Tesis doctorales

EL IMPULSO DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO ESPAÑOL, FELIPE GONZÁLEZ, A LOS PROCESOS DEMOCRÁTICOS Y DE PAZ EN NICARAGUA Y EL SALVADOR, 1982-1996

Belén Blázquez Vilaplana

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A. 1993-1996: pérdida de liderazgo en el interior, amplia proyección en el exterior.

Tal y como aparecía recogido en los documentos anteriormente analizados, en estos últimos años Nicaragua y El Salvador como países concretos y Centroamérica como realidad específica, prácticamente desaparecen de la agenda del PSOE y de los intereses del Gobierno español. La tan ansiada paz en la zona hizo olvidar que la democracia era apenas un comienzo que tenía que consolidarse y que para ello toda ayuda proveniente del exterior era poca. Por supuesto, las formas de acercarse a estas zonas geográficas habían cambiado, pero las necesidades eran aún perentorias. Lo cierto es, que tal y como ahora expondremos, estos años apenas tienen repercusión si lo que queremos ver es la actividad del Presidente del Gobierno. Excepto en un dato sumamente interesante: en 1995 González realiza, por vez primera en todo el tiempo que llevaba al frente del ejecutivo, un viaje a algunos de los países del istmo centroamericano, concretamente a Nicaragua, El Salvador y Honduras. Países, que aunque parezca paradójico, tras lo expuesto hasta el momento, no había visitado de manera oficial. Y ello, a pesar de la trascendencia que habían tenido tanto en sus actividades, declaraciones, etc. como en la de su partido, recordemos si no las páginas anteriores de esta investigación.

La quinta legislatura, en la cual España es miembro no permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas1557, comienza con un único tema común en la agenda del Gobierno español y los Gobiernos centroamericanos: el ya comentado problema del plátano. Ello se desprende de sus declaraciones tras la visita oficial a Madrid del Presidente de Costa Rica, Rafael Calderón. Momento en el cual Felipe González intentó no darle excesiva importancia a esta controversia, por ser prácticamente el único punto en donde después de tanto años de “afectuosas” relaciones se tenían divergencias con los países de la región. Iberoamérica, en general, quedó aplazada en su agenda hasta julio con la celebración de la III Cumbre Iberoamericana en Salvador de Bahía, Brasil. En ésta, el Presidente español hizo un llamamiento a los países latinoamericanos para que a la hora de solicitar la ayuda de cooperación al Gobierno español, tuviesen en cuenta la situación de crisis por la que atravesaba el país. Afirmando que la cooperación debe modularse con más cuidado, seleccionando sectores claves y atendiendo a otros aspectos como la transferencia tecnológica o el reforzamiento de la capacidad institucional1558. Aunque, lo cierto, es que una de las líneas prioritarias de España hacia los países Iberoamericanos se centró en el tema económico, no por menos, su incidencia era importante en la consolidación de los sistemas democráticos en la región1559. Para entonces, tras el cambio de gobierno en Nicaragua, EE.UU. había desbloqueado la ayuda hacia ese país, siendo el que recibía mayor ayuda exterior del mundo por habitante. Violeta Chamorro, Presidenta del país, comentaría sobre el particular que esa ayuda es una buena dicha y por eso siempre estoy dándole las gracias, a Dios primero y a los países que nos ayudan después1560. Por su parte, el Gobierno español, en 1993, destinó a Nicaragua 173 millones de pesetas en proyectos de cooperación, siendo el quinto país más beneficiado por estas ayudas1561.

