TURyDES
Vol 6, Nº 15 (diciembre/dezembro 2013)

BIENESTAR SOCIOECONÓMICO Y PERCEPCIÓN DE LA CALIDAD DE VIDA EN DESTINOS TURÍSTICOS: EL CASO DE LA COLONIA EL CARIBE, CABO SAN LUCAS, BAJA CALIFORNIA SUR (MÉXICO)

Hilda Julissa Martínez (CV), Manuel Angeles Villa (CV) y Alba Eritrea Gámez Vázquez (CV)

Introducción
El municipio de Los Cabos es un destino turístico mundialmente conocido, pero poco se ha escrito de manera detallada sobre los efectos del modelo económico vigente sobre la calidad de vida sus habitantes. Uno de los destinos turísticos más caros de México,1 Los Cabos se ha convertido en un imán de población de otras entidades de México (los estados de Sinaloa, Guerrero y Oaxaca, por ejemplo) y ha generado, por diversas causas, un fuerte incremento en la desigualdad y la marginación, con los problemas humanos y sociales y humanos que esto provoca. Este trabajo busca contribuir al análisis de la calidad de vida en la zona urbana de Cabo San Lucas, icónica localidad de predominio del turismo como actividad económica y fuente de empleo. En términos del desarrollo socioeconómico, Los Cabos tiene dos caras. De primera impresión, en relación con la gran mayoría de los municipios del país y de acuerdo con las estadísticas de las entidades nacionales e internacionales que ofrecen datos sobre el particular, el grado de desarrollo alcanzado en Los Cabos lo coloca en un lugar privilegiado. De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo para México (PNUD – México 2007), que contiene los datos más recientes disponibles en México a nivel municipal (mismos que corresponden a 2005), Los Cabos ocupaba el segundo lugar estatal, después de La Paz, en el Índice de Desarrollo Humano; esto en el contexto de que Baja California Sur (BCS) ostentaba el 6º lugar al nivel nacional.2 La segunda cara de Los Cabos empieza a verse a través de las cifras que se presentan en los estudios sobre la pobreza y la vulnerabilidad social municipal y los índices de rezago social al nivel de localidad del Consejo Nacional para la Evaluación de la Política Social (Coneval). Esta segunda cara se hace perfectamente visible cuando estudiamos las condiciones de vida de El Caribe, una colonia o barrio marginado de la zona urbana de Cabo San Lucas.
Una premisa del desarrollo es mejorar el bienestar social y la calidad de vida de las personas y las comunidades, aspectos que pueden ser identificados y conocidos de manera objetiva y/o subjetiva. La calidad de vida podría definirse como el conjunto de sentimientos de satisfacción material e inmaterial que produce una serie de condiciones en las personas y en las colectividades. Estas condiciones no pueden reducirse únicamente al nivel de ingreso, sino que incluyen otras dimensiones importantes de la existencia humana como la salud, la educación y el nivel de estudios, la infraestructura, vivienda, seguridad, y los servicios con que se cuente; el entorno (natural, humano, relacional), la felicidad, y la satisfacción personal, entre otros (Coro Chasco, 2009). Un enfoque puramente “objetivo” se centraría en el estudio de los indicadores de bienestar que cotidianamente publican las entidades nacionales del ramo (escolaridad, empleo, acceso a los servicios médicos, etc.), mientras que en enfoque “subjetivo” recabaría información sobre la calidad de vida a partir de las percepciones que tiene la población bajo estudio. Se trataría, entonces, de profundizar en el análisis de las condiciones de vida en una zona determinada desde diferentes enfoques con el objetivo de lograr un conocimiento integral que permita establecer las mejores pautas para el diseño de planes y programas que conformen las políticas públicas relevantes.
En Baja California Sur están cobrando importancia los estudios de la percepción de la población sobre sus propios niveles de bienestar, pues desde esa perspectiva se ha estudiado la ciudad de Loreto (Carilio y Angeles, 2007) y la ciudad de Cabo San Lucas (Angeles, Gámez y Ganster, 2012). Estos estudios, sin embargo, se orientaron a conocer las percepciones generales de determinados grupos de población en torno a problemas de diversas índole (sociales, ambientales, educacionales, de seguridad, adicciones, etc.), más que la opiniones que tienen los habitantes de sus niveles de bienestar y calidad de vida. Para profundizar en aquellos primeros estudios, planteamos como el principal propósito de este trabajo, precisamente, identificar y analizar las condiciones de bienestar social que permitan conocer la calidad de vida de los habitantes de la Colonia El Caribe, ubicada en la ciudad de Cabo San Lucas (BCS) desde su propia percepción. La elección de esta colonia como zona de estudio se debe que puede considerársele representativa de las colonias de reciente creación en la ciudad, mismas que comprenden alrededor de 60-70% de la población de Cabo San Lucas (incluyendo a las adyacentes Las Palmas y Colonia del Sol) (Ángeles, Gámez y Ganster, 2012).
Los datos oficiales que presenta el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) hacen referencia principalmente a los municipios y localidades, generalmente tomándolos como una sola población (o mancha urbana). Para indagar al interior de las ciudades es necesario recurrir a las cifras que se ofrecen a la escala de Área Geoestadística Básica (AGEB) que, si bien se encuentran disponibles tanto para las zonas urbanas como las rurales, no estaban actualizadas a la fecha de la realización de nuestra investigación. Ante esta disyuntiva, se recurrió a la aplicación de una encuesta, cuyas características se explican brevemente más adelante.
En concordancia con lo anterior, la investigación se realizó en dos etapas. Primero, se hizo una caracterización socioeconómica del municipio de Los Cabos fundamentada en a) los datos disponibles sobre el índice de desarrollo humano, las mediciones de la pobreza y vulnerabilidad social a nivel municipal para el año censal de 2010 dadas a conocer por el Coneval (2011b), y c) nuestras estimaciones de la marginación en la mancha urbana de Cabo San Lucas, hechas a partir de las cifras que ese Consejo publica en el Índice de Rezago Social por municipio y localidad (Coneval, 2011c; 2011d). La parte central del trabajo se dedica a la presentación de los diversos componentes del bienestar social desde la óptica objetiva (es decir, similares a aquellos que se publican en las fuentes oficiales), con base en las cifras que se recogieron en la encuesta, contrastándolos con las percepciones sobre su calidad de vida, expresadas los habitantes de la zona de estudio. 3

