TECSISTECATL
Vol. 4 Número 13, diciembre 2012
 

LA IMPOSIBILIDAD DE UNA "JUVENTUD EN ÉXTASIS": LA EXCLUSIÓN LABORAL Y EDUCATIVA EN MÉXICO

 

Yannet Paz Calderón (CV)
tennay1@hotmail.com
Guillermo Campos Ríos (CV)
gcampos61@hotmail.com
Facultad de Economía de la BUAP

RESUMEN.- El titulo de este artículo no debe sugerir una respuesta crítica –por más que resultara justa- al texto de Cuauhtémoc Sánchez, escritor mexicano que ha buscado transmitir una noción idealizada de lo que son los jóvenes, es más bien el intento de plantear cómo -nuestra sociedad local- ha preferido "construir" visiones artificiales sobre los jóvenes hasta llevarla a no saber que son en realidad.
Por lo tanto, para investigar este grupo social es necesario, en primer lugar, saber qué significa ser joven y cómo se vive, hoy en día, eso que se denomina: "la juventud". En segundo lugar, es importante ubicar a los jóvenes en general dentro del contexto económico y social en el cual nacieron y están creciendo. Particularmente veremos cómo las familias, a raíz de la crisis de 1980, tuvieron que buscar diferentes estrategias de sobrevivencia, basadas en el "uso" del trabajo -nunca reconocido como tal- de los jóvenes. Por último, reflexionaremos acerca de la relación que existe en el complejo: jóvenes-educación-trabajo, en el patrón económico neoliberal.

Palabras clave: Exclusión de jóvenes en México, mercado de trabajo de jóvenes, "Ninis" en México.

ABSTRACT. - The title of this article should not be taken as a critical answer to the mexican author Cuauhtemoc Sanchez's, famous novelist, even if it seems justified. He is known for having aimed to transmit thorough the pages of his work an ideal notion of what youth is, as well as how young people live. However, this paper aims to asses how our society has tried to portray an ilusionary vision of young people and their lives to the point of missing the real situation.
Therefore, it seems necessary at first to come up with a definition of youth, what it means to be young, what we understand about young people and how they live nowadays in order to have a grasping understanding of that social group. Secondly, it is important to locate them within the economical and social context in which they were born and are being raised. We will see how families had to look for various means of survival after the economic crisis of 1980. One of these strategies, we think, was based on using young people as a working force, athough this has never been fully recognised. Finally, we will deal with the complicated relationship among the following concepts: young people, education and work in the neoliberal economical system.

Key words: Labour and social exclusion of young people in Mexico, labour market for young people, "Ninis" in México.

 

INTRODUCCIÓN


Hablar de jóvenes y juventud implica enfrentar diferentes retos conceptuales. Desde el sentido común, cuando decimos “joven” pensamos en alguien cuya particularidad está definida por su edad. Además, esa edad lo ubica, mecánicamente, en un supuesto “período de transición natural y lineal”, mediante el cual pasa de una condición de niño a adulto. El joven es reducido idealmente a un momento temporal y frágil de la vida. Para el conteo estadístico es solo un dato que se ubica en el periodo de transición definido solo por la edad.

En México la población joven se define formalmente por aquellas personas que tienen entre 12 y 29 años. Esta definición es la que aparece oficialmente en el artículo 2 de la Ley de Decreto del Instituto Mexicano de la Juventud (DOF, 2012); y es la que manejan las instituciones públicas para elaborar estadísticas, políticas y programas de gobierno destinados a la juventud.

Esta forma de entender a los jóvenes, casi como un dato, los vuelve una entidad con poca diversidad, aparecen como prácticamente “homogéneos”, sin diferencias entre ellos, lo cual impacta negativamente su percepción, pero además encierra el problema de proponer políticas que finalmente resultan ineficientes porque no se considera su alta heterogeneidad. Los jóvenes viven realidades diferentes, enfrentan necesidades y retos diversos, dependiendo de las condiciones materiales y sociales en las que se encuentran cotidianamente.

Bourdieu afirma que esta forma de entender a este segmento no es casual, sino que implica formas de ejercer el poder y el control social: “…Las clasificaciones por edad (y también por sexo…) vienen a ser siempre una forma de imponer límites, de producir un orden en el cual cada quien debe mantenerse, donde cada quien debe ocupar su lugar… las divisiones en clases definidas por la edad, …son de lo más variables y son objeto de manipulaciones… la juventud y la vejez no están dadas, sino que se construyen socialmente…”, (Bourdieu, 2002/1978:164).

