TECSISTECATL
Vol. 4 Número 12, junio 2012
 

MÉXICO. DILEMA ENTRE LA ECONOMÍA Y LA INSEGURIDAD

 

Guillermo Campos Ríos
Facultad de Economía de la BUAP
gcampos61@hotmail.com

RESUMEN
La poca efectividad en el combate al crimen organizado en México tiene su origen en diversas causas, que van desde la incapacidad de conceptualizarla, hasta la negación del sentido económico sobre el que se soporta la actividad delictiva en nuestro país, lo cual impide hacer propuestas de política más efectivas que no se reduzcan únicamente a los enfrentamientos violentos con el ejército. El volumen de los flujos financieros que involucra el tráfico de armas, el secuestro, la pornografía infantil, el tráfico humano es de tal dimensión que llega a rebasar los niveles de financiamiento que el gobierno hace a actividades que cubren aspectos fundamentales en la vida de los ciudadanos mexicanos.
En este artículo se hace una revisión por las principales teorías económicas que han estudiado las actividades delincuenciales y se brindan elementos de reflexión para que la ciudadanía exija nuevas políticas en el combate al crimen organizado.


ABSTRACT.
Low effectiveness in fighting organized crime in Mexico has its origin in some causes, ranging from the inability to conceptualize it, until the denial of economic sense to support the criminal activity in our country. Such situation prevents to make most effective policy proposals, and not reduce them to violent clashes between the army and the criminals. The volume of financial flows involving arms trafficking, kidnapping, child pornography, human trafficking is of such dimension that comes to exceed some of the funding levels that the government does for activities that cover fundamental aspects of mexican citizens.
This paper is a review by the major economic theories that have studied criminal activities and provide a basis for considering that citizenship requires new policies in the fight against organized crime.

PALABRAS CLAVE: Economía e inseguridad; Economía y Crimen organizado en México; Economía Política de la inseguridad; Inseguridad en México.


Key words: Economics and insecurity, Economy and Organized Crime in Mexico, political economy of insecurity, Insecurity in Mexico.


