TECSISTECATL
Vol. 6 Número 16, junio 2014

EL SECTOR SERVICIOS: REVISIÓN DE LOS APORTES PARA SU TEORIZACIÓN Y ESTUDIO

Jorge Romero Amado (CV)
Yadira Toledo Navarro (CV)
Víctor M. Ocampo Fernández (CV)
jromero@upeg.edu.mx


Resumen

El tercer sector de la economía, no ha sido objeto de un estudio profundo por parte de los teóricos. Esto se puede deber a que se les asocia con características tradicionales, como pueden ser: su escasa materialización, su prestación y consumo debe hacerse en el mismo momento, no se pueden almacenar, su comercialización es escasa, etc. En este trabajo hacemos una revisión de lo que se ha escrito acerca de los servicios, desde su conceptualización hasta las diferentes clasificaciones para un mejor estudio del sector, pasando por los estudios realizados desde el punto de vista económico y social. Con esto pretendemos sintetizar y ofrecer una panorámica, no exhaustiva, de lo que se ha escrito sobre este relevante sector del que falta aún mucho por conocer ya que se puede abordar desde diferentes perspectivas.
 
Palabras clave: Conceptualización de servicios, estudios, teorización, clasificación de servicios.

Clasificación JEL: N01; O49; P17

Abstract
The third sector of the economy has not been the subject of extensive study by theorists. This may be because they are associated with traditional features, such as: its little materialization, provision and consumption should be made at the same time, cannot be stored, their marketing is poor, etc. In this paper we review what has been written about services, from conceptualization to the different classifications for further study of the sector, through studies done from an economic and social point of view. With this, we aim to synthesize and provide an overview, not exhaustive; of what has been written about this important sector, on which there is still much to learn because it can be approached from different perspectives.
Keywords: Conceptualizing services, research, theorizing, classification of services.

Introducción

El sector servicios es un importante generador de empleo y representa una gran parte del PIB total tanto en economías desarrolladas como en economías en desarrollo, su crecimiento ha sido evidente en prácticamente todas las economías del mundo. No obstante, no existen teorías generalmente aceptadas acerca de su desarrollo, y su estudio no ha sido lo más amplio que supondría el sector, esto es debido a que en la historia económica de los países la agricultura y la industria fueron los pilares sobre los cuales se sostuvo la producción económica.

Las primeras ideas acerca del papel de los servicios en la economía comenzaron a mediados de la década de los treinta del siglo pasado, es a partir de ese momento cuando los servicios comenzaron a considerarse como actividades dignas de ser estudiadas. Pero aún hoy en día su comprensión y teorización están inacabadas, se han realizado aportaciones importantes pero ninguna ha prevalecido. La aceptación generalizada de una teoría de los servicios es difícil porque no se pueden establecer criterios que puedan corresponder a realidades distintas. Las economías van cambiando a través del tiempo, y tanto en economías desarrolladas como en desarrollo, es más evidente su distinta evolución, las características en cuanto producción, prestación, consumo, recursos humanos, mercados, tecnologías, políticas públicas, etc., son elementos a considerar para establecer criterios generalmente aceptados.   

Este trabajo intenta ofrecer un panorama de algunas publicaciones que se han realizado a través del tiempo para comprender la complejidad de este sector. Hacemos un breve recuento de puntos de vista de economistas, principalmente, y de sociólogos para explicar el sector servicios. También abordamos a algunos autores que se han enfocado al caso mexicano. Es una breve revisión de lo que se ha escrito para teorizar a este prominente sector.

Asimismo, presentamos algunas clasificaciones de los servicios propuestas por parte de los estudiosos. La agrupación de servicios con características similares es importante para llegar a una mejor comprensión y teorización de este sector del cual falta mucho por conocer.

La problemática de la definición de los servicios

Cuando se comenzó a estudiar el sector servicios, éste se definía  como todas aquellas actividades que no se encontraban en el sector primario ni secundario, es decir, todas aquellas actividades consideradas residuales que no se podían encasillar en los otros sectores productores de bienes, entonces pertenecían al sector servicios.

Tradicionalmente los economistas han atendido la definición de los servicios, en contraste con los bienes, subrayando la intangibilidad e invisibilidad de los servicios, debido al hecho de que éstos requieren una interacción simultánea entre la producción y el consumo. Pero la complejidad de los servicios modernos ha cambiado esa concepción, y actualmente no es necesario que se de una prestación física para poder satisfacer el consumo de ellos y no necesita tampoco ser un intangible.

Existen distintas definiciones de lo que es un servicio, ya que abarca actividades que son muy diferentes entre sí y el cambiante significado de este concepto se da según la época y la visión de cada autor. La definición que dan Clairmonte y Cavanagh (1986, 292) es: “Los servicios comprenden la gama de actividades que están más allá de los confines de la agricultura, la minería y la industria. Esto abarcaría las amplias categorías de los servicios gubernamentales (civiles y militares), de los servicios personales de consumo y de los de apoyo a las empresas.”

Méndez y Arena (1998, 211) en su diccionario de economía señalaron que son: “Bienes que no se materializan en objetos tangibles. El servicio es la realización de trabajo de los hombres con el fin de satisfacer necesidades ajenas, capaz de lograr la satisfacción directa o indirectamente sin materializar los bienes.”

La Comisión Económica para América Latina (CEPAL) (1985, 23) apuntó en un documento que: “La concepción que parece más adecuada y cuyos alcances prácticos es conveniente explicar es la que concibe el servicio como un producto que, por lo general, se consume en el mismo proceso de su producción, es decir, el servicio se produce en el momento en que se “presta” y, en consecuencia, el tiempo de circulación se reduce a cero”.

