TECSISTECATL
Vol. 4 Número 13, diciembre 2012
 

LA CIRCULACIÓN, ESPACIO DE LA ACCIÓN SOCIAL

 

Margarita Camarena Luhrs (CV)
margarita@sociales.unam.mx
UNAM

RESUMEN.- Individuos, grupos y comunidades móviles, que se desplazan de unos lugares a otros, presentan acciones sociales de manera espacial, sugiriendo ideas sobre la compresión del espacio y tiempo en sociedades contemporáneas (Giddens 1991; Harvey 1989; y Castells 1996). Como la producción y percepción del espacio están cambiando en la medida en que se accede más fácil y rápidamente a las distancias, eso redimensiona intercambios sociales, transacciones económicas y ritmos de vida.
Sus consecuencias han sido debatidas para entender mejor las articulaciones espaciales local/global y los procesos regionales e internacionales, especialmente porque provocan enormes conflictos, inseguridad e inestabilidad; y aumentan las desigualdades sociales y espaciales. En esta reflexión sobre circulación física de personas, objetos, capitales e informaciones, que por cualquier medio cambian de lugar o se intercambian entre lugares, se ofrece una perspectiva de la dimensión social del espacio; la transformación espacial que supone cualquier cambio social; y de la circulación física como espacio de la acción social.

Palabras clave: Comunidades móviles, circulación, espacio físico, espacio social, región, orden.

ABSTRACT. - Individuals, groups and communities that move from one place to another, present social actions in a spatial way, suggesting ideas about space and time compression in contemporary societies (Giddens 1991; Harvey 1989; y Castells 1996). As production and space perception are changing in the measure we can access easily and faster to distances, that gives new dimensions to social exchanges, economic transactions and life rhythms.
Their consequences have been debated to better understand spatial articulations and regional and international processes; especially because they provoke enormous conflicts, insecurity, and instability, making to grow even bigger social and spatial unevenness. In this reflection about physical circulation of people, objects, capitals and information, changing places or interchanging their spatial position through any means, it’s offered a social dimension of space’s perspective; about spatial transformation supposed by every social change; and, on physical circulation as space of social action.

Key words: Communities on moving, circulation, physical space, social space, region, order.

 

Introducción


En la etapa actual del capitalismo que universaliza pautas de cultura y consumo, se alteran drásticamente la estructura y la relación entre los espacios porque sólo ciertos sectores urbanos y fragmentos regionales, son interconectados. Esta concentración de ciertos espacios tiene como contraparte la dispersión de los territorios excluidos. Y hay muchas posiciones para comprender las consecuencias espaciales de los cambios sociales (Soja, 1989); incluso en el estudio del espacio apropiado y producido para fines sociales hasta incluir en él los aspectos económicos, políticos y culturales, que han llevado a una concepción que deja de contemplarlo como entidad independiente ya se encuentra más adecuada la representación espacial de las acciones sociales y la construcción sociológica de sus atributos. (Leal, 1997: 22).
En medio de esta concentración y dispersión, son los patrones de circulación los sostienen y siguen haciendo posible la gestión a distancia de todo tipo de intercambios. Cuando se observan traslados de unos lugares a otros, sean de personas, grupos o comunidades o se trate de intercambios de mercancías, de localización de capitales e inversiones y de intercambios de informaciones y experiencias, a través de cualquier medio e instituciones, se da por un hecho el cambio en la posición espacial de los desplazamientos.
De esa manera junto con los cambios de lugares, las redes y los flujos que por ellas circulan, se asumen como acciones indistintamente sociales y espaciales, el espacio natural resulta incorporado, no distinguido, y entonces se trata de un espacio que también es economía, cultura y tiempo social, es decir, un espacio que se vuelve experiencia de apropiación, identidad y memoria:
“El espacio es tiempo comprimido… Es verdad que el tiempo es siempre memorizado no como un flujo, sino como memorias de los lugares y espacios experimentados, entonces la historia debe dar paso a la poesía, y el tiempo al espacio como el material fundamental de la expresión social.” (Leal 1997, 33).

De ahí que la concepción del espacio en los procesos sociales, sea tan apremiante para diversas posiciones disciplinarias especialmente de la Sociología urbana y regional, la Sociología rural y de la Geografía cultural. Aunque no haya unanimidad al respecto, es importante destacar que cada vez más se acepta al espacio como algo inseparable del tiempo; y que la diferenciación espacial está ligada con las distintas formas de relación social.

 