Erik Olin Wright (Wright, 1994, cap. 2) distingue entre cuatro diferentes acercamientos al estudio de la pobreza. El primero refiere a los atributos personales de los pobres (intelectuales, raciales), que les hacen genéticamente inferiores. Wright señala que esta postura ha perdido vigencia en la academia, aunque aún encuentra apoyo en otros ámbitos. La segunda tiene que ver una “cultura de la pobreza,” es decir, la transmisión intergeneracional de la pobreza mediante un conjunto de valores y normas que impiden a los pobres funcionar adecuadamente en la sociedad contemporánea (indolencia, falta de motivación, baja autoestima, etc.): la ausencia de valores empresariales y la falta de competitividad, diríase. Aunque de naturaleza contingente, no intrínseca, estos rasgos, una vez adoptados, se perpetúan en un ciclo vicioso de pobreza. La tercera explica la pobreza en función de factores sociales, como el desigual impacto de la reestructuración del mercado de trabajo sobre determinados grupos, la insuficiente provisión de oportunidades educativas, la desindustrialización y el aislamiento social. Finalmente, se ofrece una explicación sistémica de la pobreza: esta no es un resultado colateral, sino una necesidad del capitalismo en general, agravada hoy, añadimos, por la neoliberalización.
El concepto de pobreza, que ha servido de fundamento para la mayoría de las investigaciones sobre “la cuestión social” en las últimas dos décadas, es interpretado como carencia; es decir, “una situación de menoscabo que indica tanto una ausencia de elementos esenciales para la subsistencia y el desarrollo personal como una insuficiencia de las herramientas necesarias para abandonar aquella posición”. Dependiendo de la conceptualización de la pobreza, estas carencias pueden ser de origen estructural, de mediano o largo plazo, o pueden ser el resultado de factores coyunturales, como en algunas interpretaciones pueden ser los efectos de una crisis como la actual. En este sentido, por bienestar puede entenderse la satisfacción de necesidades, la libertad de ejercer plenamente las capacidades individuales, o una condición propicia para el florecimiento humano.
La conceptualización de la vulnerabilidad social ha ido en varias direcciones. Para Caroline Moser (1998) y el Banco Mundial, se trata de trascender el concepto de pobreza al considerar que, independientemente de los bajos ingresos, una gestión “apropiada” de los activos con que cuenta la población podría contrarrestar los efectos de las crisis. Los principales activos de referencia son el trabajo, la salud y la educación, pero como activos “productivos” también pueden incluirse la vivienda y las relaciones en el hogar respecto a los ingresos y el consumo. Notablemente, Elizabeth Moser introduce por primera vez el capital social como un activo a considerar, en particular como factor indispensable en el proceso de desarrollo en el Sur global. El énfasis va sobre un manejo empresarial de los recursos que, en esta interpretación de la vulnerabilidad, todos tienen, incluyendo los más pauperizados. El análisis se lleva a cabo a nivel individual y lo social interviene sólo desde la perspectiva de la racionalidad de homo economicus (Angeles y Gámez 2012).
Otra forma de analizar la vulnerabilidad social es verla como el resultado de una progresión en el estudio de los factores que caracterizan la marginación, ampliando cada vez los números de afectados, desde los estudios fundamentados en la medición mediante el uso de la línea de la pobreza, a las necesidades insatisfechas, y de ahí a la propia vulnerabilidad. De este modo “se es pobre cuando no se logra satisfacer algunos de los requerimientos que han sido definidos como “necesidades básicas”, pero también se es pobre cuando, aun cubriéndolas, los ingresos se ubican por debajo de una imaginaria línea de pobreza” (Peroni et al., 2011). El método multidimensional de medición de la pobreza del Coneval se deriva de este tipo de conceptualización. Se maneja la vulnerabilidad como una zona intermedia entre los pobres (por ingreso y carencias, las dos a la vez) y los “no pobres ni vulnerables”.
Son pobres quienes tienen insuficiencia de ingresos con respecto a la línea de bienestar establecida y, además, registran una o más carencias sociales. El Coneval calcula dos líneas de bienestar. La primera es la línea de bienestar mínimo, que equivale al valor monetario de la canasta básica alimentaria generada por el propio organismo: al final de 2010 en México ésta era equivalente a 721 pesos al mes en la zona rural (unos 57 dólares) y 1,024 pesos (aproximadamente 81 dólares) en la zona urbana. El segundo parámetro, denominado simplemente “línea de bienestar,” además de la primera incluye una canasta de bienes no alimentarios; la suma de los valores de las dos canastas, alimentaria y no alimentaria, equivale al valor de la línea de bienestar: al final de 2010, ésta equivalía a 1,392 pesos (110 dólares) para la zona rural y $2,208 (175 dólares) para la zona urbana (Coneval, 2011a). A su vez, la población vulnerable muestra rezagos sociales en alguna u otra categoría, pero no necesariamente son pobres por el ingreso. 4
En contraste, el método de medición integrada de la pobreza (MMIP) adoptado por Evalúa DF, emplea tres categorías: indigentes, pobres no indigentes y no pobres. En la práctica, los dos métodos arrojan resultados parecidos al nivel nacional para 2010 (Boltvinik, 2010). Sin embargo, el MMIP se fundamenta en un “umbral generoso de la pobreza” (es decir, en la pobreza relativa), que combina las pobrezas de ingresos, de necesidades básicas insatisfechas y de tiempo libre, mientras que la que se incorpora en la metodología del Coneval se califica como avaro (pobreza absoluta), al incluir la consideración del ingreso y cierto número de carencias, excluyendo el uso del tiempo, a la vez que la canasta de bienes que sirve de base para la línea de la pobreza es menos completa y de menor calidad alimentaria que la dela MMIP (Boltvinik, 2001; 2011). Por lo tanto, aunque el Coneval y Evalúa DF puedan mostrar similitudes en la dirección de los cambios, o incluso un acercamiento en cuanto a los valores resultantes de las estimaciones que cada una de estas entidades reporta, el método de la MMIP reflejará, correctamente, a nuestro juicio, mayores niveles de pobreza.
En resumen, la discusión de la vulnerabilidad social se da en torno a las formas “nuevas” de pobreza que están asociadas con cambios demográficos y de la familia, transformaciones en la estructura del empleo y del funcionamiento del mercado de trabajo, coexistencia entre la pobreza “dura” y persistente y una “nueva pobreza,” que se considera está aún en gestación. Estas formas de vulnerabilidad no son necesariamente atribuibles a la insuficiencia de ingresos, propia de la pobreza dura, aunque se relacionan íntimamente con ella. La vulnerabilidad se refiere a la incapacidad de grandes grupos de la sociedad para enfrentarlos, neutralizarlos u obtener beneficios de transformaciones recientes (Pizarro, 2001: 7). El concepto de la vulnerabilidad social es útil en tanto generaliza el concepto de pobreza, ampliando su significado en un entorno donde se pretende “focalizar” la atención únicamente en la pobreza más extrema.
