TURyDES
Vol 4, Nº 9 (febrero/fevereiro 2011)

TURISMO Y CULTURA: EL TURISMO RURAL EN GOIÁS

Maria Francisca Magalhães Nogueira (CV)


 

Introducción

En el escenario de la globalización, el turismo se percibe cada vez más presionado por las exigencias del mercado en la búsqueda por lo diferente, o sea, por lugares y objetos con significados propios. Delante de la incomodidad y del descontento con no-lugares, en la acepción de Marc Augé (1994) lugares destituidos de identidad, el turista busca el ocio en Goiás por medio de un sueño mítico de lo rural. La búsqueda de los individuos por el ambiente rural se torna una esperanza de vivir experiencias, aunque recreadas, que están en su imaginario.

En ese sentido, la cultura local adquiere importancia en el universo del turismo, porque ella trae consigo significado para los objetos, los hechos, etc., que pueden o no ser utilizados desde una visión “multidimensionalizante”. Tratándose de la cultura local, configurada bajo la forma de “goianidade”, que, de acuerdo con Freitas (1993, p. 183), es la “propiedad distintiva del goiano y de Goiás” , este artículo busca llamar la atención para lo que viene a ser la “goianidade” y para su importancia en la concepción de las actividades turísticas. Se sabe que la “goianidade” proviene de varias fuentes y que puede ser tratada desde distintas dimensiones. Sin embargo, aquí, se pretendió abordarla desde el punto de vista de la dimensión simbólica, que posibilita capturar un conjunto de diferentes imágenes, destacando una de sus características constitutivas: la ruralidad. Para tanto, este texto contemplará el lugar de la cultura en el turismo y algunas relaciones a veces tensas y paradojales entre cultura y turismo.

1 La cultura y su lugar en el turismo

El proceso de inserción de elementos de la cultura local en las actividades turísticas demuestra la necesidad, devenida del mundo globalizado, de llenar de significado los espacios, los objetos y las actividades, no dejándolos vacíos de identidad y extraños al contexto que los ha creado. El turismo, como catalizador del patrimonio cultural, suele apropiarse de valores de la cultura, interpretarlos y producir significado para las cosas que los turistas ven y buscan disfrutar. Las acciones turísticas no pueden estar disociadas de la identidad, de las idiosincrasias, de las tradiciones y de las formas de expresión de la sociedad local. Así, se puede afirmar que si la cultura está formada por valores disociativos, y no de ligazón de saberes, ella se torna “unidimensionalizante” y reductora.

Se justifica, por eso, enfatizar la necesidad de una visión “multidimensionalizante” de la cultura en las políticas y acciones turísticas, principalmente en un mundo globalizado, en que todo tiende a tornarse mercancía de consumo masificado. Por otro lado, el turismo, en el afán de producir atractivos, puede incurrir en el error de tornar ajeno, extranjero a la sociedad, el patrimonio cultural que ella misma produjo. No es fuera de los común ver la población local tornarse huésped en su propia casa. En la ocurrencia de eso, el riesgo de alteración de la cultura local es grande, creando espacios “no identitarios”, artificializados, apartados de la cultura local, “no-lugares” en la acepción de Marc Augé (1994, p. 73, traducción nuestra), o sea, “un espacio que no se puede definir como identitario, ni relacional, ni histórico”.

La característica que torna un lugar turístico cada día más apreciado por el turista es su singularidad . No hay manera de percibir singularidad en centros comerciales, ya que son todos iguales en cualquier ciudad, diferentemente de otros lugares, como iglesias y parques, cuya imagen se queda guardada en la memoria por su historia, por su belleza arquitectónica que, una y otra vez, se materializa en deseos y en sensaciones recordadas .

