Tesis doctorales

EL IMPULSO DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO ESPAÑOL, FELIPE GONZÁLEZ, A LOS PROCESOS DEMOCRÁTICOS Y DE PAZ EN NICARAGUA Y EL SALVADOR, 1982-1996

Belén Blázquez Vilaplana

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B.5.3.1. La ONUCA.

El Secretario General de las Naciones Unidas, el peruano Pérez de Cuéllar declararía en 1987, que Centroamérica se encontraba en una histórica encrucijada: o superaba los recelos y animosidades que se basaban en diferencias ideológicas que solían estar exageradas y armonizaba estrategias con vistas al desarrollo económico y social de la región o continuaba en la peligrosa pendiente hacia un conflicto generalizado de fatales consecuencias1485.

Fue precisamente en agosto de ese año, cuando los presidentes de Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Honduras y Guatemala firmaron lo que se ha conocido como los Acuerdos de Esquipulas II1486, dando su conformidad al llamado “Procedimiento para establecer la paz firme y duradera en Centroamérica”. En estos acuerdos, se comprometían a comenzar las siguientes acciones para alcanzar la paz en la región:

1. Democratización interna de los países en conflicto.

2. Iniciación de un diálogo nacional.

3. Decreto de amnistía general.

4. Cese del enfrentamiento armado, mediante el cese del apoyo a las fuerzas irregulares y de impedir el uso de su territorio para desestabilizar a otros Estados.

5. Celebración de elecciones libres, plurales y veraces.

Esto dio lugar a que el 14 de febrero de 1989, en la Declaración de Costa del Sol, solicitaran formalmente la colaboración del Secretario General de la ONU para la organización de un “mecanismo imparcial” de supervisión de los acuerdos alcanzados por las partes. Era un momento crucial en el desenlace del conflicto centroamericano, puesto que en EE.UU. el Congreso retiraba el apoyo a las actividades de la contra en Nicaragua. Así mismo, el Gobierno sandinista anunciaba la celebración de unas próximas elecciones libres bajo inspección de la citada Organización.

Esto dio lugar a que la ONU llevara a cabo una primera misión de reconocimiento, por el llamado “Grupo de Observadores de Naciones Unidas en América Central”1487, que tras recorrer los citados países del istmo centroamericano, elaboró un informe técnico el cual a su vez fue examinado por el Consejo de Seguridad. Aprobándose la creación de la ONUCA, el 7 de noviembre, en la resolución 644 (1989). La labor que se encomendó en la citada Resolución era:

1. Verificar el cese de ayuda a las fuerzas irregulares y los movimientos insurreccionales.
2. Verificar la no utilización del territorio de un Estado para agredir a otros. Centrándose en:

2.1. Vigilancia regular de fronteras para detectar posibles envíos de armas o acciones militares.
2.2. Investigar cualquier posible denuncia presentada por la presunta violación de los acuerdos1488.

A la hora de aprobar la citada Resolución, se contempló que junto a la ONUCA, se pudieran también crear la Comisión Internacional de Apoyo y Verificación (CIAV)1489, cuya principal tarea era la desmovilización, reunificación y repatriación de los antisandinistas y la Misión de Observadores de Naciones Unidas encargada de vigilar el proceso electoral en Nicaragua (ONUVEN). Estos países firmantes del Acuerdo de Esquipulas II, se mostraron favorables a la participación directa española en la misión y el Secretario General de la ONU encargó al Gobierno español la designación de un candidato para el mando de la ONUCA1490. La opción presentada por España para cubrir dicho puesto fue posteriormente aceptada por unanimidad por el Consejo de Seguridad, recayendo en el General de división Agustín Quesada Gómez1491. El cual, tras mostrar el orgullo por la designación y la preocupación por la inestabilidad de la zona y la escalada de violencia en Nicaragua y en El Salvador, aseguró que el único escudo que iban a llevar las fuerzas desplazadas a la zona estaría en la fuerza moral que les daba la misión de paz que iban a cumplir1492.

Aunque el mandato era en un principio de seis meses, permanecerían en la misma por un período de un año. Desplazándose a la zona el 1 de diciembre de 1989, junto una avanzadilla formada por el coronel Manuel Maldonado, el teniente coronel Manuel Rodríguez Cabarcos, los comandantes José María Bohórquez y Enrique Vega y el capitán José Zamorano.

