TURyDES
Vol 2, Nº 5 (junio / junho 2009)

TURISMO: UN NUEVO ENFOQUE DISCIPLINARIO PARA LA ENSEÑANZA ACADÉMICA

Maximiliano Korstanje

 
 

Introducción.

En el siguiente ensayo indagamos en forma teórica, sobre los tres componentes doctrinarios que caracterizan gran parte de los abordajes en la disciplina turística; y que de alguna u otra manera han sido importados de otras disciplinas de mayor antigüedad. A lo largo de los años, la disciplina se ha nutrido de algunos puntos en común con las llamadas “Ciencias Sociales”, aunque con sus aciertos también, aparecieron sus vicios y problemas metodológicos. Esto nos lleva a la idea de definir que se entiende por turismo.

Según Korstanje (b2008) existen dos grupos bien distintos a la hora de definir al turismo; uno de ellos (el más conocido) adquiere una naturaleza acumulativa, toma por supuesto varias estructuras y las junta en forma indistinta. Por lo general, esta clase de definiciones obedece a intereses y dinámicas comerciales específicas. El otro grupo, el exhaustivo, hace referencia a una definición crítica y científica del término. En realidad, no por lo que incluye sino por lo mutuamente excluyente. Uno de los grandes inconvenientes que demuestran los estudios en turismo, es poder integrar estas dos definiciones en forma armoniosa. Pero ¿cuales son las limitaciones que las propias Ciencias Sociales han transmitido al turismo?

Ahora bien, veremos a continuación que la definición o la postura científico-céntrica (según terminología de Jafari) también tienen sus puntos flojos. Si bien el mismo autor, describe a lujo de detalle las diferentes plataformas las cuales han contribuido al estudio del turismo, no parece darle mucho detalle a los factores específicos que llevaron a los investigadores a la plataforma científico-céntrica. Es posible, como advierten, algunos autores que el turismo aún no esté en condiciones de ser considerado una Ciencia, tema muy discutible en estos días; pero lo cierto es que las mismas ciencias que lo trivializan se notan muy interesadas en estudiarlo. Inclusive, el turismo toma de las ciencias sociales ciertos “presupuestos metodológicos” que nos proponemos problematizar. (Coles, Duval, Hall, 2005) (Jafari, 2005) (Korstanje, a2008)

Desde nuestra perspectiva, creemos necesario discutir los alcances y limitaciones adquiridas por el turismo de las ciencias humanísticas. Por ese motivo, en una primera parte se analizará la influencia del positivismo y la sociología positivista (aunque también la economía), en los estudios comparativos que se realizan en turismo. En una segunda parte, se vincula al turismo con las doctrinas economistas de la escuela austriaca; en tercer lugar, se estudia la relación entre turismo y la antropología naciente del siglo XIX, donde los objetivos de ésta última no eran otros que evitar la desaparición “forzosa” de las culturas lejanas. De alguna u otra manera, los antropólogos (a lo largo de los años) se han mantenido coherentes con esta idea, y de alguna otra forma, la misma ha sido transmitida a los turismólogos modernos. Por último y en una cuarta fase, se discute los problemas epistemológicos específicos los cuales se plantean a la hora de indicar si el turismo debe y puede ser denominado “Ciencia” y el papel que el desplazamiento espacial tiene en esa discusión. Puede en todo caso, ¿hablarse de un turismo científico o de una Ciencia del turismo?.

El turismo y la Ciencia Positiva

La ciencia positiva ha surgido en la Francia de principios de siglo producto de complejas corrientes humanísticas, filosóficas y sociales. Pero todas ellas apuntaban a algo en común: la necesidad de ordenar el mundo por medio de la razón y la comparación. El positivismo entendía, entonces, que la única manera de hacer Ciencia era comparando y en consecuencia presuponía que la semejanza debía ser un factor causal plausible de ser explicado. (Durkheim, 2003) (Mauss, 1979) (Comte, 2005)

Obviamente, los estudios de estos eruditos se llevaban a cabo desde sus gabinetes, y casi nunca tenían contacto directo con los fenómenos que estudiaban. Durkheim, aun cuando estaba muy preocupado por la religiosidad de los Arunta, nunca los visitó. Mauss, quien escribió varios artículos aislados sobre la mejor forma de hacer etnología, nunca pudo hacer una realmente.

