TURyDES
Vol 3, Nº 7 (abril/abril 2010)

TURISMO: DEL VIEJO SABER POPULAR A LAS MODERNAS SOFISTICACIONES ACADEMICISTAS

Francisco Muñoz de Escalona

 

1. Apertura

Nadie debería olvidar que la sabiduría popular también tiene su lugar en materia de aproximaciones al turismo como objeto de conocimiento de cara a su más adecuada manipulación productiva. Desde que se desarrollaron los asentamientos humanos, hace poco más o menos cinco o seis mil años, los hombres sabían que un asentamiento localizado en un cruce de caminos podía crecer más en tamaño y en prosperidad que si hubiera estado localizado en un lugar menos accesible. Basta recurrir a la historia de las civilizaciones antiguas para constatarlo. Fueron obviamente el comercio en tiempos de paz y las incursiones bélicas en tiempos revueltos las actividades que dieron lugar a un flujo creciente de caminantes, viandantes, viajantes, comerciantes, peregrinantes y mendicantes que recalaban día tras día, incansablemente, en los núcleos urbanos situados a lo largo de las rutas más transitadas durante los milenios pasados. Se trataba de pasajeros, transeúntes, forasteros en definitiva, que podían pasar de largo después de hacer en ellos del acopio de viáticos que podían necesitar más adelante, pero también había los que posaban varios días, bien para seguir de largo después o para regresar sobre sus propios pasos, si es que el lugar era el destino de su desplazamiento circular. Con el paso del tiempo surgieron núcleos que recibían población flotante por motivos diferentes al simple paso, entre ellos cabe citar destinos que fueran la sede de los aparatos del poder político o de otras muchas clases de instituciones (sacerdotales, mágicas, curativas, deportivas, etc.) o que contaran con monumentos funerarios o de otro tipo de cierta significación económica o cultural.

2. Muestras de sabiduría popular en materia de lo que hoy llamamos turismo

Rastrear a lo largo de los milenios pasados muestras fehacientes de esta forma de la sabiduría popular, la que se refiere al conocimiento operativo de los efectos que sobre el desarrollo económico ejercen los flujos de pasajeros en las ciudades, nos llevaría a tener que realizar una larga y tediosa investigación, una investigación que, en parte ya está hecha, muchos de cuyos resultados se encuentran en las obras historiográficas, en los libros de viajes y en los estudios sobre el desarrollo de las civilizaciones del pasado. Basta, por otra parte, con reparar en las grandes obras de embellecimiento y magnificencia que casi todas las grandes ciudades han realizado a lo largo de su vida con el fin, entre otras cosas, de competir con las demás como lugar de acogida y captación de visitantes. Por mi parte, suelo citar las siguientes frases, tomadas del escritor francés del siglo XIX Henry Beyle, más conocido como Stendhal, frases que muestran sin lugar a dudas que, en el pasado, ya se tenía constancia de las aportaciones al desarrollo de las ciudades de los flujos masivos de visitantes.

Stendhal no era experto en turismo, pero las dos frases que siguen reflejan sus grandes dotes de observador. En ellas formula teorías que adelantan las años más tarde serían expresadas más forlizadamente:

En Le Rouge et le Noir (1831) leemos :

Rentar es la razón suprema que lo decide todo en esta pequeña ciudad que os parece tan bonita. El forastero que llega, seducido por la belleza de los frescos y profundos valles que la rodean, se figura en un principio que sus habitantes son sensibles a lo bello; no hacen más que hablar de la belleza de su país: no puede negarse que hacen un gran caso a ella; pero porque atrae a los forasteros cuyo dinero enriquece a los fondistas, cosa que, gracias al mecanismo del impuesto, produce renta a la ciudad. (el énfasis lo pongo yo)

Y, en Memoires d’un touriste (1838), lo que sigue:

Beaucaire es una ciudad pequeña y muy fea; dicen que no hay nada tan triste fuera del tiempo de la feria. Se alquilan las casa, los patios, las barracas de un año a otro, y el alto precio de los alquileres basta a los de Beaucaire para vivir todo el año.