1 Dimensión social del espacio


La dimensión social del espacio puede considerarse de múltiples maneras.1 Quizá entre las más interesantes destacan la que lo precisa como forma de relación entre objetos y sujetos. Esta visión reconoce una forma dialéctica al lugar frente al tiempo, en la que “el espacio se concibe como tiempo cristalizado, [y] en el que se depositan las experiencias vividas” (Cita a Harvey 1989, 294; y de Leal 1997, 26); esta visión de George Simmel (1924), parte de atributos espaciales en individuos. Desde su punto de vista “la proximidad o la distancia, la agrupación y la dispersión, la densidad y la diseminación, la permanencia y la movilidad…” (Simmel 1924), dan lugar a diferentes formas sociales (Leal 1997, 25). Ello es posible porque los lugares ligan a los individuos y porque los aspectos espaciales de las cosas, concitan el recuerdo sin el cual el tiempo carecería de referencias.
Para David Harvey (1989), el espacio es producto social “gigantesco sistema de recursos creados por el hombre, de gran importancia económica, social, psicológica y simbólica” (citado por Granada 2006, 1), que va más allá de lo físico y se entiende como producto de la interacción constante, las relaciones sociales y como producto de transformaciones históricas de la sociedad.
El espacio social producto y productor de hechos sociales, se organiza y reconfigura permanentemente, es una realidad social y no exclusivamente natural, puede decirse que es naturaleza socializada, “lugar de concurrencia y manifestación del conjunto de relaciones materiales y simbólicas, producidas por el hombre, es decir, que forma parte y es al propio tiempo expresión de la práctica, la cultura…” (Revent, Mariana, citada por Granada, 2006 2).
También cabe mencionar que el espacio y sus atributos suelen testimoniarse desde la posición de clase social, el papel que tienen en la reproducción del capital; y quizá sobre todo, por las relaciones entre el Estado y el espacio, en las que el espacio del poder se vuelve dominio. Ventajas de localización; simultaneidad de la globalización; mayor énfasis en el estudio de los flujos entre ciudades y sus diferentes escalas de intercambio nacional e internacional; y el estudio de las redes que en el espacio de flujos favorecen nuevos sistemas de relaciones estrechas entre personas, pero que sobre todo destruye los referentes identitarios en la localidades que son incluidas o excluidas de la globalización.
Estos cuatro aspectos hacen del estudio de los órdenes de las relaciones sociales un aspecto de creciente interés para comprender problemas de la homogeneización y la fragmentación social de los espacios que ponen al descubierto desde valores sociales -luchas por la adquisición, el rescate o el abandono de identidades, siempre ligadas con lugares-, tendiendo a separar más los lugares de actividad productiva, comercial o de servicios y de residencia. Si muchas veces estos procesos de internacionalización y de cambios de identidad dan lugar a procesos de ruptura y rechazo de innovaciones sociales, hay otras ocasiones en que integraciones no conflictivas, mantienen lazos establecidos a través de redes de migrantes o que conservan tradiciones y que consideran la conexión con otras comunidades por razones de mercado o de enriquecimiento cultural.
Lugares y los atributos de ellos que se guardan en la memoria, con frecuencia se dan por hecho o se suponen en la serie de nudos constituidos por los diversos enlaces e intercambios que subyacen a las dinámicas del aprovechamiento de los recursos de cada lugar o conjunto espacial. Personas, grupos y comunidades que sostienen  las interacciones micro-macro regionales, siguen incorporando a los lugares para territorializar sus relaciones.
Si territorio, dominio y culturas continúan vivos, incluyendo nuevos trazos, nuevos sitios, renovadas expresiones culturales, en muchos sentidos están siendo llevados más allá de sus límites. En este sentido, con estas reflexiones se intenta dar contexto y aproximar la experiencia espacial desde la óptica de las circulaciones físicas de personas, mercancías, capitales e informaciones.
Como el cambio de lugar es inseparable de lo que lo produce, en la secuencia de los movimientos entre lugares -ciudades y regiones- el despliegue visual de los caminos y vehículos que los siguen, se demuestran tanto el estado en que se encuentra la economía y las sociedades que los alimentan, como los haceres y saberes del tránsito que son cultura y economía de las relaciones entre lugares.
“La mayoría de las construcciones tienen significado solo para los humanos, y únicamente cómo las experimentemos. Se revelan por medio de líneas o patrones de circulación que nos conducen a, a través de, por encima o alrededor de ellas, a píe o a caballo, por avión, tren o automóvil o por medio de cualquier otros medio de locomoción o transmisión. Entonces podemos darnos cuenta de que el patrón de circulación es una función superior de cualquier desarrollo planeado porque él establece, la tasa, la secuencia y la naturaleza de su sentido de realización o despliegue visual.” (Ormsbee 1997, 239).