Las causas de la vulnerabilidad social tienen que ver una serie de fenómenos que van de la mano con la neoliberalización: 1) la pobreza de ingreso, 2) la creciente desigualdad, 3) el desempleo y subempleo, 4) la magnitud del trabajo informal, 5) el aumento en la precariedad del trabajo al ofrecerse empleos sin seguridad y sin contrato, con bajas remuneraciones y sin prestaciones, 6) el repliegue del estado de áreas clave(educación, salud, transporte, etc.), 7) los problemas que enfrentan las pequeñas y medianas empresas (principal base del empleo formal), 8) rezagos y carencias en educación, salud, vivienda, servicios básicos, y alimentación, 9) problemas de cohesión social, que provienen fundamentalmente de la desigualdad (CEPAL, 2010; CONEVAL, 2011).
1.1 Medición de la pobreza en la Colonia El Caribe, en Los Cabos, Baja California Sur (México)
Como ya se indicó, en el presente trabajo el análisis de realizó en varias etapas, a efecto de afinar la configuración espacial bajo estudio. El procedimiento se resume como sigue. Se partió de un análisis a nivel estatal tomando como base el Índice de Desarrollo Humano (IDH) del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo para México (PNUD–México, 2012), considerando las cifras de BCS correspondientes a 2010. Posteriormente se pasó al nivel municipal y, en ausencia de resultados más recientes a este nivel, se emplearon los datos del IDH para 2005, disponibles a este nivel de desagregación geográfica. Un segundo elemento de análisis se encuentra en los datos que, a partir del trabajo del Consejo Nacional de Población (CONAPO) sobre el Índice de Marginación, ha difundido el CONEVAL en la forma de los Índices de Rezago Social por municipio y localidad. Este índice es una medida ponderada que se compone de indicadores referentes a los rubros de educación, salud, servicios básicos y espacios en la vivienda, y tiene como finalidad ordenar a las unidades de observación según sus carencias sociales. La medición se realiza en forma numérica absoluta, si bien los valores del índice redundan valoraciones comparativas para la totalidad de los municipios o localidades del país (CONEVAL, 2011c; 2011d).
La pieza central en cuanto a la información secundaria en que se fundamenta el presente trabajo lo constituyen las estimaciones de pobreza y vulnerabilidad hechas por primera vez por el CONEVAL al nivel municipal con datos del censo de población de 2010. Estas cifras permiten una mirada más minuciosa hacia los municipios, así como, en nuestro caso, efectuar un análisis comparativo de Los Cabos y el resto de los municipios sudcalifornianos (que son cinco, de norte a sur: Mulegé, Loreto, Comondú, La Paz y Los Cabos). Sin embargo, para tener un acercamiento más veraz a la realidad de las localidades urbanas es necesario indagar en su interior. El Índice de Marginación y el IRS con frecuencia evalúan la mancha urbana de determinado centro de población en su totalidad, con el resultado de emitir un dictamen con base a las cifras promedio de los indicadores medidos en esa urbe, pero sin explorarla en detalle. Para solucionar este problema de la escala de la medición, se puede proceder de dos formas: 1) utilizar los datos por Área Geoestadística Básica (AGEB) que elabora el INEGI, o 2) levantar una encuesta en la zona de estudio. En este trabajo nos decidimos por la segunda opción, pues al momento de conducir la investigación en 2012, de la cual este escrito se deriva, no se contaba aun con datos actualizados para las AGEB. La metodología de la encuesta se presenta enseguida.
Para la realización de la investigación de campo se hizo una delimitación física basada en los mapas proporcionados por INEGI y por la Dirección Municipal de Catastro del Municipio de Los Cabos, B.C.S. Para seleccionar la muestra se definió como unidad de análisis a los hogares de la colonia El Caribe, dada su importancia poblacional, expuesta anteriormente. La muestra, definida como un subgrupo de la población, delimita las características de la población, y debe proveer de la información deseada. Para su determinación se usó como tipo de muestreo, el Muestreo Aleatorio Simple. Éste consiste en elegir en forma aleatoria “n” unidades muestrales (UM) de la población. El proceso debe otorgar la misma oportunidad de selección a todas las UM en una sola ocasión. En nuestro caso, utilizamos los mapas referidos, que permitieron identificar las manzanas y las casas de cada manzana. En el caso correspondiente a la sección ocupada sobre terrenos propiedad de alguien más y luego regularizados por la autoridad municipal, o por invasión, conocida como Invasión Caribe, se recurrió a los mapas proporcionados por los líderes invasores que lo tienen perfectamente delimitado.
En el mapa, a cada manzana se le asignó un número, y cada vivienda fue enumerada para realizar la selección aleatoria de aquellas casas que serían encuestadas. Al seleccionar un número de manzana, anotamos las manzanas sorteadas, posterior a ello, determinamos el número de la casa a encuestar, utilizando la misma metodología. Por cada manzana se seleccionaron 6 casas a encuestar. Se anotaron en una bitácora los resultados obtenidos, haciéndose constar que la Colonia El Caribe está distribuida, de acuerdo a la Dirección Municipal de Catastro, en 78 manzanas irregulares con un promedio de 20 viviendas en cada manzana, por lo que localizamos 1,560 viviendas ocupadas recientemente. Existen 11 manzanas más que se pueden apreciar en el trazo de la colonia, pero éstas se encuentran destinadas a otros usos que no son de vivienda, es decir, la colonia tiene una escuela de nivel medio superior que abarca tres manzanas, también cuenta con una escuela de nivel primaria en otra manzana y cuenta con un jardín de niños con un pequeño parque adjunto, que abarca una manzana, existen dos manzanas más, que no están pobladas y que parece ser que pertenecen a la reserva de la colonia para realizar alguna obra de interés social.
Sin embargo, en la sección de Invasión Caribe, existe un pequeño asentamiento de tipo irregular, cuyos registros oficiales no existen. Para obtener datos de este asentamiento irregular obtuvimos información proporcionada por el Sr. Danny (persona que trabaja con los líderes del grupo que invadió dicha zona), entrevistado en marzo de 2012. Dicha persona confirmó que existen alrededor de 80 viviendas que invadieron las riberas del arroyo que atraviesa la colonia. Con esta información, tomamos como base que en la colonia El Caribe localizamos 1,640 viviendas distribuidas en las tres secciones ya mencionadas. Esta población nos permitió calcular el tamaño de muestra para la aplicación de las encuestas. En virtud que el análisis econométrico de poblaciones finitas indicaba que una encuesta con un error de estimación de 5% requería la aplicación de 400 cuestionarios, en aras de la economía de tiempo y esfuerzo, se asignó un error de estimación de 8%, lo que nos facilitó la aplicación de las encuestas, mismas que estimamos suficientes para realizar el análisis de los niveles de bienestar y calidad de vida en la colonia de estudio (Martínez, 2012). La encuesta fue aplicada de manera aleatoria en los meses de abril, mayo, junio, julio y principios de agosto del 2012. Para tales efectos se revisó la metodología que INEGI utilizó en el diseño de sus cuestionarios para el Censo de Población y Vivienda 2010; también se acudió a la página oficial del Centro Latinoamericano de Demografía (CELADE), una división de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Considerando ambas metodologías de medición demográfica y socioeconómica, se diseñó el cuestionario cuidando que su estructuración fuera de manera ordenada, con preguntas semiabiertas y cerradas que, además, tuvieran una secuencia equilibrada entre ellas. Finalmente el cuestionario se estructuró con 43 preguntas, que permitieron proporcionarnos información relevante al momento de su análisis, y con la que se estructuraron las secciones siguientes.