Con frases como las citadas, Stendhal se adelantó en más de un siglo a la teoría de la renta turística de Michele Troisi (1940), un destacado experto italiano en turismo. El mismo Troisi la formuló así:

En la medida en que origina una compleja demanda de bienes y servicios (el turismo) es un acto de consumo para el forastero; constituye, por otro lado, una forma de producción para el país que es la meta del viaje por cuanto da vida a una oferta, igualmente compleja, de bienes y servicios. (La Rendita Turistica, 1940)

Los años que siguieron a estas frases están marcados por el desarrollo del ferrocarril y por la creación de agencias como la que fundó Thomas Cook, un empresario inglés que no sólo fue innovador en esta materia sino que también se comportó como convencedor de las autoridades locales y los empresarios de numerosas ciudades europeas y americanas para que invirtieran en hoteles y restaurantes si aspiraban a recibir el maná del gasto de los visitantes que si lo hacían podían recibir. Hacia 1870, las inversiones en hotelería y las de nuevos ferrocarriles acapararon la actividad de la Europa finisecular y por ello nada tiene de extraño que las nuevas aportaciones al conocimiento del turismo vinieran de la mano de los empresarios hoteleros europeos, concretamente de las pintorescas y nevadas localidades alpinas, muy demandadas entonces por las clase acomodadas como lugares donde contemplar paisajes de alta montaña y practicar los nacientes deportes de nieve. La sabiduría popular cayó en manos de estos empresarios y fueron ellos los que se encargaron de transformarla en acertados criterios de gestión tanto de medios de transporte de pasajeros como de establecimientos hoteleros. El austriaco Joseph Stradner y el suizo Edmond Guyer-Freuler se encargaron de profundizar en la materia hasta dejarla operativa y disponible para guiar una adecuada gestión de tales establecimientos sin olvidar comportarse como verdaderos lobbys locales ocupados en convencer a las autoridades de mejorar las ciudades y dotarlas de infraestructuras de accesibilidad y buenos servicios de transporte urbano.

3. Esplendor del primer academicismo turístico: el clasicismo

Entre las fechas de publicación de las ya citadas obras de Stendhal, un literato, y las de Troisi, un profesor de la Universidad de Bari, media más de un siglo. Mientras en las primeras obras citadas se enfoca el turismo desde la perspectiva de lo local en las segundas se pasa a verlo ya desde el punto de vista de toda la nación. Pero, como hemos podido comprobar, en ambas se parte de la idea de que los lugares que reciben visitantes consiguen beneficios privados y colectivos.

La teoría de la renta turística, magnitud a la que hoy se prefiere llamar producto turístico, una magnitud agregada para cuya estimación se cuenta con datos estadístico de baja calidad y con métodos de cálculo mejorables, pasó a formar parte de la doctrina general del turismo a la que dieron forma los suizos Hunziker y Krapf, aun sigue en vigor en los manuales de texto al uso en los centros de enseñanza en los que se forman los profesionales del turismo, los profesores y los futuros investigadores. Pero por más formalizaciones académicas que la teoría de la renta turística haya recibido desde entonces late en ella la sabiduría popular hasta el punto de que puede decirse que todos los conceptos básicos que maneja la doctrina general del turismo beben y siguen bebiendo de ella.

Los años inmediatamente posteriores a la década de los cuarenta fueron los años de lo que podemos llamar época clásica. De los años cuarenta hasta bien entrados los setenta del siglo XX fueron los años del imperio de la escuela clásica aunque ya en los primeros setenta su predominio empezó a resquebrajarse visiblemente de la mano de las críticas de Alberto Sessa y de la llegada en tromba de los expertos norteamericanos en marketing, cuyas aportaciones rompieron con casi tres cuartos de siglo de un academicismo predominante, marcado fuertemente por una sociología de raíz conceptuosa casi escolástica obsesionada por la búsqueda de una definición de turista basada en las motivaciones y la imprescindible ausencia de aspiraciones lucrativas por parte de los viajeros para que pudieran ser tenidos como turistas, esto es, como conformadores de la demanda de la creciente oferta de servicios de accesibilidad, transporte y hospitalidad.