Un hecho determinante es el “enraizamiento” de las creaciones culturales en la vida del grupo social que las origina y las reinventa. Sirvan como ejemplo las Caballadas, una de las tradiciones culturales más importantes de Goiás, realizada en la ciudad de Pirenópolis. Las Caballadas rememoran la lucha entre los moros y los cristianos de los tiempos medievales. Para la comunidad de Pirenópolis, a despecho de sus transformaciones y reinvenciones -la última de las cuales fue la construcción de un “Caballodromo”, espacio especial para su representación durante tres días- ellas aún siguen siendo una demostración del “enraizamiento” de una tradición reinventada por la cultura, canalizadora de la vida comunitaria y factor de agregación de los miembros de la sociedad.

Hobsbawn y Ranger (1997, p. 12, traducción nuestra) dicen: “Las tradiciones inventadas tienen funciones políticas y sociales importantes y no podrían haber nacido, ni haberse establecido, si no las pudiesen adquirir. Pero, ¿hasta que punto ellas serán manipulables?”.

La apropiación de la cultura local por el turismo no deja de ser un problema complejo, pues no es fuera del común la creación de acciones e itinerarios turísticos imbuidos de una visión “unidimensionalizante”. No se pretende, aquí, posicionarse dogmáticamente contra el cambio y, in casu, contra las transformaciones potencializadas por el turismo. Sin embargo, no son aceptables las formas de pensar, de actuar y de hacerse raro a la coherencia operativa de la cultura local, comprometiendo su armonía, su equilibrio y su coherencia e imponiendo, de modo mercantilista, elementos que no se coadunan significativamente con las especificidades locales. Es justamente la identidad de un lugar que lo torna más visible y más presente en la memoria del turista.

Es necesario resaltar que ninguna cultura, ni pour cause, la cultura goiana, mestiza por excelencia, se encuentra cerrada y concluida en si propia. A todo momento la cultura se encuentra en proceso de transformación y todo gesto, toda palabra, toda relación, en el ámbito del individuo o del grupo, crea condiciones nuevas en el interior de la sociedad. Morin (1997a, traducción nuestra) esclarece que existe una “unidad cultural de la humanidad”, pero la identidad múltiple de los individuos exige también la salvaguardia de la “diversidad de las culturas”.

2 Cultura local y turismo

2.1 La “Goianidade”

Al referirse a la “salvaguardia de la cultura”, Morin (1997a, traducción nuestra) afirma que la globalización no sustituye las identidades nacionales y locales, pero cada vez más necesita fortalecer la articulación entre ellas. Se sabe que cada una a su modo es influenciada por la mística de una tradición. Hall, citado por Banducci Jr. y Barreto (2001, p. 17-18, traducción nuestra), en la introducción de Turismo e identidade local, argumenta que “Parece improbable que la globalización simplemente destruya las identidades nacionales. Es más probable que ella produzca, simultáneamente, identificaciones globales y locales nuevas”.

Merece destacar, en el contexto de la globalización, el interés por todo lo que tenga raíz, historicidad en reacción a la tendencia a la homogeneización. A la singularidad de la cultura de Goiás, que le confiere un sabor, un olor y una forma propia, se suele denominar “goianidade”.

Según Freitas (1993, p. 183, traducción nuestra), la “goianidade” “es la propiedad distintiva del goiano y de Goiás”, lo que significa reportarse a una variedad de formas originarias de la historicidad de Goiás expresadas por ejemplo, en la “simplicidad como opción de vida, en el sentido del humor y en la cordialidad simples, al lado de cierta altivez y a la jactancia en relación a los vastos horizontes, a la inmensidad de los cielos, a la abundancia de aguas y matas” (FREITAS, 1993, p. 183, traducción nuestra).

