TURyDES
Vol 3, Nº 7 (abril/abril 2010)

CRÍTICA DE LA OBRA QUE CIMENTÓ EL PARADIGMA CONVENCIONAL DEL TURISMO: LOS “GRÜNDRISSE” DE W. HUNZIKER Y K. KRAPF (1942)

Francisco Muñoz de Escalona

 

1. Los Gründriss y yo

Llamo Grúndriss a la obra publicada en 1942 por los expertos suizos Walter Hunziker, el que fuera director de la Schweizerischen Fremdenverkehrsverbandes (SFV) y profesor de la Handels-Hoschule de Saint Gallen, (Universidad de Berna, Suiza,), y su más estrecho colaborador, Kurt Krapf, el jefe del Departamento de Economía y Estadística de la citada entidad, además de alumno del anterior y, en esa fecha, todavía futuro aspirante a profesor de la citada escuela, cuyo título en alemán es Gründrisse der Allgemeinen Fremdenverskherslehre, que traduzco al castellano como Fundamentos de la Teoría [quizás mejor Doctrina] General del Turismo. Ambos expertos habían fundado un año antes la AIEST, Asociación Internacional de Expertos Científicos de Turismo, con sede en la citada ciudad de Saint Gallen. No he podido averiguar los años de nacimiento y defunción de Walter Hunziker y de Kurt Krapf. En procura de alguna información biográfica sobre los autores envié un correo electrónico a la AIEST, pero de momento aún no he tenido respuesta. Sí sé que el dr. Kurt, el más joven de los dos, murió en un accidente aéreo en 1963 cuando viajaba a Roma desde Zúrich para participar en la Conferencia de la ONU sobre estadísticas de turismo y que se celebró en la citada ciudad italiana el año citado y que organizada por la Unión Internacional de Organismos Oficiales de Turismo (UIOOT), la precursora de la actual OMT (Organización Mundial de Turismo). Decir además que el profesor Krapf era en aquellos años asesor para asuntos de turismo en España designado por el Banco Mundial, entidad que había concedido cuantiosos préstamos al Estado Español para la puesta en marcha de una serie de Planes de Desarrollo Económico y Social. Su contraparte fue el abogado Jorge Vila Fradera, designado por el Gobierno español en virtud no de sus conocimientos en materia de turismo, nulos en aquel momento, sino por su dominio del idioma alemán. Gracias al hecho de haber trabajado con Krapf, Vila Fradera se convirtió en uno de los más conspicuos expertos de turismo en España y aprovechó para abrir una editorial, Editur, dedicada a asuntos de turismo, y la empresa Consultor, dedicada a la realización de estudios de turismo y a asesorar a la Administración del Estado.

Desde que, a mediados de los años ochenta del siglo pasado, me interesé contra todo pronóstico por el turismo como objeto de investigación, puse gran empeño en adquirir cuantas obras pude en casi todos los idiomas usuales como paso previo para adentrarme en los arcanos de esta disciplina entonces en imparable alza, una materia entonces absolutamente desconocida para mí, y así dar una respuesta tan sólida como me fuera posible a algunos de los enigmas que desde el primer momento me encontré en ella, enigmas que o bien lo son en sí mismos o eran la prueba de mi manifiesta incapacidad para resolverlos. Pronto comprendí que tenía que proseguir sin desmayo en la tarea emprendida porque explicar lo que se me presentaba con apariencia de enigmas inescrutables terminó convirtiéndose en una cuestión de amor propio. Lo he dicho muchas veces, pero lo repetiré una vez más: si desde la fecha indicada me dedico a la investigación en esta singular materia que es el estudio del turismo se debe al hecho lacerante de que no lograba captar sus peculiares fundamentos ni entender correctamente su también peculiar estructura conceptual, algo que se me escabullía de entre las manos una y otra vez, y eso, unido a lo anterior, me desazonaba penosamente como fácilmente se puede comprender. Comprobar en estas penosas circunstancias que los jóvenes alumnos de las numerosas Escuelas de Turismo, [entonces, en España, las que había eran privadas, harto rentables como negocio, por cierto, a excepción de una que era pública, aunque no dependiente del Ministerio de Educación], parecían entender sin dificultades insalvables todo lo que yo no lograba comprender, me parecía unas veces verdaderamente admirable y otras una lacerante prueba de mi incorregible impotencia. Tal vez la explicación estaba en que eran capaces de hacer heroicos actos de fe en las prédicas de sus profesores, predicas repetidas en los libros que publicaban y a las que yo no me sometía con la humildad requerida.

Finalmente opté por dedicarme en exclusiva como investigador científico a su estudio. Quiero decir que abandoné totalmente las líneas de trabajo a las que hasta entonces me había dedicado, concretamente el estudio de la estructura y problemática de diferentes y bien definidos sectores productivos de la economía española, primero, y el análisis de inversiones en grandes obras de infraestructura, después.

La relación de obras de turismo sistemáticamente estudiadas principió en mi caso con la lectura de Teoría y práctica del turismo, obra señera, y harto conocida entre los estudiosos de lengua española, del filósofo (de titulación) Luís Fernández Fuster, y Teoría económica del turismo, del economista, también español y tan conocido como el primero, Manuel Figuerola Palomo, mi querido y viejo amigo Manolo. Así fue como acabé engolfándome en la tarea de tratar de comprender las razones que pudieran arrojar luz sobre el porqué de las excesivas singularidades del turismo como disciplina así como de sus anfractuosidades conceptuales, justificadas, al parecer, por las muy cantadas complejidades del fenómeno, las cuales, de nuevo al parecer, obstaculizan ineluctablemente que podamos encontrar una explicación medianamente satisfactoria de las mismas. El turismo es, pues, un fenómeno social sumamente complejo y de difícil compresión, como se lee en casi todas las obras que se han escrito sobre la materia.

En esas estaba cuando un buen día tuve conocimiento de que dos estudiosos suizos, los citados Walter Hunziker y Kurt Krapf, considerados casi por unanimidad como los padres del estudio científico [yo diría académico] del turismo, habían publicado hacía entonces casi medio siglo la obra cuya crítica me propongo ahora hacer y con la que, luego lo supe por mí mismo, habían logrado realizar la síntesis mucho tiempo esperada de las más valiosas aportaciones que al estudio del turismo se habían hecho hasta ese momento. La obra que pretendo criticar va dirigida, así lo dicen los autores, a los alumnos de turismo, a los profesores de la materia y a los investigadores a ella dedicados. Se trata, pues, de un libro de texto, de un manual orientado a la enseñanza académica.

No descansé, pues, hasta no hacerme con una ejemplar de la obra, lo que conseguí a través de un servicio de préstamo internacional de libros. Con alguna dificultad, habida cuenta de mis limitados conocimientos del idioma alemán, me dediqué a escudriñar el libro, a identificar el método utilizado por los autores, a averiguar la sistemática seguida por ellos en la planificación y redacción del trabajo, sus objetivos y la naturaleza de los conceptos y relaciones que en ella se manejan. Mi gran deseo habría sido entonces, y siguió siéndolo durante mucho tiempo preparar una versión castellana, algo que inicié, sí, como muestro en el Anexo, pero que, desafortunadamente, me vi forzado a abandonar por las enormes dificultades que para mí presentaba el cometido. Confieso que lamenté siempre tener que desistir de ello.

Pero, mire usted por donde, hoy, después de más de dos décadas, cae en mis manos una versión castellana (mimeografiada) de una anónima versión castellana de la obra, milagrosamente encontrada en una tienda de libros de ocasión de la ciudad de Logroño (España) por el profesor de la Facultad de Turismo de la Universidad del Estado de México, Marcelino Castillo Nechar, a la sazón en Valladolid, ciudad en la que ha realizado un trabajo de inminente publicación y cuyo título es Principales tendencias de la investigación turística en España y Europa, conjuntamente con el profesor Félix Tomillo Noguera, de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Europea Miguel de Cervantes (Valladolid).

Así fue como un grupo de profesores de diferentes países e instituciones tomamos la decisión de hacer todo lo posible para editar la versión castellana de esta ya vieja obra, habida cuenta de que los cuatro consideramos que sigue siendo, todavía, altamente relevante para todos cuantos se interesan por el estudio del turismo. Espero que no tardando mucho esté disponible la tan esperada versión castellana de los Gründriss (1942).

Quienes conocen mis trabajos saben que admito sin ambages las valiosas aportaciones de los autores de los Gründriss, los mismos que fundaron en 1941 la Asociación Internacional de Expertos Científicos en Turismo, organización con sede en Saint Gallen, un año antes de publicar la obra que pretendo criticar, pero también sabrán que ya en 1991 la sometí a un análisis crítico en profundidad con ocasión de mi tardía tesis doctoral, titulada Crítica de la economía turística: enfoque de oferta versus enfoque de demanda, la cual puede ser consultada en el apartado Tesis Doctorales de la web de la Universidad de Málaga www.eumed.net descargando una copia de la misma de forma totalmente gratuita. Aunque nunca lo he dicho, revelaré ahora que la primera parte del título de mi tesis respondía a mi deseo de que se viera por mis pares como una ambiciosa alusión a una obra señera en el pensamiento científico, la de Karl Marx (1818 – 1883), titulada Contribución a la crítica de la economía política (1859), tarea en la que vengo trabajando desde entonces,. Mi tesis aspiraba nada menos que a propiciar, con base en los resultados de mi crítica previa, un debate en profundidad (aun no producido todavía ¡ay! al día de la fecha, después de veinte largos años esperando) de cara a comprobar la viabilidad de un cambio de paradigma, el formulado hace más de medio siglo en la obra cuya versión castellana analizo ahora para los estudiosos del turismo de lengua española porque aun hoy sigue pleno vigor en sus líneas básicas a pesar de que pueda no parecerlo después de los numerosos cambios introducidos desde entonces, cambios que sólo han afectado a la superficie, dejando el fondo prácticamente inalterado. Una ambición sin duda descomunal la que pretendía, justo es reconocerlo, luchar por un cambio de paradigma, ya que lo más probable era y sigue siendo que antes de producirse, si es que llega a producirse, pase mucho tiempo (la inercia en la ciencia es tozuda), antes de conseguir mellarlo y de terminar (es un decir) por superarlo y arrumbarlo, un paradigma o episteme, como prefieren decir algunos ahora, que califico de convencional por razones obvias, el paradigma que codificaron y cimentaron, a mediados del siglo XX los padres del estudio científico (académico) del turismo.

2. Un clásico vivo sometido a evaluación científica

La obra de Hunziker y Krapf, como ya he dicho, sistematiza y sintetiza la mayor parte de las aportaciones que se hicieron al estudio del turismo desde el último cuarto del siglo XIX hasta la fecha de su publicación, sobre todo las que hicieron los italianos Angello Mariotti y Michelle Troisi durante los años inmediatamente anteriores a 1942 y, a través de ellos, las que hicieron el austriaco Joseph Stradner y el suizo Edmund Guyer – Freuler, y también los avezados miembros de la llamada Escuela de Berlín, liderada por Robert Glucksmann. Por esta razón, siempre que cite los nombres de Hunziker y Krapf el lector debe leerlos como una forma abreviada de citar a todos los estudiosos que les precedieron. No voy a repetir aquí lo que ya dije en mi obra de 1991. Hoy tan sólo me propongo completar la crítica que entonces hice y que aún sigo sosteniendo pero aportando los nuevos argumentos que el paso del tiempo me ha permitido encontrar.

Pero antes de que los lectores puedan extrañarse de que valore tanto una obra y al mismo tiempo la someta a una crítica tan implacable como la que paso a hacer, les diré una vez más que para mí la obra de Hunziker y Krapf, aunque merecedora de las críticas que le dedico, también merece ser objeto de un alto reconocimiento, entre otras razones porque, repito, supo resumir, sistematizar y consolidar la forma primera, y de momento todavía única, de entender el turismo, porque sigue en candelero después de nada menos que cerca de tres cuartos de siglo de vigencia, y porque ha servido y sigue sirviendo de guía para la enseñanza académica y para la toma de decisiones en el campo de la política turística gubernamental y de la estrategia empresarial de los inversores privados.

Deberíamos hace tiempo de haber sido capaces de poner las bases de una nueva visión que la supere, entre otras cosas porque, como se reconoce y se repite rutinaria y más bien retóricamente con tanta frecuencia, el turismo como realidad ha venido experimentando cambios muy sustanciales durante ese largo periodo de tiempo, pero, sorprendentemente, aún no se han reflejado en un cambio de visión científica que recoja esos cambios y ser ofrecida a los centros de enseñanza y de investigación así como a los que toman las decisiones gubernamentales y empresariales en la materia. Recuérdese a la hora de enjuiciar mi crítica que los anales académicos están sembrados de grandes genios en numerosos campos que hicieron aportaciones altamente valiosas en su tiempo pero que hoy se consideran total o parcialmente superados sin que ello obvie el que sigan siendo objeto de universal reconocimiento. Piénsese, por ejemplo, en Sigmund Freud (1859 – 1939), por referirnos a un autor del pasado no demasiado remoto , el cual es considerado generalmente como un verdadero genio en psiquiatría académica y clínica pero que hoy se admite que está plenamente superado. Pues bien, a pesar de que hoy los psiquiatras no admiten sus descubrimientos y la psiquiatría lo considera teórica y prácticamente amortizado, ello no obsta para que siga ocupando un sitial relevante en la historia del pensamiento y de las ideas, una historia cuya grandeza consiste en ser un verdadero mausoleo de grandes fracasados gracias a los cuales hoy consiguen auparse a la gloria los científicos del momento, los mismos que en el futuro podrán ir al mismo mausoleo si es que también lo merecen, incluso aunque sus aportaciones terminen siendo superadas, cosa de todo punto altamente probable.