Por otro lado, el positivismo también suponía que la única manera de llegar a una respuesta en parámetros científicos era preguntando, en detrimento de otras metodologías como la audición o la simple observación pasiva. Una simple entrevista o la lectura de una etnografía, situada fuera de contexto se correspondían al nivel de prueba de validez científica. Pero he aquí, los tres principales problemas que el positivismo no ha sabido resolver y que los turistólogos han importado sin cuestionarse.

En primer lugar, no necesariamente preguntando se conoce la verdad, o mejor dicho, no necesariamente lo que el sujeto dice es aquello que realmente sucede. Entre aspectos contextuales y normativos, existe un sinnúmero de variables de que ninguna manera pueden ser controladas por el investigador en el campo (Korstanje, b2008). Los sujetos, por lo general, están acostumbrados a manipular las normas y los contextos acorde a intereses individuales específicos. (Tylor y Bogdan, 1992) (Turner, 1999) (Korstanje, b2008)

El segundo problema que se suscita, versa en considerar a la semejanza como una posibilidad de causalidad. Ya la celebre antropóloga estadounidense Mary Douglas ha demostrado que las semejanzas entre atributos de ciertas personas o grupos tienen más que ver con características de adaptación ambiental y no con supuestos parámetros de explicación causal. (Douglas, 1996)

Un grupo A y otro B, pueden tener atributos comparables debido a que ambos han tenido o experimentado procesos sociales de adaptación similares; sin embargo, el grupo A y B pueden no compartir la misma afiliación etno-lingüística. En otros términos, aun cuando su proximidad geográfica y cultural sea notable, la semejanza no implica relación cierta. Este error, muy común en la literatura positiva, ha (también de alguna forma) prendido y se encuentra presente en los trabajos dedicados al turismo. En resumidas cuentas, la comparación no siempre asegura un vínculo entre efecto y causa.

El último de los obstáculos que el positivismo ha legado al turismo, es la pre-noción de separar al sujeto en razón y emoción. Así, todos los aspectos de la Razón priman sobre los emocionales. En este sentido, en análisis discursivo de temas realmente ligados por la emoción como pueden ser la xenofobia y o el prejuicio étnico son prácticamente mal estudiados. (Korstanje, b2008)

A su vez, la posibilidad de manejar e interpretar grandes cifras de números con elevados y complejísimos coeficientes sugiere mayor cientificidad. Paradójicamente, las hipótesis y las conclusiones de este tipo de investigaciones se hacen casi incomprensibles y terminan siendo archivadas en alguna biblioteca universitaria. Aquello que no puede se comprobado por los número, es disfrazado con un bello uso del lenguaje y las palabras pero ininteligible a la lógica común (Korstanje, b2008). Asimismo, tampoco la compulsiva tendencia a definir todo el tiempo el objeto de estudio garantiza un resultado objetivo en el devenir de la misma; y lo que es peor, sólo oscurece aún más el panorama.

Los estudios dedicados al turismo, parecen asimismo haber importado esta costumbre europea y no parece extraño observar una y otra vez grandes cuadros estadísticos con difíciles índices para temas que metodológicamente no ameritan tal desarrollo. Por otro lado, el método experimental positivista ha demostrado grandes problemas al momento de ser aplicado en contextos de inestabilidad y cambio. Si por un momento, comprendemos al turismo como un fenómeno de intensa movilidad, parece problemático utilizarlo satisfactoriamente. Mas aun, justo allí donde los científicos sociales concluyen “el turismo es un fenómeno complejo”, recién ahí comienza el trabajo de un “buen turistólogo” aplicando diversas metodologías y comunicándose con diferentes disciplinas.

Al respecto, el profesor Barrado Timón señala “la actual educación en turismo ha debido enfrentarse al reto de la interdisciplinariedad derivada de la complejidad del sector, frente a la casi exclusiva atención anterior a los aspectos de gestión empresarial intermedia. Esta interdisciplinariedad no implica la creación de mini-economistas, mini-sociólogos o mini-geógrafos, sino la formación de técnicos generalistas en turismo con un perfil horizontal y muy abierto a todas aquellas ciencias que intervienen en el análisis de la actividad, y capaces de gestionar y planificar el turismo en toda su complejidad” (Barrado Timón, 2001:11)

El Turismo y la Economía

Desde el punto de vista económico, existe una tendencia a considerar al turismo como hecho comercial en detrimento de lo social. Algo similar, a lo que Escalona denominó tendencia practisista. (Escalona, 2004). La hipótesis del autor, es importante al problema que se estudia en este ensayo ya que legitima (a través de la educación) una orientación técnico-productiva el orden macro social. (Salazar, 2006)

Desde una perspectiva estructural, en el turismo las necesidades en lo referente a la educación y la economía están ligadas entre sí. Consecuentemente, la matriz moral moldea y establece una jerarquía de bienes de consumo (regulando el juego entre la oferta y la demanda). El hecho que el turismo sea considerado un bien de lujo y por tanto el acceso a su estructura educativa sea restringido, obedece a una causa moral más extensa que a la propia actividad; como también lo es, el hecho de que el turismo como disciplina sea considerado o excluido del mundo de las ciencias. Todas estas configuraciones siguen la dinámica de aquello que le es funcional al sistema económico pero es regulado por el orden moral que trasciende al individuo y a sus intereses personales.