Luna (1989) mencionó que según el Banco de Inglaterra en sus Quaterly Bulletin existe una definición que indica que un servicio se puede clasificar como cualquier actividad que cambia la condición física o mental de una persona o de un objeto perteneciente a algún individuo.

Una de las definiciones más utilizada y mencionada es la de Hill (1977), él define los servicios como un cambio en la condición de una persona o un bien perteneciente a una unidad económica como resultado de la actividad de otra unidad económica, previa aprobación de la primera persona o unidad económica.            

Arriagada (2007, 30) explica muy bien el trato que se le ha dado al sector servicios, y señala que la noción de lo que son los servicios es ambigua y engañosa, y explica tres perspectivas para la definición de servicios: “Un enfoque positivo de servicios que los caracteriza como intangibles, invisibles y perecederos con simultaneidad entre la producción y el consumo. Un enfoque residual que los caracteriza como toda aquella producción que no corresponde a bienes. Una definición funcional, como una actividad en la que existe un cambio en las condiciones de una persona o de un bien, previo consentimiento del consumidor y del productor”.

Es notable el hecho de que cada definición que hemos mencionado cae dentro de una de las perspectivas de clasificación que menciona Arriagada (2007), únicamente se han presentado unas cuantas ya que existen una gran cantidad, pero todas se ubican dentro de una de las categorías.

La demanda de servicios ha provocado una dinámica innovación en ellos, además del surgimiento de otros tantos; la idea de lo que es un servicio se ha ido modificando a través del tiempo. El elevado ritmo de los cambios en la sociedad y el desarrollo de nuevas tecnologías han permitido que estemos inmersos en un cambiante mundo de prestación de servicios y por lo tanto su definición y precisión universal no ha sido posible. “Una de las paradojas actuales de las ciencias sociales es precisamente la falta de correspondencia entre los importantes cambios del sistema económico y social –cuyo desarrollo depende de forma creciente de lo que se consideran servicios- y su incapacidad para la definición precisa de aquéllos” (García y Sanz, 1992,11).

A pesar de lo anterior, la idea que nos parece la más adecuada para señalar un servicio es la definición funcional que señala Arriagada (2007), y que se le atribuye a Hill (1977), ya que contiene un elemento fundamental que es la modificación de la situación de una persona o un bien, y esta modificación por la acción del servicio puede ser intangible o tangible.

La cuestión intangible esta generalmente aceptada, pero podríamos agregar a la definición funcional, la materialización de algunos servicios, como pueden ser la realización de un banquete, la elaboración de la contabilidad de una persona, la producción de alguna película o programa televisivo, incluso la publicidad de alguna empresa, ya que son servicios que se materializan, y que además esta prestación no necesariamente tiene que ser personal ni inmediata. Lo más conveniente es separar y señalar claramente el destino del servicio, si es de uso final o intermedio, si está a la venta o no (servicios públicos), además de la intensidad de mano de obra o de capital, con ello es más fácil establecer de qué tipo de servicio estamos hablando.

Es evidente que la falta de precisión en la conceptualización de los servicios acarrea problemas en la definición de criterios claros para clasificarlos, por lo que conlleva a dificultades en el correcto registro de los mismos en las estadísticas. Las clasificaciones que se analizarán en un apartado posterior son una buena muestra de ello, y son un ejemplo de cómo se pueden agrupar determinadas actividades de servicios empleando criterios particulares.

Aportaciones teóricas al estudio del crecimiento del sector servicios

El análisis de la explicación del cambio estructural de la economía hacia los servicios se basa principalmente en interpretaciones económicas. No obstante, se han acuñado varios conceptos desde el punto de vista sociológico para referirse a la terciarización de la economía –por ejemplo, sociedad de servicios, economía de servicios, sociedad informacional o postindustrial- que emplean de manera frecuente los economistas.

El estudio del fenómeno de la terciarización de la economía comienza alrededor de la segunda mitad de la década de los años treinta del  siglo XX, y son Allan G. B. Fisher (1935), Colin Clark (1940) y Jean Fourastié (1949) los principales pioneros e impulsores del estudio de este sector, del cual hoy en día todavía falta mucho por conocer. Incluso algunos autores le califican  como el hijastro (Fuchs, 1968) o  la cenicienta de la economía (Channon, 1978), tanto para los académicos como para los políticos, así como para los organismos internacionales. Su desconocimiento es todavía mayor en las economías en desarrollo, ya que todavía no hay estudios profundos en éstas.

Los enfoques de los primeros teóricos fueron prácticos y en base a estadísticas. Se ocuparon básicamente del desarrollo de las economías industrializadas, se concentraron en la medición del sector servicio dentro del Producto Interno Bruto (PIB) y de su productividad. Inicialmente la teoría del sector servicios fue asociada con la depresión de los años treinta, del siglo pasado, y el desempleo. Así como con expectativas de crecimiento y cambios en el desarrollo de las economías, con la planeación y las cuentas de ingreso nacional  (Delaunay y Gradey, 1992).

Fisher (1935), Clark (1940) y Fourastié (1949) fueron los que establecieron la división de tres sectores económicos: “Si adoptamos la clasificación conveniente de la actividad económica en los tres tipos de producción primaria, secundaria y terciaria, comprendiendo la primaria las actividades agrícolas y mineras, dedicadas directamente a la producción de alimentos o materias primas de varias clases, la secundaria la manufactura en todas sus formas, y la terciaria un vasto residuo variado de actividades, dedicadas principalmente a la producción de “servicios”, abarcando desde los transportes y el comercio, pasando por diversiones y educación, hasta las formas más elevadas del arte creador y la filosofía, podremos decir que en toda economía progresiva ha habido un constante traslado de empleos e inversiones desde las esenciales actividades primarias, sin cuyos productos, la vida, incluso en sus formas más primitivas, sería imposible, hasta las actividades secundarias de todas clases, y en un grado aun mayor, en la producción terciaria”.1    (Fisher 1945,16).

