Tesis doctorales

EL IMPULSO DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO ESPAÑOL, FELIPE GONZÁLEZ, A LOS PROCESOS DEMOCRÁTICOS Y DE PAZ EN NICARAGUA Y EL SALVADOR, 1982-1996

Belén Blázquez Vilaplana

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C. Hacia la configuración de un liderazgo internacional.

En enero de 1987, Felipe González fue la portada del “Newsweek”. Con él se quería personificar a la nueva España que había surgido diez años después de Franco, joven, dinámica, moderada y europeísta694. En apenas 10 años, había pasado de ser un completo desconocido para los españoles, a ser la imagen perfecta de la modernidad de la sociedad española, y uno de sus mejores exponentes en el ámbito internacional. A pesar de los problemas con los idiomas logró una magnífica imagen frente a los líderes tanto de la Alianza Atlántica como iberoamericanos. Llegando a ser considerado como uno de los líderes occidentales del siglo XX y uno de los interlocutores imprescindibles en determinados foros internacionales. No cabía duda que su popularidad trascendía con mucho las fronteras de su país, incluso desde antes de su llegada al Gobierno, como hemos intentado exponer en apartados anteriores.

Precisamente, es esta proyección internacional la que nos interesa en esta investigación. Porque es la que nos permitirá explicar y dar contenido al estudio de caso que conforma el eje central de este análisis.

Es decir, responder a los interrogantes que se nos fueron planteando a lo largo de la misma, sobre cuestiones tales como: ¿Por qué acudían a él, tanto los dirigentes centroamericanos como los líderes norteamericanos? o ¿Qué peso tenía su opinión sobre el conflicto que no tenían la de otros dirigentes?.

Entre otras muchas.

Nuestro objetivo, por tanto, no es establecer un marco analítico para el estudio del liderazgo político en y desde la Ciencia Política. Aplicado en este caso a la España democrática y a sus dirigentes políticos. Pero, como ya hemos expuesto en otros apartados de la investigación, es un elemento imprescindible para poder dar significación y coherencia a la misma. De ahí, que no queramos terminar este capítulo sin exponer, aunque sea brevemente, algunos aspectos que merecen mencionarse por su interés y, sobre todo, que plantean interrogantes acerca de esta temática. Dejando abierta una puerta para análisis que incidan con mayor profundidad en un campo que consideramos que aún no ha sido suficientemente estudiado y donde entendemos que la psicología social ha intentado absorber su objeto de conocimiento como propio. Lo cierto es, que el estudio del liderazgo político, aún estando en estado embrionario, fundamentalmente en la Ciencia Política española, se caracteriza por la existencia de múltiples enfoques, los cuales dan lugar a diferentes teorías que tratan de informar sobre él. No es este el momento de exponer todas y cada una de estas aproximaciones teóricas pero sí resaltar que tras su análisis, una primera conclusión, es que las mismas tomadas de manera aislada, sólo proporcionan visiones parciales e incompletas de una realidad sumamente rica y compleja, como es el liderazgo político. Y ello, porque las referidas teorías, aíslan algunos de los elementos que conforman este concepto y obvian los demás. Como afirman el profesor Ballart y el profesor Ramió695, en Ciencia Política y de la Administración, la principal pregunta que se ha formulado sobre este tema guardaría relación con cuáles son las características comunes a los líderes que se entienden que tuvieron éxito. O dicho de otro modo: si los líderes tienen algunos rasgos de personalidad o atributos emocionales que les hace ser sustancialmente diferentes de aquellos que representan el papel de seguidores. Por tanto, dos temas merecen especial interés: las características personales del líder y la relación con los seguidores.

Entendemos, que a estos dos aspectos, tendríamos que unir un tercero: el contexto y secundariamente, la suerte. Luego volveremos sobre ello.

Los autores anteriormente referidos, en una de las escasas aproximaciones que se han realizado al liderazgo político desde la Ciencia Política y de la Administración española, tomando como base de análisis actores políticos españoles, hacían un intento de síntesis sobre la literatura científica de este concepto. Existirían, tres grandes perspectivas, a saber:

1. Los Estudios Biográficos: serían los análisis más entretenidos y se centran en los grandes personajes políticos de las democracias occidentales. Sobre todo, en los Presidentes norteamericanos. En España, han sido escritos por periodistas políticos o historiadores y en ellos se corre el peligro de que el investigador se identifique con el personaje y pierda la objetividad que debe tener todo científico social.

