Sociedad Global
Revista de relaciones internacionales y ciencias políticas
ISSN 1851-6262

LAS TECNOLOGÍAS DE LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN Y LAS NUEVAS DIMENSIONES VIRTUALES EN EL ESPACIO LOCAL

 

Leandro G. Coppolecchio

Docente e Investigador de las Universidades Nacional de la Matanza (UNLAM) y Nacional de Lomas de Zamora (UNLZ)

 lcoppole@unlam.edu.ar 

RESUMEN

Los nuevos avances tecnológicos conformaron una compleja realidad, don-de la dimensión virtual presenta desafíos en términos de accesibilidad para aquellos sectores de menores recursos y educación. Esta ponencia estudia el impacto de las Tecnologías de la Sociedad de la Información (TSI) y algunas iniciativas por una mayor inclusión de la población y de las particularidades de lo local en el proceso de tecnología global

PALABRAS CLAVE

TSI, Dimensión Virtual, Inclusión Social, Acceso, Local

ABSTRACT

The new technological improvements have drawn a complex reality, where the virtual dimension brings access challenges for those sectors with lesser resources and education. This paper studies the Information Society Technologies (IST) impacts and some programs towards a wider popular and local inclusion in the global technology process

KEY WORDS

IST, Virtual Dimension, Social Inclusion, Access, Local

RESUMO

O novo avance tecnológico desenha uma complexa realidade, donde a dimensão virtual apresenta desafios em términos de acessibilidade para aqueles setores de menores recursos y educação. Este trabalho estuda o impacto das Tecnologias da Sociedade da Informação (TSI) y algumas iniciativas para uma maior inclusão da população y das particularidades do âmbito local no processo tecnológico global

PALAVRAS CHAVE

TSI, Dimensão Virtual, Inclusão Social, Acesso, Local

En los últimos años autores de diversas nacionalidades y disciplinas califican la actual revolución tecnológica como punto de inflexión en la historia. Los análisis sobre las Tecnologías de la Sociedad de la Información (TSI) en relación con los procesos de transformación global, las instancias de toma de decisiones tecnológicas realizadas por actores públicos y privados y las transformaciones en la producción y reproducción del territorio urbano regional muestran que en muchos casos se amplían las formas de la participación política y las comunicaciones horizontales entre los ciudadanos (Hall, 1994).

Esta realidad se refleja de manera creciente en el espacio urbano en la medida en que se difunden las TSI, sin embargo los modos de consumo de estas redes mundiales redefinen su contenido en función de las particularidades locales. La apropiación de estas tecnologías se realiza sin eliminar las particularidades, pues cada sociedad produce su espacio, determina sus ritmos de vida, sus modos de apropiación, expresando su función social, sus proyectos y deseos. La actual etapa de transición entre la era industrial y la post-industrial o era de la información ha sido tan discutida que no nos hemos dado cuenta de que estamos pasando a la era de la post-información, en la que la fabricación de bits puede llegar a realizarse en cualquier lugar del mundo, en cualquier momento, anulando las limitaciones geográficas y permitiendo al mismo tiempo la personalización de los servicios (Negroponte, 1995). En este caso, es imprescindible el estudio de la interfase entre las ciudades y las redes informáticas, porque las relaciones entre lo global y lo local se vuelven más estrechas y complejas. (Castells, 1995) Dado que las TSI ofrecen oportunidades significativas así como riesgos a tener en cuenta y dado que las formas de la comunicación del mañana están cobrando forma hoy, resulta crucial que todos los actores sociales, y fundamentalmente los ciudadanos, jueguen roles activos en este importante período de transición (Dertouzos, 1996). En Argentina, Mario Albornoz, autor de Ciencia y sociedad en América Latina (1998); y Alejandro Piscitelli, autor de Ciberculturas (1995) y Post / televisión (1998), se han convertido en referentes clásicos de los temas contextuales con respecto a este campo del conocimiento: el primero con respecto a la interfase entre tecnología y sociedad, el segundo con respecto a la cultura.

Si bien las transformaciones en el espacio físico y social urbano son múltiples y veloces, en muchos casos son poco visibles: nuevas formas de producción de bienes y servicios, nuevos hábitos y modos de vida, formas de gestión de infraestructuras y servicio, de administración ciudadana y de participación de comunidades virtuales, de modos innovadores de asociación y de uso del espacio repercuten tanto en la forma urbana como en la organización social.

En los países más industrializados, donde las TSI ya han demostrado ser apropiadas para la transformación positiva de las ciudades y el mejoramiento de las condiciones de vida urbana, Internet constituye una tecnología usada crecientemente. La potencialidad de esta TSI para planificar, administrar y gestionar los múltiples aspectos que hacen a la vida urbana, se complementa con la posibilidad de convertirlas en un canal alternativo de comunicación y participación ciudadana. Con este fin, se promueven y auspician espacios de información y comunicación para los ciudadanos ya sea mediante Web Pages u otros soportes tecnológicos accesibles en centros comunitarios, calles, plazas o hasta vehículos, con la intención de involucrar a los diferentes grupos sociales en la exploración activa de identificación de necesidades, diseño de programas de acción y de formas innovadoras de gestión para la ciudad. Hay quienes se preguntan si las TSI tienen semejantes potencialidades en los países subdesarrollados como Argentina, donde existen un sinnúmero de necesidades básicas sin resolver. Lo cierto es que estas tecnologías, como siempre, no son malas ni buenas, dependen del sistema político y económico en el cual se insertan, pero tampoco son neutras, lo que en este caso tiene una doble lectura: las TSI, si bien no pueden remplazar la carencia de infraestructuras urbanas básicas, problemas de desnutrición o cobertura de servicios sanitarios elementales, de no ser incorporadas, dado los aportes diferenciales señalados, además de significar una profundización de la brecha tecnológica y socioeconómica existente entre países ricos y pobres (al igual que entre regiones, entre ciudades y entre barrios pobres y ricos al interior de estas últimas) implicaría la creación de una nueva categoría de excluidos, en su sentido más literal, no en relación con el acceso diferencial, sino porque estos nuevos excluidos quedarán fuera de este nuevo territorio. En consecuencia estarán condenados a habitar tan sólo en una de las dimensiones del mundo globalizado, informacionalizado y urbanizado de cambio de siglo.

La difusión de la imprenta en Occidente dio lugar a lo que Marshall MacLuhan denominó la “Galaxia Gutenberg”, se asiste ahora a un nuevo universo de la comunicación que Manuel Castells llama la “Galaxia Internet”.

La interacción de tres macro procesos globales modificó la estructura social del mundo que comenzó a basarse cada vez más en modelos de redes. Por una parte, la globalización del capital y la consecuente flexibilización en la gestión, la producción y el intercambio de mercancías, por otra, las demandas de mayor autonomía individual en torno a valores cívicos basados en la libertad de acción y expresión y, por último, los avances exponenciales de las tecnologías relacionadas con las telecomunicaciones, la informática y la microelectrónica convergieron hacia una nueva forma de sociedad basada en las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TSI). De esta manera, los modelos de interconexión de computadoras en red, una tecnología desarrollada específicamente para usos militares y científicos y que durante años tuvo poca aplicación más allá de estos sectores, terminó por hacer eclosión durante 1995 alcanzando un uso generalizado gracias al World Wide Web.

El carácter abierto de la arquitectura de la Web configuró su principal fuerza. Como es relativamente sencillo conectar nuevos nodos, el costo de mantenimiento y expansión del sistema es bastante económico una vez que se cuenta con el eje troncal. Por otra parte, el software se generalizó gracias a la facilidad con la que se podían realizar copias domésticas, a los préstamos de los programas entre los usuarios y a la distribución gratuita por parte de las empresas programadoras que utilizaron este sistema propagandístico como una forma de ganar nichos en el nuevo mercado de Internet.

De esta múltiple contribución surgieron toda una serie de aplicaciones no planificadas como nuevos formatos de e-mail o instrumentos como el Modem, tablones de anuncios, sistemas de foros y chat rooms que se le deben más a los conocimientos técnicos y a las improvisaciones de los aficionados a la informática que a grandes organizaciones empresariales, científicas o militares.

