¿Cómo citar estas
tesis doctorales?

¿Cómo poner un
enlace a esta página?

 



 

La Empresa es su Resultado
El Beneficio editorial y la Contabilidad del Conocimiento.

Francisco Luis Sastre Peláez

 

I I I PARTE EL RESULTADO

CAPÍTULO 11. EL RESULTADO Y SU PROBLEMÁTICA GENERAL

Las teorías de la Empresa y del Empresario

Como hemos señalado anteriormente, fue la insatisfacción ante la incapacidad del modelo neoclásico a la hora de analizar el fenómeno de la organización la causa que dio origen a las denominadas “Teorías de la Empresa y del Empresario”.

El problema común al que se enfrentan estas construcciones teóricas es el siguiente: si no se considera a la actividad empresarial como una función de producción, según mandan los cánones neoclásicos, es preciso admitir en alguna medida en nuestro modelo el elemento personal, temporal e irrepetible que caracteriza al directivo y a la organización individualmente considerados. Esta circunstancia puede llevar a un “callejón sin salida” porque, al fundamentar el análisis de las empresas en lo privado, el enfoque económico pierde significado, dejándose el control de la investigación en manos de psicólogos, sociólogos o estadísticos. Esta circunstancia es, precisamente, la que ha impedido la consolidación de las llamadas “teorías del empresario” dentro del corpus económico ortodoxo.

Para desarrollar un análisis crítico del problema sin incurrir en el error señalado antes no cabe, al menos por el momento, ni un rechazo total del modelo neoclásico, ni una simple y directa utilización de éste. El abanico de posibilidades se extiende, entonces, desde una utilización cuasiortodoxa del modelo, hasta enfoques progresivamente disidentes y que, en sus formas más extremas, parecen configurar ya una nueva teoría alternativa (Neoinstitucionalismo).

Se dispone, entonces, de dos posibles vías de actuación, que podríamos resumir de la siguiente forma: o preservar el modelo neoclásico mediante su perfeccionamiento, o penetrar en un enfoque nuevo, neoinstitucionalista, aún excesivamente embrionario como para sustituir totalmente al primero. Seguidamente analizamos, brevemente, el desarrollo de los trabajos realizados en ambos sentidos.

1. - Perfeccionar el modelo neoclásico

Partiendo del supuesto de la conservación del modelo, esta corriente busca su mejora con el fin de hacerlo susceptible de incluir supuestos más realistas y que permitan analizar algunas cuestiones planteadas recientemente como, por ejemplo, la innovación o la información imperfecta.

Este camino ha sido seguido por tres grupos distintos de autores, que han dado lugar a tres importantes corrientes dentro del pensamiento económico: la “Economía de la Competencia Imperfecta”, la “Escuela de Chicago” y los “Modelos de Equilibrio General”.

1.1. - La “Economía de la Competencia Imperfecta”: Sus representantes introducen el concepto de incertidumbre con el fin de analizar los aspectos dinámicos del proceso económico.

Podemos considerar a estos economistas como una “primera ola” crítica a la postura del “equilibrio general sin empresario” implícito en el modelo neoclásico. Entre ellos se cuentan autores de gran prestigio como, por ejemplo, Schumpeter, Knight, Robinson o, incluso, el propio Keynes. De entre éstos, y desarrollando la idea del empresario como elemento dinamizador del sistema walrasiano, destacan dos nombres de gran importancia en la configuración de la teoría actual del beneficio: Schumpeter y Knight(1).

1.2. - La “Escuela de Chicago”.

El pensamiento de la “tradición de Chicago”, cuyos autores más representativos podrían ser Stigler y Friedman, apoya la bondad de la corriente neoclásica y el modelo de competencia. Afirman que el alejamiento que se produce entre la realidad y el modelo se debe, ante todo, a la formación de monopolios (generalmente derivados del uso de la tecnología), o bien al comportamiento estratégico y/o antisocial de las empresas.

En esta escuela el nivel de matematización es importante. El peso cada vez más grande de la econometría en la teoría económica es visible en la obra de Stigler, que insiste siempre en la necesidad de conceptos mensurables con el fin de poder realizar predicciones concretas.

1.3. - Los “modelos de Equilibrio General”

A la hora de incluir la función empresarial en el modelo de equilibrio general hay dos enfoques posibles:

a) considerarla como un input más del proceso productivo, al que habrá que remunerar como a cualquier otro factor: es el Modelo de McKenzie, en el que no existe beneficio puro, sino coste y retribución del trabajo directivo.

b) considerar el beneficio como un residuo: se define un beneficio puro similar al establecido por Knight y destinado a los propietarios. Se denomina residuo porque no corresponde directamente al producto marginal mensurable de ningún factor: Modelo de Arrow-Debreu.

Kenneth Arrow, quizá el nombre más representativo en este grupo, juzga al modelo neoclásico como el más perfecto existente, si bien con el defecto de no incluir dos nociones importantes: la innovación y el conocimiento imperfecto. Según este autor, el coste de adquirir información, en una economía con incertidumbre, es el punto esencial. En cuanto al empresario, no lo concibe ya como un individuo, sino como una gran empresa(2). Por último, el punto de vista de Arrow, que le hace considerar con atención los costes de transacción, le acerca a menudo a la orientación institucionalista.


1. En opinión de Blaug, Schumpeter y Knight son las dos excepciones principales al acuerdo general de los economistas sobre la escasa importancia del empresario en el desarrollo del proceso económico. Por otra parte, son ellos los “críticos” que más han calado en la “corriente principal” del pensamiento económico, fundamentalmente porque sus teorías pueden encajar dentro del análisis neoclásico sin necesidad de afectar profundamente a su enfoque. Para el análisis en profundidad de las teorías de Schumpeter y Knight nos remitimos a la bibliografía consultada. Un buen resumen operativo de las mismas, en relación con el beneficio, puede obtenerse en: Santos Redondo (1997): 129 y ss.

2. En la teoría económica, la figura del empresario individual ha ido perdiendo protagonismo en favor de la empresa como institución y, especialmente, de la gran corporación. Los tres autores y obras que podrían ejemplificar las fases principales de este proceso son, en nuestra opinión, los siguientes:

            1.- Berle y Means, que en su obra The Modern Corporation and Private Property, llaman la atención sobre las diferencias entre la gestión derivada del antiguo capitalista-director y las de la moderna corporación.

            2.- Baran y Sweezy, en El capital monopolista, analizan la separación entre propiedad y control en la gran organización. Consideran a ésta la encarnación e institucionalización de la función capitalista.

            3.- Galbraith, en su obra El nuevo estado industrial, consagra el término “tecnoestructura”, en referencia a la burocracia que dirige a la empresa y que tiene sus propios objetivos, distintos tanto del bien común como de los intereses del accionariado.

Véase: Baran y Sweezy (1972) ; Galbraith (1984) y Berle(Jr), Adolf A. y Means, Gardiner C. The Modern Corporation and Private Property. McMillan Co, New York, 1932.


Volver al índice de la tesis doctoral La Empresa es su Resultado

Volver al menú de Tesis Doctorales

Volver a la Enciclopedia y Biblioteca de Economía EMVI


Google

Web www.eumed.net