Ahora bien, cabe señalar que históricamente la Argentina se ha caracterizado por un crecimiento centrípeto; en consecuencia su sistema educativo no escapa a esta dinámica reproduciendo y reforzando las prácticas de mercado pre-existentes. Siguiendo este razonamiento, podemos afirmar que los problemas explicados en la dimensión estructural influyen directamente en la dimensión subjetiva y esta última alimenta en forma dialéctica a la primera. Así, las prácticas sociales se reproducen diariamente en forma recursiva.

En otras palabras, la educación reproduce las normas, valores, y prácticas específicas de cada sociedad y la orienta (a su vez) hacia la instrumentación de los factores productivos propios de la actividad para la cual se le ha dado origen. Este proceso se lleva a cabo en contextos de cierta estabilidad institucional, para lo cual requiere de ciertos ajustes, en ocasiones drásticos, en momentos de cambio e inestabilidad. En ciertos contextos, existe una disociación entre las estructuras educativas y las necesidades del sistema económico; cuando ello sucede se están en frente de una crisis. Entonces, los procesos educativos comienzan a ser disfuncionales para la economía de una sociedad.

La re-estructuración de los procesos económicos requiere de simultáneos esfuerzos en materia pedagógica, que los sustenten. Quien mejor, ha delineado este tema fue el sociólogo francés (ya mencionado) Emile Durkheim, quien observaba como los mismos problemas educativos se sucedían siglo tras siglo. En este sentido, la historia se constituye como una herramienta fiable para el estudio de las estructuras económicas y su influencia en los procesos educativos.

La herencia y las costumbres forman en los hombres las prácticas sociales. Es el método histórico (en este sentido) la herramienta más eficaz para estudiar sociológicamente a la educación o los problemas en que ella esté envuelta. Ya llegando a los párrafos finales de su libro Educación y Sociología, Durkheim advierte “para poder cumplir como es de menester nuestra misión en un sistema en un sistema escolar, sea éste el que fuere, se debe conocerlo, no desde fuera, sino desde dentro, es decir, a través de la historia, pues únicamente la historia puede penetrar más allá del revestimiento superficial que lo cubre en el momento presente; únicamente ella está capacitada para analizarlo; únicamente ella puede mostrarnos de que elementos se compone, de que condiciones depende cada uno de ellos, de que manera se han imbricado los unos sobre los otros; en una palabra, únicamente ella puede ilustrarnos sobre la larga concatenación de causas y efectos de la que el sistema escolar es la resultante”. (Durkheim, 1999: 134)

Desde otra perspectiva, el sociólogo francés está convencido que la educación tiene como objetivo principal el adiestramiento del sujeto para su posterior inserción dentro del sistema económico. De esta manera, los sistemas educativos y económicos funcionan en forma conjunta a lo largo de la historia. Las sociedades se diferencian por sus sistemas productivos, consecuentemente los sistemas educativos se ajustan a las necesidades de esos sistemas de producción económica.

En resumidas cuentas y según el problema planteado, no es extraño observar que los sistemas educativos (en turismo) estén orientados al funcionamiento y las necesidades de la industria (turística). Tampoco, que sus dinámicas y contenidos tengan como objetivo reforzar el crecimiento centrípeto ya que éste último ha sido la dinámica (característica) histórica de la economía argentina. En este punto, el turismo no es la excepción en la materia. Sus estructuras legitiman el orden socio-económico y refuerzan las estructuras históricas pre-existentes. Es decir, no es casual que consideremos al turismo como un fenómeno o como un derecho universal, como así tampoco que creamos que en todos los tiempos y en todos los pueblos, la hospitalidad fuese una característica inherente y genética de la humanidad (a saber que todos los hombres por ser hombres deben ser hospitalarios). Estas ideas (prejuicios) al igual que muchas otras han sido reproducidas funcionalmente al orden económico que le ha dado nacimiento. (Pagden, 1997)

Como ya se ha mencionado, pero siempre es bueno recordar, la escuela durkheimiana no ha podido desprenderse de los problemas que le trajo el positivismo, para aplicar sus mismas doctrinas y paradigmas, en contextos de inestabilidad institucional, política o social; asimismo, el hecho de suponer que toda sociedad basa sus dinámicas sociales en factores estructurales económicos en donde el sujeto sólo tiene un rol pasivo y de obediencia normativa. En este punto, la antropología tiene todavía mucho para decir.