Y en esos horizontes alcanzados, dominios estrictos, los mapas de circulaciones descubren maneras de crear otros nuevos entornos. Así, las historias y escalas emergentes de las circulaciones, tanto biológicas como físicas y geográficas, pueden ser muy útiles para intentar descubrir los escenarios que están reemplazando al presente y que pueden ser observados en las tendencias de todo tipo de desplazamientos actuales, que dan prioridades a lugares o se las retiran, cambiando con sus recorridos, su percepción y sentido estratégico para los grupos de interés o de poder político y económico.
Experiencias acumuladas de tránsito y tráfico son conocimientos y teorías, que hacen posible cambiar  las ventajas de localización y acceso y que a veces mejoran las facilidades, costos y tiempos de recorridos, llegando incluso hasta el futurista desplazamiento y enlace instantáneo, global. De esta manera, la perspectiva que nos sugieren los trazos actuales de los corredores y circuitos urbanos y regionales de circulación, son al mismo tiempo una visión de la manera cómo se está transformando el espacio biofísico natural de productores y consumidores de los productos que circulan desde los lugares de los cuales son enviados o recibidos hasta donde pueden o anhelan seguir alcanzando a ser enviados o recibidos. Esto convierte a las circulaciones en algo apropiado y desdoblado para los fines del tránsito humano regular entre los lugares.
Las circulaciones junto con los espacios edificados soportan la cultura, economía y sociedad; son contraparte de sus estructuras y funciones. Tienen la peculiaridad de concretarse histórico-espacialmente; y por eso resultan en una adaptación que es constante, en un cambio que se reanuda con nuevo viaje con cada nuevo arribo. Esta adaptación puede resultar paradójicamente tan constante como sean sus repeticiones. Interacción entre lugar y procesos sociales que son interminables, sí moldean con sus interacciones estilos de producción y ocupación del espacio, aún en medio de sus interminables cambios y aunque esto no tenga ni pueda tener fin.
Las circulaciones no son nunca un producto acabado. Igual que el propósito del cambio de lugar  al que sirven, se satisface instantáneamente y se incorporan por completo en la función y producto que generan en el acto mismo del traslado del cambio de lugar. Sean personas, experiencias, imágenes o ideas e informaciones, bienes, mercancías o capitales, más allá de alcanzar un destino, hay algo que les da a las circulaciones su carácter mediador, y eso es lo importante de su estudio, precisamente las intencionalidades de las circulaciones con las que están hechas socialmente para moverse, cambiar, mantener abiertos –o cerrados- los pasos a los recursos a las distancias, para abrir y multiplicar los accesos a los lugares.
Estos lazos que las circulaciones establecen entre lugares distantes, pueden interpretarse más allá de las relaciones insumo-producto, por las vinculaciones físicas y biológicas, hasta climáticas y geográficas, con las que se conservan los sistemas vivos. También como redes sociales espaciales, como paisajes urbano-regionales, continuos o fracturados, abiertos o discontinuos y con obstáculos, que distinguen a las regiones culturales. Todo depende de las finalidades de estudio que se persigan.
Así, pueden adoptarse perspectivas de estudio de las circulaciones con la intención de encontrar evidencia de las transformaciones en curso en la organización espacial nacional o subnacional. Una regionalización puede complementar las otras divisiones trazadas por el agua, los vientos, alturas y temperaturas y por las tierras, sean divisiones descubiertas o trazadas arbitrariamente por sus autores, con las que moldean nexos e interacciones de los sistemas espaciales, de maneras ecosistémicas y culturales.
Y se pueden contemplar distintas definiciones regionales y territoriales de las circulaciones, de las ciudades y regiones circuladas. Casi siempre son dadas por supuesto con el comercio y los medios y modos de transporte. Dan  énfasis especialmente a la regionalización físico geográfica o a la división administrativa territorial, por municipios. Y desde ellas,  se han elaborado varias divisiones económicas convencionales por federaciones, estado o provincia y departamentos y municipios.
Estas regionalizaciones “fijas” se contrastan con la regionalización “flexible” que se traza en el enredado de todo tipo de movimientos que son el hilo conductor de esta reflexión. Por medio del trazo de los corredores y circuitos estratégicos de circulación que organizan a los sistemas regionales –incluyendo en ellos, sus microrregiones y corredores urbanos y rurales. La regionalización por flujos que marcan tales redes de movimientos es definida por los cambios en los alcances, frecuencias, intensidades de los viajes como por los itinerarios que siguen los flujos de circulación emitidos en todas direcciones y recibidos desde cualquier lugar, que repitiéndose o haciéndose sistemáticos conforman rutas de recursos, circuitos regionales de mercados y relaciones entre personas, grupos, comunidades y las localidades del entramado urbano regional.