La estructura económica de Baja California Sur ha mostrado cambios significativos desde principios de los noventa del siglo pasado, reflejando un modelo económico fundamentado en las actividades relacionadas con el turismo. Así, se caracteriza por desplegar un modelo de turismo de playa, pesca deportiva, springbreakers, hoteles “todo incluido”, así como en el énfasis sobre la construcción de megaproyectos orientados al “turismo residencial” a lo largo del litoral sur, tanto en el municipio de Los Cabos como –crecientemente– en el de La Paz. Para la zona de Los Cabos, en especial, esta transformación estructural ha significado el predominio de un pequeño grupo de sectores como generadores de producción e ingreso, en los que destacan restaurantes y hoteles, servicios inmobiliarios y de alquiler, construcción y comercio, principalmente. La economía, dependiente de esos sectores, fue severamente afectada por la crisis que inició en el otoño de 2008, que causó una fuerte reducción en los niveles de actividad y de empleo. En 2010, hubo una parcial recuperación, pero el desempleo se mantiene en cifras muy altas, en comparación con la historia reciente (Angeles y Cabral, 2012).
De acuerdo con el INEGI (2011a), en 2010 el Producto Interno Bruto (PIB) sudcaliforniano (a precios constantes de 2003) ascendió a 53.1 millones de pesos, registrando un crecimiento de 1.7% con respecto al año anterior, cifra muy similar a lo reportado para 2009. Para el período completo de 2003 a 2010, el indicador del valor de los bienes y servicios generados en la entidad creció en casi 40%. Cinco sectores de actividad, juntos, conformaban en 2010 casi dos terceras partes del total de la economía: comercio (17% l), construcción (14%), servicios inmobiliarios (10%), restaurantes y hoteles (14%) y transporte y comunicaciones (9%). A lo largo del período 2003-2010, indudablemente los motores de la economía sudcaliforniana fueron la construcción (crecimiento de 67% en ese lapso), y hoteles y restaurantes (82%), seguidos por el sector inmobiliario (32%) y transportes y comunicaciones (38%). Sectores estratégicos, si bien de menor peso en la economía, como electricidad, gas y agua y servicios bancarios también tuvieron muy altos ritmos de expansión (79% y 86%, respectivamente). Los sectores que proveen servicios de educación, salud y administración pública se mantuvieron en un virtual estancamiento, a pesar del altísimo ritmo de aumento de la población durante toda la década, e incluso mostraron disminuciones en 2009 (salud, de 5%) y 2010 (educación, 1.3%). Se ve pues, una economía dominada por un pequeño grupo de sectores, con especial “vocación al turismo”, y un sector público relativamente estancado en términos de la generación de producto, con excepción de la construcción de infraestructura carretera y, si acaso, alguna infraestructura urbana.
Tomando como base un estudio conjunto de la Secretaría de Turismo y el INEGI, que a su vez emplea cifras del Censo Económico 2004, podemos estimar que el turismo genera alrededor de una tercera parte del valor agregado (VA) y una proporción similar del empleo al nivel estatal.5 Al nivel municipal, esa fuente reportó a los Centros Turísticos Integralmente Planeados de Los Cabos y Loreto. En el municipio de Los Cabos, el documento citado indica que el turismo da cuenta de 46% del ingreso (valor agregado) y de 46.2% del empleo, generados en el municipio (SECTUR/INEGI, s.f.). Estos resultados se confirman al examinar los Censos Económicos 2009, de donde se desprende que los servicios de alojamiento temporal y preparación de alimentos y bebidas aportan 39% del ingreso y 36% del empleo cabeños. Claramente, la aportación del turismo en estos dos rubros se verá incrementada si, como se hace en el documento de SECTUR/INEGI, se suman a los números citados, las aportaciones de otros subsectores relacionados directa e indirectamente con el turismo; de hecho, en su forma actual no hay duda que la economía del municipio es altamente dependiente de esa actividad.
La espectacular generación de riqueza y el extraordinario dinamismo demográfico del municipio de Los Cabos en las pasadas dos décadas han llevado a una aceptación acrítica del modelo económico basado en el turismo. Predomina el discurso triunfalista que resalta las enormes bellezas naturales, los atractivos de la pesca deportiva y los campos de golf, el número de visitantes, las nuevas edificaciones y la “gran derrama económica” que llega del turismo, cuya magnitud y distribución, por cierto, o se desconocen, o bien no se dan a conocer. La realidad es mucho más compleja. Por un lado, el crecimiento vinculado al turismo dependió no solo de las bellezas naturales y del empresariado, sino de una estrategia de desarrollo del gobierno mexicano a través del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (FONATUR), que ya se estaba implementando al otro extremo del país, en Cancún. La expansión del turismo se posibilitó también por la reforma salinista al Artículo 27 constitucional, que propició la enajenación de las tierras ejidales que constituían la mayor parte del territorio del municipio, para que la falta de oportunidades, la pobreza y la corrupción orillaran a los pequeños propietarios y ejidatarios vendieran sus tierras a desarrolladores y especuladores muy por debajo de los precios de mercado. En general, el crecimiento del turismo en Los Cabos se dio como una manifestación de lo que David Harvey bautizó como un proceso de “acumulación por desposesión”, es decir, la privatización de los espacios comunes para el fomento de la ganancia privada (Harvey, 2005).
El desenlace de lo anterior ha sido que los litorales y recursos costeros sean alienados y la población local sea excluida de grandes franjas del territorio, en particular por la privatización de las playas: de 42 existentes, sólo tres siguen siendo de acceso público. En aras de la “exclusividad del destino”, las autoridades de los tres niveles de gobierno incluso formaron una alianza con el sector privado para construir (mayormente con recursos públicos) una nueva carretera entre Cabo San Lucas y San José del Cabo (la cabecera municipal), tierra adentro de los complejos turísticos, con el fin de privatizar la totalidad del espacio entre el mar y la carretera que antes unía a las dos localidades.
Indiscutiblemente, el turismo cabeño ha aumentado enormemente los ingresos de los terratenientes, las compañías hoteleras, los especuladores, el sector financiero y las empresas inmobiliarias. También ha aumentado el empleo en los servicios de apoyo al turismo, así como ciertos trabajos “de clase media” que requiere una población en constante crecimiento; pero sobre todo, se han multiplicado los empleos de muy baja calificación y remuneración, que son cubiertos por inmigrantes de otros estados del país. En consecuencia, el modelo de crecimiento también ha resultado en la creación de numerosos asentamientos cuya población está dirigida a atender las actividades turísticas, pero que poco se benefician de ellas. Las condiciones imperantes en Los Cabos se ven nítidamente plasmadas en una nota de primera plana en el periódico El Sudcaliforniano (24.12.12), “Contrastes navideños en Los Cabos” explicando que “mientras algunos pagarán más de 15 mil pesos por persona por hospedaje y una cena navideña, otros no tendrán para comprar un pavo en este municipio” y que en las colonias las familias “celebran en días previos, cuando los políticos y autoridades celebran sus posadas” (Zarazúa, 2012).6
En los últimos 10 años, la población de BCS se incrementó de forma muy significativa, en casi 50%, fundamentalmente por el crecimiento del turismo y actividades relacionadas en la zona de Los Cabos. En el año 2000 se registraron en el estado 424,041 habitantes; para 2010 la población llegó a 636,026 personas; entre 2005 y 2010 la tasa de crecimiento anual fue de 4.5%. En lo referente a Los Cabos, donde el crecimiento demográfico se debe en gran medida a que buscan en este destino una mejor forma de vida al de su lugar de origen, la tasa de crecimiento anual del municipio fue de 8.2% anual, lo que supera en mucho a la media estatal. En el año 2000, Cabo San Lucas tenía 56,811 habitantes; para 2010 la población de la zona central de la ciudad alcanzaba 68,463 habitantes, a los que debe sumarse la población de la Colonia del Sol (cerca de 50 mil personas) y Las Palmas (12 mil habitantes). La Colonia del Sol es un ejemplo claro de esta dinámica de expansión poblacional: en 2005 contaba con 27,057 habitantes, creciendo en 77% en los siguientes 5 años, para llegar a la cifra de 48,032 personas en 2010. Esta situación de crecimiento acelerado, también se logra apreciar a simple vista en otras localidades en la zona urbana de CSL, que están manifestando características similares: la colonia Los Cangrejos, que lleva hasta la fecha cuatro secciones o etapas; la colonia Lagunitas; la colonia las Palmas, El Caribe, y Gastélum, entre otras más. Esta dinámica demográfica se manifiesta, entre otras cosas, en graves dificultades para que la creciente población encuentre un lugar donde vivir, generando condiciones sumamente onerosas con respecto al bienestar y un fuerte incremento en los asentamientos irregulares en zonas de alto riesgo. La siguiente tabla ofrece datos sobre la población del municipio de Los Cabos en 2010.