Un ejemplo paradigmático de estas particulares e inasibles formas de creación, innovación y difusión tecnológica puede observarse en los muchos reveses y contratiempos comerciales de poderosas compañías que intentaron lograr la convergencia entre ordenadores, medios de comunicación e Internet, que muchos tecnólogos habían anunciado como uno de los mayores negocios mundiales durante los años noventa, y que acabaron en fallidas pruebas comerciales, al contrario de lo esperado, debido a la falta de demanda por parte de los consumidores. Todo esto a pesar de inversiones siderales y fusiones de empresas transnacionales como el caso de AOL con Time Warner que sufrieron pérdidas superiores a los mil millones de dólares en el año 2000 o el intento de emitir vídeo a través de Internet cuando Microsoft compró Web TV en 1997, fracasando por diversas carencias tecnológicas en el servicio que redundaban en una notable falta de calidad en comparación con la televisión y la poca predisposición del público que no estaba dispuesto a pagar por un servicio costoso y poco eficiente y que además ya era brindado por las empresas de cable y vídeo sin inconvenientes y a precios accesibles.

El principal error que cometió el sector mediático fue creer que la demanda de información y ocio era ilimitada y que si se podían concentrar todas las ventajas de los distintos medios en uno sólo el resultado no podía ser otro que un éxito comercial sin precedentes. Sin embargo, con Internet sucedió todo lo contrario a una demanda de productos masivos. Su uso principal se reflejó en la satisfacción de intereses específicos por determinados contenidos, que muestran que la lógica innovadora y característica de Internet como medio radica en cuestiones totalmente opuestas a la masividad propia de la televisión, la radio o el cine. El ciberespacio se caracteriza por un uso autónomo, libre e interactivo de los contenidos basados en la apropiación individual y autarquía de los usuarios.

Por tanto, la cultura de Internet es el resultado de la cultura de los actores sociales que crearon Internet. Los sistemas tecnológicos se producen socialmente y la producción social se conforma fuertemente en torno a las pautas culturales. La cultura de los productores de Internet dio forma a este medio. Estos productores, que a su vez, fueron los primeros usuarios de la red, constituyeron la piedra angular de este proceso de comunicación abierta y de todos los avances obtenidos gracias a la colaboración en red. Sin este grado de apertura, los miembros de la comunidad desarrollarían sus estrategias en forma individual y competitiva con lo que el proceso de comunicación se estancaría, obstaculizando por tanto la productividad intelectual del esfuerzo cooperativo.

Esta nueva cultura nacida de Internet dio lugar a una nueva economía. No se trata de una economía on-line sino de una economía cuyo motor es la tecnología de la información y que está organizada en torno a redes informáticas. Estas parecen ser las fuentes del crecimiento de la producción y por lo tanto de la creación de capital en la era de la información.

Sin embargo, si los medios y los modos de producción constituyen la base desde donde se genera el capital, el poder creativo del trabajo y la eficacia de la organización empresarial dependen en último término de la capacidad de innovación. La innovación está en función de la actividad del trabajo altamente cualificado, así como de la existencia de organizaciones capaces de crear conocimiento. Dicho proceso de innovación también se ve transformado en la economía, ya que los usos de las TSI juegan un papel fundamental a la hora de lograr esta innovación.

Las aplicaciones de las TSI injirieron en los procesos de trabajo de fabricas y oficinas, conformando la base para el denominado CAD/CAM (diseño asistido por ordenador/fabricación asistida por ordenador) dando lugar a la FIM (Fabricación Integrada Flexible). Este núcleo de TSI tuvo como efecto el desarrollo de un segundo grupo de innovaciones, particularmente en el terreno de los nuevos materiales como la fibra óptica, los cerámicos, nuevas aleaciones metálicas, las aplicaciones láser para la transmisión y nuevas fuentes de almacenamiento de electricidad.

De las características de orientación procesal de las TSI se deriva un tercer efecto fundamental del nuevo paradigma tecnológico en la organización social: concretamente una mayor flexibilidad de las organizaciones en la producción, el consumo y la gestión. De hecho, la flexibilidad se muestra como una característica clave de este nuevo sistema que va cobrando forma pero tiene lugar dentro de un contexto de producción, consumo y gestión a gran escala, asociado generalmente a grandes organizaciones y a extensas redes organizativas. Lo que ocurre es que las TSI se basan en la capacidad organizativa que resulta de las formas de producción y consumo industriales, especialmente durante su etapa de madurez, generalmente asociada con lo que se ha dado en catalogar en la bibliografía con el nombre de “Fordismo”, un termino que por cierto conduce a equívocos; pero éstos contribuyen tanto a transformar el sistema como a aumentar la capacidad organizativa a base de utilizar las economías de escala y la profundidad del poder organizativo toda vez que superan la inflexibilidad y facilitan una constante adaptación a un medio en perpetuo cambio. De este modo, la oposición histórica entre la producción artesanal y la fabricación a gran escala, entre el consumo de masas y los mercados a la medida del consumidor, entre poderosas burocracias y proyectos innovadores, se ven superados dialécticamente por el nuevo mercado tecnológico, que anuncia una nueva era de organizaciones con capacidad de adaptación en relación directa con sus contextos sociales. Al incrementar la flexibilidad de todos los procesos, las TSI contribuyen a minimizar la distancia entre economía y sociedad (Castells, 1998).

Por lo tanto, la potencialidad de las TSI para planificar, administrar y gestionar los múltiples aspectos que hacen a la producción, se complementa con la posibilidad de convertirlas en un canal alternativo de comunicación y participación ciudadana. Con este fin, se promueven y auspician espacios de información y comunicación para los ciudadanos ya sea mediante Web Pages u otros soportes tecnológicos accesibles en centros comunitarios, con la intención de involucrar a los diferentes grupos sociales en la exploración activa de identificación de necesidades, diseño de programas de acción y de formas innovadoras de gestión para la ciudad. Sin embargo, el efecto que tiene el uso de las TSI sobre el desarrollo social está muy lejos de ser evidente.

La Comisión de las Naciones Unidas sobre Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (UNCSTD) desarrolló en 1997 un largo estudio sobre los beneficios y riesgos de estas tecnologías. La Comisión concluyó que “... hay muchas instancias en que el uso de las tecnologías de información y comunicación trae amplios beneficios sociales y económicos. Sin embargo, otras instancias no menos numerosas indican que éstas no redundan en cambios en la vida de la gente de los países en desarrollo”.2

En el año 2000, Kofi Annan, Secretario General de las Naciones Unidas, declaraba que:

“Existe una brecha tecnológica con grandes desigualdades en infraestructura, pero también está la brecha de contenido donde una gran cantidad de información basada en el ciberespacio simplemente no es relevante para las necesidades reales de la gran mayoría de los poblaciones del mundo. Existe una brecha de género, en la que las mujeres gozan de menos acceso que los hombres y, en general, esto puede aplicarse por igual a personas,  países y regiones que ven limitadas sus oportunidades por la distribución dispareja de los beneficios de la tecnología digital”.3

La llamada brecha tecnológica o digital es, de hecho, varias brechas en una. Las diferencias en infraestructura se reflejan en las cifras de densidad telefónica, que muestran elevados niveles de disparidad geográfica, habiendo 113,4 teléfonos por cada 100 habitantes en los Estados Unidos mientras que la proporción disminuye a 7,36 en África.4

Históricamente, las conexiones telefónicas han sido la espina dorsal de la conectividad a Internet y, por tanto, se encuentran al centro de la brecha en infraestructura. Es así que las cifras de densidad telefónica coinciden con el acceso diferenciado a computadoras y a Internet, donde putadoras personales por cada 100 habitantes, seguida por Asia con 4,45%.5

Aún dentro de las regiones existen grandes variaciones. Por ejemplo, en 26 de 45 países asiáticos en los que hay datos disponibles, los usuarios de Internet constituyen menos del 5% de la población. En Corea del Sur y Singapur, más del 50% de las poblaciones utiliza Internet, mientras que en países como Myanmar y Tayikistán únicamente el 0,5% posee conexión.6

En los países en desarrollo, las estadísticas agregadas sobre la teledensidad pueden ser engañosas. Las cifras muchas veces ocultan el bajo alcance de la capacidad de las telecomunicaciones y un alto grado de concentración urbana. Los usuarios de Internet están geográficamente muy concentrados y las poblaciones rurales por lo general son excluidas.