4. Las aportaciones del segundo practicismo turístico: la etapa neoclásica

Los tremendos esfuerzos de la escuela clásica (1920 – 1968) quedaron en gran parte sobrepasados por las aportaciones de los especialistas en marketing. Con ellos se impuso un rechazo radical al academicismo escolasticista de la etapa anterior y se puso el énfasis en el practicismo imperante hasta los años 20. Menos sociologismo y más gestión empresarial era la norma que se llegó a imponer desde la década de los setenta hasta fines del siglo XX. La llamada oferta turística complementaria fue un descubrimiento de estos nuevos expertos. Fueron ellos los que se percataron de que la oferta de alojamiento y restauración quedó saturada y de que había que afrontar la realidad de unos mercados cada vez más saturados tanto por el estancamiento de la demanda como por el incremento imparable de la oferta. La solución aportada partía de la urgente necesidad de afrontar la realidad, concretamente distinguiendo por medio de nuevas actuaciones urbanas la identidad del lugar y llevando a cabo costosas campañas de promoción dentro y fuera de cada país. Los hoteles tenían que renovarse, los restaurantes debían ofrecer gastronomía, es decir, cocina creativa, el sector público tenía que adecentar las calles y plazas, instalar un buen mobiliario urbano, organizar eventos de todo tipo, procurar que el abastecimiento de alimentos, agua potable y de toda clase de bienes y servicios estuviera siempre al máximo nivel de excelencia posible. Se imponía construir edificios con diseños arquitectónicos únicos, creativos, singulares y diferentes capaces de brillar con luz y prestigio propios. La rivalidad entre lugares estaba en marcha y del éxito obtenido dependía algo tan importante como la captación de cuotas crecientes del flujo internacional de visitantes que por otra parte seguía estancado. En definitiva: las veleidades teoricistas tenían que ser superadas y había que implantar criterios de alta gestión de destinos, hoteles, museos, espectáculos, eventos, fiestas, actividades deportivas de élite, y todo ello de un modo continuo e implacable de acuerdo con las normas en evolución que iban naciendo en el seno del mundo del busines. En un marco como el que se iba instalando no había lugar para la especulación teórica propia del pasado.

Gracias a las aportaciones de los nuevos expertos se abandonó la búsqueda de las obsesivas notas diferenciales con las que se aspiraba a distinguir a los turistas de los viajeros y se impuso el término menos comprometidos de visitantes. Con ello se admitió el turismo de negocios, terminantemente erradicado en el pasado, se llegó a hablar de turismo residencial como un reto al pasado, cuando ambos términos se consideraron como radicalmente incompatibles y se prestó más atención a una figura empresarial casi totalmente olvidadas por los clásicos. Me refiero a las agencias de viajes, un tipo de empresa que no lograba encontrar su lugar en la teoría clásica de la oferta, pero sobre todo me refiero a la figura del turoperador, cuyo indudable neologismo pudo haber sido más fructífero si se hubiera entendido como operador de turismo, es decir, como productor de turismo si el concepto operar se hubiera asimilado al concepto producir como habría sido de esperar y de desear. Pero desgraciadamente no se hizo.

¿Y por qué no se hizo? Pues, sencillamente, porque los nuevos expertos tomaron la configuración teórica clásica y se dedicaron a resolver problemas de rentabilidad y de mercado de las empresas que ellos admitieron como siendo turísticas porque así se consideraban ellas mismas a pesar de su extremada heterogeneidad. Por esta razón, a pesar de sus grandes aportaciones a la doctrina general del turismo de los clásicos mantuvieron la vigencia de casi todas sus anomalías teóricas como ya he demostrado en otros trabajos. De aquí que denomine a esta cuarta etapa, y segunda practicista, la etapa dominada por la doctrina general neoclásica.

5. Tendencias hiperteorizantes

El año 2005 abandoné mi dedicación al turismo por un problema de salud hasta el punto de que decidí, como dicen que hizo Hernán Cortés, quemar las naves. Doné mi biblioteca de cerca de treinta años dedicado a mi pasión, la crítica constructiva de la doctrina del turismo a una querida escuela de turismo de América y me dediqué a ocupaciones menos agresivas. A partir de ese año sólo respondía a los amables correos que de vez en cuando recibía de mis lectores, sobre todo latinoamericanos y poco más. Sin darme cuenta fui recuperando la buena salud que siempre he tenido y un día recibí la visita en Oviedo del dr, Salvador Gómez Nieves (U. de Guadalajara, México) con el que tuve el placer de departir durante casi una jornada sobre cuestiones de turismo. Unos años más tarde quienes me visitaron fueron los doctores Félix Tomillo Noguero (U. Miguel de Cervantes, Valladolid), Alexandre Panosso Netto (U. de Sao Paulo, Brasil) y Marcelino Castillo Nechar (UAEM, Toluca, México). Los cuatro mantuvimos una productiva sesión de trabajo y amistad en un confortable restaurante de Monte Naranco, en Oviedo, a mediados de 2009. En aquella visita se forjó una amistad compartida y la voluntad de llevar a cabo proyectos comunes en el futuro.