Freud será considerado siempre como un genio aunque hoy sepamos que estaba equivocado. Hunziker y Krapf no son un caso idéntico, en parte, entre otras cosas porque aun sigue en vigor su pensamiento en el seno de la comunidad de estudiosos del turismo, pero lo que digo de Freud vale hoy para los suizos y puede que también valga para los estudiosos venideros incluso si para entonces se consiguen superar sus aportaciones. Del mismo modo que de Freud se puede decir [lo dijo él de sí mismo] que no era un hombre de ciencia, es decir, un investigador riguroso, sino más bien un conquistador, un aventurero, de Hunziker y Krapf podemos decir que ellos tampoco se caracterizaron por sus méritos científicos sino más bien por su afán recopilador de los conocimientos que llevaban muchos años dispersos, con destino al mejor funcionamiento del turismo como hecho social y como método de enseñanza y preparación para sus gestores.

La obra que paso a enjuiciar fue publicada en plena segunda guerra mundial, la de 1939 – 1945, en 1942 como ya se ha dicho, y por ello el autor del prólogo, que no fue otro que Walter Hunziker, se creyó en la necesidad de excusarse. Publicar una obra de turismo en plena guerra cuando, entonces como todavía ahora, turismo es un término que sugiere una actividad propia de la paz, podía parecer a muchos un molesto contrasentido, y por ello Hunziker prefirió curarse en salud. Pero con ello cayó, como tantos estudiosos han caído y siguen cayendo, en una identificación criticable: la que confunde el turismo como actividad académica con el turismo como actividad económica o de producción y consumo. Quiero decir que debería aceptarse de una vez que si bien practicar el turismo durante la guerra pudiera parecer em tiempo de guerra no sólo raro sino también una frivolidad o una temeridad, algo que sólo habría sido entendible si el turismo se hubiera seguido viendo como entonces se veía, como mero vacacionismo , la dedicación a su estudio no tendría por qué parecer nunca a nadie ni en ningún lugar como una improcedencia, y mucho menos en un país neutral como lo fue la Confederación Helvética en la Segunda Guerra Mundial. Es obvio que, como más tarde veremos, en el pasado, y todavía en el presente, los estudiosos del turismo, pero sobre todo todos los demás, estudiosos o no de dicha materia, siguen teniendo en la mente el vulgar estereotipo que ve el turismo como una actividad frívola y poco seria, como una actividad que se empeñan en asimilar al ocio . Hoy, quienes pertenecen a la comunidad de expertos creen que el turismo como actividad y como objeto de estudio es extraordinariamente importante. Personalmente creo que exageran su importancia, tanto como los ajenos al mismo exageran su nimiedad y siguen empañados en ver en él, sin el menor fundamento, la quintaesencia de la más absoluta falta de sustancia. Pues ni el turismo es como quieren los primeros la primera industria del mundo ni su consumo y producción constituye una actividad un tanto infantil como sostienen los segundos.

El caso es que Hunziker, que no se excusó por haber fundado la AIEST un año antes, sí se creyó en la obligación de excusarse por publicar en plena guerra un libro sobre el turismo, de forma que, para suavizarlo, recurrió nada menos que a una frase del Dante: “Non c’e piú grande dolore che ricordarsi del tempo felice nella miseria” Como si invocar el turismo en tiempos de guerra, aunque fuera por medio de un libro dedicado a la enseñanza de la materia, fuera un imperdonable sacrilegio. ¡En fin!

3. Debilidad conceptual y metodología inapropiada

En mi evaluación científica de los Gründriss me voy a centrar en un análisis de la visión conceptual que en ellos se practica, entre otras cosas porque, por un lado, las referencias a su contenido pueden encontrarse en mi obra ya citada y porque, en definitiva, de la opinión que nos merezca la visión conceptual del libro dependerá el juicio y la valoración que nos merezca su contenido. Me centraré, pues, en la valoración de la respuesta que los autores dan a la pregunta sobre qué es el turismo, algo que hacen en el capítulo primero, titulado precisamente así: ¿Qué es turismo?, la pregunta que doce años más tarde Kurt Krapf calificaría nada menos que como inquietante, calificativo con el que aludía, es obvio, a las numerosas y discordantes aproximaciones que se habían dado y se seguían dando entonces por parte de los estudiosos.

Para responder a la inquietante y recurrente pregunta que tantos tratadistas se formularon, se formulan y previsiblemente se seguirán formulando en el futuro si nadie lo remedia, Hunziker podía haber empleado el método científico por excelencia en el campo de las ciencias sociales, el de la formulación de tantas teorías especulativas como hubiera sido necesario y proceder a su posterior falsación por medio de la contrastación con los hechos . Su error no está sólo en no haberlo hecho así sino en haber preferido acogerse como método a la descripción y al análisis comparativo de cinco casos reales, es decir, tomados de la realidad, y más concretamente de la propia realidad vivida por el autor, es decir, de su experiencia. Pero, antes de hacerlo así, rechazó el método etimológico, y lo hizo de una manera demasiado rápida y precipitada, cuando todavía no había sacado todo el provecho que cabía sacar de la aproximación etimológica a la cuestión. Pasemos a verlo con algún detenimiento porque es muy ilustrativo su abandono.

En su investigación etimológica del término propiamente alemán para turismo, Fremdemverkehr, afirma Hunziker que se trata de un vocablo formado por la unión de otros dos, Fremd o Fram, (en gótico, framosis, en antiguo alemán framadis y en alemán medieval vremede) que en los antiguos idiomas germánicos significa, aplicado a una persona, ajena, extraña, forastera, foránea, rara y también desconocida, es decir, un sustantivo con el que se nombra a la persona que llega a un lugar procedente de otro y ante la cual los residentes se muestran cautelosos, y hasta temerosos, justamente por no ser habitual en el lugar y por ello los residentes no saben de antemano cómo son ni qué pueden esperar de ellos.

También los idiomas romances cuentan con un vocablo similar, el de huésped , con el que se nombra al que se aloja en un lugar en el que es un desconocido, es decir, al visitante, vocablo que participa morfológicamente del término hostis, palabra latina que vale por enemigo o adversario (de ahí hostil y hostilidad), aquel ante el cual se impone guardar precaución y cautela porque, por no residir en el lugar de referencia, no se sabe ni quien es ni cómo se puede comportar con respecto a la seguridad de las personas y las cosas. Si nos fijamos, es la misma actitud que un animal adopta instintivamente frente a otro de la misma o de otra especie porque puede resultarle peligroso para su seguridad. Aún hoy podemos comprobar cómo en las zonas rurales de muchos países europeos del sur la presencia de un forastero es percibida por los lugareños con no disimulado recelo. Para ellos puede tratarse de un andarríos del que nada bueno cabe esperar. Y si decimos esto de los países desarrollados piénsese en lo que acontecía en siglos pasados y aún hoy en los países más desfavorecidos, en los que el aspecto externo de los forasteros denuncian su condición a ojos vista. Los occidentales que se proponían viajar por países exóticos (Argelia, Palestina, Irán, etc.) se veían obligados a contratar los servicios de los caravaneros o de acudir a los servicios de la institución de la Anaya, es decir, al pago de una determinada cantidad de dinero por la compañía de un residente durante su paso por un determinado país. Sólo así podían viajar con cierta seguridad.

El segundo término de Fremdenverkehr es Verkehr, el cual, aplicado a personas significa flujo, paso o tráfico de personas o vehículos, en este caso, pasajeros, los que pasan, posen en o no, por lugares en los que no residen, en el que por consiguiente son extraños o desconocidos. De aquí que Fremdenverkehr valga en alemán por flujo de visitantes o pasajeros, personas que vienen de fuera, llegan al lugar de referencia y lo abandonan al poco de llegar porque no son de allí sino de allá. Al parecer, Verkehr alude en alemán, así lo refiere Hunziker, al vencimiento del espacio o distancia que separa dos lugares. Fremdenverkehr vale, pues, por los que, habiendo vencido la distancia, pasan por un lugar en el que pueden posar (o no) durante un periodo de tiempo más o menos corto, cualquiera que sean sus pretensiones, pacíficas o violentas, negociosas u ociosas, con tal de que no se conviertan en residentes. Con la voz Fremdenverkehr los hablantes en alemán no hacen distingos en materia de motivaciones que expliquen su paso por un lugar de referencia. Así pues, el vocablo alemán no es nada polisémico y que por ello es más preciso que la voz turismo, el neologismo usado en los idiomas romances desde fines del siglo XIX, derivado de tour, viaje de ida y vuelta, en los cuales no sólo se ha impuesto de forma abrumadora sino que, además y lamentablemente, ha terminado por implantarse incluso en los países de habla alemana arrinconando al término propio. En estos países y desde hace años en vez de Fremdenverkehr se usa tourismus, asumiendo con él, inevitablemente, la extrema vaguedad inherente al citado neologismo. Otro gallo cantara al estudio del turismo si en vez de turismo se hubiera mantenido y universalizado la voz Fremdenverkehr, quiero decir, su traducción literal en castellano: paso, tráfico o flujo de forasteros por un lugar de referencia.

Pero, como digo, este método fue precipitadamente rechazado por Hunziker sin detenerse a extraer de él todas sus posibilidades analíticas y conceptuales. Porque, en efecto, Verkehr alude a quienes se encuentran en un lugar para ellos extraño porque vencieron el obstáculo de la distancia y porque si lo vencieron fue porque sintieron la necesidad de hacerlo, una cadena de circunstancias que, debidamente analizadas, le habría permitido a Hunziker, a sus predecesores de lengua alemana y a sus seguidores en dicha lengua, configurar una visión conceptual más clara, precisa y operativa que la que se terminó imponiendo en el mundo entero.

Veámoslo: Si el hombre pertenece al grupo de seres vivos semovientes (para no herir susceptibilidades digamos mejor automovientes) es porque está dotado de extremidades locomotoras. Algunos estudiosos afirman que el turismo es tan antiguo como la especie humana, y lo dicen porque confunden turismo con desplazamiento, es decir, con viaje, una confusión que hay que evitar, como ya aconsejó Pierre P. Defert, por lo que se ve sin demasiado éxito. Por ello, los hombres y las mujeres son capaces de vencer la distancia entre lugares distantes entre sí por muchas dificultades que ello implique. A más dificultades más esfuerzo por resolverlas y a más esfuerzo más perentoria o urgente la necesidad que siente quien está dispuesto a afrontarlas. Dificultades que sin duda fueron persistentes durante millones de años, como todos sabemos, dificultades que fueron siendo aminoradas gracias a los avances de la tecnología en una serie de campos, como creo haber demostrado en El vencimiento de la distancia, primera parte de Autopsia del turismo (www.eumed.net Libros de economía gratis) Si Hunziker no hubiera abandonado la línea de investigación que le aportaba la etimología se habría dado cuenta de que si hablamos de turismo no es sólo porque el hombre consiga vencer la distancia gracias al uso que hace de su aparato locomotor, sino porque, además, desde hace diez o doce mil años surgió la cultura sedentaria (condición necesaria pero no suficiente) y porque miles de años después (unos cinco o seis mil) sintió la picazón de necesidades para cuya satisfacción tenía que desplazarse hasta donde estuvieran los bienes y servicios que las podían satisfacer (condición necesaria y suficiente). Es decir, el hombre y la mujer se empeñaron en vencer la distancia utilizando diferentes medios en continua evolución y mejora (de aquí que los llame facilitadores), hasta llegar a nuestra época, en la que el vencimiento de la distancia se ha hecho tan fácil y barato que es cada vez más masivamente vencida, y lo será aun más en el futuro, en el que nos espera la inquietante promesa, ya realidad balbuciente, de abandonar pasajeramente nuestro querido y maltratado planeta Tierra.

Pero me da la impresión de que Hunziker lo hizo así no por un simple capricho sino porque sus conclusiones no habrían encajado bien en sus no formulados, pero actuantes, preconceptos, preconceptos que no son otros que los que están desde hace bastantes años latentes en el habla ordinaria de la gente, en lo que los hablantes llaman turista y turismo, y también en lo que los tratadistas que le precedieron dieron en llamar turismo y turista. Así que, en efecto, no, el método etimológico no le servía bien a Hunziker para responder a la pregunta de qué es el turismo. Y creyó que no le servía bien porque, con toda seguridad, pensaba que la etimología era una ayuda menos científica que la que le brindaba el método que terminó por aplicar en su investigación, el que seguramente pensaba que estaba basado en la observación de la realidad, siendo así que coincidía plenamente, mire usted por dónde, con el concepto que utilizaron sus predecesores, los cuales, curiosamente, no habían hecho otra cosa que elevar a la categoría de culta la visión vulgar de los hablantes y, a partir de ella, llevar a cabo sus poco afortunados manoseos conceptuales de orden academicista.