Tabla 1. Población por principales localidades del Municipio de Los Cabos, 2010

Localidad

Habitantes

% de población municipal

San José del Cabo

69,788

29.26

Cabo San Lucas

68,463

28.71

Las Veredas

10,478

4.39

Colonia del Sol

48,032

20.14

Las Palmas

11,562

4.85

Total

208,323

87.35

Fuente: Martínez (2012).

Históricamente, Baja California Sur se ha caracterizado por altos niveles relativos del ingreso por persona y del Índice de Desarrollo Humano (IDH), tanto en virtud de sus actividades productivas, como de la inversión federal y el pequeño tamaño de la población. De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo para México (PNUD–México, 2012), el estado se ubica en el cuarto lugar en el ordenamiento nacional del IDH.7 Sin embargo, hay diferencias en los niveles del IDH a nivel municipal. De este nivel, los datos más recientes que hay son los correspondientes a 2005, que aparecieron en el Informe del PNUD-México de 2007 ((PNUD-México 2007a, 2007b). El Informe analiza información completa para México que incluye sus 32 estados y más de 2,400 municipios. Esta fue la primera ocasión en que se dispuso de todos los elementos del IDH para todas las regiones de México, así como de una comparación en el tiempo, al emplearse los datos de 2000 y 2005. Los resultados mostraron un escenario de desigualdad regional considerable en todos los niveles: internacional, interestatal y al interior de los estados, en los municipios. De acuerdo con el Informe, en 2000 el IDH de México era de 0.794 (comparado con 0.942 para Noruega, el país que entonces tenía el IDH más alto en el mundo); cinco años después, el IDH de México se colocaba en 0.807, con el número 52 en el mundo, tan solo por debajo de Cuba y justamente arriba de Bulgaria.
En aquel año BCS registró un IDH comparable con de Las Bahamas. La Paz sobresalía con el valor más alto del IDH en el estado (0.90), ubicándose a la par de Kuwait o la República Checa (32 en el mundo); Los Cabos, con 0.88 era similar a Qatar (número 35 en el mundo); Loreto (0.86) a Estonia y Lituania (43 y 44); Comondú (0.84) se encontraba en el nivel de Cuba; y Mulegé (0.85) se acercaba a Bielorusia y Rusia (50 en el mundo). Todos los municipios en BCS tenían, según las categorías del PNUD, un nivel alto de desarrollo, aunque diferían en los componentes del IDH. El municipio de Los Cabos tenía el ingreso per cápita mayor (20,811 dólares, de acuerdo con la PPA), casi una tercera parte más que el promedio estatal, y más del doble del promedio nacional. La Paz, la ciudad más grande de BCS en términos de población y la segunda más rica, exhibió un ingreso per cápita estimado en 18,726 dólares, casi 11% menor que el de Los Cabos (Angeles, Gámez y Ganster, 2012).
En los otros dos componentes del índice, salud y educación, BCS mostraba más equilibrio, aunque predominaba La Paz. Con respecto a la ciudad capital, en Los Cabos se observaba un rezago de 4% en el componente salud. De manera importante para sus posibilidades futuras de desarrollo, Los Cabos exhibía un rezago de 6 puntos con respecto a la asistencia escolar que se observa al nivel estatal; el dato de aquel municipio muestra una tasa de matriculación escolar de 59%, comparado con 72% en La Paz. Esto refleja los grandes flujos de inmigración, una inadecuada infraestructura de salud y educacional, y la inserción de los jóvenes en el mercado laboral a temprana edad, dadas las condiciones de sus familias o las propias. No hay que olvidar que Los Cabos es un imán migratorio por las sus altas tasas de empleo y niveles atractivos de salario que mostraba antes de la crisis, comparado con otros lugares del país y del estado. De hecho, en 2010 el ingreso corriente total per cápita en Los Cabos fue de 4,622 pesos, comparado con 4,326 pesos en La Paz y sólo alrededor de 2,700 pesos en los otros tres municipios del estado (CONEVAL, 2011a). Al mismo tiempo, la zona es también generadora de marginación: por lo que se puede prever con respecto al modelo turístico vigente, se puede afirmar de manera categórica que ese modelo depende de la existencia de grupos que, al carecer de otras opciones, se dediquen en trabajos de baja categoría en la hoteles y restaurantes, los campos de golf, y las actividades de construcción relacionadas con el turismo, y la economía informal. En resumen, Los Cabos muestra un crecimiento rápido y anárquico de la población, insuficiente infraestructura, altos niveles de subempleo, marginación e informalidad. De hecho, en las zonas urbanas del municipio coexisten tres mundos: (a) el de los turistas (en su mayoría extranjeros) que pueden pagar tarifas de hotel por encima de mil dólares por noche o que pueden comprar una residencia millonaria en el exclusivo fraccionamiento de El Pedregal o en nuevos conjuntos residenciales; (b) el residente extranjero (generalmente retirado) y una pequeña clase media mexicana empleada en puestos de alto nivel en el comercio, el gobierno, los servicios (turísticos y otros); y (c) una muy grande proporción de obreros de la construcción, jardineros, intendentes, choferes y empleados en el sector turismo, así como los que se ubican en la informalidad.
Esta hipótesis encuentra evidencia en otro grupo de indicadores de desarrollo, esta vez, el índice de marginación publicado por Consejo Nacional de Población (CONAPO), incluido en la información estadística que proporcional el CONEVAL (2011c, 2011d) en la forma del Índice de Rezago Social (IRS). De acuerdo con el CONEVAL, el IRS es un indicador que agrupa, en un solo índice, variables de educación, de acceso a servicios de salud, de servicios básicos en la vivienda, de calidad y espacios en la misma, y de activos en el hogar. Es decir, proporciona el resumen de cuatro carencias sociales de la medición de pobreza: rezago educativo, acceso a los servicios de salud, acceso a los servicios básicos en la vivienda, y la calidad y espacios en la vivienda. Según la fuente recién citada, la zona urbana de Cabo San Lucas (compuesta por Cabo San Lucas y dos colonias relativamente nuevas, la colonia Las Palmas y la colonia del Sol)8 tenía en 2010 una población de 126,027 habitantes, correspondiente a 53% del municipio de Los Cabos. En 2005 la localidad de Cabo San Lucas presentó –oficialmente, es decir, según el CONEVAL– un grado de rezago social muy bajo, situación que persiste en 2010, a pesar de que la población se incrementó en cinco años en un 20.5%. Una zona de evidente marginación (la colonia Las Palmas, que triplicó su población entre 2005 y 2010) fue clasificada con un grado de rezago social medio en 2005 y muy bajo en 2010.