A fines de noviembre del citado año, el Dr. Castillo organizó un evento en Toluca dedicado al Turismo, una visión multidisciplinar al que tuvo la amabilidad de invitarme junto con otros estudiosos del turismo aun sabiendo que mi visión no es precisamente multidisciplinar. Seguro que esperaba que lo multidisciplinariedad se aportara por las visiones unidisciplinarias de cada uno de los invitados. Con mi asistencia al congreso de Toluca rompí puse fin a mi larga ausencia en eventos internacionales ya que el último al que asistí tuvo lugar en la Facultad de Agronomía de Buenos Aires en 2002 invitado por el prof. Ernesto Barrera.

Aunque en este periodo de siete años no había dejado de interesarme por la bibliografía sobre turismo lo cierto es que en Toluca me sorprendió conocer las nuevas tendencias que vienen aflorando sobre la materia, tendencias que me dejaron inmerso en una tremenda perplejidad ya que confieso que jamás pude preverlas. Cuando me retiré de la primera línea de combate el turismo solía ser estudiado desde el marketing, la dinámica de sistemas y el clustering, métodos los tres usados para la investigación del fenómeno turístico de cara a su explotación industrial. Pero de pronto me encontré con aportaciones desde la filosofía que estaban interesadas en plantear cuestiones epistemológicas, hermenéuticas y dialécticas en el seno del turismo con posturas tan sumamente críticas que la mía quedaba encallada en un simple cuestionamiento del enfoque de demanda secular que aun sigue siendo hegemónico. El academicismo que tanto daño hizo al conocimiento operativo del turismo y que estuvo a punto de ser barrido por la segunda oleada de practicismo a partir de los años setenta, está siendo llevado ahora hasta niveles inusitados. Pero lo más sorprendente es que no sólo no se ha restaurado la fe en la teoría que trajo consigo el último practicismo sino que está en proceso de profundización aunque ahora a través de una superación teórica de las posturas teóricas tildadas de racionalistas. Veamos.

El incansable y prolífico antropólogo argentino Maximiliano Korstanje, interesadísimo en estudiar el turismo de un modo hipercrítico, se manifiesta contra los que llama los tres componentes doctrinarios con los que se aborda según él el estudio del turismo, los que considera que han sido importados de otras disciplinas de mayor antigüedad (las llamadas, dice, ciencias sociales), importación que incluye tanto sus aciertos como sus vicios y problemas metodológicos (Ver Turismo: un nuevo enfoque disciplinario para la enseñanza académica en Turismo y Desarrollo, vol. 2, nº 5, www.eumed.net) Korstanje confiesa que es esta situación la que le lleva a “la idea de definir que se entiende por turismo”. Así que ya estamos advertidos: se trata ni más ni menos que de volver a las andadas y de esforzarse de nuevo en buscar una definición del turismo, seguramente porque en el pasado academicista y teorizante no se consiguió, tal vez por culpa de los vicios y de los problemas metodológicos propios según Korstanje de las ciencias sociales. Pero sigamos:

Korstanje distingue dos grupos diferentes “a la hora de definir el turismo”:

- El primer grupo toma varias estructuras y las mezcla para definir el turismo con fines comerciales. Este grupo parece que es el más conocido

- El segundo grupo es el que hace eferencia a una definición crítica y científica del término turismo, no por lo que incluye sino por lo que excluye (sic). Este grupo es el exhaustivo (sic)

Este antropólogo argentino interesado en el turismo añade que “uno de los grandes inconvenientes que demuestran (sic) los estudios en el turismo es poder integrar estas dos definiciones en forma armoniosa (¡!)