2 Cualquier cambio social supone una transformación espacial


Como la proximidad facilita o impide acciones recíprocas que reafirmen la representación de pertenencia a un lugar y a la comunidad que lo habita, “la proximidad lleva al establecimiento de relaciones positivas o negativas, y si estas no se dan es porque la exigencia de defensa frente a la fuerte acumulación de estímulos que se genera en lugares en los que la densidad multiplica las proximidades, [establece] medidas de precaución que llevan a esa indiferencia respecto a los que están próximos.” (Leal 1997, 26). Cercanía y lejanía suscitan percepciones profundas, pues “el lugar constituye el punto de rotación en derredor del cual el recuerdo liga a los individuos en una correlación ideal” (Simmel, 1924).
Concentración y dispersión de asentamientos y circulaciones no pueden efectuarse sino en ciertas condiciones espaciales, de tal manera que aunque se evidente, haya que insistir en que cualquier cambio social supone una transformación espacial. Por ejemplo, la localización es socialmente relevante si se filtra por medio de las referencias que orientan la conducta. Así, la ciudad induce  contactos frecuentes entre quienes no se conocen, pero también hace que la aglomeración distancie y aísle a la gente. 2
Puede llegarse a percibir la importancia del espacio por la exigencia de revalorizar al tiempo, como dice Giddens (1981). Y con ello, la explicación de las circulaciones, en términos de su especialidad y temporalidad, sería más que un recorrido de una colección de puntos, la manifestación espacial de un hecho de social. Así, la conformación de las rutas de circulación microrregional suma sus efectos a los del aumento en la escala de las circulaciones que ha traído consigo el capitalismo en todo el planeta.
Estos procesos han contribuido a concentrar más que a descentralizar las localidades y a cambiar los usos del suelo urbano y rural y, con ello, a transformar el paisaje con innumerables consecuencias sobre el balance ecosistémico de la vida natural y el bienestar humano.  Y por ello los movimientos de personas, grupos y comunidades, como el intercambio de objetos y experiencias e informaciones, mercancías y capitales, son además, procesos clave para notar cómo cristalizan los espacios, por la escala espacio temporal de sus circulaciones. Incluso la Ecología del paisaje lo tiene así para sus fines de indagar las consecuencias de las escalas del paisaje en regiones pequeñas y no en la gran escala de regiones bioclimáticas o países completos, porque es en estas escalas en las que las transformaciones locales se acumula, multiplican, refuerzan y pueden ser protegidas.
Entonces las circulaciones, vistas desde esta perspectiva, corresponden a una escala local-regional del estudio del paisaje aún cuando en sus más pequeñas escalas espacio temporales, se encuentren también puntos síntesis de la globalización, enlazados por las redes de enlaces entre ciudades y localidades cuya cercanía, lejanía, facilidad o dificultad de acceso, construyen las nuevas regiones más que sus límites físicos y geográficos. Y ello, ha dado pauta a la superposición de divisiones regionales que han cambiado tanto y tantas veces a la organización espacial.
Por su impacto natural como por ser parte del ritmo del capital mundial, las circulaciones no pueden dejar de ser al mismo tiempo un encadenamiento de efectos naturales de las actividades humanas, que se hace patente a cada instante y aunque se fuga inmediatamente, deja en sus estelas consecuencias perdurables que se reiteran con cada nuevo recorrido y cuya percepción también es única, cada vez.
Las circulaciones vista desde sus potenciales de articulación, hace notar la fuerza espacial con que se transforman conjuntos territoriales de ciudades y regiones por las nuevas conectividades abiertas a partir de los enlaces, finalmente ya continuos de las redes de comercio con las que surcan y reordenan circuitos de comercio internacional y de control militar, que van junto con ellos.
Y es posible hacer regionalizaciones de espacios y territorios por la circulación que los ordena y organiza. Esta circulación es flexible, en muchos sentidos instantánea e irrepetible porque confirma sus trazos fugaces y que solamente por medio de la repetición de sus recorridos, los vuelve permanentes; en ella, pueden asimilarse la operación de los transportes multimodales, y el trazo de las rutas de comercio, pero comprenden todo el mundo de relación social y simbólica que va detrás de esos hechos.
Hay ocasiones en que las rutas recorridas siguen itinerarios intercambiables, y entonces con mucha frecuencia se reducen las posibilidades de planificación estricta –que haga de las circulaciones, secuencias predecibles e intencionadamente decididas- llevando a encontrar otras maneras de crear nuevos entornos de responsabilidad que aseguren las llegadas a los destinos finales.
Las circulaciones urbanas y regionales se concretan en redes de flujos que conectan las micro-macro regiones por medio de sus corredores de circulación. Espacios geográficos circulados trazan límites entre los lugares atravesados, y le dan continuidad a las relaciones de los sitios enlazados, pero para los fines de las circulaciones se van a definir a la vez como pauta abstracta de las relaciones espaciales, y como una concreción práctica como simbólica con las que se ordena y organiza el espacio social circulado.
Una manera de concretar  las circulaciones, es determinar las características macro de las zonas, centros, nodos, corredores y circuitos de los movimientos que tienen lugar entre puntos de recorrido en grandes localidades o regiones y entre ellos, con marcos de distancia y acceso, de costos y tiempos establecidos.
Características que se delimitan naturalmente por sus relaciones e interacciones con otros elementos circundantes, así como por el alcance de sus diversas relaciones internas-externas con otros lugares. Con estas interacciones se demuestran cambios y se producen transformaciones desde el nivel más concreto de la circulación hasta el de la cultura de relación con el medio que se van volviendo auténticos atributos espaciales.
La coherencia espacial, el potencial social y la capacidad económica que se revela en un estudio espacial de la circulación por flujos, puede ser útil para cualquier regionalización. Y también para otras investigaciones sobre crítica del estado actual y prospectiva del aprovechamiento natural, económico y cultural de los espacios; así como para el examen de las posibilidades de desarrollo de otros marcos de integración espacial, socioeconómica y cultural sustentable, que sean alternativos al actual.
Las circulaciones como “indicador” de la coherencia de fuerzas espaciales, puede ayudar tanto al rediseño del hábitat construido, en el nivel urbano, como a la localización de inversiones, a la reorganización del aprovechamiento de los servicios ambientales o a programas de consolidación de grupos de población de acciones previsoras de la expulsión migratoria y de construcción de alternativas de crecimiento y desarrollo que mejoren la calidad de vida de los interesados como para reagruparlos y volver a arraigarlos en sus lugares.
Se trata de un análisis de la información disponible sobre las dinámicas de la organización espacial y de sus identidades étnicas y geográficas particulares incluyendo sus alrededores y el conjunto de lugares con los que se relacionan. Esto es naturalmente un producto cultural del manejo de recursos, de las interacciones actuales entre actores y grupos de interés, con respecto al espacio y sus cualidades ecológicas -que esclarece el pasado regional como el panorama alternativo del orden natural y social del presente-, también indica tendencias que pudieran sucederle en el porvenir.
Con el objetivo de regionalizar de acuerdo con las circulaciones que contienen al espacio como mosaico territorial, es posible analizar flujos físicos de circulaciones de personas y mercancías, capitales e informaciones; y también a partir de otras redes de flujos intangibles de comunicación de experiencias o que se hacen patentes por el intercambio de influencias, que corren junto con el tránsito físico y por medio de los transportes regionales.
Desde este interés de las circulaciones, interesan todo tipo de intercambios e interacciones socio económicas y culturales, que cristalizan por ejemplo en ferias, tianguis, cambio de moneda, peregrinajes; poblamientos estacionales o vacacionales, despoblamiento y abandono de lugares; migración nacional o al extranjero; uso, manejo tradicional o “tecnológico” de las tierras y recursos naturales; comercialización o transporte para fines de los intercambios tradicionales o sujetos por la logística de las plataformas internacionales globalizadas dedicadas a la explotación de los recursos regionales y de culturas locales, etcétera.
En resumen puede sugerirse que al realizar estudios sobre las circulaciones lo que interesa particularmente es:
1) Determinar las pautas de la regionalización por flujos que se ponen de manifiesto en los mencionados comportamientos de las zonas, centros, nodos, corredores y circuitos, pautas de nodos y líneas de fuerza espacial estudiadas. Además, se presta atención a otros sitios y elementos que tienen efectos articuladores sobre la interacción espacial sea de ciudades, localidades pequeñas, circuitos o de los corredores funcionales que forman.
2) Conocer la dinámica y uso de los recursos -agrícolas, forestales, artesanales y manufactureros y otros- de las ciudades y regiones, para conocer las vocaciones económicas de la organización espacial o de sus segmentos regionales contemplados como expresiones de ese manejo de recursos naturales. Se supone que en esas dinámicas existe una unidad entre actores sociales y recursos naturales que funciona dialécticamente de acuerdo con el desarrollo y complejidad de las redes culturales que sostienen y provocan ese manejo natural y que se evidencian en la estructura, uso y cambio de las circulaciones.
3) También interesa contribuir a la crítica de las transformaciones que están ocurriendo en las ciudades y regiones estudiadas, así como en la construcción de los posibles órdenes espaciales que sucederían alternativamente a su disposición y relaciones actuales.
El problema de fondo de la circulación urbana regional -en un contexto que globaliza las redes, pero regionaliza los vínculos sociales-, que motiva estas reflexiones, es establecer las posibilidades que existen desde la propia sociedad local con diversas escalas de su alcances integrador e influencia coleccionadora, de establecer una visión identitaria del desarrollo, fundada culturalmente en el continuo que se da entre las fronteras de lo deseable y lo posible. El interés en esta “frontera móvil” circulatoria se debe a su cualidad de ser una construcción que si se reitera y se vuelve repetitiva permanente que por ello, se puede influir prácticamente en cualquier punto y momento del proceso circulatorio, como una fuerza de los acontecimientos que deciden ventajas o desventajas del desarrollo en ciertos lugares.
La imagen artificial que se ha construido a partir de las nociones de “límite”, por ejemplo con los cercados, igual que con las fronteras, divide junto con la propiedad del suelo, la calidad de sus posesiones, entre dueños y desposeídos y sus relaciones sociales. Pero esas definiciones, producto de determinadas relaciones de propiedad, y capacidades de apropiación espacial, como de tradiciones, costumbres y correlaciones de fuerzas, cambian; y cambian constantemente. Así, las circulaciones también son expresiones de esas alteraciones en las relaciones sociales de poder, dominación y resistencia.
De ahí que la perspectiva de unas circulaciones más rápidas y de otras más lentas, alimentadores, como de unas ciudades más móviles que otras, menos sedentarias y más nomádicas, sin límites o acaso de fronteras móviles, retrate ese cambio socio-espacial que es constante y sugiera que así como es imposible estar sin moverse, las actividades humanas no pueden ser solo fijas. Las ciudades existen alimentadas por sus rutas de abastecimiento, son una sola cosa. Unas y otras se complementan tanto como sirven y determinan a sus “cambiantes” condiciones.

