Revista: Turydes Revista Turismo y Desarrollo. ISSN 1988-5261


TURISMO COMO FENÓMENO HUMANO: PRINCIPIOS PARA PENSAR EN LA ECOSOCIOECONOMIA

Autores e infomación del artículo

Carlos Alberto Cioce Sampaio
UFPR

Yenifer Ninosca Silva Segovia
Pontificia Universidade Católica do Parana

carlos.cioce@gmail.com

Resumen: El turismo es un fenómeno que puede ser observado sobre los contextos históricos, económico-administrativo, filosófico-socio-político y ambiental, además de otros que no están siendo privilegiados en este estudio. Estos contextos son interdependientes, interactúan y se complementan, sin embargo también se contradicen. En esta encrucijada, el objetivo es analizar el turismo como un fenómeno humano. Esto se justifica por la necesidad de tener en cuenta los intereses de las comunidades en el momento de tomar decisiones sobre directrices de políticas. En este sentido se pretende superar el punto de vista dominante de las ciencias sociales aplicadas, complementándola con las ciencias ambientales, resultando, a principios la ecosocioeconomia y su práctica bajo la denominación turismo de base comunitaria.
Palabras claves: Ecosocioeconomia, turismo de base comunitaria, fenómeno humano, fenómeno ambiental, fenómeno económico y administrativo, fenómeno filosófico, político y sociológico.

Abstract: Tourism is a phenomenon that can be observed on the historical-philosophical and socio-political, environmental, economic, administrative contexts, and other not being privileged in this study. These contexts are interdependent, interact and complement, but also contradictory. At this juncture, the goal is to analyze tourism as a human phenomenon. This is justified by the need to take into account the interests of the communities in making decisions about policy guidelines. In this sense it seeks to overcome the dominant view of the applied social sciences, supplemented with environmental sciences, resulting in early ecosocioeconomia and the practice under the name of community-based tourism.
Key words: Ecosocioeconomics - community-based tourism - human phenomenon- environmental phenomenon - economic and administrative phenomenon - politico and sociological - Filosofico phenomenon.



Para citar este artículo puede uitlizar el siguiente formato:

Carlos Alberto Cioce Sampaio y Yenifer Ninosca Silva Segovia (2015): “Turismo como fenómeno humano: principios para pensar en la ecosocioeconomia”, Revista Turydes: Turismo y Desarrollo, n. 19 (diciembre 2015). En línea: http://www.eumed.net/rev/turydes/19/ecosocioeconomia.html


  • INTRODUCIÓN

Este énfasis de análisis sobre el turismo como fenómeno humano se justifica por la necesidad de tener en cuenta los intereses de las comunidades en el momento de tomar decisiones sobre directrices de políticas. En este sentido se pretende superar el punto de vista dominante de las ciencias sociales aplicadas, complementándola con las ciencias ambientales, resultando, a principios la ecosocioeconomia y su práctica bajo la denominación turismo de base comunitaria. El concepto propuesto por la Organización Mundial del Turismo (OMT) de desplazamiento fuera del local de residencia por un período superior a 24 horas y menos de un año, motivado por razones no económicas, requiere de una reflexión (OMT, 2002). Ya que este concepto se restringe para quien se desplaza, y no para quien recepciona. En este sentido, se deduce que las comunidades receptoras (y sus recursos naturales) tendrían que estar a la disposición de personas que se desplacen para sus territorios. Favoreciendo a quien se desplaza - el turista - y no a quien lo recibe - las comunidades autóctonas. Las comunidades, cuando son relevadas, son analizadas desde la perspectiva económica reduccionista (favoreciendo los resultados de corto y mediano plazo), dimensionando apenas la infraestructura turística: accesos, infraestructura urbana básica, bienes y servicios turísticos y de apoyo, y recursos turísticos. Es decir, como simple comunidad receptora de flujo turístico. Lo que intriga es que no se considera ni las consecuencias económicas a largo plazo (externalidades) que perjudican la propia viabilidad económica del emprendimiento turístico. Sin pretensión de agotar el tema, el objetivo es construir una base de conocimiento interdisciplinar todavía preliminar que se denomina ecosocioeconomia para que se pueda pensar en una práctica de turismo de base comunitaria.

  • METODOLOGÍA

Este trabajo fue estructurado a partir de ensayos, investigación bibliográfica y empírica, y prácticas intervencionistas llevadas a cabo en el ámbito del Laboratorio de Gestión de Organizaciones que promueven el Eco-Desarrollo, que comprende los Núcleos de Ecosocioeconomia (NEcos) y de Políticas Públicas (NPP), vinculados institucionalmente a los Programas de Postgrado en Desarrollo Regional de la Universidad Regional de Blumenau (FURB), en Gestión Urbana de la Pontificia Universidad Católica  del Paraná (PUCPR) y en Medio Ambiente y Desarrollo y en Turismo de Universidad Federal del Paraná (UFPR).