MÉXICO. DILEMA ENTRE LA ECONOMÍA Y LA INSEGURIDAD

  1. Intento de conceptualizar la “inseguridad”

El primer economista contemporáneo en hacer un estudio de la inseguridad desde la disciplina económica fue Gary Becker (1968), premio Nobel de Economía en 1992. (Hay indicaciones de que J. Bentham ya lo había hecho con anterioridad). Sin embargo, la teoría utilizada en su análisis es eminentemente neoclásica y, finalmente, se limita a hacer ajustes a la relación de costo beneficio que a través de las políticas públicas debe enfrentar el delincuente. Muy al final de sus textos sobre este tema, Becker reconoce la necesidad de considerar algunos elementos estructurales como: los bajos salarios y la falta generalizada de oportunidades, las cuales representan factores potenciales de generación de inseguridad. En cierto sentido, se puede entender que Becker propone la legalización de las drogas para controlarlas económicamente mediante la recaudación tributaria como medida para desincentivar el delito.
Más adelante veremos con un poco más de detalle su posición, pero de entrada, se reconoce como insuficiente y por ello se ha buscado una perspectivas menos restringida y el planteamiento de este artículo se hace desde la economía política, a la que se le identifica como una alternativa de análisis más completa, que nos permita llegar a mejores niveles de acercamiento respecto a este tema de estudio y nos brinde un mejor entendimiento sobre las motivaciones de los actores sociales y la posibilidad de imaginar políticas públicas más efectivas.
Salvo casos muy recientes como el de Oswald y Gunter Branch (2010), en general se percibe una despreocupación muy grande por lograr una conceptualización de la inseguridad, es por ello que se ha generado una “histeria” en la designación de inseguridades, donde a cada una se le supone como un caso específico y no se mira su origen común. Esta forma de identificación ha dado origen al reconocimiento de decenas de tipos de inseguridad: alimentaria, ambiental, educativa, policiaca, económica, humana, etc. etc. y cada una de ellas ha dado origen a un tema aparentemente independiente, lo cual, de alguna manera, impide llegar a un concepto unificador que permita un mejor análisis, pues el origen común de todas ellas queda oculto. Un segundo efecto adicional derivado de la carencia de un concepto adecuado es la disociación que se hace entre la inseguridad y la economía. Se construyen nociones idealizadas en las que la inseguridad es vista como algo externo, que tiene su base en la moral. De ese modo, se ve que la inseguridad es generada por grupos amorales e ilícitos externos a la estructura institucional. El funcionamiento económico construye sus propias estructuras institucionales dentro de las cuales operan estos grupos ilícitos y al no reconocerlo se despliega una “cortina de humo” que impide identificar la parte del sistema que opera oculta pero a favor de la realización de los negocios que generan dividendos, al margen de su valoración ética.
La inseguridad es un problema en esencia económico pero con un amplio conjunto de “anclajes” en diversas dimensiones de la realidad. Su origen se remonta al momento en que surge la propiedad privada. Su expresión más “refinada”, acontece cuando la propiedad privada alcanzó los niveles de relación productiva universal y cotidiana, es decir, en el capitalismo.
En este artículo se ha manejado un concepto de inseguridad que procura hacer abstracción de características particulares y quedarse sólo con su estructura fundamental perceptible en todos los diversos casos de inseguridad que se puedan identificar en la realidad. El núcleo universal de la inseguridad es el “no tener”. Todos los tipos diversos de inseguridad sea: alimentaria, ambiental, educativa, policiaca, económica, humana, etc. aluden a la carencia real o potencial del objeto o sustancia que se está tratando. Cuando se habla de inseguridad, realmente se habla del “no tener” o del peligro y el miedo de “no tener”.
Históricamente el “no tener” se inicia con el surgimiento de la propiedad privada, que planteada a la manera de Prouhdon, se puede sintetizar en su célebre afirmación de que “toda propiedad es un robo” (Proudhon, 1840/1985). Se entiende que el que “no tiene” es porque originalmente ha sido robado y en consecuencia es susceptible de percibir inseguridad. La posesión de unos implica la no posesión o la desigualdad en la posesión de otros. Proudhon hace referencia a que, en la Declaración de los Derechos del Hombre de la Revolución francesa de 1789, se colocó de manera equivalente a cuatro derechos fundamentales pero contradictorios, que fueron: la libertad, la igualdad, la propiedad y la seguridad y por ello inconmensurables (ibid) en la medida que la propiedad juega un papel central en la definición de los otros tres.