Con anterioridad, y como claro ejemplo de los sentimientos favorables hacia la participación de España en la pacificación de la zona, en septiembre del 89, el canciller hondureño, Carlos López Contreras que se encontraba de visita privada en España, reiteró al ministro de Asuntos Exteriores español, Francisco Fernández Ordóñez, el deseo de que se crease una fuerza que bajo el mandato español, vigilase la desmovilización de la contra nicaragüense. Pero la acogida española fue reticente debido a dos motivos: por una parte, porque ya se estaba poniendo en marcha una Comisión Internacional de Ayuda y Verificación a petición de los cinco presidentes centroamericanos y, por otra, porque España ya iba a participar con cerca de medio centenar de oficiales en la verificación de los Acuerdos de Esquipulas II1493.

A esta OMP, se incorporaron 258 observadores militares, aunque se preveía la posibilidad de un máximo de 260. Además, había 127 hombres que operaban 12 helicópteros de reconocimiento y transporte y una aeronave de ala fija1494. También había una unidad naval1495, formada por cuatro patrulleras en donde había 30 hombres más, y una unidad sanitaria con 8 médicos y 11 paramédicos. El apoyo administrativo y logístico eran de 104 funcionarios civiles internacionales y 80 contratados localmente. El contingente español, el más numeroso en todo momento, contaba con 58 miembros1496, el Canadiense 45 y el irlandés 31. Para el General Quesada, los españoles a diferencia de los militares de otros contingentes, jugaban en su terreno, por cuanto entendían la mentalidad, la idiosincrasia y la lengua del lugar. Afirmando que creía que por ello estaba justificado el deseo de la ONU y de los países centroamericanos de que el jefe del Grupo de Observadores fuera un general español y de que el contingente español fuera lo más amplio posible1497.

Los países que cedieron observadores fueron: Canadá, Colombia, España, Irlanda y Venezuela en un primer momento y posteriormente se unieron Brasil, Ecuador, India y Suecia1498. Estos tendrían oficinas de enlace en todas las capitales centroamericanas, aunque el cuartel general se situaría en Tegucigalpa, Honduras, al ser la región más céntrica y la que permitía una mejor coordinación de las actuaciones. Entre estas oficinas, la de Managua estaría al mando también de un coronel español, Manuel Maldonado, así como la Sección de Inteligencia del Estado Mayor, que llegó a convertirse en una de las más importantes al frente de la cual estuvo el Teniente coronel Francisco Javier Zorzo. Además, se contó con 20 centros de verificación repartidos por toda el área y un destacamento naval con base en San Lorenzo (Honduras)1499.

La misión tendría cuatro fases: en la primera de ella, un equipo reducido, con seis oficiales españoles, se desplazarían a Centroamérica para analizar la situación sobre el terreno. En un segundo momento, se llevaría a cabo un primer despliegue por los centros de verificación. Posteriormente llegarían los demás hombres, unos 150, estando la última fase en espera de ratificación por parte del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Se esperaba que en principio la operación durase seis meses con posibilidad de ampliarse otros seis meses, como finalmente ocurrió. El monto de la misma se estimaba en 41 millones de dólares, unos 4920 millones de pesetas, en esos primeros seis meses.

Para llevar a cabo la verificación de lo expuesto en la Resolución de las Naciones Unidas, se establecieron puntos de vigilancia en las fronteras entre Honduras y Nicaragua y entre Honduras y El Salvador, así como en el golfo de Fonseca y en el río San Juan, situado entre Costa Rica y Nicaragua1500.

Tras las elecciones de febrero de 1990, fue necesario ampliar el mandato de la ONUCA para verificar el proceso de desmovilización del Ejército Popular Sandinista1501, lo cual fue la consecuencia de la pérdida de las elecciones por el Frente Sandinista y el triunfo de la Unión Nacional Opositora (UNO) ya mencionado en otros apartados de esta investigación. Esto se aprobó por el Consejo de Seguridad de la ONU, el 27 de marzo de 19901502, Resolución 650 (1990)1503, tras un informe de Pérez de Cuéllar al Consejo de Seguridad sobre la disposición de Nicaragua a comenzar la desmovilización de los grupos guerrilleros1504. Durante tres meses se llevó a cabo este proceso1505, con un total de desmovilizados de más de 22. 000 combatientes y sus armas destruidas. Lo cual se realizó fundamentalmente por un batallón venezolano de 800 hombres desplazados a la zona con este cometido. Cuando esta labor se realizó, esta parte del mandato se dio por concluida, pero no así la original. Por cuanto, aunque se había avanzado considerablemente, aún no se podía decir que se había alcanzado la paz definitiva en la región.

