TURyDES
Vol 6, Nº 15 (diciembre/dezembro 2013)

EL RIESGO DENTRO DEL SISTEMA TURÍSTICO: UN NUEVO ENFOQUE

Maximiliano E. Korstanje (CV)

Introducción
            Los riesgos se ajustan a categorías previas que los definen similares a los tabúes.  B. Malinowski consideraba que la seguridad cumplía una función primordial en la organización política de los límites y en la configuración de la cultura, los valores culturales o prácticas prohibidas por la sociedad (MALINOWSKI, 1967). Los peligros aceptados y reconocidos por la sociedad, como así aquellos que son negados, se remiten a la implantación de hábitos para los cuales los precede un discurso. En tanto que narrativa, los discursos del riesgo moldean el clima de la época  organizando prioridades en las personas y sus expectativas (HOGARTH et al, 2008; SLOVIC y WEBER, 2002). Los riesgos son, en este sentido legados culturales que remiten a una historia, con sus fábulas, sus héroes fundadores y sus ritos. La cultura nace de un miedo primigenio ya sea a la hostilidad del mundo o al mundo natural o incluso a la muerte misma (DOUGLAS y WILDAWSKY, 1983).   El politólogo argentino O. Oszlak (2006) considera que los grupos y las sociedades pueden desarrollar cierta aversión a ciertos peligros mientras que oculta otros generando discursos específicos que permiten la legitimación de ciertas actitudes y prácticas. Esta observación sugiere la idea de comprender a las sociedades y a sus instituciones por medio del estudio de los temores que las fundan.  Precisamente, uno de los ritos más comunes en las sociedades capitalistas (para aislar los efectos negativos del riesgo) es la contratación de seguros por medio del pago de primas mensuales o anuales.

              Los viajes, por tratarse de desplazamientos temporales fuera del ámbito de residencia el cual confiere seguridad al individuo, se presentan como prácticas que aumentan la vulnerabilidad del viajero y por ende generadores de riesgos. Si bien el turismo y la hospitalidad, como actividades industriales han puesto esfuerzos importantes para reducir la percepción de riesgos de sus consumidores, los medios masivos de comunicación han reforzado las imágenes negativas en destinos turísticos representando un gran problema para el funcionamiento de los mismos (BURNS, 2007). Los riesgos aplicados sobre viajes se pueden clasificar según el siguiente modelo de S. Dolnicar: a) riesgo financiero, b) social, c) psicológico, d) corporal o a la integridad física, e) funcional, f) malas experiencias en los destinos o demoras, g) peligros situaciones, h) a la salud por la ingesta de alimentos en mal estado e i) ataques terroristas. La magnitud de los diferentes riesgos percibidos varía de cultura en cultura como así también del punto psicológico de autovaloración del viajero. El riesgo permite configurar la identidad del turista otorgándole cierto prestigio en caso de haber estado en lugares excepcionales o peligrosos. Dependiendo de la personalidad y su estructura de valores el riesgo puede ser evitado o buscado (DOLNICAR, 2005ª; 2005b).

            Para U Beck los riesgos y la modernidad están inextricablemente ligados. Los mismos poseen tres aspectos principales, su deslocalización, incalcuabilidad y no compensabilidad. Los riesgos modernos en principio son omnipresentes y sus consecuencias trascienden a puntos específicos. Una decisión tomada en Dinamarca, puede repercutir en Brasil. A este principio se le suma la falta de conocimiento para poder calcular los efectos del riesgo debido a que las consecuencias de los riesgos modernos se tornan radicales e incalculables. Si el accidente permitía en el pasado una compensabilidad, es decir, la posibilidad de no volverse a repetir por medio de la intervención de nuevas técnicas de detección, en la modernidad, la lógica de la compensación es reemplazada por “la prevención”, lo cual deviene de la improbabilidad del riesgo (BECK, 2011). Ello plantea un serio escollo metodológico a los investigadores a la hora de establecer métodos fiables para la detección de riesgos.

Los riesgos pueden ser estudiados en forma cuantitativa ya sea por la aplicación de cuestionarios en condiciones ambientales propicias, los cuales luego son jerarquizados en forma de escala y sometidos a índices de co-variación o por medio de técnicas cualitativas como ser las etnografías, el análisis de discurso o las entrevistas personalizadas (ZINN, 2009). Sin embargo, se le ha dado poca atención al rol que cumplen los seguros como catalizadores o facilitadores del riesgo. El seguro, siguiendo este argumento, no solo cristaliza el riesgo aislando al cliente y confiriendo la peligrosidad al productor, sino que además reduce la incertidumbre del consumidor para que un nuevo riesgo sea asumido. En otras palabras, la sociedad capitalista de consumo (y el turismo también) necesitan del riesgo para seguir funcionando; pero en algún sentido, ese riesgo (contenido) se desborda (GIDDENS, 1999; BECK, 2006; CASTEL, 2006). En este contexto y dadas la atmosfera “de inflación de los riesgos” propia de la modernidad, el presente trabajo intentará analizar la evolución en la contratación de los seguros en el período comprendido desde 2005 a 2009. Los datos brindados por fuentes oficiales alcanzan a todas las transacciones dentro del territorio argentino. Por último, la naturaleza del estudio es exploratoria ya que no existe un abordaje previo de este tipo en la literatura especializada. Metodológicamente, se puede afirmar quienes contratan seguros desarrollan una posición de aversión del riesgo.