Es precisamente Allan Fisher el que inaugura el estudio del sector servicios, y a partir de ahí comenzaron a escribir otros autores con más profundidad sobre el tema. En 1935 publicó su principal trabajo The clash of Progress and Security, y en 1945 retoma y defiende básicamente la misma proposición en Economic Progress and Social Security.

Debido a la crisis económica que se presentó en los años treinta, en Estados Unidos, fundamentó que el progreso técnico no sólo aparece unido al cambio industrial, sino también a la caída de los requerimientos de fuerza de trabajo en la agricultura y al resultante desarrollo de las actividades de servicios, a las que nombra por vez primera, “sector servicios”. Mencionó que el empleo va cambiando de actividades esencialmente primarias hacia actividades secundarias y posteriormente a las actividades terciarias. Él señaló que el principal problema que las economías desarrolladas deben resolver es la dificultad de adaptarse suficientemente rápido a los cambios en la composición de la demanda y la relativa distribución sectorial que eso implica.

No obstante, la intención de Fisher no era hacer del sector servicios el centro de su obra y debido a ello no fue objeto de un estudio más profundo. A pesar de esto, la aportación de él a la comprensión de las actividades de servicios fue trascendental. Además, identificó ciertos puntos de crecimiento referidos a los servicios y la importancia de la política económica para crear las condiciones que ayudaran a captar capital, además de la responsabilidad pública para reducir los riesgos empresariales con el propósito de mejorar las condiciones para que surgieran los sectores no tradicionales como los servicios.

Otro impulsor del estudio del sector servicios fue Colin Clark, y su principal obra fue The conditions of Economic Progress que publicó por primera vez en 1940, y la última, fue una versión revisada que salió a la luz en 1957. En su trabajo sobre crecimiento y desarrollo económico, el desempleo es de poca importancia, sus intereses giraron alrededor del ingreso nacional, la productividad y la composición estructural del consumo final, y por ello, para él la división en tres sectores de la economía no es algo crucial, no obstante presenta sus resultados en base a tres amplios sectores.

Colin Clark retomó las ideas de Fisher y realizó una clasificación más elaborada de las actividades económicas, apoyándose, al igual que Fisher, en un análisis empírico del crecimiento del PIB y de la productividad de los tres sectores. Señaló que el incremento del empleo en los servicios es debido al mayor crecimiento en la demanda de servicios frente a los otros sectores, confirmando el carácter superior de los servicios 2, y señaló que el elemento clave en el cambio de la estructura de la actividad económica a favor de éstos era la terciarización de la demanda debido al crecimiento de la economía en su conjunto.

Utilizó la teoría de Christian Engel en donde se sostiene que la proporción de ingresos que se gasta en alimentos disminuye al aumentar el ingreso, y el mismo fenómeno de saciedad sucede eventualmente con los productos industriales en donde se pasa a otro nivel y se prefieren los servicios sobre los bienes.

Clark también tuvo el acierto de reconocer la gran heterogeneidad de los servicios y señaló que hay que tener toda la precaución de no caer en el error de considerar a los servicios como algo homogéneo y señalar generalizaciones que podrían ser excesivas y por ello no ser reales. Existen diferentes tipos de servicios que no se pueden agrupar de manera categórica para su análisis debido a las enormes diferencias entre ellas. Un ejemplo puede ser el servicio de un abogado y el de un sastre, son actividades muy diferentes entre sí, uno emplea conocimiento especializado y el otro no.   

A pesar de las ideas relevantes de Fisher-Clark para teorizar a los servicios, tienen ciertas limitaciones que salen a relucir, como señala Luna (1989, 25): “Entre dichas implicaciones cabría señalar, tal como destaca la Organización de las Naciones Unidas (ONU), las siguientes: A) El crecimiento en el sector servicios (en términos de empleo y de contribución al PIB) sería un resultado automático del proceso de desarrollo al elevarse los ingresos per cápita. B) Dicho automatismo por consiguiente, no demandaría una política de servicios aunque podría correrse el riesgo de la desaceleración del proceso de desarrollo por la reducción de la productividad global. C) Emergería como resultado lógico una división internacional del trabajo diferente al especializarse los países desarrollados en la producción y exportación de servicios y los países subdesarrollados en las de bienes”. 

Otra importante aportación que realizó al estudio de los servicios como un sector de actividad económica fue la de Jean Fourastié con su obra The great white hope of the XXth century, publicada en 1949. En ella, Fourastié ofreció y delineó un criterio claro para clasificar los sectores de actividad. Señaló que en el sector primario la productividad de sus actividades crece en promedio al de la economía; para el sector secundario la productividad de sus actividades crece en forma rápida; y el sector servicios abarca a las actividades en donde la productividad crece lentamente o no crece.

Aunque hoy en día es difícil establecer ese criterio debido a la incorporación de moderna tecnología en los servicios, lo cual cambia la manera de producirlos. Asimismo, él expuso el crecimiento del sector servicios no únicamente mediante el diferencial de la productividad entre los sectores económicos, se basó también en la famosa teoría de Engel, arriba mencionada, así como también lo hiciera Clark.

