Kenneth E.
Boulding (bio)
RESUMEN: Boulding analiza en este trabajo el desarrollo durante los últimos 150 años de un área cada vez mayor de paz estable entre las naciones independientes, considerando las condiciones que favorecen tal proceso y destacando que el mismo, cuyo estudio ha sido olvidado, ofrece una importante oportunidad para la paz, señalando el camino a seguir por los investigadores para avanzar en tal tarea.
ABSTRACT: A remarkable development of the last 150 years, the study of which has been much neglected and would provide an important opportunity for peace research, has been the growth of an increasing area of stable peace between independent nations. In this work Boulding considers the principal historical events of this development and the conditions for stable peace to appear, suggesting the way forward for future researchers in this field.
Nota de TEPYS: Este texto fue uno de los últimos escritos del prestigioso economista y pacifista Kenneth E. Boulding. Fue publicado originalmente en Elise Boulding, Clovis Brigagab y Kevin Clements, eds. (1991): Peace, culture and society: transnational research and dialogue. Westview Press en cooperación con International Peace Research Association. La traducción de Antonio G. Lizana que ofrecemos aquí fue publicada en la revista Cuadernos de Ciencias Económicas y Empresariales, Nº 26, 1994. Se reproduce aquí con las debidas autorizaciones.
Un cambio extraordinario producido durante Ios últimos 150 años, cuyo estudio, muy descuidado hasta el momento, ofrecería una importante oportunidad para la investigación sobre la paz, ha sido el desarrollo de un área de paz estable cada vez mayor entre las naciones independientes. Este cambio comenzó en Escandinavia, entre Suecia y Dinamarca, a mediados del siglo XIX, se extendió a Norteamérica en 1871 aproximadamente; a Europa Occidental, Japón y Australia después de la Segunda Guerra Mundial. La paz estable puede ser definida como una situación entre dos naciones independientes en la que ninguna tiene planes significativos para ir a la guerra contra la otra. Esto ha sucedido en gran parte sin planificación previa, no depende mucho de tratados formales, y se ha desarrollado casi espontáneamente como una pauta de aprendizaje del comportamiento de las naciones. No está muy relacionado con los movimientos u organizaciones pacifistas, ni siquiera con el desarrollo de la no violencia organizada.
Las condiciones para que la paz estable aparezca son muy simples: una es que el cambio de situación de las fronteras nacionales se elimine de las políticas nacionales, salvo por mutuo acuerdo. Una segunda condición es que debe ser mínima la intervención de una nación en Ios asuntos internos de otra. Una tercera podría ser el desarrollo de una actitud hacia el estado nacional de carácter más bien económico que romántico y heroico, contemplándolo como una conveniencia pública en vez de como un cuasi-dios que demanda sacrificios humanos.
Podríamos distinguir también una fase
del sistema internacional que podía ser denominada «paz
casi-estable». América Latina podía ser citada como un ejemplo, al
menos desde la guerra del Chaco de los años treinta, entre Bolivia y
Paraguay, o incluso, hasta cierto punto, desde el final de la guerra
de López en los años mil ochocientos setenta y la «Guerra del
Pacífico», de 1880-84 de Chile contra Bolivia y Perú. En esta fase
la guerra internacional es extremadamente rara y los cambios de
fronteras nacionales muy pequeños, aunque puede haber algunas
disputas como las de Venezuela y Guyana o Argentina y Chile sobre
una pequeña isla del Estrecho de Magallanes. Estas disputas, sin
embargo, no son lo suficientemente severas como para llevara una
guerra internacional. La guerra de las Falkland-Malvinas, sin
embargo, sugiere que América Latina no es realmente parte del «gran
triángulo» de paz estable, que se extiende desde Australia y Japón,
a través de Norteamérica, hasta Finlandia, aunque es significativo
que incluso un régimen militar bastante agresivo como era el de
Argentina no intentó cambiar ninguna frontera con ningún otro estado
latinoamericano vecino.