Asimismo, los incrementos en las cifras referidas a teledensidad, en años recientes, son resultado de un aumento en las conexiones de teléfonos celulares. Ello no podría tomarse como indicador de la difusión de las TSI entre personas que hasta la fecha han sido marginadas dado que éste es en gran medida un fenómeno urbano. Un ejemplo paradigmático de la brecha rural-urbana lo constituye la India, donde más del 70% de la población vive en áreas rurales, más del 77% de los usuarios de Internet en agosto del 2003 eran de Nueva Delhi y Mumbai.7

Las disparidades en el ingreso son otro factor determinante clave del acceso diferenciado. A nivel mundial el 70% de usuarios de Internet pertenece al segmento de usuarios de nivel socioeconómico más alto que sólo representa al 16% de la población, mientras que el 40% con ingresos más bajos constituye sólo el 5% de la totalidad de usuarios de Internet.8

Del mismo modo, el 43,7% de la población global de mayor nivel socioeconómico posee acceso a Internet mientras que en la franja de menores ingresos el índice disminuye al 1,3 por ciento. La arquitectura global de las TSI es sesgada a la ubicación de los medios de producción que refleja patrones transnacionales de uso concentrados en los países de mayor desarrollo. En particular Estados Unidos de Norteamérica que alcanza por sí sólo los 3.967,09 usuarios de Internet cada diez mil habitantes, siendo levemente superado con un índice de 3.698,06 que resulta del promedio de los países que integran la Comunidad Europea. Mientras que en el polo opuesto regiones como Asia y África descienden respectivamente a 584,69 y 123,35 usuarios de Internet cada diez mil habitantes.9

Es así que las actuales variables en la economía de la información no garantizan un crecimiento y uso equitativo de las TSI. Los procesos globales de producción, distribución y uso continúan siendo controlados por EE.UU. y Europa (Sassen, 1997).

Internet ha sido vista como un campo de juego potencialmente parejo, un espacio en el que cada quien participa en pie de igualdad. La realidad, sin embargo, es que está construida sobre el control corporativo del contenido y la infraestructura de la información, de las direcciones de IP (Protocolo de Internet) y los sistemas de nombres de dominio, así como de estándares técnicos que incluyen protocolos de comunicación, formatos para correo y documentos, formatos para sonido y video donde los actores principales como compañías telefónicas, redes satelitales y Proveedores de Servicio de Internet (ISP)10 generan acuerdos estratégicos impulsados por motivos lucrativos que perjudican y hasta impiden el aprovechamiento de ventajas que otorgan las TSI como es el caso de la Voz sobre IP (VoIP), o telefonía a través de Internet, una opción barata en telefonía pero que no está permitida en muchos países porque afecta la ganancia de los monopolios de las telecomunicaciones. Por ejemplo: en Sudáfrica la corporación Telkom, propietario y operador de la red telefónica, pese a que cuenta con un avanzado backbone,11 no ofrece servicio telefónico por Internet. Dado que depende principalmente de las ganancias obtenidas por llamadas telefónicas.

La mayor parte de las naciones en desarrollo percibe las TSI como una oportunidad para la rápida creación de empleos. Diversos analistas realizaron investigaciones sobre las oportunidades que brindan las TSI a los países en desarrollo. Estos suponen nuevas formas de aprendizaje y educación, una sociedad civil interconectada, nuevas formas de intercambio comercial. Sin embargo, el discurso que rodea a la introducción y uso de estas tecnologías a menudo acepta la vana promesa de que estas tecnologías van a ayudar a resolver los graves problemas sociales (Gore, 1996). Otros estudios han analizado esta supuesta promesa indicando más bien que hay indicios de muchos efectos perversos por parte de organizaciones privadas y estatales (Gómez, 1998).

Por ejemplo, en los países en desarrollo en los que se han instalado industrias del sector y donde fue mayor el aumento de empleos principalmente gracias a la producción de hardware están en su mayoría localizados en México, la India, Filipinas, Jamaica o China. Coincidiendo con la ubicación geográfica de las instalaciones denominadas maquiladoras, caracterizadas por un modelo de producción con poca o nula transferencia de habilidades tecnológicas, con bajos salarios y condiciones laborales deficientes, con ausencia de sindicatos, ausencia de crecimiento en las carreras profesionales y aumento del empleo de mujeres y niños en las tareas de más bajo nivel. Las naciones pobres compiten entre sí para atraer inversiones de corporaciones transnacionales en una carrera de decadencia socioeconómica.

Otros modos de interacción se ven imbricados por los procesos de acción y relación en la red como la formación de comunidades virtuales o la producción de nuevas estrategias políticas que los actores sociales desarrollan para informar, reclutar, organizar, dominar y contradominar en la coevolución paralela de Internet y la sociedad.

Una parte sustantiva de la dimensión política cotidiana está siendo profundamente transformada por estas redes de comunicación. Sin embargo, esta situación se desenvuelve, como en anteriores contextos históricos, de manera contradictoria. Internet no es un instrumento de libertad ni tampoco un arma para ejercer la dominación unilateral. El caso es que la libertad nunca es algo que viene dado sino que requiere una lucha constante, es la capacidad para redefinir la autonomía y poner en práctica la democracia en todos los contextos sociales. Internet ofrece un potencial extraordinario para la expresión de los derechos del ciudadano y para la comunicación de los valores humanos. Depende, entonces, de los propios ciudadanos ampliar los procesos de democratización, lo que es quizás el reto político más importante planteado por Internet.

Esta centralidad de Internet en muchas áreas de la actividad social, cultural, económica y política podría convertirse en marginalidad para aquellos que no tengan acceso a la red. Por tanto no es de extrañar que, en muchos casos, el augurio del potencial de Internet como medio para acrecentar la libertad, la productividad y la comunicación venga acompañado por denuncias sobre la posibilidad de aumentar la polarización social en términos de una nueva forma de segregación comúnmente llamada “brecha digital”. La disparidad entre los que tienen y los que no tienen Internet amplia aún más la desigualdad y la exclusión social, en una compleja interacción que parece incrementar la distancia entre las promesas de la era de la información y la cruda realidad en la que está inmersa una gran parte de la población mundial.

El uso diferencial de Internet se debe principalmente a la enorme disparidad en la infraestructura de telecomunicaciones, a las formas de distribución y gestión de proveedores de servicios y contenidos para Internet, así como a las estrategias e imperativos de la comunicación global.

Las actividades clave en cada país como las desarrolladas por instituciones financieras, medios de comunicación masivos o transnacionales, no pueden esperar a la costosa y lenta modernización de todo el sistema de telecomunicaciones, que a menudo sigue un necesario, aunque lento, proceso de desregulación. Así, las empresas que ofrecen los sistemas de conexión más eficientes en los países carentes de una infraestructura adecuada, sólo atienden las necesidades de los clientes más acaudalados ya que funcionan vía transmisión satelital conectados a pequeñas redes locales generalmente privativas debido a su costo.

El nuevo modelo de desarrollo mundial requerirá, entonces, que se supere la brecha digital. Para ello es indispensable diseñar políticas de inclusión global a la nueva economía basada en Internet, impulsando canales de participación, aprendizaje y generación de conocimientos necesarios para operar en la red y apoyadas por instituciones políticas legítimas y eficientes. El interés general de la humanidad, descansa en la búsqueda de un modelo que se ajuste a estos criterios mientras aún se esté a tiempo de evitar el drama de un planeta dividido por su propia creatividad.