 

3 La circulación física como espacio de la acción social


La circulación física se forma con la fluidez regular y repetida de personas, objetos, mercancías, capitales e informaciones, de unos lugares a otros. Jerarquiza y ordena las masas de los espacios sean continentales o nacionales, así como a los territorios, ciudades y regiones de los países y al espacio público de las ciudades. Aún con esta amplitud, económicamente se restringe a los movimientos que engrosan los beneficios al retorno de las sumas invertidas (Braudel 1985, 27), y aunque solo hayan mediado lapsos y no espacios el tránsito, la secuencia de un estado inicial a otro final, aunque no sea origen y destino, supone circulación.
Conviene declarar qué se entiende con circulación y con circulación física, así como por los movimientos con los que van cambiando de lugares objetos, mercancías y capitales, personas, informaciones, intercambios e influencias de un punto a otro. El concepto de circulación se adopta en su perspectiva de circulación más amplia –de objetos, personas, comunicaciones e influencias; como movimientos entre lugares-; y en el sentido de relaciones económicas e influencias culturales, políticas, ideológicas que tienen lugar y ocurren por el intercambio entre lugares. Pero también, desde la perspectiva del proceso de circulación entendido como integración de mercados y en su perspectiva política, que demuestra a los ‘poderes regionales’ y redes de influencia, como dominios, ‘áreas de reserva’ o ‘cotos de riqueza ambiental’ que son objeto de intereses del mercado.
Se puede adoptar también, la idea de circuitos, corredores y rutas de movilidad, tanto de pasajeros y mercancías, como de los signos de identidad que a través de ellos se difunden. Esto con el objeto de identificar los derroteros y dimensiones de las articulaciones, como parte del sistema biosocial planetario). Y se introduce el término “escalas” para lograr incorporar distintos niveles de lo global y de sus formas particulares, locales, de articulación y enlace espacial.
La factibilidad de desarrollar circulaciones surge como consecuencia de la capacidad de crecimiento e intercambio económico; y de manera general, proviene de la adaptación al cambio ante determinadas condiciones espaciales y culturales –geofísicas- biológicas, que mueven a reorganizarse socialmente. El propio sentido de desarrollo que tienen grupos y comunidades hacen del proceso de reorganización social -ante el espacio y los sistemas biológicos-, algo inacabado porque está cambiando permanentemente. Tal como lo explica Ramón-Antonio Gutiérrez,
“simultáneamente, es el proceso de reorganización social desde la identidad del desarrollo, lo que marca el criterio de distinción para el grado de viabilidad social en su contexto histórico y situacional” (Gutiérrez, 27). 

