TURyDES
Vol 4, Nº 10 (julio/julho 2011)

EMPRESARIOS Y EMPRESAS DEL TURISMO EN LA HISTORIA DEL PENSAMIENTO ECONÓMICO

Miguel-Héctor Fernández-Carrión

 

2 Concepción y evolución histórica del empresariado en las Ciencias Económicas

La figura de empresario no se ha tenido en consideración histórica siempre, sino que ha evolucionado e incluso se ha destacado o ninguneada según las circunstancias, autores y tiempos. Desde la Antigüedad hasta la Edad Moderna, pasando lógicamente por la Edad Media no tiene en cuenta al empresario por razones políticas, culturales y sociales, hasta la economía clásica, aunque incluso los autores clásicos atendía a la existencia de un orden económico gobernado por la “mano invisible” (Smith), que establecía un conjunto de leyes (la ley de la oferta y la demanda...) a las cuales se sometía la empresa en su búsqueda del equilibrio. En estas circunstancias se calificaba a la empresa como “caja negra”, donde los procesos de productividad funcionaban automáticamente, sin necesidad por tanto de que alguien los dirigiera, y no existía una especial preocupación por conocer los mecanismos internos que permitían el desarrollo de los mismos, con excepción de Cantillon, Say... El francés Richard Cantillon, en el siglo XVIII, introduce por primera vez el concepto de “entrepreneur” (empresario). Posteriormente, Marshall... y Schumpeter, diferencia la figura de empresario del capitalista, incluso este último lo relaciona de forma especial con el factor de innovación, denominándose “empresario schumpeteriano”, como organizador y fundamental para el desarrollo económico. En la segunda mitad del siglo XX, como respuesta a los economistas neoclásicos se presenta una serie de autores que desde diferentes ramas del conocimiento la psicología social o la sociología (Weber, Sombart, MacClelland, Hagen...), presentan una nuevas tendencias del pensamiento económico sobre la teoría del empresario, en las que coincide desde otros posicionamientos economistas miembros de la Escuela de Austria, como Mises, Hayek, Kirzner... y la Escuela de Chicago (Stigler, Friedman, Knigth...).

En la literatura económica se ha constatado la dificultad que ha existido siempre en la definición de empresario , preguntándose ¿qué es un empresario?, ¿existe algún modelo económico de empresario?, ¿es una función que ejerce un individuo o profesional, o es en cambio una cualidad que tiene algunos individuos o profesionales? o ¿es consecuencia del propio proceso de trabajo efectuado en una empresa?, en su contestación existen autores (Silver) que han relacionado a los empresarios con los artistas, pues se reconoce a ambos protagonistas a través de sus “obras” , mientras que hay otros (Mariano Rubio) que impone la concepción de la empresa por encima de la propia idea de empresario (como “empresarismo”) , o coayugan la figura del empresario a la empresa (Mª José Pinillos) , o establece una relación con el “espíritu empresarial” (Mariano Rubio), y desde un posicionamiento de tecnoestructura, Galbraith humaniza a la empresa, introduciéndole el concepto de “alma” jurídica . La definición que de empresario se ha venido dando en las Ciencias Económicas a partir de Richard Cantillon, como primer economista que emplea, en el sentido moderno de la palabra, el término empresario (“entrepreneur”) hasta los neoinstitucionalistas (North, Williamson, Simon, ...) y teorías psicológicas y sociológicas del empresario (MacClelland, Hagen...), pasando por el planteamiento dado por Knight y especialmente por Schumpeter (del característico empresario schumpeteriano a la obsolescencia de la función empresarial).

En relación con España, destaca la reducida nómina de analistas existentes sobre la teoría del empresario: Manuel Santos Redondo , Felipe Rafael Cáceres Carrasco , Juan Velarde Fuentes y Manuel Jesús González . Así como, José Mª Veciana analiza las características generales del empresariado y Fuente, Salas y Pérez sobre las tipologías de empresarios y empresas, y Juan J. Linz y Amando de Miguel desde un posicionamiento teórico entre la psicología social y la sociología tratan sobre los “Tipos humanos y conducta empresarial” española.

