Textos de economía, paz y seguridad
Vol 1, Nº 1 (octubre 2007)

 

PAZ ESTABLE ENTRE LAS NACIONES: UN PROCESO DE APRENDIZAJE [*]

Kenneth E. Boulding (bio)
 

RESUMEN: Boulding analiza en este trabajo el desarrollo durante los últimos 150 años de un área cada vez mayor de paz estable entre las naciones independientes, considerando las condiciones que favorecen tal proceso y destacando que el mismo, cuyo estudio ha sido olvidado, ofrece una importante oportunidad para la paz, señalando el camino a seguir por los investigadores para avanzar en tal tarea.

ABSTRACT: A remarkable development of the last 150 years, the study of which has been much neglected and would provide an important opportunity for peace research, has been the growth of an increasing area of stable peace between independent nations. In this work Boulding considers the principal historical events of this development and the conditions for stable peace to appear, suggesting the way forward for future researchers in this field.

Nota de TEPYS: Este texto fue uno de los últimos escritos del prestigioso economista y pacifista Kenneth E. Boulding. Fue publicado originalmente en Elise Boulding, Clovis Brigagab y Kevin Clements, eds. (1991): Peace, culture and society: transnational research and dialogue. Westview Press en cooperación con International Peace Research Association. La traducción de Antonio G. Lizana que ofrecemos aquí fue publicada en la revista Cuadernos de Ciencias Económicas y Empresariales, Nº 26, 1994. Se reproduce aquí con las debidas autorizaciones.


Un cambio extraordinario producido durante Ios últimos 150 años, cuyo estudio, muy descuidado hasta el momento, ofrecería una importante oportunidad para la investigación sobre la paz, ha sido el desarrollo de un área de paz estable cada vez mayor entre las naciones independientes. Este cambio comenzó en Escandinavia, entre Suecia y Dinamarca, a mediados del siglo XIX, se extendió a Norteamérica en 1871 aproximadamente; a Europa Occidental, Japón y Australia después de la Segunda Guerra Mundial. La paz estable puede ser definida como una situación entre dos naciones independientes en la que ninguna tiene planes significativos para ir a la guerra contra la otra. Esto ha sucedido en gran parte sin planificación previa, no depende mucho de tratados formales, y se ha desarrollado casi espontáneamente como una pauta de aprendizaje del comportamiento de las naciones. No está muy relacionado con los movimientos u organizaciones pacifistas, ni siquiera con el desarrollo de la no violencia organizada.

Las condiciones para que la paz estable aparezca son muy simples: una es que el cambio de situación de las fronteras nacionales se elimine de las políticas nacionales, salvo por mutuo acuerdo. Una segunda condición es que debe ser mínima la intervención de una nación en Ios asuntos internos de otra. Una tercera podría ser el desarrollo de una actitud hacia el estado nacional de carácter más bien económico que romántico y heroico, contemplándolo como una conveniencia pública en vez de como un cuasi-dios que demanda sacrificios humanos.

Podríamos distinguir también una fase del sistema internacional que podía ser denominada «paz casi-estable». América Latina podía ser citada como un ejemplo, al menos desde la guerra del Chaco de los años treinta, entre Bolivia y Paraguay, o incluso, hasta cierto punto, desde el final de la guerra de López en los años mil ochocientos setenta y la «Guerra del Pacífico», de 1880-84 de Chile contra Bolivia y Perú. En esta fase la guerra internacional es extremadamente rara y los cambios de fronteras nacionales muy pequeños, aunque puede haber algunas disputas como las de Venezuela y Guyana o Argentina y Chile sobre una pequeña isla del Estrecho de Magallanes. Estas disputas, sin embargo, no son lo suficientemente severas como para llevara una guerra internacional. La guerra de las Falkland-Malvinas, sin embargo, sugiere que América Latina no es realmente parte del «gran triángulo» de paz estable, que se extiende desde Australia y Japón, a través de Norteamérica, hasta Finlandia, aunque es significativo que incluso un régimen militar bastante agresivo como era el de Argentina no intentó cambiar ninguna frontera con ningún otro estado latinoamericano vecino.