Los países de América Latina, sin embargo, sufrieron guerras
internas importantes durante este periodo, al menos más que los
países del «gran triángulo». Colombia, con su «Violencia»
[2], es un ejemplo particularmente
triste. Argentina tuvo la horrorífica «guerra sucia» de su período
militar en los setenta y primeros ochenta hasta que la Guerra de las
Falkland puso fin a este período. Chile ha tenido el episodio
Allende y un gobierno muy represivo. Con la excepción de Costa Rica,
todos los países centroamericanos han tenido mucha violencia
interna, especialmente Guatemala, Nicaragua y El Salvador. Surinam
ha visto también una gran violencia interna desde que llegó a ser
independiente. Brasil parece haber estado bastante tranquilo desde
la sublevación de principios del siglo XX, inmortalizada en la gran
novela brasileña Os Sertoes, y la breve guerra civil de los treinta.
Bolivia y Perú han sufrido, cada uno, mucha violencia interna. Perú
y Ecuador han tenido una guerra internacional bastante leve. Por
tanto, uno no podría mirar, ciertamente a América Latina como una
parte del mundo muy pacífica. Sin embargo, la guerra entre países ha
sido muy poco frecuente en los últimos cien años y su escala
bastante reducida.
En África, las fronteras internacionales se han mantenido
extraordinariamente estables desde el final de los imperios
coloniales, a pesar de las muchas guerras internas. Ha habido
guerras internacionales entre Etiopía y Somalia, esencialmente por
un problema de fronteras. Argelia combatió contra Francia en una
sangrienta guerra de independencia, pero que podría ser contemplada
como una guerra interna. Zaire y Nigeria han tenido varias guerras
internas. Angola y Mozambique continúan teniéndolas. Burundi sufre
una guerra tribal, prolongada y desastrosa. Uganda casi se ha
desintegrado con una guerra interna. Hay una guerra interna con
algunas implicaciones internacionales en el antiguo Sahara Español,
ahora quizás acercándose a su fin. Egipto ha tenido una guerra
internacional con Israel. Sudán ha tenido varias guerras internas
severas, al igual que Etiopía. Sin embargo, en relación con Europa
durante las pocas últimas centurias, hasta el final de la Segunda
Guerra Mundial, la guerra internacional ha sido una parte
relativamente pequeña de la violencia organizada, a pesar del hecho
de que las fronteras de los nuevos estados africanos son arbitrarias
y cruzan a través de límites tribales y lingüísticos, siendo el
resultado principalmente de la ignorancia geográfica de las
potencias europeas en la Conferencia de Berlín de 1884.
En Europa, a partir de 1946, ha habido pocas cosas que pudieran
llamarse guerra internacional. Las invasiones rusas de Hungría y
Checoslovaquia son casi los únicos ejemplos. Los vascos, así como
Irlanda del Norte, han estado implicados en conflictos internos
durante mucho tiempo, pero de poca entidad. La Unión Soviética ha
tenido pocos conflictos que puedan catalogarse como guerras internas
en los últimos 40 años.
Hasta recientemente, la «Revolución Cultural» en China, ha tenido aspectos de guerra interna. El sudesde de Asia ha tenido guerra casi estable durante unos cuarenta años, tanto interna como externa. India, China y Pakistán se han visto implicados en pequeñas guerras internacionales y en conflictos locales internos; por ejemplo, los Sikh en Punjab. Afganistán ha padecido tanto guerra interna como internacional.
Las relaciones entre los Estados Unidos y la Unión Soviética y sus respectivos aliados podrían ser descritas como «paz estable». Ha habido poca violencia real, sino más bien una importante carrera de armamentos surgida como sistema de disuasión, que si ha sido bastante estable a corto plazo no puede serlo a largo, mientras que existan grandes ejércitos. Las armas nucleares han incrementado probablemente la estabilidad de la disuasión a corto plazo a causa de los costes horrendos que suponen. Hay muchas evidencias de que en el período prenuclear, la probabilidad de la ruptura de la disuasión era aproximadamente del orden del 4 por ciento anual. Esto es, del orden de lo que podríamos llamar una inundación cada 25 años.