Pero, sin duda alguna, el tema estrella fue de nuevo la presencia y la extradición o no de miembros del comando terrorista ETA que se encontraban residiendo en territorio nicaragüense. Sobre este particular, el ministro de AAEE de Nicaragua, Ernesto Leal, afirmó categóricamente la posición de su país de acoso y expulsión hacia los presuntos terroristas1562. Mientras, Daniel Ortega criticó la extradición a España de los mismos porque, según su opinión, cuando estos llegaron a Nicaragua se desligaron de las actividades terroristas. Afirmando que él se hubiera negado a facilitar esa extradición y que la acción correspondía al servilismo de Violeta Chamorro. Según HB estos actos se debían a la existencia de una alianza política entre el Gobierno del PSOE y sectores reaccionarios del Gobierno nicaragüense1563. Según se supo luego por las declaraciones de los detenidos, los miembros de ETA habían trabajado para el Ministerio del Interior nicaragüense y se le había suministrado documentos de identidad falsos en varias ocasiones1564. Aunque cuando se juzgó a Javier Mª Larreategui Cuadra, en el 94, como el primer juicio que celebrara la Audiencia Nacional a uno de los tres expulsados, éste negó que desde que llegara a Nicaragua en 1980 hubiera seguido manteniendo contacto con ETA. Pero que sí había pertenecido a dicha organización con anterioridad. Según explicó, este país no ayudó a ninguna persona para hacerlo con la organización terrorista, sino que se intentaba integrar como ciudadanos a personas provenientes del País Vasco. En una entrevista con la persona encargada de las relaciones internacionales con Europa del FSLN, nos confirmó los contactos entre ambas organizaciones. Aunque, según nos expuso, los mismos se enfriaron tras la utilización por parte de ETA de los coches bombas que mataban de manera indiscriminada1565. González, sin embargo, no contestó a dicha pregunta en el cuestionario que le enviamos.

En noviembre, Violeta Chamorro realizó su primera visita oficial a España tras ser elegida presidenta del país1566. La intención del viaje era fundamentalmente solicitar, de nuevo, la ayuda española para reformar las Fuerzas Armadas sandinistas y colocarlas bajo la autoridad civil, así como a la policía. Los cuerpos militares eran una prioridad para conseguir una paz firme y duradera, tanto en el caso de Nicaragua como en el del Salvador. En este sentido, la ayuda española fue determinante, siendo el mejor ejemplo, la visita que José Luis Corcuera, ministro del Interior, realizó a este último país, en febrero, para conocer los proyectos de cooperación policial que España tenía allí. Se habían aportado 600 millones, la mayor ayuda dada a ningún país en esta materia; se sostenía el peso ideológico de la enseñanza y se trasladaron 19 asesores y profesores. Todo ello para crear la Policía Nacional Civil que permitiera superar la violencia existente y reintegrar a la vida civil a todos aquellos que habían formado parte de la guerrilla o de los que la combatían durante los años de la contienda. Puesto que uno de los mayores problemas con los que se enfrentaban ambas sociedades, era que aquellos que habían crecido con el único oficio de empuñar un fusil, pudieran encontrar otras ocupaciones. Había que empezar a crear las bases de una cultura de paz1567.

Una editorial de El País hacía un llamamiento hacia la necesidad de ayudar al régimen nicaragüense. Afirmándose que era normal que Felipe González atendiese la solicitud1568, aunque se hiciese prudentemente, igual que se estaba canalizando la ayuda a El Salvador. Acción que se haría contando en todo momento con la participación de otros países de la comunidad internacional. Lo cual se podía interpretar, en cierta forma, como una manera de “atacar” a Daniel Ortega. Puesto que el que se encontraba al frente de las citadas FFAA era su hermano, Humberto. Al finalizar la visita, el presidente de Gobierno expuso que Nicaragua tiene un claro amigo en el Gobierno de España1569. Lo cual se concretaría en la formación de un grupo de amigos de Nicaragua que pudiese asesorar al país a llevar a buen término la transición hacia la democracia. Los integrantes de dicho grupo serían Canadá, Alemania, Suecia, Noruega, España y México1570. Sobre la evolución de sus relaciones con los sandinistas, manifestó que seguía teniendo buenos amigos entre estos y que su impresión era que el Frente se estaba adaptando; hace lo que en mi terminología se podría llamar un esfuerzo de socialdemocratización1571. La causa sandinista fue acabar con la dictadura de Somoza y llevar la democracia a Nicaragua. Esa fue la causa que yo defendí hasta el final, y me siento satisfecho de ello1572.

Con relación a El Salvador, además del papel que España desempeñó como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, también destacó su participación en la Comisión de Verificación y Control de las Naciones Unidas (ONUSAL) y en el “grupo de amigos” del Secretario General.

