TURyDES
Vol 4, Nº 9 (febrero/fevereiro 2011)

TURISMO RELACIONAL: DESAFÍOS Y POTENCIALIDADES

Francisco José Calderón Vázquez y Givanni Ruggieri


 

1.- CARACTERIZACIÓN DEL TURISMO RELACIONAL

Resulta esencial una aproximación conceptual y teórica al Turismo Relacional para dotar de mayor contenido y profundidad a sus propuestas en materia científica, en los siguientes párrafos trataremos de perfilar la identidad del turismo relacional a partir de sus rasgos más esenciales, de cara a una mejor definición conceptual del mismo.

Descubrir las señas de identidad más básicas y evidentes, supone definir las características esenciales del turismo relacional, la primera de las mismas, que vendría derivada de su propio ser, seria la Relacionalidad: se trata de un turismo de encuentros (Grolleau, 1987 y 1988, un turismo de compartir, donde la experiencia turistica consiste en promover un contacto personalizado del turista con la comunidad local receptora, provocando la participación del turista en las tareas, costumbres y modos de vida de la comunidad. Es decir, se pretende posibilitar la inserción del turista en la “cultura” del territorio y en sus diversas manifestaciones, mediante la el conocimiento y la toma de contacto con sus expresiones enogastronomicas, etnoculturales, patrimoniales, artisticas, paisajisticas, historicas y medioambientales. Ello le va a proporcionar al turista una serie de vivencias, emociones y distracciones que ayudaran a la configuración de su tiempo de ocio como una experiencia turística integral. Por tanto, parece evidente que estamos ante una modalidad turística caracterizada por la sociabilidad, la relación, donde la filosofía predominante es saborear la vida, conociendo a los lugares y a sus habitantes, disfrutando del paisaje, de los productos agroalimentarios locales, de sus sabores y olores, etc.

Si se trata de descubrir un territorio y compartir su “cultura”, entendida esta de forma amplia, el turismo relacional plantea una relacion directa con el territorio, por tanto se trata de un turismo territorial o local, directamente relacionado con el “genus loci” o “identidad” local, por tanto peculiar y genuino de un lugar o territorio determinado y, por ello, difícilmente imitable o replicable en otras localizaciones. Esa “identidad local” constituye uno de los principales elementos de atraccion para los flujos de visitantes.

La relacionalidad y la localidad del turismo relacional van a provocar que la prestacion de los servicios de alojamiento turistico y restauracion vengan en gran medida llevados a cabo por empresas locales, normalmente pequeñas y medianas empresas pymes o S.M.E, con evidente preponderancia de las formulas de empresa familiar, empresas de economía social, empresarios individuales o autónomos, todos ellos usualmente del territorio. Este es un elemento fundamental en la identidad del turismo relacional, porque significa que las prestaciones que integran el servicio turístico vienen suministrada por pymes locales que actúan como proveedores de la Oferta de alojamiento y servicios complementarios básicos.

Tales PMI turísticas denominadas por Grolleau (1993) como “empresas a escala humana”, aunque puedan ofrecer prestaciones de servicio turistico flexibles y personalizadas (precisamente lo que requiere la Demanda) por su propia naturaleza presentan unas restricciones estructurales evidentes en el campo empresarial, lo que podria condicionar tanto la calidad del servicio como la satisfaccion de las expectativas del cliente.

Esta especificidad de los turismos relacionales, lo distingue, y mucho, de otras modalidades turísticas donde el predominio de las grandes empresas y las corporaciones es notorio.