TURISMO COMO FENÓMENO HISTORICO

La historia es una ciencia que estudia un conjunto de conocimientos relativos al pasado cultural de la humanidad en su dimensión espacio-tiempo. El hombre no está entre las primeras formas de vida que se produjeron aproximadamente dos o más billones de años atrás. El hombre evoluciona pasando por diversas eras, pero es en el Periodo Cuaternario, en el Pleistoceno, también conocido como Era Glacial, alrededor de 100.000 a 50.000 años atrás, en el que aparece como homo sapiens, es decir, el hombre con sus características actuales (CAVALLI-SFORZA, 2003:128). Y es en el Holoceno (la transición del Paleolítico al Neolítico), hace aproximadamente 12.000 años atrás, donde se inician los ciclos civilizatorios humanos (CAVALLI-SFORZA, 2003). A partir de este período, surgen las primeras comunidades domesticas, conteniendo elementos constitutivos del fenómeno turístico.
En la  antigüedad, surgieron las primeras y grandes ocupaciones de civilizaciones humanas en regiones prósperas con abundantes recursos naturales. Este período es conocido por la formación de comunidades humanas locales que se contraponían a los movimientos nómades, características de las poblaciones que vivían en la pre-civilización (WEBER, 2000). Las comunidades locales se ​​caracterizaban por la permanencia humana 1 en un lugar determinado. Este tipo de comunidad perduro a partir de la sociabilidad de sus miembros y no para salvaguardar los intereses individuales en la posesión de bienes materiales (POLANY, 2000:65). Para que  la sociabilidad perdure, es necesario llevar a cabo  acuerdos, independientemente si estos fueran de orden tácita o explícita. En esta óptica, el turismo puede ser considerado como un acuerdo para posibilitar la circulación de personas entre las comunidades. En esta perspectiva instrumental, el turismo tiene por objetivo coordinar la logística del desplazamiento humano, previendo algunas medidas, como el alojamiento, comidas y entretenimiento, para que el evento turístico se produzca.
En la Edad Media las comunidades locales eran organizadas de manera diferente a las de sus primogénitos de la antigüedad. Hubo una creciente dependencia de los líderes micro-regionales y regionales, llamados señores feudales. En cierto modo, el derecho (la libertad) de ir y venir estaba condicionado al sello del señor feudal.
En el transcurso de la Edad Media hasta el Renacimiento, el sistema feudal se derrumbó (POLANY, 2000). La propiedad feudal, se sostenía económicamente del cultivo agrícola de la tierra, lo que determinaba la riqueza. Con su decadencia se fortaleció la aparición de los burgos, que eran zonas fortificadas y protegidas por las murallas de los castillos, en los cuales se intensificaban las actividades comerciales. Con el éxodo de los pequeños propietarios feudales y arrendatarios de tierras, surgieron los burgos extra-muros, localizados externamente de las murallas de los castillos. De este modo aparecieron las primeras ciudades, tales como las que se conocen hoy en día (MARSHALL, 1985:319). Coincidentemente al final del feudalismo, la movilidad causados ​​por las Cruzadas dinamizo el flujo de viajeros entre las ciudades, transformando algunas en destinos o entre-puestos comerciales.
El Iluminismo, conocido por Edad de la Razón y la Revolución Industrial, ambos movimientos  del siglo XVIII. El primero tuvo lugar en las ciencias y el segundo tuvo lugar en la economía. La producción industrial fragmento el trabajo, dividiéndolo en tareas, cuyas responsabilidades fueron fragmentadas (mecanizadas), de modo que pudiese maximizar los procesos de fabricación. En la actividad artesanal, la responsabilidad y el manejo del proceso eran centralizados en el artesano, con todo con el apoyo de aprendices. No sólo el trabajo se ha dividido, la vida también. Surgieron, entonces las condiciones ideales para la aparición del stréss del trabajo que, por cierto, retroalimenta el sistema actual de recreación, especialmente el turismo (DUMAZEDIER, 1999). Sin embargo, no se debe confundir la división del trabajo causada por las diferencias sexuales y físicas humanas con la mecanización. La división de trabajo mecanizado pretende maximizar tanto la localización de recursos en el proceso productivo, actualmente llamada eficiencia productiva o productividad, como de sus resultados, llamada eficiencia productiva o competitividad. Por otra parte, ella ocasiono, en su extremo, la división de la sociedad en clases sociales. En un extremo está el propietario del capital (capitalista) y en el otro el propietario del trabajo (trabajador) (MARX, 2000). La división del trabajo, de alguna manera, está impregnada de una racionalidad utilitarista basada básicamente en el cálculo de consecuencias económicas de interés individual, es decir, si alguno gana, alguien pierde. Aunque se tengan restricciones de considerar el turismo como una actividad industrial, sobre todo representada por la expresión industria del turismo, no se niega el efecto de la patología utilitarista también en esta actividad, esto es, tendencia a la homogeneización y  departamentalización de las actividades. 
En la época contemporánea como resultado de la división del trabajo, típico de la Revolución Industrial surge la burocracia, entre final del siglo XIX y principios del XX. El concepto de burocracia atraviesa por una mera aproximación metodológica de gestión organizacional, tal como se le conoce popularmente. Sus principales características son las rígidas reglas en la unidad de control, como autoridad y responsabilidad, jerarquía organizacional vertical y división del trabajo con niveles de especialización (WEBER, 2000:143). Además, esta característica es el principio norteador de la producción en serie dentro de la línea de montaje, tan bien ilustrada por el case, de renombre mundial de fabricación de automóviles Modelo T de Ford Motors, que más tarde sirvió como inspiración para la automatización de los procesos de producción (MORGAN, 1986). En cierto modo, la burocracia se expandió más allá de los muros de las fábricas, se quedó dentro de la sociedad. Por otra parte, este enfoque había sido anunciado por el modelo ideal de burocracia weberiano (MORGAN, 1986). Este fenómeno puede ser llamado mecanización que se basa en una racionalidad utilitaria basada en el cálculo de consecuencias económicas. Es el intento de racionalizar la utilidad de toda acción humana es una especie de re-ingeniería social. Todo tipo de trabajo  organizacional, incluso el domestico y el filantrópico, tienen características utilitarias. La productividad y la competitividad todavía se tornan medidas en el campo del ocio (DUMAZEDIER, 1999:12). No se sabe si el desempleado o, más bien, el sin trabajo se siente tan culpado por la falta de dinero para sobrevivir como por su ocio y este de alguna manera termina convirtiéndose en un premio para los que trabajan. Cuanto más se trabaja, más lo merece. A su vez, el ocio se convierte en un producto de consumo con diferentes tipos de envases. Dependiendo del bolsillo del cliente se combina  una serie de atributos, tales como calidad y precio. El turismo sería una de esas opciones de ocio (BARRETTO, 1991).