Desde una perspectiva más estructuralista, la juventud es entendida por Balardini como un epifenómeno, este autor señala que hay varias juventudes y no sólo una: “…Sí, efectivamente uno podría decir: jóvenes siempre hubo, mientras que juventud no. La juventud, como fenómeno social en los términos occidentales que hoy lo comprendemos, es un producto histórico, que deviene de las revoluciones burguesas y del nacimiento y desarrollo del capitalismo”, (Balardini, 2000:12).

Históricamente la noción de juventud surge con los cambios societales del siglo XVIII y como etapa especifica del desarrollo del individuo (desde la psicología) se acepta hasta iniciado el siglo XX,(Gillis, 1981 en Caicedo y Diego 2009). El discurso respecto a la juventud emerge en el contexto de la evolución de las sociedades europeas occidentales, como resultado de los cambios sociales que se producían en la génesis del capitalismo. “Así, aparece primero la juventud burguesa, dado el contexto de vida burgués del siglo XVIII”, (Musgrove, 1965 en Caicedo y Diego 2009:1310).

Sin embargo, la clasificación de los jóvenes a través de la edad se acentúa con el paso del tiempo. Después de la II Guerra Mundial, cuando ocurren importantes cambios demográficos, se comienza a construir el llamado “Estado del Bienestar”, que para poder planear sus estrategias económicas necesitara datos y estadísticas de la población a la que dirigirá sus distintas políticas. Además dentro de este nuevo orden internacional los países vencedores buscaban imponer sus estilos de vida y valores, los jóvenes aparecen como nuevos sujetos poseedores de derechos que antes no poseían, pero sobre todo, se les comienza a mirar ligados a los nuevos esquemas y estrategias de producción y de consum, (Balardini, 2000 y Reguillo, 2000).

Existen algunas percepciones de la juventud que recuperan la importancia de los proyectos personales que subjetivamente van construyendo cada uno de los jóvenes de manera individual y que, finalmente, les hacen coincidir con múltiples proyectos similares. Tomaremos como referencia a Cuamatzín cuando dice que “…la juventud determina un proceso de búsqueda de elementos (estabilidad emocional, económica e independencia) que le permitan al joven construir su propio proyecto de vida, y todos hacen esto independientemente de las condiciones materiales que enfrenten, y de los patrones y referencias impuestos por la ideología dominante…” (Cuamatzín, 1988).

La juventud es un concepto que requiere de contextualización ya que no es un “universal”, esto implicaría mirar no sólo al interior de este grupo sino vincularlo con la totalidad social y económica de la cual forma parte. En el esquema 1, señalamos algunos aspectos y elementos que deben ser considerados en la construcción de un marco referencial donde poder ubicar a la juventud entendida como una estructura heterogénea. El primer elemento parte de su visión idealizada, a partir de la cual la juventud se entiende como a) una etapa transitoria (por ello se tienen que controlar, reprimir y readaptar), b) es esperanza porque representan el futuro,  c) son un problema social porque son rebeldes y no saben lo que quieren, y d) es homogénea (al caber todos en un solo –y muy amplio- intervalo de edad). Todos estos prejuicios y estereotipos arman una idea de juventud vacía y carente de sujetos reales, en ese sentido se parece al estereotipo de jóvenes que se maneja en el vendido libro de “juventud en éxtasis” que tanto éxito ha tenido en México (ver punto A del esquema 1).

La socialización juvenil se da a través de la familia, la escuela, los medios de comunicación, los grupos de pares y el lugar de trabajo. A través de estos espacios los jóvenes van construyendo sus identidades, se van creando micro sociedades juveniles. Es importante señalar que el grado de impacto que estas instituciones tengan en los estilos de vida de los jóvenes es diferente dependiendo del contexto sociocultural y económico en el cual se desenvuelvan estas instituciones, (ver punto B del esquema 1).

La juventud es, como dice Dávila, una condición social que se construye en un espacio y tiempo específico: “…La juventud no es un ‘don’ que se pierde con el tiempo, sino una condición social con cualidades específicas que se manifiestan de diferentes maneras según las característica históricas sociales de cada individuo [...] Un joven de una zona rural no tiene la misma significación etaria que un joven de la ciudad, como tampoco los de sectores marginados y las clases de altos ingresos económicos [...] no se puede establecer un criterio de edad universal que sea válido para todos los sectores y todas las épocas: laedad se transforma sólo en un referente demográfico…” (Dávila, 2004:92).

Por ello es importante que al abordar el análisis de los jóvenes o de la juventud, en primer lugar ubiquemos al sujeto concreto (para ello será necesario considerar género, escolaridad, región de pertenencia, cultura, etc.,) dentro de un contexto específico ligado a la totalidad; y en segundo lugar, debemos tener presente que los jóvenes son una construcción que cada sociedad representa y/o moldea a través de sus distintas instituciones. Por esta razón, es que no se puede considerar que exista una sola manera de ser joven, en ellos hay una gran diversidad y complejidad socioeconómica.