El sistema capitalista tiene su sustento en la propiedad privada de los medios de producción, con el resultado de que millones de seres humanos  “no tienen”. El no disponer de medios de producción lleva a vivir la vida de otra manera, pues el no poseer genera inseguridad en las expectativas del presente y del futuro, pero además se trata de una inseguridad generalizada a todos los ámbitos de acción del ser humano, en lo objetivo pero también en lo subjetivo. La inseguridad y el “no tener” son consustanciales al sistema capitalista. A su vez, la desposesión crónica genera efectos sobre la visión del mundo que afecta de manera severa a los mismos desposeídos. Quienes miran al mundo desde una perspectiva de inseguridad la procesan como algo cotidiano, que se interioriza profundamente de modo tal que ya se la ve o ya no se la percibe, sino en momentos de crisis.
El enfrentamiento de la vida desde la perspectiva de la inseguridad puede llevar a conclusiones como la obtenida por Samuel Ramos respecto al sentimiento de inferioridad del mexicano, actitud que él interpreta como una condición de idiosincrasia, de cultura ancestral y no la liga con la condición del coloniaje y sus “sutiles” efectos (Ramos, 1975). Realmente nos encontramos ante una especie de colonialidad de la subjetividad a la manera en que la entiende Lander (2004).
De esa manera, podemos ubicar dos impactos de la inseguridad, uno a nivel personal, que lleva a los actores sociales a considerarse como los culpables de su propia situación de inseguridad y otro, de tipo social, expresado como un imaginario compartido que se construye a partir de las experiencias que impactan severamente al conjunto de la sociedad mexicana. Las  experiencias más impactantes se pueden entender como formas transfiguradas de una guerra interna de finalidades económicas; administrada para impulsar una estructura económica que de salida a la producción de armas norteamericanas y que colabore en la construcción de varios mercados nuevos, muchos de ellos ubicados en áreas de plena ilegalidad y otros más cercanos a lo informal que a lo ilegal. a todos los nuevos mercados se les identifica como mercado “negro”, que es un espacio donde se facilitan los flujos alternativos de capital en grandes dimensiones y de manera fácil, aunque en buena parte sea ilícito. Nos referimos al mercado de drogas y narcóticos, a la producción masiva de artículos pirata, del mercadeo humano tanto de migrantes como de trata de blancas, el secuestro y la extorsión telefónica, etc. Este mercado solo es redituable en tanto se mantenga proscrito por la ley y además, cada vez adquiere mayor importancia económica1 .
La inseguridad es algo consustancial al sistema capitalista y “florece” en todos los espacios del mundo donde haya un bien disputable o un mercado que crear o controlar. Generalmente el escenario de la disputa son los países subdesarrollados. Por el contrario, en los países desarrollados si bien existe inseguridad para algunos, esta se vive con menor intensidad para casi el resto de su población.
En este intento de conceptualización de la inseguridad, encontramos dos momentos históricos cruciales: uno de ellos es el fin de la II Guerra Mundial, cuando se impuso la perspectiva norteamericana de ver el mundo (Wallerstein, 1995). La guerra, institucionalizada a través de la ONU, fue, en principio, administrada de manera bipolar, pero a partir de la década de los 90 en el siglo XX, todo quedo en manos de los EUA2 quienes  transformaron la guerra en conflictos regionales por el control de recursos naturales pero encubiertos en trasfondos étnicos y religiosos  (Gunter Brauch, 2010). El segundo momento de importancia fue el 11 de septiembre del 2001 con el ataque a las Torres gemelas en la ciudad de Nueva York. A partir de ese día el lenguaje de los conflictos se unifico y, bajo el término de “terrorismo” se volvió innecesario cualquier otro tipo de caracterización y se justificó en automático cualquier forma de violencia ejercida contra países, contra regiones o contra personas.