Los países de América Latina, sin embargo, sufrieron guerras internas importantes durante este periodo, al menos más que los países del «gran triángulo». Colombia, con su «Violencia» [2], es un ejemplo particularmente triste. Argentina tuvo la horrorífica «guerra sucia» de su período militar en los setenta y primeros ochenta hasta que la Guerra de las Falkland puso fin a este período. Chile ha tenido el episodio Allende y un gobierno muy represivo. Con la excepción de Costa Rica, todos los países centroamericanos han tenido mucha violencia interna, especialmente Guatemala, Nicaragua y El Salvador. Surinam ha visto también una gran violencia interna desde que llegó a ser independiente. Brasil parece haber estado bastante tranquilo desde la sublevación de principios del siglo XX, inmortalizada en la gran novela brasileña Os Sertoes, y la breve guerra civil de los treinta. Bolivia y Perú han sufrido, cada uno, mucha violencia interna. Perú y Ecuador han tenido una guerra internacional bastante leve. Por tanto, uno no podría mirar, ciertamente a América Latina como una parte del mundo muy pacífica. Sin embargo, la guerra entre países ha sido muy poco frecuente en los últimos cien años y su escala bastante reducida.

En África, las fronteras internacionales se han mantenido extraordinariamente estables desde el final de los imperios coloniales, a pesar de las muchas guerras internas. Ha habido guerras internacionales entre Etiopía y Somalia, esencialmente por un problema de fronteras. Argelia combatió contra Francia en una sangrienta guerra de independencia, pero que podría ser contemplada como una guerra interna. Zaire y Nigeria han tenido varias guerras internas. Angola y Mozambique continúan teniéndolas. Burundi sufre una guerra tribal, prolongada y desastrosa. Uganda casi se ha desintegrado con una guerra interna. Hay una guerra interna con algunas implicaciones internacionales en el antiguo Sahara Español, ahora quizás acercándose a su fin. Egipto ha tenido una guerra internacional con Israel. Sudán ha tenido varias guerras internas severas, al igual que Etiopía. Sin embargo, en relación con Europa durante las pocas últimas centurias, hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, la guerra internacional ha sido una parte relativamente pequeña de la violencia organizada, a pesar del hecho de que las fronteras de los nuevos estados africanos son arbitrarias y cruzan a través de límites tribales y lingüísticos, siendo el resultado principalmente de la ignorancia geográfica de las potencias europeas en la Conferencia de Berlín de 1884.

En Europa, a partir de 1946, ha habido pocas cosas que pudieran llamarse guerra internacional. Las invasiones rusas de Hungría y Checoslovaquia son casi los únicos ejemplos. Los vascos, así como Irlanda del Norte, han estado implicados en conflictos internos durante mucho tiempo, pero de poca entidad. La Unión Soviética ha tenido pocos conflictos que puedan catalogarse como guerras internas en los últimos 40 años.

Hasta recientemente, la «Revolución Cultural» en China, ha tenido aspectos de guerra interna. El sudesde de Asia ha tenido guerra casi estable durante unos cuarenta años, tanto interna como externa. India, China y Pakistán se han visto implicados en pequeñas guerras internacionales y en conflictos locales internos; por ejemplo, los Sikh en Punjab. Afganistán ha padecido tanto guerra interna como internacional.

Las relaciones entre los Estados Unidos y la Unión Soviética y sus respectivos aliados podrían ser descritas como «paz estable». Ha habido poca violencia real, sino más bien una importante carrera de armamentos surgida como sistema de disuasión, que si ha sido bastante estable a corto plazo no puede serlo a largo, mientras que existan grandes ejércitos. Las armas nucleares han incrementado probablemente la estabilidad de la disuasión a corto plazo a causa de los costes horrendos que suponen. Hay muchas evidencias de que en el período prenuclear, la probabilidad de la ruptura de la disuasión era aproximadamente del orden del 4 por ciento anual. Esto es, del orden de lo que podríamos llamar una inundación cada 25 años.