Por esta forma de razonamiento, se entiende que si bien la edad de un sujeto es un dato necesario, este no es suficiente para caracterizarlo debido a que, precisamente este dato, (la edad), tiene significados distintos si tomamos en cuenta aspectos culturales, económicos, políticos y sociales. Consideramos que el concepto de juventud, como dice Dussel (2000)1 , tiene dos caras: una que mira hacia la construcción simbólico-social que opera a través de la acción de la ideología dominante para legitimar un orden y una práctica concreta para la juventud que finalmente adquiere estatus de naturalidad y se vuelve difícil de cuestionar y cambiar; y la otra cara es aquella que mira hacia la posibilidad de ver al sujeto joven como un individuo capaz de transformarse y reconstruirse a si mismo y a su mundo. El joven desde la mirada del mundo adulto y eurocéntrico, es visto como un sujeto en transición y formación, por lo tanto queda fuera de cualquier escenario de construcción social e histórica.

Una vez que hemos hecho este análisis con respecto a las diferentes formas de concebir a la juventud, estamos en condiciones de hacer las primeras aproximaciones encaminadas a construir una definición que nos permita dar cuenta de lo que actualmente está ocurriendo con los jóvenes. En este punto coincidimos con Lewkowitz quién indica que “…consideramos a la juventud como experiencia vital y categoría socio-histórica más que etaria o biológica. Así, proponemos entenderla como “generación”. Una generación puede ser entendida a partir de la identificación de un conjunto de sujetos que comparten un problema. Así, el vínculo generacional aparece y se constituye como efecto de un proceso de subjetivación ligado con una vivencia común, en torno a una experiencia de ruptura, a partir de la cual se crean mecanismos de identificación y reconocimiento en tanto parte constitutiva de un “nosotros” …”(Lewkowitz, 2004 en Vomaro 2009:175).

Esta última definición es la que nos parece más adecuada pues rompe con la visión de homogeneidad y con el criterio etario; permite resignificar de manera más real ese conjunto social que son los jóvenes. En este caso el concepto de “ruptura” tiene un alto significado práctico y simbólico como para servir de apoyo en la diferenciación sin caer en la tentación de elaborar una clasificación. Una ventaja adicional es que nos permite “romper” con la visión unificadora u homogenerizadora sobre las características de los jóvenes.

El criterio de “generación” que retomamos de Lewkowitz lo hemos complementado con la identificación de lo que, en nuestra mirada y desde nuestros acercamientos empíricos con diversos tipos de jóvenes, aparecen como rompimientos fundamentales, de tal magnitud que dan un cauce diferente a su vida que los apartan de los comportamientos anteriores, que modifican significativamente la inercia contextual y los patrones familiares y sociales que les fueron heredados o enseñados.

Una generación se constituye a partir de los problemas que comparten, constituyendo núcleos sociales que participan de una dirección y una fuerza colectiva que los anima a ejecutar diversos tipos de rupturas. La juventud –igual que la vida toda- está definida por una sucesión de rupturas. Es previsible que una generación de jóvenes no solo comparta problemas sino que ha concretado un enfrentamiento racional a problemas similares.

Una generación dispone de factores de origen y factores de desarrollo, ambos son abiertos y conservan para cualquier sujeto la factibilidad de tránsito entre ellos. La pertenencia a una generación depende tanto del origen como del desarrollo personal que ha decidido cada sujeto, aunque esa decisión no sea tan personal y sea muy influida por su contexto social.

ALGUNOS DATOS SOBRE LO JÓVENES…

Aún cuando intentemos utilizar una definición diferente sobre el ser joven, nos vemos obligados a utilizar las estadísticas que nos permitan hacer un dimensionamiento de la situación que viven los jóvenes y, por tanto, nos vemos obligados a usar los criterios de edad utilizados por INEGI y por otros organismos que aportan información sobre este tema.

En México la población joven –entre 12 y 29 años- para el año 2010 ascendía a 36.2 millones. Esta población representa cerca de la tercera parte del total del país 2, la cual para ese mismo año era de 112.6 millones, (INEGI, 2010) 3.

La Encuesta Nacional de la Juventud 2010, muestra la composición educativa y ocupacional de esta población, donde 39% se dedica sólo a estudiar, 40% realiza actividades laborales (29% únicamente trabaja y 11% combina el trabajo con la escuela). Por otro lado, el 21%  (7.8 millones) no estudia ni trabaja (NINIS), (ENJUVE, 2010).