El factor determinante en este avance formal en términos de la medición del desarrollo de la colonia fue la reducción del número de hogares sin conexión a la red hídrica municipal, de 88% a 28% en ese lapso de tiempo. Es de notar que dicha ampliación en la cobertura de la red municipal de distribución de agua, si bien muy importante, en sí no garantiza el suministro del líquido, por el constante “tandeo”, además de que no se observan avances similares en otros rubros (CONEVAL, 2011d). En la Colonia del Sol (así denominada por INEGI, aunque conocida localmente como Lomas del Sol), la población aumentó del 2005 al 2010 en 77.5%. No obstante este incremento, el grado de rezago social que esta colonia presenta tanto en el 2005 como en el 2010 es bajo, a pesar de que, según cifras del propio CONEVAL (2011), la mitad de los hogares tienen hacinamiento y esa misma proporción de la población no terminó la escuela primaria. Los bajos niveles de marginación que registra el CONEVAL para la zona de estudio son producto del hecho de que se trata de clasificaciones de tipo relativo, que usan los mismos indicadores para medir los 2,500 municipios del país y todas sus localidades. Se compara, por ejemplo, el estado de Chiapas, donde según el CONEVAL el 95% de la población es pobre o vulnerable, con el de Baja California Sur, donde la prevalencia de la pobreza y la vulnerabilidad social alcanzan al 70% de los habitantes.
En una comparación de desiguales, las zonas menos pauperizadas (o relativamente prósperas) aparecen como portadoras de una “muy baja” marginación. No hay duda de que existen estratos de la población de Cabo San Lucas que disfrutan de niveles de vida muy dignos, y mucho más que eso, pero tal situación no se presenta en la mayoría de la población, a pesar de los promedios que maneja el CONEVAL. Si bien ya son notorias a simple vista las diferencias entre la zona central Cabo San Lucas, por un lado, y Las Palmas y la colonia del Sol, por el otro, el caso de la colonia El Caribe es ilustrativo de la fuerte marginación y segregación espacial que existe en Los Cabos. En la discusión siguiente se entrelazan de forma comparativa las experiencias de Los Cabos y El Caribe, a fin de lograr un análisis comparativo.
3.1 La calidad de vida en la colonia El Caribe
La colonia El Caribe, localizada a menos de 10 minutos del centro de la ciudad de Cabo San Lucas, está dividida en tres etapas o secciones: Caribe Alto, Caribe Bajo e Invasión Caribe. La colonia El Caribe se ubica en la desembocadura de dos arroyos importantes en el municipio, el Arroyo El Salto y el Arroyo El Salto Seco, los cuales, en temporada de lluvias, llevan una fuerte cantidad de agua hacia la playa de El Médano en la Bahía de Cabo San Lucas. Sin embargo, la población cada día va creciendo, construyéndose cada vez más viviendas en el cauce del arroyo, a falta de medios para adquirir terrenos en una ciudad donde el precio del suelo es muy elevado y se carece de suficientes reservas territoriales municipales. Dado que en años recientes no se han presentado huracanes, el riesgo de un fenómeno meteorológico se considera inexistente o remoto. Como esta, no ha presenciado recientemente ningún huracán, consideran que no existe peligro alguno o que el riesgo es remoto. El análisis de la calidad de vida de la colonia El Caribe se fundamentó en la encuesta descrita en la sección 1.1.
El trabajo preparatorio de la encuesta reveló la existencia de 1,640 casas habitadas en la colonia lo que, dada una ocupación media de 6 personas por vivienda, dio un total aproximado de 9,840 habitantes en la colonia, 55% hombres y 34% mujeres. Esta cifra representa 4.13% de la población total del municipio de Los Cabos y 14.37% de la población total de Cabo San Lucas. La colonia El Caribe, a pesar de la estimación obtenida, no está considerada como parte de la zona central de CSL. Como consecuencia del crecimiento poblacional, con base en el fenómeno migratorio originado por la intensa actividad turística, Los Cabos es el municipio sudcaliforniano que registra la mayor proporción de población no nativa: en el año 2000, esta fue de 48.1%, mientras que en 2010 se ubicó en 56.4%. (INEGI, 2010). En cuanto al origen de la migración a nivel municipal, resaltan los siguientes lugares: Guerrero, con un 22.6% de la población inmigrante; Sinaloa (17.1%); Distrito Federal (9.9%); el estado de México (5.2%); Jalisco (5.8%); el 0.9% restante provienen de otros países.
Por lo que respecta a la colonia El Caribe, notamos que el fenómeno de la migración es muy fuerte, más de la mitad de la población proviene del estado de Guerrero, lo que representa 52% del total. Por su parte, 13% es originario de Sinaloa mientras que 12% proviene de San José del Cabo, 7% nació en Toluca, 5% es del estado de Oaxaca, 2% de la población es oriundo de los estados de Guadalajara, Sonora y Tamaulipas en la misma proporción y, finalmente, 3% tiene su origen en la Ciudad de La Paz, B.C.S. Así, podemos percibir claramente que tanto a nivel municipal como a nivel localidad, la emigración se origina de manera significativa en el estado de Guerrero.
En cuanto al nivel escolar que refleja la población de la colonia El Caribe, obtuvimos los siguientes datos: 21% de la población estudia la primaria y 48% de la población está en el nivel medio (secundaria), de los habitantes que se identificaron en el nivel medio (secundaria) 70% de la población terminó satisfactoriamente este nivel, pero 30% aún se encuentran cursando algún año escolar en este mismo nivel educativo; y, por lo que respecta a la población con estudios de nivel medio superior o preparatoria, también lo compone 21% de la población. Durante el desarrollo de este trabajo pudimos apreciar que la colonia tiene una alta población de adolescentes; otro dato interesante es que existe ahí un pequeño grupo, apenas 10% de los habitantes, que tienen estudios profesionales terminados, e incluso 40% de éstos cuentan con un título profesional.
Si comparamos los datos con los proporcionados por INEGI para el 2010 a nivel municipal, podemos apreciar que en el año 2010 la población alfabeta de 15 años y más fue de 156,588 habitantes, quienes representan 97% de la población municipal. Este municipio es el segundo con menor nivel de analfabetismo (2.9%), así también, es el segundo mejor posicionado por el grado promedio de escolaridad, que es de 9.3 años de estudio, lo que representa una población con estudios de secundaria. Así, podemos concluir que la localidad se comporta en este sentido de manera muy similar al resto del municipio.
Una de las variables objetivas de mayor importancia en la determinación de la calidad de vida es la referente a las condiciones de vivienda de la población. A nivel municipal, el número total de viviendas en 2010 fue de 66,640, que creció a una tasa promedio de 9.2% anual entre 2000 y 2010. Los Cabos fue el municipio de mayor crecimiento en este apartado, como resultado de un alto nivel de migración como ya comentamos anteriormente. El promedio de ocupantes por vivienda es de 3.6 personas, mientras que el promedio obtenido en la aplicación de encuestas es de 6 personas por vivienda en la colonia El Caribe.