No tenemos experiencia, desde luego, de la ruptura de la disuasión nuclear, pero la probabilidad de tal ruptura es claramente algún número positivo, simplemente porque si la probabilidad de que las armas nucleares detonaran fuera cero, no disuadirían a nadie. Toda disuasión implica alguna probabilidad de ruptura a largo plazo; de otra manera, no disuadirían a corto. La probabilidad de la ruptura de la disuasión nuclear podría ser del orden de 1 ó 2 por ciento por año; algo así como una inundación cada 50 ó 100 años. Con una probabilidad del 1 por ciento por año, la probabilidad de ruptura en 100 años es en alguna parte del orden del 63 por ciento; en 400 años, más del 98 por ciento.
Por lo tanto, si el sistema actual de
defensa nacional unilateral continúa, está claro que la disuasión
nuclear se romperá en algún punto y los Estados Unidos y la Unión
Soviética se destruirán uno al otro, y probablemente a la mayor
parte del mundo. Bajo esta circunstancia, la única seguridad
nacional verdadera es a través de la paz estable; como ésta existe
ya en una escala bastante amplia, sería ciertamente posible. El gran
problema de esta generación es cómo expandir el área de paz estable
para incluir, primero, a los Estados Unidos y a la Unión Soviética y
a sus aliados, y después al Tercer Mundo.
Desafortunadamente, la dinámica subyacente del movimiento hacia la
paz estable, sea a nivel internacional, sea a nivel interno, ha sido
muy poco estudiada y no es bien entendida. Hay aquí una gran tarea
por delante para la investigación sobre la paz; primero, desde el
punto de vista del estudio de la historia de los procesos a través
de los que la paz estable es asegurada, lo cual ha sido casi
totalmente olvidado por los historiadores; en segundo lugar, para
entender los patrones de aprendizaje e interacción sociales a través
de los que se ha desarrollado este proceso, los cuales han sido
olvidados por todos. Está claro que el desarrollo de la paz estable
es fundamentalmente un proceso de aprendizaje, pero cómo tiene lugar
este aprendizaje y por quién es todavía muy confuso y necesita
investigación.
Con toda claridad, algo sucedió en Escandinavia entre la Guerra
Napoleónica y la mitad del siglo XIX. Algo, ciertamente, sucedió en
Norteamérica entre 1812, cuando EE.UU y Canadá estuvieron en guerra,
y los años 1870, cuando la paz estable fue asegurada y entre la
guerra de EE.UU. con México en 1846 y la muy mínima intervención por
Estados Unidos en la guerra civil mexicana de 1910-1919.
Similarmente, algún proceso de aprendizaje se ha producido en Europa
Occidental, que ha conducido a poner fin a las guerras entre Francia
y Alemania, o entre Francia e Italia, o entre Inglaterra y estos
países. Los procesos y las instituciones que fomentan este proceso
de aprendizaje, sin embargo, son todavía oscuros, y una tarea muy
larga de investigación nos espera por delante. Necesitamos, desde
luego, estudiar todos los aspectos diversos de los sistemas sociales
e investigar las circunstancias bajo las cuales estos aspectos
particulares reducen o incrementan las oportunidades del movimiento
hacia la paz estable.
Podemos empezar, por ejemplo, con la religión y la ideología. Está
claro que, en buena parte, una religión o una ideología común no
produce necesariamente paz estable por sí misma. Las guerras más
sangrientas de los últimos pocos años han sido entre Iraq e Irán,
dentro del Islam. La Primera y la Segunda Guerras Mundiales fueron
entre países nominalmente cristianos, en general.