En el actual momento demográfico por el que atraviesa el país, es indudable la importancia específica que tiene la población joven, debido a que ha alcanzado un máximo histórico, que ya se preveía desde hace varios años. Se decía con cierto tono esperanzador que tendríamos un “bono demográfico” que nos ayudaría a salir de “apuros económicos”, básicamente porque contaríamos con una mayor fuerza de trabajo: joven, fuerte, sana y educada.

Sin embargo, este bono demográfico se ha convertido en una gran deuda social y económica con millones de jóvenes que se encuentran en una situación de alta vulnerabilidad debido a una serie de desventajas acumuladas por décadas, tienen un mejor nivel educativo que los adultos (10 años es el promedio de escolaridad, pero es insuficiente para lo que se les exige en el mercado laboral, además este último les ofrece pocas oportunidades y en condiciones precarias). En el 2008 (aún no hay datos más actuales), el Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social (CONEVAL) estimaba que había 14.9 millones de jóvenes en pobreza multidimensional (enfrentan más de dos tipos de carencia social4 ). En el mismo año, 12.1 millones de jóvenes eran vulnerables en al menos una carencia social.

En el mercado de trabajo, las condiciones de ocupación empeoran tanto más joven se es. El 41.8% de la población ocupada de 15 a 24 años se ven obligados a aceptar las peores condiciones de trabajo: sin prestaciones de salud ni de otro tipo. El 25.4% de los muchachos de 15 a 19 años no recibe remuneraciones, y los que tienen la suerte de obtener ingresos, no pasan de 3 salarios mínimos; además las principales ramas de actividad en las que se concentra el trabajo juvenil son los servicios y el comercio, (INEGI, 2010).

En el caso de los jóvenes que no trabajan y no estudian (NINIS), podemos decir que es una falsedad el afirmar que no trabajan en absoluto. Lo cierto es que ya no estudian de manera permanente y su actividad de sobrevivencia en general no es catalogada como trabajo, o bien es altamente inestable y mantienen periodos muy prolongados de alta rotación en los puestos, 41.1% de los varones jóvenes eventualmente buscan trabajo y de un trimestre a otro, pasan de estar inactivos o desocupados a trabajar y/o a estudiar. Por ejemplo, de acuerdo con las encuestas de ocupación, el 84% de los jóvenes que están buscando empleo y el 55% de los inactivos que no estudian ya tienen experiencia laboral previa, (ENJUVE, 2010).

Los datos muestran un problema estructural muy complejo, los individuos a edades cada vez más tempranas tienen que incorporarse al mercado de trabajo, abandonando, en la mayoría de los casos sus estudios. Los 15 años de edad marcan el punto de abandono parcial o total de la asistencia a la escuela 5.

Dado este panorama, consideramos que para comprender y analizar el proceso mediante el cual el neoliberalismo ha ido modificando la inserción social de los jóvenes a través del trabajo y la escuela, es necesario revisar el contexto estructural en el que se ha dado esa inserción.

A continuación, en la Tabla 1 se presenta un concentrado de las características de la juventud por grupos de edad, escolaridad y lugar de residencia a efecto de que se ubique como un fenómeno urbano y se valore la importancia menor que juega el segmento de los 25 a los 29 años.

EL CONTEXTO NEOLIBERAL

El neoliberalismo, es más que un argumento económico o técnico. El sistema del libre mercado es una ideología y una política que impone también el criterio de costo-beneficio a las actividades de naturaleza social y a lo natural-ambiental. Al respecto Lander dice: “Uno de los mecanismos más eficaces del proceso ideológico de la naturalización de la sociedad de mercado, es el “metarrelato” en el cual el libre mercado, libre de toda injerencia extra-económica, aparece como la forma espontánea y natural de la vida social, cuando no existen intervenciones externas”, (Lander, 2000:7).

En la década de los ochenta la economía mexicana entro en un grave proceso de crisis provocado por la conjugación de una brusca caída internacional de los precios del petróleo, y el alza en las tasas de interés internacionales, lo que trajo como consecuencia: el agotamiento de la capacidad de endeudamiento externo del país, una severa devaluación e inflación y por lo tanto, tasas de crecimiento nulo. En general para América Latina la década de los ochenta es identificada como la “década perdida” o de “crecimiento nulo”.