Tabla 2. Relación proporcional de los indicadores de vivienda en la colonia El Caribe y el municipio de Los Cabos, 2010

 

Municipio de Los Cabos

Colonia El Caribe, C.S.L.

BIENES O SERVICIOS

%

%

MATERIAL EN PISOS

 

Tierra

9.5

12

Cemento o firme

48.2

81

Madera, Mosaico y otros

41.6

4

SERVICIOS

 

Agua entubada

80.8

100

Energía eléctrica

96.0

100

Drenaje

96.3

42

BIENES Y TECNOLOGIA

 

Radio

66.5

11

Televisor

93.9

37

Refrigerador

86.4

35

Lavadora

62.1

-

Automóvil

63.4

47

Computadora

38.5

11

Línea telefónica

33.2

11

Teléfono celular

89.1

51

Internet

31.5

6

Fuente: Martínez (2012).

En cuanto a la disponibilidad de bienes y servicios en las viviendas a nivel municipal, 48.2% de ellas es de cemento o de tierra firme, mientras que en la colonia El Caribe, 81% de las viviendas es del mismo material. En paredes o techos, predomina la losa de cemento en la mayoría de estas viviendas. De alguna manera el comportamiento de la colonia es parecido al del resto del municipio.
Las viviendas del municipio cuentan con bienes y tecnologías en la siguiente proporción: 93.9% de las viviendas cuenta con televisión, 86.4% de las mismas tienen refrigerador, en 89.1% de ellas se usa teléfono celular; 66.5% tiene un radio en su vivienda; 62.1% dispone de una lavadora en casa, y 63.4% cuenta con un automóvil para desplazarse. Estos datos son similares a los obtenidos en la colonia El Caribe, en diferentes proporciones: 37% de las viviendas tiene un televisor, mientras que 35% de las viviendas cuenta con refrigerador; 11% de las viviendas tiene radio y en la misma proporción disponen de computadora en la vivienda. En lo que respecta al aire acondicionado, solamente 6% lo tienen. Por lo referente al medio de transporte, 47% posee un vehículo para trasportarse y 39% hace uso del sistema de transporte público. También existe una relación muy parecida en cuanto al uso de teléfonos celulares, tanto a nivel municipal como a nivel de localidad los habitantes prefieren en mayor proporción un teléfono celular al teléfono fijo.
El análisis de variables objetivas se refiere también a identificar bienes tangibles tales como el acceso a los servicios de salud y educación, el PIB per cápita, o bien, el acceso a la vivienda en metros cuadrados. Por lo que respecta a la salud, en el municipio de Los Cabos, el porcentaje de los derechohabientes al servicio de salud es de 70.7% de la población (INEGI, 2010). El IMSS brinda servicios a 46.2% de la población; el ISSSTE a 5.9% y el Seguro Popular a 16.2%. De los habitantes de la colonia El Caribe, 49% tiene Seguro popular, 39% cuenta con los servicios del IMSS y 12% de la población no disfrutan de servicio médico de asistencia social y por su cuenta pagan un médico particular. A pesar de que en el municipio existe una infraestructura de servicios médicos considerable, no todos están al alcance de la población municipal. Por otro lado, la calidad del servicio en estos centros oficiales de salud es casi nula, toda vez que no existe personal suficiente que pueda proveer de una atención digna a los habitantes. Existen solo 28 unidades médicas de asistencia social que proveen servicio a todo el municipio de Los Cabos, razón por la cual lo consideramos insuficiente para obtener un servicio de calidad en estos centros médicos.
Otra de las variables objetivas es el empleo y la actividad económica a la que se dedica la población. De acuerdo con INEGI, la población de Los Cabos se dedica a laborar en el sector terciario, especialmente en el área de alimentos y bebidas y hotelería, con 37.1% de las personas trabaja en esta área; 24.5% se emplea en los comercios del municipio. A su vez, 18.8% de la población del municipio trabaja en el resto de los sectores, es decir, primario como la agricultura y la pesca y el sector secundario.
De los resultados obtenidos en la colonia El Caribe, se puede afirmar que la mayoría de los habitantes trabajan en el sector servicios: 61% en la industria turística, hotelería y restaurante y algunos reportaron trabajar en pequeños comercios, mientras que 39% trabaja en la industria de la construcción. Otro dato importante es que pudimos determinar la frecuencia en cuanto al trabajo que los habitantes de la colonia El Caribe tienen en sus centros de trabajo: 65% de la población aseguró que el tipo de trabajo que tienen es de manera permanente y fija, pero 31% de los habitantes mencionó que su trabajo es inestable. Esto es así, toda vez que solamente tienen un trabajo asegurado cuando es temporada alta en la zona, es decir, cuando existe una gran cantidad de visitantes nacionales e internacionales a este destino turístico. Esta sensación de inestabilidad en los hogares obliga a los jefes de familia a trabajar en cualquier cosa (subempleo), aunque los ingresos sean bajos comparados con los ingresos obtenidos en temporada alta. Por su parte, solamente 3% de la población no cuenta con un trabajo fijo ni semifijo, solamente trabajan cuando encuentran esta oportunidad. Así, a pesar de ser el municipio de Los Cabos el de mayor actividad turística en BCS y un destino prometedor para cualquier trabajador, parte de la población no tiene un trabajo estable, presentándose en esos casos niveles muy bajos de ingresos familiares.
Para la colonia El Caribe se pudo determinar el nivel de ingreso por vivienda promedio. Para ello se establecieron cuatro rangos de salarios mínimos (INEGI, 2010), de manera que 54% de la población recibe un ingreso mensual de entre 5 mil a 10 mil pesos, y 46% de la población sólo tiene un ingreso mensual de menos de 5 mil pesos. Cabe aclarar que este ingreso está calculado como ingreso familiar, es decir, los habitantes declararon que estos datos suman los ingresos de los dos jefes de familia e incluso, de otros miembros que aportan a la economía del hogar.
Finalmente, es importante mencionar que se obtuvieron algunos datos sobre la satisfacción de los servicios en la colonia. Recordemos que la calidad de vida está definida como la calidad de las condiciones de vida de una persona, la satisfacción experimentada por la persona con dichas condiciones vitales y la combinación de componentes objetivos y subjetivos; es decir, una combinación de las condiciones de vida y la satisfacción personal ponderadas por la escala de valores, aspiraciones y expectativas personales.
A simple vista, con el recorrido realizado y las encuestas levantadas, la vulnerabilidad de las viviendas en la mayor parte de esta colonia es de gran riesgo; sin embargo, la mayoría de los habitantes de esta localidad se encuentran de alguna manera contentos de vivir aquí. De sus habitantes, 76% manifiesta que en cuanto a los servicios médicos que se localizan en la zona, que en su gran mayoría son consultorios privados de bajo costo, se sienten satisfechos con el servicio. En el tema de seguridad de la zona donde viven, 84% de los habitantes afirma que esta zona es segura para desarrollar sus actividades normales y que sí existe seguridad pública en las calles, mientras que solamente 16% señala que la zona es peligrosa por eventos como la drogadicción, la prostitución y el vandalismo en viviendas. Con base en su propia percepción, a 86% de la población le gusta esta colonia para vivir y se sienten satisfechos con los servicios, 55% de quienes residen ahí no se cambiaría a otra zona o a otra colonia. Sin embargo, para 45% de los pobladores, aunque les guste la zona, preferirían cambiar de lugar para vivir y mencionaron como opciones la colonia Lomas del Sol, la colonia Cangrejos, y el centro de la ciudad, en este orden.
En el tiempo en que se desarrolló esta investigación, no se habían reportado fuertes precipitaciones en el municipio de Los Cabos, durante varios años, los habitantes de la colonia El Caribe, especialmente la tercera sección: Invasión Caribe, no habían presenciado ninguna situación climática extremas. Sin embargo sí están conscientes de que su localización geográfica está en una zona de alto riesgo, por estar asentados en el paso de la afluencia de los arroyos que desembocan en la bahía de Cabo San Lucas, en la playa del Médano. Del total de la población, 79% considera que si están expuestos a situaciones de inundación e incluso pérdida de sus viviendas, por vivir en zona de alto riesgo. Sin embargo no quieren dejar sus viviendas para buscar una mejor opción, o al menos un lugar con menos riesgo. 13% de la población considera que sólo están expuestos a riesgos de salud, especialmente a enfermedades respiratorias y estomacales; mientras que el restante 8%, afirma que solamente temen por sus pertenencias y a los ladrones, en caso de alguna situación de huracanes y no consideran peligro alguno, creen que como no ha existido a la fecha un huracán de categoría alta, no les va a pasar nada.
CONCLUSIONES
En una primera impresión y en los recorridos realizados en la colonia, se pudo observar que en la zona de estudio existen condiciones deplorables e insalubres en pequeñas secciones; y que los servicios básicos como luz, agua potable también son mínimos en la mayoría de las viviendas; situaciones que la mayoría de los habitantes soporta por su gran necesidad de vivienda. Sin embargo, los resultados finales confirman que, a pesar de esta visible situación, los habitantes demuestran que han dominado o equilibrado las condiciones reales de la siguiente manera:

En suma, nuestro análisis sugiere que, desde el punto de vista del encuestado al momento en que se realizó la encuesta, las áreas mencionadas están satisfechas en 90%.9 De manera general, concluimos que los habitantes de la colonia El Caribe sienten gran satisfacción en el hecho de radicar en esta comunidad, aunque una pequeña parte de la población solicita mayores servicios públicos. Por ello y por el rápido crecimiento de la población, entre muchos otros factores, es difícil que el ritmo de provisión de servicios se apareje al del crecimiento de la población y de las viviendas.
Si bien se es pobre cuando no se logra satisfacer algunos de los requerimientos que han sido definidos como necesidades básicas, los conceptos de bienestar social, pobreza y vulnerabilidad social están en función de la percepción individual con respecto a su entorno. Esta es otra manera de identificar la vulnerabilidad social. Así, la percepción de los habitantes encuestados debe ponerse en el contexto de sus antecedentes previos; esto es, de las condiciones de vida que tenían antes de llegar a vivir a Los Cabos y de su percepción de tal situación. En ese sentido, no es difícil imaginar que el esfuerzo cultural, emocional en lo personal y a nivel familiar que significó cambiar de residencia estaba mediado por insatisfacción con o condiciones de vida más complicadas que las que viven en la zona cabeña.
Esta es otra forma de identificar la vulnerabilidad social, y requiere mayor estudio. Sin embargo, esas percepciones positivas no significan que las localidades no reciban la atención adecuada para contrarrestar las deficiencias de servicios básicos, de salud y, especialmente, de seguridad en que viven sus habitantes, y que son mostradas por la realidad de los datos objetivos que exhibe una mirada intrarregional comparativa. En el más amplio contexto de generación de riqueza por el crecimiento turístico en Los Cabos, si acaso porque le es conveniente a la imagen de ese destino, es menester replantear las condiciones de vida de los habitantes que engruesan al sector de empleados en las actividades turísticas, y de las que es representativa la Colonia El Caribe.

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1 En 2011, Los Cabos como destino tuvo un incremento de 14% en las tarifas de hotel, respecto al año anterior, y era reconocido como uno de los diez destinos más caros en África, Asia y Latinoamérica (Hotels.com, 2001). En 2013 Los Cabos salió de ese cuadro, pero el panorama de reactivación económica en América Latina permitió un crecimiento de tarifas en esa región de 1% (Hotels.com, 2013)

2 En el informe de PNUD-México (2012), BCS aparece en 2010 como el número 3 en la nación; aún no hay datos municipales para ese año.

3 Esta parte del trabajo se fundamenta en la investigación que realizó Hilda Julissa Martínez, coautora, para su tesis de Maestría en Economía del Medio Ambiente y los Recursos Naturales, finalizada en 2012.

4 En el informe de Medición de la Pobreza de 2008, la situación de este segmento de la población se conocía como pobreza moderada.

5 Fuera de este informe, no hay información estadística del sector turismo como tal, pues este no existe en cuentas nacionales (estatales). Tampoco hay una cuenta satélite de turismo al nivel estatal (como si la hay a nivel federal). El sector turismo en realidad abarca partes de varios sectores, entre los que desatacan hoteles y restaurantes, transportación, inmobiliarias y construcción. En 2009 el turismo generaba 8.9% del PIB y 7% del empleo nacionales.

6 También es grave la situación medioambiental, especialmente en torno al abastecimiento y sustentabilidad del uso del agua, y con referencia a la ya muy extensa privatización del litoral y el paisaje, así como la creciente depredación de los recursos naturales en una zona desértica de alta fragilidad.

7 El IDH tiene tres componentes: salud, educación e ingreso por persona. En 2010, BCS se ubicaba en el número 5 en salud, 2 en educación y 4 en ingreso (PNUD–México, 2012). De 2010 en adelante, el PNUD ha usado una nueva metodología; hasta ese año hay comparabilidad en las series. Los valores para ese año corresponden a la metodología anterior.

8 La zona urbana de CSL se considera conformada por las siguientes localidades: Cabo San Lucas, Colonia del Sol y Las Palmas, con poblaciones, respectivamente, de 68,463, 48,032 y 11,562 en 2019, según los datos por localidad del CONEVAL (2011c).

9 Este resultado concuerda con la encuesta de felicidad de los mexicanos de INEGI de 2012: 87% de la población es “feliz”, aun en condiciones de fuerte inseguridad y con 60 millones (o más) en pobreza.


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Comentarios sobre este artículo:

Página: [1]
Por: JOSE DAVID MORALES MENDOZA Fecha: 13 del 05 de 2015 - 20:30
la informacion en este articulo me parece muy importante ya que nos dice como es la vida en estos destinos, por cada region etc. nos dice que si es seguro vivir por aqui.

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