Porque el método que decidió emplear Hunziker consiste en hacer un análisis comparativo de cinco casos de viajeros, los que le acompañaban en el mismo departamento del tren expreso que procedente de Zúrich, la ciudad en la que él residía, se dirigía a Berna. Se trataba de cinco viajeros, mejor dicho, seis, si contamos al autor, a los que somete a un prolijo análisis utilizando una serie de notas diferenciadoras, notas que sorprende que Hunziker no se diera cuenta, en primer lugar, de que todas ellas son parte consustancial de la visión conceptual que desarrollaron sus precursores, y, en segundo lugar, de que las saca de su mollera como el prestidigitador los blancos conejos de una negra chistera, y además sin haberse tomado la molestia de habérselas presentado previamente a sus lectores.

Aconsejo al lector, por ello, que lea antes el Anexo, en el que le brindo la posibilidad de conocer los capítulos I y II de la obra en traducción propia, para así ahorrarme la tediosa descripción de cada uno de los viajeros que propone Hunziker, quien analiza creyendo, o tratando de hacer creer, que está haciendo un análisis propiamente científico. Sólo diré que Hunziker destaca que los seis viajeros cuentan con una nota diferencial en común, la de ser forasteros, aunque es obvio que en el tren ninguno de los seis lo son porque “forasteros” es una condición que se adquiere en un lugar concreto. Mientras que los viajeros están en el tren son pasajeros, puesto que forasteros no lo serán hasta que no llegan a la ciudad de Berna. Sorprende, como digo, que Hunziker no lo destacara así y por ello, como mínimo, debemos catalogar su olvido como algo lamentable en quien trataba de ser tenido por sus contemporáneos y por la posteridad como un escrupuloso investigador científico. Se limita a decir que los seis viajeros son forasteros sin especificar en qué ciudad lo son, algo que es imprescindible hacer porque, de lo contrario, el concepto carece de sentido. Los seis, reconoce Hunziker, tienen también en común una nueva nota diferencial, la de que están en movimiento. Es tan obvio que están en movimiento que enseguida salta a la vista, porque, en efecto, los seis se desplazan de una ciudad a otra a bordo de un medio de transporte colectivo, un tren, aunque también lo habrían estado si se hubieran estado desplazando a pie. Por consiguiente, para Hunziker, en los seis viajeros está presente el factor dinámico del concepto que busca, un factor que considera esencial al mismo aunque, repito, antes de decirnos cual es, con lo que descubre sin darse cuenta que está simulando de cara al lector buscar lo que busca. Así mismo, anota Hunziker, los seis pasajeros se han ausentado temporalmente de la ciudad de Zúrich, o lo que es lo mismo, los seis tienen previsto regresar a Zúrich en breve, todos menos uno, el diplomático, que se quedará como residente en Berna, donde desempeñará su misión en la Legación de un país extranjero, como más adelante explica el autor. En los seis viajeros, pues, encuentra el autor lo que considera el otro factor esencial del concepto buscado, e igualmente lo hace antes de encontrarlo, el que llama factor estático porque, como ya hemos visto, cinco de ellos se ausentarán temporalmente de su lugar de residencia, es decir, no estarán en Zúrich, ciudad de la que estarán ausentes hasta que no regresen de su viaje. Entre estos cinco hay uno que viaja a Berna porque trabaja en Berna. Por esta razón, Hunziker no lo incluye en el concepto que busca, el de qué es el turismo, porque éste, dice de nuevo precipitadamente, no es un forastero desde el punto de vista turístico, algo que vuelve a especificar antes de que el lector haya sido advertido de que, a efectos del concepto que está buscando el autor, hay, al parecer, al menos dos clases de forasteros, los que son forasteros a efectos turísticos y los que no son forasteros a tales efectos, lo que supone, repito, adelantar indebidamente y una vez más, el concepto buscado antes de que haya sido encontrado. Pone de manifiesto de nuevo el autor contra su voluntad que su pretendida búsqueda científica del concepto es engañosa y retórica ya que deja traslucir que no busca nada que no tenga ya antes de iniciar la búsqueda. Es decir, que Hunziker encuentra el concepto que dice buscar al margen de la aplicación del método elegido para hacerlo, porque no hay duda de que, como digo, ese concepto ya lo conoce, aunque no como investigador sino como hablante, y también como conocedor de las aportaciones de sus precursores. Dicho de otro modo: Hunziker simuló de forma impresentable, (sí, ya sé que es una valoración muy dura, pero no hay otra), dedicarse científicamente a la búsqueda de un concepto que no necesitaba buscar porque es el mismo que vienen empleando los hablantes de los idiomas usuales, es decir, el vulgo de los países desarrollados, el mismo que ya habían reflejado en sus obras numerosos estudiosos del turismo desde fines del siglo pasado, medio siglo antes de que Hunziker y Krapf escribieran su obra. Hunziker engaña a sus lectores y se engaña a sí mismo porque sorprendentemente concluye, poniendo de manifiesto contra su voluntad, que el concepto científico de turismo que con tanto empeño venía buscando es idéntico al concepto vulgar de turismo. Sólo los viajeros que se ausentan temporalmente de su residencia (factor estático), que, y porque se desplazan en un medio de transporte (factor dinámico), a un lugar en el que serán considerados como forasteros o extranjeros, con una serie de fines implícitos en la visión conceptual de los hablantes, como hacer senderismo, contemplar el paisaje, recibir curas de salud en un balneario o, en definitiva, disfrutar de unas así llamadas merecidas vacaciones, son susceptibles de ser considerados como siendo lo que permiten responder a la inquietante pregunta de qué es el turismo: turistas.

Tan chapucera y anticientífica forma de proceder del ilustre y viejo maestro Hunziker y de su joven ayudante Krapf, constituye la raíz de las profusas e inútiles discusiones bizantinas que tanto se dieron antes y se iban a seguir dando después, durante los años siguientes, discusiones que han llegado casi hasta nuestros días. La búsqueda de las notas diferenciales que necesariamente tenía que tener un viajero para ser considerado como turista ha hecho correr verdaderos ríos de tinta inútiles porque, a la postre, ha habido que entrar en razón y prescindir de todas ellas por la sencilla y palpable razón de que no es posible distinguir a un turista de un viajero, porque ambas palabras no más que dos formas diferentes de referirse a la misma realidad, la de quienes abandonan un lugar para dirigirse a otro por cualquier motivo y que terminarán regresando a su lugar de origen, habida cuenta de que en el lugar o lugares visitados sólo están de paso y han estado en ellos porque habían sentido la necesidad, cualquiera que esta sea, de hacerlo. Como verá el lector, los autores y sus epígonos se toparon con dificultades, tan insalvables como prefabricadas, que les llevaron a la obsesión de las motivaciones, y por mor de ellas tuvieron que recurrir al desesperado expediente de resaltar la ausencia de fines lucrativos en los turistas para diferenciarlos de los viajeros, una vía que llevaría más tarde a los autores de los Gründriss a la consideración de que el turista es la encarnación del paradigma del consumidor, el cual nunca puede ser un productor so pena de perder la tan anhelada consideración de turista, cuando lo cierto es que lo más seguro es que sea consumidor y productor tanto en el lugar de su residencia, aunque sea sólo consumidor en los lugares visitados, por la sencilla razón de que en estos su estancia sólo puede deberse, por definición, al disfrute de unas así llamadas merecidas vacaciones. No contentos con esta exigencia aportaron otra más, la de que sólo ante el viajero que experimenta una pérdida absoluta como consecuencia de su viaje estamos en presencia de un turista. Una nota diferencial en la que se emperraron tanto sus predecesores como sus epígonos, nota a cuya sustanciación los autores de los Gründriss colaboraron decisivamente, cuando tan fácil, clarificador y expedito habría sido reconocer palmariamente que estaban hablando de vacacionistas, término que en el pasado funcionó como sinónimo de turistas. Todo ello fue también producto de su inverosímil insistencia en querer ver el turismo de un modo hagiográfico, tan reñido con la ciencia, es decir, como la industria que está del lado del hombre, como si las demás industrias no lo estuvieran, con lo que terminaron por desorientarse aún más en el laberinto que ellos mismos se fabricaron. No se percataron de que si para ellos el turista era, en efecto, un consumidor lo era, exclusivamente, porque estaban aferrados al preconcepto vulgar de que un turista no es un productor por la sencilla razón de que llamaban turista al vacacionista, practicando así un reduccionismo casuístico del que sólo recientemente se ha conseguido salir aunque no del todo.

Porque pensar, como sostuvo un experto de la OMT en 1993 , que en la conferencia de Ottawa de 1991 se adoptó un nuevo concepto del turismo no es más que una falsa ilusión o un peligroso espejismo, al menos a los efectos de los estudios del turismo, aunque pudiera ser cierto en el orden interno de la OMT. Como tampoco se percataron los autores de la obra que estoy presentando y criticando de que si el turista es el paradigma del consumidor no cabe la menor duda de que, como todo consumidor, demandante de bienes y servicios, lo es en la medida en que con ello se apropia de lo que Marshall llamó excedente del consumidor, magnitud que se mide por la diferencia entre la utilidad que obtiene al consumir la mercancía y la utilidad de la que se desprende al abonar su precio. No resaltar esta evidencia teórica y práctica podría interpretarse, a la luz de la exigencia de que sólo son turistas los viajeros que experimentan un pérdida absoluta, como una forma de afirmar que sólo los países en los que los consumidores adquieren el carácter de turistas se benefician de la venta de bienes y servicios, cuando lo cierto es que si los turistas los demandan es porque también ellos se benefician al consumirlos. Se trata de un principio económico que se cumple en todas las transacciones mercantiles. A lo que cabe añadir que es absolutamente imposible utilizar la condición de consumidor como nota diferencial con la que distinguir a un turista de un viajero porque tanto el turista como el viajero, y como cualquier residente en el lugar de referencia, que son seres vivos necesitados de refaccionar y posar, son, inevitablemente, consumidores de numerosos bienes y servicios, mercancías o no, unas veces porque, como todo consumidor, es un ser biológico y, otras, porque la necesidad de adquirir/consumir ciertos bienes y servicios es lo que desencadena la decisión de su desplazamiento desde el lugar en el que reside al lugar o lugares en los que llevará a cabo el acto de consumir .

Un olvido difícil ciertamente de comprender en un investigador de la talla que se le supone a Hunziker, y en unos años en los que el pensamiento del eximio economista británico Alfred Marshall (1842 – 1924) aun estaba en pleno vigor, a pesar de la irrupción reciente en aquellos años del revolucionario paradigma keynesiano.

Y ya que me refiero a John M. Keynes (1883 – 1946) aprovecho la ocasión para referirme a que, en efecto, Keynes enfatizó el lado de la demanda en el análisis de la económica frente al énfasis que los neoclásicos como Marshall pusieron en el lado de la oferta a la hora de llevar a cabo su análisis, razón por la cual hay quien cree que Hunziker se acogió a la necesidad de estudiar el turismo desde el lado del consumidor porque el consumo es consustancial al estudio del turismo. Nada más fantasioso ni menos acertado. En primer lugar porque Keynes utilizó el lado de la demanda para estudiar la macroeconomía mientras que si los neoclásicos utilizan el lado de la oferta porque ellos estudian la microeconomía. Es cierto que Hunziker y Krapf preferían resaltar la necesidad de ver el turismo desde el turista/consumidor, para lo que se cita la afirmación hunzikeriana de que el hombre está en el centro del turismo, y que así lo defendieron siempre, lo aconsejaron y hasta lo impusieron en sus trabajos posteriores, hasta el punto de que la comunidad internacional de expertos nunca se planteó la opción de estudiar el turismo desde la oferta sin que ello quiera decir que la olvidaran, pero por esa misma decisión es obvio que a la postre estudiaron tanto la oferta como la demanda como magnitudes agregadas, no como un conjunto de actividades productivas objetivamente identificadas. Se ello no debemos deducir que la insistencia en el lado de la demanda por parte de los estudiosos del turismo fuera algo decidido por motivos científicos sino como una imposición aceptada de su análisis desde el hombre como turista y como consumidor. Recordemos que para Hunziker y para Krapf el estudio del turismo es una materia que estaba entre la sociología y la economía, incluso más cerca de la primera que de la segunda. Recordemos también que el rechazo a lo que algunos llaman peyorativamente economicismo es una constante que ha llevado a algunos a la aberración de sostener que no sólo no es competente la economía para investigar el turismo sino que de su aplicación se derivan peligrosos obstáculos que impiden que lleguemos a conocer el turismo en toda su amplitud, es decir, en todas sus supuestas múltiples facetas, correcta y adecuadamente. No. La aplicación del enfoque de la demanda al estudio económico del turismo no obedece a una decisión científica y conscientemente adoptada sino a la naturaleza intrínseca de la visión conceptual propia del paradigma convencional, una visión que se caracteriza por entender el turismo como una actividad que llevan a cabo los seres humanos como tales seres humanos, no como agentes económicos, lo que de hacerlo llevaría a darle, sostenían y sostienen, un tratamiento insoportablemente parcial y, por parcial, erróneo. De aquí que para algunos tratadistas el turismo sea una realidad que siempre hay que encuadrar entre las Humanidades, nunca entre las Ciencias Sociales. Repito: si cuando se estudia el turismo desde la economía se hace con enfoque de demanda (ahora hay quien prefiere decir que se hace con enfoque transversal, como si el adjetivo tuviera algún sentido en el campo de las ciencias sociales) es porque, insisto, parten del consumidor, al que definen como turista en función de su peculiar conducta como viajero, un consumidor sin duda peculiar en función de una serie de notas diferenciales, un sujeto que ha de estar necesariamente presente en la fase de producción ya que de lo contrario no habría turismo, es decir, no tendría lugar la experiencia que busca, por lo que es a partir de él, del consumidor turista por donde llegan a lo que llaman oferta de turismo, lo cual equivale a definir la oferta (el objeto) en función del demandante (el sujeto), un sujeto que para colmo ha venido siendo de una borrascosa e insegura identificación. La oferta en el seno del paradigma convencional del turismo se identifica, pues, subjetivamente, lo cual es una de las más extravagantes singularidades que cultivan los estudiosos del turismo, algo que deriva directamente del pensamiento hunziker-krapfiano pero que ya estaba latente entre sus predecesores.