No tenemos experiencia, desde luego, de la ruptura de la disuasión nuclear, pero la probabilidad de tal ruptura es claramente algún número positivo, simplemente porque si la probabilidad de que las armas nucleares detonaran fuera cero, no disuadirían a nadie. Toda disuasión implica alguna probabilidad de ruptura a largo plazo; de otra manera, no disuadirían a corto. La probabilidad de la ruptura de la disuasión nuclear podría ser del orden de 1 ó 2 por ciento por año; algo así como una inundación cada 50 ó 100 años. Con una probabilidad del 1 por ciento por año, la probabilidad de ruptura en 100 años es en alguna parte del orden del 63 por ciento; en 400 años, más del 98 por ciento.

Por lo tanto, si el sistema actual de defensa nacional unilateral continúa, está claro que la disuasión nuclear se romperá en algún punto y los Estados Unidos y la Unión Soviética se destruirán uno al otro, y probablemente a la mayor parte del mundo. Bajo esta circunstancia, la única seguridad nacional verdadera es a través de la paz estable; como ésta existe ya en una escala bastante amplia, sería ciertamente posible. El gran problema de esta generación es cómo expandir el área de paz estable para incluir, primero, a los Estados Unidos y a la Unión Soviética y a sus aliados, y después al Tercer Mundo.

Desafortunadamente, la dinámica subyacente del movimiento hacia la paz estable, sea a nivel internacional, sea a nivel interno, ha sido muy poco estudiada y no es bien entendida. Hay aquí una gran tarea por delante para la investigación sobre la paz; primero, desde el punto de vista del estudio de la historia de los procesos a través de los que la paz estable es asegurada, lo cual ha sido casi totalmente olvidado por los historiadores; en segundo lugar, para entender los patrones de aprendizaje e interacción sociales a través de los que se ha desarrollado este proceso, los cuales han sido olvidados por todos. Está claro que el desarrollo de la paz estable es fundamentalmente un proceso de aprendizaje, pero cómo tiene lugar este aprendizaje y por quién es todavía muy confuso y necesita investigación.

Con toda claridad, algo sucedió en Escandinavia entre la Guerra Napoleónica y la mitad del siglo XIX. Algo, ciertamente, sucedió en Norteamérica entre 1812, cuando EE.UU y Canadá estuvieron en guerra, y los años 1870, cuando la paz estable fue asegurada y entre la guerra de EE.UU. con México en 1846 y la muy mínima intervención por Estados Unidos en la guerra civil mexicana de 1910-1919.

Similarmente, algún proceso de aprendizaje se ha producido en Europa Occidental, que ha conducido a poner fin a las guerras entre Francia y Alemania, o entre Francia e Italia, o entre Inglaterra y estos países. Los procesos y las instituciones que fomentan este proceso de aprendizaje, sin embargo, son todavía oscuros, y una tarea muy larga de investigación nos espera por delante. Necesitamos, desde luego, estudiar todos los aspectos diversos de los sistemas sociales e investigar las circunstancias bajo las cuales estos aspectos particulares reducen o incrementan las oportunidades del movimiento hacia la paz estable.

Podemos empezar, por ejemplo, con la religión y la ideología. Está claro que, en buena parte, una religión o una ideología común no produce necesariamente paz estable por sí misma. Las guerras más sangrientas de los últimos pocos años han sido entre Iraq e Irán, dentro del Islam. La Primera y la Segunda Guerras Mundiales fueron entre países nominalmente cristianos, en general.