El budismo quizás tenga el mejor
historial en la promoción de la paz, aunque ha habido guerras entre
estados budistas, tales como Birmania y Thailandia en el pasado. El
budismo ha puesto su principal énfasis en el alejamiento personal de
la violencia, como también lo encontramos en el monaquismo y en las
iglesias de la paz en la Cristiandad. El marxismo ha promovido la
violencia en interés de la revolución y tiene la esperanza
escatológica de que el estado se marchitará, lo cual parece
demasiado optimista a la luz de su historia. Un idioma común tampoco
es una garantía de paz, como vemos en América Latina yen Irlanda del
Norte. Las diferencias religiosas e ideológicas han sido usadas a
menudo como una excusa y una justificación para la guerra, como en
la guerra de los Treinta Años en Europa, en las Cruzadas de los
cristianos contra los musulmanes, y la «guerra fría» entre Estados
Unidos y la Unión Soviética. La guerra interna quizás es justificada
más a menudo por diferencias ideológicas, como en el caso de los
Sikh en la India, los tamiles hindúes en Sri Lanka, los protestantes
y los católicos en Irlanda del Norte, o las insurrecciones
comunistas o anticomunistas en muchas partes del mundo. Pero, en
general, las guerras dentro de las mismas fronteras ideológicas han
sido tan devastadoras como fuera de ellas.
La relación entre capacidad económica e instituciones para la paz,
tanto interna como externa, es extremadamente compleja y merece
estudios mucho más serios. Una evidencia tan imperfecta como la que
tenemos sugiere que las guerras no siguen muy de cerca las líneas de
los conflictos económicos y que el comercio, en general, es una
ocupación pacífica que tiende a ser de suma positiva, y los
comerciantes, ciertamente, tienen una cultura muy diferente de los
guerreros. Por otra parte, el desarrollo económico incrementa
ciertamente tanto la cantidad absoluta como la proporción de
recursos nacionales que pueden ser dedicados a la guerra. Adam Smith
afirmó: «Entre las naciones civilizadas de la Europa moderna... no
más de una centésima parte de los habitantes de cualquier país
pueden ser empleados como soldados sin ruina para el país que paga
el gasto de su servicio» (A. Smith, 1937, pp. 657-658). Antes de los
últimos 200 años o así, se necesitaba el 80 ó 90 por ciento de la
población para alimentar al 100 por cien, así que la proporción de
la economía dedicada a la guerra raramente ascendía por encima del 2
por ciento, y era muchas veces más baja que esto. En la Segunda
Guerra Mundial, los Estados Unidos pudieron dedicar el 42 por ciento
de su renta nacional a la guerra. El desarrollo económico, sin
embargo, permite ala guerra llegar a ser más destructiva, no sólo a
causa de los avances técnicos en la capacidad destructiva de las
armas, sino a causa de que pueden dedicarse a ello más recursos. E
incluso entre los países pobres el desarrollo económico tiende, al
menos entre los moderadamente pobres, a aumentar la proporción de la
renta nacional que se destina a fines militares.
Enfocando la discusión económica por el lado contrario, el aumento
en la productividad humana hace ala guerra mucho menos rentable,
incluso para el vencedor, que en las condiciones de extrema pobreza
de una población sobresaturada de las sociedades
recolectoras-cazadoras, las cuales podrían ocasionalmente conquistar
y esclavizar a sociedades agrícolas vecinas con un excedente de
comida. En el mundo moderno, ha llegado a ser muy claro que los
imperios y las grandes potencias económicamente no dan resultados.
En los siglos XIX y XX, por ejemplo, Suecia y Dinamarca llegan a ser
más ricas mucho más rápidamente que Inglaterra o Francia, cuyos
imperios mutilan su desarrollo económico nacional. La conquista
desvía la atención de la productividad. Es una generalización
plausible que cuanto más compleja llega a ser una sociedad, más
perjudicial y menos productiva económicamente llega a ser la guerra.
Las personas e incluso los gobiernos llegan a comprender finalmente
este hecho. Y así, el crecimiento de la paz estable se relaciona en
alguna medida con este proceso casi inconsciente de aprendizaje
humano. La esclavitud llegó a ser obsoleta en buena parte a causa de
que la productividad del trabajo libre aumentó tanto que pesó más
que cualquiera de las posibles ventajas de la esclavitud. La guerra
llega a ser obsoleta por razones similares: simplemente, que no es
viable económicamente ni para los vencedores ni para los vencidos.