4. De la multidisciplinariedad a la posdisciplinariedad

Para terminar debo volver a la obra que estoy evaluando. Utilizar como hace Hunziker el análisis de cinco o seis casos de viajeros y buscar así una respuesta a la pregunta de qué es el turismo supone olvidar, como apuntó el sociólogo francés Joffre Dumazedier con toda razón, que el turismo, visto como lo ven los estudiosos ortodoxos que trabajan dentro del paradigma convencional, o es masivo o no es. Hasta el Diccionario de la Real Academia de la Lengua lo admitió (19ª edición) en los significados que da a la voz turismo: por una parte dice que es la afición a hacer viajes por placer y, por otra, que es el conjunto de medios que facilitan la realización de esos viajes. Pero es obvio que si se habla primero de afición y luego de conjunto de medios para la afición es porque, implícitamente, se está admitiendo que sólo si se trata de una afición compartida por un gran número de personas puede haber una respuesta significativa de medios que faciliten la afición. Dicho de otra forma: mientras la demanda de viajes de afición no supere cierto volumen la oferta de medios facilitadores no alcanzará un desarrollo digno de ser tenido en cuenta. Nótese de paso que brilla por su ausencia la más ligera referencia a todo aquello que realmente genera la existencia de la afición a viajar por gusto, todos esos bienes y servicios, mercantiles o no, sin los que no tendrían lugar esos viajes. Son los que he llamado medios incentivadores para distinguirlos de los medios facilitadores, cuyas funciones son muy diferentes. Por consiguiente no tengo más remedio que añadir a las críticas que he hecho antes al método utilizado por Hunziker una más, y es la equivocada pretensión de construir el concepto de turismo basándose en el análisis de seis viajeros. No se daba cuanta el investigador de algo tan elemental y tan esencial a la visión del turismo que profesaban y profesan los expertos: que seis viajeros no pueden hacer turismo, del mismo modo que seis golondrinas no hacen primavera . Y ello sin salirnos de la visión propia del paradigma convencional ya que si de ella nos saliéramos veríamos que la masificación no es inherente al turismo aunque sí lo sea para la viabilidad de las empresas que producen los bienes y servicios que consumen los turistas.

Como creo haber demostrado en Crítica de la economía turística (1991) y en Autopsia del Turismo (2003 y 2007), la evolución seguida por la búsqueda del inquietante concepto de turismo ha sido y sigue siendo tan borrascosa como es por una sencilla razón: porque los expertos que se han dedicado a ello aceptaron y siguen aceptando la noción vulgar no sólo sin haberla sometido previamente a una necesaria crítica sólida y consistente sino que, además, la aceptaron gratuita y alegremente como fundamento de una investigación que pretenden científica sin serlo. La obra de Hunziker y Krapf es considerada generalizadamente, ya lo he dicho, como uno de los más sólidos pilares de la teoría general del turismo que hoy se profesa por la comunidad internacional de expertos, los que no tienen inconveniente en autocalificarse de científicos. La aceptación de un corpus teórico que adolece de incongruencias manifiestas y que presenta numerosas anomalías dentro de sus propias premisas, tan burdas como superables, son algunas de las razones por las que aún se sigue sosteniendo que el turismo es una realidad singular, compleja y no sólo difícil sino, según dicen los expertos, imposible de conocer en toda su magnitud y complejidad, lo cual exige que, como insisten una y otra vez, la investigación deba hacerse con ayuda de absolutamente todas las disciplinas académicas disponibles. Así es como se ha llegado a decir que el turismo ha de ser estudiado multidisciplinarmente, algo que es entendible y hasta incluso tal vez conveniente. Lo que no logro entender es que se proponga que su estudio deba ser interdisciplinar ya que no conozco ninguna disciplina que se encuentre situada entre todas las disciplinas . Pero lo que ya me parece un verdadero disparate es que hayan aparecido recientemente estudiosos que propugnen que el turismo debería ser estudiado posdisciplinarmente . Sinceramente, si no logro saber qué disciplina hay entre las disciplinas capaz de ayudarnos a conocer todas las facetas del turismo, ¿cómo voy a saber qué es lo que hay después de las disciplinas? Permítanme que diga que así es como se llega al más tenebroso de los desbarrancaderos en la construcción del conocimiento de cualquier realidad o parcela de realidad.

¿Estaremos ya instalados a las puertas del posturismo del que algunos ya empiezan a hablar? ¡Quien lo sabe!

Me contaron que uno de los asistentes a un congreso en el que el conocido y eximio turisperito Jafar Jafari, antropólogo de titulación, defendió una ponencia en la que repitió su conocida afirmación de que el turismo ha alcanzado, por fin, recientemente, su anhelada científicación porque cada vez hay más centros, más monografías, más artículos de revista, más congresos y más científicos que lo estudian, le preguntó en el coloquio que siguió si aún lo sostenía a pesar de las críticas que se le han hecho por confundir cantidad con calidad. A lo que el magistral conferenciante respondió que son cuestiones sin relevancia porque lo verdaderamente importante es que sigamos avanzando en el conocimiento (¿?) y en el desarrollo del turismo. Sinceramente, no creo que tal respuesta hubiera sido posible, ni admisible, en el seno de una comunidad de expertos verdaderamente científica. Son precisamente posturas como ésta de Jafari las que me llevan a insistir en la urgente necesidad de que los expertos de lengua española estudien la obra que presento y critico, porque las obras equivocadas enseñan tanto o más que las no equivocadas. Y porque gracias a la obra de Hunziker y Krapf algunos sabemos con claridad meridiana que la labor del investigador tiene que ser más exigente que las de ellos y que deben de huir tanto de los enfoques equivocados como de los métodos inadecuados. Todos los investigadores señeros en las demás materias del conocimiento experimentaron en algún momento de su vida una especie de revelación, lo que Joseph A. Schumpeter llamó una visión precientífica, la que luego pasaron a desarrollar construyendo un corpus teórico por inducción o por deducción. Newton fue uno de los grandes científicos de la historia que tuvo esa visión precientífica de cuyo posterior desarrollo derivaron sus aportaciones a la mecánica. En estos días se ha revelado con cierto detalle la popular anécdota de la manzana, la que hizo pensar al gran físico inglés por qué caen las manzanas maduras de los árboles.

Según ha explicado Rees, el biógrafo de Newton, Stukeley, era amigo suyo y fue testigo de sus reflexiones en torno a la teoría de la gravedad estando ambos sentados bajo la sombra de los manzanos que el científico tenía en el jardín de su casa. En un extracto de su libro La vida de sir Isaac Newton, Stukeley escribió: me dijo [Newton] que había estado en esta misma situación cuando la noción de la gravedad le asaltó la mente. Fue algo ocasionado por la caída de una manzana mientras estaba sentado en actitud contemplativa. ¿Por qué las manzanas siempre descienden perpendicularmente hasta el suelo?, se preguntó a sí mismo. Newton fue, como se sabe, el primer científico que demostró que las leyes naturales que gobiernan el movimiento en la Tierra y las que gobiernan el movimiento de los cuerpos celestes son las mismas y por eso es calificado como el científico más grande de todos los tiempos. Por esta razón se explica que se siga hablando todavía hoy de su obra como de la culminación de la revolución científica que se produjo en el siglo XVIII aunque hoy se encuentre superada.

Lo que acabo de escribir lo he tomado de la noticia difundida por la Agencia EFE para dar a conocer la salida a la luz, procedente de la Royal Society de Londres, del manuscrito original que narra la historia de Newton y de las manzanas. Trato con ello de transmitir, en definitiva, que las aportaciones de Newton, sin duda geniales, se deben no sólo a su inusual inteligencia y a su exquisita preparación sino también, y sobre todo, a su inquebrantable tesón en orden a encontrar una explicación racional de la realidad cotidiana, tres factores que, combinados, le permitieron dar una respuesta científica, es decir, formular una teoría para explicar por qué caen al suelo las manzanas. Newton logró formular la teoría científica que más tiempo ha estado en vigor en toda la historia de la ciencia moderna. Y lo consiguió porque no se conformó con la respuesta vulgar, la de que las manzanas maduras caen al suelo porque cuando maduran pesan más que cuando están verdes. ¿Qué pesan más?, se preguntaría sir Isaac. ¿Y qué es pesar? Muchos fueron los que antes vieron caer al suelo las manzanas maduras y bastantes debieron de pensar que era porque pesaban, pero sólo Newton supo explicarlo sin atenerse al saber popular y de forma que nada tiene en común con el pensamiento del vulgo.

No fue, desde luego, este el caso de Walter Hunziker y Kurt Krapf. Que se sepa los suizos no tuvieron esa seminal visión precientífica que alumbró el quehacer de Isaac Newton como científico. Estaban demasiado pegados a la visión del turismo de sus predecesores, como sus predecesores lo estaban a la visión vulgar, y por ello no sintieron la necesidad de cuestionarla sino que la aceptaron acríticamente y por ello cometieron el error de utilizarla como soporte de todo un corpus al que le dieron la forma de teoría científica sin serlo. Por eso no podemos incluir sus aportaciones al conocimiento del turismo entre las formulaciones teóricas geniales. Ni siquiera merecen el nombre de teorías. Se limitaron a trabajar sobre la noción aportada por el vulgo y trabajaron con ella con la modesta y roma dedicación de unos afanosos recopiladores. Pero así no es como se hacen aportaciones capaces de dar un vuelco copernicano a la herencia conceptual recibida. Se limitaron, como se dedican los lingüistas del DRAE, a fijar, pulir y dar esplendor a la herencia, no a hacer aportaciones científicamente sólidas. La tarea sigue, pues, esperando a que algún día llegue el genio que tenga la visión precientífica adecuada y el tesón necesario para desarrollarla. La visión científica del turismo sigue aún en del salón en el ángulo oscuro, como el arpa del poeta romántico sevillano Gustavo Adolfo Bécquer, esperando la mente poderosa y científica, individual o colectiva, que sepa encontrarla. Pero para ello tendría que empezar haciendo una crítica en regla del paradigma convencional, el paradigma que nos dejaron Hunziker y Krapf , el mismo que tan bizarra y cerradamente defiende esa a modo de iglesia aparentemente bicéfala, pero que funciona como unicéfala, formada por la AIEST, organismo de derecho privado con sede en Saint Gallen (CH), que encarna el poder académico, y la OMT, organismo de derecho público con sede en Madrid (E), que, a su vez, encarna el poder político y el económico, ambos organismos con vocación y ámbito internacional.

5. Coda

Me adelanto a la posibilidad de que algún lector pueda sospechar que soy una pobre víctima del llamado síndrome de Copérnico, el que sufren los que se creen en posesión de una verdad que todo el mundo rechaza (en este caso los seguidores del paradigma cimentado por Hunziker y Krapf), verdad que podría modificar radicalmente el futuro de la humanidad (en este caso, el paradigma convencional) Si se diera el caso de que algún lector sospechara que yo sufro tal padecimiento debo aclararles que no, que no me creo en posesión de ninguna verdad capaz de modificar el citado paradigma. Tan sólo aspiro a que mis pares consigan percatarse, cuanto antes mejor, de las graves anomalías científicas y hasta de las abultadas incongruencias lógicas que lastran la literatura que se hace del turismo en todos los países del mundo desde hace al menos un siglo, una literatura por cuyo sistema arterial, todavía básicamente hunziker-krapfiano, circula una sangre plagada de elementos extraños a la ciencia, que son los que están obstaculizando que se logre su urgente y necesaria científicación.