Las TSI como variable de desarrollo

No obstante, esta realidad no anula el gran potencial de las TSI para el fortalecimiento de la sociedad civil y el apoyo a actividades conducentes a un desarrollo sustentable. En primera instancia, uno de los problemas centrales es cómo evaluar y coordinar el uso de estas tecnologías en la sociedad. Esto es debido, entre otras razones, a la complejidad de la tarea de medir la propensión que la información tiene sobre el desarrollo (Stone y Menou, 1994), y por otra parte, la falta de indicadores adecuados en algunos países en desarrollo debido a la carencia de recursos financieros para recolectar datos relevantes (Mansell y Wehn, 1998).

En el ámbito del desarrollo internacional, el uso de las TSI como una herramienta para solucionar los problemas de desigualdad social en la Sociedad de la Información se vehiculizó en el despliegue de instalaciones que presten servicios de comunicaciones electrónicas para acceso público, especial-mente en zonas de bajos recursos socioeconómicos o alejadas de los grandes centros urbanos.

Los nombres que se les ha dado a estas experiencias son variados: centros tecnológicos, telecentros, centros comunitarios de tecnología, teletiendas, talleres comunitarios de comunicación, centros de aprendizaje en red, telecentros comunitarios de uso múltiple, clubes digitales, cabinas públicas, etc.

Aunque no hay una definición única, en este estudio utilizaremos la denominación de Centros Tecnológicos Comunitarios (CTC), la característica común, independientemente de su apelativo, es la de un espacio físico que proporciona acceso público a las TSI para el desarrollo educacional, social y económico. Basándose en la premisa de que no todos los ciudadanos tienen acceso a una computadora con conexión a Internet, se han concebido para proporcionar una amplia combinación de servicios.

Más allá de estos elementos comunes de acceso público y servicios de TSI, existe gran variedad en el modo de montar, financiar y operar un CTC y se han convertido en foco de gran atención en el discurso del desarrollo internacional. Están surgiendo en África, América Latina y Asia e incluso en sectores marginales de países desarrollados en Estados Unidos y Europa (en particular España) y han sido rápidamente acogidos como solución para los problemas de marginación económica o cultural, por proporcionar un mayor acceso a TSI confieren la posibilidad de influir y potenciar innovaciones y mejoras en el entorno social, cultural, político y económico.

El CTC se sitúa por lo general en zonas rurales o marginales, cuya población tiene acceso limitado a servicios en general, sean de comunicación u otros servicios. Tienden a ser operaciones pequeñas, financiadas por agencias internacionales y establecidas por ONG u otras agrupaciones sin fines de lucro, las cuales instalan en su sede uno o más computadores y se conectan por teléfono a un proveedor de servicios de Internet. En algunos lugares donde no hay servicio telefónico, se están explorando alternativas innovadoras de acceso inalámbrico por radio HF o VHF. Dada la naturaleza de estas actividades, el principal factor para su éxito es la capacitación de los operadores y de sus usuarios potenciales, la gente de las comunidades locales. El desafío mayor que enfrentan los CTC es su viabilidad financiera una vez terminado el apoyo de los donantes externos.

Ejemplos de estos CTC son las experiencias impulsadas por el nodo APC en Ecuador http:// www.redes%20comunitarias.apc.org/ecuanex_project/index.html o El Limón, en la República Dominicana http://www.sas.cornell.edu/cresp/ecopartners/ruralinet.html.

Otro modelo es el denominado en Cadena, básicamente es una serie de centros, a veces operados independientemente por sus respectivos propietarios, pero interconectados y coordinados centralmente. Por lo general, una organización local facilita la instalación y conexión en red con apoyo técnico y financiero. El sector privado o el gobierno local pueden financiar la primera etapa de la puesta en marcha, y proporcionar algún apoyo técnico. Una vez establecidos, pueden manejarse como un negocio pequeño, llegando con el tiempo a ser independientes tanto económica como técnicamente. Generalmente tienen una sola o muy pocas computadoras para acceso público y usan conexiones telefónicas de los proveedores de Internet.

Uno de los ejemplos más conocidos de este modelo lo constituye la Red Científica Peruana (RCP) con alrededor de 190 cabinas públicas interconectadas por todo el país http://ekeko.rcp. net.pe/rcp/servicios/cabina, veinte de las cuales siguen siendo administradas directamente por la RCP. También se destaca la experiencia de Cadena de centros públicos de la Universal Service Agency de Sudáfrica, con 6 proyectos piloto y 68 nodos aprobados en todo el país http://www. usa.org.za/project.htm, los cuales están lentamente entrando en operación.

Un alto número de bibliotecas públicas, escuelas, universidades, organizaciones comunita-rias y otras instituciones cívicas están comenzando a ofrecer acceso público a sus computadores y conexiones a Internet. El eje principal de trabajo en estas organizaciones no es la actividad de interconexión como tal, ya que éste se ofrece al público como complemento a sus otros servicios culturales, educativos o recreativos.

Estos ofrecen servicios limitados y poca capacitación para sus usuarios potenciales, y no anuncian sus servicios muy abiertamente o por fuera de su entorno inmediato. El acceso a las instalaciones está limitado por la prioridad otorgada a las actividades principales de las organizaciones mismas (calendario escolar, horario de atención al público, etc.). La conectividad tiende a basarse en una sola conexión telefónica en bibliotecas públicas o centros comunitarios, o en redes locales (LAN) más sofisticadas y líneas dedicadas, en el caso de algunos colegios y universidades.

Otros casos son las iniciativas en bibliotecas públicas como los de Ciudad de México y sus alrededores http://www.devmedia.org/documents/robinson.htm el proyecto Manhiça en Mozambique http://www.ci.uem.mz/ y Amic@s en Paraguay http://www.amicas.gov.py/.

La UIT ha establecido asociaciones con numerosas organizaciones con el objeto de introducir CTC en varios países; entre ellos Benín, Mali, Mozambique, Tanzania, Uganda, Honduras, Argentina, Surinam, Bhután, India, y Vietnam http://www.itu.int/ITU-D-UniversalAccess. Además, se están estableciendo otros telecentros al estilo MCT en Pakistán y en las Filipinas http://www. idrc.ca/pan/tele04029.html.

En América Latina es extensa la historia de actividades, teorías y prácticas de comunicación alternativa y popular. No hay ninguna razón para pensar que el interés actual por las TSI tenga que disociarse de esta larga tradición. Dada la falta de experiencia en el campo de las TSI, las contribuciones de los investigadores y activistas de otros medios de comunicación comunitarios (radio, video, prensa, teatro, etc.) pueden enriquecer el naciente movimiento de CTC, especial-mente en las áreas de evaluación, uso, y creación de contenido local relevante.

La línea que separa a los CTC de los otros medios de comunicación comunitarios es tenue, más aún cuando en Internet se van integrando diferentes formas y medios de comunicación. La interacción entre las radios comunitarias e Internet, por ejemplo, ha sido explorada por la Agencia Informativa Púlsar de la Asociación Mundial de Radiodifusores Comunitarios, y en este momento se prepara el lanzamiento de RadioNet, un programa de intercambio de producciones y guiones radiofónicos para radios comunitarias a través de Internet. El área de intervención de los CTC, como el de todas las tecnologías de comunicación, está inscrita dentro de las dinámicas y las prácticas sociales de la gente que las usa. El contexto y el contenido son los motores del uso, no de la tecnología.

Otro ejemplo de intento de integración de experiencias de comunicación alternativa es una serie de CTC ubicados en las afueras de Ciudad de México, en centros comunitarios y culturales, bibliotecas públicas y en las oficinas de una agrupación indígena. El proyecto estaba destinado a producir y proveer acceso a información nacional y local (mapas en línea con límites municipales y propiedades privadas y comunales, información histórica y etnográfica, reglamentación forestal y precios de cosechas), y a abrir canales de comunicación, vía correo electrónico, foros o chat, a funcionarios gubernamentales y empresas locales.