El budismo quizás tenga el mejor historial en la promoción de la paz, aunque ha habido guerras entre estados budistas, tales como Birmania y Thailandia en el pasado. El budismo ha puesto su principal énfasis en el alejamiento personal de la violencia, como también lo encontramos en el monaquismo y en las iglesias de la paz en la Cristiandad. El marxismo ha promovido la violencia en interés de la revolución y tiene la esperanza escatológica de que el estado se marchitará, lo cual parece demasiado optimista a la luz de su historia. Un idioma común tampoco es una garantía de paz, como vemos en América Latina yen Irlanda del Norte. Las diferencias religiosas e ideológicas han sido usadas a menudo como una excusa y una justificación para la guerra, como en la guerra de los Treinta Años en Europa, en las Cruzadas de los cristianos contra los musulmanes, y la «guerra fría» entre Estados Unidos y la Unión Soviética. La guerra interna quizás es justificada más a menudo por diferencias ideológicas, como en el caso de los Sikh en la India, los tamiles hindúes en Sri Lanka, los protestantes y los católicos en Irlanda del Norte, o las insurrecciones comunistas o anticomunistas en muchas partes del mundo. Pero, en general, las guerras dentro de las mismas fronteras ideológicas han sido tan devastadoras como fuera de ellas.

La relación entre capacidad económica e instituciones para la paz, tanto interna como externa, es extremadamente compleja y merece estudios mucho más serios. Una evidencia tan imperfecta como la que tenemos sugiere que las guerras no siguen muy de cerca las líneas de los conflictos económicos y que el comercio, en general, es una ocupación pacífica que tiende a ser de suma positiva, y los comerciantes, ciertamente, tienen una cultura muy diferente de los guerreros. Por otra parte, el desarrollo económico incrementa ciertamente tanto la cantidad absoluta como la proporción de recursos nacionales que pueden ser dedicados a la guerra. Adam Smith afirmó: «Entre las naciones civilizadas de la Europa moderna... no más de una centésima parte de los habitantes de cualquier país pueden ser empleados como soldados sin ruina para el país que paga el gasto de su servicio» (A. Smith, 1937, pp. 657-658). Antes de los últimos 200 años o así, se necesitaba el 80 ó 90 por ciento de la población para alimentar al 100 por cien, así que la proporción de la economía dedicada a la guerra raramente ascendía por encima del 2 por ciento, y era muchas veces más baja que esto. En la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos pudieron dedicar el 42 por ciento de su renta nacional a la guerra. El desarrollo económico, sin embargo, permite ala guerra llegar a ser más destructiva, no sólo a causa de los avances técnicos en la capacidad destructiva de las armas, sino a causa de que pueden dedicarse a ello más recursos. E incluso entre los países pobres el desarrollo económico tiende, al menos entre los moderadamente pobres, a aumentar la proporción de la renta nacional que se destina a fines militares.

Enfocando la discusión económica por el lado contrario, el aumento en la productividad humana hace ala guerra mucho menos rentable, incluso para el vencedor, que en las condiciones de extrema pobreza de una población sobresaturada de las sociedades recolectoras-cazadoras, las cuales podrían ocasionalmente conquistar y esclavizar a sociedades agrícolas vecinas con un excedente de comida. En el mundo moderno, ha llegado a ser muy claro que los imperios y las grandes potencias económicamente no dan resultados. En los siglos XIX y XX, por ejemplo, Suecia y Dinamarca llegan a ser más ricas mucho más rápidamente que Inglaterra o Francia, cuyos imperios mutilan su desarrollo económico nacional. La conquista desvía la atención de la productividad. Es una generalización plausible que cuanto más compleja llega a ser una sociedad, más perjudicial y menos productiva económicamente llega a ser la guerra. Las personas e incluso los gobiernos llegan a comprender finalmente este hecho. Y así, el crecimiento de la paz estable se relaciona en alguna medida con este proceso casi inconsciente de aprendizaje humano. La esclavitud llegó a ser obsoleta en buena parte a causa de que la productividad del trabajo libre aumentó tanto que pesó más que cualquiera de las posibles ventajas de la esclavitud. La guerra llega a ser obsoleta por razones similares: simplemente, que no es viable económicamente ni para los vencedores ni para los vencidos.