Capitalismo y modernidad.
Las sociedades modernas radican y se fortalecen en la contradicción, cada regla, norma e incluso la ley abre la puerta a su violación. La desviación normativa no solo es funcional, como advertía el profesor Durkheim, a la producción económica sino que aumenta el valor de los bienes de consumo. El crimen y el robo, en tanto que, situaciones prohibidas por la ley de los hombres, confieren mayor valor a lo que proscriben. Las sociedades descansan, de esta forma, en lógicas del “como sí”  cuyas regulaciones tienen la función de regular la contradicción. A la vez que los medios de comunicación, enfatizan sobre los riesgos que supone el exceso de velocidad o conducir bajo los efectos del alcohol, diversos filmes, películas o video-juegos hacen de la velocidad o la violencia su principal discurso. Los riesgos del calentamiento global son una y otra vez remarcados pero las personas parecen no tener voluntad de cambiar sus hábitos cotidianos de vida (BECKEN, 2008; GIDDENS, 2011; WEAVER, 2011; SCOTT y BECKEN, 2010). Lo expuesto sugiere en la medida exista un riesgo por delante también tendemos a ritunizarlo con el fin de hacerlo propio. Los huracanes y tifones, en los Estados Unidos, reciben un nombre que los distingue de otros año tras año aun cuando las fuerzas naturales involucradas en su formación sean las mismas. A este proceso se lo conoce como “adaptación al riesgo”. 

Cuando se lee entre-líneas, la compleja relación entre los medios de comunicación y el terrorismo, dice G. Weimann (2005), la supuesta contradicción se resuelve o toma otro sentido. El riesgo tiene como objetivo realzar determinado valor de la sociedad, ya sea su forma de consumo o la vida misma, frente a otras formas o culturas las cuales desprecia. Los medios de comunicación por un lado inundan la pantalla y los ciber-espacios con imágenes que intentan reprimir el mensaje del terrorismo, empero ese esfuerzo no solo es en vano, sino que los mismos grupos terroristas terminan apelando a los medios para presentar sus demandas. Desde una perspectiva psicológica, el mensaje de los grupos terroristas apela a la violencia como la última de las posibilidades y a la vulnerabilidad como justificación. Incluso, algunos ciber-nautas por email tienen acceso a estos grupos e intercambian mensajes de forma totalmente libre. Los esfuerzos del estado por reprimir esta comunicación abren la posibilidad de impone una censura afectando seriamente la vida democrática, pero si se toma un rol pasivo, los riesgos de sufrir una ataque en el propio territorio son mayores. Particularmente, vemos en este ejemplo la doble cara del riesgo. Weinmann sugiere que el periodismo y los medios forman un “teatro del terror” donde la comunicación juega un doble sentido. Sin embargo, su lectura no es correcta aun cuando si lo es su observación. Lo cierto es que, existe complicidad entre los medios y los grupos “terroristas” para acuñar y distribuir un mensaje anclado en el riesgo y el temor, pero ese discurso beneficia a ambos grupos. A occidente le permite brindar una cobertura de seguros más amplia permitiendo una ensanchamiento del capital junto a intervenciones militares e imposiciones económicas que de otra forma serían imposibles, mientras a los grupos separatistas les permite afianzar su legitimidad frente a otros actores de poder en el seno de su sociedad. Particularmente, cabe destacar, como el tabú el riesgo revitaliza cierto valor de la sociedad a pesar de generar temor. El terrorismo islamita, nos ayuda a comprender “cuan superior es el estilo de vida occidental y el respeto por la vida”, respeto que los “suicidas no poseen ni por la suya propia”. De esa forma, la confección de riesgos siempre remite a un discurso específico enraizados en un tiempo y territorio. Esa narrativa confiere valor a ciertas prácticas.

Para comprender el estado de riesgo continúo que parecen vivir las sociedades modernas capitalistas, U Beck explica que el proceso de la modernidad ha sufrido un quiebre luego del accidente nuclear en Chernobyl, Ucrania. Este hecho ha alterado radicalmente la forma de percibir el riesgo y las amenazas. A diferencia de los viajeros medievales quienes evaluaban los riesgos personales antes de partir a la aventura, los riesgos modernos se presentan como globales, catastróficos, irreversibles y caóticos hecho por el cual el sujeto se ve envuelto en un sentimiento de impotencia. En contraste con la sociedad burguesa que mantenía una línea divisoria entre la riqueza y la pobreza, la sociedad “post-moderna” enfrenta una nueva configuración en su orden social. Esta nueva sociedad recibe el nombre de “Sociedad del riesgo” cuya característica principal radica en que los riesgos son distribuidos a todas las clases o grupos por igual. Así, las responsabilidades y los derechos se desdibujan en un escenario global donde no quedan claros los límites entre la inocencia y la culpabilidad.  Básicamente, el miedo surge como resultado de la negación del riesgo en manos del “periodismo corporativo” y los círculos científicos (BECK, 2006).