Las actividades de los CTC no se dan en el vacío. Para entender su desempeño hay que tener en cuenta también su entorno y el contexto de actividades convergentes que les acompañan y que incluyen a diversas instituciones del ámbito gubernamental, de la sociedad civil y organismos internacionales.

Los gobiernos han considerado las TSI principalmente como una oportunidad económica, y por tanto les ha bastado con dejarse orientar por los intereses del sector privado. Esto ha significado, para los gobiernos de los países desarrollados, servir a los intereses de sus transnacionales de TSI, mientras que numerosos gobiernos del hemisferio Sur han impulsado la creación de empleos y las posibilidades de exportación en el sector. A varios gobiernos también les ha entusiasmado explorar oportunidades del gobierno electrónico, centrándose en la reingeniería de sus sistemas y procesos internos hacia una mayor eficiencia.

Recientemente, algunos gobiernos de los países en desarrollo han dado pasos iniciales encaminados a aprovechar las inmensas posibilidades para ampliar las funciones gubernamentales gracias a la incorporación de TSI como una plataforma a favor de procesos democráticos y burocráticos, desde la participación ciudadana y la transparencia hasta el pago de servicios e impuestos.

Grupos de la sociedad civil también han estado a la vanguardia en la promoción y defensa públicas a nivel mundial, señalando el tecnocentrismo de los debates globales referidos a las TSI; las múltiples brechas digitales, incluida la de género, y la necesidad de preservar y nutrir los comunes12 de la información global. Adicionalmente, han denunciado las regulaciones internacionales sobre la privacidad, así como la propiedad de los medios.

En la amplia gama de temas críticos para el debate sobre la sociedad de la información se han involucrado amplios sectores de la sociedad: el movimiento de sindicatos del comercio, activistas comunitarios de los medios de difusión, grupos de interés de los medios de difusión regulares y tradicionales, parlamentarios y funcionarios de gobiernos locales, las comunidades científica y académica y, demás activistas por los derechos a la comunicación.

También varias organizaciones internacionales son actores clave en el ámbito de las TSI. La Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) trabaja en asuntos de infraestructura técnica. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) está debatiendo sobre una serie de temas relevantes a la sociedad de la información –educación, libre expresión, diversidad cultural– incluyendo contenido y propiedad intelectual. Mientras que la propiedad intelectual es el principal enfoque de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), varios aspectos adicionales del intercambio de información o de la propiedad intelectual son abordados por la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Un inventario preliminar de las experiencias en América Latina muestra la variedad de iniciativas de este distinto tipo que se impulsan en la región. Algunas, como la red de Cabinas Públicas mencionada arriba, comienzan a dar muestras de éxito y sostenibilidad, mientras que otras han dejado de funcionar después de algunos meses. Hay proyectos de centros multipropósito auspiciados por la UIT en Honduras y proyectos de telecentros básicos o cívicos impulsados por los nodos APC y organizaciones locales en Ecuador (tres telecentros ubicados en comunidades indígenas amazónicas) y en Colombia (tres Unidades de Información Barrial en áreas urbanas marginales en los alrededores de Bogotá). Otros ejemplos en Venezuela son el Servicio de Cabinas de Acceso a Internet y la Fundación Centro de Información Digital o el Centro de Mujeres Comunicadoras Indígenas en Guatemala.

En varios países los CTC todavía están en la etapa de planificación, lo que no significa que no se tome en cuenta su potencial. El programa “Conectándonos al Futuro” planea instalar alrededor de 100 Infocentros en El Salvador, con el apoyo del gobierno y del Banco Mundial. En muchos casos los gobiernos locales han adoptado estrategias diferentes, centrándose en sectores específicos como escuelas primarias y secundarias, universidades o el sector industrial. Las experiencias son diversas, y un inventario más completo ayudará a preparar las herramientas de evaluación que permitan entender cuál es el resultado de estas iniciativas, y su contribución a la sociedad.

Expansión de las TSI en Argentina

En nuestro país, el acceso en general a las telecomunicaciones, y en particular a Internet, cuenta con estándares de calidad aceptables con respecto a los insumos utilizados en el tendido de redes. Sin embargo, la arquitectura de la red es ineficiente si se observa la diagramación del tendido en relación con la densidad poblacional de las regiones donde se distribuye. Por otra parte, la cantidad de usuarios conectados disminuye a medida que la red se aleja de los grandes centros urbanos.

Por ejemplo: el promedio nacional de telefonía fija cada cien habitantes es de 24,62% pero fluctúa, radicalmente, entre sectores urbanos con alta capacidad de conexión y sectores rurales o marginales, en muchos casos dentro de las propias ciudades, donde la teledensidad es casi nula o inexistente. El caso más destacable donde la distribución de la red se encuentra en extremo concentrada es en torno a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el cordón urbano del Gran Buenos Aires, donde la suma del promedio de sólo estos dos distritos alcanza un grado de teledensidad cada cien habitantes de 68,95% ocupando una superficie territorial sobre el total del país inferior al 1% mientras que en ninguno de los 22 distritos restantes, incluidos los centros urbanos, se supera el 25%.13

Un tercio de las provincias argentinas tienen sólo un dígito de teledensidad. Mientras tanto, en nueve provincias ya hay más líneas celulares que fijas. A modo de contraejemplo la provincia de Salta tiene poco más de 90.000 usuarios de telefonía fija, y una cifra similar de celulares, para una población de más de un millón de habitantes. Si se toma como indicador el nivel de teledensidad, el caso argentino es una muestra del escaso desarrollo económico alcanzado por las regiones periféricas. Esta polarización refleja, al mismo tiempo, el desbalance en la distribución geográfica del PBI y la carencia de una política estratégica para elevar los niveles de teledensidad necesarios para aumentar la equidad en el acceso a las TSI. En la misma situación de Salta se encuentra un tercio de las provincias argentinas ubicadas en el norte del país, donde la teledensidad es de un solo dígito, sobre una población total que supera los 6 millones de habitantes. En el sur del país, la teledensidad aumenta a una media de 15 líneas cada 100 habitantes pero se debe más a la baja densidad poblacional en relación al tamaño del territorio que a la cantidad de terminales instaladas. En el caso del parque de computadoras personales a nivel nacional apenas supera el 11% mientras que el grado de conexión a Internet es de sólo el 8%. Asimismo, si se toma el porcentaje de distribución del parque de computadoras personales la Capital Federal junto con la provincia de Buenos Aires suman un 61,5% en relación al total del país.14

Si bien la evolución de los accesos residenciales en Argentina se incrementó en 17,4% entre diciembre de 2001 y marzo de 2007, este proceso es el resultado de una reducción del 6,5% en el número de abonos. En lo que hace al número de abonos, se observó una reducción del 80,2% en las denominadas conexiones dial-up, frente a un aumento del 95,4% en las conexiones de banda ancha, pasando estas últimas de participar en el mercado de los abonos con un 15,3% en diciembre de 2001, a representar el 48,1% de este total en marzo de 2007. Respecto de los minutos de telefonía consumidos por los usuarios free se observó un incremento del 73,3%, pasando de un consumo promedio por usuario de 355 a 1.439 minutos mensuales. Si la comparación se efectúa respecto de marzo de 2003, el total de accesos residenciales se incrementó en 19,4%, con 14,7% en el total de abonos. el número de abonados dial-up disminuyó 2,4%, mientras el de abonados a servicios de banda ancha se incrementó en 68,2%. A su vez los minutos telefónicos consumidos por usuarios free se aumentó un 30,5%.15

En el caso de las organizaciones, el total de accesos se incrementó 6,6% entre diciembre de 2001 y marzo de 2007, como resultado de un incremento del 5,6% en las cuentas con abono, y del 121,8% en los usuarios free, segmento éste constituido por escuelas, bibliotecas, asociaciones sin fines de lucro, y otras organizaciones que reciben un servicio gratuito por parte de un ISP. Entre las cuentas con abono se observa un avance de las cuentas de banda ancha del 34,6%, que pasan además, de representar en diciembre de 2001 el 36,7%, al 42,2% en marzo de 2007, frente a un retroceso del 16,0% en los accesos dial-up. Las conexiones punto a punto, que tienen una participación menor, se incrementaron en 128,8% en este período.