Fourastié,  a diferencia de Fisher (1935) y Clark (1940), si tuvo a la división de la economía como su objeto de estudio. Aunque retomó los argumentos básicos concernientes al cambio en la demanda del consumo final, también señaló otros argumentos novedosos para explicar el aumento en la demanda de servicios, ya sea con respecto a la demanda de servicios finales como con relación a los servicios para la producción (formas de trabajo intelectual, distintas formas de administración, y servicios dentro de las empresas). Fue el primero en tomar en cuenta los servicios dirigidos a las empresas. También discutió los cambios hacia el interior del sector servicios, en cuanto a la forma de producción y consumo. Realizó un análisis de la contradicción en la eficiencia entre este sector y el crecimiento total, ya que por un lado su productividad era baja en comparación con la manufactura, pero por otro lado, la aportación del sector servicios al PIB total era cada vez mayor. Manifestó que la importancia relativa del sector servicios es la última medida de desarrollo, la eventual supremacía del sector servicios puede ser inevitable, pero sólo después de un largo periodo de ajuste.

Las ideas de los tres principales autores que inauguraron el estudio de las actividades de servicios confluyen al señalar que la aportación de este sector al cambio estructural de las economías es debido al progreso tecnológico, cuestión que está presente también en la industria y el sector primario, de ahí la importancia de las nuevas tecnologías para los tres sectores y su interrelación.

El cuadro 1 muestra las distintas clasificaciones que dieron algunos autores que comenzaron a estudiar el crecimiento de los servicios. Como se puede observar, hay discrepancias entre ellos en cuanto a la definición del sector secundario y terciario. Desde la mitad de los treinta y hasta la mitad de los sesenta fue el periodo durante el cual se definieron los principales componentes de los tres sectores, frecuentemente en relación con las cuentas nacionales.

Algunas publicaciones posteriores son Macroeconomics of Unbalanced Growth: The Anatomy of an Urban Crisis de William Baumol (1967), saliendo a la luz la última versión de este trabajo en 1985.  Este autor observó el crecimiento de los servicios desde el punto de vista de la crisis financiera que sufrieron algunas ciudades de los Estado Unidos, en parte a causa del costo de los servicios. Elaboró un modelo de “enfermedad de costos” que observó en muchos de ellos, y señaló que no se debió a un mal control en los costos o una mala administración de los servicios, sino que fue debido a las diferencias en los métodos de producción y tecnología.

Distinguió dos grandes sectores: un “sector progresivo” en el cual la tecnología, las innovaciones, las economías de escala y la acumulación de capital hacen posible el incremento del producto per cápita, refiriéndose a la industria; el otro es un “sector no progresivo” en donde el nivel de la productividad del trabajo es estacionario por la naturaleza del proceso de producción. La característica de este sector es que el trabajo es en sí mismo el producto final y no da margen para la aplicación de nueva tecnología y capital, refiriéndose a los servicios.

Lo anterior no se puede aplicar a la generalidad de los servicios hoy en día, debido a lo ya comentado, esto es, la incorporación de nuevas tecnologías. Este artículo es criticado por Delaunay y Gadrey (1992) señalando que su punto de vista es limitado, ya que a pesar de que su modelo es simple, elegante y sugestivo, el análisis de la diferencia de productividad no es muy claro, a pesar de esto es un referente en el tema del sector servicios.

Victor Fuchs (1968) también realizó aportaciones para entender el crecimiento de los servicios desde el punto de vista del empleo con su obra The Service Economy. El resultado que arrojó su estudio fue que en el futuro se presentaría una economía fuertemente industrializada, con un peso del sector servicios relativamente grande y un sector primario muy reducido. Actualmente, lo pronosticado difiere un poco con la realidad, si bien el sector primario tiene un peso menor en la economía, la industria no está realizando una gran aportación al PIB, y los servicios tienen una gran participación en la economía mundial 3.

Con respecto a las diferencias de salarios entre los tres sectores, Fuchs encontró que los factores explicativos son la calificación de la mano de obra, el grado de sindicalización, el tamaño de la empresa y su localización dentro de una gran área urbana, más que a la actividad que realizan. Y que las actividades de servicios es una de las ramas en donde se dan los primeros y principales cambios tecnológicos. 

Stanback (1971, 2) señaló que el trabajo de Fuchs es bueno e importante, pero los servicios dirigidos a las empresas o empresariales, no son tomados en cuenta: “… tiende a restringir la naturaleza de la transformación destacando casi exclusivamente el papel de los servicios al consumidor y del sector público. Se dio una importancia muy limitada a los cambios en la composición de la demanda “intermedia” frente a la “final”, de lo que resultó que casi se pasó por alto el papel desempeñado por servicios intermedios claves”.

Por lo tanto, al no darle importancia a los servicios empresariales, su estudio deja de lado una parte trascendental del sector, por ello sus resultados deben ser tomados con cautela. En la actualidad, la importancia de los servicios empresariales en la producción económica es relevante. Las nuevas formas de producción inducen a las empresas a contratar servicios de manera externa para ser competitivas, la subcontratación es un signo de las nuevas formas de producción.

En términos generales, existen dos grandes ramas que intentan explicar el crecimiento del sector servicios. Por un lado, están los enfoques agregados de cambio estructural y desindustrialización, y por otro, se encuentran los de enfoque desagregado, en donde se consideró la naturaleza heterogénea del sector.

Dentro de los enfoques agregados se pueden encontrar tres ramas (Del Río, 1992). La primera explica el fenómeno de la desindustrialización y por tanto de la terciarización basado en un modelo de etapas de Rostow4 . En este enfoque se explica que el declive de la industria es una consecuencia lógica del crecimiento económico.