  • La inseguridad y el “odio virtuoso”

La mejor manera de luchar contra la inseguridad es resolviendo los asuntos del “no tener”; achicando la brecha de las desigualdades; brindando a todos alternativas y oportunidades de obtener bienes tangibles e intangibles; sin embargo, eso no se resuelve y a cambio, lo que las instituciones dan, es una engañosa arma de dudosa capacidad de defensa: el odio. La inseguridad se lleva al estatus de idea, se la transfigura y de esa manera, las individuos combaten a la idea –propia o impuesta- de la inseguridad con el odio y no con la razón.
El odio al otro, al otro desconocido, al otro transgresor, al otro inmoral, al otro que piensa diferente y al otro que vive una vida diferente a la que el régimen instituido declara como aceptable y legal. El otro que piensa diferente va a tener múltiples maneras de designarse: han sido negros, latinos, islamitas pero los peor librados en esta ya larga historia de odios han sido los comunistas. De manera sistemática se han emprendido “cruzadas” contra estos supuestos enemigos. En los EUA se incubo el llamado “odio virtuoso” contra los comunistas a finales de la década de los cuarenta, iniciaron la limpieza en su propia casa y dos décadas después ya estaban exportando esta lucha hacia América Latina (Hellman, 1976).
Para inicios del siglo XXI el centro de la atención paso de los comunistas al Islam. Con motivo real o inventado, el 11 de septiembre del 2001, el pueblo musulmán se convirtió en el receptor del odio virtuoso del occidente. Este odio justifico la guerra en Irak, amenazar a Irán, buscar el control de la producción petrolera de la zona de África del Norte desestabilizando los gobiernos de sus antiguos aliados: Egipto, Libia, Chad y Sudán.
El odio virtuoso permite “legalizar” su combate. La mejor manera de combatirlo es a través de la guerra. La guerra siempre ha sido un buen negocio y tiene la peculiaridad de que puede asumir una alta diversidad de formatos. Existen guerras informales que no involucran más que conflictos internos. Un ejemplo: la denominada guerra contra el narcotráfico, o la guerra contra el crimen organizado.
De hecho, la guerra se ha transformado en una guerra de miedos, justamente el 11 de septiembre Osama bin Laden condeno a los Estados Unidos al miedo perpetuo, a no poder dormir en paz y, a su vez, los EUA se han encargado de pagar con la misma moneda a los pueblos del Islam. El miedo y la inseguridad también se traducen en un costo 3 donde los pueblos son los perdedores y la industria bélica la sonriente triunfadora.
El mercado “negro” es esa parte de la economía institucionalizada que se mantiene en “la sombra” y que ha sido rebautizado localmente como “crimen organizado”. La misma identificación con un genérico: “crimen organizado”, lo convierte en un término que si bien facilita la acción violenta del estado, pues la legitima sin necesidad de legalizarla, lleva al pueblo mexicano a meter todo en el gran saco del crimen organizado, ya no hay necesidad de analizar más. Pero lo más grave, se le impide reconocer dentro de las propias instituciones sociales y gubernamentales el germen de la inseguridad y, evidentemente –como le ocurre al estado mexicano- es incapaz de identificar con precisión al enemigo. La mayoría de la población está impedida de analizar en detalle la estructura de las diversas actividades económicas que involucra el mercado negro, que por cierto incluye algunas actividades que si bien pueden llegar a considerarse como ilegales, no son, de ninguna manera criminales.
En este contexto el papel del estado mexicano ha mostrado una gran torpeza, pues no acierta a encontrar las alternativas de solución al embate del mercado negro, el estado combate con armas de asalto militar a un proceso que cursa con una lógica diferente, con una lógica económica. En los hechos, el estado mexicano enfila sus acciones contra el mercado del narcotráfico sin mucho éxito, por ello se muestra estupefacto ante los flujos de armas, o de piratería en gran escala, o de comercio humano. Para el estado todos son lo mismo, no están dispuestos a reconocer que los volúmenes que se manejan en esas actividades bien podrían llevar a suponer la necesidad de operación relativamente autónoma y que cada una de ellas involucra necesariamente a ciertas áreas de las propias instituciones gubernamentales.
La identificación de los diversos segmentos del mercado negro –al menos en el discurso preparado para los ciudadanos- está unificada en torno a lo moral. El gobierno mexicano asume que combatiendo al narcotráfico, automáticamente está combatiendo a los demás circuitos. No es el interés de este artículo especular sobre las mejores formas de actuación del estado, lo que interesa es develar a la población la naturaleza económica de la inseguridad para que con elementos de análisis similares pueda exigir del estado mexicano una mejor actuación en este tema.
Un detalle que seguramente se avisa en cada texto elaborado sobre este tema es la falta de estadísticas confiables y sistemáticas sobre la inseguridad y sus efectos4 . En México es alarmante la falta de confianza en las autoridades al punto que la gente prefiere no denunciar los delitos que padece, por ello una buena parte de la información está limitada. Al parecer las únicas cifras confiables son las relacionadas con el robo de autos.