Por tanto, se siguió trabajando pero, en este caso, en verificar el cese de ayuda a los grupos irregulares y el no uso del territorio de un Estado para agredir a otro.

Fue entonces cuando se produjo el cambio del mando, ocupándolo el general de brigada Víctor Suances Pardo1506. En diciembre de 1990, cuando el General Quesada volvió a España1507, lo hizo junto al 60% de los miembros del grupo destacado en la zona, cerrándose con ello los centros de verificación de Guatemala. Por cuanto, con este nuevo mandato se llevó a cabo una reducción de los centros de Verificación de 13 a 8, los helicópteros de 12 a 6 y los observadores militares de 254 a 156. Aún así, España seguía siendo quien más aportaba, un total de 37 oficiales, 29 Canadá e Irlanda 19. Para el ministro español de Defensa, Narcís Serra, esta labor era un ejemplo claro de la proyección internacional que debía tener España, explicando que continuarían apoyando en la medida de sus posibilidades la consolidación de la democracia y la estabilidad en Centroamérica. Según el Ministro, estaban convencidos de que la democracia es diálogo y conciliación, y trabajaremos para lograrlo1508 . Posteriormente, en marzo se volverían a recortar los efectivos en un 18%, según la Resolución 691 (1990). España se quedó entonces con 30 miembros, pero siguió siendo de nuevo el país que mayor número de efectivos aportaba.

El contingente español fue visitado por el ministro de Defensa, Narcís Serra, en noviembre de 1990, el cual manifestó que el Gobierno español quería estrechar lazos en materia de defensa1509. Fue el primer viaje de un ministro de Defensa a la zona desde la transición democrática buscando, por una parte, conocer personalmente al contingente español desplazado y, por otra, ver cómo normalizar e intensificar las relaciones en materia de defensa y seguridad con Nicaragua y Honduras e incrementar las relaciones de cara al 921510. Lo cual fue reafirmado por el ministro al expresar que regreso a España con una impresión, no diré exhaustiva, pero sí suficiente para reorientar las tareas en el sentido de dar prioridad a las relaciones con los países de Hispanoamérica1511. En este sentido, Violeta Chamorro, presidenta nicaragüense tras la citada victoria de la UNO, afirmó que había sido una visita de amistad, entre hermanos, vienen a ver qué puede hacer España por este país1512. Por su parte, Daniel Ortega, opinaba que los españoles han demostrado ser respetuosos y tener voluntad de ayudar a levantar nuestra Patria. No hemos copiado del pasado ni lo haremos del futuro, pero creemos que las Fuerzas Armadas españolas tienen unas experiencias, que sin ser extrapolables mecánicamente, nos pueden ser muy útiles, y viceversa, nosotros tenemos cosas que pueden servir a ustedes; experiencia de combate, integración de la mujer, etc1513.

La concreción de la visita del ministro fue mediante los acuerdos de cooperación bilateral. En estos, se estableció una aportación concreta a la situación de las Fuerzas Armadas, buscando la modernización, profesionalización y adecuación de esta al actual estado sociopolítico nicaragüense1514. Para ello, se llevarían a cabo actividades de enseñanza castrense, asistencia sanitaria y reconversión de unidades, fundamentalmente de Ingenieros, para poder utilizarlos en la reconstrucción del país.

España decidiría abrir con carácter permanente una agregaduría militar en Nicaragua, la primera en Centroamérica y ampliar el número de becas que se concedía a oficiales nicaragüenses para que estudiasen en centros españoles de enseñanza militar. También informó del acuerdo adoptado de donar 500 millones de pesetas para la reorganización del ejército.

Que la zona aún no estaba completamente pacificada es ejemplificado con el caso de El Salvador.

Siendo la principal dificultad en los primeros momentos el hecho derivado de que los presidentes no llegaron a negociar con el Frente Marabundo Martí de Liberación Nacional, la participación de las Naciones Unidas en la verificación de los acuerdos alcanzados. De ahí que se negara a aceptarlos, así como el papel de la ONU. Esta situación coincidió en el tiempo con la necesidad de centrar la ONUCA en Nicaragua por los sucesos que estaban desarrollándose en esos momentos allí. La consecuencia fue que la oficina de enlace en El Salvador de la ONUCA llegó a desplegar un Centro de Verificación en la zona de San Miguel, pero con escasos resultados. Entonces se dedicaban exclusivamente a realizar lo que la ONU denomina como show the flag, es decir, mantener el contacto con el país. Pero sin llegar a involucrarse más en los conflictos. Veamos con un poco más de detenimiento las operaciones llevadas a cabo en territorio salvadoreño.


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