  • TURISMO COMO FENÓMENO ECONÓMICO - ADMINISTRATIVO

En segundo lugar, este período de la civilización se caracteriza por el predominio de flujos económicos entre comunidades domesticas.
La economía es un término que tuvo su significado modificado en los últimos dos milenios y medio.   El origen de la palabra economía es griega y denominaba a la gestión de una casa, oikos - casa.
En la actualidad, la economía es un sustantivo omnipresente. Supera la gestión del espacio domestico (casa), típico de las primeras comunidades con características receptoras del turismo. La economía actualmente va más allá, incluso tratando de manejar toda la vida humana. En otras palabras, surge la actividad económica, basada en el sentido utilitarista hobesiano (cálculo de  consecuencias) que distorsiona el sentido de felicidad al punto que sea sinónimo de obtener  bienes (mercancías) de forma de sustituir las satisfacciones afectivas, y así se corre el riesgo de que se convirtiera en esclavo, teniendo la necesidad material cada vez mayor, para enmascarar  nuestra insatisfacción afectiva y malestar.
Sin embargo, se cree que la desigualdad económica no es natural y la competencia económica tampoco lo es, es decir: no es una ley de la naturaleza. En consecuencia, no hay dudas de que el fenómeno turismo supera, en su esencia, la perspectiva de una actividad utilitaria con función económica y compensatoria a sus efectos: la neurosis del exceso o de la presión de trabajo.
Es necesario rescatar la percepción (visión del mundo) de las comunidades domesticas de que ellas pueden promover, con sus propios recursos y potencialidades (endogeneidad), el desarrollo del espacio local, transformándolo en una comunidad que puede decidir lo que ella quiere ser, grande o pequeña, creando en el momento en que perciba su vocación territorial. Sin embargo, sin correr riesgo de un localismo exagerado, al final el local es un espacio en movimiento, teniendo porosidad y la preocupación no está en saber dónde él empieza o termina, pero en los arreglos de los elementos que lo componen. Esta lanzado uno de los principios para pensarse la eco-socio-economía y su práctica bajo el nombre de turismo comunitario.