Se impone, pues, detectar las limitaciones que las ciencias sociales han transmitido al turismo y para ello el plan de ataque de Korstanje consta de la siguiente batería de medios:

1. Análisis de la influencia del positivismo y la sociología positiva (aunque también de la economía en los estudios comparativos (sic) que se realizan en turismo.

2. Vinculación del turismo con las doctrinas economistas (sic) de la escuela austriaca

3. Estudio de la relación que existe entre turismo y la antropología naciente del siglo XIX donde los objetivos de esta última no eran otros que evitar la desaparieción “forzosa” de las culturas lejanas (¡!), idea que según parece ha sido transmitida a los turismólogos modernos.

4. Discusión de los problemas epistemológicos específicos, los cuales se plantean a la hora de indicar si el turismo debe y puede ser denominado “Ciencia” y el papel que el desplazamiento espacial tiene en esta discusión (¡!)

A estos cuatro puntos Korstanje añade que hay que tener en cuenta que “la definición o la postura científico-céntrica (según terminología de Jafari) también tienen sus puntos flojos” pues, “como advierten, algunos autores [es posible] que el turismo aún no esté en condiciones de ser considerado una Ciencia, tema muy discutible en estos días; pero lo cierto es que las mismas ciencias que lo trivializan se notan muy interesadas en estudiarlo” Es más, “el turismo toma de las ciencias sociales ciertos “presupuestos metodológicos” que nos proponemos problematizar. (Coles, Duval, Hall, 2005) (Jafari, 2005) (Korstanje, a2008). Puede en todo caso, hablarse de un turismo científico o de una Ciencia del turismo” He aquí, una vez más, el tremendo problema que obsesiona a Korstanje y a muchos otros investigadores jóvenes los cuales se proponen seguir tropezando con las obstáculos derivados del errado enfoque que aplicaron los estudiosos de las primeras décadas del siglo pasado hasta 1970.

Repasaré los cuatro puntos anteriores en los que se estructura el trabajo de Korstanje:

El turismo y la Ciencia Positiva La ciencia positiva apuntaba a la necesidad de ordenar el mundo por medio de la razón y la comparación. El positivismo entendía que la única manera de hacer Ciencia era comparando y, en consecuencia, presuponía que la semejanza debía ser un factor causal plausible de ser explicado. (Durkheim, 2003) (Mauss, 1979) (Comte, 2005) El positivismo ha legado numerosos obstáculos turismo, uno de los cuales es la pre-noción de separar al sujeto en razón y emoción. Así, para el positivismo, todos los aspectos de la Razón priman sobre los emocionales. En este sentido, el análisis discursivo de temas realmente ligados por la emoción como pueden ser la xenofobia y o el prejuicio étnico son prácticamente mal estudiados. (Korstanje, b2008). Conclusión: el positivismo no es idóneo para estudiar el turismo.

El Turismo y la Economía Desde el punto de vista económico, existe una tendencia a considerar al turismo como hecho comercial en detrimento de lo social. Algo similar, a lo que Escalona denominó tendencia practicista. (Escalona, 2004). La hipótesis del autor, es importante al problema que se estudia en este ensayo ya que legitima (a través de la educación) una orientación técnico-productiva el orden macro social. (Salazar, 2006) (¡!). Conlusión: la economía debe quedar descartada para estudiar el turismo.

El turismo y la antropología. Korstanje cree necesario resumir el nacimiento de la antropología, mencionar las preocupaciones de sus pioneros y resumir su evolución científica. Korastanje sitúa el interés de la antropología en el contexto de su preocupación por la desaparación de las culturas de los llamados pueblos primitivos, algo que considera un vicio de la antropología social que ha contaminado a sus estudiosos, los cuales consideran “al turismo como un instrumento (si no el único) válido para rescatar los valores culturales perdidos o bajo supuesta amenaza. Conclusión: la antropología no es adecuada para estudiar el fenómeno del turismo.