ANEXO

PRÓLOGO, ÍNDICE Y CAPÍTULOS I y II

DE LA OBRA

FUNDAMENTOS DE LA DOCTRINA GENERAL DEL TURISMO

(GRÜNDRISS DER ALLGEMEINE FREMDENVERKEHRSLEHRE)

por

Walter Hunziker

Director del

Schweizerischen Fremdenverkehrsverbandes

y

Kurt Krapf

Jefe del

Departamento de economía y sociología del

Schweizerischen Fremdenverkehrsverbandes

Ambos de la

Handels-Hoschule in Saint Gallen (Berna, Suiza)

Polygrasphischer Verlag A. G. ; Zurich, 1942

(Traducción del alemán y notas por Francisco Muñoz de Escalona)

PRÓLOGO

En una primera consideración puede parecer una equivocación o tal vez algo inoportuno que en unos momentos como los actuales demos a la luz una obra como la presente, aunque también podría ocurrir que sean precísamente las complejas relaciones que el mundo está viviendo las que bien pudieran ayudar a que conozcamos en toda su profundidad el significado del turismo. Como escribió Dante, “¡Non c’e piú gran dolore che ricordarsi del tempo felice nella miseria!”, unas palabras bajo cuyo auspicio podríamos darnos cuenta del papel que juega el turismo en la sociedad y en la economía de un país cuando se encuentra viviendo en condiciones de normalidad. Del mismo modo, podríamos percatarnos de la necesidad que tenemos de prestarle la atención y el cuidado que se merece el día que el mundo viva de nuevo en paz. Pero debe quedar muy claro que solo conseguiremos este objetivo si somos capaces de fijar con claridad las líneas a seguir, algo que solo será posible a su vez si logramos disponer de un planteamiento acerado de los aspectos conceptuales y teóricos del turismo. Sin embargo, el problema es el gran vacío que en este sentido padece esta materia. El panorama bibliográfico pone de manifiesto la generalización de muy graves deficiencias. Por esta razón, en este preciso momento la primera línea de actuación no puede ser otra que la de recomponer las relaciones pacíficas imprescindibles para construir unos fundamentos conceptuales sólidos desde los cuales construir un corpus teórico claro y preciso. Este es precisamente el fin que pretende alcanzar este libro, el cual se propone atender no solo los aspectos teóricos sino también los prácticos. Este libro, pues, se propone ofrecer una introducción a esta compleja materia que sirva como punto de partida para poder acometer estudios más avanzados. La práctica requiere disponer de una comprehensiva visión de la realidad y por ello el libro se propone explicar, justificar y profundizar científicamente en el turismo a fin de poder valorarlo y legitimarlo como se merece.

Se trata de construir una completa doctrina del turismo en base a los siguientes elementos:

- Generalidades del turismo

- Historia del turismo

- Estadísticas del turismo

- Concepto de empresas turísticas

Con ellos pretendemos ofrecer en este libro los fundamentos de la doctrina general del turismo, siendo su cometido desentrañar tanto la esencia como las funciones del fenómeno turístico, esto es, formular su concepto y exponer los diferentes puntos de vista desde los que debe estudiarse.

En la primera parte del libro se estudian los aspectos fundamentales del turismo a fin de mostrar sus características y sus efectos así como delimitarlo conceptualmente y determinar los factores personales subyacentes, su ordenación externa y sus aspectos institucionales.

En la segunda parte, el libro se ocupa de estudiar las funciones que cumple el turismo y los factores que influyen en el turismo condicionando su esencia.

El libro pretende ser también un manual o compendio aunque no se propone ser exhaustivo sino tan solo establecer los fundamentos que permiten conocer en todo momento las líneas correctas que deben seguirse para construir y desarrollar la materia. Por un lado, la exposición aporta hechos y los ilustra con datos; por otro, los sitúa en un marco adecuadamente delimitado sin traspasarlo y al mismo tiempo en unas circunstancias concretas ya que el libro trata especialmente la realidad suiza.

La exposición practica una primera mirada algo sorprendente y quizás incluso extraña. Los autores viven en un país en el que creen sinceramente y por esta razón se expresan con viveza y entusiasmo. Defienden con el Prof. W. Röpke (Die Lehre von der Wirtschaft, Viena 1937) la opinión de que un libro de este tipo no tiene por qué ser escrito con mal humor ni en un estilo árido para cumplir su objetivo científico y pedagógico y por eso se han esforzado en evitar frases excesivamente largas y expresiones rebuscadas y, sobre todo, han tratado de ser claros sin por ello sacrificar el correcto significado de las ideas.

Berna, marzo, 1942

INDICE

Primera parte: Fundamentos

Capítulo I: ¿Qué es el turismo?

1. Concepto

2. Formas

3. Tratamiento científico

Capítulo II: En el centro, el ser humano

1. Especificidad del turismo

2. El ser humano como objeto de la estadística

a) En fronteras

b) En lugares de destino

Capítulo III: Los fundamentos del turismo

(Objeto e instituciones)

1. Concepto

2. Destino turístico

3. Empresas propiamente turísticas

a) Establecimientos de hospitalidad

• El hospedaje en general

• La hotelería en particular

• Los centros de formación profesional

b) Empresas de transporte

• Los servicios ferroviarios

• Los servicios de autobuses

• Automóviles de turismo

• Los servicios aéreos

c) Empresas de artículos especiales

• Utensilios de viaje y artículos de deporte

• Tornaviajes

• Guías – libro de turismo

d) Comercios especiales

e) Empresas de servicios especiales

• Agencias de viajes

• Guías de turismo, guías alpinos y monitores de deportes

• Aseguradoras de turistas

4. Empresas indirectamente turísticas

a) Los medios de transporte

• El medio ferroviario

• El medio carretero

• El medio aéreo

b) Los servicios de hospitalidad

c) Otras empresas

Segunda parte: Funciones

Capítulo IV: Turismo y salud

1. Alojamiento y recreo en la Naturaleza

2. El factor salud en el turismo

a) Centros de salud

b) Aguas y baños termales

• Fuentes de aguas termales

• Baños en aguas termales

c) El turismo y el clima como factor de salud

• La climatología

• La climatoterapia

• Los deportes de invierno

d) Medicina y turismo

3. Deporte, turismo y salud

Capítulo V: Tecnología y turismo

1. Tecnología del transporte

a) Características del transporte

• Cantidad y calidad

• Evolución

• Descentralización

• Normalización

b) Transporte por carretera

• Las carreteras como infraestructuras en sentido estricto

• La motorización del turismo

c) Transporte por ferrocarril

d) Transporte aéreo

2. Intermediarios de viajes

• La organización de viajes

• Los viajes organizados

3. Tecnología de hospitalidad

Capítulo VI: Cultura y turismo

1. Dependencia mutua

2. Evolución de las señas de identidad

3. Turismo y formación de cultura

a) Religión

b) Política

c) Arte

d) Ciencia

Capítulo VII: Turismo y sociedad

1. Reivindicación de vacaciones remuneradas

2. Turismo y nivel de renta

3. La política social y el turismo

a) Organizaciones patronales

b) Organizaciones de trabajadores

c) Instituciones gubernamentales

d) Economía del transporte

Capítulo VIII: Política y turismo

1. El turismo como instrumento para la paz marco para la fraternidad

entre los pueblos

a) Formas y sistemas políticos

b) El turismo como instrumento de la política

2. El turismo como demostración de relaciones internacionales pacíficas

y como medio contra la guerra

a) Efectos de las relaciones internacionales pacíficas

b) El turismo y la guerra

3. Las llegadas de extranjeros y la política aduanera en Suiza

a) Antes de la guerra de 1914 – 18

b) En la posguerra de 1914 – 18

c) Desde el estallido de la guerra de 1939

Capítulo IX: El turismo como categoría económica

1. Limitaciones y situación del punto de vista económico

2. La formación del precio en el turismo

a) La demanda turística

• Características

• Curva de demanda

• Lo irracional como factor de la demanda

• El nivel de renta como determinante de la demanda

• La formación de la demanda

b) La oferta turística

• Características

• Curva de oferta

• La estructura de costes del turismo en general

• La estructura de costes de los medios de transportes

• La estructura de costes de los medios de hospitalidad

c) La formación del precio

• El nivel de renta como determinante del precio

• El precio como determinante del coste

• La formación del precio en los medios de transportes turísticos en general

• La formación del precio en los ferrocarriles

• La formación del precio en los alojamientos

• Los precios concertados

• Los precios dirigidos

3. El turismo y la balanza de pagos

a) El turismo desde la economía relacionada con el exterior

b) Tratamiento del turismo en la balanza de pagos

c) La balanza de pagos en cifras

4. El turismo y la política económica exterior

a) Las características del proteccionismo

b) El turismo en los tratados internacionales y como objeto de compensación

c) Los acuerdos internacionales sobre viajes de Suiza

5. El turismo en el contexto de la política económica interior

a) El turismo de los residentes

b) Los factores capital y trabajo

• El inventario turístico

• Legadas y salidas

Gastos de estancia

Viajes a países limítrofes

Costes del viaje

• El turismo como oferente de puestos de trabajo

6. La coyuntura como amenaza turística

7. La política económica del turismo

a) Aspectos teóricos

b) La organización pública del turismo

c) Efectos del intervencionismo estatal en el turismo

8. La publicidad

Primera parte: Fundamentos

Capítulo I: ¿Qué es el turismo?

1. Concepto

No es algo carente de interés constatar que fremd es una voz que se deriva de la partícula fram (en gótico, framosis, en antiguo alemán framadis y en alemán medieval vremede) usada para referirse a la persona que es diferente porque procede de algún lugar distante. Sin embargo, su combinación con Verkehr no ayuda a explicar el concepto que encierra el vocablo alemán Fremdenverkehr. A la voz Verkehr se usa en sentido amplio con el significado del conjunto de relaciones que tiene lugar entre dos personas, pero también, y de un modo más preciso, se le podría dar el sentido de superación o vencimiento del obstáculo de la distancia territorial con ayuda de algún medio apropiado . Ambos significados resultan bastante arbitrarios y por consiguiente inapropiados para esclarecer el complejo concepto de turismo, tal y como se presenta a simple vista. Compararlo con los vocablos usados en otros idiomas (tourisme en francés; turismo en italiano; tourism movement en inglés) resulta un procedimiento igualmente estéril. Por esta razón, también se abandona este poco provechoso método para tratar de buscar la explicación de un modo empírico indagando en una reciente experiencia vacacional:

A) Un día, por la mañana temprano, emprendí un viaje en un tren rápido desde la ciudad de Zurich en la que vivo a la ciudad de Berna, en la que trabajo. En el mismo departamento viajaban cuatro amigos míos. “A donde va tan temprano”, me preguntó mi amigo A. “Como de costumbre, voy a Berna a trabajar, comeré allí y, por la tarde, regresaré a mi casa”, le contesté. Mi amigo B, que es agregado en una embajada extranjera, llevaba un voluminoso equipaje. Venía de su país para incorporarse a su puesto de trabajo en Berna. Mi amigo C viajaba con su hijo, un chico de corta edad, y llevaba a la espalda una mochila llena de cosas. “Pues nosotros vamos a drug, dijo, le enseñaré a mi hijo las ciudades de Habsburg y Vindonissa. Trataremos de llegar caminando tan lejos como podamos, luego tomaremos de nuevo el tren y regresaremos a casa al atardecer”. Mi amigo D, un viajante de comercio que representa a una empresa de Berna, dijo que él tenía muchas cosas que hacer en esa ciudad y que por esta razón tendría que pasar la noche allí para regresar a Zurich el día siguiente en un tren rápido que salía de madrugada. En lo que a mí respecta comenté que realizaría en Berna algunas gestiones relacionadas con mi trabajo y que, cuando terminara, tenía pensado reunirme con un hermano que vive en Berna para pasar el día en agradable charla. Cuando llegara la noche me alojaría en un hotel y, al día siguiente, abandonaría la ciudad de Berna para iniciar un viaje de vacaciones.

Al analizar cada uno de los casos que acabo de citar trato de recordar sus características esenciales respectivas con la intención de averiguar cual o cuales de ellos puedo o no considerarlos como turismo con plena seguridad porque constituyen una relación dinámica, es decir, un desplazamiento o transporte mecanizado llena de satisfacciones equiparables. Los seis viajeros, incluyendo al niño, viajan en el mismo compartimento del mismo tren por lo que se desplazan de la misma forma y manera hacia sus respectivos destinos con un desplazamiento idéntico que puede ser caracterizado como transporte de personas. En sentido técnico ferroviario ellos son considerados como viajeros pero sin especificar a qué clase de transporte de viajeros pertenecen. Si destacamos como relevante el factor esporádico o no regular, es decir, lo que podemos considerar como acto único y no repetido, hay que excluir del turismo al amigo A ya que él sus desplazamientos entre la ciudad donde reside y la ciudad en la que trabaja son regulares puesto que se desplaza diariamente. Por esta razón ni siquiera hay que tener claro el concepto de turismo para entender que, a pesar de que el desplazamiento de A implica dinamismo o movimiento y de que se hace en un medio de transporte de viajeros, ha de quedar excluido del concepto de turismo puesto que es un viaje regular que se hace por motivo de trabajo.