Contexto histórico situacional, desde esta perspectiva teórica desarrollada por Gutiérrez, que se puede adoptar como marco para reconocer ámbitos y momentos del “desarrollo regional sustentable autodireccionado”, que es posible establecer:
1) En las regiones de las que participa la circulación troncal, nacional, o la circulación alimentadora o se secundaria, como de sus regiones fundadas en espacios socioeconómicos más o menos sistemáticos e incluso organizados en redes que están culturalmente definidos
 2)  De acuerdo con el reconocimiento cultural por parte de las culturas urbanas regionales de sus propias identidades de desarrollo y de lo s lugares que les son propios
3) Que el nivel de la sustentabilidad social que poseen las distintas identidades de desarrollo adoptadas por la sociedad regional, así como sus conexiones, se corresponde con sus condiciones institucionales y capacidades de negociación política
4) El grado de institucionalización, flexibilidad y maniobra del proceso democrático de autodeterminación regional, y con la inserción del poder que tiene la región en su red de relaciones locales complejas, como en la participación que se les da a ellas desde la lógica global.
A partir de este enfoque de la circulación física como espacio de la acción social, el problema es construir un mapa de interacciones de los procesos sociales que producen a las circulaciones o que tienen sus consecuencias o antecedentes en los fenómenos de circulación señalados antes, para cada unidad socialmente especializada; en principio haciendo una jerarquía de sus prioridades geoestratégicas de relaciones entre puntos o áreas determinadas de los contextos urbano regionales y nacionales o transnacional, de que se trate.
Puede hacerse un mapa que mida la transición regional a partir de impactos que tiene la sustentabilidad social, la autoorganización social, las negociaciones en el marco de la acción pública  y los conflictos sociales; así como, de acuerdo con la apropiación identitaria del desarrollo. Todas estas observaciones se encuentran en entramados de relaciones de poder entre actores sociales (Véase Camarena, Aguilar 2011, 23), que no puede dejar de estar cimentándose geo estratégicamente más que en un patrón de circulaciones, mismo que puede llegar a tomar la forma de una red de redes, jerarquizando los ámbitos espaciales y del aprovechamiento natural, de lo cual puede inferirse la importancia estratégica que tiene el control de las circulaciones que se ejerce solo muy limitadamente y si acaso, para fines logísticos de grandes empresas distribuidoras.
Un mapa de circulaciones así, representa la dinámica de los recursos, no desde la óptica de los balances ecosistémicos como pudiera ser un mapa hídrico, sino en la perspectiva de la dinámica de los recursos naturales para conservar, reproducir, ampliar el poder, político y económico. En él se expresan la negociación, el conflicto, el aprovechamiento o el desperdicio de recursos, pone de relieve en qué consiste la cultura de relación de los grupos e intereses sociales que han trazado en el intercambios y circulaciones, llegando a dar testimonio de la realidad espacio-cultural y que por eso también es una herramienta para rediseñar el hábitat, para crear otros nuevos entornos o para conducir geoestratégicamente la intervención humana de ciertos grupos de interés. 3
Pueden tomarse en cuenta como preguntas teóricas orientadoras: ¿de qué manera se construyen las regiones, particularmente las que contiene a sus más importantes ciudades, en especial de los centros regionales como un entramado de redes y líneas de circulación, incluyendo flujos de personas, mercancías, energía e informaciones? Y, ¿a partir de qué nexos de intercambio –interfases, nodos o terminales de línea- tales ciudades y regiones se manifiestan en las redes de relaciones económicas, sociales, culturales con el ambiente? Las respuestas dan el contexto que precisa qué de los fenómenos circulatorios hay que observar con mayor atención para, a partir de ellos, incidir recíprocamente sobre toda la demás complejidad espacial, socioculturalmente decidida.
Estas preguntas referidas a los lugares de trabajo, los mercados, las sedes de poderes, lugares de vida en los asentamientos, localidades, ciudades, que integran las regiones se descomponen en otras subinterrogantes: 1) ¿cuáles son las formas de las redes y en dónde se localizan los nodos en que coinciden las diversas redes de redes de aprovechamiento y apropiación de los recursos naturales y culturales?; 2) ¿cómo se relacionan estás características formales y funcionales con los procesos sociales regionales de aprovechamiento del medio ambiente natural que determinan las culturas identitarias de los mosaicos territoriales?; y 3) ¿cuál es la medida de la intencionalidad que subyace a las inercias del trazado colectivo de las redes de circulación e intercambio urbano regional?
Y como puede suponerse con el nivel de apertura y la complejidad de las redes de relaciones internas y externas que regionalizan esas relaciones, se concretan en territorios, espacios de dominio de ciudades y regiones. Esto varía con el nivel de desarrollo regional autoorganizado y con la vulnerabilidad-sustentabilidad con que su gestión le caracterice. Pero para establecer su viabilidad social, es determinante el grado de eficacia social que la región logra en alcanzar su propia sustentabilidad y viabilidad a largo plazo. Por lo que las regiones nucleadas en las grandes capitales culturales y económicas y en sus regiones, establecen una cierta red de relaciones de co-influencia con sus ambientes internos-externo. Por esas relaciones, pueden redefinir desde sus propias identidades, como su co-determinación a favor de intereses comunes determinados previamente.
De ahí que puedan destacarse algunas guías de interés de la observación de las circulaciones, que:
1) Contribuyan a la solución a los problemas de autoorganización, sustentabilidad social y viabilidad social de las ciudades y regiones estudiadas y que se ponen de manifiesto en la regionalización por circulaciones descrita en el mapa de redes de flujos e interacciones. Redes que pueden encontrarse en la organización social identitaria de cada conjunto de lugares, ciudades y regiones que adquieren continuidad por sus circulaciones, o que por el contrario, se fundan en pequeños centros concentradores de altas densidades socioespaciales, que están sobre imponiendo nuevos cursos y trazos del desarrollo regional sustentable.
2) Los problemas derivados del emplazamiento socioespacial nodal, producidos como lo explica Ryszard Rózga, en el marco de la globalización. La discriminación de las redes, localidades y ciudades en las que se suscitan beneficios regionales de interés transnacional o externo de cada región, se pone de relieve en los comportamientos de los flujos regionalizados, pero sobre todo en un mapa de conflictos, entre unos y otros aprovechamientos de los ambientes naturales y culturales que están reduciendo la viabilidad social de sectores y regiones absorbidos o influidos globalmente por el rápido crecimiento, marginador y excluyente.
Como se ha mostrado a lo largo de esta reflexión, las circulaciones pueden estudiarse por la manera cómo cristalizan objetivos espaciales, básicamente mediante el estudio de la articulación de las redes económicas, sociales y culturales en su conexión recíproca con los sistemas naturales; destacando en las formas y funciones de las redes de circulación, la relación que guardan localizaciones y geografía, de los centros nodales que dan cohesión al entramado de rutas de circulaciones, a sus relaciones múltiples con las ciudades y con todo tipo de asentamientos, con sus mercados y actores.
Los haceres que se reflejan en las circulaciones transmiten y comparten identidad cultural que impacta y resultan significativa para entender las transformaciones en la organización espacial subnacional y de regiones que se superponen encima de ellas, debido a fracturas y fallas en la continuidad de las circulaciones sea al interior como entre las mismas ciudades y sus regiones, con las que se gradúan sus intensidades en función de volúmenes e intensidades de los intercambios que provocan las actividades que suceden en sus alrededores y en el sistema macroregional del que forman parte.
Es útil la información producida por dependencias gubernamentales federales y estatales, así como de otras instituciones; y son indispensables los resultados de las encuestas de origen y destino, que dimensionen  volúmenes y tipos de carga y pasajeros movilizados, las frecuencias de los viajes, las condiciones de la infraestructura y el tipo de equipo de transporte y comunicación, además de los diversos tipos, volúmenes y valores de las cargas transportadas, pasajeros, de ser posible analizando otros flujos de correo, radio-telefonía, transmisión de señales satelitales, etcétera, que incluirían transferencias de valores bancarios, mercados ambulantes, ferias, etcétera; y las relaciones que éstos guardan con otras características socio-económicas, demográficas y culturales de las distintas localidades que integran las circulaciones urbanas regionales de interés.