El turismo y el desplazamiento geográfico. En este punto el trabajo de Korstanje incluye un resumen del trabajo de Tim Coles, David Duval y Michael Hall, el primero de la School of Business and Economics de la U. de Exeter (U.K.) y los dos últimos de la School of Business de la U. de Otogo (N.Z.), titulado El Turismo y la movilidad en tiempos de movimiento y conjetura posdisciplinar, publicado en el año 2005, Volumen 42, número 1 de Política y Sociedad, Universidad Complutense de Madrid, traducido al español estuvo por Rubén Blanco. Los autores, son destacados investigadores y docentes de las Universidades de Exeter, Reino Unido; y la Universidad de Otago en Nueva Zelanda. Se trata de uno de los trabajos más serios que se hayan escrito al momento sobre la significación del mismo como disciplina científica. Sin embargo, dado que el resumen de Korstanje no resulta demasiado claro, lo que procede es recurrir al original ya que, en efecto, el trabajo parece ser, también en mi opinión, un trabajo de alto nivel academicista y hasta si me apuran bastante conceptuoso. Su lectura permite percatarse de que el trabajo de Korstanje no es otra cosa que un ligero y poco claro comentario del trabajo de los tres anglosajones.

Coles et alter forman parte de ese colectivo de nuevos y jóvenes turisperitos que se lamentan de que el turismo carezca, en su opinión, de sólidos fundamentos teóricos y por ello se proponen subsanar tan grave defecto. En realidad, Coles et alter rechazan tanto la predisciplinariedad como la disciplinariedad en los Estudios del Turismo, incluso la interdisciplinariedad y la multidisciplinariadad habida cuenta de que creen que caen en serios vicios, como ya hemos visto al comentar el estudio de Korstanje. Ellos postulan la necesidad de una aproximación posdisciplinar, la única a su juicio de evitar tales vicios y de aproximarse al turismo de un modo flexible hasta insertarlo en lo que llaman Teoría General de la Movilidad Humana, disciplina que abrirá un nuevo paradigma que vaya más allá de la dicotomía visitante – anfitrión e incluso del limitado concepto de turista para poner el énfasis en el individuo que realiza movimientos espaciotemporales voluntarios. El nuevo enfoque queda reflejado en una curva parecida a la curva con la que la teoría económica representa la función de demanda. Se trata de una curva cóncava hacia el origen de los ejes de abscisas y ordenadas. Si medidos en el eje de ordenadas el número de movimientos voluntarios que un hombre realiza a lo largo de toda su vida y en abscisas la distancia recorrida, tenemos que cuanto más corta es la distancia más movimientos voluntarios se hacen y con más frecuencia y, a la inversa, que cuantos mayor es la distancia recorrida menor es el número de movimientos realizados. Piénsese en los movimientos para hacer compras de bienes para la alimentación en un extremo (muchos y cortos) y en los que se hacen cuando el individuo está ya jubilado, vive en un lugar de pésima climatología y gusta de trasladarse a una segunda residencia situada a algunos miles de kilómetros de su residencia (pocos y largos). Coles et alter definen las movilidades como acciones dinámicas y complicadas, una definición que como puede comprenderse es muy conveniente para clarificar una materia sin duda compleja y harto necesitada de la máxima precisión posible. Y es que ellos están convencidos de que algunas formas de turismo presentan fuertes vinculaciones con las migraciones, con el transnacionalismo e incluso con las diàsporas, pero que, desafortunadamente, la comunidad académica centrada en el análisis del turismo está siendo incapaz de superar la disciplinariedad por lo que no ha sido aun capaz de ir más allá del turismo orientado por el negocio, el consumo y la mercadotecnia (son sus propias palabras).

Insisten los autores en que ya no es suficiente considerar el homo touristicus en su aislamiento social y económico (¡!). Porque las conexiones sociales transnacionales y de la diáspora atrapan la esencia del movimiento y porque ese movimiento se diferencia intrínsecamente de los elementos más estereotipados del “turismo” simplemente por su relación con otras formas de movimiento. Se impone limpiar eficazmente, agregan, los límites establecidos por su(s) disciplina(s), lo que permitirá nuevas introspecciones (sic) a través del reconocimiento del valor y la legitimidad del progreso (sic)

Frente a la penuria teórica y conceptual que sufren desde hace varios años los Estudios del Turismo, y de la insistencia en medirlo a través de datos estadísticos brutos (sic) limitados a un mero conteo de unidades, todo lo cual cae de bruces en el más sonoro de los fracasos es urgente aplicar la posdisciplinariedad salvadora de la Teoría General de la Movilidad Humana Voluntaria, la única capaz de reconocer el turismo como una suerte de caso específico de movilidad voluntaria, lo cual supone un escaso solapamiento con otros campos interesados en las movilidades, el transporte, el comercio o los movimientos migratorios incluidas las diásporas. No obstante los autores creen que la comunidad de turisperitos aun no está preparada para asumir el nuevo paradigma, el único que puede garantizar que su producción de conocimiento se lleve a cabo con los debidos fundamentos de creatividad y emotividad.

