TECSISTECATL
Vol. 1 Número 6, junio 2009
 

LAS AMERICAS Y LA CIVILIZACIÓN: PROCESO DE FORMACIÓN Y CAUSAS DEL DESARROLLO DESIGUAL DE LOS PUEBLOS AMERICANOS
Darcy Ribeiro, 1972, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina

 

Reseñado por Maximiliano E. Korstanje
Universidad de Palermo, Argentina

 

Indudablemente Darcy Ribeiro se ha transformado en uno de los antropólogos latinoamericanos más influyentes de las últimas décadas. Centrado en el estudio de las causas económicas y políticas del desarrollo. En este contexto, la presente reseña examina su trabajo: Las Américas y la Civilización, obra publicada originalmente en 1972 por el Centro Editor de América Latina. El capítulo introductorio comienza haciendo una crítica a la sociología funcionalista y la postura marxista en cuanto a su tratamiento del desarrollo. Básicamente, el autor sostiene que la causalidad atribuida a los caracteres civilizatorios de ciertas culturas en detrimento de otras, es espuria. En este sentido, la “matriz de alteridad” se conforma mediante un proceso histórico de “humanización” por el cual se va construyendo una imagen propia y a la vez, “de los otros”. Este proceso se fundamenta en tres sistemas bien definidos: adaptativo, asociativo e ideológico.

En este sentido, escribe textualmente Ribeiro “el sistema adaptativo tiene como contenido especial la tecnología; el asociativo encierra como elemento básico, en las sociedades complejas, la forma de estratificación social en clases económicas; y el ideológico, posee como componentes más significativos los cuerpos del saber, de valores y de creencias, desarrollados en el esfuerzo de cada grupo humano para comprender su propia experiencia y organizar la conducta social” (Ribeiro, 1972: 31). El párrafo que antecede no sólo ilustra coherentemente como trabajan los tres componentes de la matriz de alteridad en los procesos civilizatorios, sino sugiere la idea de una “aceleración evolutiva y una actualización histórica”. En efecto, según Ribeiro se entiende por aceleración evolutiva por la revolución técnica basada en la innovación que toma lugar en las sociedades centrales; en segunda instancia, la actualización histórica se relaciona a la adopción ideológica de esos medios técnicos por parte de las “periféricas”. Siguiendo éste mismo esquema de pensamiento, Ribeiro enfatiza en que las sociedades cuya aceleración evolutiva es predominante pueden mantener y extender su perfil étnico cultural a otros pueblos. En los segundos, el impacto del desarrollo como un ideal a seguir en poblaciones con una escasa diferenciación técnico-productiva sugiere una posibilidad de actualización histórica. A saber que, “la restauración y emancipación” sólo es posible a través de un proceso altamente conflictivo entre los actores que intervienen en este proceso hegemónico.

Por otro lado e influido por las contribuciones de E. Saphir, Ribeiro presenta las nociones de cultura auténtica y espuria. La clasificación está basada en el criterio desarrollista, por cuanto una cultura auténtica posee mayor autonomía que una espuria; y en consecuencia un menor grado de subordinación a poderes e intereses externos. Para poder entender esta forma a de pensar, es necesario adentrarse en el contexto histórico en el cual está inserto Ribeiro. La década del 70 ha significado división política en los bloques estadounidense y soviético, sino que además la irrupción del neo-marxismo en el plano académico “con la famosa teoría de la dependencia”. La idea central de este paradigma era sostener erróneamente que la autenticidad y la autonomía representan criterios que aseguran el desarrollo económico y social de un pueblo. Claro que la historia se ha encargado de demostrar que las cosas parecen no ser tan simples. Al margen de ello, Ribeiro sostiene que “el subdesarrollo” es el resultado derivado de la eficacia de los procesos de actualización histórica en complicidad con una elite interna que transforma la evolución en trauma paralizador. Surge así una resignación naturalizante que tiende a explicar los motivos del supuesto atraso según las propias características culturales. A este plano, el autor lo denomina “ideológico” (fiel a su influencia marciana de comprender la “ideología” como una falsa consciencia).