En el presente trabajo se define al riesgo en el sentido de K. Tierney (1994) como una probabilidad de ocurrencia de condiciones indeseadas por el sujeto o su grupo de pertenencia que puede poner su integridad en peligro o representar un daño para el mismo. Si bien el riesgo es socialmente una construcción consensuada existen diferentes formas de estudiarlo que van desde las técnicas cuantitativas de variación hasta las estadísticas o abordajes cualitativos (ZINN, 2010; KORSTANJE y OOLSEN, 2011). Las corrientes sobre el estudio del riesgo pueden dividirse en dos, aquellas escuelas que ven al riesgo como una categoría social (FABIANI y THIES, 1987; DUCLOS, 1987) para quienes lo importante no es intentar mitigar los riesgos o prevenirlos sino comprenderlos, y quienes sostienen la planificación y correcta evaluación de los riesgos permiten reducir la brecha de vulnerabilidad de las sociedades para enfrentar las catástrofes (OLIVER-SMITH, 2002).  Por años, las ciencias sociales se han ocupado del riesgo desde diferentes perspectivas pero luego del advenimiento de un nuevo milenio algunos han esbozado el término “inflación de riesgo” para explicar la propensión del hombre moderno a experimentar un grado de temor incontrolable el cual acabe por ser patológico y le impide su rutina diaria (LECHNER, 1998; ORDOÑEZ, 2006). Para R. Castel (2006) existe una paradoja, promovida por la modernidad, que explica como a pesar de tener a su disposición todos los bienes de consumo y materiales para asegurarse una mayor seguridad, las sociedades modernas experimentan in incremento en la cantidad de riesgos percibidos. La desregulación del trabajo, el declive de la autoridad pública y el deterioro de las relaciones humanas serían para el sociólogo francés indicadores inequívocos de cómo la modernidad se hace fuerte por medio del “ascenso” de ciertas incertidumbres que agobian al ciudadano y subordinan al estado al poder económico del mercado (CASTEL, 2010). En esa misma línea de análisis, Z. Bauman (2008) considera que la sociedad sólo reacciona cuando sus motores productivos y formas de producir se encuentran en peligro. Siguiendo esta línea argumentativa, la posibilidad de reacción para mitigar los riesgos está determinada por la economía y sólo por ella.

Para N. Luhmann (2006) los riesgos son resultados de la capacidad semiótica y del lenguaje de cada sociedad. Los abordajes clásicos en la materia (Giddens, Castel y Beck) son alarmistas y apocalípticos ya que suponen que la sociedad se encuentra siempre a merced de un nuevo riesgo. Llegado a este punto cabe destacar al lector que Luhmann distingue el riesgo de la amenaza. Mientras el primero hace referencia a cualquier daño determinado por una decisión previa, el segundo es siempre ajeno a la voluntad del sujeto. Por regla general, quienes generar riesgos no se constituyen como víctimas de sus propias decisiones. Los ataques terroristas, los accidentes etc no serían (según el sociólogo alemán) riesgos sino peligros o amenazas. Por el contrario, para A. Giddens (1991; 1999; 2000), el riesgo, si bien acepta parte de una situación de peligro, se encuentra asociado a la modernidad y la globalización. Los procesos de “desanclaje” por medio de los cuales una presencia puede conectarse con una ausencia, han facilitado no solo el comercio sino la movilidad en general.  Pero ese andamiaje técnico requiere de una cadena de expertos que puedan controlar y asegurar su buen funcionamiento. Ante una desgracia, el ciudadano se dirige a un experto, quien educado para mitigar el peligro, da una contraprestación (la mayoría de las veces a cambio de dinero). El proceso de reflexivilidad propio de la modernidad obliga al sujeto a refugiarse en el experto y sus dominios. Este proceso de mundialización como adhiere Castel, ha hecho del mundo un lugar más apacible, comparado con la edad media, pero Giddens agrega, ha generado también nuevos riesgos que pueden socavar la integridad del planeta (Giddens, 2011). Según Giddens, el abordaje de Luhmann es erróneo por una simple razón, por no tener consciencia total de los efectos, el individuo debe tomar la decisión de confiar en la cadena de expertos generando un riesgo implícito y/o no calculado. Como se verá en la siguiente sección, en el turismo los riesgos adquieren una particularidad que los distingue de otros rubros. Una de las contribuciones, sin lugar a dudas de Giddens, ha sido la presentación de las empresas de seguros como mecanismos para mitigar el riesgo. Las sociedades tradicionales proporcionan cierta protección psicológica ya que mantiene unido el pasado, presente y futuro enlazando la confianza en todas las prácticas sociales. Por el contrario, las sociedades modernas tienen un umbral de violencia menor pero su grado de tranquilidad se ve amenazado debido a que tiempo y espacio se disocian significativamente generando mayor desconfianza. Los riesgos y el peligro se hacen potencialmente más generalizables en la vida social cuando el sujeto o su grupo de pertenencia se orientan hacia el futuro –destino-. La Tecnología y la Ciencia parecen haber desplazado el grado marginal “de superstición” de las sociedades tradicionales por la probabilidad cuyas implicancias son manejadas por sistemas “abstractos” o “expertos”, es decir, los profesionales. Los sistemas de gestión del riesgo se mercantilizan por medio de las compañías de seguros. Cuando se contrata un seguro, el riesgo no desaparece por completo sino que es traspasado por el propietario a un asegurador a cambio de una suma de dinero. Desde esta perspectiva admite Giddens, el capitalismo es inviable sin la construcción del riesgo  (GIDDENS, 1999: 103-108). Cada evento traumático no se define por sus causas, por lo menos ellas no son televisadas, sino por la gravedad de sus consecuencias y la posibilidad que obligan a pensar que un hecho de iguales proporciones volverá a repetirse. Esto es lo que subyace en la lógica moderna del terror (HOWIE, 2011). El riesgo confiere un “efecto inducido que queda latente”, la cual denota una situación posible en el tiempo presente cuyas consecuencias hay que impedir (BOUTON, 2011). De esta forma, el riesgo parece estar siempre unido al futuro. Las sociedades tradicionales pueden percibir peligros pero son incapaces de crear riesgos. Cada hecho negativo evoca a la necesidad de “estar protegido”, precisamente el lugar exacto donde entra la contratación de seguros. En este sentido, comprender las normas y formas de contratación de protecciones rentadas, es una forma de abordar un estudio científico sobre nuestra propia sociedad.