El turismo y la antropología

La antropología se consolida como ciencia a mediados del siglo XIX, sus preocupaciones estaban mayormente vinculadas a la desaparición de culturas exóticas. Se creía, en ese entonces, que existían ciertos valores y culturas que estaban a punto de desaparecer por varias razones las cuales iban desde un avance desmedido del proceso industrial hasta la pérdida de lazos sociales o la secularización.

Dentro de este contexto histórico, el encuentro con el “otro” generó, por parte del antropólogo, cierto interés en el estudio de las sociedades coloniales. En parte, por cuestiones de índole científica y en parte por la necesidad de estudiar, y mejorar las organizaciones administrativas coloniales (políticas) existentes en la época.

El evolucionismo, y sobre todo la tesis eugenesia, elaborada por Francis Galton pero seguida por gran cantidad de estudiosos, propugnaban la idea de que existían “razas” de mayor inteligencia que otras. Así, los “nórdicos” se constituían como una de las razas de mayor coeficiente en detrimento de otras muchas. Esta tesis, fue seriamente criticada desde la antropología y la psicología cultural por Otto Klineberg y Franz Boas. Estos autores, cuestionaban precisamente que los cuestionarios destinados a medir la inteligencia habían sido redactados bajo presupuestos o valores culturales occidentales, y en consecuencia, no eran científicamente válidos. Esta preocupación, sobre el etnocentrismo propio de la Europa de principios de siglo XX, ha estado muy presente en la forma de hacer antropología. (Klineberg y Jahoda, 1967)

Pero, lo cierto, es que inevitablemente muchos antropólogos comenzaron a crear la figura del “buen salvaje” como una forma de dominación ideológica y política. La matriz civilizatoria y el papel paternal, hacia las desvalidas culturas “exóticas” que nada pueden hacer contra el avance de la modernidad, fue una idea muy presente en la antropología de ese entonces.

En este sentido, las diferencias en organización político institucional entre las así llamadas sociedades “primitivas” y las “civilizadas” fue uno de los principales obstáculos metodológicos que encontró la antropología. Esto no significa, que necesariamente el antropólogo haya sido objeto o instrumento de la colonización europea. El trabajo de campo en sociedades “primitivas” (a través del aporte de Malinowski) permitió incorporar toda una serie de bagajes teóricos y conocimientos novedosos que demuestran como “las relaciones informales” son tan o más importantes que “las formales” como sostenían los positivistas. Estos conceptos van a ser utilizados para comprender la formación de las sociedades modernas. De esta forma e inserta en este contexto socio-histórico, la disciplina comienza a delinear su base teórico-metodológica.

En el pensamiento de la época dos ideas (prejuicios) fueron de capital importancia para el desarrollo de la disciplina: a) el miedo a la desaparición de ciertas culturas que por el avance del modernismo corrían peligro de desaparecer, y b) la tendencia a explicar las sociedades europeas, concebidas como complejas y conflictivas mediante una comparación a las sociedades primitivas, cuya composición se deriva simple y armónica. Estas dos nociones, pueden observarse en los escritos clásicos de Durkheim, Mauss, Racdliffe-Brown, Malinowski y Evans-Pritchard entre muchos otros. (Racdliffe-Brown, 1975) (Pritchard, 1977) (Mauss, 1979) (Malinowski, 1986) (Durkheim, 2003).

En la actualidad, los escritos que se dedican al llamado “turismo cultural” han traído consigo este vicio de la antropología social de mediados del XIX, considerando al turismo como un instrumento (sino el único) válido para rescatar los valores culturales perdidos o bajo supuesta amenaza. Misma tendencia “paternalista”, se observa en el denominado, patrimonio turístico, curiosamente término que en latín significa “padre, protector”. Los estudios en esta clase casos, apuntan a un miedo latente a que procesos de capitalización absorban las identidades locales de ciertos sin comprender primero que ya se está inserto en él.

