mismo proceso migratorio (periodicidad, duración de las estancias, estacionalidad en Estado Unidos), más el fin de la circularidad, es decir, el asentamiento definitivo de lo migrantes. Mientras que la dimensión espacial del concepto circuitos transnacionales, ha sido mucho menos abordada en la literatura, restringiéndose su estudio al análisis de las vías de cruce a Estados Unidos, que en los noventa se han desplazado de las grandes ciudades, hacia el desierto, debido básicamente a las políticas migratorias restrictivas del gobierno de Estado Unidos.

El otro concepto referido por el autor es el de espacios transnacionales, que es difícil precisar, donde algunos autores lo definen como el hipotético `tercer espacio’ o una ‘trasnación deslocalizada’ o, como un espacio, en todo caso, ajeno a las dinámicas nacionales, mientras que otros investigadores relacionan los espacios con localidades concretas ubicadas en Estados-nación diferentes (Rouse, 1991; Goldring, 1992; Smith, 1999) .

En el caso de los espacios sociales transnacionales, las redes sociales son un elemento clave para entender su articulación. Los estudios sobre sociodemografía en torno a las migraciones demuestra que la consolidación y afianzamiento de las redes sociales que conforman los migrantes, exmigrantes y no migrantes entre las áreas expulsoras y las receptoras es fundamental para entender la continuidad y expansión del flujo migratorio en las regiones de origen. Al expandirse las redes y disminuir los riesgos asociados con el traslado, ello origina la integración al flujo migratorio de grupos considerados menos proclives a realizar una emigración. Aún se tienen vacíos en la investigación de las redes, respecto a su constitución, consolidación y disolución. De modo esquemático se presentan los conceptos de circuitos transnacionales y espacios transnacionales.

Los tipos de migrantes que Mendoza (2004) pudo distinguir en el cuestionario ‘Procedentes del sur’ de la EMIF fueron los siguientes:

1.- Los migrantes cuyo último destino son las ciudades fronterizas del norte de México, los denominó ‘migrantes fronterizos’ (La EMIF utilizó las categorías: ‘buscar trabajo o trabajar’ o ‘cambio de residencia’).

2.- Los migrantes que están de paso hacia Estados Unidos, los denominó ‘migrantes en tránsito hacia Estados Unidos’ o ‘migrantes en tránsito’ (La EMIF: ‘en tránsito hacia el norte’).

3.- Las personas que se encuentran en la frontera por motivos de trabajo o por negocios. Donde su viaje es temporal y limitado a un motivo concreto relacionado con su actividad laboral, se les denominó ‘negocios’ o ‘por motivos de trabajo’.

4.- Las personas que visitan a sus familiares, amigos o que van de paseo o turismo, se les denominó ‘Turismo, paseo, compras’ y ‘visita a familiares y amigos’.

5.- Finalmente los ‘estudiantes’.

Lo que encontró el autor fue que, dejando de lado a los estudiantes (cuyo número, no es muy importante), los migrantes estarían constituidos por los dos primeros grupos anteriormente señalados, es decir, las personas que tienen por destino final las ciudades fronterizas y/o los Estados Unidos.

Lo que define la calidad de las redes es la ayuda que reciben los migrantes en tránsito hacia Estados Unidos para encontrar algún empleo. Lo que obtuvo Mendoza (2004) es que los migrantes en tránsito tienen menos contactos en las ciudades fronterizas (la ayuda nunca alcanzó el 20 % del total, excepto en 1998), y sus redes son de de una calidad sensiblemente inferior que las redes de los migrantes fronterizos, quienes en mayor porcentaje desean, al menos temporalmente, permanecer en el norte de México. Aunque en el periodo de 1993-2001, excepto en 1996, los migrantes en tránsito contaban, en una mayor proporción que los migrantes fronterizos, con un destino específico en los Estados Unidos.

Lo que es cierto es que para comprender estos patrones de migración, la variable clave la constituyen las redes migratorias. Las variables como ‘dirigirse a una ciudad en concreto’ o ‘tener un lugar donde llegar’, sólo se explican bajo un contexto de redes de solidaridad y apoyo de los familiares, amigos o comunidades migrantes en los lugares de destino. La existencia de ellos es básica para entender la permanencia en las ciudades fronterizas, ya que los migrantes en tránsito hacia los Estados Unidos obtuvieron en todo el periodo (1993-2001) menos contactos en las ciudades fronterizas, que los que desean vivir, aunque sea temporalmente, en el norte del país.

Otro de los especialistas sobre el transnacionalismo es Portes (2005), en quien nos apoyamos para exponer lo que él señala como una serie de convergencias teóricas, que se han alcanzado en el estudio aún reciente, lo que se la denominado transnacionalismo inmigrante. Ello ha producido cinco conclusiones como fruto del consenso al que han llegado los especialistas en el tema:

“1.- El transnacionalismo representa una perspectiva novedosa, no un fenómeno nuevo”.