Una segunda visión explica que la desindustrialización es subyacente a la innovación tecnológica e influenciada también por la crisis económica. Esta innovación tecnológica provoca de una forma más intensa una caída en los requerimientos de fuerza laboral y de las inversiones, apareciendo con ello un incremento de la relación capital/producto. Debido a la caída del empleo en el sector industrial, se elevará el empleo en el sector servicios por la necesidad de emplear la mano de obra expulsada, además de localizar el capital en otro sector que genere una mayor rentabilidad, en este caso, el sector servicios.

Por último, el tercer enfoque propone que la desindustrialización surge debido al desplazamiento de la industria por el sector público, esto es, en las economías desarrolladas, el crecimiento de la administración pública como consecuencia de una mayor demanda de servicios sociales, provoca un mayor campo de actuación del sector público, y por lo tanto, va apropiándose de los recursos financieros y de trabajo calificado que necesita el sector industrial para su desarrollo. 

Estas corrientes de pensamiento deseaban mostrar las características de la evolución estructural de la economía, pero arrojaban poca información sobre el comportamiento de los servicios, debido a que tomaban a los tres sectores en forma muy agregada y no consideraban la naturaleza heterogénea de las actividades de servicios.

Por otra parte, el enfoque desagregado es otra corriente de pensamiento que trata de explicar el avance de los servicios tomando en cuenta la gran heterogeneidad del sector. Algo característico de este enfoque es la clara distinción entre la producción y el consumo de servicios. Los “servicios a la producción” son definidos básicamente como servicios destinados a la demanda intermedia o a las empresas, y por otro lado, están los “servicios al consumidor” los cuales son básicamente destinados a la demanda final. Este enfoque propone que el incremento del empleo en los servicios está influenciado por el aumento de la integración de los servicios con la industria, o bien, la mayor integración entre los dos sectores es por el crecimiento de los servicios destinados a la industria, y por lo tanto, a la producción de bienes.

Si bien los enfoques económicos son los que dominan el estudio del sector servicios, también hay otros campos de las ciencias sociales que abordan a este sector para estudiarlo desde un particular punto de vista, y es que no solamente la cuestión económica impacta en la producción, sino que también afecta a la sociedad. Desde la sociología, Alain Touraine (1969) y Daniel Bell (1973) también intentan dar una explicación al crecimiento del sector servicios, y amplían el concepto de servicios, generalizan y prefieren utilizar el término servicios, en lugar de terciario.

La sustitución del vocablo es más que una cuestión lingüística, debido a que la palabra “servicios” se emplea para señalar actividades “terciarias”, pero desempeñadas en todos los sectores. Las actividades clasificadas dentro del tercer sector de la economía se producen en cualquier otro sector económico, de ahí que se prefiera la palabra servicios ya que les otorga una mayor amplitud (Moreno y Escolano, 1992).

Para referirse a estos nuevos modelos de sociedad que los sociólogos intentan explicar, se crearon varios términos como “sociedad post-industrial”, “sociedad opulenta” o “sociedad de consumo”. La expresión más difundida es la de sociedad post-industrial y se le atribuye a Touraine (1969, 5). “Se les denominará sociedades post-industriales si se pretende señalar la distancia que las separa de las sociedades de industrialización que las han precedido, y que todavía se mezclan con ellas tanto bajo su forma capitalista como bajo su forma socialista.”
Para Tourine, una sociedad post-industrial no es aquélla que alcanzando cierto nivel de productividad, y por lo tanto, de riqueza, puede liberarse de la preocupación de la producción y convertirse en una sociedad de consumo y de tiempo libre. Más bien, lo novedoso es que ahora el crecimiento depende más directamente del conocimiento. Elemento que en la época actual ha cobrado una gran relevancia en las formas de producción contemporánea.

Daniel Bell (1973, 28) retomó unas ideas de Touraine y desarrolló las propias plasmándolas en su obra El advenimiento de la sociedad post-industrial señalando la gran transformación de la sociedad estadounidense. “El concepto de sociedad post-industrial remite en primer lugar a cambios en la estructura social, a la manera como está siendo transformada la economía y remodelado el sistema de empleo, y a las nuevas relaciones entre la teoría y la actividad empírica, en particular entre la ciencia y la tecnología”. Con lo anterior nos podemos dar cuenta que la manera imperante de producción fordista-keynesiana estaba llegando a su ocaso, a principios de los años setenta del siglo pasado.