Asimismo, se complica la definición de empresario a partir de las diferentes palabras que se utilizan en general en la literatura económica: capitalista, hombre de negocios, industrial, director de empresa..., y además se hace depender del contexto y país en el que se aplica. Aunque se cuenta con la ventaja de que diferentes economistas de todas las épocas han estudiado, y han encontrado antecesores de sus respectivas teorías del empresario. “Todos los grandes economistas de ayer (...): Smith, Marx, Marshall, Keynes –todos ellos echaron mano de la historia del pensamiento económico para mostrar que tenían antecesores y precursores” (Blaug: 1990, 35), Schumpeter de Walras y Say,... y Coase de Smith, Mill y Marshall.

En cambio, sobre la organización interna de la empresa y sobre su dirección empresarial, ha sido poco estudiada o, como señala Williamson, aún está a falta de escribirse en profundidad, pues

las empresas, los mercados (...) son instituciones económicas importantes (...). Sin embargo, el estudio de las instituciones económicas del capitalismo no han ocupado una posición importante en la agenda de investigación de las ciencias sociales (...) [Por lo que ] se nesitará un capítulo en alguna historia todavía no escrita del pensamiento económico para aclarar estas cuestiones(Williamson, 1985 a, 13) .

Y, esto ha estado motivado, como expone Mark Blaug y desarrolla Hayek y Coase, por que: “La historia del pensamiento económico no es más que la historia de nuestros esfuerzos para entender el funcionamiento de una economía basada en las transacciones del mercado” (Blaug: 1985 a, 6), y como el intercambio de mercado es un “orden que no se impone desde arriba” –como continúa señalando Blaug en el prólogo de su Teoría económica en retrospección-, ha quedado relegado de la teoría del pensamiento económico. Pero este último criterio, es puesto en duda por Coase en su artículo sobre “La naturaleza de la empresa”, al considerar que el análisis económico de las transacciones del mercado es sólo una parte del estudio general de la organización económica. Y, por ello, Coase propone el estudio de los costes de transacción para diferenciar y especificar en que casos se empleará el mercado y en cuáles la organización jerárquica de la propia empresa. Posteriormente, Alchian y Demsetz intentan “explicar las condiciones que determinan si las ganancias de la especialización y de la producción cooperativa se pueden obtener mejor dentro de una organización como la empresa, o a través del mercado” (Alchian y Demsetz: 1972, 777). Y, en tremedias, Arhur H. Cole y el Research Center in Entrepreneurial History (Centro de Investigación de Historia Empresarial) de la Universidad de Harvard, lo desarrolla y lo hace público a través de la revista Explorations in Entrepreneurial History, en 1948 (que a partir de 1968, cambiará a denominarse Exploration in Entrepreneurial History).

Desde los precursores de la teoría del empresario en el pensamiento económico, representados por la figura de Cantillon, atípico mercantilista que en Essai sur la Nature du Commerce en Général, a mediados del siglo XVIII hasta la actualidad, pasando los fisiocráticos (Quesnay, Turgot...), el sistema clásico (Adam Smith, Malthus, Ricardo, Say... Mill) , los neoclásicos …, diversos economistas se han ocupado de la teoría del empresario y de la empresa, destacando un factor de producción específico, el empresario, que contrata los servicios de los demás factores productivos: capital y trabajo, e incluso llegan a considerar algunos de ellos que los autores que no lo reconocen, ignoran la importancia que desempeña la organización industrial en la economía moderna.

La teoría de la economía neoclásica considera a la empresa y al empresario como un elemento secundario, o que no es diferente de lo que sucede en general en el mercado, no está determinado por la tecnología o la demanda, y en cambio actúa en función de la producción, asemejándose conceptualmente a una “caja negra” -como propone Santos -, aunque reconoce la figura de la persona u organización desempeñada por el empresario.