2. Los Estudios sistemáticos de las características de los líderes: son aquellos que establecen comparaciones sistemáticas entre líderes para determinar pautas de comportamiento, estilos o características asociadas a la buena gestión de los asuntos públicos696.

3. Los Estudios que parten de los presupuestos de la elección racional: tiende a presentar a los líderes como individuos que frente ante las fuerzas políticas, económicas o sociales, responden racionalmente a incentivos estructurados697.

La aproximación que pretendemos en este punto de la investigación, no se realizará de manera teórica y general haciendo un diseño analítico/conceptual, sino teniendo presente en todo momento cual es el objetivo y la hipótesis que guían este trabajo, por tanto, con un marcado carácter aplicado y de caso. Conforme a esto, lo que nos interesa es recapitular e incidir en aquellos elementos que convirtieron a Felipe González en un líder con proyección exterior. Antes, durante y después de su paso por el Gobierno. Posición que iría intrínsecamente unida a la de España en el concierto internacional, de la cual ya hemos hecho referencia en el capítulo anterior. Posición, por tanto, que debe ser atribuida en algún grado, al menos, a la actividad política que el citado actor desempeñó durante todos esos años698. De ahí, el intento al final de este capítulo de esbozar un organigrama teórico aplicable al estudio del liderazgo político. El cual, se llenará de contenido, de acuerdo al aquí y ahora que supone nuestro objeto de investigación. Posteriormente, en las conclusiones finales, volveremos a detenernos en este aspecto, pero en ese caso, atendiendo a una visión general una vez expuesto el estudio de caso y el país de control. Ahora, es el momento de aportar algunos datos más al análisis.

El hito más importante en la carrera política de González, que ratifica lo expuesto en relación con su proyección exterior, tuvo lugar en noviembre de 1991. En ese momento se celebró en Madrid la Conferencia de Paz de Oriente Medio y su imagen de estadista a nivel mundial fue transmitida por televisión a todos los países del mundo699. España se convirtió durante algunos días en el centro de la Sociedad Internacional y su Presidente, en el gran triunfador por haber conseguido que la misma se realizara en su país. Mas, ésta no era sino la antesala de lo que iba a ocurrir al año siguiente, cuando en España se celebraron las Olimpiadas en la ciudad de Barcelona; la Exposición Universal en Sevilla y Madrid se convierte en la ciudad europea de la cultura. Todo un éxito para González, que se ve confirmado ante los líderes de América Latina con la celebración en Madrid de la referida II Cumbre Iberoamericana. Según expone Felipe González, durante todo el tiempo que fui Presidente de Gobierno hice un gran esfuerzo porque España ocupara un lugar relevante en la escena internacional, sobre todo, si consideramos que en aquel momento no teníamos apenas presencia en las OI y la relación bilateral con otros países era mas bien exigua. Siempre defendí que la política internacional debía ser un reflejo de lo que era la política doméstica, no hice compartimentos estancos, quise que la política de mi Gobierno tuviera coherencia interna (...) Fueron años muy intensos y los resultados son evidentes700 . Para Julio Feo, los dos máximos logros del Gobierno de González fueron el modernizar España y el que se convirtiera en uno de los países que verdaderamente cuentan en el concierto mundial. De Felipe aprendí muchas cosas durante “aquellos años”, pero tal vez las más importantes fueron contemplar las cosas con cierto relativismo intelectual, no ser dogmático y las ventajas de templar y controlar los nervios701.

Cualidades que debe tener un líder a nivel internacional.

Llegados a este punto, por tanto, lo que interesa no es tanto dar a conocer los elementos que dibujaron el liderazgo del Presidente en el interior del territorio español, como comprender cómo alcanzó esas cotas de popularidad y, sobre todo, de prestigio en el ámbito internacional. Prestigio que tal y como se pretende demostrar a lo largo de estas páginas, fue utilizado durante todo su mandato para encubrir los problemas que tenía dentro de sus fronteras. Y, sobre todo, prestigio en el ámbito internacional que intentó utilizar como moneda de canje cuando los problemas de la vida política española parecían darle poco margen de maniobra. Ya hemos mencionado en el capítulo anterior la importancia que tienen, sobre todo simbólicamente, los viajes al exterior. Muchos han criticado estas salidas al extranjero de González a lo largo de todos los años al frente del Gobierno, como un mecanismo para alejarse de los problemas en el ámbito interno. Así, en la cuestión de confianza que presenta González en 1990, el diputado del Partido Aragonés, Mur Bernad702, le dice al Presidente: nos parece estupendo que usted sea conocido y apreciado en Iberoamérica y en Europa, a donde usted viaja con tanta frecuencia, pero debería reunirse más con los Presidentes de las Comunidades Autónomas, viajar a las diferentes Comunidades españolas y aprovechar tantas energías como hay en las diferentes nacionalidades que forman el Estado.