Si la comparación se efectúa respecto de marzo de 2003, el incremento observado en los accesos es del 5,1%, y del 4,4% en los abonos. En este mismo período se observa un incremento de los servicios de banda ancha del 17,9%, frente a un retroceso del 6,2% en las conexiones dial-up y un incremento del 33,7% en las conexiones punto a punto.16

La Capital Federal junto con la provincia de Buenos Aires suman el 48,76% sobre el total de la población del país. Si se triangula esta proporción con el porcentaje del Producto Bruto Interno Geográfico (PBIG) se observa que la suma de sólo estos dos distritos supera el 60% del PBIG nacional. Estas proporciones a escala nacional reflejan el problema de la extrema polarización social y económica del país. Es por ello que estos indicadores se encuentran en relación directamente proporcional con el grado de asimilación y uso de las TSI, donde la Capital Federal y la provincia de Buenos Aires suman 2.235.653 usuarios registrados, equivalentes al 66,9% sobre un total a nivel nacional de 2.713.000 usuarios.17

Por su parte, el grado de apropiación y uso de las nuevas tecnologías en el ámbito de las empresas es un indicador de su función como principales generadores de riquezas y base económica en la sociedad de la información. Nuevamente, se observa que las empresas que poseen acceso se concentran geográficamente en torno a la Capital Federal y la Provincia de Buenos Aires en un 76,6%. Una situación similar se produce en el caso de empresas que utilizan Internet para el comercio electrónico. En el caso argentino la polarización en el uso y acceso a TSI de la población también se refleja en el modo en que en el sector empresarial se distribuye el porcentaje de accesos dedicados a Internet que no sólo es directamente proporcional a la incidencia que tiene la empresa en la economía sino que cuanto mayor es el capital económico, simbólico y social, mayor es la capacidad y el know-how en el uso y la apropiación de TSI.

Las empresas que cuentan con acceso a Internet pueden manejar un amplísimo abanico de información indispensable para insertarse en la economía global. En efecto, se asiste a una eclosión informativa en la Web a la cual las empresas no pueden estar ajenas. En Internet existen unos 950.000.000 millones de documentos, y la información on-line está creciendo a un ritmo de 7,3 millones de páginas Web al día, la producción de e-mail por año es 500 veces superior a la producción de páginas Web. La producción anual de información en todo el mundo y bajo diversas formas es de 1.500 millones de gygabytes de los cuales, el 93 % se produjo sólo durante el año 1999. Por lo tanto, la economía no puede funcionar sin empresas con la capacidad para apropiarse –tanto técnicamente como en términos de contenidos– en este inmenso universo de información, organizándolo, focalizándolo y transformándolo en conocimientos concretos, apropiados al proceso productivo. En este sentido, existe una diferencia notable con respecto a la apropiación de TSI que puede observarse en los porcentajes de empresas que cuentan con páginas Web. En el caso de la pequeñas empresas el porcentaje que cuenta con páginas Web es de sólo el 31%, mientras que las grandes empresas alcanzan al 68%. Esta situación indicaría que en la Argentina la polarización entre las empresas que cuentan con capacidad para adaptarse a la economía global hasta el momento mantendría una tendencia que se acumularía en el sector de las grandes empresas.18

Como se describió en los apartados anteriores, en Argentina tanto la población como el sector empresarial que accede a las TSI es minoritaria y concentrada en los sectores de mayores recursos y capacitación. Esto implicaría que las políticas gubernamentales, en el corto plazo, deberían priorizar la ampliación de los niveles de acceso a los sectores menos favorecidos.

Actualmente, los principales problemas se relacionan con la baja asignación de recursos presupuestarios para el desarrollo de una política pública activa en el sector. Asimismo, los aportes del sector privado son prácticamente nulos. A continuación se detallan las diversas iniciativas gubernamentales en torno a la incorporación de TSI en el Estado, así como también, políticas estratégicas y proyectos tendientes a la inclusión de organizaciones intermedias, empresas y demás organizaciones sociales en la Sociedad de la Información.

Caso de estudio: Programa Argentin@Internet.todos

En 1998 el entonces presidente Carlos S. Menem firmó el decreto 1098 que por intermedio de la Secretaría de Comunicaciones de la Nación implementaba el programa Argentin@.Internet.todos con la intención de brindar acceso a Internet a los ciudadanos de pequeñas localidades alejadas de los grandes centros urbanos o en áreas con gran densidad poblacional pero con escasos recursos socioeconómicos, sin posibilidades de acceso al uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación.

Con el acuerdo de la Unión Internacional de Telecomunicaciones se proyectó la puesta en funcionamiento de aproximadamente 1600 Centros Tecnológicos Comunitarios que funcionarían como polos comunitarios de servicios introductores de las TSI´s, que fueron dotados con hardware de última generación provisto de correo electrónico, fax, servicio de videoconferencia, bibliotecas virtuales, telefonía pública y demás espacios virtuales múltiples de intercambio de datos.

Con el cambio de gobierno en diciembre de 1999 el programa pasó a depender de la Secretaría para la Planificación de la Tecnología, la Ciencia y la Innovación Productiva, instancia que en la práctica produjo cambios sustanciales en la gestión e implementación de las metas iniciales de los CTC.

Un alto porcentaje de estos Centros fueron asignados a distintas instituciones y organizaciones pero sin efectivizarse la conexión a Internet ni la apertura a la comunidad dado que con la actual administración se alteró la relación y el sistema de alianzas con los actores político-partidarios que habían iniciado la implementación del programa bajo la tutela del gobierno saliente.

Frente a una iniciativa gubernamental carente de una adecuada política de seguimiento y capacitación a largo plazo, los sectores que recibieron estos sistemas comenzaron a generar experiencias autogestivas para adquirir recursos sociales, económicos, de gestión y aprendizaje.

El 18 de septiembre de 1998 el Secretario General de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, Pekka Tarjanne, y el Secretario de Comunicaciones de Argentina, Germán Kammerath, firmaron un acuerdo que preveía el establecimiento de CTC con objeto de crear polos de desarrollo socioeconómico en todo el país, de cuya implementación se haría cargo la Oficina de Desarrollo de las Telecomunicaciones –el órgano de la UIT encargado del desarrollo–.

Basados en una idea concebida en el ámbito del Plan de Acción de Buenos Aires de 1994, los centros ofrecerían la posibilidad de dar acceso a las nuevas tecnologías y a los nuevos servicios interactivos como computadoras, impresoras, aparatos de facsímil, teléfonos y fotocopiadoras independientes y en red y una serie de servicios que comprendían la conexión con Internet y con otras redes y bases de datos públicas.

El Plan de Acción de Buenos Aires contenía un programa de colaboración en el desarrollo mundial de las telecomunicaciones y las metas y los objetivos que se debían alcanzar con la participación de entidades y organizaciones no gubernamentales, cooperativas, autoridades locales, ministerios de educación y sanidad, organismos internacionales como la UNESCO, la OMS y la FAO, y empresas de telecomunicaciones. Sin embargo, en la práctica, los aportes más significativos para llevar a cabo este Programa emanaron de las grandes empresas del sector de las telecomunicaciones y la informática.19

Un conjunto de aportes privados sumó aproximadamente veinte millones de dólares provenientes principalmente de empresas norteamericanas20 y en menor medida europeas, para el desarrollo de una primera fase, que iría seguida de otras en función de los recursos disponibles y los resultados obtenidos.

Asimismo, por intermedio de la UIT se contrató a Siemens la que, a su vez, subcontrató a Siemens Itron Business Services como responsable de la coordinación de gran parte de la logística de instalación de los CTC en el país.21

La metodología utilizada por esta empresa preveía negociaciones con autoridades comunales para acordar la ubicación e instalación del cableado estructurado y el mobiliario de los CTC.