Si hablamos de territorio y cultura no podemos obviar a la poblacion local, puesto que el turismo relacional es esencialmente un turismo de sociabilidad, donde la acogida de los turistas por los habitantes del lugar y su trato y empatia hacia los mismos condicionaran la marcha del turismo en dicho emplazamiento. Por tanto es la propia comunidad local o territorial el agente activo y pasivo fundamental en el desarrollo del turismo relacional. Es decir, la participacion comunitaria (De Kadt, 1979 A y B) aparece critica, en el sentido de que la poblacion local comparte y acepta tanto los beneficios como los costes que supone el desarrollo de actividades turisticas en su territorio, es lo que Krippendorf (1982) considera como fundamental “implicacion comunitaria” para la funcionalidad del turismo a nivel territorial. Esa participacion activa de la comunidad en los procesos de planificacion del desarrollo turistico es un lugar comun en la literatura (Gunn, 1994; Hall, 2001; Inskeep 1991, 1994, 1999; Crosby 1996; Solsona Monsonis, 1999; Schulte, 2003) No podemos omitir el enorme impacto social que provoca el turismo al constituir un gran mecanismo portador de innovaciones y transformaciones sociales (Murphy, 1983) por ello, el consenso poblacional en torno al turismo resulta de importancia cirtica para la rentabilidad social y a la postre

Por ultimo, de la territorialidad y localidad del turismo relacional se deriva la ultima de las caracteristicas, puesto que ello implica una tutela y gestion ambiental del territorio bastante pormenorizada. Ello, por dos razones basicas, por una parte el entorno natural y paisajistico es el soporte donde se desarrolla la actividad turística y, por otra, constituye el simultáneamente, uno de los más importantes atractivos turísticos. Por ello, la búsqueda del equilibrio entre los objetivos económicos y la preservación de los recursos turísticos, deviene una prioriada en las agendas de gestion de dichos territorios. A su vez, la constatada evolución de la demanda turística hacia una sensibilidad cada vez mayor respecto al cuidado y calidad del entorno medioambiental, obliga a tener muy en cuenta al medioambiente en la construccion relacional del turismo.

Tampoco deberia omitirse que esta preocupacion por la conservacion del medioambiente es “algo nuevo” para muchos territorios, puesto que esa preocupacion mediambiental, presente desde siempre en muchos paises occidentales, solo ha comenzado a tomar cuerpo en los últimos 20 años en el resto del mundo, pasando desde posiciones puramente primarias que consideraban al entorno natural como algo sin valor y por ello susceptible de apropiación y esquilmación hasta los planteamientos actuales donde el entorno medioambiental pasa a ser valorado y considerado patrimonio de las generaciones actuales y futuras, susceptible por tanto de protección, conservación y regeneración, promoviéndose un uso ecocompatible del medio natural.

El encuadramiento teorico del turismo relacional podria llevarse a cabo dentro de uno de los grandes frameworks de la teoria turistica, la teoria de sistemas. La vision del turismo como fenomeno sistemico (Sessa, 1988; Mill y Morrison, 1985; Guibilato 1983) plantea una adaptacion al fenomeno turistico de la Teoria General de Sistemas (Von Bertalanffy, 1945) considerando al fenomeno turistico como un fenomeno complejo, como un todo dinamico integrado por una serie de partes que interactuan de modo permanente entre si. Es decir, los visitantes interactuan con el territorio y su poblacion generandose una serie interacciones e interconexiones entre las partes en accion. En la vision de sistema abierto la actividad turistica depende del contexto social, geografico y cultural donde se inserta, quedando afectada por los cambios que pudieran producirse en dicho entorno. Siguiendo a Merinero y Pulido (2009) el enfoque sistemico del turismo pretende la superacion de las visiones fragmentadas del turismo planteando una vision holistica del mismo, que posibilite una mejor comprension de una actividad compleja.

2.- LA EVOLUCIÓN DE LA DEMANDA TURÍSTICA INTERNACIONAL UN MARCO FAVORABLE PARA EL TURISMO RELACIONAL

Constituye un lugar comun en la literatura turistica de las ultimas decadas, la evidente evolución observada tanto en los componentes de la Demanda Turística (Comisión Europea,1990 ; WTO,1991; WTO 1990) como en los cambios observados en las tendencias y gustos del consumidor turistico (Torres Bernier, 1996). Ello, supone que las coordenadas del turismo actual radican en la individualización del producto/servicio, una mayor participacion del turista en el diseno de las actividades a realizar en destino, la configuracion del producto turistico a gusto del consumidor, en la profusion de fórmulas personalizadas de contratación, gestión y posventa del producto turístico, donde las nuevas tecnologías de la información y la comunicación desempeñan un papel fundamental, junto a la desconcentración y desestacionalización de los periodos vacacionales.