Al respecto, Korstanje sostiene “En la antigüedad los romanos comprendían al vocablo como aquello que se delega por parte del padre. Su vínculo a la vida social de ese entonces estaba forjado por la religión y el culto a los dioses lares. Acorde a esta explicación, las cosas (res), podían clasificarse res in patrimonio y res extra patrimonio. Aunque jurídicamente, no existía una codificación precisa para la palabra, los romanos tenían muy presente la idea de conservación (heredada de los griegos). …para comprender los motivos por los cuales el término (significado) ha mutado en la historia del hombre, es necesario abordar la génesis del capitalismo como proceso burocrático (en el sentido weberiano) con bases en el tipo legal-racional (desarrollo jurídico) de control y eficacia administrativa orientada a resultados.” (Korstanje, c2007)

Al igual que el turismo cultural, el patrimonial teme que el avance desmedido de la economía capitalista devore las identidades de los pueblos y sus valores culturales, cuando realmente, ya el capitalismo se encuentra presente en las alienaciones conceptuales de los términos y los significados que les asignamos. La variación semántica que el término patrimonio ha sufrido a lo largo de los años, parece prueba suficiente para respaldar dicha afirmación. (Korstanje, c2007)

En este contexto, una gran parte de investigadores cree que existe una fuerza (negativa) la cual tiende a la homogeneización de las identidades y por ende a la desaparición de las culturas de varios de los pueblos del planeta (sobre todo de los no industrializados). Al igual que sus predecesores, indirectamente, esta noción divide a los hombres, o mejor dicho a las sociedades en “complejas” y “primitivas”. En consecuencia, esta modernización o capitalización cultural, por otro lado, puede ser neutralizada (o por lo menos) disminuidos sus efectos “nefastos”, si se utiliza al turismo cultural como un instrumento de desarrollo, sustentabilidad o crecimiento prolongado.

Esta hipótesis ha estado presente (una y otra vez) en la mayoría de los artículos escritos en la materia; y seguirá latente por un tiempo más. Sin ir más lejos, Cristian Vitry advierte “el turismo cultural es una actividad que en los últimos años se vio potenciada, tal vez como consecuencia de la crisis de valores y la fuerte tendencia a la homogeneización de las culturas que impone explícita o implícitamente el capitalismo.” (Vitry, 2003:242)

Y análoga declaración, se encuentra en los escritos de otros importantes investigadores como lo son Antonini y Dos Santos, quienes consideran a la aculturación como una amenaza tangible en la gastronomía azoriana. En este sentido, la revitalización económica del turismo debe de alguna manera, garantizar un rejuvenecimiento de los valores culturales locales.

Si alguna duda, sobre ello queda, véase las últimas líneas del trabajo donde, los autores señala “Midlej, Abitar, Abijaude, Hage, Daneu, son algunos ejemplos de familias regionales que ponen en práctica el arte de la cocina árabe, como actividad económica o con el fin de conservar las tradiciones. Cuando se tienen en cuenta las características tradicionales y económicas de la gastronomía de un lugar hay que destacar al turismo cultural como un elemento importante para impulsar la economía e incentivar la sustentabilidad” (Dos Santos y Antonini, 2004: 272)

Desde nuestra humilde perspectiva, podemos afirmar que hemos presentado elementos teóricos sustentables que prueban la presencia de las doctrinas positivistas y evolucionistas de la antropología del sigo XIX, en un sector científico-académico que se dedican a investigar temas relacionados al turismo cultural o a la antropología del turismo. (Korstanje, c2007)

En parte, esto despierta una idea (hipótesis) mucho más ambiciosa todavía: el miedo a lo diferente despierta tanto rechazo y repulsión (del cual la historia ya es testigo) como también idealización y anhelo de protección. Simplemente, habrá que entender que diferente o diversidad son sólo palabras cuyo sentido (positivo o negativo) atraviesa las entrañas de la época y el orden político-social. Si bien no negamos las bondades de la sustentabilidad, cuestionamos su aplicación desmedida como forma socialmente correcta y totalmente a-crítica.

El turismo y el Desplazamiento geográfico.

Los debates en turismo adquieren un carácter, en ocasiones frívolo o superficial. El tránsito parece haber adquirido un lugar esencial dentro de la dinámica que conforma al mismo.

En este sentido, el trabajo de Tim Coles, David Duval y Michael Hall titulado Sobre el Turismo y la movilidad en tiempos de movimiento y conjetura posdisciplinar, se conforma como uno de los trabajos más serios que se hayan escrito al momento sobre la significación del mismo como disciplina científica.