El saldo económico y social que el neoliberalismo ha dejado (y sigue dejando) en nuestro país y en general en América Latina ha sido el de una gran deuda con más de la mitad de la población que se encuentra en condiciones de extrema pobreza, es cierto lo que Boron comenta al respecto “…lo que ha aparecido ante nuestro ojos fue un paisaje aterrador: un continente devastado por la pobreza, la indigencia y la exclusión social; un medio ambiente agredido y en gran parte destruido, sacrificado en el altar de las ganancias de las grandes empresas; una sociedad desgarrada y en acelerado proceso de descomposición; una economía cada vez más dependiente, vulnerable, extranjerizada; una democracia política reducida a un… simulacro electoral…” (Boron, 2003:17).
El costo social que el libre mercado nos ha impuesto ha sido muy elevado, millones de pobres se sumaron a los que ya existían antes de las medidas de ajuste. Al comenzar la década de los ochenta, había 30 millones de pobres en el país, en 1999 esta población era ya de 41 millones, (Ornelas, 2005). Actualmente la situación es aún más preocupante, de acuerdo a los resultados de la medición de pobreza 2010 del CONEVAL, el número de personas pobres en el país paso de 48.8 millones a 52 millones entre el 2008 y el 2010 respectivamente; dentro de este total hay 11.7 millones de mexicanos que se encuentran en pobreza extrema6 . Otro aspecto que es importante destacar de estos resultados es que 84.3 millones de mexicanos enfrenta al menos una carencia social, la cual puede ser educativa, de salud, vivienda, entre otras7 .

Como hemos podido ver, en nuestro país la pobreza es severa y creciente debido a la inestabilidad laboral y la significativa disminución de salarios que el libre mercado ha provocado. Esto ha tenido graves consecuencias para grandes sectores de la población en general y en particular en los jóvenes, principalmente los de clases populares.

LOS JÓVENES DENTRO DE LAS SUS ESTRATEGIAS DE SOBREVIVENCIA FAMILIARES

Los jóvenes que hoy tienen entre 15 y 24 años nacieron entre la segunda mitad de la década de los ochenta y la primera de los noventa, tiempos marcados por crisis económicas y por la aplicación de políticas de ajuste, apertura comercial y financiera, lo cual tuvo efectos importantes en el entorno familiar en el que crecieron estos jóvenes.

Es importante detenernos a analizar la forma en que las familias transformaron sus estrategias de sobrevivencia a raíz de la crisis de los ochenta y cómo estos cambios impactaron la forma en que los jóvenes se relacionaron con la escuela y el trabajo, elementos clave para construir su inserción social8 . La familia es el primer espacio de resistencia y el entorno más cercano de asimilación y reproducción de patrones; en ella se cristalizan relaciones económico-culturales, que le son impuestas al joven a través de roles y prácticas.

Los hogares desempeñan un papel central en la constitución de espacios donde los individuos establecen distintas formas de relacionarse. Su estructura y organización está determinada por el contexto social y económico en el cual dicho hogar se encuentra inmerso. En México, los arreglos familiares de los jóvenes indican que: 56.2% de ellos viven con ambos padres, 18.7% vive en hogares donde únicamente esta el papá o la mamá, y 15.4% ha formado ya una familia. Pocos jóvenes eligen vivir solos (5.6%).

Por rango de edad, se observa que los que tienen entre 12 y 19 años son los que en mayor porcentaje viven en el hogar de origen (91.9%), conforme aumenta la edad disminuye este arreglo residencial. Los jóvenes varones son los que en mayor medida viven con su familia (79.9%), ya sea que estén solteros o casados, (ENJUVE, 2010).

Entre otros eventos, la salida del hogar por parte de los jóvenes indica el camino a la independencia y la adultez; sin embargo, esto requiere recursos materiales de los cuales los jóvenes carecen dado que al estar en proceso de formación sus vínculos laborales son desfavorables o muy frágiles. Esto ha provocado que posterguen la salida del hogar de origen, aún cuando están ya viviendo en pareja o trabajando. En hogares de bajos ingresos se ha acentuado este tipo de arreglo residencial. En el caso de las uniones conyugales a temprana edad, en casi la mitad de los casos, las parejas viven principalmente con los padres del varón. El tiempo promedio que viven estas parejas con los padres es de 3 años antes de mudarse, (Echarri y Amador, 2007; Mier y Terán, 2009 citado en CONAPO, 2010).

Según datos del Consejo Nacional de Población (CONAPO), en el 2008 el 40% de los hogares donde vive al menos un joven tiene problemas para cubrir las necesidades básicas de vivienda y vestido, 10% no logra cubrir gastos de salud y educación, y otro 10% más, no cuenta con los recursos suficientes para alimentar adecuadamente a sus miembros, entre ellos, los jóvenes, (CONAPO, 2010).