Conclusión


Individuos, grupos y comunidades móviles, que se desplazan de unos lugares a otros, presentan acciones sociales de manera espacial. Lo que ha llevado a desarrollar ideas sobre la compresión del espacio y el tiempo en las sociedades contemporáneas (Giddens 1991; Harvey 1990; y Castells 1996); y a encontrar explicaciones a las formas como la producción y percepción del espacio están cambiando en la medida en que se accede más fácil y rápidamente a las distancias, y cómo con ello, se redimensionan los intercambios sociales, las transacciones económicas y los ritmos de vida.
Como todo eso provoca enormes conflictos, inseguridad e inestabilidad, el mundo y las localidades han resentido cómo se aumentan las desigualdades sociales y espaciales. En esta reflexión sobre circulación física de personas, objetos, capitales e informaciones, que por cualquier medio cambian de lugar o se intercambian entre lugares, se ha intentado reflexionar sobre la dimensión social del espacio; y ofrecer una perspectiva de la transformación espacial que supone cualquier cambio social; particularmente en los hechos de la circulación física como espacio de la acción social.
Dado que en la etapa actual del capitalismo se universalizan pautas de cultura y consumo que transforman drásticamente la estructura y relación entre los espacios urbanos y regionales, porque sólo ciertos segmentos de ellos, son interconectados, resulta que este patrón espacial provoca la concentración de ciertos espacios, que es resultado paradójicamente de su gestión a distancia; y tiene como contraparte la dispersión de los territorios excluidos de los intereses de esa gestión transnacional global.
Y como se ha mencionado, hay muchas posiciones para comprender las consecuencias espaciales de estos cambios sociales (Soja, 1989). Incluso, se ha avanzado en el conocimiento de los cambios espaciales que supone cualquier cambio social e histórico profundo. De ello, quizá lo más importante sea que el espacio apropiado y producido para fines sociales, como las ciudades y toda la infraestructura de transportes y comunicaciones, son algo más que productos espaciales sociales, porque condicionan las relaciones sociales de una manera duradera y son expresión – que resulta perdurable, no solo fugaz e instantánea- de las asociaciones, agrupamientos e integraciones comunitarias mismas.
El espacio incorporado socialmente, hasta incluir en él los aspectos económicos, políticos y culturales, ha llevado a dejar de contemplarlo como entidad independiente por lo que se encuentra más adecuada la representación espacial de las acciones sociales y la construcción sociológica de sus atributos que su consideración separada. (Leal 1997, 22).
Aún así, subsisten diferencias importantes en las explicaciones de la emergencia de espacios diferenciados a partir de la superación y abandono de los espacios que eran propios de las sociedades anteriores. De tal manera que el espacio físico geográfico, se transforma socialmente y adquiere otras cualidades que lo “socializan”, con los cambios en la movilidad, desplazamientos, densidades y distancias urbanas y regionales; y también con los cambios que se notar por el abandono de límites y fronteras, que alteran los atributos de la proximidad igual que las referencias a la distancia, a la mercancía y a la lejanía. 4
De acuerdo con todo lo anterior, el estudio del aprovechamiento de los recursos culturales y naturales puede referirse a distintas escalas de circulación que ordenan y jerarquizan las relaciones espaciales sociales, de las que forman parte los continuos urbanos regionales, pensados en los siguientes siete ámbitos:
1) Físico-geográfico y territorial de los movimientos de mercancías, personas, capitales e informaciones, escalas que refuerzan sus diferencias con el hecho de la extensión de la vida urbana a los extremos más alejados, “acercando a las localidades”
2) Económico, pretendiendo contemplar la circulación física asociada con la circulación general del capital y al espacio como determinante de sus localizaciones, estructurante de esa acción social, que hace posible darle una prioridad y relación con el resto
3) Del espacio producido socialmente como sistema de unidades socialmente espacializadas, que conjugan espacios-flujos-y-normas de control social, tal como las definieron Daniel L´Huillier y su grupo. Y utilizando criterios complementarios recientes como los de Felipe Torres y José Gasca, que llevan a identificar el aspecto político cultural de la ocupación del espacio con el dominio y la dominación que hacen posible las circulaciones
4) Político, en el sentido de los fenómenos  de dominación y resistencia de los grupos sociales, siempre vinculados al tránsito entre lugares, y con los sentidos que esos tránsitos le dan a las formas de identidad, topográfica y cultural, características de la relación humana en el espacio
5) Del balance regional-local y global-de flujos de objetos, tangibles e intangibles, que expresan equilibrios o desequilibrios (oportunidades y riesgos) económicos, energéticos, tecnológicos, y culturales, de acuerdo con las dinámicas de los intercambios entre los lugares
6) De la dinámica espacial de larga duración que podría empatar con perspectivas de la historia de continuidades y rupturas espaciales y sus efectos en la conservación o pérdida de culturas, el doblamiento y el abandono de lugares; y
7) De acuerdo con la perspectiva de Milton Santos,  en el sentido de que la mundialización de los espacios y las técnicas, crea una resistencia a perder junto con los espacios tradicionales, los vínculos identitarios con los lugares que sujetan a los procesos humanos espacial y temporalmente.
En la etapa actual del capitalismo que universaliza pautas de cultura y consumo, estos ámbitos de la circulación física, como espacio de la acción social, adquieren una cualidad especialmente intensa, pero lo móvil también se vuelve fuertemente interiorizador y aislante de experiencias, que acerca como distancia y separa a las personas, grupos y comunidades, según la fuerza que tiene su coexistencia e interacción en determinadas condiciones espaciales.