Bell señaló que la sociedad post-industrial es una generalización muy amplia y se comprenderá mejor si se especifican los cinco componentes que integran el término:
1) Sector económico: la sociedad post-industrial, es decir, una sociedad de servicios. La mayoría de los empleos serán en los servicios, lo que representa un hecho importante en los valores sociales y culturales, además de que el cambio en la demanda de servicios se da siguiendo cierta jerarquía, como es: a) el transporte y los servicios públicos; b) el comercio, la banca, bienes raíces, seguros y servicios relacionados con el consumo de masas; c) en tercer lugar están los servicios relacionados al tiempo libre, vacaciones, entretenimiento, viajes, etc., y d) al final están los servicios que atienden la calidad de vida de la sociedad, como es la educación, la salud, el medio ambiente, la administración pública, etc.
2)  Principio axial: la centralidad del conocimiento teórico como fuente de innovación y formulación política de sociedad. Esta nueva sociedad se organiza alrededor del conocimiento con el objetivo de lograr el control social, de la innovación y el cambio, esto dará como resultado nuevas estructuras y relaciones sociales. Con lo anterior, las universidades y los institutos de investigación se convierten en ejes fundamentales de la sociedad. 
 3) Distribución ocupacional: la preeminencia de las clases profesionales y técnicas. Se origina una alteración en la fuerza productiva y el empleo, donde la mayoría de la gente tendrá un título universitario o una calificación equivalente, los que serán, según Bell, el corazón de la sociedad post-industrial. Ya no solo es importante en dónde trabajan las personas, sino el tipo de cosas que realizan.
4) Orientación futura: el control de la tecnología y de las contribuciones tecnológicas. Las sociedades modernas han tenido que explorar nuevas fronteras tecnológicas con el propósito de mantener la productividad y cierto nivel de vida, pero muchas veces se tienen efectos perjudiciales, como el D.D.T., la contaminación de los motores a gasolina, industrias contaminantes, etc. Es posible controlar la tecnología, y lo que se necesita es establecer mecanismos políticos para regularizar las nuevas tecnologías.
 5)  Toma de decisión: la creación de una nueva “tecnología intelectual”. Los problemas sociológicos e intelectuales más apremiantes de la nueva sociedad son de “complejidad organizada”, esto es, la dirección de sistemas a gran escala, con un gran número de variables en interacción, las cuales deben ser coordinadas para lograr resultados específicos. El objetivo de la tecnología intelectual es el sueño de un alquimista social, el de “ordenar” la sociedad de masas.

Los trabajos de Touraine (1969) y Bell (1973) intentaron dar una explicación de lo compleja que es la sociedad cuando se encuentra trastocada por una nueva realidad económica, la cual hace que cambien los patrones sociales existentes, pero también hay que señalar el hecho de la importancia que le dan al conocimiento en estos grandes cambios que se gestan en la sociedad. Al parecer estamos llegando al nivel que ellos previeron, ya que actualmente existen ciertos rasgos de la sociedad que proyectaron. Nos parece que ya se han cumplido la mayoría de los puntos anteriores, solo restaría el último. Aunque hay que mencionar que esto no es generalizado en el mundo, lo anterior va más acorde con las naciones desarrolladas, en los países en desarrollo algunos se han realizado, y además existen ciertos matices en el cumplimiento de esto ya que no todas las sociedades de los países en desarrollo son homogéneas.

Aportes en la clasificación del sector servicios

Diversos autores, como González et al. (1989), Luna (1989), García y Sanz (1992), Gage y Lesher (2005) por mencionar algunos, señalan que la clasificación de los servicios es una tarea complicada y no se encuentran reflejadas estas actividades en forma correcta en las estadísticas.

Al intentar realizar una clasificación del sector servicios, existen diferentes formas respecto a lo que se considera como servicios, dependiendo el país o según las conveniencias del propio investigador, aun siguiendo la clasificación de las actividades económicas de los sistemas de cuentas nacionales, como señala Luna (1989, 15): 1) “La definición y clasificación de las actividades de servicios varían, considerablemente, de un sistema de cuentas nacionales a otro dificultando las comparaciones internacionales. 2) El exceso de agregación estadística a nivel sectorial. 3) Los problemas de subregistro al no reportarse información sobre las actividades del llamado sector “informal” y/o al subestimarse la participación de los servicios en la medida en que las empresas se autoabastecen de insumos terciarios. 4) La obtención de cifras adecuadas y comparables de valor agregado en actividades de servicios es problemática, y; 5) La inadecuación de las series de tiempo para países en desarrollo dificulta el análisis de tendencias en la producción nacional de servicios”.

Existen varias dificultades para estudiar a los servicios, como ya lo hemos expuesto, uno de ellos es la falta de un concepto generalmente aceptado. Esto lleva a que su estudio y teorización no se pueda realizar fácilmente, y por lo tanto, lo que no se puede conceptualizar no se puede abordar. Es por eso que las estadísticas oficiales no reflejan de una manera fiel la producción de servicios.

Tomando en cuenta lo anterior, distintos autores han realizado clasificaciones propias y ven a las actividades de servicios desde diferentes ópticas. Si bien hasta hoy existe una clasificación mundial propuesta por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) de las actividades productivas llamada Clasificación Industrial Internacional Uniforme (CIIU), esta no es seguida en forma fiel, ya que los diversos países realizan las adecuaciones que consideran pertinentes a esta clasificación. Los académicos también han tratado de seguir las cuentas nacionales pero éstas no son perfectas, y algunos autores han agregado unas y quitado otras actividades. No obstante, de alguna manera todos tratan de rescatar lo más representativo de los servicios, a continuación veremos algunas clasificaciones, y la forma en que las han agrupado los especialistas.

Katouzian (1970) señaló tres categorías, la primera se refiere a los nuevos servicios, la segunda a los servicios complementarios, y la tercera a los viejos servicios. Los nuevos servicios son aquéllos que están relacionados con un consumo de productos manufacturados por parte de la población ya que va ligado al incremento en el ingreso per cápita, como pueden ser: educación, consumo de modernos servicios clínicos y médicos, y entretenimiento en general. Los servicios complementarios toman parte en el proceso de industrialización y se expanden en respuesta a una mayor demanda debido a una nueva situación productiva, los cuales son: la banca, transporte, comercio, finanzas, etc. Los viejos servicios son aquéllos que crecieron antes de la industrialización, su importancia y contribución han ido a la baja, con el desarrollo de la economía estos servicios han sido continuamente sustituidos por bienes, además de que cambian también las relaciones sociales, un ejemplo de estos servicios es el servicio doméstico. 

Sabolo (1975) clasificó las actividades en servicios finales y servicios intermedios. Los primeros a su vez se dividen en tradicionales (actividades domésticas, pequeño comercio, etc.) y nuevos (turismo y actividades de esparcimiento). Los intermedios son los dirigidos a los productores de bienes y productores de otros servicios, esto es, se insertan en la corriente de productos o más servicios, como pueden ser: el transporte, las telecomunicaciones, servicios bancarios, etc.