TURISMO COMO FENÓMENO FILOSÓFICO – POLÍTICO- SOCIOLÓGO

Si bien el fenómeno humano se relaciona con el mundo de la vida y del espíritu, el fenómeno societario se relaciona con el mundo de la vida y sus interpretaciones. Sin embargo, hay una relación contradictoria entre ellos (ARENDT, 1992). Las perspectivas de análisis que se quieren explorar son de la filosofía política, a partir de los clásicos - Platón, Aristóteles y Maquiavelo – del socio-político - Hobbes, Locke y Rousseau - y de la sociología clásica - Durkheim, Weber y Marx. La sociología política es la que inicia la reflexión sociológica sobre relaciones de poder, Estado y  ciudadanía.
La teoría política puede ser contada desde la Antigüedad. Los filósofos griegos, Sócrates (siglo V AC), Platón (siglo V y IV AC) y Aristóteles (siglo IV AC) fueron los fundadores de la teoría política. El término política proviene de la palabra polis que significa Ciudad-estado. El tema inicialmente fue tratado por análisis filosóficos y no científicos. La filosofía, en su esencia, tiene la intención de estudiar dialécticamente el objeto de estudio como un todo, dialogando con opiniones contrarias. Para Aristóteles, la política tiene una ética y lógica propia. La ética es, de hecho, la política en el ámbito del individuo. Y la política es la ética en el ámbito del Estado, o más bien, la política aristotélica conviene a la pluralidad de ideas (ARISTÓTELES, 1991). Maquiavelo examinó la realidad política tal como ella es, y no como se gustaría que ella fuera. Él rechaza el idealismo puritano de Platón y Aristóteles a la naturaleza humana heredada de Sócrates, considerando los hombres como ingratos, volubles, simuladores y cobardes. Para Platón, una persona virtuosa es aquella que tiene autodeterminación, tiene propensión a actuar, es típico de gestores, que aunque no es necesariamente buenos políticos, orientan sus decisiones a través de valores introspectivos.  El Estado surge de la imposibilidad que cada individuo tiene para bastarse a sí mismo, como una ley natural. Los principales fundamentos del Estado  maquiavélico consisten en las buenas leyes y en los buenos ejércitos (MAQUIAVEL, 1995). En contraste, la Ciudad-estado aristotélica es una sociedad política que promueve el bienestar, señalando que el mejor gobierno es aquel en el cual cada hombre encuentra la mejor manera de vivir feliz. Sin embargo, se sabe de las desigualdades de oportunidades que había entre ciudadanos, mujeres y extranjeros en la Antigua Grecia. Por lo tanto, derechos y  responsabilidades mínimas, por lo menos, deben ser aseguradas por el Estado, es decir, hay evidencias de la necesidad de regular gubernamental en sociedades y mercados con fuerzas desiguales, tal como se vive actualmente.
La visión de la realidad socio-política en Hobbes, Locke y Rousseau es esencialmente contractualista, es decir, los orígenes del Estado (social o político) y la sociedad civil (especialmente en su libre albedrio), así como sus relaciones están en un contrato. El contrato es un acuerdo explícito o tácito entre la mayoría de los individuos,  en el cual marca el final del estado natural y el comienzo del estado social y político (BOBBIO, 1992: 272). Hobbes creía que el comportamiento humano no cambiaba con el tiempo, basándose en conceptos prediseñados (preconceptos). Aunque todos vivan en estado de guerra, los hombres son tan parecidos que ninguno puede triunfar de manera total sobre el otro (HOBBES apud CHEVALIER, 1989). Todos utilizan una misma razón, basado en el cálculo de consecuencias individuales y colectivas. Acercándose a la virtud maquiavélica, el individuo hobesiano anhela el honor (y no los bienes, como atribuyen la racionalidad capitalista) que a pesar de ser un valor individual, es mediado por el juicio de otro. En esta perspectiva, tanto hay posibilidad de libre mercado, en el sentido de cambios más justos entre vendedor y comprador, cuanto hay posibilidad de mercado solidario, en el sentido de cambios compensatorios, en las cuales la clase económica más próspera reduce voluntariamente su expectativa de ganancias a favor de las clases económicas menos pudientes. Para Hobbes y Locke2 , el estado de naturaleza es una concepción individualista, a diferencia de la concepción aristotélica. Todavía, para Locke, a diferencia de Hobbes, reina una relativa paz, concordia y armonía en la sociedad, sin necesidad de gobierno por el temor. El contrato social hace el pasaje del estado de naturaleza para el estado civil; es un pacto de consentimiento y no de sumisión, de acuerdo con la concepción hobesiana para preservar y fortalecer aún más los derechos originados del estado de naturaleza (CHEVALIER, 1989). Distintamente de Hobbes y Locke, Rousseau cree que se puede encontrar la libertad e igualdad también en el estado de la sociedad. No hay una ley natural en la sociedad que selecciona los más fuertes. Todo individuo constituye una interioridad por excelencia y la fuerza expansiva del alma que lo identifica con sus semejantes (LOCKE Apud CHEVALIER, 1989). El hombre natural está rudamente sometido a la naturaleza física, a la necesidad física, a las cosas, al otro. La transformación del hombre natural en ciudadano le transformo los instintos, los modifico químicamente. Es necesario restablecer el concepto original de virtuosismo, que es resignarse a sí mismo, es el amor al otro, es el amor a la patria. La virtud, en este sentido, es el principio vital (es el cemento, metafóricamente hablando) para la implementación de políticas públicas, tal como la Agenda 21 Local, que promueven otro desarrollo. El Estado hobesiano implica en el poder absoluto (Leviatán). La sociedad nace con el Estado. Temprano o más tarde la gente transfiere sus derechos de gobernar a sí mismos a un hombre (monarca), o a una asamblea de hombres. Una vez hecho esto, la multitud se une en una sola persona, llamada Estado. Por el contrario, el Estado liberal no es gobernado  por la fuerza ni por la tradición, pero apenas por el consentimiento expreso de los gobernados, que es la única forma de poder político legítimo. El Estado liberal garantiza la libertad individual y el derecho de propiedad. Definitivamente, la idea del Estado liberal contrapuesto a la idea del Estado absolutista (LOCKE, 2000). La democracia liberal es entendida como una forma de gobierno que prevalece la decisión de la mayoría sin que se des respeten los derechos de las minorías (CHEVALIER, 1989). Estado político existe cuando hay libre consentimiento de los individuos para el establecimiento de la sociedad y a la formación de gobierno. Es legítima la resistencia de la sociedad al ejercicio ilegal del poder, cuando este no tiene otro recurso o a quién recurrir para su protección. Se permite al pueblo ser juez de los actos del Estado, mismo porque toda la autoridad y toda soberanía dependen de su relación con el pueblo en su totalidad. La soberanía puede, sin embargo, ser delegada en sus funciones ejecutivas, de acuerdo con formas diversas: monarquía, aristocracia y república. En otras palabras, la diferencia entre Hobbes y Rousseau no está en contestación de la necesidad de gobierno, sino en la legalidad de la soberanía de la sociedad, implicando que las políticas públicas no son hechas para el pueblo, se hacen por el pueblo, tal como se espera ver en Foros de Agenda 21 Local.