Las crisis vividas desde los ochentas propiciaron cambios cuantitativos y cualitativos en los grupos domésticos urbanos. Tuvieron que hacer un uso más intensivo de sus estrategias de sobrevivencia, esto incluyo entre otras cosas, que los hijos jóvenes varones entraran al mercado laboral y que las hijas se dedicaran más tiempo a las labores del hogar, (González y Escobar, 2006). Las familias al enfrentar una continua disminución del poder adquisitivo de los salarios y una creciente falta de fuentes de empleo, se vieron en la necesidad de que más miembros del hogar salieran en busca de alguna alternativa de trabajo, se dio un “aumento de la participación femenina en las actividades económicas. Adicionalmente ha ocurrido un paulatino reemplazo de los trabajadores hombres de los grupos de edad centrales (entre los 35 y 45 años), por hombres y mujeres jóvenes”, (Rendón y Salas, 1996:37).

El incremento de la pobreza causada no sólo por las crisis económicas sino en general por el modelo de producción capitalista, obliga a que las familias reorganicen una  y otra vez sus diversas actividades encaminadas a obtener ingresos. En este sentido, los jóvenes pueden realizar diversas actividades encaminadas a apoyar a sus hogares:

  1. Trabajando en el mercado formal y/o informal, cuando lo encuentran, sin embargo, es poco probable porque en tiempos de crisis este se contrae. En los dos últimos años el bloque de jóvenes informales ha representado la tercera parte de las 13 millones 430 mil personas que trabajan en la informalidad, (INEGI, 2010).
  2. Ejercen el cuidado del hogar, esta actividad generalmente recae en las mujeres jóvenes, los jóvenes varones son los que después de la madre de familia, salen en busca de trabajo. Como ya mencionamos líneas arriba, 3 de cada 4 NINIS son mujeres (5.9 millones), que en su mayoría se dedican a las labores domésticas.
  3. Migración. En los últimos cinco años, 250 jóvenes de entre 15 y 24 años pasaron diariamente la frontera norte del país, once estados se ubicaron por encima del porcentaje nacional de 40.96% de migración joven y adolescente, y tres de ellos, Chiapas, Oaxaca y Guerrero, rebasaron el 50%, (INEGI, 2010).
  4. Realizando actividades ilegales. Cuatro de cada 10 delincuentes del fuero federal son jóvenes, de acuerdo con datos de INEGI9 . El mercado de trabajo se presenta para los jóvenes populares como espacios de lucha constante donde nada (ni los años de escolaridad) garantiza que puedan obtener al menos posibilidades reales de conseguir un empleo en condiciones favorables, entonces el crimen organizado se presenta como una opción de sobrevivencia para ellos (Loza y Padgett, 2012:42).

Cortés y Rubalcaba (1993), en un estudio que realizaron en la ciudad de Matamoros, encontraron que las diversas opciones que las familias construyen como respuesta a su entorno económico y social, influyen de manera significativa en que los jóvenes decidan o no trabajar o estudiar. Sin embargo, únicamente ponen énfasis en lo que ocurre al interior del hogar, y no lo relacionan con el ambiente externo, que para nosotros es determinante en la organización económica del hogar. Si bien es cierto que algunas familias tienen, además del trabajo remunerado, otras formas de ingreso como transferencias, remesas, apoyo de redes de familiares y amigos, un estudio de la CEPAL señala que entre el 70 y 80% de los ingresos totales de los hogares proviene del trabajo, (CEPAL, 2000).

Ante la falta de empleo, una nueva fuerza laboral (jóvenes varones y mujeres jefas de familia principalmente), se integró al mercado de trabajo, lo que provoco diversas consecuencias:

  1. Una reconfiguración de la PEA, como señalan Rendón y Salas (1996), se comenzó a observar una feminización y rejuvenecimiento de la misma. Cierto es que, “la inserción de estos jóvenes en la fuerza de trabajo tiene distintas características, dependiendo de su edad y del grado de urbanización del lugar donde residen” (Rendón y Salas, 1996:40).
  2. Mayor competencia por encontrar alguna alternativa laboral formal o informal. Esto contrae aún más los salarios y reduce de manera importante las posibilidades de encontrar algún empleo.  “Los grupos domésticos tuvieron que depender más de las actividades informales, ya que las formales se habían vuelto escasas y excepcionales”, (González y Escobar, 2006:253).
  3. Surgió un nuevo actor social: el desocupado, que puede ser hombre, mujer, joven, maduro, con o sin estudios. Es importante señalar que no es que no existiera desempleo antes del ajuste estructural, pero este no predominaba tanto en el escenario laboral como ahora, y además, no duraba periodos de tiempo tan largos. Todo esto tiene implicaciones importantes en la organización de las estrategias de sobrevivencia, por un lado más miembros del hogar se incorporan al mercado laboral pero por otro, algunos como los jefes del hogar y principales sustentos, pierden sus trabajos.
  4. Los grupos domésticos al buscar incrementar sus ingresos al incorporar a otros miembros de la familia al mercado laboral, también tuvieron que involucrar a los hijos más pequeños a las labores de reproducción en casa, labores que no son reconocidas como trabajo.