A diferencias de las sociedades anglosajonas, los latinoamericanos han elaborado otras formas de temor que versan en el crimen local, la corrupción política y la corrupción institucional. El crimen, y el robo han sido durante años dos de los flagelos que azotan a los hispanoparlantes desde México a la Argentina. Las sociedades contraen su nivel de violencia cuando no tienen un enemigo externo hacia el centro, pero ella no desaparece, el riesgo continúa camuflado en forma de criminalidad hasta que una amenaza foránea permite extenderlo hacia las fronteras. El riesgo, desde esta perspectiva, puede ser conceptualizado como un mitigador de la amenaza externa (en analogía a la vacuna y el virus), como una forma de regulación del poder y la soberanía frente a un territorio específico. Las sociedades consideran su seguridad interna en base a la buena fortuna y a los criterios de escasez que de ella se desprenden. En efecto, la escasez debe comprenderse como un estado de impotencia que cualquier Estado quiere evitar. La seguridad tiende a lidiar con la continencia de las decisiones en materia de organización. Asimismo el concepto de seguridad comprende también al disciplinario y legal. El adoctrinamiento de los individuos en sociedad da lugar a la población como un concepto más complejo destinado a formar parte de un sistema holístico de oferta y demanda (FOUCAULT, 2006; KESSLER, 2009, ENTEL, 2007; FLIER, 1999; MIGUEZ & ISLA, 2010)

El Turismo y la Hospitalidad
Todo viaje abre la puerta a generar por sí mismo un riesgo ya que la vulnerabilidad del viajero aumenta. La particularidad del viaje turístico puede definirse como una convergencia entre la novedad y la seguridad. La motivación a viajar es generada por una válvula de escape con el fin de permitir una evasión temporal de las normas, pero a la vez requiere la concentración de recursos para reducir el grado de incertidumbre y garantizar la seguridad del viajero (GEORGE, INBAKARAN y POYYAMOLI, 2010). Hasta la fecha, el riesgo ha ocupado la atención de muchos especialistas y scholars en la disciplina turística, muchos de ellos impulsados luego de los diferentes eventos que sucedieron al principio del milenio como ser la acción de grupos “terroristas”, “desastres naturales”, “crisis económicas” y “nuevas mutaciones de virus” entre otros. 
           
            Uno de los primeros investigadores en abordar el riesgo como categoría científica fueron Roehl y Fesenmeier (1992) quienes infieren que los grupos desarrollan diferentes riesgos a viajar a ciertos destinos que otros. Una de sus contribuciones más notables radica en señalar que género, edad y estructura familiar se corresponde con variables que demuestran una alta correlación con la percepción del riesgo, al margen del destino. Estos mismos resultados fueron validados por Yuan (2005) cuando afirma que los lazos familiares funcionarían como espacios de seguridad en donde el sujeto deposita su confianza. Según su hallazgo, las personas que viajan a visitar familiares perciben los destinos como menos riesgosos en comparación con otros turistas. La consanguinidad y los vínculos (o estructuras parentales) jugarían un rol significativo en la configuración de los riesgos (PARK y REISINGER, 2010). Por su parte, el psicólogo noruego S. Larsen sugiere que la experiencia de un viaje turístico se encuentra condicionada por tres momentos, las expectativas, el evento en sí y la memoria o recuerdos de tal viaje. Siguiendo la teoría psicológica del refuerzo, Larsen considera que el riesgo es una categoría la cual denota probabilidad pero no hace referencia a los estadios afectivos del sujeto, como así tampoco a sus emociones. Por lo tanto, a la hora de viajar es necesario hablar de “preocupaciones” y no de riesgos. La preocupación en estos términos es todo “pensamiento que representa ciertos intentos del sujeto por encontrar ciertas soluciones a cuestiones dadas como inciertas pero que presuponen un resultado negativo para el mismo o su grupo” (LARSEN, 2007: 10). La preocupación es algo que trasciende la esfera cognitiva ya que involucra afectos movilizados por la presencia de la incertidumbre.
S. Larsen (2011) introduce una disociación entre la experiencia del turista y del self. Partiendo de la base que todo riesgo es concebido como externo al self, los sujetos, admite el autor, tienden a concebir al propio hogar y las propias experiencias de viaje como seguro mientras que el “afuera” es contemplado como inestable. La minimización del riesgo lleva  a Larsen a asumir una posición conceptual nueva, la sensibilidad al riesgo (para separarla de la percepción de riesgo propiamente dicha). El sujeto tiende a percibir el extranjero como un lugar de alto riesgo mientras que el propio país adquiere un bajo riesgo. No obstante, Larsen insiste en que los peligros (riesgos) son más fácilmente identificables cuando el entrevistado se refiere a otros que cuando habla sobre sí mismo. La conclusión del trabajo es que los sujetos contemplan el propio viaje como más seguro que otros, a la vez que los riesgos son más intensos cuando más lejanos se presentan para el self.
Las fluctuaciones en la demanda turística han sido ampliamente abordada en diversos estudios. Entre los descubrimientos más representativos de la “risk perception theory” tenemos las siguientes ideas fuerza:          

1) El riesgo es altamente correlativo con la diferencia de género, las mujeres demuestran mayor sensibilidad al riesgo que los hombres. Asimismo el rol del turista es de capital importancia para comprender no solo como su expectativa se adecua al riesgo, ya sea evitándolo o buscándolo, sino en la formación de su propia biografía (Qi, Gibson, y Zhang, 2009; Reichel, Fuchs y Uriely, 2007).

2) Las barreas idiomáticas y/o culturales o sanitarias representan mayores escollos para confraternizar con las poblaciones locales (ANDERSON, JUANEDA y SARTRE, 2009; QI, GIBSON, y ZHANG, 2009).