El pacto social no puede ser legítimo sino cuando se origina en un consentimiento necesariamente consensuado, como ocurre en los foros de Agenda 21 Local. Se recibe en cuerpo cada miembro como parte indivisible del todo. El verdadero pacto presume una igualdad moral y legítima, si todavía, la naturaleza es capaz de introducir la desigualdad en fuerza física o ingenio, convirtiéndose todos iguales por convención y derecho (ROUSSEAU, 19XX).
La primera definición de sociología fue la de un estudio científico de la sociedad. Para Augusto Comte (considerado el padre de la sociología). La sociedad es el espacio adecuado para el individuo realizar su naturaleza y todas las transformaciones que permiten esta realización. La sociedad es posible gracias a la fuerza progresiva de la especie humana a la tendencia fundamental que incita directamente el hombre a mejorar continuamente y sobre todos los aspectos la situación en que se encuentra (una especie de ley natural). Max Weber, por su parte, rechaza esta ley positivista. La sociología weberiana entra en el mundo de la cultura que está llena de representaciones subjetivas sobre la compresión del espíritu y de la acción humana, contrariamente al objetivismo sociológico (WEBER, 2000).
La sociología marxista o el materialismo histórico asumen una vocación crítica para exponer y superar la formación capitalista que, a su vez, es el resultado de un proceso histórico de la producción social de la existencia humana. Para Karl Marx (considerado el padre del socialismo), el peor efecto que el capitalismo causa y, a su vez, debe ser combatido es la alienación humana, es decir, cuando el hombre no percibe las cosas como son (MARX, 1996; MARX & ENGELS, 2002). Es el típico  ejemplo del turista que, a menudo no se da cuenta de que las necesidades afectivas no pueden ser compensadas por el consumo de paquetes turísticos. No es la conciencia que determina la vida, sino la vida que determina la conciencia. Por cierto, la vida societaria se justifica por los beneficios derivados de la cooperación (de la colectiva) entre los hombres y, que por lo tanto hace posible la libertad individual (MARX, 1999). Por ejemplo, las pequeñas comunidades pesqueras, situadas en regiones consideradas destinos turísticos, tienen una mayor oportunidad de preservar sus modos de vida que le son propias, en el caso que haya espíritu asociativo, como es el caso de Prainha do Canto Verde.
La sociología weberiana comprende interpretativamente la acción social y por lo tanto explicarla causalmente en su curso y en sus efectos. La acción social, a su vez, significa una acción que, como a su sentido revisado por el agente o los agentes, se refiere a la conducta de los demás, orientándose por este en su curso (WEBER, 2000:3). El primer tipo de acción social weberiana es aquel que se basa en el cálculo racional entre medios y fines, también llamada instrumental, y que es fácilmente ligada al utilitarismo económico. El segundo tipo es aquel que independiente de cálculo y se relaciona a valores éticos, estéticos o religiosos. El tercer tipo de acción es el que tiene cuño afectivo, emocional, aunque a menudo, sin llegar a ser irracional. Y el último, se basa en la costumbre arraigada de los agentes sociales (WEBER, 2000). Aunque, lo que se llama por modernidad capitalista es la supremacía de la acción social basada en el cálculo entre medios y fines económicos sobre los otros tipos de acción social, resultando en la pérdida de sentido valorativo, afectivo y de las costumbres humanas, llegando a ser la acción social esclava de un cálculo puramente económico. Para Weber (2000:199 - 202) La relación social es cuando el sentido de la acción social es compartido por varios agentes, pudiendo tener carácter comunitario (personal) o societario (impersonal). La relación social puede ser dirigida legítimamente a través de la mediación de agrupaciones, de la gestión de empresas, del voluntariado asociativo, de la regulación institucional y de la gobernanza de lo urbano y de lo rural. Con la ciudad surgió la necesidad de la administración organizacional comunal, es decir, de la política. Las ciudades concentran la mayoría de la población, de los medios de producción - especialmente aquellas actividades que dependen de capital intensivo y de trabajadores jornaleros para cumplir con las demandas estaciónales (que, por cierto, es uno de los cuellos de botella del turismo de masas) - y de los placeres humanos, tales como restaurantes, bares y similares. Mientras que el campo es lo contrario, concentrando las actividades extensivas de mano de obra y un poco de aislamiento humano.
Desde la aparición de las primeras ciudades, eran hechas predominantemente de inmigrantes que dejaron para atrás a sus familias. Para que estos no entrasen en estado de privación social (porque no existían las facilidades de los medios de transporte actual, como trenes o autobuses para visitar a los familiares, ni tampoco las instalaciones de telecomunicación, móvil e Internet), se precisaba crear un marco de referencia familiar nuevo que le fuesen propios. Este grupo secundario podría formarse a partir del trabajo (de oficio) y podría compensar la ausencia familiar. Sin embargo, como es bien conocido las organizaciones industriales no son espacios sociales que promuevan la cooperación entre las personas. Es decir, las organizaciones industriales terminan no transformándose en espacios ideales para los cuales las personas pudieran recargar la energía vital necesaria para sobrevivir, especialmente en tiempos difíciles como fue la revolución industrial. Así que, de alguna manera, el turismo tal como lo conocemos hoy en día, se puede entender también como la búsqueda para compensar los lazos flojos y frágiles que unen a las personas que viven en los centros urbanos (DURKHEIM,1973). Es en esta perspectiva que el turismo comunitario, visto como una alternativa de forma de vida, se convierte en una respuesta urgente a tales demandas sociales, sobre todo cuando viene de centros urbanos donde se encuentran y viven personas más desanimadas con el estilo de vida actual.