Frente a esta línea central de la teoría clásica ha surgido una serie de economistas que han partido del supuesto contrario, de considerar la organización de la empresa como un hecho importante, incluso algunos la han llegando a entender como el aspecto económico más importante, por lo que considera que no dependerá de una única función de producción determinada por el nivel tecnológico del momento, sino que con esa misma tecnología, es posible distinguir diferentes comportamientos y organizaciones empresariales, lo que da lugar a dos líneas básicas de concepción teórica:

1. Schumpeter parte del criterio propuesto por Walras, de que el empresario sólo es importante en condiciones de desequilibrio, pues en equilibrio, cuando no obtiene beneficio ni pérdida, Schumpeter resalta que el equilibrio es el estadio que menos interesa de la economía, pues es lo que en teoría del desarrollo se denomina “estancamiento”, y la empresa desempeña un papel fundamental para que la economía supere el mencionado estancamiento. Y, es precisamente, esta actuación la que se identifica con el término de “empresario schumpeteriano”, que por medio de la innovación se comporta como un factor de desequilibrio y fomenta el progreso económico, y

2. Knight determina el comportamiento de los empresarios a partir del concepto de riesgo, al diferenciar entre una renta residual, positiva o negativa, que va asociada con quien toma las decisiones, que asume el riesgo de la empresa (no asegurable) de acertar o no en sus previsiones de futuro. Asimismo, la función empresarial se asocia al capital, por lo que sólo unos pocos capitalistas activos podrán asumir la función específica de empresario.

Estos dos economistas, Schumpeter y Knight, como en general la mayoría de los que atienden a la teoría económica en torno al empresario, lo relacionan con factores múltiples: psicológicos, intuitivos..., pues atendiendo a la retribución, señalarán que es el residuo que queda después de pagar la retribución contractual de los diferentes factores medibles. Surgen tres nuevos posicionamientos:

1. La actual escuela austriaca, destaca el carácter impredecible del comportamiento empresarial, y del que participan todos los agentes económicos.

2. Max Weber impulsa otra línea, que prosigue el psicólogo McClelland, y los economistas Hagen y Leibenstein, caracterizada por poner mayor énfasis en los factores psicológicos, a través de la investigación científica de la psicología social, la sociología y en menor medida la economía, y

3. Otro grupo, está protagonizado por los autores de la “Teoría aplicada de los precios” de la Escuela de Chicago (Stigler y Friedman...), y cuyos inicios se pueden situar en torno a la figura de Knight. Se cuestionan la imposibilidad de medir el talento impredecible del empresario, por lo que proponen observar, indirectamente, otras magnitudes, que se puedan contrastar científicamente (econométricamente), y de las que las dimensiones de las empresas es la forma más fiel de apreciar los resultados de la actividad de la misma, mientras que atribuye al empresario cualquier aspecto que no es susceptible de ser relacionado con otro tipo de factor concreto de la empresa. Esta tendencia supone prácticamente abandonar la teoría del empresario.

Estas nuevas propuestas se cuestionan los criterios generales establecidos por la economía clásica, que eludían tratar sobre lo que ocurre dentro de las organizaciones empresariales, y si esto no es grave en un mercado de pequeñas empresas, con precio-aceptantes, si lo es en una economía dominada por grandes compañías, cuya existencia solo es explicada por esta teoría, como resultado de las ventajas que proporcionan el monopolio. Asimismo, la economía neoclásica trata sobre una situación de equilibrio, o de pequeños movimientos en torno al equilibrio, no en una situación de cambio tecnológico profundo y rápido (lo que no equivale al desplazamiento o curva, sino que se puede eludir la propia existencia de la curva, pues ésta sólo tiene sentido para una tecnología dada, y considera exógeno el cambio de dicha tecnología).