3) La demanda turística, tras experimentar eventos de gran impacto emocional, se retrae temporalmente o se diversifica hacia otras regiones (PRIDEAUX, 2005; GUT y JARRELL, 2010; KOZAK, CROTTS y LAW, 2007).

4) Ciertas estructuras de personalidad pueden inferir en la percepción del riesgo con mayor intensidad que otras (PLOG, 1973; 1991; REISINGER y MAVONDO, 2005).

5) La residencia física respecto a donde se ubica el peligro juega un rol preponderante en la percepción del riesgo (FLOYD, GIBSON, PENNINGTON-GRAY y THAPA, 2003; WONG y YEH, 2009).  

6) Los medios masivos de comunicación pueden acrecentar o disminuir el estado de pánico dependiendo del grado de intervención del estado en la protección de la población (HALL, 2002)

7) En caso de estadounidenses y británicos cuyas naciones encabezan la “lucha contra el terrorismo”, existe una mayor propensión a percibir al mundo como un lugar peligroso que otras nacionalidades. En este contexto, las relaciones geopolíticas, la percepción del riesgo y las nacionalidades estarían estrechamente relacionadas (SACKETT y BOTTERILL, 2006; ERTUNA y ERTUNA, 2009)

8) Por el desconocimiento del territorio y su grado de vulnerabilidad los turistas en territorio extranjero serían blanco fácil para el crimen local y los ataques terroristas.

            Entre los críticos de la teoría del riesgo, M. Korstanje sugiere que la escuela no repara en los siguientes puntos metodológicos. Por un lado, las exposiciones puramente cuantitativas de dejan vislumbrar otras inferencias posibles en cuanto al género como ser el grado de socialización y la capacidad femenina para expresar las emociones como así también el papel que juega la “ira” en los hombres como sustituto del “temor”. En segundo plano, es necesario adecuar la lectura de los riesgos a los contextos sociales en los cuales se crean (KORSTANJE, 2009). La antropóloga estadounidense M. Douglas ha estudiado la manera en que la moral de una sociedad se estructura en la forma de construir la noción de peligro y pecado, precondiciones básicas del riesgo. Básicamente, “riesgo, peligro y pecado” son usados para legitimar la política pero también para desacreditarla, para proteger a los individuos de las instituciones pero a la vez para proteger a las instituciones de los ciudadanos. Ambos fenómenos (pecado y riesgo) siguen idénticos procesos, explicar como funciona el mundo y la antelación de sus contingencias. Cuando existe consenso sobre ciertos aspectos de la vida social, surge la idea de lo peligroso como aquello que puede atentar contra estos principios pero paradójicamente en esa potencialidad los reafirma (DOUGLAS, 2007). Desde esta perspectiva, comprender los riesgos y las prohibiciones que penden alrededor de ellos es una manera penetrar en los valores morales de cada sociedad. Por desgracia, no existe hasta el momento ningún análisis serio en la argentina respecto a como los riesgos han actuado en los diferentes procesos de contratación de un seguro. En este sentido, el presente abordaje se configura como un aporte sólido en la comprensión de los riesgos turísticos y sus efectos sobre la psique de la población.  Cada sociedad elabora sus propios riesgos ya que sus propias realidades y expectativas van fluctuando con el paso del tiempo.

Discusión Metodológica.
            Con el fin de exponer en forma descriptiva pero completa la demanda de seguros dentro de la Republica Argentina, nos hemos centrado en trabajar la base del INDEC, Instituto Nacional de Estadística y Censo entre los años 2005 a 2009. Esta información comprende a todas las empresas que ofrecen cobertura de seguros y el volumen total de demanda de consumidores particulares. Para una lectura combinada, hemos contrastado los datos exploratorios obtenidos con 20 entrevistas en profundidad resumidas a turistas en los centros de Bus de Retiro, y Aeropuertos Jorge Newbery y Ministro Pistarini. La elección de la muestra ha sido consignada al azar, representando 11 varones y 9 mujeres de entre 25 y 50 años. Intentamos, dadas las limitaciones discutidas en el marco conceptual del presente trabajo de la actual teoría de la percepción del riesgo aplicada al turismo, incorporar nuevas técnicas y abordajes de investigación a fin de combinar los abordajes cuantitativos, propios de los datos duros y estadísticos en materia de prima de seguros, con abordajes etnográficos, los cuales proveen una interpretación de mayor profundidad a material obtenido. Consideramos enfáticamente, que no es necesario recurrir a correlaciones complejas para estudiar cuestiones de riesgo (ZINN, 2009, DOLNICAR, 2005B, KORSTANJE, 2009). Desde el momento que los abordajes cualitativos no requieren ser estadísticamente representativo ni en número ni en elección, es que hemos saturado la muestra en 20 entrevistas, cuando el contenido de las mismas comenzaba a mostrar homogeneidad. El abordaje cualitativo prioriza la calidad de las entrevistas que la cantidad.

El Riesgo en Argentina
En la presente sección se examinará la evolución de las compañías de seguro y la demanda de la ciudadanía con respecto a tres ejes bien definidos. Protección de daños patrimoniales, seguros de viaje, seguros de vida y de retiro. Desde una perspectiva preliminar, la cantidad de empleados de seguros está aumentando en la Argentina pero no así los establecimientos. Según los datos publicados por el Ministerio de Economía y Finanzas Públicas, y la Superintendencia de Seguros en 2005 las entidades de seguros eran de 192 equipadas con 22.707 empleados, dicho número asciende levemente para 2006 a 189 establecimientos y 22.969 empleados respectivamente. Para 2009, se contabilizaban una baja en la cantidad de compañías de seguro 178 pero un aumento en sus empleados 25.637. 