En esos momentos el Presidente salvadoreño Cristiani pidió la amnistía para todos los criminales de guerra salvadoreños. En contra de ésto, Amnistía Internacional en una carta al ministro de Exteriores, Javier Solana1573, pedía que dicha acción no se llevase a cabo. Sin embargo, la ley fue aprobada con el apoyo del sector ultraderechista del Parlamento (ARENA). Y ello a pesar de que seguía sin aclararse el asesinato de los jesuitas, mencionados a lo largo de esta exposición. En este sentido, EE.UU. ignoró información sobre los mismos, la cual podía haber implicado no sólo a miembros del Alto ejército, sino al propio Presidente salvadoreño. Esta información estaba recogida en unos documentos del Departamento de Estado que habían dejado de ser secretos. Hay que destacar, que las relaciones entre España y EE.UU estaban en su mejor momento, puesto que en la Guerra del Golfo, España había demostrado ser un aliado leal1574. Siendo el mejor ejemplo de ello el nuevo Acuerdo de Cooperación para la Defensa firmado entre ambos países y que de algún modo rompía con los lastres que aún se mantenían desde la época franquista.

Si hay un rasgo que destaque en los sucesos ocurridos en 1994, en relación con la política del Gobierno hacia Centroamérica y especialmente en la posición del Presidente del Gobierno, ese es que no pasó nada significativo. Las relaciones estaban en punto muerto. Aún así, Daniel Ortega volvía a España en 1994, pero no fue recibido en esta ocasión por el líder socialista, sino que vino invitado por la Fundación Caja Castellón para participar en unas jornadas culturales organizadas por esta institución, entrevistándose con el Presidente de la Generalitat Valenciana, Joan Lerma y visitando también Gerona, ciudad que está hermanada con una nicaragüense, Bluefields. En lo referente a Felipe González, de nuevo su primer viaje en el año a Iberoamérica se realizó con ocasión de la IV Cumbre Iberoamericana, que en este caso tuvo lugar en Cartagena de Indias, Colombia. Siendo el tema del discurso del Presidente, la justicia social. Afirmando que debían estar siempre vigilantes para evitar que surjan en nuestras sociedades elementos visionarios o supuestos caudillos que presumen de conocer mejor al pueblo de lo que éste se manifiesta en las urnas1575. Los hechos posteriores en algunos de los países de la región, demostrarían lo certero de estos temores.

Sin embargo, 1995 comenzaba de un modo esperanzador para el relanzamiento de las relaciones, puesto que en febrero Felipe González realizaría una gira de nueve días por tres países Centroamericanos, El Salvador, Honduras y Nicaragua. Lo cual fue considerado por algunos de sus colaboradores como “una inyección de moral1576. Por cuanto, después de los problemas que estaba teniendo en la política doméstica con los numerosos escándalos y el acoso de la prensa y la oposición, en estos países aún mantenía intacta su imagen de líder y su prestigio. Exceptuando la visita que años antes había realizado a Costa Rica, era la primera vez que viajaba a la región. En dicho viaje, en el cual estuvo acompañado por el ministro de AAEE, Javier Solana; por el de Comercio, Javier Gómez Navarro y por cerca de medio centenar de empresarios, además de los protocolarios encuentros con los presidentes, firmó un programa global de cooperación financiera, visitó algunas obras financiadas por España y realizó algunos actos de apoyo a los españoles allí residentes o destinados1577. Convirtiéndose en uno de los actos más destacados la reunión con los miembros de la ONUSAL.

Aunque si hay que destacar en esta visita, un momento, sin duda el más emotivo fue la visita en El Salvador a la Universidad Centroamericana donde en el 89 fueron asesinados seis jesuitas, cinco de ellos españoles, como antes hemos comentado. Allí, el rector Miguel Francisco Estrada, le dijo que nunca olvidarían la labor que había realizado para conseguir la paz y el constante apoyo del Gobierno español para el esclarecimiento del mencionado asesinato. Felipe González, por su parte, prometió cooperar a la construcción de una sociedad como la que soñaron Ellacuría y sus compañeros (...) Porque los españoles sintieron en carne propia ese dolor (...) Fueron un revulsivo de conciencias y abrieron los ojos de esta sociedad a la urgente necesidad de poner punto final a un conflicto que desgarraba el país. Los españoles sintieron en carne propia ese dolor vuestro1578. Estas muestras de gratitud fueron también expresadas por el Presidente, Armando Calderón, que lo definió como un amigo de la paz y sin cuya intervención el pueblo salvadoreño no habría alcanzado la paz y la reconciliación.