  1. La violencia en México

Siendo México un país capitalista con una fuerte influencia colonial, de la cual todavía no se ha librado, es de esperar que posea altos niveles de violencia. De hecho México siempre ha sido un país violento. No se necesitaban los giros negros para que ejerciéramos, como pueblo, nuestra capacidad de explotar de nuestras frustraciones a través de la violencia. Ahora se ha completado el cuadro cuando se incorpora la violencia ampliada generada por los “giros negros” que empiezan a disputar el mismo espacio a los “giros blancos”. 
En este momento no se está disputando el ingreso o el rechazo de una mercancía ilegal al espectro de consumo de los ciudadanos. El mercado ya está creado, ya existe una fuerte demanda por esas mercancías ilegales. Lo que se está disputando en este momento es el espacio de venta. Mientras el volumen de demanda era restringido, la venta de esas mercancías ocurría en los rincones “más sombríos” del espacio de actividades legales; hasta ese momento fue “tolerado”; pero cuando la demanda creció, los circuitos de venta demandan la ocupación del mismo espacio que antiguamente pertenecía a lo legal. Hoy por hoy la disputa del mercado negro y la llamada economía formal es por el espacio.
En el Cuadro No. 1 (ver PDF) se presenta la manera en que los distintos tipos de violencia de las cuales se lleva registro contribuyen al índice de seguridad ciudadana. Las variables incluyen dos tipos de delitos, uno serian aquellos que no son vinculables a actividades del crimen organizado, que en otras palabras podríamos considera como propios de la “violencia natural” del ser mexicanos, sería su violencia cotidiana si se pudiera hablar de ella en esos términos. El otro tipo de delitos si son vinculables a las acciones del crimen organizado.
Los factores con mayor correlación positiva respecto del índice de seguridad ciudadana son: las ejecuciones, el robo de autos y la percepción de la inseguridad; sin embargo, no deja de llamar la atención los valores relativamente altos de otras variables no vinculables al crimen organizado como los delitos intencionales o los delitos a mano armada.
El otro componente de la violencia en México, el más reciente, el vinculado al mercado negro ha tenido un crecimiento muy importante pero está concentrado en ciertas zonas geográficas. En México los mercados tienden a concentrarse y la violencia, estando ligada al comportamiento de los mercados tiende a concentrarse también. El punto de atracción son las zonas de venta, consumo y producción.
En México casi la mitad de todas las ejecuciones se concentran en cuatro estados: Chihuahua, Durango, Sinaloa y Guerrero. Las ejecuciones van en ascenso, tan solo un lustro se quintuplicó el número de ejecuciones (ver Cuadro No. 2, PDF), pero también se ha ampliado el radio de acción del crimen organizado a otros estados.
Ante la despreocupación del estado en construir información sobre la inseguridad en México, la sociedad civil ha impulsado -a través de distintas organizaciones- acciones que contribuyan a medir los niveles de violencia, es así como en el 2001, el Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad, A. C. (ICESI), llevó a cabo la primera Encuesta Nacional sobre Inseguridad Pública a nivel de entidades federativas (ICESI, 2001). En esta primera encuesta de hace 10 años ya se avisaba sobre la necesidad de poner más atención al segmento de jóvenes y se afirmaba que ellos representan el objetivo más vulnerable dentro de la sociedad5 .
La inseguridad se manifiesta de diversas formas pero una de las más reconocibles es el miedo. A través de este sentimiento es posible administrar más fácilmente la inseguridad e incluso es factible “ocultar” el verdadero origen de ella y sustituir las verdaderas soluciones por otras que sólo tienen efectos cosméticos.
En el 2009, el mismo ICESI midió la percepción de inseguridad de la ciudadanía a nivel de municipio, ciudad y estado, lo cual no sólo representa un ingente esfuerzo de construcción, sino que da cuenta de la penetración que el miedo va teniendo sobre esos tres niveles de relación entre la ciudadanía y el estado (ver Cuadro No. 3, PDF).
La percepción de inseguridad es muy alta pues es ubicable de la mitad de los encuestados hacia arriba. Al menos uno de cada dos habitantes se siente inseguro en su estado, pero además en su ciudad. Esta sensación se atenúa un poco cuando se ubica en el municipio o delegación donde la gente ha crecido.
La violencia que se vive en este país ha alcanzado prácticamente una intensidad de guerra, aunque está concentrada geográficamente. Como toda guerra, aunque sea informal, es –para alguien-  un jugoso negocio. James Winnefeld, Almirante en Jefe del Comando Norte del ejercito de los EUA, ha declarado que el volumen de negociación de armas que se estima fluye de los Estados Unidos a México es de 40 mil millones de dólares. Con ese monto según su propia opinión, se podría armar a un ejército ubicable entre los 10 más grandes del mundo (Winnefeld, 2011). 