La sobrevivencia de los hogares dependerá entonces de la capacidad que estos tengan para movilizar sus activos dentro y fuera de los mismos. Los cambios en el mercado laboral afectan de diferente forma a los hogares. “Así, el uso intensivo de la fuerza de trabajo disponible, el multiempleo entre quienes ya trabajan o la entrada creciente de mujeres, jóvenes y niños a la esfera del trabajo remunerado o de apoyo a emprendimientos familiares, ya no constituyen la excepción sino la norma impuesta por la precariedad social y la pobreza que acarrean las transformaciones en la economía y el empleo”, (Escobar y Guaygua, 2008:19-20).

El hecho de que un joven entre al mercado laboral en edad temprana significa que en el corto plazo la familia podrá sobrevivir y paliar una situación adversa; sin embargo, en un futuro esta situación puede tornarse negativa, ya que el joven estará en una condición precaria y acentuara la pobreza en la familia que a futuro él quiera formar. Finalmente podemos decir que el aumento de las desigualdades y la descomposición social provocada por el neoliberalismo, ha hecho que las oportunidades laborales y educativas de los jóvenes sigan en descenso.

LA EDUCACIÓN… ¿UNA ALTERNATIVA?

Para la mayoría de los jóvenes, el estudio es una posibilidad elitista. Más allá de la educación básica, se reduce de manera drástica, la oportunidad de seguir estudiando.

Los jóvenes de sectores empobrecidos se encuentran en un situación de alta vulnerabilidad debido a que, a los ya mencionados problemas de desempleo, se adiciona la falta de oportunidades educativas, y sobre todo, inician un camino donde no aparecen las oportunidades para desarrollar sus capacidades en ámbitos como el cultural.

Siempre se ha pensado que la educación tiende a promover la movilidad social y contribuye a mejorar el nivel de vida de los individuos. Sin embargo, en la práctica como dice Carnoy, la escuela ha servido al capitalismo para dos fines: a) reforzar al capitalismo como única forma de organización social, y b) mantener el orden social, lo que implica hacer de los individuos seres adaptables a la necesidades capitalistas, (Carnoy, 1993).

El discurso de que la educación será la palanca que permita encontrar trabajos seguros y bien remunerados, únicamente se ha traducido en políticas que han aumentado la alfabetización (saber leer, escribir y sobre todo tener la capacidad de adaptarse fácilmente a las tecnologías de la información) de una gran parte de la población joven, pero faltan políticas que provean empleos (Useche, 2009). Alfabetizar entendido como contar, leer y escribir es un dogma aceptado que nadie cuestiona”, (Porter, 2003:185).

La educación y el trabajo con el neoliberalismo se han transformando para adaptarse cada vez más al mercado y a la economía globalizada. Estos dos espacios de vida se han ido organizando de acuerdo a la lógica del sistema capitalista que es la libre competencia, por un lado, la educación estará al alcance de unos cuantos, de aquellos que puedan pagar el servicio (a pesar de que se trate de escuelas públicas). Por el lado del trabajo, se presenta cada vez más reducido y hostil.
Tres tipos de discurso se están instituyendo, peligrosamente, como hegemónicos en el ámbito de la educación pública, merecen especial atención, (Vila, 2006):

  1. El discurso de las bondades de la privatización y la descentralización.
  2. El discurso de la calidad y la excelencia competitiva.
  3. El discurso de la legitimación de las desigualdades sociales, que sigue contando en el mito de la igualdad de oportunidades su principal apoyo.

Con respecto al mercado laboral, se puede observar que “…nunca tanta gente vivió del trabajo -hombres, mujeres […]- sin que ese inmenso caudal se pudiera transformar en fuerza y capacidad organizativa para defender los derechos básicos de esos millones de personas en el mundo del trabajo […] la propia pérdida de identidad del trabajo bloquea la capacidad de las personas para entender el papel de hilo conductor de la mayoría de las alienaciones: la de producir el mundo sin decir nada de él y sin tener conciencia de estarlo produciendo, al contrario, sintiéndolo como un mundo ancho y ajeno”, (Sader, 2011:30).

De esta manera, Guerra (2005) en una investigación que realiza en la ciudad de México explora el sentido del trabajo en la vida de los jóvenes urbano-populares. Encuentra que los jóvenes entran al mercado laboral por las siguientes razones: a) para la sobrevivencia familiar, b) como medio de movilidad familiar, c) consumo individual, d) como medio de independencia residencial, e) para apoyar sus estudios, f) tener alguna actividad mientras piensan qué hacer, g) búsqueda de sociabilidad, y h) estabilidad laboral.