De lo que se ha encargado la perspectiva es de aglutinar todas aquellas experiencias que a lo largo de la historia de la inmigración han existido, descubriendo sus semejanzas, de tal manera que se identificaran en su recurrencia como prácticas ‘iguales’. De no haberse producido y trabajado la perspectiva, lo casos y las experiencias estarían condenadas a la orfandad, aisladas, obstaculizando la acumulación de un conocimiento considerado apropiado para encaminarlo hacia nuevas tipologías y predicciones.

Aunque se considera un punto importante pero secundario, los procesos transnacionales han tomado una gran fuerza, gracias al uso de las nuevas tecnologías en el transporte y las telecomunicaciones, que han acortado distancias y en la comunicación desde y a través de las fronteras nacionales.

“2.- El transnacionalismo es un fenómeno de las bases”.

La mayor parte de estudios se han hecho para resaltar las iniciativas de la gente común con el objetivo de establecer vínculos económicos de largo plazo, entre otros a través de las fronteras nacionales. Aunque existen varias tipologías que hacen referencia al transnacionalismo ‘desde arriba’ y el trasnacionalismo ‘desde abajo’, donde el primero hace referencia a las actividades de los gobiernos y las grandes corporaciones de empresas multinacionales, mientras que el segundo da énfasis en las prácticas realizadas por los actores que establecen asociaciones civiles de oriundos inmigrantes para mejorar sus comunidades de origen. Aunque no son los únicos actores privados que realizan esta actividad, pues también la realizan las organizaciones no gubernamentales (ONG), activistas y los defensores de los derechos humanos, defensores del ambiente entre otras manifestaciones sociales.

Es por eso que Portes (2005), afirma que parece defendible una tipología que distingue, entre las actividades de los Estados-nación, las instituciones globales con múltiples centros, y los actores privados no corporativos. Abundando, la tipología propuesta hace una distinción entre las actividades internacionales de los gobiernos y otras instituciones que se identifican con un Estado-nación en particular, las iniciativas multinacionales de las instituciones globales como lo son la Iglesia Católica y diversas agencias de la Organización de la Naciones Unidas (ONU) y, las múltiples actividades transnacionales de las ONG, más los actores que no pertenecen a alguna corporación que provienen de la sociedad civil. Es en esta última categoría donde se localiza al transnacionalismo de los inmigrantes.

Se puede disentir de tal tipología, sin embargo, ella permite hacer énfasis en dos puntos. Primero, que el concepto de transnacionalismo, como se utiliza en las investigaciones recientes, hace referencia fundamentalmente a las actividades transfronterizas de los actores privados que proviene de las bases o de la sociedad civil, incluidos los inmigrantes. El segundo punto tiene que ver con la necesidad de un lenguaje que permita distinguir a estas actividades diferentes de las que efectúan las grandes burocracias y otras instituciones que hacen presencia desde algún tiempo considerable en la escena global. La ausencia de tal distinción haría que el concepto de transnacionalismo se tornara en una mezcla de los diversos tipos de fenómenos, llegando a perder su valor heurístico, su capacidad interpretativa, para clarificar un proceso limitado y distinto.

En el siguiente cuadro se aprecian las distintas actividades realizadas por los actores involucrados en el transnacionalismo, que efectúa las distinciones señaladas más arriba.

Cuadro 3 Actividades transfronterizas por diferentes tipos de actores

Internacional Establecimiento de embajadas y organización de misiones diplomáticas en el extranjero por los gobiernos nacionales. Exportación por organizaciones agrícolas, piscícolas y ranchos de un país específico. Programa de viaje y de intercambio organizados por las universidades en un país específico.

Multinacional Las Naciones Unidas y otras agencias internacionales a cargo de vigilar y mejorar áreas especializadas de la vida global. Actividades de producción y mercadotecnia de las corporaciones globales con ganancias que dependen de mercados en múltiples naciones. Escuelas y misiones patrocinadas por la Iglesia Católica y otras religiones globales en múltiples países.

Transnacional a). Se establecen asociaciones no gubernamentales para vigilar globalmente los derechos humanos.

b). Se establecen asociaciones civiles de oriundos por los inmigrantes para mejorar sus comunidades de origen. a). Se organizan boicots por activistas de base en los países del Primer Mundo para obligar a las empresas multinacionales a mejorar sus prácticas laborales en el Tercer Mundo.

b). Se establecen empresas por los inmigrantes para la importación y exportación de bienes desde y hacia sus países de origen. a). Organización caritativa de las bases que promueven la protección y el cuidado de los niños en las naciones más pobres.

b). Elección de ‘reinas’ de belleza y selección de grupos artísticos en las comunidades de inmigrantes para que participen en los festivales anuales del terruño.