El trabajo fue publicado en el año 2005, Volumen 42, número 1 de la prestigiosa revista Política y Sociedad, perteneciente a la Universidad Complutense de Madrid. La traducción al español estuvo a cargo y revisión de Rubén Blanco. Los autores, son destacados investigadores y docentes de las Universidades de Exeter, Reino Unido; y la Universidad de Otago en Nueva Zelanda.

El trabajo comienza describiendo los obstáculos que encuentra el turismo para ser tomado como ciencia y su estereotipación como producto de viaje.

“El Turismo es a menudo caracterizado por las manifestaciones bipolares del viaje humano contemporáneo, en el que de una parte, se le presenta dentro de una investigación basada en las ciencias sociales, por ejemplo, las relaciones invitado-anfitrión, las tipologías de turistas y las motivaciones del viajero. De otra, están aquellos trabajos con una fuerte orientación económica y de gestión. Su ámbito son las investigaciones sobre la calidad de la hospitalidad y del esparcimiento, el grado de satisfacción e incluso la mercadotecnia”. (Pp. 87)

La tesis de los autores, es que los viajes y el turismo se encuadran (de alguna u otra manera) dentro de un fenómeno similar: el movimiento temporario.

Estos hallazgos y comentarios son interesantes ya que coinciden con la corriente de investigación que hemos iniciado en otra investigación, la cual apunta al origen del viaje como ritual vinculado a un mito fundador (judeo-cristiano) que se basa en el desplazamiento como modo de expiación y regeneración en forma cíclica. (Eliade, 1968) (Eliade, 2006) (Korstanje, a2007). Esta tesis nos lleva a distanciarnos notablemente de la posición del profesor, José Dos Santos para quien los rituales adquieren una naturaleza procesal de reformulación constante de estatus. (Dos Santos, 2005) (Korstanje, b2007).

En este sentido, Coles, Duval y Hall sostienen “nuestra opinión es que los estudios del turismo deben estar dispuestos a adoptar el lenguaje de las movilidades dedicado y enraizado en los individuos por oposición a los turistas”. (pp. 87) …“Bosquejamos cómo conceptos tales como migración, transnacionalismo y diáspora – como formas de movilidad y movimiento transitorio- tienen bastante en común con los asuntos de la producción y consumo en turismo”. (pp. 88)

Para los autores existe una vinculación conceptual teórica entre viaje y las diferentes formas de turismo contemporáneo surgidos de la lógica global. Desde esta postura, el turismo se ha transformado hoy en una disciplina que por un lado, toma elementos analíticos de otras, mientras que por el otro, también es estudiada por diversas ramas académicas. Con un excelente manejo de fuentes bibliográficas en la materia, Coles, Duval y Hall apuntan a que el turismo tiene una presencia académica notable en los claustros universitarios, y posee elementos suficientes, a pesar de sus detractores, para ser considerado una disciplina científica.

Sin embargo, existe por parte de las ciencias sociales una tendencia a trivializar los alcances de las investigaciones en la materia. “No obstante, existen otros problemas más pragmáticos que minan el genuino esfuerzo para los Estudios del turismo obtengan la aceptación de disciplina. Por ejemplo, Gustafson (2002) identifica un movimiento antiturismo en las ciencias sociales. Hall habla de una relativa falta de seriedad en las ciencias sociales hasta hace poco en su consideración del fenómeno turístico”. (Pp. 89)

El punto es que las barreras impuestas por la propia disciplina son aún débiles y muy permeables. Si bien de un lado o del otro se hacen esfuerzos por construir del turismo un objeto de estudio, no queda claro aún los “paradigmas fundacionales” de la propia disciplina.

“El turismo se ha caracterizado por su flexibilidad al ser abordado tanto por aquellos investigadores interesados en desplazarse a zonas de mayor comodidad en sus ámbitos disciplinares como por aquellos otros que han tratado de aproximarse al turismo por encima de las divisiones disciplinares” (Pp.90)

Este hecho no debe ser pasado por alto, ya que presupone una construcción totalmente dispar. En este sentido, podemos afirmar que cada disciplina (acorde a sus propios paradigmas) construye postulados teóricos propios en cuanto al turismo; esto en sí no implica ningún riesgo salvo por la fragmentación que se deriva de ello. No es extraño observar que se habla de una antropología del turismo, una geografía del turismo, una psicología del turismo, todas ellas con su propia definición y sustento del problema.