Si estudiamos la realidad desde el punto de vista estático tenemos que practicar una nueva exclusión o, mejor dicho, tenemos que realizar la primera distinción obligada ya que, desde el punto de vista citado, se pone de manifiesto que la estancia en Berna es formalmente común a todos los viajeros pero también se evidencia que entre las diferentes estancias se aprecian diferencias en cuanto al carácter de las mismas. El amigo B, el diplomático, tiene en Berna su lugar de trabajo aunque se trate de un extranjero. A pesar de su nacionalidad el conjunto de sus relaciones es similar al de la población residente. Por ello hay que admitir que su estancia en Berna tiene la misma finalidad que la de A, trabajar. Si a esto le añadimos el factor ordinario, es decir, el hecho de que ambos se asemejan a cualquiera de los residentes en Berna tanto en sus relaciones como en su vida diaria, habrá que admitir que ninguno de los dos entra en el concepto de turismo. Dicho de otro modo, los miembros de las representaciones diplomáticas o consulares no son turistas. Pero, ¿y el amigo D, el viajante de comercio? A diferencia de los casos de A y Be, su estancia en Berna sí es transitoria o pasajera. Sus relaciones con los residentes en Berna son en gran parte semejantes a las de los forasteros y, a pesar de ello, debemos tener dudas a la hora de decidir si hay que incluirlo o no en el concepto de turismo. Como en los casos de A y B, también D lleva a cabo en Berna una actividad profesional, lo cual es sin duda un aspecto de indudable importancia y es por esta razón por la que debemos excluirlo también a él y por las mismas razones que excluimos a los anteriores. Al mismo tiempo debemos reconocer que el turismo, tal y como viene siendo entendido en sentido vulgar, tiene carácter consuntivo cuando lo cierto es que el viajante de comercio tiene un carácter productivo. Por consiguiente, en teoría no debemos incluirlo en el concepto de turismo a pesar de que en la práctica no se diferencia de un turista puesto que tanto por el desplazamiento (elemento dinámico o de movimiento) como por la estancia (elemento estático) presenta aspectos consuntivos que son difíciles de separar de los aspectos productivos. Por ello, en qué proporción participan ambos elementos es imposible de determinar en la práctica. Incluso yo mismo, como viajero, me considero un ejemplo clarísimo de los que estoy diciendo puesto que durante mi estancia en Berna mezclé actividades de trabajo con actividades vacacionales, a pesar de lo cual seré considerado un turista en la medida en que mi viaje tuvo carácter esporádico y mi estancia en Berna fue en este caso pasajera o transitoria, y, además, las relaciones que desarrollé durante mi estancia son similares a las que tienen los forasteros que son solo consumidores y diferentes a quienes realizan actividades profesionales. Lo mismo se puede decir del amigo C y de su hijo, incluso en su caso con mayor propiedad en la medida en que son ellos los típicos turistas, para cuya consideración no tiene relevancia alguna el hecho de que hicieran una parte de la excursión en tren y otra andando.

La característica absolutamente esencial del turismo radica, por tanto, en la estancia y ante todo en las relaciones especiales que tienen lugar durante ella. El turismo se caracteriza tanto por su orientación externa y sus aspectos formales como por la estancia en lugares distantes con tal de que dicha estancia no sea permanente ni dé lugar a alguna actividad profesional sea esta permanente o pasajera. El concepto de turismo contiene, pues, un elemento o factor de cambio de localidad, una dimensión dinámica o de movimiento, así como un elemento o factor de estancia en ella, una dimensión estática. ¿Se capta así la esencia del concepto de turismo? En absoluto. Y esta es la razón por la que tenemos que seguir indagando para encontrar las demás características del turismo. Para ello me seguiré sirviendo del ejemplo que me ofrece mi última experiencia vacacional:

B) Terminadas mis actividades profesionales en Berna tomé de nuevo el tren para viajar a Lenk im Simmental pasando por Spiez y Zwisimmen, ciudad esta última en la que me alojé en un hotel. En el último trayecto del viaje se sentó, frente a mi, un matrimonio compuesto por un hombre y una mujer de avanzada edad que iba como yo a tomar las aguas medicinales en el balneario de Lenk para combatir sus achaques. Los demás ocupantes de mi compartimiento eran varios jóvenes deportistas pertrechados con mochilas, cuerdas y piquetas que, como yo, miraban embelesados las nevadas cumbres que sobresalían de los densos bosques.

Curación, descanso, deporte: trinidad que permanece aun hoy en mi mente como recuerdo de mis vacaciones, una trinidad de motivos que está ligada sin ningún género de dudas al concepto de turismo hasta el punto de que en muchísimas ocasiones se identifican con él . En todo caso, el turismo se ha desarrollado porque es un valioso medio de salud. En la definición del concepto, por consiguiente, no se debe olvidar que la curación y el descanso son dos motivaciones que forman parte de su esencia y que, tanto en su configuración como en sus manifestaciones se orienta claramente hacia las mencionadas motivaciones. No obstante, a pesar de todo lo dicho, puede darme cuenta de que, gracias a mi experiencia vacacional, en el concepto del turismo hay además otros aspectos:

C) Mientras hojeaba relajadamente una revista de viajes que encontré en el vestíbulo del hotel tuve la oportunidad de encontrar información sobre las posibilidades que tenía de viajar a los numerosos lugares vacacionales y turísticos que ofrecen los modernos medios de transporte de viajeros y de alojamientos disponibles para disfrutar de maravillosos paisajes en algún lejano valle al pie de las montañas. Me bastó echar una mirada a mi alrededor para darme cuenta del maravilloso lugar en el que me encontraba.

Recordando esta experiencia me voy aproximando a la conclusión de que no es posible entender el turismo desde un punto de vista conceptual y teórico sin conceder a los elementos técnicos que lo hacen posible el papel que les corresponde. La situación de la técnica y sus avances son decisivos en el turismo y este a su vez es decisivo para el avance de la tecnología del transporte. Dicho de otro modo: la tecnología forma parte consustancial del turismo . Pero mi experiencia vacacional aun me permitió darme cuenta de algo más:

D) En la pérgola del jardín público del balneario asistí al concierto vespertino. Allí se oía conversaciones en diferentes idiomas. En el velador próximo al mío encomiaban la experiencia de una excursión hecha para contemplar los tesoros artísticos de de Italia. El eficiente personal de servicio, cuyos rasgos evidenciaban que eran residentes en la localidad, se desvivía para satisfacer los deseos de los clientes expresándose con no menor perfección en diferentes idiomas. La escena tenía un evidente carácter cultural.

La escena descrita indica que lo cultural es un nuevo factor a destacar en el turismo. La frase célebre: ¡Sin técnica no hay turismo! se puede cambiar aquí con no menos sentido por esta otra: ¡Sin cultura no hay turismo! Ambas frases se refuerzan mutuamente. La función que la cultura cumple en el turismo tiene tanta importancia como la influencia que el turismo tiene en el desarrollo del nivel cultural. La cultura perteneció y pertenece a la esencia del turismo por lo que su definición conceptual será incompleta si no se tiene debidamente en cuenta en ella su presencia.

Mi estancia en Lenk me sirvió también, de alguna forma, para darme cuenta de que hay nuevos elementos que juegan su papel en la definición del concepto de turismo:

E) Una mañana fui a visitar la feria que celebraba la Asociación Relojera Suiza. En la puerta del hermoso y cuidado edificio había un bullicioso grupo de niños jugando y haciendo travesuras. Un viejo inquilino del edificio, perteneciente a la clase trabajadora, con quien tuve oportunidad de conversar estaba convencido de que lo simplemente atractivo no es suficiente para que haya visitantes. En su opinión, la organización de la feria, de la que formaba parte, tenía que ofrecer a quienes visitaban aquella magnífica ciudad unos precios tan favorables que les permitieran hacer ahorros al mismo tiempo que descansaban del duro trabajo.

Fue de esta forma tan sencilla como contundente como llegué a la convicción de la influencia que los factores sociales y políticos tienen en el turismo. Al mismo tiempo caí en la cuenta de que es esto precisamente lo que ha llevado a los países a poner en marcha planes de desarrollo del turismo que son de gran interés para la clase trabajadora y de que estos planes se realicen por medio de organizaciones como “Krapf durch Fraude” (Fuerza con Alegría) en Alemania y “Dopolavoro - Aktion” (Descanso y Acción) en Italia. El turismo moderno refleja marcados contenidos sociales y políticos los cuales forman parte de su esencia por lo que no deben ser olvidados en la definición del concepto. La estancia en Lenk me sirvió también para darme cuenta de la existencia de otro factor fundamental para la definición del concepto de turismo:

F) Un suizo residente en Alemania me expuso con mucho énfasis los obstáculos que tenía que vencer para poder visitar su patria. El problema de conseguir divisas lo había resuelto con cierta rapidez gracias a los acuerdos de compensación de pagos (clearing) entre los gobiernos de Suiza y Alemania en los que se incluyeron los viajes. Estos acuerdos fijan un contingente de viajes a Suiza para los suizos residentes en Alemania que dispusieran de medios de pago suficientes y que utilizaran los servicios de la oficina de viajes suiza en Berlín. La formalidades para obtener la visa del pasaporte fue un obstáculo más difícil de salvar, no solo para entrar en Suiza sino, sobre todo, para regresar a Alemania.

La política, entendida como razón de Estado, juega aquí ciertamente un importante papel puesto que se manifiesta en un estricto control de las entradas y las salidas de los viajeros para lo que se manejan consideraciones de orden policial y militar, sin olvidar la importancia que para el gobierno suizo tienen las divisas procedentes de Alemania, cuya obtención mitiga los problemas que obstaculizan las visitas a su patria de los suizos que residen en Alemania. De aquí que haya que tener en cuenta, también, la significación del turismo entre las medidas de un gobierno y en la formación de la voluntad política ya que es evidente hasta qué punto las circunstancias políticas afectan al turismo. El factor político, por tanto, condiciona al turismo. Pero, fue al final de mi estancia en Lenk cuando me percaté de la existencia de un nuevo factor que ha de ser tenido en cuenta a la hora de definir el concepto de turismo. Lo expongo en último lugar a pesar de en muchas ocasiones constituye el fundamento del turismo. Mi experiencia vacacional me puso de manifiesto lo siguiente:

G) Me encuentro ante la caja del hotel para pagar la factura con lo que queda en mi ya exangüe cartera. Junto a mí está el suizo residente en Alemania para hacer lo mismo que yo, pero con la diferencia de que lo hizo con divisas adquiridas al amparo del convenio germano suizo de compensación de pagos.

La naturaleza económica de hecho que acabo de exponer es evidente , lo que me lleva a interesarme por un lado por el turismo en su conjunto y por otro por la formación del precio y de la renta (en el turismo), algo que tiene que ver con la visita del suizo residente en Alemania ya que concierne a la política económica exterior. Son tan evidentes las relaciones de este tipo que se podría decir que el turismo es de naturaleza económica, pero la presencia de los demás factores demuestra que sería erróneo y sesgado concebirlo así. Aunque lo económico juega siempre un destacado papel en la esencia y en concepto del turismo, un juicio generalizado que hay que admitir pero sin caer en su peligro.

Una vez realizado este completo análisis del concepto, en sí mismo y de su evolución, algo que era completamente ineludible por tratarse de un fenómeno que, aunque aun tiene una corta vida, está experimentando fuertes y continuos cambios, ha quedado claro que una de sus principales características es que tiene varias facetas. Por esta razón, nunca puede decirse que el turismo es un hecho exclusivamente económico, ni siquiera que es simplemente transporte, ni siquiera transporte de personas en el sentido de existencia y utilización de los medios que facilitan las relaciones entre personas espacialmente separadas, como tampoco se puede decir que sea un conjunto de relaciones ya que no se agota en ellas puesto que exige la presencia de forasteros, es decir, su estanca en el lugar, lo que es el núcleo esencial de lo que llamamos proceso de transporte o desplazamiento de un lugar a otro tomando aquí tales conceptos en su más amplia acepción.

Por tanto podemos decir que turismo es el conjunto de relaciones y fenómenos que tienen lugar durante la estancia de forasteros siempre que no dé lugar a radicación para desarrollar actividades lucrativas importantes permanentes o pasajeras.

Como se da por supuesto que se trata de relaciones pacíficas este aspecto no es preciso destacarlo en la definición. La forasteridad no se concibe sin que tenga lugar un conjunto de relaciones con los residentes del lugar. Lógicamente, los viajes realizados en medios aéreos y en cruceros marítimos entran dentro del concepto de turismo, lo mismo que el auto camping que se practica en algunos países en tiendas tipo igloo. Por consiguiente se incluyen todas modalidades del turismo moderno que hemos examinado a pesar de que algunas de ellas no conduzcan a entrar en contacto con los residentes sino solo con lugares distantes.

El gráfico que sigue refleja el turismo – entendido en sentido amplio como desplazamiento de un lugar a otro – y sus diferentes facetas interrelacionadas.