Cuadro N. 1- Establecimientos y Empleados


Año

Entidades

Personal

2005

192

22707

2006

189

22969

2007

184

24486

2008

183

25811

2009

178

25637

Fuente: Superintendencia de Seguros de la Nación, 2005-2009

            Si se presta atención al último año, de esos 25.637 empleados la mayoría se ubica en el rubro de daños patrimoniales, seguido de riesgos laborales y de personas. Las tendencias analizadas se explican debido a la incidencia que tiene el crimen y los robos en la audiencia latinoamericana y el interés de la opinión pública por estos temas. A diferencia de Estados Unidos / Canadá, donde el mayor miedo es el terrorismo, en Hispanoamérica la preocupación central versa por el robo de automóviles, viviendas y en menor medida el ataque físico a personas.  Tomaremos como referencia a continuación el último año 2009 para visualizar con claridad cual es el panorama de los seguros cuando se examina la información por rubro. Pasamos de una dinámica evolutiva, a una descriptiva.

Cuadro N. 2 – Seguros año 2009


2009- Entidades

Entidades

Personal

Total

178

25.637

De Retiro

21

608

De Personas

39

3.026

De Riesgos del Trabajo

15

4.933

De Daños Patrimoniales o Mixtas

103

17.070

Fuente: Superintendencia de Seguros de la Nación, 2009

Cuadro N. 3 Primas y Recargos Emitidos por el Mercado según Actividad


Rama

Al 30 de junio de

2005

2006

2007

2008

2009

 

 

 

Total

18.706.446

19.843.833

22.771.031

25.262.408

27.610.870

 

 

 

 

 

 

Seguros de daños patrimoniales

12.020.418

13.537.440

15.521.293

17.985.574

21.395.801

Seguros de personas

6.686.029

6.306.394

7.249.738

7.276.833

6.215.069

Seguros de vida

3.396.416

3.943.660

4.765.790

4.498.450

4.343.959

Seguros de retiro

3.006.924

2.038.494

2.067.512

2.292.034

1.293.190

Fuente: Superintendencia de Seguros de la Nación, 2005-2009

            En cifras generales, en 2005 el movimiento de los seguros representaban 18.706.446 primas, pasando en 2006 a 19.843.833,  22.771.031 en 2007,  25.262.408 en 2008 y  27.610.870 en 2009. El aumento progresivo desde 2005 a 2009 ha sido de 8.904.424 primas (47.5%). De esa tendencia, los seguros patrimoniales pasaron de 12.020.418 primas en 2005 a 21.395.801 en 2009 (una diferencia de 9.375.383 primas). En segundo plano la incidencia de seguros de protección a las personas y de vida conlleva apenas una variación de 470.960 primas. Los seguros de retiro se encuentran en una tendencia descendente.

Cuadro N. 4. Primas Seguros Patrimoniales


Rama

Al 30 de junio de

2005

2006

2007

2008

2009

 

 

 

Total

18.706.446

19.843.833

22.771.031

25.262.408

27.610.870

Seguros de daños patrimoniales

12.020.418

13.537.440

15.521.293

17.985.574

21.395.801

   Incendio

965.799

984.425

999.463

1.050.829

1.179.995

   Combinado familiar

650.379

699.254

775.564

900.339

1.105.793

   Vehículos automotores

5.801.986

6.186.716

6.901.948

8.158.883

9.906.858

   Transporte público de pasajeros

75.609

74.216

73.614

70.135

77.537

   Riesgos del trabajo

2.256.319

3.162.648

3.852.444

4.505.148

5.648.135

   Accidentes del trabajo

-175

-

-

-

-

   Granizo

391.711

409.749

552.175

806.245

673.900

   Responsabilidad civil

487.129

477.500

505.350

496.403

619.493

   Robo

123.950

110.963

132.370

131.601

182.874

   Caución

314.381

378.582

457.315

505.129

561.437

   Crédito

18.345

21.785

25.149

29.038

41.552

   Accidentes a pasajeros

378

368

333

483

1.939

   Aeronavegación

120.250

99.022

105.752

83.771

99.780

   Técnico

179.657

191.214

279.230

302.636

339.971

   Transporte cascos

68.220

74.989

83.022

77.361

83.207

   Transporte mercaderías

358.079

363.376

393.368

441.686

462.768

   Otros riesgos

208.401

302.632

384.195

425.889

410.563

Fuente: Superintendencia de Seguros de la Nación, 2005-2009

Cuando se examinan estos datos en profundidad (ver ejemplo daños patrimoniales, Cuadro número 4), los rubros destacados han sido primas en seguros automotores, incendio, combinado familiar, riesgos en el trabajo y granizo. Si se observa el año 2009, las primas por seguro respecto al rubro vehículo ha sido de 9.906.858 lo cual marca una fuerte demanda por parte de la sociedad frente a los riesgos que implica el accidente automovilístico y el robo de unidades.  Los accidentes laborales lideran los números con 5.648.135 primas. En segundo lugar, la demanda de seguros contra granizo (producto del calentamiento global) ha sido fuerte entre los años 2007 (552.175 primas) y 2008 (806.245) pero empieza a declinar en 2009 (673.900) producto del proceso de adaptación del riesgo. Aunque mucho menor medida que otros rubros, las contrataciones de protección para los viajes ha aumentado exponencialmente desde 2005 a 2009 (1561 primas) a 413%. Este dato evidencia, la tendencia de la ciudadanía, fagocitada por los medios masivos y la opinión pública, a ver los viajes como más riesgosos.  Sin embargo, estos números no se vinculan con la posibilidad de sufrir un accidente aéreo (ya que la tendencia en el rubro aeronavegación va en baja) sino a los accidentes automovilísticos. La sociedad argentina confiere a los viajes un status de riesgo elevado respecto a lo que concierne a los accidentes en ruta. El robo, por último, también se configura como una preocupación para los argentinos. En 2005 la cantidad de primas contratadas era de 123.950, cifra que baja a 110.963 en 2006 y sube a 132.370 en 2007. Estos datos llegan a su punto máximo en 2009 con 182.874. Los rubros incendio representa un porcentaje importante del total pero se mantienen estables a lo largo de 2005-2009. Pero no puede decirse lo mismo, de la protección a familiares que pasa de 2005 a tener 965.799 primas a 1.179.995 en 2009 (incremento del 18%).