El papel de las artes, la música y la literatura en la legitimación de la guerra es un problema interesante que podría ser estudiado cada vez más. Ciertamente, las bandas militares, las canciones de guerra, los uniformes, marchando como una especie de cuerpo de baile, todo ello contribuye al desarrollo de la moral militar. Mas por otro lado, el arte de por sí es abrumadoramente pacífico. Yo he hecho algunos estudios casuales én museos de arte, que sugieren que un 90 por ciento del arte pictórico es pacífico. Ciertamente, lo mismo es verdad para la música. Las bandas militares son una parte muy pequeña del repertorio musical, y lo mismo podría decirse de las canciones populares que son, incidentalmente, un indicador interesante de la legitimidad de la guerra, como vemos comparando las canciones bélicas de la Primera Guerra Mundial con la relativa ausencia de estas canciones en la Segunda, y las canciones anti-guerra durante la Guerra del Vietnam.

La relación de la literatura con la guerra y la paz es particularmente compleja. Hay una literatura de guerra, y una literatura que glorifica la guerra: los escritos de Homero y Virgilio ejemplifican el tema. Por otra parte, la cultura de la actividad literaria y de los escritores es abrumadoramente pacífica. Sería interesante investigar la proporción de literatura dedicada a temas pacíficos en diferentes tiempos y culturas. No es sorprendente que la tragedia sea frecuentemente construida alrededor de temas de guerra, pero, con el tiempo, aumenta la proporción de temas pacíficos en la literatura. La épica, frecuentemente desarrollada sobre un tema militar, prácticamente ha desaparecido de la literatura. La novela, a pesar de excepciones como Guerra y Paz de Tolstoy, se desarrolla de manera abrumadora sobre temas de la vida doméstica, en donde la guerra se introduce sólo incidentalmente. En las novelas de Jane Austen, por ejemplo, escritas durante las guerras napoleónicas, apenas hay alguna mención a la guerra. Un ocasional baile militar es el único signo de que está ocurriendo una gran guerra. Las historias de detectives, aun cuando usualmente entrañan violencia, tienen que ver de manera abrumadora más con la policía que con los ejércitos. E incluso donde la guerra es el tema de una novela, como en Sin novedad en e/ frente occidental, se trata esencialmente de una disertación antibélica. Hay alguna poesía bélica, como «La carga de la Brigada Ligera», de Tennyson, escrita, quizá, en su calidad de poeta laureado, un puesto oficial. La guerra desempeña, ciertamente, un papel en las tragedias de Shakespeare. Pero, incluso entonces las tragedias son esencialmente domésticas, ocupándose de la familia más que de un conflicto internacional, soliendo finalizar con un desenlace en el que se espera la restauración de la paz. La ópera, incluida la gran ópera, está interesada principalmente por los conflictos domésticos. La ópera cómica es con bastante frecuencia antibelicista y hace burla de los militares; las óperas de Gilbert y Sullivan son un buen ejemplo.

El papel de la no violencia organizada en el establecimiento de la paz estable es una cuestión extremadamente interesante, cuya respuesta puede ser muy importante en el futuro. El conflicto no violento organizado es, en buena medida, una invención del siglo XX. La no-violencia organizada es un fenómeno muy antiguo, como simple retirada (hacia el interior del hogar, la actividad productiva y el comercio) de la guerra y la violencia. El retiro religioso bajo la forma de monaquismo nos retrotrae al brahmanismo en la India, al budismo, al cristianismo primitivo y a sus más tardías iglesias de la paz. Sin embargo, la no violencia organizada como movimiento político no data de mucho antes de Gandhi, aunque unos pocos ejemplos precursores pueden ser encontrados en el siglo XIX, por ejemplo en el movimiento obrero y las huelgas. El movimiento gandhiano en la India es, sin embargo, el primer ejemplo de no-violencia organizada políticamente, el cual tuvo éxito, desde luego, en acelerar el abandono del Imperio Británico. El otro gran ejemplo es el de Martín Lutero King, y el movimiento de los derechos civiles en los Estados Unidos, que también tuvo mucho éxito. El trabajo de Gene Sharp (1973) en Harvard, muy importante en este área, ha clasificado el papel potencial de la no violencia organizada como sustituto de la defensa militar nacional y como un método más eficiente de contrarrestar amenazas e incluso invasiones extranjeras. A causa del desarrollo del armamento nuclear, los misiles de gran alcance, incluso la aviación, la defensa nacional en sentido convencional se ha agotado y se necesita desesperadamente un sustituto si el camino humano no es el de la autodestrucción. El potencial de no-violencia organizada le da una esperanza al futuro de dicho camino, como quizá ningún otro proceso singular del siglo XX puede hacerlo.