  1. Violencia y Economía en México

El fenómeno de la inseguridad no ha sido un tema abordado por la economía, fue hasta finales de la década de los sesenta del siglo XX cuando Gary Becker escribió por primera vez un texto sobre esta temática llamado: “Crimen y castigo” (Becker, 1968), en donde –desde la perspectiva de la economía neoclásica- plantea que la delincuencia en general se comporta según las leyes de la economía. Aunque se debe reconocer que existen registros bibliográficos que indican que Bentham ya había hecho los primeros análisis de la economía del crimen, sin embargo no estuvieron a mi alcance para consultarlos (Roemer, 2002).
Becker sostiene que el delincuente hace una elección racional cuando decide cometer un delito. Esta elección se basa en hacer un examen de los costos y los beneficios que implica cometer una acción ilegal. Desde esta lógica, una de las acciones de prevención del delito consistiría en incrementar la pena a cubrir en el caso de ser aprehendido. Esto significa aumentar los costos -en la percepción del individuo que considera la acción de delinquir- y por lo tanto se desincentiva al delito.
Becker mismo indica, al final de su razonamiento, que: “….El crimen hace explosión en países con alto desempleo y bajas oportunidades de trabajo, además de que en esas naciones hay pocas probabilidades de que los delincuentes sean detenidos y castigados. En México y muchos otros países, las tasas de condenas son bajas en parte porque la policía es corrupta, frecuentemente participa en delitos y no tiene mayor incentivo en perseguir a otros delincuentes…” (Becker, 2005)
Sin decirlo abiertamente, este autor reconoce –por debajo del agua- que el delito es un fenómeno social y no una elección individual, aunque así lo parezca desde el sentido común. Por lo tanto no parece el mejor camino de análisis lo propuesto por Becker respecto a la premisa de elección racional. Aparte, está dejando de lado las motivaciones sociales que llevan a delinquir a alguien y se ignora cuál es el significado de cosas como “el castigo”,  el costo, etc. No obstante, el planteamiento de Becker, aun siendo simple, tiene una lógica que es escuchada por los tomadores de decisiones en diversos países de América latina, a la cual conoce muy bien 6.
El contenido social del delito abre el “abanico” de análisis y pone el énfasis en influencias económicas pero se extiende a múltiples dimensiones de la vida de los individuos, convirtiéndolos en actores que tienen un origen y una vida muy particular, lo cual lleva a una diversidad de apreciaciones sobre lo que nosotros percibimos como delito y que para ellos puede no tener el mismo significado. Lo que para nosotros representa un crecimiento del costo vía un aumento de la condena, es posible que no tenga el mismo sentido para los delincuentes.
No obstante las deficiencias del análisis de Becker, su planteamiento se ha convertido en la llave de oro para analizar la inseguridad y para hacer propuestas de solución, evidentemente donde se han aplicado, las cifras de delito no sólo crecen sino que se amplían a otras áreas. Algunos otros autores han hecho estudios sobre las implicaciones económicas de las adicciones pero en el mismo marco microeconómico como el estudio del colombiano Serrano Moya (2006).
Algunos de los impactos económicos que –sin incluir las posibles inversiones que se hayan desviado a países más seguros- ha dejado el ascenso de la violencia atribuible al mercado negro son:

  • Durante el 2010 cerraron 10 mil pequeñas, medianas y micro empresas en el país debido a extorsiones y secuestros de empresarios y a la crisis económica. Estos cierres ocurrieron en los estados de mayor índice de violencia, donde además 50 empresarios fueron plagiados (CANACINTRA)
  • La pérdida de empleos formales por el cierre de esas 10 mil PyMES oscila entre 50 mil y 60 mil personas
  • el gasto en seguridad se ha estado incrementado paulatinamente desde principios de la década pasada. De 1990 al 2000 el gasto administrativo en seguridad pública, que incluye el gasto de las entidades federativas y del Poder Ejecutivo, aumentó en 160 por ciento en términos reales.(CEESP, 2002)
  • Según un análisis difundido por el Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad (ICESI), la inseguridad en el país costó poco más de un billón de pesos en 2009. Dicha cifra representa cerca de 8.9% del Producto Interno Bruto (PIB).
  • El ICESI, respaldado por la Universidad Nacional Autónoma de México, el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, el Consejo Coordinador Empresarial, la Fundación Este País y la Confederación Patronal de la República Mexicana, señala que el gasto en seguridad le cuesta 10 mil 363 pesos al año a cada mexicano.
  • De acuerdo con el documento “El costo de la inseguridad en México”, difundido a través del Instituto Ciudadano de Estudios Sobre Inseguridad (ICESI), el año pasado este fenómeno generó a nivel nacional un costo de 90,000 millones de dólares para los mexicanos.
  • La inseguridad es el mal común que enfrentan las empresas que operan en México. La industria acerera no es la excepción, ya que en 2010 registró pérdidas por 240 millones de dólares por robos en minas y durante el traslado de los productos.  Así lo dijo Raúl Gutiérrez, presidente de la Cámara Nacional de la Industria del Hierro y el Acero (CANACERO), quien precisó que en los primeros dos meses de este año se ha visto un incremento de casi el doble en los robos, en comparación con el mismo periodo de 2009. "De seguir así, el sector podría enfrentar pérdidas por más de 400 millones de dólares al cierre de 2011".
  • Los servicios que ofrecen las empresas de seguridad privada en México crecieron un 25 % en 2010, debido principalmente al aumento de la inseguridad en el país y a la demanda de las compañías y personas durante la época navideña, indicó hoy la patronal de este sector. La Confederación Nacional de Empresarios de Seguridad Privada y Similares de los Servicios del Ramo, organismo que cuenta con 150 compañías de seguridad en diversos estados del país, explicó que su plantilla también creció en un 25 %, en particular por el dinamismo de la economía en diversas áreas.
  • En México, entre 2 y 3 por ciento de la población empleada está en servicios privados de seguridad, en lugar de en trabajos más productivos si no hubiera tasas tan altas de delincuencia
  • El dirigente de la Cámara Nacional de la Industria Restaurantera y Alimentos Condimentados (CANIRAC), Tomás Rosales García, confirmó que hubo una afectación dentro del gremio que dirige pues en días recientes bajó la clientela debido a la inseguridad. Precisó que los rubros más afectados son aquellos que se dedican a la venta de alimentos preparados y bares, y cuyos horarios de operación son vespertino y nocturno.

La inseguridad genera gastos, tanto por afectación directa vía un delito, como por prevención y adquisición de seguridad, pasando por el alquiler de guardias de seguridad.