En este contexto, Ribeiro explica el subdesarrollo de los países latinoamericanos por medio de la combinación de factores tecnológicos en los países centrales, la complicidad de las elite coloniales que tendieron a mantener sus privilegios aceptando la dependencia económica externa y la paradójica negación de ésta elite de aceptar los adelantos tecnológicos para el mejoramiento de la producción. ¿Ahora como comprendemos realmente el carácter traumático del cual hace referencia nuestro antropólogo?. Así sugiere “el carácter traumático de sus sociedades, la deformación de sus economías y el contenido espurio de sus culturas, termina por revelarse a sus líderes algunos de los cuales llegan entonces a comprender la naturaleza histórica y circunstancial de su condena a la pobreza” (Ribeiro, 1972: 510). En ese punto, un país subdesarrollado se diferencia de uno “retrasado” por cuanto es consciente de su situación se somete a la relación económica con potencias externas. Metodológicamente Ribeiro, entonces, usa el término “pueblos testimonios” para designar a aquellas civilizaciones (como los países latinoamericanos) que vieron interrumpida su evolución natural histórica en manos de potencias invasoras las cuales sembraron una elite cultural exógena cuya preocupación es mantener los beneficios materiales derivados de esa transacción en detrimento del “desarrollo” del resto del sistema (también utiliza el término alienación oligárquica). Este régimen lleva consigo la contradicción por cuanto lleva a un estadio “traumático”: por un lado, se da una potencialización de los medios productivos y de un excedente mientras por el otro, el orden social oligárquico determina la adecuación desigual de dichos excedentes al resto de la población generando pobreza, desigualdad social y exclusión.

Hasta aquí, se ha intentado reflejar lo más fielmente posible el texto de referencia sin haber abordado, precisamente, en sus limitaciones conceptuales. Básicamente, Ribeiro no aborda la relación que existe entre la lucha interna y la estructuración clasista en todas las sociedades. El conflicto interno subordina la necesidad de apoyo externo mientras el conflicto externo sugiere la unión interna. En este contexto, las guerras son una forma de adoctrinamiento y reelaboración identitaria interna. Históricamente, las sociedades ha experimentado (por varios motivos) fragmentaciones de tipo internas precisamente debido a la compatibilidad de clases que genera el capitalismo; “el enemigo externo” condiciona las bases para la unificación “pragmática” mientras que la lucha interna condiciona la necesidad de apoyo externo.

Desde nuestra visión, Ribeiro da demasiado énfasis, a explicar el “atraso económico” por medio de la transferencia cultural exógena. Mas tampoco explica en forma detallada como es que se transfiere los rasgos culturales de un pueblo a otro con fines específicos de conquista. En efecto, los grupos sociales se distinguen y estructuran en base a criterios identitarios y de pertenencias específicos relacionados a “la clase” más que a la “nación”. Es decir, un banquero en Venezuela o Gran Bretaña comparten similares intereses, no por su nacionalidad sino por su “ocupación”. La implicancia de ciertos grupos latinoamericanos en la dependencia de sus respectivos países es una muestra fehaciente de lo expuesto. Sin embargo, el problema subyace en la forma en que Ribeiro interpreta esta situación: las elites regionales o coloniales de raíz aristocrática en los países latinoamericanos no se comportaron tan diferente de cómo lo podrían haber hecho los caudillos galos y britanos durante el régimen de Adriano o en la guerra civil estadounidense. El problema del subdesarrollo parece encontrar serios inconvenientes si se toma el camino de la dependencia. Nuestra hipótesis es contraria a la de Ribeiro en su forma causal más no en su contenido analítico-descriptivo. El subdesarrollo latinoamericano ha sido el resultado de años de conflicto interno y no del accionar de potencias extranjeras -como criterio de explicación primario-. Por último, queremos señalar que estamos al tanto de las limitaciones que implica reseñar un trabajo escrito en 1970; sin embargo, el tema parece no sólo estar vigente hoy día (30 años más tarde) sino llevar varios siglos en las raíces culturales de las sociedades latinoamericanas.

 

 

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