Abler y Adams (1977) realizaron la siguiente clasificación dividiéndolos en tres sectores: Terciario: abarca las actividades de naturaleza tangible o material como el transporte y las reparaciones; Cuaternario: formado por los servicios de generación de información a gran escala, como las finanzas y seguros, y las actividades estandarizables; Quinario: este sector abarca actividades más especializadas y menos estandarizables.  

Browning y Singelman (1978) los clasificaron en cuatro rubros: servicios de distribución, servicios de producción, servicios sociales, y servicios personales. Los servicios de producción son prestados a las empresas para producir bienes o más servicios, como pueden ser: servicios jurídicos, de financiamiento, de diseño, administración, consultoría, etcétera. Los servicios de distribución son los enfocados al transporte, renta de instalaciones para almacenaje, y ventas. Los servicios sociales son aquéllos que satisfacen necesidades individuales, como son: salud, educación, etc., y algunas de naturaleza pública, como la seguridad. Los servicios personales engloban tanto servicios de baja intensidad de capital como de alta intensidad, y se orientan más a los consumidores particulares a diferencia de los servicios sociales, estas actividades pueden ser: servicios domésticos, reparaciones, actividades de entretenimiento y hotelería.

Otra clasificación la realiza Kent (1985) y señala cinco categorías: servicios personales no calificados, servicios personales calificados, servicios industriales, servicios de consumo masivo, y servicios empresariales de alta tecnología. Los servicios personales no calificados son servicios domésticos y personales de todo tipo, los cuales absorben la mano de obra excedente en la economía. Los servicios personales calificados son aquellos que gracias al proceso de industrialización se abrieron nuevas oportunidades, como son: el comercio, administración, etc., pero también están incluidos los servicios públicos. Los servicios industriales nacen debido a los requerimientos de la creciente complejidad de la industria y que requieren de servicios más calificados, como son: banca, seguros, legales, etc. Los servicios de consumo masivo son aquellos que, por un incremento del ingreso, su consumo satisface ciertas necesidades, como son: actividades de ocio, restaurantes, salud, etc. Los servicios empresariales de alta tecnología surgen por el empleo de nuevas tecnologías por parte de la industria, la cual ha automatizado sus procesos y elevado su procesamiento de datos.

Gutiérrez (1993) (cuadro 2) se basa en la realizada por Browning y Singelman (1978); la aportación realizada por estos autores ha sido una de las más representativas y utilizadas por los estudiosos del tema.

Las anteriores clasificaciones han sido un intento por sistematizar el sector servicios respondiendo a los intereses y preocupaciones de los especialistas para comprender la complejidad de este sector. Es difícil abordar el sector servicios como un conjunto de actividades homogéneas ya que al interior del mismo se encuentran actividades tanto tradicionales como modernas, con alto contenido de capital o baja utilización del mismo, elevado capital humano o baja preparación de la mano de obra, con salarios bajos y altos, con actividades inmersas en el mercado pero también con alta participación de la economía informal, además de ser una ventana de oportunidad para las mujeres y el empleo de medio tiempo, ya que en la industria es más complicado encontrar un puesto con esas características.

Si tomamos en cuenta los trabajos realizados para México, tenemos algunos interesantes. Eugenio Rovzar (1983) escribió un artículo llamado El sector servicios: comportamiento y articulación económica, 1970-1982, en su estudio establece la hipótesis de funcionalidad, es decir, la respuesta por la articulación de un sector o actividad frente a cambios en otro sector. También aborda en forma más desagregada a los servicios y realiza una clasificación en: 1) servicios empresariales; 2) servicios personales y; 3) servicios públicos.

Manuel Luna (1988) realizó un estudio llamado La funcionalidad de los servicios en México y Estados Unidos: 1970-1985, en él pone a prueba las hipótesis de dicotomía, funcionalidad y externación partiendo de los servicios en Estados Unidos y México. Propone cuatro subsectores: 1) comercio; 2) servicios financieros, seguros y bienes inmuebles; 3) electricidad, comunicaciones y transportes y; 4) servicios comunitarios, sociales y personales.

Fernando De Mateo es otro especialista del sector servicios, ha realizado varios artículos como son El comercio internacional de servicios y los países en desarrollo en 1990; Servicios: sustitución de importaciones y política de liberalización en México en 1992. En el documento, El sector servicios en México y su contribución al desarrollo, publicado en el libro “México: una economía de servicios” de 1991, realiza un análisis tratando de identificar el efecto que tiene el sector manufacturero sobre lo que se consideran actividades de servicios a las empresas como son: comunicaciones, transporte, banca, alquiler de inmuebles, notarios, publicidad, servicios de reparación, y servicios profesionales.

Fernando Chávez es otro autor especialista del tema de los servicios, realizó un estudio muy interesante y desagregado para el periodo de 1970 a 1991 llamado, Los servicios en México crecimiento, empleo y rentabilidad, publicado en 1995, y otra obra coordinada con Eduardo Zepeda llamada, El sector servicios: Desarrollo regional y empleo en 1996. Chávez (1995) divide el sector servicios en cuatro rubros: comercio, servicios al productor, servicios al consumidor, y servicios públicos.

