Pablo Javier Salinas
Este libro, producto de una compilación de Marta Fernández, realiza un breve
pero exhaustivo repaso de las obras de seis pensadores sociales de nuestros
tiempos: Paul Ricoeur, Cornelius Castoriadis, Zygmunt Bauman, Jean Baudrillard,
Gianni Vattimo y Gilles Lipovetsky.
Los capítulos en los que se encuentra dividido cuentan con una estructura
análoga: comienzan con la introducción al pensador en su contexto –un proceso
que implica la aplicación de la hermenéutica por parte de quiénes lo escriben–,
luego continúan con el desarrollo de sus principales conceptos y aportes al
estado del arte, para culminar en las reflexiones de los autores acerca de los
pensadores. En algunos capítulos, sobre el final, se ofrecen los datos
biográficos de los mismos.
Al comienzo, Fernández destaca que los autores de los capítulos presentan a los
lectores interpretaciones personales acerca de diversos temas sobre los que han
problematizado y teorizado los pensadores, todos ellos bajo un mismo hilo
conductor: “… todos los analistas que se presentan fueron testigos de un tiempo
de inflexión en la historia contemporánea, un período de profundos cambios y
transformaciones, situado a mediados del siglo XX” (P. 7).
En el primer capítulo, Mercedes Kerz se encarga de pasar revista por la obra de
Paul Ricoeur, poniendo el foco en la historia, el tiempo y la narración. Desde
un comienzo la autora destaca la complejidad que implica abordar a este filósofo
y antropólogo francés que dejó de iluminar al mundo con sus ideas en 2005.
El pasaje por el pensamiento de este autor no es simple, máxime teniendo en
cuenta que su obra se encuentra cruzada por lo que el denomina “guerra
intestina” entre fe y razón. Así, Kerz comienza con la importancia que tiene el
lenguaje en su obra y realiza una enunciación de los aportes que ha tomado
Ricoeur de otros pensadores para consolidar lo que el denominó metodología del
rodeo.
Una vez identificados los conflictos históricos que analiza este filósofo
–difícilmente palpables según lo afirma Kerz– la autora explica los alcances que
para Ricoeur tiene la hermenéutica, básicamente exaltando que es producto de la
“dialéctica entre comprensión y explicación”. Entonces, será el resultado de la
interpretación entre ideología y utopía lo que provocará en el autor una de sus
más importantes conclusiones: la conjunción de estos conceptos en el problema de
la autoridad.
Las instituciones, la política y los fenómenos histórico-sociales completan el
análisis que realiza Kerz de la obra de Ricoeur, de donde surge su recomendación
de profundizar más en las aguas de este pensador francés para poder comprender
con exactitud la importancia de su obra y los aportes que sus reflexiones han
significado para las ciencias sociales en su conjunto.
En “El filósofo de la imaginación social”, segundo capítulo del libro, María
Cristina Menéndez presenta la obra de Cornelius Castoriadis, comenzando por una
descripción del contexto social y político del autor. De esta manera, comenta
los múltiples exilios por los que pasó su vida, desde niño, hasta su llegada a
Francia con motivo de la persecución que le impuso el Partido Comunista griego.
Es en este momento cuando su obra se hace conocida y lo hace alcanzar numerosos
puestos en reconocidos centros de estudio hasta su muerte en 1997.
Menéndez resalta que las ideas de imaginación, caos y creación constituyeron “el
pun-to nodal de su explicación del mundo”. Así, la obra de Castoriadis se
explica por la conjunción entre la dimensión imaginaria, la dimensión social y
el proyecto de autonomía.
Luego se mencionan los conceptos de magma y la concepción del otro que realiza
este gran pensador, dueño de un intelecto brillante que le permitió ser
economista, politólogo, filósofo y psicoanalista. Es en el odio donde
Castoriadis encuentra que se interpreta al otro como representante del mal, del
extranjero. Es allí donde plantea la necesidad del ser humano de abandonar la
sociedad y consagrar su autonomía como antídoto efectivo ante esta
interpretación del cuerpo social.
La idea de heteronomía también es repasada, en conjunto con las del hábito del
no hábito y la política democrática. Y es aquí donde se encuentra uno de sus
principales aportes, la distinción de la democracia como régimen y como
procedimiento. Como menciona Menéndez, es en esta idea donde surgen los aportes
de Castoriadis para comprender que la democracia debe ser entendida en sus fases
representativa y participativa.
El tercer capítulo dedicado a Zygmunt Bauman, es titulado por Marta Fernández
como “Diagnóstico sociológico de nuestro tiempo”, en referencia a los aportes de
este pensador polaco. Como el resto de los capítulos, comienza con la
descripción del contexto del autor, destacando su florecimiento tardío, su
enrolamiento en el ejército polaco de liberación ante el yugo nazi y sus
impactos en lo que será su desarrollo intelectual, una mezcla de ensayos y
análisis académicos.