Asimismo, se observa un acentuado énfasis en la calidad del servicio en general, y en la consolidacion de las nuevas motivaciones turisticas que actuarian como campos magneticos respecto a los flujos de Demanda: la sensibilidad hacia el medioambiente y la calidad medioambiental (Ehrlich y Mellado, 1993; Zimmer, 1990), el desarrollo sostenible, la “autenticidad” del producto, el posicionamiento activo del turista, etc., etc., una sintesis detales aspectos aparece en el Cuadro N° 2.

Estas nuevas coordenadas de Demanda aparecen plenamente confirmadas tanto por los planes estratégicos de marketing turístico de diversos organismos oficiales o de estudios científicos realizados en los principales países emisores de flujos turisticos, como en Alemania (Studenkreis fuer tourismus) o en Holanda (Stichling Milieu Institut) donde los nuevos azimuts de la demanda turística vienen constituidos por la "no masificación", "un mayor contacto con la naturaleza", "un nivel de higiene ambiental aceptable", y unos recursos complementarios atractivos todo ello dentro de un nivel de precios razonable (García Lorca, 1994).

La consolidacion de tales tendencias observada en los ultimos ejercicios, implica, a nivel de estructura economica turistica, la transicion desde desde posiciones típicamente “fordistas” que podrían identificarse con el turismo masificado y rígidamente estacional, que gravita en torno al concepto “paquete integrado” que yuxtapone todos los servicios básicos que el turista necesita (viaje + alojamiento + estancia, etc.) hacia los posicionamientos propios de la producción flexible o “Toyotistas” que están en la onda de los sistemas productivos “just in time”. No deberia omitirse que el “paquete turistico” constituye el nucleo duro del Fordismo turístico, modelo turístico de caracter estandad y masivo, propio de los años 60 y 70, que con determinadas modificaciones o adaptaciones a los nuevos tiempos, continua hasta nuestros días. El “Fordismo turístico” aparece como un modelo centrado rígidamente en torno a vacaciones con fuerte carga estacional, vinculadas en el mundo occidental al calendario escolar.

3.- LA TRANSICION DESDE EL CONSUMO DE MASAS TURISTICO AL CONSUMO INDIVIDUALIZADO.

Las economías de escala y la estandarización constituían la piedra angular de la gestión en el esquema turístico fordista, se trataba de lograr altos volúmenes de producción y ventas, siendo la masificación el vehiculo de consecución de tales objetivos. Tales esquemas respondían a una adaptación de la filosofía de la taylorizacion o producción en cadena, propia de la manufactura a la actividad turística, la finalidad no era otra que conseguir grandes volúmenes de demanda, y por tanto de producción y ventas, con la simultanea reducción de costes, produciendo servicios “homogeneizados” para grupos indiferenciados de consumidores (Fayos Solà, 1993).

En este orden de cosas la atención de la empresa turística se focalizaba en minimizar los costes de producción, con práctica exclusión de cualquier otra consideración. Ciertamente este esquema solo podía funcionar si las motivaciones y la experiencia de la Demanda, y por tanto sus necesidades y expectativas, eran mínimas o muy básicas como la búsqueda de sol y playa, el hecho de desplazarse a un emplazamiento distinto al cotidiano por un tiempo determinado, o alejarse por un tiempo de la cotidianeidad, no constituyendo la calidad del producto consumido una prioridad, todo ello a muy bajo precio.