Salud Pública Técnica

TURISMO

Economía (desplazamiento) Cultura

Política Sociedad

El gráfico refleja la forma de ese conocido cristal cuyas múltiples y brillantes facetas alumbran y son alumbradas por un todo esplendente

2. Formas

A causa de la gran especificidad y de los continuos cambios de forma, cualquier clasificación del turismo corre el peligro de ser arbitraria en sí misma. Una validez general solo tiene la diferenciación del turismo basada en el desplazamiento bajo la consideración de tres grandes grupos de motivaciones o tareas a cumplir: obligaciones ineludibles, compromisos sociales y asuntos personales o autónomos. A partir de ellos se propone la siguiente clasificación :

A. Turismo en cumplimiento de obligaciones ineludibles:

I. Desplazamientos de emigración (evasión del peligro)

II. Desplazamientos de salud (Visitas médicas, termalismo y viajes de

recuperación de la forma física)

III. Desplazamientos por compromisos obligados (viajes por estatus

social, de reuniones y congresos, de tiendas, de negocios y de

trabajo)

B. Turismo en cumplimiento de compromisos sociales:

I. Viajes de novios

II. Viajes para visitar a familiares

C. Turismo por satisfacción de deseos autónomos:

I. Desplazamientos por gusto (viajes de aventura, para visitas

médicas, por cuidado personal, de cumpleaños, de camaradería y de

visitas al lugar de origen)

II. Desplazamientos por estudio y formación profesional (viajes de

búsqueda, de conocimiento de lugares aun no conocidos, de

estudio y de formación profesional)

III. Desplazamientos de orientación religiosa (peregrinaciones y

viajes en misión evangelizadora)

Normalmente, las diferenciaciones citadas justifican que pueda clasificarse el turismo de acuerdo con las siguientes características:

1. según la duración de las estancias (viajes de paso, de fin de semana, de corta duración, por un lado, y de larga duración, por otra)

2. según la estación del año (viajes en invierno, en primavera, en verano y en otoño, así como turismo estacional)

3. según el origen (turismo de entrada, turismo de salida)

4. según el efecto en la balanza de pagos (turismo activo o positivo, turismo pasivo o negativo)

5. según la cantidad de viajeros (turismo individual, turismo colectivo, turismo masivo)

6. según la participación de empresa especializada (turismo organizado, turismo por libre)

3. Tratamiento científico

Dicho de forma negativa se puede decir con respecto a la definición conceptual que la doctrina del turismo no puede ser estudiada por la ciencia económica debido a que, por su complejidad conceptual y aparencial, es de naturaleza extra económica y por tanto ajena a la teoría económica, motivo por el cual la economía no puede entenderla ni explicarla. La doctrina del turismo es por sí misma una doctrina de relaciones y puede considerarse como un apartado especial de la ciencia de las relaciones y por esta razón está siempre está más cerca de la sociología que de la economía.

Por consiguiente, de acuerdo con lo dicho, se puede aspirar a que la doctrina del turismo sea objeto de un tratamiento económico aunque de un modo especial. En estudio de la doctrina del turismo debe hacerse por medio de la aplicación de diferentes disciplinas científicas , las cuales deben ser aplicadas organizadamente si se quiere interpretar y explicar correctamente un fenómeno tan singular. Entre tales disciplinas científicas se encuentran, además de la sociología y la economía, la psicología, la medicina (especialmente la balnearioterapia, y la climatoterapia) la geografía, la meteorología, la ingeniería y la historia (la cual, como historia del turismo, puede ser considerada como asociada a la doctrina del turismo y como una ciencia auxiliar de gran valor para el estudio de la doctrina general del turismo)

A pesar de estas características y de las reservas indicadas llegue a hacerse en la práctica, nunca , por cuestiones de principio, es recomendable ni conveniente incluir la doctrina del turismo en la teoría económica ya que lo desaconseja el hecho de que dicha doctrina es muy amplia y su tratamiento a través de la metodología económica exclusivamente no es indicado. En relaciones locales concretas hay razones prácticas por las que se puede tratar la formación de los trabajadores de las empresas o de las instituciones turísticas aplicando criterios económicos, pero en los demás aspectos el turismo se puede tratar, aunque siempre con las restricciones obligadas, con la teoría y la política económicas. No solo las teorías del valor y de la producción, también las de la circulación y la distribución son perfectamente utilizables para su más eficaz conocimiento; deben mencionarse también las teorías de la coyuntura y de la localización. También la teoría de la renta es aplicable al turismo, pues los factores inmateriales de producción, en el sentido de “la producción terciaria” , juegan un destacado papel cuyo peso puede llegar a ser especialmente importante. Pero la dificultad de este tratamiento reside en el peligro de una unilateral y por tanto incorrecta aplicación de la teoría económica incluyendo la política económica y la teoría de la empresa, lo cual lleva a la realización de análisis de las posibilidades y ventajas solo desde el punto de vista de lo económico .

En la doctrina general del turismo hay que destacar la importante teoría de las funciones, es decir, la teoría de las influencias y los efectos recíprocos de la sanidad, la tecnología, las cuestiones sociales, la política y la economía en el turismo. Solo dicha teoría permite tener en cuenta las múltiples relaciones que tanta importancia tienen en el turismo, formular su concepto y conocer su naturaleza. También permite el correcto empleo de los medios auxiliares indispensables para su estudio de las disciplinas económicas adecuadas para conseguirlo.

Obras de lectura recomendada

1. Introducción y aspectos generales

La bibliografía del turismo es muy abundante en aspectos parciales pero no en sus aspectos generales, aunque su carácter y su significación toman fuerzas en este momento y por esta razón podría llegar a ser más proporcionada en el futuro con la aportación de nuevos datos. Para introducirse en su estudio y como visión panorámica podrían consultarse las siguientes obras y escritos:

Bertarelli, M: Turismo, Enciclopedia italiana, tomo XXXIV

Bormann, A: Die Lehre vom Fremdenverkehr, Berlín, 1931

Glücksmann, R: Fremdenverkehrskunde, Berna, 1935

Gölden, H: Strukturwandlungen des sschweizerischen Fremdenverkehrs 1890 – 1935, Zurich, 1939

Hunziker, W: Artículo “Fremdenverkehr” en Handbuch der Publikationen des Ssweizerischen Fremdenverkehrsbandes, Berna, 1939

Mariotti, A: L’industria del forsatiere in Italia, Bolonia, 1923

Lezioni di economia turistica per gli studenti della Facoltà di Scienze Politiche della U. di Roma, Roma, 1928

L’importanza economica del turismo, Florencia, 1931

Corso di economia turistica per gli studenti della Facoltà di Economia e Commercio, Año académico,1940 – 41. Tomo I, Roma 1941

Morgenroth W: Artículo “Fremdenverkehr” en Handwörterbuch der Staatswissenschaften, Tomo IV, Jena, 1927

Norval, A. J.: The Tourist Industry, Londres, 1936

Ogilvie, F. W.: The Tourist Movement, Londres, 1933

Stradner, J.: Der Fremdenverkehr, Graz 1917

Troisi, M: La rendita turistica, Bari 1940

2. Concepto

Benscheidt, W : Die timmung des Begrifs Fremdenverkehr, Archiv für den Fremdenverkehr, 3. 1932/ 33, nº 4

Der Ortswechsel als Voraussetzubg des Fremdenverkehrs, Archiv für den Fremdenverkher, 4. 933/ 34, nº 3

Der Aufhenthal als Grundlage des Fremdenverkehrs, Archiv für den Fremdenverkehr, 5.

1934/ 35, nº 4

Glücksmann, R: Die Ursachen des episodichen Fremdenverkehrs, Archiv Fúr den Fremdenverkehr, 3. 1932 – 33, nº 3

Grünthal, A: Personenverkehr, Fremdenverkehr, Reisenverkehr, Archiv für den Fremdenverkehr, 1.930 /31, nº 2

Oppenheimer, F: Soziologie des Fremdenverkehrs, Archiv für den Fremdenverkehr, 3. 1932 / 33, nº2

Simmel, G.: Soziologie, Munich y Leipzig, 1923

Wiese L. von: Fermdenverkehr als zwischenmenschliche Beziehungen, Archiv für den Fremdenverkehr, 1. 1939/31, nº 1

3. Tratamiento científico

Benscheiddt, W: Die Lehre vom Fremdenverkehr als Wissenschaft, Archiv für den Fremdenverkehr, 5. 1934/35, nº1

Glücksmann, R.: Das Ziel des Forschungsinstituts für den Fremdenverkehr, “Verkehr und Bäder”, 1929, nº23

Die wissenschaftliche Behandlung des Fremdenverkehrs, Zeitschrit für Verkehrswirtschaft, VIII, Leipzig, 1930. Cuaderno 1

Hunziker, W.: Fremdenverkehr und Fremdenverkehrslehre in zeitgemässer Betrachtung, nº 15 der Publikationen des Schweizerischen Fremdenverkehrsverbandes, 1 1930/31, nº 1

Mariotti, A.: Der Fremdenverkehrs- und Hotel- Fachunterricht in Italien, Archiv für den Fremdenverkehr, 1. 1930/31, Nº 1

I diversi aspetti dello studio del turismo, en “L’ importanza economica del turismo”, Florencia, 1931

Per l’ insegnamento superiore del turismo, L ‘ Economia Nazionale”, junio, 1939

Scmidt, C. E.: Das Forschunginstitut für den Fremdenverkehr, “Verkehr und Bäder”, 1929, nº 18

Capítlo II: En el centro, el ser humano

1. La especificidad del turismo

El capítulo precedente se ha dedicado a exponer la importancia que tienen los viajes de vacaciones pero mostrándolos de un modo personal o individual. Lo que allí se trató con referencia al viaje concreto de personas determinadas lo hace un gran número de personas y por esta razón el turismo se muestra a nuestra consideración como un movimiento masivo de seres humanos que cambia estacionalmente de sentido y de volumen. Si nos tomamos como punto de referencia la estación de trenes de una gran ciudad, la de Zúrich por ejemplo, veremos cómo en invierno, especialmente los sábados y los domingos, sus amplios vestíbulos están llenos de bulliciosos aficionados al ski que viajan para refugiarse en compactas colonias del Bündnerland o del centro de Suiza. Los trenes salen con dirección al sur cuando llaga la primavera; los días de Pascua se produce un verdadero éxodo de gente hambrienta de sol unos hacia Tessin y otros hacia lugares más lejanos de Italia o la Riviera francesa. Los viajes de vacaciones de verano no se concentran en ninguna fecha punta. Durante los meses de julio y agosto nos tropezamos todos los días con padres y madres de familia que esperan alegremente con cierta expresión de ansiedad que llegue el momento de liberarse de las preocupaciones escolares, domésticas o laborales para salir hacia todas las direcciones de la rosa de los vientos.

Es así como percibimos el turismo como fenómeno de masas ya que abarca a una parte creciente de la sociedad. No siempre ha sido así. Y no es preciso retroceder muchas hojas en el libro de la Historia para encontrarnos la imagen de una masa de personas que viajan por vacaciones. La aspiración de alejarse lo más posible del lugar de residencia provocó una revolución del transporte gracias a las inversiones en ferrocarriles que empezaron a hacerse a principios del siglo XIX para dejar de ser un privilegio de las minorías. Con anterioridad a dicha fecha eran solo personas de la realeza y ricos lores ingleses los que viajaban con sus propios servidores y grandes equipajes al lago de Leman y al Oberland bernés. Las bellezas de Suiza constituían la gran atracción para los escritores de los siglos XVIII y XIX y de consagrados poetas europeos en tanto que las escarpadas montañas de nuestros Alpes atraían a intrépidos e instruidos exploradores. En todas las épocas viajaban a pie caminantes pobres que eran peregrinos piadosos, artesanos en busca de trabajo, estudiantes y muchos otros. Es indudable: se trate de viajeros selectos o masas de gente en movimiento, siempre es el ser humano el que ocupa el punto central. Dicho de otro modo: el ser humano es el sujeto del turismo, su principio y su fin. Vista la imagen en un espejo, el turismo lleva al cumplimiento directo de objetivos humanos que pueden ser de naturaleza religiosa, deportiva o material. De una forma negativa se puede decir que, debido al turismo, el ser humano utiliza la tierra no solo como medio de producción sino también como lugar de residencia.

Esta última constatación justifica también la reciente consideración del turismo que lo presenta como un hecho de naturaleza económica de origen psicológico. ¿Cómo transformar algo como el arrobo de una muchacha que contempla la luz del crepúsculo vespertino en un precio ajustado? Semejante experiencia es difícilmente planteable y constituye una descalificación de cualquier intento de tratamiento económico del turismo .

Ciertamente es verdad que la satisfacción estética que es la profunda emoción del alma humana también puede ser provocada por factores externos, es decir, por las cosas materiales. Fausto, cuando agonizaba, lo expresó con estas palabras: “Queda un palmo de tierra para penar”. Pero así no se ponen alas de fantasía a los pies de una muchacha. Mucho mejor se consigue el vencimiento del espacio por medio de los pies, del ferrocarril o de un automóvil. El hombre trata de satisfacer sus necesidades el lugar de destino y para ello demanda comida, bebida y vivienda. Y como el hombre tiene un modo de ser curioso y sociable, durante su estancia visita gustosamente tanto las obras de arte como los lugares concurridos que se le ofrecen por doquier.

Así es como, orientándose a la experiencia de los seres humanos, se desarrolla esa rama de la actividad económica que en su conjunto se conoce como industria del turismo. Ahora se muestra el turismo como una realización económicamente coherente. Pero precisamente para satisfacer grandes volúmenes de necesidades materiales y espirituales de los seres humanos es para lo que surge la pujante industria del turismo, una rama de la economía de los servicios que se ocupa de ofrecer diversiones y entretenimiento. La materia de los hechos económicos en el turismo no consiste en la compra de bienes por dinero sino la prestación de servicios de hospitalidad, alojamiento y otros similares, por lo que el forastero o visitante se trata como un consumidor puro, o dicho de otro modo, como alguien que no realiza actividades económicas continuadas. El vacacionista es un consumidor final por lo que de sus gastos solo le quedan las sensaciones y el recuerdo.