Por otra parte, debe admitirse que el crecimiento de la paz estable ha tenido muy poco que ver con la no-violencia organizada. El testimonio de la historia aquí es algo oscuro. En la India, la no-violencia gandhiana no produjo paz estable ni externa ni internamente. El fin del dominio británico fue seguido internamente por un espantoso baño de sangre entre hindúes y musulmanes y la creación de dos estados, India y Pakistán, sin que ello haya significado la existencia de paz estable entre ambos. Además, la India ha estado comprometida en guerra con China, por problemas fronterizos y continúa sufriendo violencia interna severa relacionada con los militantes sikh, y en algunas áreas tribales.

El aspecto más significativo del desarrollo de la no-violencia organizada es, quizá, que ahora contamos con ella en el contexto en que nos movemos como una alternativa a la revolución violenta y a la defensa nacional. La excusa más común para la guerra es que «no tuvimos otra alternativa», cosa que siempre sugiere que estas alternativas no han sido adecuadamente exploradas. La ampliación de alternativas es una de las principales tareas de la investigación sobre la paz, extendiéndose con ello ante nosotros un mundo nuevo de conocimientos, vital y emocionante.

Postdata, Marzo 1990: Los extraordinarios e imprevistos acontecimientos, especialmente en Europa del Este, del último año han ilustrado, excepto en Rumania, el poder de la no-violencia y la debilidad del poder militar. La difusión de la paz estable en el conjunto de la zona templada del norte es ahora una fuerte posibilidad, habiendo signos de ello en todo el mundo, en Sudáfrica, en Nicaragua y en otros lugares [3].



BIBLIOGRAFIA

SHARP, G. (1973): The Politics of Nonviolent Action. Porter Sargent, Boston.

SMITH, A. (1937): The Wealth of Nations. Modern Library Edition, Nueva York.


(*) Traducido por Antonio García Lizana del original publicado en Elise Boulding, Clovis Brigagab y Kevin Clements, eds. (1991): Peace, culture and society: transnational research and dialogue. Westview Press en cooperación con International Peace Research Association.

(1) N. del T. La edición de este trabajo original de Kenneth E. Boulding ha sido idea de su esposa, a quien agradecemos su amabilidad y deferencia al enviar el texto inglés para su publicación en Cuadernos y autorizar la misma. De alguna manera, se trata de un testamento doctrinal de nuestro autor, en el que señala el camino a seguir por los investigadores para profundizar y aclarar los procesos que llevan a la humanidad hacia la conservación de lo que él denomina una «paz estable», tan necesaria para la supervivencia, el progreso y la felicidad de la especie.

(2) N. del T. En español en el original.

(3) N. del T. Posiblemente los acontecimientos ocurridos con posterioridad a esa fecha en Oriente Medio, Yugoeslavia, la antigua URSS, Sudáfrica, etc. podrían enturbiar la optimista visión de K. E. Boulding. Sin embargo, también es cierto que tales luctuosos sucesos van acompañados de simultáneos esfuerzos por la paz de toda la Comunidad Internacional y de importantes avances en la resolución de los conflictos mediante la negociación y el diálogo. Estudiar el difícil equilibrio entre diálogo y violencia es, sin duda, otra línea de investigación que añadir a las señaladas por el autor.
 


Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:

Boulding, Kenneth E. (2007) Paz estable entre las naciones: un proceso de aprendizaje en TEPYS, Textos de Economía, Paz y Seguridad, Vol 1, Nº 1, http://www.eumed.net/rev/tepys/01/keb-1.htm


 

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