  • TURISMO COMO FENÓMENO AMBIENTAL

El desarrollo sostenible surgió de la conciencia planetaria de las amenazas incluidas en el proyecto de la civilización industrial-tecnológica a principios de los años 70: explosión demográfica y pobreza, contaminación industrial y uso predatorio de los recursos naturales (SAMPAIO, 2000). Desde entonces, la compleja red de interrelaciones hombre-medio ambiente se encuentra en rápida diseminación en todo el mundo. En estas discusiones, surge la cuestión de la problemática ambiental y del medio ambiente con varias acepciones, principalmente situadas entre dos puntos extremos - el preservacioncita y el llamado nuevo naturalismo (MOSCOVICI, 1992). La concepción preservacionista, en general, prima el mito de la naturaleza intocada en la que presume el hombre como un destructor del medio ambiente (DIEGUES, 1996), como que naturaleza y hombre fuesen conceptos disociados, elevando la naturaleza como sujeto y, en cierto sentido,  el hombre como objeto. Para ilustrar, se cita el modelo de parques nacionales deshabitados, surgido en Estados Unidos (Yosimite National Park - California) a mediados del siglo XIX, donde no es permitida la residencia humana en el área protegida (MMA, 2005). Dentro de la concepción nuevo naturalismo, la relación hombre-medio ambiente es simbiótica. Esta perspectiva se originó en las terminologías conocidas como problemática  ambiental y desarrollo sostenible. Ejemplificando, se tiene la política nacional de gestión local de los recursos renovables en Madagascar (BERTRAND & WEBER, 1995). Donde las comunidades domesticas locales contribuyen en la gestión de los recursos naturales en zonas de reservas ambientales.  La temática del turismo, en cierto sentido, se viene tratando como una actividad como que solamente tuviera dimensión económica (a menudo confundida con la terminología industria del turismo) y  dimensión socio-económica-ambiental (que podría llamarse turismo de base comunitaria). La llamada industria del turismo ciertamente de fácil correlación con el proyecto  civilizatorio industrial-tecnológico, sobre pone la preocupación económica a las de cuño socio-ambiental. Desde esta perspectiva, se prima el sujeto llamado turista y su demanda por necesidades, en lugar de la población receptiva, que, en las pocas ocasiones que es relevada, es analizada desde la perspectiva de su oferta de bienes y servicios.

El turismo de base comunitaria es un divisor de aguas (ARAUJO & SAMPAIO, 2004). Se basa en la relación dialéctica entre el turista y la comunidad receptora (y no en la superposición de comunidad a la turística), ambos considerados agentes de acción socio-económico-ambiental, repensando las bases de un nuevo tipo de desarrollo - regulando padrones de consumo y estilos vida - y de un conjunto de funciones productivas y socio-ecológicas - regulando la oferta de bienes y servicios y sus impactos ambientales (SACHS, 1986; MASI, 2000; GADGIL, 2000). Sin embargo, los gobernantes y emprendedores locales, en general, consideran el concepto de turismo de base comunitaria de manera vulgar, como lo hacen con los términos de turismo cultural, ecoturismo y agroturismo. El turismo cultural (o etnoturismo) gira en la observación o convivió de  estilos de vida tradicionales. La motivación principal del ecoturismo es el deseo de ver  ecosistemas en su estado natural, su vida salvaje así como su población nativa (FARIA & CARNEIRO, 2001:47).  El agroturismo se refiere a un conjunto de servicios requeridos por visitantes y turistas que desean adquirir la experiencia de conocer la vida de una pequeña granja (SCHAERER & DIRVEN, 2001; MENDÉZ & CARCAMO, 2001). Turismo comunitario no se limita solo a la observación o incluso a la convivencia con los pueblos autóctonos, pero también consiste en involucrarse con los propios proyectos comunitarios. El turismo comunitario se aproxima a una experiencia alternativa al modo de vida consumista. Él es, potencialmente, un nuevo modelo de planificación o de desarrollo turístico de base comunitaria, en la cual la población autóctona se convierte en la principal protagonista (MAX- NEEF, 1997).

TURISMO COMO FENÓMENO HUMANO

La temática turismo debe ser tratada con un enfoque transdisciplinar, a diferencia de lo que normalmente se verifica en los estudios teóricos, metodológicos y empíricos inseridos  en la Ciencias Sociales Aplicadas. El objeto turismo, como otros, trasciende la perspectiva disciplinar. Tratarlo de esa manera es distorsionar la realidad social. Distorsiones también  se producen en la temática de la administración, que, por cierto, es la base del enfoque tradicional del turismo, ya que ambas temáticas, a menudo tratan hipótesis como realidades ya verificadas, resultando en modelos deductivos incompletos que, a menudo son considerados como modelos acabados. Sin embargo, no se quería solo criticar, pero también indicar caminos posibles. Así, se tuvo como objetivo estudiarlo en la perspectiva histórica, económica-administrativa, filosófica-socio-política y ambiental para que pudiese sugerir principios para pensar la eco-socio-economía y su práctica sobre la denominación de turismo comunitario. No hay duda de que el turismo supera la perspectiva de una actividad compensatoria a la neurosis de la presión o exceso de trabajo y generadora de malezas societarias, tales como la concentración de ingreso, la supremacía de los espacios urbanos sobre los rurales, descaso con los recursos naturales y tanto otros. La actividad turística puede ser vista más allá de su dimensión económica (negocio del placer). Ella debe añadir otras dimensiones, tales como las que fueron vistas a lo largo de los capítulos anteriores, pudiendo convertirse en una estrategia alternativa de un desarrollo más sostenible, direccionada en los principios de ecosocioeconomia.
            La problematica ambiental refleja la percepción de que el volumen de impactos destructivos generados por la acción antropica (del hombre) sobre los ecosistemas se ha ampliado a horizontes de largo plazo, de modo de repensar las formas actuales de desarrollo, tanto neoliberales como social-demócratas, favoreciendo una internalización efectiva del medio ambiente, en cuanto recursos naturales, espacio y calidad del hábitat, para que trascienda la preocupación por sus repercuciones en el plano puramente biofísico, como también en el proceso de intercambio entre factores geobiofísicos y socio-culturales.