Sarcásticamente, Pablo Castellano exponía que la vocación por las relaciones internacionales le surgió a González en un viaje que realizaron a Viena para una reunión de la IS. En ese momento, el Presidente comprendió que los mismos te alejan de los problemas internos y en ellos nadie comete la ordinariez de hablarte de temas molestos o hacerte objeto de críticas. Si, además, los anfitriones tienen buenas islas e isleñas, esta clase de relaciones, llamadas de Estado, son una necesaria compensación al tedioso Gobierno de a diario703. Lo cierto es que la política exterior fue durante todos sus mandatos, no solamente una, sino la mayor de las obsesiones de González. Y ello, porque como afirman José Luis Gutiérrez y Amando de Miguel704, la radical inseguridad de González se expresa en la obsesión de ser más de lo que es, de hacer las veces simbólicas de “jefe de Estado B”, de aparecer como “estadista” antes que como político, de preocuparse de las más abstrusas cuestiones internacionales en las que España tiene poco que decir (desde Contadora hasta el “espacio social” europeo), por encima de los asuntos nacionales de cada día (...) El sujeto se sabe excepcional, pero quiere más. Aspira a ser un líder mundial y, dentro, le gusta colocarse simbólicamente las ínfulas de jefe de Estado. De cualquier modo, creemos que estas críticas son excesivas. Por cuanto, si bien es cierto que González se preocupó con excesivo cuidado de las cuestiones exteriores, no lo es menos que ello contribuyó al desarrollo de España. No hay que olvidar, que cuando accede al Gobierno, están comenzando a superarse tímidamente algunas de las maneras políticas franquistas. Los políticos españoles estaban poco acostumbrados a moverse entre líderes internacionales, excepto aquellos que tuvieron que hacerlo en la clandestinidad. Y aún se seguía equiparando en esos momentos, lo exterior, con lo negativo y pernicioso. Mas, en una sociedad como la que se abría a comienzos de la década de los ochenta, permanecer dentro de las propias fronteras, significaba condenarse al olvido y el subdesarrollo. Además, era el momento para rentabilizar los triunfos de la transición y normalización política española. El consenso debía recoger sus frutos fuera de las fronteras nacionales. Pero es que, tampoco hay que olvidar, que tras la entrada en la UE, los temas europeos aunque se debatieran en Bruselas, formaban parte de los asuntos internos. En la sociedad de la globalización a la que nos enfrentábamos en esos años, cualquier tema, por lejos que se encontrara, podría terminar afectando a nuestra realidad. Así, Centroamérica era un polvorín que aunque lejano, podía explotar en las manos del gobierno y de la sociedad española. Los escasos intereses nacionales, chocaban con los numerosos intereses personales y afectivos hacia la zona. Felipe González lo sabía y supo aprovecharlo para dar un golpe de efecto, el cual fue girando conforme los acontecimientos y los actores involucrados lo requerían. Sobre ello volveremos en el estudio de caso, pero la pregunta a responder entonces sería: ¿Qué le movía a actuar así? ; ¿Instinto o racionalidad calculada? ; ¿Solidaridad o canje político?.

El Presidente del Gobierno, en 1982, pocos meses antes de alcanzar la Moncloa, sostenía en una entrevista que era el político español que más trato había tenido con los líderes extranjeros705. Así como mayor acumulación de experiencia internacional, tanto europea como iberoamericana. Hay que tener en cuenta que desde la década de los 60 cuando el partido comienza a refundarse, González en la clandestinidad a que se veían sometidos los socialistas en el régimen franquista, tiene la obligación de viajar con cierta frecuencia al extranjero. Lo cual, le daba un plus a su bagaje político de cara a la posibilidad de acceder a dirigir el destino de los españoles. Aunque tal posibilidad no entrara dentro de sus pensamientos, o al menos así lo expresaba en aquellos momentos. Este plus, era el conocimiento adquirido de otros líderes políticos y, sobre todo, el margen de maniobra que esto le suponía para el líder español. En este sentido, Felipe González es quizás el político español que más horas se ha pasado hablando y contrastando opiniones con los más importantes estadistas del mundo. Felipe González tiene la formación y la información de quien ha viajado mucho y, al mismo tiempo, ha tenido la oportunidad de aprovechar esos viajes para hacer política y ver cómo se hace política fuera de España706. Para ratificar esto, valgan las palabras pronunciadas por Olof Palme, Secretario General del Partido Socialdemócrata Sueco en 1978, cuando González acude al XXV Congreso del mencionado partido. Entonces, Palme aplaudía la posibilidad de contar con la presencia allí del líder del partido más grande de España707 , un camarada con el que le unía un sueño común de libertad, y el cual no había podido acudir al Congreso celebrado en 1975 porque Franco le había retirado el pasaporte. González fue el primer líder extranjero que tomó la palabra, y expresó el sentimiento de que ambos partidos debían trabajar buscando librar al mundo de las tenazas de los grandes bloques y poner un granito de arena en la construcción de la paz708.