  1. Propuestas formuladas para combatir la inseguridad

Sin duda, una de las medidas más acertadas contra la inseguridad es la prevención, sin embargo, ante la carencia de un análisis más adecuado, todas las salidas propuestas resultan de una gran idealidad, son ideas con muy poca relación con el fenómeno real. También son planteadas desde la moral y es casi inexistente la identificación de los responsables directos de este ambiente de inseguridad.
Algunas autoridades y ex autoridades culpan, erróneamente, a los medios de comunicación, por el sólo hecho de dar difusión a lo que ocurre. Es cierto que en México dominan los medios amarillistas pero es absurdo pensar que acallando la información los delitos bajarán.
Otra línea de supuesta prevención está orientada por las propuestas de Becker y se basa en señalar la carencia de medidas concretas que permitan a los tribunales no sólo procesar a los delincuentes, sino también castigarlos con penas severas y disuasivas.
Aunque se llegan a mencionar, no son las propuestas más abundantes las que exigen políticas públicas que promuevan el empleo de los jóvenes y brinden ambientes sanos para el uso del tiempo libre, básicamente como el deporte.
Cada vez es más amplio el número de propuestas que plantean la necesidad de contar con cuerpos policiacos honestos, mejor preparados, con capacidad de llevar a cabo labores de inteligencia que hagan eficiente la captura de criminales, así como una mejor integración de las averiguaciones previas por parte del Ministerio Público. Además de que exigen que el Poder Judicial y el Poder Legislativo homologuen los códigos penales del país y aumenten los castigos para delitos similares en toda la república, con el fin de mejorar el efecto preventivo del sistema de seguridad pública en México y se desaliente la actividad criminal. (CEESP, 2002)
Becker et al. (2006) desde la visión neoclásica, ha sugerido que la legalización de las drogas, combinada con un impuesto indirecto al consumo, sería una manera mucho más barata y más efectiva para reducir su uso.
Como se aprecia, la creatividad de las propuestas es muy limitada, se restringen al sentido común y las simples apariencias más elementales del fenómeno; en ningún caso se alude directamente al reconocimiento de la necesidad de una modificación al patrón de acumulación. Tampoco se incluye la necesidad de ampliar las visiones discusiones sobre el sentido moralizante de las visiones sobre el mercado negro.
Tampoco se somete a una discusión más amplia el papel que deben asumir las instituciones de gobierno y de la sociedad, entre ellas es importante definir el papel de la escuela en el marco de la inseguridad prevaleciente, a efecto de que se puedan tomar acciones más pertinente y más sensatas que las tomadas hasta la fecha.

Bibliografía
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1 Los gobiernos neoliberales han agudizado la sensación generalizada de inseguridad al complementar las acciones de despojo con la violencia, independientemente de que ocurra a través de guerras declaradas formalmente o de guerras informales. En la actualidad, la sociedad civil ha quedado en lo que ellos mismos denominan “fuego cruzado”, es decir, en medio de los embates violentos de las partes que se disputan el control de un bien o de un mercado

2 ….Tras la segunda guerra mundial surgen los Estados Unidos  como la fuerza dominante económica, política y culturalmente. Por cerca de 10 o 15 años llega a ser  de modo literal y numérico dominante también en el mundo de la ciencia social…(Wallerstein, I. 1995)

3 Con el paso del tiempo, estoy más consciente de la importancia del miedo y la alarma creada por el crimen al bienestar personal (Becker, 2005)

4 ….Si sabemos que en México sólo dos de cada diez delitos son denunciados y cuentan con los méritos para echar a andar la justicia penal, ¿de qué forma se puede medir la información delictiva? ¿Qué indicadores estadísticos existen? ¿En dónde se pueden consultar?.... (Edna Jaime, 2010)

5 En días recientes, el CIDE liberó un sistema de información en materia de seguridad y justicia que no se le conoce a ninguna dependencia gubernamental (ver www.seguridadpublicacide.org.mx/cms/).

6 Yo le recomendaría al próximo presidente de México, Felipe Calderón, y a los demás líderes latinoamericanos utilizar tanto el “garrote” como la “zanahoria”: penas severas en casos de delitos graves y penas ligeras para los pequeños delitos. Es necesario reformar las fuerzas policiales, incluyendo la creación de consejos policiales dedicados a combatir la corrupción, de manera de actuar contra los policías que en lugar de apresar delincuentes los protegen. Parte de la “zanahoria” debe ser aumentar el sueldo a los policías. En México y otros países sus salarios son bajísimos, por lo cual buscan suplementar sus ingresos. Mejores sueldos atraerían gente honesta y haría mucho más costoso perder el empleo. Siguiendo el ejemplo argentino, otras universidades y “think tanks” debieran crear centros dedicados a analizar las causas de las altas tasas delictivas y encontrar las soluciones más apropiadas para su país. Es fundamental mejorar la remuneración de empleos formales, especialmente para los más pobres. El crimen se dispara cuando el desempleo es alto y escasean los puestos de trabajo. (Becker, 2005)

 

 

 

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TECSISTECATL: Economía y Sociedad de México
Director: Jorge I. Rionda Ramírez(CV)
Editor: Juan Carlos M. Coll (CV)

ISSN: 1886-8452
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