Re-elaborando el concepto de Desarrollo Sustentable, se articulan cuatro postulados, reuniendo ideas esenciales del enfoque del eco-desarrollo. El primero de ellos es la prioridad al alcance de fines sociales, re-direccionando el proceso de crecimiento económico, con vista de alcanzar objetivos sociales prioritarios, traducidos por las necesidades materiales y psicosociales, como auto determinación, participación política y auto realización, el segundo es la valoración de la autonomía o Self-relience 3, buscando un mayor grado de control de los aspectos cruciales del proceso de desarrollo, a través de la acción de la sociedad civil organizada, en el ámbito local, micro-regional o regional, canalizando y  maximizando sus recursos disponibles, en un horizonte de respeto a sus tradiciones culturales y sin incurrir con ello en autosuficiencia o aislamiento, el tercero es la búsqueda de una relación de simbiosis con la naturaleza, abandonando el padrón arrogante de relacionamiento con el medio ambiente biofísico instaurado por la modernidad a la luz del proceso de modernización y el cuarto es la eficacia económica, colocando la eficiencia económica como una alternativa a la racionalidad microeconómica dominante, en el sentido de una internacionalización efectiva de la problemática de los costes socio-ambientales del proceso de desarrollo (SACHS, 1986b). También se puede reagrupar estos postulados del desarrollo sostenible, de manera de conceptuar más adecuadamente en términos de estrategias de un desarrollo socialmente más justo, ecológicamente prudente y eficaz.
            Sachs cree que el eco-desarrollo sea un enfoque de planificación, entendido como espacio de aprendizaje social. La teoría que lo justifica sería equidistante tanto de la tradición técnica como de la asambleísta, materializándose en una síntesis metodológica-pedagógica (SAMPAIO, 2002). Es en esta perspectiva que el planeamiento ofrece un nuevo modelo para políticas gubernamentales, como estrategias concretas de intervención correctivas, basadas en los postulados interdependientes de eficiencia económica, equidad social y prudencia ecológica, y un nuevo criterio de racionalidad social basado en la crítica al efecto de  externalización de costos socio-ambientales, ejercida por el modelo puramente económico, sobre todo cuando esta planificación es participativa, con actores sociales, agentes y re-agentes, con una visión contractual con el medio ambiente (SACHS, 1986).
            La planificación participativa recupera la participación social de la sociedad, de forma que el ciudadano contribuya en la preparación de las eco-estrategias, desde la  información hasta la ejecución de la acción propuesta, transformando la sociedad civil en un tercer sistema de poder, en la medida que toma conciencia de sí misma y empieza a interpelarse y conocerse (SACHS, 1986a; 1986b). En la elaboración de las eco-estrategias del desarrollo, la planificación trata de algunas dimensiones de sostenibilidad: Sostenibilidad Social es la creación de un proceso de desarrollo civilizatorio basado en ser y que sea sustentado por una mayor equidad en la distribución del tener, en los derechos y en las condiciones de las amplias masas de la población, y aplanar la diferencia entre los niveles de vida de los más ricos y los más pobres, Sostenibilidad Económica permite un mejor destino y gestión más eficiente  de recursos y por un flujo constante de inversión pública y privada. Esta eficiencia es  macro social, reduciendo los costos sociales y ambientales, muy diferentes de la lógica economicista; Sostenibilidad Ecológica incrementa el aumento de la capacidad de recursos naturales, limitando los recursos no renovables o ambientalmente perjudiciales, reduciendo el volumen de polución, auto eliminando el consumo material por los estratos sociales más privilegiados, intensificando la búsqueda de tecnologías limpias y definiendo reglas para una adecuada protección ambiental; Sostenibilidad Espacial es aquella dirigida a una  configuración rural-urbana más equilibrada con énfasis en las siguientes cuestiones:  concentración excesiva en las zonas urbanas, procesos de colonización sin control, promoción de proyectos modernos de agricultura regenerativa y agro repoblación forestal,  industrialización centralizada, creación de empleos rurales no agrícola, y el establecimiento de una red de reservas naturales y de biosfera para proteger la biodiversidad, Sostenibilidad Cultural abarca las raíces endógenas de los modelos de modernización y de los sistemas rurales integrados de producción, respetando la continuidad de las tradiciones culturales, e incluso la pluralidad de las soluciones particulares, y Sostenibilidad Política privilegia a la negociación de la diversidad de intereses involucrados en cuestiones clave desde el ámbito local a lo global.
            Se deposita esperanza que los foros de la Agenda 21 sean espacios creativos para el  surgimiento de estrategias coherentes con un nuevo estilo de desarrollo, en los cuales posibiliten propiciar debates públicos (ARAUJO, SAMPAIO, 2004; SAMPAIO et. al 2005). Ellos son creados a través de iniciativas a veces del gobierno y a veces comunitaria en los barrios, distrito, condado, micro regiones, cuencas hidrográficas, estado y federación. Los Foros son compuestos por representantes de la sociedad civil, mercado y Estado, y por lo general son compuestos por Grupos de Trabajo que discuten cuestiones sectoriales, aunque con el fin de perspectiva intersectorial. Se convierte fundamental en el momento de la creación de un Foro de Agenda 21 Local, definir qué tipo de desarrollo se desea para la localidad, caracterizándolo con precisión y exactitud en el contexto de la demanda social - en la regulación de los padrones de consumo y de los estilos de vida – y relativamente al contexto de la oferta de bienes y servicios - en la regulación de un conjunto de funciones productivas, en especial, la gestión del uso de la tecnología y de la naturaleza de los productos generados por los sistemas productivos y domésticos, y la gestión del uso de recursos naturales y del abastecimiento energético (SACHS, 2000). La redefinición de estilos de desarrollo, no en el sentido de no-crecimiento, se dará con sus modalidades técnicas sometidas a un estricto control social, sus formas de división propia, su subordinación a una función objetiva concebida a partir de la lógica de las demandas sociales, reformulando la relación dialéctica entre producción y consumo, que nos dice que sin necesidad no existe producción. Sin embargo, se sabe que el consumo reproduce necesidades (SACHS, 1986b). El eco-desarrollo critica algunos puntos cruciales de la visión economicista, incluyendo la llamada industria del turismo, tales como: elegir libremente dentro de una amplia variedad de productos, no significa ser libre, pero si, en la mayoría de los casos, se adapta a la rigidez de la oferta de bienes y servicios (MARCUSE Apud SACHS, 1986b). Se tiene que escapar de la trampa de dejar que la felicidad sea sinónimo de obtener mercancía, de forma de sustituir las satisfacciones afectivas, y así corre el riesgo de convertirse en esclavo, enmascarando nuestra insatisfacción afectiva y nuestro malestar. Por ejemplo, hay personas que se sienten más felices cuando están en una suite, preferiblemente de un hotel cinco estrellas, del que cuando están en casa o en el jardín, escuchando música o charlando con la familia o los amigos. En la misma proporción, las funciones de producción reproducen la libertad económica, que nada más es que un auto limitación del apetito por bienes materiales y del deseo de afirmación de estatus social a través de la desigualdad en el consumo, derivada de un excedente económico. Tendríamos, entonces, que reformularlas en la dirección de una mayor libertad cultural, proveniente de una reducción del tiempo de trabajo que genera el excedente económico, de modo de liberar un excedente de tiempo disponible, que  podrá ser empleado individual o colectivamente con fines culturales, entre ellas, lúdicas, religiosas, sociales, educativas, deportivas y otras (HIRSCH Apud SACHS, 1986a; MASI, 2000). Por lo tanto, la manera por la cual la sociedad utiliza su tiempo, define su estilo de vida.
Este tiempo de trabajo, mismo cuando el valor de cambio sea suprimido, continúa siendo siempre su sustancia creadora de riqueza y la medida de los costos exigidos por la producción. Pero, el tiempo libre, o mejor dicho, el tiempo disponible constituye la riqueza misma, consagrada en parte al disfrute de los productos, en parte al ejercicio de una actividad libre, que no debe ser realizado como el trabajo bajo la imposición de un fin exterior que tiene que ser realizado, ya sea de una necesidad natural o de una obligación social, poco importa. El trabajo puede ser una oportunidad de creación, mientras que el ocio forzoso o soportado pasivamente es apenas fuente de aburrimiento (SACHS, 1986b).
CONSIDERACIONES FINALES