Hay que recordar que esta práctica de viajar y conocer otras realidades, comenzó a utilizarla Felipe González incluso antes de alcanzar la Presidencia. En 1980, cuando se había presentado la moción de censura a Adolfo Suárez ya referida, González no pudo defenderla porque tuvo que salir hacia Teherán junto a Willy Brandt, Olof Palme y Bruno Kreisky. Iba como miembro de la IS para mediar en el conflicto de la crisis de los rehenes norteamericanos en Irán709. Según el propio González comentó, emprendió el viaje como uno de los representantes de la Europa progresista, el objetivo del viaje ha sido el de conocer en profundidad la cuestión iraní y contribuir al desbloqueo de Irán ante Europa710, para abrir un puente con Irán y el proceso iraní. Por ello, la moción fue defendida por Alfonso Guerra, el “fiel escudero” que guardaba las espaldas de su líder, como Sancho Panza hacía con Don Quijote. Esto volvió a ocurrir en 1986, cuando el Presidente adujo como excusa para no poder presentarse a un debate en la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso, la necesidad de tener que acudir a una reunión del buró de la IS en la República Federal de Alemania. Lo cual no le parecía tan grave, porque según sus palabras, era la primera reunión a la que acudía en cuatro años711. En este caso, se le recriminó que no pusiera por delante sus labores como Jefe del Gobierno español antes que como miembro de la mencionada internacional. Puesto que no sólo suponía una descortesía ante la labor del Parlamento y los parlamentarios, sino también una dejación de sus actividades y responsabilidades como Presidente. Esto no parece que le condicionara en el desarrollo de sus actividades, si atendemos a lo que afirmó, al decir que a veces determinadas personas tienen que asumir la responsabilidad, no siempre bien entendida ni siquiera desde los propios partidos que representan, la responsabilidad de representar intereses nacionales; y, por consiguiente, de trascender las fronteras de un partido, sin que eso pretenda ser una vocación totalizadora (...) Yo creo que el liderazgo más allá del partido concreto se expresa casi siempre cuando la gente que no te va a votar nunca, te tiene respeto, y, por consiguiente, no estarían en contra de que cumpliera una misión de carácter nacional712. El problema sería entonces, cómo se definiría “esa misión”, puesto que en nombre de ésta, no hay que olvidar que se han cometido numerosas barbaridades en el concierto internacional. El líder, en el momento en que reúne en sí todos los resortes del poder puesto a su disposición, puede llegar a equiparar el interés nacional con lo que él considera que debe serlo. Sin tener en consideración, a otros actores políticos que participan en el juego democrático. De ahí, los abusos y los peligros consecuencia de la falta de referentes directos.

Como expone Howard Gardner713, el viajar cuando se es joven, abre las perspectivas culturales e ideológicas. El entrar en contacto permanente con puntos de vista contrastantes, permite no tener una perspectiva monolítica del mundo. Siendo ejemplo de ello líderes tan conocidos, como Gandhi, Churchill, Roosevelt, etc., Parece que no es casual, que tres líderes de tan negativo recuerdo como Hitler, Mao y Mussolinni, apenas pusieran el pie en territorio extranjero, ni cuando tuvieron ocasión de hacerlo.

(Algunos otros, tras los sucesos ocurridos con el General Pinochet, se lo pensarán dos veces antes de hacerlo!.