Fuente: Portes Alejandro (2005): “Convergencias teóricas y evidencias empíricas en el estudio del transnacionalismo de los inmigrantes” en: Revista Migración y Desarrollo, número 4, México.

“3.- No todos los inmigrantes son transnacionales”.

Dentro de los estudios antropológicos se pretendía justificar el transnacionalismo como una perspectiva novedosa, al sugerir que se trataba de un fenómeno diseminado en las comunidades inmigrantes contemporáneo. Lo anterior justificaba llamar a los inmigrantes como ‘transmigrantes’, en el entendido en que habían abandonado la trayectoria tradicional que los conducía a la asimilación en actividades vinculadas que cruzaban las fronteras nacionales.

La investigación de Portes (2005), muestra que la participación regular en las actividades transnacionales caracteriza sólo a una minoría de los inmigrantes y que incluso la participación ocasional no es una práctica universal (Guarnizo, 2003; Landlot, 2001) . Pero se reconoce que las prácticas como el enviar alguna remesa ocasional o visitar el país de origen, puede entrar en el concepto de transnacionalismo, sin embargo, es difícil que por sí mismas puedan justificar aquéllas acciones la creación de un nuevo concepto o término. Lo cierto es que el transnacionalismo tiene ante sí un nuevo campo de análisis para estudiar a la inmigración, pero, al mismo tiempo se basa sólo en las actividades que desarrolla una minoría de los integrantes de esa población. Es decir, con los criterios que se describieron, muchos inmigrantes son los que quedarían fuera, no porque pierdan importancia sus prácticas sino porque es difícil identificarlos, o cuantificarlos para definirlos.

“4. El transnacionalismo inmigrante tiene consecuencias macrosociales”.

Se le reconoce al concepto trabajado limitaciones respecto a su carácter cuantitativo, en cambio si se combina el grupo de activistas transnacionales definidos con las actividades de otros migrantes, se transforma en un proceso social, que genera un impacto económico y social para las comunidades de origen o para los países. El hecho individual de enviar remesas a las comunidades de origen, representa un efecto personal, pero al sumarse todas estas acciones ocasionales generan una gran cantidad de dinero para los países de origen. Incluso, los gobiernos de los países de origen pretenden justificar con ello parte de su crecimiento económico, sin hablar ya de la omisión de los encargados de invertir productivamente, que son los empresarios.

Es un error a la par, considerar que las acciones de los gobiernos por mantener estas prácticas sean gracias a su desempeño; al contrario, son los migrantes que por cuenta propia han propiciado la organización y financiamiento de sus redes.

“5.- El grado y las formas del activismo transnacional varían según los contextos de salida y recepción”.

Una de las determinantes de las formas de variación de activismo transnacional tiene que ver con el contexto de salida y recepción de los grupos particulares, que de algún modo condicionan su compromiso con las iniciativas transfronterizas. Dentro de la evidencia que le arrojó a Portes el estudio del Proyecto Comparativo Empresarial de los Inmigrantes, efectuado entre 1996 y 1998, se localiza el resultado respecto a que los inmigrantes provenientes de áreas urbanas, que llegaron huyendo de una situación de violencia generalizada en su lugar de origen, tienden a buscar una rápida integración en la sociedad que los recibe, también tiende a evitar la participación activa en la sociedad de la que partieron.

Las formas en que se incorporan los inmigrantes en la sociedad destino, afectan también su propensión a participar en iniciativas transnacionales. La evidencia que localizó el autor que se viene citando es que los migrantes que se dispersan, donde su presencia discreta los protege de la discriminación, poseen una propensión menor a participar en esas actividades. En tanto que las actividades transnacionales surgen en comunidades altamente concentradas, especialmente en aquéllas sujetas a una recepción hostil de autoridades y de la ciudadanía de la sociedad receptora. Entonces, las grandes concentraciones étnicas producen variadas oportunidades para la empresa transnacional, en tanto que la proliferación de la discriminación obliga al grupo a centrarse en él mismo, promoviendo vínculos y contacto duraderos con sus respectivas comunidades de origen.

En dichos contextos, las actividades culturales y las organizaciones civiles transnacionales forman una fuente de consuelo frente a la hostilidad externa, y protegen de algún modo las divinidades personales amenazadas. Las experiencias de los haitianos, dominicanos y mexicanos en Estados Unidos y de los Indios y paquistaníes en Gran Bretaña, registradas por numerosos estudios etnográficos, aportan evidencia de estas tendencias (Glick Schiller y Fouron, 1999; Stepick, 1998; Stepick, Eugene, Teed y Labissiere, 2001; Itzigsohn, Dore, Fernández y Vázquez, 1999;Goldring, 1992; Roberts, Frank y Lozano, 1999; Ballard, 2000).

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