En las entrevistas realizadas se observó que esta forma de distribución no escapó a la lógica de clientelismo político de los funcionarios municipales, que repartieron la gran mayoría de los centros entre sus cuadros más allegados. Asimismo, a nivel Nacional existe una marcada concentración de CTC en Córdoba –provincia natal de Germán Kammerath–. El Proyecto de los CTC estaba articulado por dos sistemas: el Sistema Permanente de Capacitación (SPC) y el Sistema de Desarrollo de Contenidos (SDC). El primero fue liderado por un grupo de universidades estatales y privadas del país22 que formaron un comité interuniversitario en el cual se definieron los contenidos de los cursos, el cronograma de las actividades previstas, la modalidad de supervisión y evaluación, entre otras resoluciones.

En cada localidad donde se instaló un CTC, se lo asignó a una Institución Huésped o Receptora (asociaciones intermedias, escuelas, bibliotecas, cooperativas, etc.), la cual era responsable directamente ante las autoridades nacionales del funcionamiento. Las Instituciones Huésped se seleccionaron teniendo en cuenta que aceptar el CTC significaba comprometerse a utilizarlo en forma intensiva de común acuerdo con las pautas y modalidades establecidas en el programa y sus convenios anexos.

En cada localidad debían seleccionarse al menos dos referentes locales que actuarían como Coordinadores, quienes desarrollarían sus tareas en condición Ad Honorem salvo convenio particular con la Institución Huésped. Además, de desempeñarse como coordinadores cumpliendo las funciones afines, de ellos dependía el cumplimiento de las disposiciones de los CTC, así como también del cuidado del equipamiento, la generación de los contenidos locales y la necesaria comunicación entre la Institución responsable y los representantes del programa, debiendo cumplir con el horario reglamentario de apertura y cierre de los centros, los cuales, debían funcionar 9 horas diarias.

En algunos casos las instituciones designaron como coordinadores a personas que ya integraban la planta de personal asalariado, ya sea asignando la tarea de coordinación del CTC como actividad extra, o modificando los puestos de trabajo. Sin embargo, en la mayoría de los casos, los Coordinadores trabajan sin percibir un salario, debiendo recurrir al dictado de cursos u otras actividades en su CTC para solventar sus gastos.

Para desempeñar la función del Coordinador Técnico se debía acreditar idoneidad en el uso de sistemas informáticos, además de reunir condiciones personales apropiadas para la atención al público.

Básicamente, las funciones del Coordinador Técnico del CTC debían ser las de:

-Administrar los sistemas informáticos y de comunicaciones del CTC, sus claves y contraseñas.

-Publicar y administrar el sitio web comunitario.

-Generar los reportes técnicos mensuales.

- Planificar, organizar y evaluar las actividades del CTC en que estén involucrados aspectos tecnológicos.

-Liderar el relevamiento y la digitalización de los contenidos locales.

-Asesorar a empresas, instituciones e individuos sobre la publicación de contenidos en la Web.

-Velar por el correcto funcionamiento y uso de los equipos del CTC.

- Resolver los problemas técnicos con el apoyo y asistencia de los proveedores de las tecnologías del CTC.

- Planificar, proyectar y proponer a la Institución Huésped los up-grades del equipamiento del CTC, como también la adquisición de nuevas herramientas y equipos.

Por otra parte, el Coordinador Pedagógico, debía ser un profesional de la educación, con experiencia en informática educativa. Siendo su responsabilidad:

- Planificar, organizar y evaluar las actividades del CTC en que estén involucrados aspectos de capacitación.

- Aportar sus conocimientos con relación a metodologías y estrategias didácticas para el dictado de los cursos.

- Asesorar a las instituciones educativas en relación con los proyectos específicos en los cuales utilizar las herramientas tecnológicas y la adecuada manera de insertarlos en los Proyectos Educativos Institucionales.

- Liderar el relevamiento y la digitalización de contenidos institucionales de cada centro educativo y de los contenidos que desarrollen para el sitio web, procurando las integraciones curriculares convenientes.

- Brindar información a las escuelas acerca de sitios educativos recomendados, listas de interés, proyectos colaborativos por Internet, etc.

-Generar interés en las instituciones educativas, particularmente en los equipos directivos, por participar y desarrollar proyectos educativos que involucren las tecnologías provistas por el CTC.

- Procurar la integración y complementariedad entre las instituciones educativas a través de proyectos conjuntos.

En diciembre de 1999, con el cambio de gobierno nacional, el programa pasó a depender de la Secretaría para la Planificación de la Tecnología, la Ciencia y la Innovación Productiva, y los CTC pasaron a llamarse Centros Inform.ar. Las distintas fases del programa Argentin@Internet.Todos pasaron a formar parte del Programa Nacional para la Sociedad de la Información. Tras la renuncia del Presidente Fernando De La Rúa, en diciembre de 2001, no se produjeron cambios sustanciales en los objetivos del Programa. Sin embargo, el Programa Nacional para la Sociedad de la Información culminó sus funciones y se anularon los contratos entre las universidades y el gobierno nacional. Mientras que los CTC continuaron sus funciones gracias al apoyo de los gobiernos locales y las entidades huéspedes.

La metodología explicitada por el Programa para la distribución de los CTC preveía negociaciones con autoridades comunales. En las entrevistas se observó que esta modalidad no escapó a la lógica de clientelismo político de los funcionarios, que repartieron la gran mayoría de los centros entre sus cuadros allegados. Esta característica de la distribución fue poco funcional en relación a la calidad y capacidad de los organismos receptores, así como tampoco brindó una equitativa cobertura geográfica con respecto a las características socioeconómicas de la población. En el relevamiento se pudo verificar la superposición de CTC en algunos barrios y la carencia en otros, sin importar las variables de densidad poblacional o los niveles socioeconómicos de los Partidos.

La difusión que los CTC poseen en las comunidades adyacentes es relativamente baja. Los entrevistados indicaron la falta de difusión y promoción tanto por parte de los encargados como del sector estatal. Los CTC que más usuarios reciben son aquellos que están instalados en escuelas o próximos a ellas. La mayoría recibe un promedio que varía entre los 60 y 140 usuarios por semana, lo que hace a una proporción máxima por semana de menos de 20 usuarios por día. Sí se calcula la proporción de usuarios con la cantidad de computadoras por CTC, cada computadora es utilizada diariamente sólo por 5 personas. El problema generalizado es de or-den socioeconómico con un promedio del período analizado del 46,8%. En segundo lugar se ubican los problemas técnicos con un 19,4%. Es importante destacar que ambos inconvenientes muestran una tendencia creciente, estando directamente relacionados, ya que de las entrevistas se desprende que los inconvenientes técnicos no se deben a un mal uso o incapacidad para el mantenimiento de los equipos sino a la falta de recursos económicos para la actualización del software y el hardware. Asimismo los resultados de las entrevistas se ven respaldados por las encuestas, ya que a diferencia de los factores mencionados para el caso de la variable cultural –en la que se toma en cuenta la capacidad de adaptación y provecho que los usuarios hacen del equipamiento– existe una notable mejora cuya tendencia se reduce exponencialmente siendo del 47% en el año 2001 y disminuyendo a sólo un 6% en el 2007.

Por otra parte, los CTC han logrado autofinanciarse por medio de la entidad huésped, en algunos casos gracias a bonos contribución o eventos realizados para recaudar fondos, dado que el Estado no implementó ninguna política de asesoramiento para que desarrollen nuevas fuentes de financiamiento. Asimismo, muchos de los inconvenientes técnicos que los afectan están constituidos por fallas de software en los sistemas, que serian fácilmente solucionables si los coordinadores hubieran recibido cursos básicos de instalación y programación de estos equipos.