Para Coles, Duval y Hall el turismo es ante todo, un fenómeno que requiere de una movilidad temporal voluntaria; “a pesar de los avances en la comprensión de la motivación y psicología de los turistas, el turismo en tanto que fenómeno todavía se clasifica y mide a través de datos estadísticos brutos, a menudo como un simple conteo de unidades. Desafortunadamente, la aproximación fracasa en su intento de reconocer al turismo como una suerte de formas de movilidad voluntarias, lo cual supone un escaso solapamiento con otros campos interesados en las movilidades, el transporte, el comercio o los movimientos migratorios”. (Pp. 93)

La geografía ha intentado bajo una nueva perspectiva abordar el tema, desde una óptica que combina movilidad temporal y espacial, representando un número total de viajes sobre interacciones en tiempo y espacio se obtiene un esquema “ideal” en el estudio del problema. Así, el turismo va desde un alojamiento en segunda residencia, hasta un viaje de negocios. Todas estas tipologías, alcanzan de alguna manera una especie de movilidad anclada en espacio y tiempo.

Al respecto, los autores sostienen “de igual modo, la geografía del tiempo examina las formas en las cuales la producción y la reproducción de la vida social depende de sujetos humanos informados trazando caminos rutinizados a lo largo del espacio y a través del tiempo y cumpliendo con proyectos particulares cuyas realizaciones están limitadas por la capacidad de bloqueo mutuo y por las restricciones de su gobierno y combinación”. (Pp. 94)

En este sentido, existe una similitud entre la geografía del tiempo y la teoría de la estructuración en Anthony Giddens. La rutinización como práctica legitima el orden estructural y le da sentido a la acción en forma cíclica. Además, se establecen una trama de significados compartidos que fijan específicamente pautas, normas y costumbres que rigen y guían la actividad.

Lo curioso, tal vez, es que el turismo halla sido excluido en el momento en que las geografías del tiempo eran una moda teórica. “Por el contra, ahora que el turismo es objeto de una considerable atención académica, las geografías del tiempo y los modelos de interacción espacial prácticamente han desaparecido del interés académico”. (Pp. 94)

Los aportes del trabajo analizado son varios ya que, por un lado articula las diferentes posiciones sobre un tema que ha desvelado durante mucho tiempo a aquellos que nos hemos dedicado al estudio del turismo: definir hasta que punto el turismo puede ser considerado una actividad económica o una disciplina científica y establecer el papel del viaje como mecanismo plausible de status y por consiguiente, generador de orden social. En efecto, como los autores lo señalan “la esencia del la movilidad humana descansa en cómo se enlaza el viaje de placer y el reconocimiento social”. (Pp. 96).

Surgen, de esta forma, diferentes representaciones del turismo que lo despojan de ese estereotipo que presupone una actividad exclusivamente reglada por el intercambio comercial y al desplazamiento espacial. Los autores, nos hablan de turismo “diaspórico”, al cual definen como aquel viaje que se concreta por espacios de tránsito y cuya búsqueda radica en las rutas de los propios antepasados.

Finalmente, Coles, Duval y Hall concluyen que se deben extender los límites conceptuales, temporales y geográficos en los cuales el turismo se desenvuelve, ya que como ellos han demostrado existen en el desplazamiento voluntario diversas formas que relacionan a la migración y a la diáspora; aunque este hecho no haya podido ser observado por la comunidad académica internacional.

“Como hemos tratado de demostrar, algunas formas de turismo presentan fuertes vinculaciones con la migración, el transnacionalismo, y la diáspora, pero en términos generales la comunidad académica centrada en el análisis del turismo no ha podido ver más allá de la naturaleza del turismo orientado por el negocio de la producción, consumo y mercadotecnia”. (Pp. 97)

Los valores culturales y sociales influencian movilizaciones que se ubican dentro de una identidad diaspórica que llevan a construir lazos comunes entre grupos humanos. “Así, pues, defendemos una reconceptualización del turismo contemporáneo que vaya más allá de la exclusividad de pensar en el turismo en forma aislada para sostener que, en algunos casos, las nuevas formas de producción y consumo de turismo son mucho mejor entendidas por la referencia a sus conexiones con otras formas de actividades en el espectro más amplio del movimiento humano. En general, sostendríamos que tales movilidades, en tanto que constructo emergente metateórico, ofrecen un medio de unificar los estudios del turismo y de introducirlas en la década venidera.” (Pp. 98)

A nuestro modo de ver, existen diversas definiciones de lo que realmente el turismo es. Cada una de ellas, obedece a elementos analíticos propios de las disciplinas que se esfuerzan por estudiar. Indudablemente, no existe aún un consenso interdisciplinario que nos permita establecer una definición sostenida de lo que se entiende por turismo. Esta falta de consenso, se convierte en un obstáculo importante para quienes nos dedicamos al estudio del tema, y más aún para aquellos que se esfuerzan por demostrar que el turismo es una disciplina científica.