En este trabajo se presentaron conceptos, metodologías y prácticas de planificación y de su  gestión prospectiva sobre la temática del turismo, a través de una búsqueda bibliográfica, empírica y de intervenciones sobre la luz de las ciencias humanas y sociales aplicadas. Incluso, cada vez más es frecuente la interacción entre estas dos grandes áreas de conocimiento en el ámbito de núcleos interdisciplinarios de investigación en la temática del desarrollo y medio ambiente.
El concepto de turismo que se definió fue el estudio de la relación entre el desplazamiento, sinónimo de movimiento migratorio entre espacio local y la permanencia humana, concebida como movimiento de fijación en espacios locales, parámetrizada en las dimensiones históricas, económico-administrativa, filosófico- socio- política y  ambiental. El turismo es la causa-efecto de una dinámica humana, incubando nuevas formas de actuar simultáneamente, cuando las formas tradicionales de hacer las cosas están desapareciendo.
En relación a la metodología, se sugirió el enfoque interdisciplinario como intento real de mejor comprensión del turismo como fenómeno humano que debería ser aprendido de manera compleja-sistémica, interrelacionando diferentes puntos de vista, al mismo tiempo que protege las particularidades de cada una. Se hizo hincapié en la necesidad de incorporar al debate científico los conocimientos tradicionales  y el conocimiento tácito - considerando que estos sean de difícil racionalización disciplinaria.
Como resultado de esta visión prospectiva, surgen rastros de una posible práctica de solucionar problemas que vienen de experiencias que trataron y trata de implementar la Agenda 21 Local,  Planificación  del Turismo,  y también lo llamado Emprendimiento con Responsabilidad Social, entendidos como un proceso que debe superar tanto la racionalidad económica utilitarista, originada por criterios de eficiencia y eficacia organizacional, a menudo auto denominadas participativas, como incorporar otros modos de conocimiento humano, guiados por criterios de efectividad extra-organizacional, capaces de promover un nuevo sistema de valores, centrados en la justicia social y en el bienestar de la comunidad, tales como predican el Turismo como Fenómeno Humano, materializado en cuatro grandes principios para pensar la ecosocioeconomia y su práctica bajo el nombre de turismo comunitario, a saber: Valoración y preservación de tradiciones y  relaciones sociales más solidarias, Generación de empleo e ingreso a partir de la perspectiva de modos de producción más asociativos; Revigoramiento de los significados de virtud humana y del propio Estado, distanciados del racionalismo utilitarista, y Utilización apropiada de los recursos naturales y de las capacidades humanas locales.

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1 La permanencia humana, constituye una comunidad sexual duradera representada por la familia (padre, madre e hijos), relaciones matrimoniales entre hijos de padres diferentes y relaciones de vecindad que se mantienen a través de la interacción entre las familias (WEBER, 1999).  

2 Locke, además de defensor de la libertad y de la tolerancia, es considerado el fundador del empirismo (ROHMANN, 2000). Locke afirma, que nuestro más alto nivel de conocimiento surge del objetivo y no del raciocinio (2000, p. 303).

3  Self-relience es contar con sus propias fuerzas, principalmente en su autonomía de elección y en su toma de decisiones (SACHS, 1986b).


Recibido: 14/10/2015 Aceptado: 16/12/2015 Publicado: Diciembre de 2015

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