De aquí se deduce que en el turismo no se trata de una producción de bienes o de elaboración de mercancías sino de una oferta de servicios, los cuales no sirven para satisfacer necesidades económicas puras sino para cumplir aspiraciones humanas ajenas a la economía. Por eso nos parece absolutamente inadmisible la tosca generalización conceptual económico teórica que habla del “mercado turístico” (en sentido económico) como si el turismo fuera un simple conjunto de mercancías inanimadas y no fuerzas imponderables de la vida de los hombres.

2. El ser humano como objeto de la estadística

El hombre espera del turismo la realización de sus aspiraciones más acariciadas. Por eso no se puede decir realmente que toda población de un país o el “homo sapiens” en general haga sin más ni más turismo. El turismo siempre lo hace solo un círculo numéricamente limitado de la población aunque desde hace varios años tiende a crecer en amplitud y en profundidad. Cada vez más hay nuevas capas de población que pueden hacer turismo. Este crecimiento se está produciendo desde fines del siglo XIX debido al aumento general de la riqueza. Las opiniones están divididas, para unos se produce por la propensión a viajar como característica psicológica consustancial a la especie humana y, para otros, por el vencimiento de la sedentariedad del hombre gracias a la actuación conjunta de la técnica y la propaganda.

Puesto que es necesario que tengan lugar desplazamientos de masas humanas crecientes y decrecientes, no tiene ningún sentido hacer este tipo de especulaciones teóricas. Se trata de un fenómeno que es una mezcla multicolor de personas ante cuya visión se puede decir con Schiller: “¿Quién enumera a la gente y pronuncia los nombres de los que se congregan aquí pacíficamente?”

Esta pregunta no es hoy más que una forma de la pura retórica; la respuesta a la primera parte, la enumeración, plantea la necesidad de contar con la estadística. Para tener en cuenta a las personas que hacen turismo hay que disponer de la “herramienta estadística” que las cuenta, las mide y las compara. La estadística refleja con otras palabras una visión cuantitativa del concepto de turismo.

De lo que se desprende, por cierto, una no pequeña dificultad. El turismo se ocupa exclusivamente de lugares del extranjero ya que siempre parte de la consideración del cambio de lugar que realizan las personas que se desplazan para disfrutar durante un periodo de tiempo limitado o pasajero. Esta característica del turismo dificulta inevitablemente la recopilación de datos estadísticos puesto que es fácilmente comprensible que para tomar datos de una población que está residenciada en el extranjero con indicación de calle y número de vivienda, cuyos desplazamientos quedan registrados en documentos policiales de llegadas y salidas en los lugares de acogida de turistas que son como aves de paso que igual vagan por la montaña que por el valle y que posan por doquier sólo para descansar brevemente.

La urgente implantación de un sistema de conteo de llegadas de forasteros durante las últimas décadas en una serie de países europeos como se ha hecho, por ejemplo, en Holanda y en Francia, pero sobre todo, del excelente sistema de estadísticas turísticas implantado a fines de 1933 en estos países, es necesaria para que la estadística lleve a cabo su importante tarea. Ni siquiera a través de muchas de sus diferentes formas es posible captar con suficiente precisión todas las facetas del turismo. Cuando visité a una tía mía que vive en Montreal y participé en sus cotidianos paseos por el jardín de narcisos o por los emparrados del País de Vaud, mi estancia presentó todas las características del turismo, pero, a pesar de ello, las estadísticas no me tendrán en cuenta, aunque sí lo hace en cuanto que, en lugar de dormir en casa de un pariente, lo haga en un hotel, incluso aunque sea durante una sola noche. No es que la estadística minimice mi visita a un pariente, lo que acontece es, sencillamente, que no tiene medios de documentar mi estancia en su casa. Sin embargo, al cumplimentar un impreso para la policía en la recepción del hotel habré cumplido las condiciones necesarias para ser incluido sin la menor duda en el turismo.

La estadística se enfrenta de tal modo ante la práctica imposibilidad de medir en toda su complejidad el turismo que tiene necesidad de recurrir a sus aspectos más eficientes y a su esencia más profunda. Esto es exigible sobre todo para que las series de datos permitan evaluar las transacciones económicas del turismo. De esta forma la estadística cumple su pretendido objetivo, aspirar a constituirse no tanto como un condición científica sino más bien como una exigencia de las necesidades de la política y la economía. Por ello, en la base de la investigación estadística del turismo se encuentra la cuestión de su significación política y económica.

Hay dos métodos básicos para la elaboración de una estadística del turismo y para clasificar los colectivos en su propia esfera en unidades individuales perfectamente abarcables .

a) En fronteras

Estos procedimientos facilitan datos sobre el paso de viajeros por las fronteras, por regla general en ambos sentidos, es decir: entradas y salidas. Los datos se obtienen por medio de técnicas relativamente sencillas de control de pasaportes en las aduanas. La información de datos va desde el mero registro numérico de las personas que atraviesan las fronteras hasta discretos cuestionarios con preguntas sobre la procedencia y el destino del viaje, duración de la estancia, motivos del viaje y otras similares.

Con mayor o menor precisión es así como se obtienen datos sobre los movimientos de los turistas internacionales tales como llegadas de turistas extranjeros y salidas al extranjero de residentes. La información estadística de este tipo permite obtener conclusiones sobre:

1. los gastos que los turistas extranjeros realizan en un determinado país

2. los gastos realizados por los residentes en el país al extranjero al que viajan

Con estos datos es posible calcular los créditos y débitos y, por tanto, la participación del turismo en la balanza de pagos de un país, para lo que se necesita aplicar técnicas estadísticas adecuadas, las cuales deben aportar datos no sólo sobre la nacionalidad de los viajeros sino también sobre la duración de la estancia en el país de destino.

Las estadísticas en fronteras son, en efecto, unas estadísticas referidas al flujo de turistas que se refieren no al turismo extranjero sino a cualquier tipo de desplazamiento de personas entre países: viajes de negocios o viajes con objeto de conseguir trabajo, migraciones, etc. Como la diferenciación por motivos de viajes no es en general posible, la información sobre el turismo internacional la tenemos que buscar no entre los raros viajes culturales sino en el conjunto de todos los viajes clasificados según su naturaleza.

El que haya estado en las islas inglesas tal vez recuerde el “Landing Card” que tenían que cumplimentar los que bajaban de los barcos, especificando nombre, edad, nacionalidad y profesión. El sistema de obtención de datos en fronteras es apropiado especialmente para aquellos países que tienen un extenso litoral marítimo en el que se concentran los turistas en un determinado número de puertos. Los países con extensas fronteras y numerosos puntos de animado tránsito son propicios a su implantación, como justamente se pone de manifiesto con las interesantes experiencias de Checoslovaquia. En Suiza la obtención de datos en frontera sólo se usa de un modo subsidiario ya que se limita a contar sólo los automóviles extranjeros en ambos sentidos. Los resultados se publican mensualmente y facilitan información sobre los vehículos de motor que entran cada mes (de transporte de personas y de mercancías). Muy conveniente, para los fines del turismo es una obtención adicional de datos la que contempla la duración de la estancia y el número que entran y salen por las aduanas suizas en vehículos de transporte de viajeros.

Para estimar cuantitativamente la en ocasiones muy fuerte propensión a viajar al extranjero que tienen los suizos se implantó la obtención de datos en fronteras para determinar la cuantía de sus viajes al extranjero. En base a unas estadísticas de viajes al exterior de este tipo se puede evaluar el aspecto económico negativo del turismo suizo, cuyo conocimiento es extraordinariamente útil desde el punto de vista de nuestra balanza de pagos. De esta forma es como los objetivos que se buscaban son exitosamente conseguidos.

b) En el lugar de destino

Aspira a conocer el turismo donde se manifiesta: en los lugares de destino. Al contrario de la naturaleza que en general tiene la obtención de datos en fronteras, ahora de lo que se trata es de obtener una información estrictamente estadística.

Desconcierta como es lógico que el turismo se ocupe de los diferentes colectivos de empresas existentes: con la industria turística, sobre todo con la de hospitalidad, en la que está presente con tan alta frecuencia el hotel y con otras empresas de servicios de hospitalidad, las cuales constituyen el ámbito idóneo del turismo, el cual no tiene en cuenta sólo a los turistas, como acontece en la obtención de datos en las fronteras sino que también se tiene en cuanta a los residentes. De esta forma se cuenta con un adecuado marco de la realidad que se aproxima mucho al turismo para reflejar estadísticamente sus manifestaciones.

El sistema se conoce como estadísticas suizas del turismo y fue establecido el 1 de noviembre de 1933. Su organización se llevó a cabo a través del Decreto del Parlamento Federal por medio del cual se creó la Oficina Federal de Estadística. El decreto obliga a los propietarios de hoteles, fondas, pensiones y sanatorios a facilitar mensualmente dos formularios con datos sobre el número de huéspedes que llegan diariamente (arrivées), especificando el número de noches que han estado alojados. Para el cálculo económico del beneficio no basta con conocer el número de turistas llegados sino que también es preciso conocer la duración de la estancia, lo que se obtiene por medio de una sencilla operación de cálculo (dividiendo el número de noches por el número de huéspedes). Las estadísticas suizas del turismo la calcula sabiendo que entraron unos 7.400 turistas y que pernoctaron unas 200.000 noches.

Las estadísticas suizas suponen que turista es quien pasa una noche en un hotel, es decir, que considera como unidad [turística] la noche pasada en un alojamiento. El criterio estrictamente temporal que propone la Comisión de expertos en estadística de la Sociedad de Naciones para definir a los turistas internacionales es el siguiente: “Toute resoné en déplacement por une durée d’au moins vingt-quatre heures dans un pays autre que celui où elle a son domicile habituel” .

Por otra parte, las estadísticas turísticas no coinciden plenamente con nuestra definición conceptual, sus diferencias no proceden de un simple desacuerdo lógico sino de la técnica de obtención de datos en fronteras. Por ser tan estricta, nuestra definición no tiene en cuenta el lugar donde posa el turista, mientras que las estadísticas obtenidas en el destino sí mencionan a los huéspedes de los hoteles y sus motivos de viaje. El viajante de comercio alojado en un hotel de Zurich y el que acude a una sesión extraordinaria de la Comisión en Berna y se aloja en un hotel son considerados turistas en sentido estadístico a pesar de que sus actividades diarias son diferentes a las del ocioso sibarita que por regla general siendo como son las que se consideran consustanciales al concepto de turismo, sin embargo quedan en un segundo plano. También hay que volver a nuestra definición conceptual porque considera turistas a personas que no se alojan en casas de huéspedes sino en casas particulares. Es decir, que las estadísticas recogidas en los destinos pueden tener en cuenta a los visitantes por motivos de amistad y amor que se alojan en casas particulares y similares, por lo que, en efecto, se consideran estadísticamente como turistas a los huéspedes que se alojan en este tipo de viviendas, como se hace en el cantón de Graubünden.

A pesar de esta discordancia de conceptos se puede decir con seguridad que unas estadísticas cuidadosamente elaboradas sobre llegadas hoteleras reflejan bien el marco del desarrollo turístico y, sobre todo, facilitan una valoración útil para así tener debidamente en cuenta los aspectos económicos de la cuestión. Se trata de una solución que no es correcta pero lo cierto es que se admite que las estadísticas de huéspedes en establecimientos de hospedaje reflejan razonablemente bien las estadísticas de turismo. Pero aquí surgen de inmediato dos objeciones de peso:

En primer lugar, es posible asignar el mismo flujo turístico a más de un destino y a diferentes hoteles. Por esta razón conviene obtener datos de frecuencias en empresas de ferrocarriles, correos alpinos y empresas de barcos de vapor – que reflejan casi perfectamente el turismo en nuestros lagos suizos – de remontes de ski y trineos y en otras grandes empresas turísticas. Italia registra a los visitantes de los museos y galerías de arte; Francia hace lo mismo con la visitas a los castillos de Versalles y al Loira. Estas recopilaciones parciales de datos permiten contrastar el turismo en estos países para evaluar y complementar la información con el fin de realizar estimaciones adecuadas.

En segundo lugar, no todo el turismo es tenido en cuenta por las estadísticas recogidas en hoteles, restaurantes, pensiones y sanatorios. Es el caso de las visitas a familiares y amigos y las que se hacen utilizando casas particulares como ya lo hemos dicho. Pero además es que además hay importantes sectores del turismo suizo en el que están involucradas algunas empresas de servicios de hospitalidad que no son tenidas en cuenta por nuestras estadísticas. Nos referimos, en general, a los institutos y a los internados de enseñanza utilizados por los escolares y estudiantes forasteros . Sobre el número y la procedencia de los estudiantes existen por cierto estadísticas recogidas en las Escuelas Superiores que reflejan sus llegadas, pero no en los institutos e internados de enseñanza secundaria. La explicación de esta especificidad de nuestras estadísticas de turismo no se encuentra sólo en la naturaleza económica de los centros privados de formación y enseñanza en determinadas partes del país sino también en que su concepción aun no está en consonancia con una realidad tan multifacética como el turismo.


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