En este marco, la satisfacción del consumidor derivaba del mero hecho de poder consumir el producto, y no de la correlación entre los atributos del producto servicio y sus expectativas y necesidades. Asimismo, el precio era un elemento fundamental en la diferenciación del destino. Puesto que las empresas daban por descontado tales coordenadas optaban por la no calidad y el mantenimiento de costes reducidos.

Las condiciones que posibilitaron la aparición de los fenómenos de consumo turístico masivo han sufrido una serie de mutaciones estructurales que han traido consigo una notable evolución, en la forma de concebir y aplicar la gestión de los destinos y productos turísticos, partiendo de un elemento fundamental: el perfil de la demanda ha cambiado sustancialmente, el turista actual aparece como un consumidor experimentado y “maduro” que presenta una actitud critica hacia el destino vacacional y tiende a la selección y renovación constante del mismo (Calderon Vazquez, 2005).

El turista actual considera a su tiempo vacacional como un “bien esencial”, produciendose la segmentación del mismo en periodos mas cortos, y la elevación del ocio activo como principio rector. Todo ello ha provocado una nueva configuración del consumidor turístico: el turista activo, sesgado hacia la búsqueda de la calidad, la seguridad y la comprensión del entorno. El turista actual se desplaza a los destinos turisticos no solo para “ver”, como en tiempos pasados sino para “conocer” y, sobre todo para “hacer” (Avila y Barrado, 2005), necesitando anticipar cuales van a ser sus actividades durante la vacación y como se va a estructurar su tiempo.

Igualmente, resulta evidente en la nueva configuración del panorama turístico el impacto de la innovación tecnológica (Werthner y Klein, 1999) y en particular de la telemática (Schertler y Berger, 1999), que afecta de forma critica a la producción del producto/servicio turístico y en particular a las funciones de comercialización, venta, distribución, comunicación e imagen (Baker y Reinders (1998) .

Toda esta serie de transformaciones ha provocado que se hable de la “Nueva Era del Turismo” siguiendo la terminología de Eduardo Fayos (1993), autor que considera que los hitos fundamentales de esta etapa son: la extrema segmentación de la demanda, la flexibilidad de la Oferta y la distribución, y la búsqueda de rentabilidad en la integración diagonal y en las economías de sistema en lugar de en las economías de escala.

4.- LOS DESAFÍOS EMPRESARIALES Y TERRITORIALES DEL TURISMO RELACIONAL

Parece evidente que el cambio observado en los componentes y motivaciones de la Demanda Turistica actual constituye un contexto muy favorable para los turismos alternativos, al tradicional turismo litoral de sol y playa (arquetipo del fordismo turistico) como asi se ha demostrado en las dos ultimas decadas, donde se ha producido la expansion de modalidades turisticas con fuerte carga relacional, como el turismo rural, el turismo medioambiental, el turismo de actividades al aire libre, etc., una sintesis de tales modalidades podemos encontrarla en el Cuadro N° 3:

Evidentemente, ese sustancial aumento durante las últimas décadas, de la Demanda de actividades recreativas, culturales y de ocio en espacios hace solo tres decadas “poco” turisticos (como por ejemplo el medio rural los pueblos y las ciudades medias. Ello, ha constituido el detonante para la generación de la correspondiente Oferta de turismos relacionales. Oferta creciente en terminos cuantitativos (AEIDIL, 1997)

El crecimiento de la Oferta Turistica Relacional resulta logico, teniendo en cuenta los efectos producidos por la actividad turistica en el territorio donde estas se llevan a cabo. En lineas generales, se observan las tipicas cadenas de transacciones inherentes al turismo, en la mayoría de las ocasiones pequeñas e invisibles (un café o u refresco en un bar, un taxi para desplazarse, una comida, un souvenir, una entrada a un museo, jugar en el campo de golf, un desplazamiento en tren para ir a una ciudad vecina, un coche alquilado, un autobús alquilado para una excursión, etc., pero muy significativas, cuando se realizan reiteradamente en una demarcacion territorial delimitada, de cara a la generación de renta y riqueza en ese contexto.