A continuación, se contrastan los datos obtenidos con 20 entrevistas en profundidad efectuada a 20 pasajeros en las terminales de ómnibus de Retiro, y los aeropuertos de Aeroparque Jorge Newbery y Ezeiza. En forma exploratoria, intentaremos dilucidar a que cuestiones se teme a la hora de salir de viaje. La muestra fue seleccionada al azar, y cada entrevista grabada duró 40 minutos. Los abordajes se hicieron durante los años 2009/2010/2011 respectivamente. Por una cuestión de tiempo y espacio resumimos la conversación de tres de esas entrevistas; por temas de confidencialidad los nombres han sido alterados.

Genaro es ingeniero y viaja comúnmente por trabajo, entre sus preocupaciones principales a la hora de irse de vacaciones están, sufrir el robo de equipaje durante el viaje, o que le entren a robar a la casa. En palabras del entrevistado, “viste que uno no sabe cuando se va, si al volver va a dejar todo como esta, yo no tengo miedo por lo que fuera a pasar en mi casa, sino por los robos y cosas así, trato de dejar alerta a algún vecino pero también intento no irme fuera mucho tiempo. Es un bajón sobre todo cuando alguien debe irse mucho tiempo”. Cuando se le pregunta, si teme por su integridad o la de su familia a la hora de vacacionar, responde, “NO para nada!. Yo trato de irme en auto, mano yo, tengo el volante y soy responsable, yo cuido a mi familia. En cambio en un robo no puedo darle la seguridad que ellos necesitan, si me apuntan con un arma, listo les tengo que dar todo, años de ahorros y sacrificios perdidos en un minuto… lo mismo si me entran en mi casa, yo espero no estar ante una situación así porque no se como reaccionaría, yo salto y enfrento al chorro (ladrón), no me importa nada. Es muy injusto que te roben después de que trabajas toda la vida y que el estado no haga nada”.

En Genaro la cuestión material reemplaza a la seguridad personal, por dos motivos principales. Primero y más importante, porque el entrevistado admite mantener el “control” sobre el medio de transporte, mientras que no puede hacer lo mismo frente al robo o al crimen. Segundo, Genaro se auto-percibe como un conductor responsable que toma todas las medidas para asegurar la integridad de su familia. La idea de control percibido, particularmente, en esta entrevista anula cualquier contingencia, revalidando la hipótesis que la gente tiende a sentir mayor seguridad cuando percibe que puede manejar a placer la situación, en comparación con aquellos que se perciben como vulnerables. Si bien Genaro se siente seguro manejando, no mantiene la misma integridad cuando debe pensar en una hipótesis de futuro robo. Según su idea misma de masculinidad, él tomaría un rol proactivo enfrentando al ladrón, hecho por el cual podría perder la vida. Por ese motivo, Genaro teme al robo, y no al accidente.

Por otro lado, Germán de 25 años trabaja como mozo en Rosario desde hace cuatro años. Según comenta se encuentra conforme con su trabajo  aun cuando no se encuentra en relación de dependencia.  Si bien, no acostumbra a viajar mucho en ocasiones prefiere realizar viajes cortos entre Rosario y Buenos Aires para “despejar la cabeza”. No tiene preferencias acerca de viajar solo o acompañado aunque ha recalcado su deseo de viajar preferentemente por las noches para que sus viajes se hagan más cortos. Durante sus viajes, el entrevistado mira películas o duerme para pasar el rato. A la hora de salir de viaje una de sus mayores preocupaciones son los accidentes de tránsito sobre todo los vuelcos en días de lluvia. Germán manifiesta nunca haber subido a un avión pero de tener la oportunidad hacerlo sin ningún tipo de problemas. Asiduo televidente de noticieros, considera que existen muchas cosas deben cambiar a la hora de hacer política. Según su opinión los diferentes gobiernos democráticos no han sido todo lo eficientes que él esperaba hasta que las consecuencias no se hicieron en esperar en Diciembre de 2001.