“Estas [tres] teorías se aplican de forma recurrente, no encajan con el modelo neoclásico” (Santos: 1997, 13-14), y por ello, se ha propuesto un cambio del enfoque teórico, que comprende:

1. Del modelo neoclásico al neo institucionalismo. Este nuevo planteamiento puede comprender los estudios sobre los derechos de la propiedad y los costes de transacción, y parte de la consideración que establece Coase, de que la empresa y el mercado son dos mecanismos alternativos de organización de la economía, y, por tanto, se cuestionan la organización interna de la empresa y el funcionamiento de la economía próxima a la competencia perfecta, y

2. La Escuela Austriaca, pero desde un posicionamiento especial, en el que se enfatiza sobre el desequilibrio y la tendencia equilabradora que conlleva todo empresario, a la manera de Walras. Asimismo, se muestran pocos interesados por la organización interna de la empresa, en cambio reivindican la economía de mercado frente a la planificación, y la actividad empresarial de cada uno de los agentes económicos como un aspecto fundamental en la organización económica. También atiende al comportamiento empresarial como un factor clave para comprender la realidad económica. Aunque, al considerar a ese “elemento empresarial del comportamiento humano”, como es algo más que un agente económico concreto, sino como algo impredecible le convierte más que en una simple teoría del empresariado, en una réplica del equilibrio general walrasiano, y tal como fue utilizado por el propio Walras y sus seguidores, sirve igual para una economía de libre empresa que para otra de planificación central. Para la comprensión de este planteamiento es necesario retrotraerse al “debate sobre el cálculo socialista” en el que participaron Mises... y Lange.

Se diferencia de los neoclásicos en que su metodología es contraria a las matemáticas y a la econometría, y en cambio se muestra favorable por la introspección y la deducción. Y, estos autores austriacos (Kirzner...) son precisamente los más preocupados por el empresario, e incluso ultiman en que “todos somos empresarios”. Cuando el empresario austriaco es el “homo oeconomicus” dotado de inventiva.

3 Aportaciones teóricas de economistas españoles al pensamiento económico

Después de cotejar una amplia bibliografía sobre el tema se ha tenido constancia de la ausencia de una aportación significativa española en le pensamiento económico internacional, antes del siglo XVII y después del siglo XVIII, pues ninguno de los autores citados sean pensadores económicos como autores en general no los citan, a excepción de Fuentes Quintana et al en Economía y economistas españoles y Cristina Quintana García en su tesis doctoral Capacidad emprendedora y racionalización organizativa: estudio teórico-empírico de su papel en la creación y desarrollo de las empresas andaluzas (Málaga, 1999) . Los autores españoles incluso economistas tan prestigiosos en España como Juan Velarde cuando pretende tratar sobre la Introducción ala historia del pensamiento económico españole en el siglo XX, no lo hace específicamente, y en general, no siguen una tendencia específica u autor (como lo hace Manuel de Torres siguiendo los criterios de Knight o Marcial Campos de Drucker), sino que versan en general sobre algunos aspectos del pensamiento económico de la teoría del empresario (como lo hace Fernández Pirla, Marcos de Fuente... y Manuel Jesús González), a excepción, para sorpresa de algunos, de Amando de Miguel y Juan J. Linz, que prosigue a nivel empírico de la psicología social sobre el empresario. No es posible obviar la pretensión del desarrollo del pensamiento económico realizado por varios economistas españoles a lo largo del siglo XX, como Flores de Lemus, Bernis... y Bermúdez Cañete como analiza Juan Velarde en Introducción (1974), y es proseguida de forma específica por el Seminario sobre pensamiento económico de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Complutense de Madrid, dirigida en su momento por Pedro Schwartz.

4 Resumen de la definición de empresario

Para la definición de empresario, se parte de los factores determinantes del mundo empresarial establecidos por los economistas clásicos y los contemporáneos de los siglos XIX y XX (y en especial el empresario schumpeteriano, definido funcionalmente a partir del factor económico de la innovación para realizar una constante adaptación de sus recursos en la creación de nuevos productos, nuevos procesos industriales e incluso nuevas industrias, Hidy: 1962, 5), y al que se le añade la definición sobre empresario establecida por Arthur H. Cole (1959), para ultimar con una concepción generalista de empresario, entendido como aquella persona que organiza y administra la producción, reuniendo los medios apropiados de producción y asumiendo los riesgos de la empresa y la incertidumbre del mercado.