Gustavo Garza también ha realizado una contribución importante al estudio de los servicios. En sus trabajos Macroeconomía del sector servicios en la Ciudad de México, 1960-1998 (2004) y Distribución espacial del sector servicios en la Ciudad de México, 1960-2008 (2012) aborda la conformación espacial de los servicios en la Ciudad de México, se menciona la concentración y especialización en esta metrópoli de los servicios al productor. Asimismo, conforme pasa el tiempo los servicios van pasando del centro a la periferia, además de que el PIB terciario va en descenso en esa zona. Otro trabajo que aborda a los servicios, pero esta vez, públicos, es Servicios generales de la producción en la Ciudad de México (2006), y divide su estudio en dos, antes del cambio de modelo económico en México, y después del mismo. Otras obras importantes son: La organización espacial del sector servicios en México (2006); Macroeconomía del sector servicios en la Ciudad de México, 1960-2003 (2008); Geografía del sector servicios en el norte de México (2010) (coordinador); Visión comprensiva de la distribución territorial del sector servicios en México (2011) (coordinador).   

Gustavo Garza ha sido uno de los más autores más prolíficos en cuanto al estudio de los servicios y sus trabajos nos dan una muestra relevante de la dinámica de los servicios en ciertas regiones de México y en determinado momento. No obstante, existe una gran heterogeneidad en este sector y debido a ello todavía el campo para su estudio es amplio.

Los distintos autores mencionados dan cuenta de que a través del tiempo se han abordado los servicios desde distintas ópticas y con una visión particular. El tiempo, el entorno, la dinámica productiva, el conocimiento, las nuevas tecnologías, las instituciones y las redes productivas globales son algunos de los factores clave para comprender el estudio y aportación de cada uno de los autores para teorizar a los servicios.

Conclusiones

El anterior recuento de los trabajos, fueron realizados en su mayoría para países desarrollados, los autores aportan, desde sus diversas perspectivas y realidad, importantes cuestiones para poder comprender el ascenso de los servicios en la economía desde el enfoque de la productividad, de su aportación al empleo y al PIB, pero también desde el punto de vista social, ya que hay que mencionar que la economía es una ciencia social y por ende los cambios que se den en el plano productivo traerá consecuencias en la sociedad.

Hemos encontrado que existe una falta de consenso en cuestiones conceptuales, metodológicas y estadísticas importantes para abordar el estudio de los servicios, a pesar de ello o tal vez gracias a ello, se pueden estudiar a aquellos desde diversas perspectivas. Los estudios realizados hasta ahora en los países en desarrollo son muy escasos, de ahí la importancia de estudiar, analizar y entender la dinámica de este importante sector en dichas economías de forma general, y en particular analizar lo que sucede al interior de las distintas ramas de servicios, ya que existen actividades muy diferentes entre sí.     

Los servicios son un sector de cierta forma “desatendido” por la mayoría de los académicos debido a la no materialización de la mayoría de los servicios, no es fácil analizar algo que depende, en no pocas ocasiones, de un valor subjetivo.

Si bien no existe un consenso definitivo en  cuanto a la definición del concepto y de las características de los servicios, sí se han realizado ciertos avances, aunque con las nuevas tecnologías y la activa demanda y oferta de servicios se vuelve un concepto muy dinámico y cambiante.

La escasa teoría de los servicios se debe a que muchos investigadores dan por hecho que los servicios son algo homogéneo, y por ello sus aportaciones son un tanto endebles. No obstante, sí han ayudado a comprender algunas aristas del mismo problema y, en ese sentido, se han logrado avances importantes al entendimiento de este sector. Es relevante no hacer generalizaciones como se acostumbra a hacer en la ciencia económica. El comportamiento de los servicios es distinto en cada país, y por lo tanto es equivocado pensar que existe un comportamiento similar de este sector en economías distintas, pero se pueden agrupar determinados servicios para poder realizar un mejor análisis de los mismos.

Las clasificaciones propuestas responden a los propósitos de cada investigador pero dejan notar que existe una mayor tendencia a estudiar a este sector de manera desagregada. Esto es un gran avance para la comprensión de los distintos tipos de servicios, y poder llegar a una teoría de ellos.

Lo que no se puede negar es la importancia que tienen los servicios en las economías. Debido a ello es necesario e importante mejorar y elevar el nivel de conocimiento estudio de este sector, ya que es importante en el crecimiento de los países.

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1 Fisher (1945) señala que en 1887 Giffen ya había señalado la importancia de los servicios en el desarrollo económico, ya que una parte cada vez mayor de la población se sumaba a la creación de funciones incorpóreas, y que de esa manera, la riqueza y renta de un país no es que sea menor, sino que solamente cambia de forma. Entonces, si las naciones han de llegar a ser más prósperas se tienen que preparar para un crecimiento relativamente rápido de las “funciones incorpóreas” o “producción terciaria”.    

2 Superior en el sentido de que los servicios representan el último nivel de satisfactores posibles, es decir, una persona, una vez que ha alcanzado cierto nivel material, lo que sigue es su satisfacción inmaterial, esto es, consumo de servicios. Aunque esto no es así necesariamente, ya que una persona necesita de la educación, la atención médica, dental, seguridad pública, etc., es decir, servicios básicos. 

3 Según los datos disponibles del Banco Mundial (2014). El sector primario representó en el 2011 el 3.1% del PIB mundial, el 26.7% correspondió a la industria y el 70.2% a los servicios.

4 Rostow (1960) estudia las etapas del crecimiento económico y señala cinco: sociedad tradicional, condiciones iniciales para el despegue, despegue, maduración, y consumo de masas. Se reconoce como motor de crecimiento a la industria y se menciona a las industrias que pueden desempeñar mejor ese rol; los servicios, junto con los bienes duraderos representan los sectores punta en la última etapa de crecimiento, que es el consumo de masas.

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