El papel de las artes, la música y la literatura en la legitimación de la guerra es un problema interesante que podría ser estudiado cada vez más. Ciertamente, las bandas militares, las canciones de guerra, los uniformes, marchando como una especie de cuerpo de baile, todo ello contribuye al desarrollo de la moral militar. Mas por otro lado, el arte de por sí es abrumadoramente pacífico. Yo he hecho algunos estudios casuales én museos de arte, que sugieren que un 90 por ciento del arte pictórico es pacífico. Ciertamente, lo mismo es verdad para la música. Las bandas militares son una parte muy pequeña del repertorio musical, y lo mismo podría decirse de las canciones populares que son, incidentalmente, un indicador interesante de la legitimidad de la guerra, como vemos comparando las canciones bélicas de la Primera Guerra Mundial con la relativa ausencia de estas canciones en la Segunda, y las canciones anti-guerra durante la Guerra del Vietnam.
La relación de la literatura con la
guerra y la paz es particularmente compleja. Hay una literatura de
guerra, y una literatura que glorifica la guerra: los escritos de
Homero y Virgilio ejemplifican el tema. Por otra parte, la cultura
de la actividad literaria y de los escritores es abrumadoramente
pacífica. Sería interesante investigar la proporción de literatura
dedicada a temas pacíficos en diferentes tiempos y culturas. No es
sorprendente que la tragedia sea frecuentemente construida alrededor
de temas de guerra, pero, con el tiempo, aumenta la proporción de
temas pacíficos en la literatura. La épica, frecuentemente
desarrollada sobre un tema militar, prácticamente ha desaparecido de
la literatura. La novela, a pesar de excepciones como Guerra y Paz
de Tolstoy, se desarrolla de manera abrumadora sobre temas de la
vida doméstica, en donde la guerra se introduce sólo
incidentalmente. En las novelas de Jane Austen, por ejemplo,
escritas durante las guerras napoleónicas, apenas hay alguna mención
a la guerra. Un ocasional baile militar es el único signo de que
está ocurriendo una gran guerra. Las historias de detectives, aun
cuando usualmente entrañan violencia, tienen que ver de manera
abrumadora más con la policía que con los ejércitos. E incluso donde
la guerra es el tema de una novela, como en Sin novedad en e/ frente
occidental, se trata esencialmente de una disertación antibélica.
Hay alguna poesía bélica, como «La carga de la Brigada Ligera», de
Tennyson, escrita, quizá, en su calidad de poeta laureado, un puesto
oficial. La guerra desempeña, ciertamente, un papel en las tragedias
de Shakespeare. Pero, incluso entonces las tragedias son
esencialmente domésticas, ocupándose de la familia más que de un
conflicto internacional, soliendo finalizar con un desenlace en el
que se espera la restauración de la paz. La ópera, incluida la gran
ópera, está interesada principalmente por los conflictos domésticos.
La ópera cómica es con bastante frecuencia antibelicista y hace
burla de los militares; las óperas de Gilbert y Sullivan son un buen
ejemplo.
El papel de la no violencia organizada en el establecimiento de la
paz estable es una cuestión extremadamente interesante, cuya
respuesta puede ser muy importante en el futuro. El conflicto no
violento organizado es, en buena medida, una invención del siglo XX.
La no-violencia organizada es un fenómeno muy antiguo, como simple
retirada (hacia el interior del hogar, la actividad productiva y el
comercio) de la guerra y la violencia. El retiro religioso bajo la
forma de monaquismo nos retrotrae al brahmanismo en la India, al
budismo, al cristianismo primitivo y a sus más tardías iglesias de
la paz. Sin embargo, la no violencia organizada como movimiento
político no data de mucho antes de Gandhi, aunque unos pocos
ejemplos precursores pueden ser encontrados en el siglo XIX, por
ejemplo en el movimiento obrero y las huelgas. El movimiento
gandhiano en la India es, sin embargo, el primer ejemplo de
no-violencia organizada políticamente, el cual tuvo éxito, desde
luego, en acelerar el abandono del Imperio Británico. El otro gran
ejemplo es el de Martín Lutero King, y el movimiento de los derechos
civiles en los Estados Unidos, que también tuvo mucho éxito. El
trabajo de Gene Sharp (1973) en Harvard, muy importante en este
área, ha clasificado el papel potencial de la no violencia
organizada como sustituto de la defensa militar nacional y como un
método más eficiente de contrarrestar amenazas e incluso invasiones
extranjeras. A causa del desarrollo del armamento nuclear, los
misiles de gran alcance, incluso la aviación, la defensa nacional en
sentido convencional se ha agotado y se necesita desesperadamente un
sustituto si el camino humano no es el de la autodestrucción. El
potencial de no-violencia organizada le da una esperanza al futuro
de dicho camino, como quizá ningún otro proceso singular del siglo
XX puede hacerlo.