Durante el siglo XX, algunos trabajos realizados por diferentes economistas han marcado nuevos horizontes –según Putterman, 1994-, como efectúa Coase, en 1937, sobre la naturaleza de la empresa; el trabajo de Alchian y Demsetz, en 1972, sobre costes de producción e información, y Meckling, en 1976, sobre el comportamiento gerencial, la intermediación y la estructura de la propiedad. Asimismo, se aprecia interés por trabajos anteriores, como las aportaciones de Adam Smith, Knight o Schumpeter, por ejemplo, o una serie de autores “radicales” que critican a los economistas neoclásicos, al destacar que las relaciones de producción jerárquicas no suponen, fundamentalmente, una herramienta de dominación capitalista sobre los trabajadores…

Una de las cualidades esenciales del empresario, para los distintos analistas económicos (Schumpeter...), es su capacidad para la innovación, en una búsqueda constante de instrumentos necesarios para mejorar la competitividad de la propia empresa. Además de superar los riesgos e incertidumbres (Knight, Dobb...), de forma monopolista (Schumpeter), antimonopolista (Keynes) o de cualquier otra forma (oligopolio o individual), en un mercado de competencia imperfecta, en pos de un beneficio (Marshall, Schumpeter...). Asimismo Ronald Coase (1937) considera que empresario debe conseguir factores de producción a un coste menor que el ofrecido por las transacciones de mercado que él evita, ya que siempre resulta posible acudir al mercado abierto en caso de fracasar.

En España, Luís Alegre et al (1995), propone diferenciar a los empresarios entre “clásicos” y “modernos”, en el primer grupo acoge la mayoría de las ideas propuestas a este respecto por los pensadores económicos, que entiende que la principal actitud del empresario es la asunción de riesgos (de Knight) hasta alcanzar la innovación schumpeteriana, pero que en todos los casos destaca la figura completa del empresario: empresario-riesgo, empresario-administrador y empresario innovador. Y, en segundo lugar, sobre sale la diferenciación de las funciones “clásicas” de empresario, entre la propiedad y el control efectivo de la empresa; al constituirse en dos conjuntos diferenciados en “inversionistas” o capitalistas (accionistas o no, que asumen riesgos de la promoción e innovación con la aportación del capital) y el directivo profesional (especializado en la administración de empresas) o “tecnoestructura” (de Galbraith).

Estas consideraciones teóricas tienden a complicarla la normativa laboral, al equiparar al empresario individual (constituido en empresa individual –unipersonal-, sociedad limitada... S. L, etc.,), como sucede actualmente en la normativa legal española, como empresario y trabajador autónomo a la vez, pues por una parte tiene que responder ante Hacienda, el Registro Mercantil… como empresario y por otra ante la Seguridad Social como trabajador autónomo (y cotizar como tal).

Resumiendo, si bien originariamente el concepto de empresario se asociaba a la figura de quien creaba un negocio mediante la aportación principalmente de capital personal, con el tiempo, a partir del siglo XIX, se entiende que el empresario puede ser una persona distinta que el apostador de capital (a través de capital ajeno o acciones), y tras la segunda revolución industrial, con la confluencia de la nueva economía, se puede añadir los factores determinantes de la globalización de la propia empresa (como indica teóricamente Castells), superando el clásico concepto de empresario dominante en el siglo XX, con la mundialización empresarial, globalización del mercado (con transacciones en tiempo real, imponiéndose al concepto clásico de multinacionales), dan paso a la funcionalización y burocratización de la empresa pública y privada, respectivamente (como augura Schumpeter), y que al mismo tiempo se deslocaliza y forma un conglomerado empresarial físico y virtual (Castells).

5 Tipología de los empresarios del turismo en la Costa del Sol según la Historia del Empresario en las Ciencias Económicas

Tras definir y caracterizar las peculiaridades de los empresarios en las Ciencias Económicas, he creído conveniente establecer una relación entre estas tipologías científicas con los empresarios reales del sector turístico en la Costa del Sol (como un ejemplo extrapolable a otras zonas industriales del mundo).


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