Realizó también una visita a la Asamblea Legislativa salvadoreña, donde se comprometió a unir el apoyo español al de la UE y a mantener a los profesores españoles de la Academia Nacional de Seguridad Pública, los cuales estaban formando agentes bajo los valores democráticos. Su alocución final estuvo cargada de retórica, como en los primeros años de la política exterior española, al comentar que estaba convencido de que la semilla de la reconciliación germinó en tierra fértil, una tierra regada con las lágrimas de un inmenso dolor, pero que hoy recibe las aguas fecundas del amor y la colaboración1579.

También, habló ante la Asamblea Legislativa nicaragüense, siendo el consenso su principal consejo para superar la difícil etapa por la que estaban atravesando. Se volvía a la antigua idea de llevar a otras latitudes aquello que tanto éxito había tenido en la consolidación de la democracia en España.

En honor a la verdad, la visita del Presidente no resultó todo lo distendida que él hubiese pretendido, ya que a diferencia de años anteriores, los temas que mayor preocupación despertaba entre los periodistas eran los relacionados con las cosas de casa. Entre ellos, especialmente relevante fue el encarcelamiento del ex Secretario de Estado para la Seguridad, Rafael Vera, puesto que se produjo mientras se estaba realizando la visita a Nicaragua. Tanto es así, que ante una pregunta de un periodista español acerca de la actuación del magistrado Ventura Pérez Mariño, al contestar, González apostilló, pero ahora estamos aquí, en El Salvador y no en Madrid1580. Continuó diciendo, en relación con la posibilidad de su renuncia que hace mucho tiempo que usted tiene la esperanza de que yo dimita1581.

Pero que no lo pensaba hacer en momentos de dificultad. De cualquier modo, su prestigio en estos países estaba intacto. En este orden de cosas, el periódico hondureño Tiempo lo nombraba como uno de los estadistas más notables del mundo actual. Su liderazgo es hoy en día muy difícil de superar, tanto en la competencia de su partido como en el campo nacional1582 .

Así mismo, Violeta Chamorro durante la estancia en Nicaragua, impuso a Felipe González la máxima condecoración de su país, la gran Cruz del General José Dolores Estrada. Agradeciéndole, al mismo tiempo, la cooperación española y fundamentalmente el apoyo en las elecciones de 19901583.

Describiéndolo como el padrino de los nicaragüenses. El Presidente español llegaría a realizar algo que años antes hubiera sido imposible ni siquiera pensarlo, intentó mediar en la controversia que había surgido entre la Presidenta Chamorro y la Asamblea Legislativa1584. Ofreciendo como solución a los conflictos que existían en el país, lo mismo que había propuesto en El Salvador y que como hemos mencionado, en España había tenido un buen resultado durante la transición: el consenso. En palabras de Mario Vargas Llosa, no se ha estudiado bastante la influencia que ha tenido la transición española en el resto del mundo (...) Estoy convencido de que su ejemplo fue decisivo en América Latina. Con variantes mayores o menores, esa fórmula fue seguida en Chile, en Nicaragua y en El Salvador, donde la evolución de un régimen autoritario a un sistema de convivencia democrática ha sido posible gracias a un esfuerzo conjunto de las fuerzas políticas para convivir (...) aún cuando el precio para ello fuera el altísimo de renunciar a pedir sanción y castigo penales para quienes cometieron horrendos crímenes1585.

Tras esta visita, volvió a América Latina, en esta ocasión a Bariloche, Argentina, para la celebración de la V Cumbre Iberoamericana. En ésta, se presentó como valedor de los intereses latinoamericanos ante la UE, presidida en ese semestre por España1586. Cuyo reflejo, según sus palabras, se percibía en una relación más efectiva y solidaria de Europa con Iberoamérica1587 y cuya concreción era la firma en Madrid, en diciembre, del acuerdo entre los Quince y Mercosur, formado por Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay.