Por ello, el turismo relacional provoca, desde una perspectiva micro, la estimulación de la actividad económica territorial a partir de los efecto “arrastre” y “derrame”. El primero hace referencia al impacto del tursimo sobre determinados segmentos productivos (como la construcción, el comercio local, la restauracion, las producciones primarias agroganaderas, los productos artesanales, canales de salida alternativos para productos autóctonos etc.) y el segundo se refiere a la generación de actividades conexas (transportes, servicios de agencias de viaje, servicios personales, etc.) a la actividad turistica y de Generación de rentas complementarias a las actividades tradicionales.

Asimismo, no es para nada desdenable el efecto de estimulacion del turismo en el mercado de trabajo local, a traves de la creacion de empleo y de posibilidades de empleo para los grupos más desfavorecidos (mujeres, jóvenes, etc.) y la reconversión de excedentes de mano de obra perteneciente a los sectores tradicionales. Tampoco pdrian omitirse las oportunidades para la creación y el desarrollo de pequeñas y medianas empresas. De igual manera es sustantiva su influencia en la revalorización, conservación y uso sostenible del patrimonio territorial en sus diversas manifestaciones: patrimonio natural y ecológico, patrimonio monumental y arquitectónico, patrimonio histórico artístico, enogastronómico, antropológico y cultural, tradiciones, etc.

Se ha de considerar, asimismo, que los efectos socioeconómicos del turismo se hacen mucho mas evidentes en su intensidad y capacidad de impacto al producirse a una escala territorial reducida como es la local o comarcal, (OMT, 2001) en estos espacios reducidos la transversalidad del turismo y su capacidad inductora intersectorial se hacen particularmente visibles en la proliferación de encadenamientos y “linkages” productivos y en el efecto arrastre generado sobre la totalidad del espacio económico.

Ahora bien, la potencialidad de impactos del turismo relacional, dependerá de forma directa de la intensidad de la demanda turística y de su capacidad de consumo, y de forma indirecta de la estructura productiva de la economía local en cuestión, que podrá por sus características y circunstancias responder, o no, a tales estimulos, por tanto la actitud de los agentes locales (administraciones publicas, instituciones, empresarios, poblacion) es decisiva por cuanto que si no se produce reaccion, se perderian grandes oportunidades de desarrollo socioeconomico, o bien, si se generan excesivas expectativas o entusiasmo en torno al turismo y a sus capacidades inductivas, ello podria dar lugar a comportamientos empresariales y sociales reactivos a la Demanda Turistica, y a las oscilaciones de la misma.

Lo anterior podria producir una presión muy fuerte sobre las iniciativas turísticas locales, provocando una tremenda aceleracion en el proceso de desarrollo turistico. Presion que se traduce en un incremento exponencial de la capacidad de acogida de la zona. La obsesión por incrementar la capacidad de alojamiento (buscando mayores ganancias, a toda costa) provoca como resultado una proliferación de estructuras de acogida, con la práctica reducción de la Oferta turistica al servicio de alojamiento. Aunque ello, en definitiva, no sea sino confundir el numero de plazas con la rentabilidad. Un comportamiento “reactivo” característico del turismo fordista de sol y playa, basado en las economías de escala, pero cada vez más fuera de lugar en las actuales coordenadas individualizadoras, de calidad y de satisfaccion de las expectativas del consumidor turistico.

El exceso de Oferta puede provocar, si viene contestado por una creciente Demanda en terminos cuantitativos, problemas de masificacion, con la aparición de fenómenos de especulación, y la degradación medioambiental del entorno. La masificación reduce sustancialmente la calidad del servicio y el trato personalizado, precisamente los elementos genuinos del turismo relacional, todo ello provoca un deterioro del entorno de acogida, sea natural que cultural, lo que acaba incidiendo negativamente sobre el corazón del turismo relacional y su mayor campo magnético: el patrimonio y la cultura locales. En definitiva, la masificacion provoca la “industrialización” o estandarizacion del turismo relacional, que conlleva, invitablemente a la degradacion del contexto.