Según, nuestra propia definición de turismo se entiende por tal a toda “forma moderna de ocio (comercializado o no) que implique un desplazamiento temporal y consecuente retorno satisfaciendo así necesidades psico-sociales específicas de descanso, relajación y afirmación de estatus en espacios socialmente determinados y destinados para tal fin.” (Korstanje, a2008)

En la bibliografía clásica existen dos tendencias que se disputan la manera de cómo encuadrar a la actividad y consecuentemente son contrarias en un ángulo de ciento ochenta grados: una lógica acumulativa, que se nutre de diversas definiciones para legitimar un concepto económico comercial. Debido a su dinámica centrípeta, las definiciones dentro de esta clasificación, se caracterizan por ser un conjunto de sub-definiciones articuladas coherentemente; generalmente englobando diversas actividades que de otra manera no tendrían conexión alguna. Por el contrario, la lógica exhaustiva implica una definición por descarte y crítica por lo mutuamente excluyente, desde el momento en que requiere de una construcción conceptual e instrumental cinético-técnico. (Korstanje, a2008)

Si bien, hasta el momento ambas posturas no han podido (por decirlo así) reconciliar posiciones; los trabajos de los profesores Coles, Duval y Hall se transforman en verdaderos “faros de luz” para todos aquellos que nos interesamos por un turismo científico e inserto dentro de la Academia de Ciencias. Lo interesante en este sentido es que el viaje (como institución social) parece ser un elemento analítico fundamental, aun cuando discutible, para conciliar las diferentes definiciones y poder articularlas en un corpus teórico coherente y demostrable empíricamente. Aún en esta línea, hay mucho para decir e investigar.

Conclusiones

En el presente trabajo crítico hemos expuesto los motivos, puntos y perspectivas por las cuales consideramos el turismo no debe adoptar ciertas costumbres metodológicas provenientes de las Ciencias Sociales.

En principio, tanto la sociología (positivista) y la economía, como también la antropología y la geografía han contribuido a la formación de una disciplina turística. Pero, este pasaje de conocimientos se ha dado no sin pocos problemas. En algún punto, los turismólogos han intentado seguir al pie de la letra los paradigmas de las mencionadas disciplinas sin ningún tipo de reparo crítico o contextual. Así, surgieron temas estudiar que no son otra cosa que la prolongación de los prejuicios de las disciplinas de origen. El siguiente ensayo, ha intentado retornar a la imaginación y a la lógica como dos formas innovadoras de crear conocimiento y hacer verdadera turismología.

A tal punto, creemos útil y revelador traer a colación y citar al profesor Bordieu cuando afirma “Construir un objeto científico significa, primero y ante todo, romper con el sentido común, es decir, con representaciones compartidas por todos, trátese de simples lugares comunes de la existencia ordinaria o de representaciones oficiales, a menudo inscritas en instituciones y, por ende, tanto en la objetividad de las organizaciones sociales como en los cerebros. La preconstrucción se encuentra en todas partes”. (Bordieu y Wacquant, 1996: 177).

En ocasiones, los investigadores consideran al turismo un fenómeno complejo, dinámico y cambiante. El modelo experimental tomado de ciertas ciencias decimonónicas como la sociología, la antropología y la economía confunden más de lo que aclaran. En parte, debido a que este modelo de naturaleza positivista que presupone a la comparación como la única forma de explicación científica posible, encuentra varias dificultades en escenarios de cambio social constante o de variables no controladas. En este sentido, la inducción se transforma como otra manera de estudiar al turismo.

Particularmente, el turismo se va a situar como disciplina científica sólo cuando pueda construir un objeto propio de estudio, que lo distinga del resto de las ciencias. Para que eso suceda es conveniente llegar a un acuerdo teórico y epistemológico de lo que comprendemos por tal. El vicio de estar todo el tiempo y en cada investigación definiendo un concepto implica la falta de un conocimiento cierto sobre lo que se pretende estudiar.

Referencias

• Barrado Timón, Diego. (2001). “El papel de la geografía en la formación de Técnicos en turismo”. Cuadernos En Turismo 7 (1):7-22.

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