Las reflexiones sobre el holocausto, afirma Fernández, son el punto de partida
de su rica obra, que tiene su punto máximo en el concepto de modernidad líquida,
que surge como negación de la existencia de la posmodernidad. Esto le permite
construir un andamiaje que pasa por el análisis del espacio-tiempo, la política
y el poder, su concepto de intelectual y el
análisis de las relaciones sociales y la comunidad.
La autora destaca los aportes de Marx a su obra, pese a su descontento con el
marxismo oficial que experimentó a lo largo de su vida, teniendo como
principales ejes “su crítica a la injusticia social y la falta de
responsabilidad social”. Es definitivamente una perla el cuadro comparativo que
presenta Fernández entre la modernidad sólida y la modernidad líquida,
analizando cada uno de los conceptos basales del autor.
En “La dislocación del sentido” Susana Barbosa se sumerge en el mundo de Jean
Baudrillard. Este cuarto capítulo comienza con un acotado pero eficaz repaso
sobre su vida, su etapa posmarxista, su rol de escritor comprometido y su
incredulidad y escepticismo que lo llevan a plantear el fin de lo político y de
lo social.
Barbosa destaca la teoría de la seducción y cómo ésta produce la unión de las
cosas entre sí y de los hombres en el mundo; así como la concepción que realiza
este filósofo francés acerca de los signos. Con su concepción de las masas
silenciosas la autora destaca la conceptualización extrema que realiza
Braudrillard acerca de lo político y lo social, llegando a anunciar su fin.
Sobre el final del capítulo, luego de una pormenorizada descripción de su obra,
la autora destaca la senda que guía el proceder intelectual que lleva a cabo
este pensador: “arrancar la realidad del principio de la realidad”.
Cuando se llega al quinto capítulo del libro Carlos Cerdá desarrolla el
pensamiento de Gianni Vattimo, titulando al mismo “Perspectiva hermenéutica
Vattimiana como propuesta de salvación posmoderna”. Como el resto de los
autores, Cerdá comienza describiendo los intereses del autor y su contexto. Así,
explica la filosofía atenta a los problemas de la sociedad en Vattimo, pensador
con formación religioso-política.
Cerdá destaca el valor de la hermenéutica en la obra de este filósofo italiano,
quien toma los aportes de Schleiermacher, Nietzsche y Heidegger. De esta manera,
describe lo que Vattimo denominará ontología débil, la hermenéutica nihilista,
la chance de emancipación.
Como corolario de su filosofía, Cerdá afirma que Vattimo ve en la nicación el
comienzo de lo posmoderno; lo que le permitirá afirmar en el devenir de sus
obras el resurgimiento del mito. De todo esto, este pensador identifica,
entonces, a los medios de comunicación como algo positivo, facilitador de la
comprensión de los hombres en la posmodernidad secularizada, brindándoles la
llave de la libertad y el reconocimiento y surgimiento de las minorías.
En el capítulo final del libro, Carlos Egaña analiza la obra de Gilles
Lipovetsky identificando sus aportes como “Las raíces de la forma”. Egaña
destaca la característica de electrón libre que tiene este pensador francés
dentro de la comunidad intelectual de su país, ya que no se vale de la polémica
para lograr el avance de su obra.
Entre los aportes de Lipovetsky se encuentra el rol pragmático que la asigna a
la socie-dad posmoderna, permitiendo de esta manera arribar a la célebre
conclusión del final de los grandes relatos. Afirma que la sociedad no se
preocupa por los grandes temas, sino que se fija en el aquí y ahora, ocupando su
tiempo en el cuidado estético, la ecología, en definitiva, el pensamiento
individualista propio de los tiempos modernos. Esto desemboca en la exaltación
que realiza Lipovetsky de la figura de Narciso y lo que ello provoca en la
actualidad: “Esa erosión del sentido de pertenencia a una sucesión de
generaciones”.
Es en el análisis de la posmodernidad y la hipermodernidad donde Egaña logra
plasmar las construcciones del individualismo en este pensador, la concepción de
los ghettos y los barrios cerrados, la exclusión del diferente, la reunión del
grupo de iguales y la consiguiente marginalización del otro. Los conceptos de
ética, moda, lujo y política-espectáculo son analizados de manera clara por
Egaña, quien finaliza el capítulo describiendo los aportes de Lipovetsky hacia
la condición femenina.
En definitiva, este libro es una herramienta fundamental para comprender los
debates actuales en relación al fenómeno de la posmodernidad, sus causas y
consecuencias, sus alcances y su perspectiva de futuro. Sin dudas, otro de los
hilos conductores pasa por la hermenéutica, que de manera explícita o implícita
se encuentra presente en estos seis ilustradores capítulos, escritos con
dedicada responsabilidad intelectual por cada uno de sus autores.
La organización amena y moderna del libro ofrece al lector una primera
aproximación a estos grandes pensadores que cumple con creces los objetivos
planteados en la introducción del libro por su compiladora: “realizar una
contribución al acervo de la teoría social en general y a la comprensión del
razonamiento de estos pensadores sociales en particular”; así como “despertar
la inquietud por conocer la obra de cada uno de los teóricos presentados”.