En entrevista al periódico Sucesso, el escritor goiano Modesto Gomes, al ser preguntado sobre qué viene a ser “goianidade”, contestó: “Por “Goianidade entiendo que sea todo lo que es genuinamente goiano. Nuestros recursos, principalmente hídricos, y los recursos florestales, minerales, y nuestra tradición” (GOMES, 2007, p. 3, traducción nuestra). Y para explicitar mejor la cuestión, el escritor completó:

Hace poco tiempo estaba leyendo un autor francés, Saint-Hilaire, que escribió Viagem pela província de Goiás. Fue invitado a almorzar en el Palácio Conde dos Arcos por el gobernador Delgado de Castilho. Allá, dijo lo siguiente: que carta era arroz, frijol, pollo con salsa, farofa de jiló y harina de maíz e yuca. Era el menú palaciano. Es un aspecto que podemos considerar: la tradición culinaria. (GOMES, 2007, p. 3, traducción nuestra).

Se percibe, en Modesto Gomes (2007), que los diferentes aspectos que se abrigan bajo la noción de “goianidade” fueron constituyéndose desde varios registros. França (1995), al hablar de “mineiridade” en un artículo publicado sobre comunicación y sociabilidad, corrobora de este entendimiento de la noción de “goianidade”. Para ella, el

recorrido de identificación de la “mineiridade” por medio de sus varias fuentes nos presenta un conjunto heterogéneo y disperso, que va desde la suma de características y valores hasta la identificación de componentes históricos y de diversos momentos sociales, pasando tanto por la identificación de discursos más o menos articulados como por las construcciones difusas y por la “mineiridade” indecible de los poetas y escritores. (FRANÇA, 1995, p. 39, traducción nuestra).

Teniendo como referencia esas perspectivas de Modesto Gomes y França, se puede decir que la “goianidade” proviene de varias fuentes. Algunas características que marcan la “goianidade” vienen de la historia de Goiás, a lo largo de la ocupación del estado por los bandeirantes paulistas en 1722, pasando por el apogeo y por la decadencia del oro, por el papel hegemónico de la agropecuaria y por las transformaciones ocurridas hasta la actualidad. Esta “goianidade” se identifica con los muchos retratos y maneras de esbozárselas por los viajantes, poetas y escritores que hablan de religiosidad, de decadencia, de cordialidad, de hospitalidad, de un forma simple de hablar y del apego a la naturaleza.

Cora Coralina ofrece a los sentidos del lector, por medio de la poética de su cuento “Um Milagre”, una plenitud de sonidos, olores, colores de una mañana de domingo de mayo de la zona rural de su ciudad de Goyaz:

Maio. Domingo. Pela Natureza vae um delírio de cores, de aromas, de murmúrios sem fim.

Do céu cae a luz, a grande luz fecunda, palheando d’ouro os mais esconsos, tocando a terra de uma belleza nova, sensual e quente – a belleza do amor, a concepção da vida...

Trotear de cavallos, espoucar de salvas festivas, de mistura com vozeio alegre.

Da matta vem o verde unctuoso da vegetação franjada da luz ardente do sol, o canto dos pássaros, o zumbido dos ensectos, o guincho dos animais, o cheiro acre das influorescencias, o rumor indefinido da seiva no seu perpetuo laborar fecundo...

Do campo o mugir das vaccas, o berro gemente dos novilhos, o nutrir dos cavallos, o relinchar dos potros, o aboiado dos vaqueiros (CORALINA, 1983, p. 222).

La noción de “goianidade” se reviste de dimensión simbólica. Por medio de ella se captan imágenes que se forman y se transforman en lo que puede venir a ser “goianidade”. Es importante resaltar que en el campo simbólico no existe un discurso único de “goianidade”, tampoco una imagen unitaria, pero un conjunto de diferentes aspectos y características que se abrigan bajo esa noción. Existe, sí, una pluralidad de imágenes de naturaleza, de la culinaria, de la música, de la fiesta popular, de formas de ser, de sentir y de interactuar que, interconectadas, sintetizan un ideal de “goianidade”.