Si el crecimiento de la Demanda no compensa el crecimiento de la Oferta, se se terminaria produciendo un grave desajuste Oferta//Demanda, que provocaria niveles de ocupacion muy bajos, el funcionamiento mortecino de las instalaciones y el estancamiento e incluso la desaparición de la rentabilidad económica, y la consiguiente dificultad en la amortizacion de las inversiones y la imposibilidad de nuevas inversiones.

Ademas de los comportamientos reactivos, otro fenomenal desafio para la buena salud del turismo relacional viene dado por la necesidad de, primero, sintonizar con los gustos y necesidades del cliente para posteriormente proceder a su satisfaccion, puesto que como tal consumidor, el turista pretende maximizar sus ganancias o beneficios, tanto en lo que se refiere a precio como en todo lo referente a la calidad del servicio turistico (Lounsbury y Hoopes 1985; Santos Arrebola, 1999) y a las expectativas generadas en el cliente (Parasunaman, Zeithaml y Berry, 1985, 1988, 1994). No en vano, el turismo al implicar un uso discrecional del tiempo vacacional del turista, supone una inversion de tiempo y de dinero, tiempo susceptible de otros usos y, por tanto cada vez más valorado y no canjeable por cualquier producto turistico. Por ello, el demandante de servicios turísticos exige una alta calidad en la prestación del servicio, no estando dispuesto a emplear su tiempo y su dinero sin obtener un alto grado de satisfacción a cambio, puesto que cuando el turista adquiere un producto turitico actúa como cualquier otro consumidor, calculando el beneficio o la utilidad que le reporta lo que está comprando y en base a esto toma la decisión.

Junto a las clasicas preocupaciones por el ajuste entre expectativas del cliente y servicio turistico realmente recibido o percibido, en la nueva era del turismo se debe tener muy en cuenta el problema de la vision holistica del turista (Calderon Vazquez, 2005) puesto que el consumidor turistico percibe el servicio turístico desde una perspectiva global, superando la visión individualizada o parcial de cada uno de los oferentes-prestadores del servicio turístico. Así para el prestador de servicios de alojamiento, el producto turistico consiste en el alojamiento con su pensión correspondiente y basta, mientras que para el consumidor esto solo es un componente del producto turistico global, donde además se encontrarían toda una serie de factores (paisaje, cuidado y atención de los recursos naturales, grado de cuidado del patrimonio, tiempo que se invierte en llegar al destino, señalética, distancia a un centro sanitario, seguridad, etc.) factores que en el caso del turismo relacional son absolutamente decisivos para la selección del destino y la decisión de compra del producto.

Toda esta gama de componentes configuran la denominada por Fayós Solá (1993) “Experiencia Turística Integral” que comprende una amplia gama de elementos integrantes que abarcan desde las infraestructuras y los servicios generales hasta los recursos naturales y culturales pasando por el equipamiento (Ver fig.n° 1) En definitiva, las expectativas del cliente se extienden al conjunto o al producto de los factores antes señalados, puesto que dichos factores intereactúan entre si, a los ojos del turista conformando una suerte de sistema-destino turístico.

Evidentemente, la percepción holistica del consumidor turistico complica notablemente la gestion del producto turistico por los prestadores u oferentes de servicios turisticos, porque ademas de la calidad en la prestacion de su propio servicio, deberan tener en cuenta tanto la calidad de los otros servicios como la calidad de otros elementos (Infraestructuras territoriales, comunicaciones, servicios publicos, equipamientos, suministros energeticos, seguridad, etc.) elementos que escapan a su percepcion y control pero que van a condicionar, positiva o negativamente la percepcion del producto turistico global por el cliente, sus juicios de valor (positivos o negativos sobre el mismo) y su comunicacion hacia los otros posibles clientes (una simple conversación con familia, amigos, en el trabajo o en una reunion social) pueden afectar decisivamente a la vida del destino turistico, si como avanza Arturo Crosby: “La satisfacción de una visita a un destino determinado, viene dada por el resultado del conjunto de elementos interrelacionados, que conforman una experiencia, que adquiere el visitante, antes, durante y después de la visita. Cuando uno o mas elementos de esta experiencia son negativos, rompen el sistema de la experiencia, per se y consecuentemente se transforma en una percepción negativa, que conduce a una frustración posterior”.