Parecía una premonición, el año terminaba con una visita del líder del Partido Popular a Centroamérica, donde pretendía restar unos cuantos puntos a la diferencia de valoración que le separaba de Felipe González en materia de política exterior. Buscando, sobre todo, conocer y ser conocido por los dirigentes internacionales. Ya que a diferencia de cuando González en el 82 buscaba alcanzar la Moncloa, la proyección internacional de Aznar era escasa, por no decir mínima o simbólica. Según indicaba el diario El País, la fiebre internacional de Aznar tiene explicación. Las encuestas que maneja la dirección del PP otorgan a su líder ventaja o proximidad sobre Felipe González en relación con cualquier área de actividad o cualidad personal sobre la que se pregunte, excepto en las relaciones exteriores. En este apartado, la imagen del presidente del Gobierno y el secretario general del PSOE está ampliamente consolidada, mientras que la del presidente del PP queda a mucha distancia1588. Llegados a este punto, después de todos estos años de democracia y tras las actividades desplegadas primero por UCD y, sobre todo, por el PSOE, ¿Qué pensaba sobre América Latina la población española?. En una encuesta de Demoscopia1589, encargada por la Asociación de Periodistas Europeos, uno de cada dos españoles pensaba que España tenía más semejanza con los países latinoamericanos que con la UE y se sentían más identificados afectivamente con aquellos, particularmente con Argentina (225%); México (14%); Venezuela (4%); Chile (35%) y Cuba (3%). En una media de 1 a 10, la identificación era de un 6´5% frente a un 5´6%. Era un cambio de actitud que se debía a que parecía que, por vez primera, los españoles habían superado el doble complejo que durante años habían arrastrado de patito feo frente a Europa y de madre patria respecto a América Latina. Pasándose de tener el mayor ardor europeísta de toda la UE a vivir su propia versión de euroescepticismo.

La celebración de elecciones el tres de marzo de 1996 y el relevo en la Moncloa hacen que los acontecimientos de este año sean puramente testimoniales. El debate se centró en las elecciones y Felipe González no se prodigó en realizar viajes al extranjero1590. Ni siquiera se recogen noticias en los medios de comunicación consultados sobre esta área geográfica y España. No así con relación a la visita del Papa a Nicaragua, Guatemala y El Salvador, pero en dicho tema no vamos a entrar en detalle. Centroamérica había dejado de ser noticia, aunque los conflictos no estaban solucionados y a la guerra civil había seguido el establecimiento de democracias débiles y llenas de fracturas. En este sentido, el Obispo de El Salvador afirmaba que firmamos una paz, pero no vivimos en paz, sino en la violencia, el desempleo y la pobreza más extrema1591 . En España, por su parte, y en concreto en la agenda del Presidente del Gobierno, los temas de política interior seguían desplazando a los de política exterior. Los problemas en el interior del partido, tanto antes de las elecciones, como posteriormente tras la pérdida de las mismas, se sucedían. Sobre todo, en relación con la falta o la necesidad de un nuevo líder al frente del mismo.

Llegándose incluso a afirmar en un editorial del diario El País que la dependencia del PSOE respecto a González era tan completa que ha traspasado las barreras de la política para adentrarse en el campo de la mística1592 .

Como si supiese que la espada de Damocles pendía sobre él, no sólo como premonición, sino como realidad, González al volver del entierro de Isaac Rabín el 6 de noviembre del 95, comentó a los pocos periodistas que venían en el avión que en política exterior no iba a cambiar nada si se producía un cambio de Gobierno a favor del Partido Popular, que acaso habría algunos matices respecto a Gibraltar o Cuba. Se afirmaba que ni siquiera cuando los escándalos han golpeado al Ejecutivo socialista y su estabilidad se ha visto puesta en peligro, ha resultado mermada su capacidad de actuación exterior. La política exterior de los gobiernos socialistas ha sido, para casi todos, un éxito. Si se exceptúa Izquierda Unida, casi nadie lo pone en tela de juicio. Incluso el propio presidente del PP, José María Aznar, lo reconoció a su manera el 20 de diciembre cuando afirmó en el Congreso que González ha sido un buen presidente de España1593.

Finalizamos así la exposición del estudio de desarrollo de caso y debemos pasar al último capítulo de esta investigación, respondiendo a las múltiples interrogantes que nos llevaron a comenzarla y a aquellas que han podido ir apareciendo a la hora de ir desarrollando la misma. Debemos, pues, reflejar algunas de las conclusiones que hemos podido deducir de todos estos años de trabajo e investigación y que nos han llevado a profundizar en varios aspectos: en la figura de un actor político importante en la historia democrática española; en los entramajes de una política pública “sui géneris” como es la política exterior; en el liderazgo político; en el concepto de potencia media aplicado al caso español; etcétera. De ahí, que aunque la respuesta final sea la refutación de la hipótesis de partida, el camino, que es lo que al final siempre queda, haya sido provechoso.


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