Los jóvenes que han realizado estudios de licenciatura tampoco ven cubiertas sus expectativas en cuanto a oportunidades laborales. A pesar del escaso dinamismo de la economía mexicana en la última década se dio un importante crecimiento del mercado de profesionistas. La oferta de profesionista crece más rápido que el crecimiento de la economía. La Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), calcula que alrededor de 260 mil profesionista buscan trabajo cada año, la tasa de desempleo abierto para ellos se duplico en este periodo de tiempo, al pasar de 2.3% a 5.2%, acentuándose aún más para los profesionista menores de 30 años10 cuya tasa de desempleo abierta paso de 4.8% a 9.2%, (ANUIES, 2010)

REFLEXIONES FINALES

El gobierno federal ha destacado en diversas ocasiones que ha sido un gran esfuerzo lograr, que la capacidad para leer y escribir entre los jóvenes sea universal; sin embargo, esto no tiene ningún tipo de repercusiones positivas en cuanto a las condiciones laborales y sociales que ellos enfrentan. El desajuste entre educación y trabajo es cada vez más evidente, la población joven, principalmente la de sectores empobrecidos se encuentra en una situación de fragilidad y vulnerabilidad ante el desempleo, violencia y falta de oportunidades educativas.

La carencia de un adecuado concepto de “joven” ha convertido a las políticas de apoyo a este sector en “acciones ciegas” que no logran un efecto adecuado al no atender específicamente a cada uno de los diversos objetivos que construyen de acuerdo a su condición de joven.

Es imprescindible la constitución de una verdadera política de generación de empleo, en la cual estén considerados los diversos tipos de joven que existen, para que brinde reales oportunidades de inserción social. Es necesaria y urgente una política de generación de empleo para los jóvenes que han culminado la educación superior y el posgrado.

Los márgenes de acción social para los jóvenes mexicanos se han reducido al punto que han creado condiciones objetivas en las que no es posible pensar en “realidades de éxtasis” como esas con las cuales se les quiere convencer de actuar dócilmente con base en esquemas simplemente moralistas.

BIBLIOGRAFÍA

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1 De acuerdo a Dussel la modernidad tendría tiene dos caras: una que se relaciona con la salida de la minoridad, con la emancipación que otorga el uso de la razón, con la necesidad de un grupo humano de establecer nuevas maneras de relacionarse, de los pueblos por su autodeterminación, etc.; y otra que tiene que ver con la ocultación de lo otro: lo minoritario, o explotado, oprimido, etc. (Dussel, 2000).

2En ocho entidades federativas se concentra el 52.9% de la población joven: Estado de México, DF, Veracruz, Jalisco, Puebla, Guanajuato, Chiapas y Michoacán, (INEGI, 2010).

3Los datos más recientes que manejan las instituciones oficiales son para el 2010.

4 El CONEVAL considera seis tipos de carencias sociales que enfrenta la población, para el 2010 los datos de la población con cada carencia social son: rezago educativo, carencia por acceso a los servicios de salud, carencia por acceso a la seguridad social: carencia por calidad y espacios de la vivienda, carencia por acceso a los servicios básicos en la vivienda; y carencia por acceso a la alimentación.

5De acuerdo al Censo de Población y Vivienda 2010, INEGI: del total de la población de 15 a 19 años, 11 millones de personas (el 43%) no asiste a la escuela.

6 Los estados de la República donde aumento más la pobreza en el período de 2008-2010 fueron Veracruz, Guanajuato, Chihuahua, Oaxaca, Baja California, Tamaulipas y Chiapas.

7 El CONEVAL considera seis tipos de carencias sociales que enfrenta la población, para el 2010 los datos de la población con cada carencia social son:

  1. Rezago educativo: 23.2 millones
  2. Carencia por acceso a los servicios de salud: 35.8 millones
  3. Carencia por acceso a la seguridad social: 68 millones
  4. Carencia por calidad y espacios de la vivienda: 17.1 millones
  5. Carencia por acceso a los servicios básicos en la vivienda:18.5 millones
  6. Carencia por acceso a la alimentación: 28 millones

8 En este argumento tenemos presente lo siguiente: “El problema de cualquier investigación particular no es la selección entre una visión macro o micro, sino responder a la pregunta de cómo un evento social puede explicarse mejor, ¿es suficiente apelar a rasgos de la situación local en la que ocurre, actual o histórica, o es también necesario apelar a causas de mayor escala?”, (Porter, 2003).

9 “En las cárceles mexicanas más del 60% de la población tiene menos de 30 años…” (Loza y Padgett, 2012:33).

10 En México el 78% de la población que se encuentre entre 18 y 34 años no tiene estudios superiores, el 18% apenas llega a este nivel de estudios, y el 1.2% cuenta con algún posgrado (INEGI).

 

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