Gonzalo, validando una postura similar a Germán y Genaro, también manifiesta su preocupación por los aumentos de los delitos vinculados a la propiedad, pero añade la ineficacia del estado frente al problema de la seguridad. Instalado en Puerto Madryn desde hace varios años, Gonzalo de 39 años vive solo trabaja como Docente en la Universidad Tecnológica Nacional, además de ser Licenciado en Organización industrial, trabaja como liquidador de jornales en una Pesquera. Aun cuando manifiesta estar conforme con su trabajo, deja claro que “vivir en Argentina” no es nada fácil. Los sueldos son bajos y las condiciones de trabajo malas. A diferencia de otros entrevistados, no realiza muchos viajes al año y solamente viaja a Formosa debido a que tiene su pareja viviendo en ese lugar. Prefiere no salir mucho de vacaciones o de viaje y considera que al auto como su medio de transporte preferido porque le da mayor independencia que el resto. A la hora de organizar su viaje, Santiago pondera el factor económico como uno de los principales criterios. Por motivos de seguridad, el entrevistado opta por no viajar de noche aunque manifiesta que no tiene impedimentos en viajar en días de tormenta. Por su parte, no llegar a tiempo al destino planificado se constituye como una de sus preocupaciones más comunes. Prefiere evitar los destinos muy calurosos y considera prioritaria la seguridad en su hogar cuando se encuentra ausente. En el pasado, le robaron 2 veces mientras se había ausentado por trabajo, eso ha llevado a Gonzalo a estar intranquilo cada vez que sale de viaje o por lo menos planear viajes de corta duración. A la hora de especificar si viajar en Argentina es seguro, el entrevistado manifiesta que la falta de límites, la falta de controles eficientes y el desapego de los argentinos a las normas viales hacen que viajar sea algo inseguro. Ello se debe a la idiosincrasia argentina y a los valores culturales que prefieren el “facilismo” al trabajo y el sacrificio. Gonzalo considera que: “en este país hay una idiosincrasia muy particular. Lamentablemente no se invierte en educación y estamos pagando las consecuencias con todo lo que eso implica… Lo que ves. Delincuencia, facilismo, vaguísimo, todo fácil. Tenes caso de villas donde los tipos siguen la tercer generación de tipos que viven del plan jefes y no laburan, los chicos asimilan lo que ven no?. Sigo con esto, si tus padres son muy trabajadores, probablemente vos lo seas. Normalmente es así. Me parece que el Estado en este momento tiene que dejar de politizar ciertas cuestiones dejar de afanar, y sobre todo ser mucho más eficientes en la administración de los recursos. Digo con esto, si afanan que afanen porque lo hacen en todo el mundo pero por lo menos que hagan algo. Al Estado le interesa solo la política”. 

La siguiente tabla, muestra en cinco variables cuales son las preocupaciones principales de los 20 entrevistados, divididos por género. Entre las preocupaciones más importantes a la hora de salir de viaje, los entrevistados señalaron el crimen (9) seguido del accidente (6) y el robo del hogar (6) y el crimen (6). Es importante observar la relación entre géneros respecto al crimen. Mientras pocos hombres sugieren que uno de sus mayores temores al vacacionar, es ser presa de un crimen, el número es mayor respecto a las mujeres. A la inversa, el robo en el hogar, como nos comentaba Gonzalo, parece ser una preocupación particularmente presente en hombres, pero no en mujeres. Tentativas conclusiones de rol, apuntan a que la mujer en rol de protectora sobre la vida de su familia se preocupa por el bienestar físico, mientras que el hombre prioriza temas de naturaleza material acorde con la acumulación del capital o la propiedad. Los accidentes son para ambos sexos preocupaciones similares.

            Tipo de Preocupación                                   Hombres                     Mujeres            Total
            Accidente                                           3                                 3                      6
            Robo hogar                                        5                                 1                      6
            Robo Equipaje                                   2                                 0                      2
            Crimen                                               1                                 5                      6
            Totales                                                           11                               9                      20       

Conclusión
            Luego de un exhaustivo escrutinio de la información presentada, se puede inferir las siguientes conclusiones: La cantidad de establecimientos asociados a la venta de seguros lleva una tendencia en baja pero la cantidad de empleados se mantiene en alta. La mayor demanda de primas se vincula a Seguros de Patrimonio (robo) debido a la percepción de inseguridad en Argentina y a la acción de ciertos medios informativos.  La demanda de seguros para automóviles, seguros contra robo y protección de familiares se mantiene en alta como así también la contratación de seguros de viaje. Estos datos corroboran a la literatura especializada que evidencia una de las mayores preocupaciones de los argentinos es el robo, seguido del crimen y los accidentes automovilísticos. Si bien los resultados deben ser tenidos en cuenta dentro de un marco temporal aplicable al período 2005-2009, la realidad indica que estos números engloban a todos los comercios de seguros y por lo tanto su representatividad estadística adquiere status de censo. Como punto fuerte cabe destacar los hallazgos validan las conclusiones de Bauman (2008) quien argumenta las sociedades sólo responden a aquellas amenazas que atentan contra las propiedades y los valores materiales desestimando otras cuestiones como ser la potencial amenaza del cambio climático y/o la falta de institucionalidad democrática. Los datos estadísticos fueron contrastados con un trabajo de campo de tres años en donde se recolectaron 20 entrevistas, de las cuales se resumen tres de ellas (por temas de espacio y tiempo). Los datos sugieren que pueden encontrarse resultados interesantes respecto al tipo de preocupación a la hora de viajar que muestran tanto mujeres como hombres. Los hombres en su rol priorizan su monopolio sobre la propiedad y manifiestan como mayor temor el robo del hogar. Las mujeres, al contrario, por ser cuidadoras de la integridad familiar consideran que su mayor preocupación es que algún familiar o ellas mismas sufran un crimen. El robo de equipaje no muestra ser una preocupación mayor en ninguno de los géneros. Estos resultados suavizan las interpretaciones de Bauman, ya que la propiedad parece ser un aspecto importante en los hombres mientras no toma mayor peso en las mujeres. Seguramente, los seguros no sean contratados por mujeres sino por hombres. Empero estas son especulaciones que ameritan ser validadas en futuros abordajes. La contribución interesante de este trabajo tiene que ver con la idea de control percibido, ideal en el cual los hombres se encuentran socializados. Los hombres, en ostentación de su masculinidad saben que deben hacer frente a un robo defendiendo como cabeza de familia el patrimonio, aun cuando su vida peligre. En el caso del crimen, a diferencia de las mujeres y su forma vulnerable de verse, los hombres lo consideran como una probabilidad lejana.

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