No hay un perfil único que simboliza la “goianidade”, porque ella no se traduce en una imagen homogénea. La “goianidade” se traduce en imágenes múltiples, que van pegándose alrededor del fuerte sentimiento de “ser” goiano, de tal forma que se puede pensarla como una forma continente de muchas imágenes. Ella puede ser la expresión de esas imágenes formadas y retratas por la historicidad, por la interpretación literaria y por las relaciones cotidianas en el espacio vivido de los goianos. Los ritmos de la naturaleza se entrelazan con los procesos de vida de las personas. Se registra, otra vez, bajo la lente poética de Cora Coralina, la complicidad de la poeta con las aguas del río de su ciudad -el Rio Vermelho, cuyo “murmurio ininterrupto embalou o berço da minha infância, fecundou e perfumou a flôr de minha adolescência, acalentando com amavio estranho os sonhos da minha fantasia” (CORALINA, 1983, p. 220).

2.2 “Goianidade”, Imaginario y Turismo

Fue destacado anteriormente que las imágenes de lo que viene a ser “goianidade” provienen de fuentes diversas: de la historicidad, de los momentos de sociabilidad, de los discursos y de las construcciones de los poetas y escritores. Algunas características que marcan esta “goianidade” contribuyen para la formación de una fuerte imagen rural de Goiás. Hay, desde la formación del Estado, elementos, valores y características que presentan una connaturalidad con lo rural. Hay de hacer referencia aquí que hasta “las tres primeras décadas del siglo XX no modificaron sustancialmente la situación a que Goiás retrocediera como consecuencia de la decadencia de la mineralización de fines del siglo XVIII. Continuaba siendo un Estado aislado, poco poblado, casi integralmente rural, con una economía de subsistencia” (PALACÍN, 1974, p. 45, traducción nuestra).

No son pocas las escenas en las ciudades y en el campo que demuestran la presencia de la ruralidad en el imaginario del goiano. Así, es común en Goiânia, la capital del estado, restaurantes, de los más sofisticados a los más simples, que sirven platos típicos de Goiás, incluso con nombres que manifestan esa ruralidad. Algunos restaurantes reciben nombres bien sugestivos de la “goianidade”: Estação Pequi, Chão Nativo, Panela Goiana, Tacho de Cobre, Sabor Goiano, Frutos da Terra, etc. Esos espacios representativos de “goianidade” recuerdan con más o menos rigor y vigor el tiempo vivido en el “campo”, en las granjas, en las pequeñas ciudades del interior goiano. Parece que hay en la gente goiana recuerdos de un sentimiento de ruralidad que se materializa en el hecho de comer “pamonha” y en el de comer arroz con “pequi” -platos típicos que simbolizan la “goianidade”. Hay también en el turista que busca los innúmeros hoteles hacienda, en el espacio rural, un deseo de revivir experiencias guardadas en sus recuerdos. Parece que hay, por medio del turismo rural , una vuelta actualizada a los orígenes rurales, cuando comparten las experiencias típicas del campo: beber leche fresca ordeñada al amanecer, recoger frutas en el pomar, bañarse en el río.

Las experiencias vividas en el espacio rural y en determinados espacios citadinos pueden proporcionar una aproximación a un ideal idílico de naturaleza , de sociabilidad, de seguridad y tranquilidad, de aire más puro, etc. Esas prácticas de ocio propician al citadino que las realiza sensaciones y percepciones que están en su imaginario. Tales citadinos, incluso, construyen casas de campo próximas a la ciudad de Goiânia, aunque dentro de condominios cerrados. Otros, como Leila Regina da Costa, se refugian todo fin de semana en sus granjas, en las proximidades de la capital. Costa crea gallinas, cultiva un pomar y una huerta orgánica para consumo propio en su granja a 30km de Goiânia (RIBEIRO, 2007, p. 10). Así, los individuos buscan formas de vivir con los aires del campo.

El imaginario rural hace con que los individuos sientan el deseo de visitar, de volver al campo por lo que él simboliza. En entrevista al periódico O Popular, de Goiânia, la abogada Márcia Teixeira Nascimento dijo que preserva la costumbre de, por lo menos una vez al mes, ir con la familia a un hotel hacienda (RIBEIRO, 2007, p. 10). Esos viajes y visitas a hoteles hacienda, a restaurantes rurales, etc., de cierta manera sacian una necesidad de volver a los orígenes, de vivir con lo natural. Pero, a veces, quien visita el ambiente rural no encuentra correspondencia con los recuerdos guardados en su memoria o en su ideal rural.