Por otra parte, debe admitirse que el crecimiento de la paz estable ha tenido muy poco que ver con la no-violencia organizada. El testimonio de la historia aquí es algo oscuro. En la India, la no-violencia gandhiana no produjo paz estable ni externa ni internamente. El fin del dominio británico fue seguido internamente por un espantoso baño de sangre entre hindúes y musulmanes y la creación de dos estados, India y Pakistán, sin que ello haya significado la existencia de paz estable entre ambos. Además, la India ha estado comprometida en guerra con China, por problemas fronterizos y continúa sufriendo violencia interna severa relacionada con los militantes sikh, y en algunas áreas tribales.
El aspecto más significativo del desarrollo de la no-violencia organizada es, quizá, que ahora contamos con ella en el contexto en que nos movemos como una alternativa a la revolución violenta y a la defensa nacional. La excusa más común para la guerra es que «no tuvimos otra alternativa», cosa que siempre sugiere que estas alternativas no han sido adecuadamente exploradas. La ampliación de alternativas es una de las principales tareas de la investigación sobre la paz, extendiéndose con ello ante nosotros un mundo nuevo de conocimientos, vital y emocionante.
Postdata, Marzo 1990: Los extraordinarios e imprevistos acontecimientos, especialmente en Europa del Este, del último año han ilustrado, excepto en Rumania, el poder de la no-violencia y la debilidad del poder militar. La difusión de la paz estable en el conjunto de la zona templada del norte es ahora una fuerte posibilidad, habiendo signos de ello en todo el mundo, en Sudáfrica, en Nicaragua y en otros lugares [3].
BIBLIOGRAFIA
SHARP, G. (1973): The Politics of Nonviolent Action. Porter Sargent, Boston.
SMITH, A. (1937): The Wealth of Nations. Modern Library Edition, Nueva York.
(*) Traducido por Antonio García Lizana del original publicado en Elise Boulding, Clovis Brigagab y Kevin Clements, eds. (1991): Peace, culture and society: transnational research and dialogue. Westview Press en cooperación con International Peace Research Association.
(1) N. del T. La edición de este trabajo original de Kenneth E. Boulding ha sido idea de su esposa, a quien agradecemos su amabilidad y deferencia al enviar el texto inglés para su publicación en Cuadernos y autorizar la misma. De alguna manera, se trata de un testamento doctrinal de nuestro autor, en el que señala el camino a seguir por los investigadores para profundizar y aclarar los procesos que llevan a la humanidad hacia la conservación de lo que él denomina una «paz estable», tan necesaria para la supervivencia, el progreso y la felicidad de la especie.
(2) N. del T. En español en el original.
(3) N. del
T. Posiblemente los acontecimientos ocurridos con posterioridad a
esa fecha en Oriente Medio, Yugoeslavia, la antigua URSS, Sudáfrica,
etc. podrían enturbiar la optimista visión de K. E. Boulding. Sin
embargo, también es cierto que tales luctuosos sucesos van
acompañados de simultáneos esfuerzos por la paz de toda la Comunidad
Internacional y de importantes avances en la resolución de los
conflictos mediante la negociación y el diálogo. Estudiar el difícil
equilibrio entre diálogo y violencia es, sin duda, otra línea de
investigación que añadir a las señaladas por el autor.
Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Boulding, Kenneth E. (2007) Paz estable entre las naciones: un proceso de aprendizaje en TEPYS, Textos de Economía, Paz y Seguridad, Vol 1, Nº 1, http://www.eumed.net/rev/tepys/01/keb-1.htm
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