 

Bibliografía


Braudel, Fernand. 1985. La dinámica del capitalismo, México, Fondo de Cultura Económica.

Margarita Camarena, Teodoro Aguilar (Coordinadores). 2010. Principios de estudio regional. Espacios concluidos en red y regiones sin límites. Guadalajara, Universidad de Guadalajara, UCLA Program on Mexico Profmex-World, Juan Pablos Editor

Castells, Manuel. 1996. The rise of a network society, Londres, Basil Blackwell.

Harvey, David. 1989. The postmodern condition, Oxford, Basil Blackwell.

Giddens, Anthony. 1991. Modernity and self identity. Cambridge, Polity.

Giddens, Anthony. 1981. A contemporary Critique of Historical Materialism, Londres, MacMillan.

Granda Dihigo, Joel Ernesto. 2006. “Reflexión sociológica acerca de la relación espacio-ciudad”, en  http://www.monografias.com/usuario/perfiles/joel_ernesto_granda_dihigo/  (20 de octubre de 2012).

Leal Maldonado, Jesús. 1997. “Sociología del espacio: el orden especial de las relaciones sociales”, en Revista Política y Sociedad, Madrid, Universidad Complutense de Madrid,  volumen 25, http://revistas.ucm.es/cps/11308001/articulos/POSO9797230021A.PDF (27 de octubre de 2012).

Ormsbee Simonds, John. 1997. Landscape Architecture, Nueva York, McGraw-Hill.

Soja, Edward. 1989. Postmodern Geographies: The Reasertion of the Space in Critical Social Theory, Londres-Nueva York, Verso.

Simmel, George. 1924. “Sociología: Estudio sobre las formas de socialización”, en Revista de Occidente (Traducción de la edición alemana de 1908), Madrid, Alianza Editorial.


Se identifican a la Escuela Alemana con Max Weber y con Carlos Marx y Federico Engels, la Escuela de Chicago con George Simmel, la Escuela marxista francesa de Sociología Urbana con Henry Lefebvre y Manuel Castells; y algunas corrientes actuales en las que destacan Giddens (1991) David Harvey, y Edward Soja.

“Para Bordieu (1979) y para Harvey (1991) el espacio y el tiempo no sólo estructuran la representación de los grupos sociales sino que además, los grupos sociales mismos se organizan en función de su propia representación.” ( Leal 1997, 29).

Pueden incluirse: 1) esquemas de comportamiento de los distintos elementos, porciones, de la organización espacial (circuitos y corredores de circulación regionalizando territorios municipales) de las ciudades y regiones macro-micro; 2) modelos de la dinámica de la circulación que explican su incidencia en los cambios regionales ambientales; 3) cambios potenciales en las transformaciones biosociales regionales (esquemas, mapas, e ilustraciones); 4) validación entre investigación empírica y teórico-conceptual en lo que se refiera a cada uno de los ámbitos antes descritos a propósito de las escalas de circulación; 5) validación de modelos aplicados críticamente a los problemas espaciales, macro-micro regionales estudiados, con base en la experiencia propia y de otros autores.

Por ejemplo, Harvey (1989) que plantea el encogimiento del espacio-tiempo y Castells (1996) que propone una sociedad en la que el espacio de flujos suplanta al espacio de los lugares (citados por Leal 1997, 27).

 

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