Además de los problemas señalados, existe el de la conexión, nótese que de acuerdo a los resultados arrojados por el estudio de campo los CTC comienzan su funcionamiento con un índice de conexión a Internet del 74% en el año 2001 disminuyendo a un 48% para el 2007, que junto a la escasa difusión en las comunidades adyacentes y el casi nulo desarrollo de actividades comunitarias, condujeron a un escaso aprovechamiento de las potencialidades del CTC como nodo de gestión y desarrollo para la mayoría de sus usuarios. Asimismo, contribuyó a esta situación la deficiente capacitación de los coordinadores técnicos y pedagógicos, lo que evidenció la falta de interlocutores válidos que pudieran conducir al éxito de la experiencia. Si bien en su formulación el Programa planteó adecuadamente la capacitación como uno de sus ejes principales, en la práctica los encargados del desarrollo de contenidos y metodologías de aplicación demostraron bajo grado de competencia en la implementación. En este sentido, y de acuerdo a los datos recolectados en las entrevistas, los cursos de formación dictados no poseían módulos temáticos, cronograma de actividades, ni tampoco una modalidad de evaluación acorde a las necesidades particulares del personal que estaría a cargo de los CTC. Los criterios para seleccionar los coordinadores y las falencias en su capacitación, explican por qué la mayoría de los CTC se encuentran en una fase elemental de aprovechamiento del equipamiento instalado y de las potencialidades que brindan las TSI.

Las entrevistas a los usuarios permitieron constatar que para los usuarios de los CTC, estos centros son visualizados, principalmente, como el lugar donde adquirir nuevas habilidades para acceder a las demandas del mercado laboral. Potencialmente el imaginario es correcto, pero en la práctica no se satisface.

Desde su formulación, el Programa Argentin@.Internet.todos planteó la capacitación como uno de sus ejes principales. Desarticulados los organismos encargados del desarrollo de contenidos y metodologías de aplicación, los responsables del área pedagógica carecen de una programación para realizar su trabajo. Los cursos de formación dictados fueron ineficientes y, asimismo, la validación de estos cursos no poseyó criterios de organización como los que poseen los circuitos de educación formal, situación que les quita legitimidad y reconocimiento a los títulos o certificados que otorgaron. Pero, la falencia más importante de los CTC es que no están capacitando a la comunidad para actuar en la Sociedad de la Información.

Reflexiones finales y desafíos futuros

La Organización Internacional del Trabajo (OIT), en el Informe 2003 sobre la desocupación mundial, sostiene que en la nueva economía global la gigantesca deficiencia de empleo es un problema central y que muchos aspectos de la misma podrían reorientarse para solucionarlo, siendo la economía del conocimiento el más evidente, dado que la información y las tecnologías de la comunicación abren oportunidades digitales. Pero, para la mayoría de los habitantes de los países en desarrollo, la economía del conocimiento está del otro lado de la brecha digital y la realidad es la economía informal. Por tal motivo, afirma, la inversión acelerada en los sistemas de educación y de formación permanente son cruciales, dado que en la economía del conocimiento este es uno de los principales determinantes del éxito o el fracaso. Desde esta perspectiva, los CTC se convierten en un sitio privilegiado para brindar formación permanente, es decir, conocimientos relacionados con los nuevas prácticas y relaciones políticas, económicas y sociales propias de la Sociedad de la Información, que acompañen los procesos de aprendizaje de quienes reciben educación formal y, más aún, que permitan el acceso a quienes han completado su formación hace años y a quienes, en peores condiciones, nunca la recibieron.

Para quienes en general desconocen las tecnologías de información y comunicación

“...su mundo esta bastante lejos de los cables de fibra óptica, de las conexiones vía satélite, de las pantallas de la computadora y de las redes del ciberespacio. La brecha entre los poseedores y los desposeídos es ancha, pero la que actualmente se presenta entre los conectados y los desconectados es aún mayor” (Rifkin, 2000: 9-10)”.

Para tender a disminuir esta distancia la educación se presenta como un factor clave, ya que como pudimos constatar, no es suficiente con acceder al equipamiento informático, lo principal es de qué manera y para qué se usa.

Una de las claves de la Sociedad de la Información está en el diseño de nuevas instituciones que respondan a los nuevos tipos de relaciones que se generan, tanto presenciales como virtuales, y ello demanda cambios en los sistemas educativos, que generen nuevos conocimientos sobre las emergentes estructuras económicas, políticas, sociales y culturales propias del nuevo entramado social.

Para poder cumplir con los objetivos previstos para los CTC. Estos deberán convertirse en es-pacios donde los usuarios interactúen a través del hardware, el software y las redes telemáticas, pero sin perder el trato presencial y personal que los conecta con sus particulares necesidades. De este modo podrán convertirse en espacios de articulación entre lo local y lo global.

La SI plantea el aprendizaje de un nuevo lenguaje, al que podría llamarse el lenguaje de las máquinas. Para interactuar en esta nueva sociedad ya no basta con adquirir los saberes tradicionales como calcular, hablar, leer y escribir –saberes fundamentales de la sociedad industrial– en la actualidad hay que aprender a leer y escribir imágenes, aprender a leer y escribir programas informáticos, aprender a leer y escribir páginas web, aprender a establecer vínculos (links) entre textos, imágenes y sonidos, etc.; estos son los conocimientos básicos que demanda la capacitación en el presente, en otras palabras, son los saberes de la SI.

La SI plantea un cambio de paradigma respecto a la educación, el que pasa de una estructura piramidal con vértice en el profesor a una reticular que incluye al profesor y a los alumnos. El conocimiento ya no es sólo patrimonio del docente, la información está en la Red a disposición de toda la comunidad educativa. En este contexto, si bien la figura del docente sigue siendo esencial, cambia su rol, se convierte en un orientador, guía, consejero que facilita los procesos de aprendizaje colectivos e individuales que tienden a transformar esa información en conocimiento.23

Confeccionar el material educativo que acompañe el aprendizaje del lenguaje de las máquinas es uno de los factores clave de este proceso. Es un desafío que excede a los educadores, para el que debería convocarse a los mejores especialistas de todas las áreas, de las ciencias, la tecnología y las humanidades, tales como expertos en diseño gráfico, en sintetización multimedia, en análisis de imagen y sonido, en hipertexto, etc., ya que no se trata de enseñar los saberes tradicionales en un nuevo entorno sino de nuevos saberes tanto en el entorno presencial como en el digital, y como existe escasa experiencia acumulada para hacerlo, los capacitadores también deben capacitarse.

Existe una enorme distancia entre los servicios de capacitación brindados actualmente por los CTC y los factores que caracterizan la capacitación de la SI. En este contexto, el entorno virtual ofrece una alternativa interesante, permitiría no sólo hacer un uso tecnológicamente apropiado de los equipamientos existentes, sino también, y principalmente, aunar esfuerzos y optimizar los escasos recursos humanos y económicos disponibles.

Los esfuerzos aislados no serán suficientes para dar respuesta a las necesidades que plantea la educación en la sociedad de la información, si estos no están acompañados por un cambio pedagógico, una reforma institucional y recursos para el sistema público. Los CTC carecen de recursos y de ellos no depende el cambio pedagógico ni la reforma institucional, son el resultado de una política implementada inadecuadamente por un gobierno saliente y después de más de un año, no encuentran respuesta en el gobierno entrante. El equipamiento instalado es el mayor capital con el que cuentan pero en los esfuerzos aislados no parece estar la respuesta al para qué y al cómo usarlo. ¿Cuáles son las alternativas para que los CTC se conviertan en polos de fortalecimieno de las comunidades locales? ¿De qué modo aprovechar el capital con el que cuentan para brindar capacitación de la SI? Pueden pensarse distintas alternativas de articulación de los actores públicos, privados y comunitarios, cualquiera sea requiere ser implementada con urgencia, porque el tiempo es un factor no menos importante en este caso y de seguir transcurriendo, los CTC ya ni siquiera contarán con el capital que hoy poseen en equipamiento instalado, quedará obsoleto en poco tiempo.

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FECHA DE RECEPCIÓN: ENERO DE 2009

FECHA DE ACEPTACIÓN Y REVISIÓN FINAL: JUNIO DE 2009

PP: 221 - 229 221

 
 
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