Como ya hemos referido, no todo el mundo veía con buenos ojos estos desplazamientos al exterior. Al final de su primer mandato, se comenzó a decir que el Presidente tenía el llamado mal de la Moncloa. El cual se caracteriza porque el Presidente del Gobierno, en este caso Felipe González, se encerraba en la residencia oficial y sólo hablaba de temas políticos cuando realizaba desplazamientos al exterior. Indirectamente de lo que se le acusaba era de no modificar las formas de actuar del Ejecutivo más propias de la derecha: poco contacto con la sociedad e imposición de las decisiones sin debate y sin tomar el pulso a las demandas sociales. Aunque según él mismo afirmaba, no era alejamiento sino todo lo contrario, por cuanto ello se debía a que se había dedicado más tiempo a resolver los problemas que al contacto con los demás. Lo que había modificado, era el modo populista en que actuaba cuando se encontraba en la oposición. El cual era más propio de los regímenes iberoamericanos que con tanta frecuencia visitaba. Dándose lugar, con ello, a una disminución del contacto directo entre el Presidente y la población. Lo que en última instancia se hacía era poner en funcionamiento un estricto control de sus actuaciones a través del Gabinete del Presidente y de su secretaria714. Aspecto que sigue desarrollando incluso en estos momentos. En este punto, en los primeros años, destaca el papel que desempeñó Julio Feo, el del portavoz gubernamental, Eduardo Sotillos y el del jefe de Gabinete, Roberto Dorado715. Tras la crisis gubernamental del 85, ya mencionada en líneas anteriores, Sotillos fue sustituido por el ministro de Cultura Javier Solana. Y ello, porque en opinión del Presidente, uno de los principales problemas del Gobierno, y del partido, era que comunicaban poco716. Ya se sabe que ésta era la mejor baza del Presidente y la de un líder que se precie: ser un buen comunicador, puesto que ello le permitía utilizar de manera eficaz la persuasión. Había que convencer de que su opción, fuera cual fuera en cada momento, aunque estuviera en contra de la tomada anteriormente, era la mejor para los intereses de España. Y en esto, González era y sigue siendo un auténtico maestro, ejemplos no faltan717. Con relación a sus viajes a Iberoamérica, hay una fecha clave: 1993. Los continuos escándalos políticos con los que día tras días se despertaban los españoles, algunos de los cuales ya se mencionaron en el capítulo anterior, llevaron al Presidente a buscar refugio fuera de las fronteras nacionales. De ahí, que se volviera a dirigir hacia América Latina: era una forma de eludir el enfrentamiento con los problemas concretos y de recibir toda clase de agasajos. De recuperar los recibimientos en olor de multitudes, donde ya nadie le recriminaba sus promesas no cumplidas ni los escándalos que azotaban a distintos miembros de su gobierno directamente y, por tanto, a él de manera indirecta. Aunque como veremos con mayor detenimiento más adelante, González había perdido el encanto de Flautista de Hamelin718, que había tenido en otra época y las preguntas indiscretas llegaban incluso de fuera de nuestras fronteras. Los periodistas concentraban sus preguntas más en aquellos temas relacionados con la política interior española que con el motivo de los desplazamientos del Presidente. Y ni los recibimientos multitudinarios, le ayudaban a quitar ese regusto amargo que ya nunca le abandonaría en el Gobierno y fuera de éste.

Por todo lo anterior, consideramos que el término más apropiado para calificar a González es el acuñado por Linz de liderazgo innovador. Entendiendo por tal concepto, aquel liderazgo que es realizado por personas que dirigen con éxito los desafíos que plantea a una sociedad un acontecimiento histórico concreto y cambios políticos o sociales irreversibles, ganándose el apoyo, o al menos, la aceptación de la sociedad, la aprobación del electorado y la tolerancia de las principales instituciones. Su base es la toma de decisiones consideradas inciertas, impopulares y peligrosas719. Las cuales se pueden considerar muy costosas a corto plazo, pudiéndose llegar incluso a la pérdida de apoyo del líder por el electorado y, en última instancia, a su dimisión o abandono de la vida política. Conceptualización que se aplicaría en este caso al liderazgo surgido en España tras el período de la dictadura franquista, el cual, en algunos momentos, también podría aplicarse a Adolfo Suárez y en menor medida a Calvo Sotelo. Con ello no es que queramos echar por tierra aquellas aportaciones que han catalogado a este actor político como líder carismático, sino que consideramos que conforme a la realidad española de finales de siglo, es más apropiado el concepto propuesto por Linz. Sobre todo, porque permite alejarse de la banalidad y “popularidad” que tal término ha adquirido en los últimos tiempos. Y buscar, dentro de la Ciencia Política, nuevas expresiones aplicables a nuevas realidades.


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