Se percibió que la “goianidade” está presente en el imaginario del goiano, lleno de símbolos originarios de la tradición rural de Goiás, que viene desde el descubrimiento del Estado por los bandeirantes paulistas hasta los días actuales. Eso también puede ser demostrado por las ganas expresadas por el escritor Modesto Gomes en volver al paisaje del campo goiano, aunque lo rural del cual habla no sea, en la actualidad, la representación exacta de los imágenes que él recuerda. Modesto Gomes traduce así lo rural:

Ah, yo estoy siempre recordando a los viejos tiempos. A cada día que pasa ellos vuelven con más insistencia a mi memoria. Y me asalta, de pronto, aquella gana de transferirme para el mato, viviendo una vida simple en el seno amable de la Madre Naturaleza. Ah, yo idealizo, a cada momento, el tipo de paisaje que me gustaría contemplar diariamente. (GOMES, 1971, p. 84-85, traducción nuestra)

Ese deseo de volver al campo puede ser resumido, según Morin, citado por Gislene Silva (2000, p. 145-146, traducción nuestra), en un sentimiento de incomodidad con el presente, con algo faltante en el hombre por “nunca estar completamente adaptado, nunca completamente satisfecho, que aparece en él tantas veces y tan poderosamente la nostalgia de los orígenes”.

Como dice Halbwachs, citado por Adiles Savoldi (2001, p. 104, traducción nuestra), “la memoria colectiva recompone mágicamente el pasado. El recuerdo sería una reconstrucción del pasado con recursos del presente, con la mirada del presente, ancorado por otras reconstrucciones de la goianidade en variadas formas. En la forma simbólica, influenciada por las imágenes de ruralidad, ella puede ser apropiada y usada de varias formas por el turismo.

Un estudio profundo puede elegir algunas de las muchas posibilidades de uso de la “goianidade” por el turismo. Sin embargo, se desea aquí subrayar que, en el ámbito de la oferta turística, los valores, símbolos de identificación con la “goianidade”, pueden estar presentes tanto en el campo como en la ciudad; materializadas en la comida y en la artesanía típica; en la habitación, en el mobiliario y en los equipamientos utilizados; en la manera de acoger y de recibir. Hay que resaltar, también, que el resultado de esa oferta turística puede estar imbuido de referencias de identidad, propias de la “goianidade”, o completamente ausentes de ella. Si ausentes, pueden estar influenciadas por una perspectiva que favorezca un desarrollo turístico meramente mercantilista, que busca el inmediato y el corto plazo.

En el ámbito de la promoción publicitaria, el turismo puede manifestarse banalizando los valores impresos en el concepto de “goianidade”. Sin embargo, puede también la promoción del turismo procurar acercar un ideal auténtico de “goianidade” por medio de un discurso construido con el propósito de preservar y valorizar los diversos aspectos constitutivos de la noción de “goianidade” . Eso no sería más que un intento de respuesta adecuado a las exigencias de un turismo sustentable y de cualidad que, en el escenario de la globalización, se ve cada vez más presionado por las exigencias de los turistas por lo diferente, o sea, por lugares, objetos y modos de vida con significados propios. De eso deviene, hasta por autointerés, que el respeto a los individuos, a los lugares y a los valores locales es, para el turismo, al mismo tiempo, imperativo ético y exigencia mercadológica.

Referencias

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FRANÇA, Vera Regina Veiga. Comunicação e sociabilidade: o jornalismo mais além da informação. Gerais. Revista de Comunicação Social da Universidade de Minas Gerais, Belo Horizonte, n. 47, p. 36-42. 1. sem. 1995.

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