Debo advertir de que el texto traducido presenta frases de escasa claridad e incluso de sintaxis más que discutible, algo que sin conocer el texto en inglés no podríamos achacar a los autores. La atenta lectura de este trabajo, cuya traducción al español del título sería Sobre turismo y movilidad el contexto de las nuevas tendencias y conjeturas de la posdiciplinariedad nos lleva a considerarlo como un epígono de los turisperitos de la escuela clásica (fines del XIX fines de los sesenta) debido a que parten de la conceptualización del turismo sólo como un fenómeno social al que consideran como especialmente complejo y de difícil conocimiento, razón por la cual están convencidos de que sólo incluyendo el turismo en una teoría general de la movilidad y aceptando el paradigma de la posdisciplinariedad será posible contar con una adecuada producción, difusión y consumo de este objeto de conocimiento: el Turismo (con T mayúscula) al que distinguen del turismo con t minúscula ya que el primero es para ellos un objeto de investigación y el segundo un objeto de estudio, una diferencia que me declaro incapaz de entender.

6. A modo de conclusión

¿Es una ciencia el turismo? ¿No es el turismo una ciencia? Vana discusión. Una discusión que cabe catalogar entre las bizantinas, es decir, entre las que, caso de tener, una respuesta, esta sería inoperante. Lo cierto y real es que hay toda una pléyade de centros de enseñanza cuyo número no deja de aumentar. Si fuera cierto como cree Jafar Jafari que la cantidad es sinónimo de calidad podríamos decir que, uniendo el enorme volumen de centros al enorme volumen de publicaciones y congresos, el turismo es hoy una ciencia indiscutible y que acapara una gran atención mundial y por tanto una enorme cantidad de recursos. Pero lo cierto es que la cantidad no es sinónimo de calidad, una calidad que nunca se va a alcanzar si se sigue estudiando el turismo como si fuera un remedo del mundo y de la humanidad cuando lo cierto y verdad es que el turismo no es más, ni menos, que una actividad productiva a la que se pueden dedicar inversiones que serán rentables si los que las gestionan conocen la tecnología de producción, los principios que garantizan una buena gestión empresarial y son capaces de basarlas en un perfeccionado conocimiento de la coyuntura de los mercados. Siendo esto así como es, ¿de qué puede servir seguir insistiendo en la inter, multi, trans o posdisciplinariedad aplicadas a una actividad que es de producción porque también es de consumo? Por ello mi consejo no puede ser otro que insistir en preparar en las escuelas buenos y competentes gestores de dicha actividad dejando para otras enseñanzas la preparación de investigadores en ciencias sociales capaces de consolidar el turismo como un campo de excelencia de investigación. Dicho de otro modo: dejemos las sofisticaciones academicistas para los académicos y quedémonos en hacer todo lo posible por preparar egresados de las escuelas de turismo que sean capaces de entender y gestionar el negocio lo mismo que se hace en las escuelas de administración de empresas en otros campos. El turismo puede ser visto como una economía en pequeño como dice el Dr. Manuel Figuerola pero lo que debemos conseguir es verlo como una actividad productiva bien delimitada si queremos que nos sirva para generar riqueza para los que trabajan en ella. Es esta la verdadera tarea de las escuelas de turismo si es que apuestan de una vez por desarrollar sus verdaderas competencias y abandonan de una vez el actual diletantismo inoperante.


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Comentarios sobre este artículo:

Página: [1]
Por: Cruz Olmos Fecha: 15 del 01 de 2014 - 02:58
Muy interesante su aportación, he tenido la oportunidad de interesarme en el mundo académico del turismo, me ha sorprendido todo el conocimiento encontrado en mi pequeño andar científico, sin duda varios de los autores que hace referencias han significado en mi pensamiento analítico del turismo.

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