No deberiamos olvidar que el turismo es esencialmente un servicio y, por tanto, un producto intangible que implica un servicio humano o mecánico (Ureña López, 1998).

De la “inmaterialidad” de los servicios, se derivan toda una serie de consecuencias: No pueden ser consumidos, probados o evaluados antes de su adquisición. Del mismo modo, la producción, consumo y venta del servicio suceden simultáneamente en el acto de prestación del servicio, por ello la interacción entre prestador-cliente es decisiva para la conclusión de la propia prestación del servicio, de tal manera que la mayoría de las prestaciones de servicio no podrían llevarse a cabo a menos que el cliente este directamente implicado en la prestación del mismo.

La inmmaterialidad del servicio supone la imposibilidad de su almacenamiento, mientras que la sincronía produccion/consumo impone la imposibilidad de inventariar, envasar o transportar el servicio. Tales restricciones imponen la necesidad imperiosa de configurar y dirigir la Oferta de Servicios Turisticos en función de las oscilaciones de la Demanda, o, en su caso, dirigir u orientar la Demanda hacia las disponibilidades existentes en la Oferta (Santesmases Mestre, 1996)

De todo lo anterior, parecen plantearse una serie de desafíos esenciales para el turismo relacional. Los desafios observados suponen la necesidad de plantear el turismo relacional en clave de complejidad, ya que la vision holistica del turista implica la necesaria gestion relacional del turismo, es decir se hacen necesarios mecanismos relacionales que conecten a las unidades empresariales singulares entre si, posibilitando su interaccion constante. Parece claro que en nuestros días, las pymes turísticas relacionales no pueden continuar pretendiendo actuar como islas aisladas, o haciendo la guerra por su cuenta. Necesariamente tienen que buscar y promover dinamicas clustering de intercooperacion, como via de actuacion para lograr cotas mínimas de masa crítica empresarial, rentabilidad y competitividad. Las Administraciones Publicas involucradas en el desarrollo turistico deberian tratar de promocionar y de estimular en la medida de lo posible las dinamicas de cooperacion e interaccion empresarial.

Asimismo, la citada interaccion empresarial debe insertarse en un marco generico de cooperación territorial entre todos los agentes públicos y privados involucrados (organizaciones, asociaciones, lideres sociales,etc.) en el desarrollo de actividades turisticas en el territorio

Por ultimo, dado que en el desarrollo del turismo relacional, la “actitud” del conjunto de la población local frente al turismo y, en definitiva su “receptividad” al mismo resultan esenciales para el arraigo y consolidacion del turismo en el territorio. Por ello, resulta critico para el buen fin de las actividades turisticas hacer comprender a la poblacion la importancia que para el presente y futuro del territorio supone la puesta en marcha de un programa de desarrollo turístico, de manera que el consenso social, la aceptación del turismo o, cuando menos, la no beligerancia frente al mismo constituyan el inicio del proceso de desarrollo turístico del territorio.

En este primer nivel, resultan esenciales la estimulación de conductas sociales pro-turísticas, para lo que se precisan, por una parte acciones sociales informativas y sensibilizadoras adaptadas a la cultura y “modus vivendi” del territorio y por otra parte acciones demostrativas de la potencialidad del turismo como elemento de generacion de riqueza y empleo para la comunidad.

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Zimmer, P. (1990): Natural Areas and Ecotourism: Management Trends in Europe. Paper presented at the European Seminar on Tourist Design and Protection of Natural Areas, Valencia, December, 1990.


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