Sociedad Global
Revista de relaciones internacionales y ciencias políticas
ISSN 1851-6262

LOS ESTUDIOS SOBRE POLÍTICA EXTERIOR Y SISTEMA INTERNACIONAL EN ARGENTINA (I)
Entrevista al Dr. Juan Archibaldo Lanús

 

Juan Cruz Vazquez

 

DIPLOMÁTICO DE CARRERA, EMBAJADOR DE LA REPÚBLICA ARGENTINA EN FRANCIA (1994 A 2000 Y 2002 A 2006) Y ANTE LA UNESCO (2002 Y 2003). SECRETARIO DE ESTADO DE RELACIONES EXTERIORES (1989). HA SIDO CONDECORADO EN VARIAS OCASIONES DE SU CARRERA. DOCENTE DE LA CÁTEDRA DE ECONOMÍA POLÍTICA DE LA FACULTAD DE DERECHO (UBA) Y PROFESOR DE HISTORIA DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES (ISEN). AUTOR DE NUMEROSOS TRABAJOS PUBLICADOS COMO LIBROS Y ARTÍCULOS.

FECHA: 12 DE OCTUBRE DE 2009

LUGAR: ESTUDIO DEL DR. JUAN ARCHIBALDO LANÚS

JCV: ¿Cómo describiría el origen y desarrollo de los estudios de política exterior y su evolución particular en la Argentina?

JAL: Los primeros estudios sobre política exterior fueron abordados desde un punto de vista histórico y se abocaron a la diplomacia de la Revolución de Mayo y a las misiones al extranjero para buscar un príncipe europeo que quisiera hacerse cargo de una virtual monarquía en el Río de la Plata. Había una serie de referentes (Manuel Belgrano entre ellos, un ferviente monárquico) que propugnaban la monarquía para la Argentina. Debemos tener en cuenta que por esa época estaba en pleno auge la política del Congreso de Viena, que instaló como paradigma político la Restauración monárquica frente a lo que fue la experiencia republicana y del Imperio francés. Allí empiezan, yo diría, los estudios de la política exterior en nuestro país. También se vislumbran, en ese lapso, distintos escritores que se ocuparon de las negociaciones con Gran Bretaña en 1825 y de la Guerra del Brasil; y de estudios en la época de Juan Manuel de Rosas, abocados a las tensiones y negociaciones en torno a las relaciones argentinas con Gran Bretaña y Francia.

Es decir, el estudio de la política exterior se originó desde adentro mismo de la Argentina, de los problemas más fundamentales de la Nación, que fueron por entonces la configuración de un sistema de gobierno, las bases de negociación y relación con grandes potencias de la época, y de las guerras exteriores, de las cuales la más importante, y la primera de ellas, fue la guerra contra Brasil en 1826 (la Guerra del Paraguay –que fue una guerra de mucha importancia– sugestivamente no generó tanto interés en su estudio).

Allí comienza esta búsqueda de lineamientos de política exterior para el país y por ende de los primeros estudios sobre el tema. La búsqueda y los estudios continuarían esta línea hasta los umbrales del siglo pasado. Fue en esa bisagra que tuvo mucha visibilidad la participación argentina en la Primera Conferencia Panamericana de 1889, donde nuestro delegado Roque Sáenz

Peña rechazó la propuesta del Secretario James Blaine de crear una Unión Aduanera Americana (Zollverein Americano), y fue en esa oportunidad cuando Sáenz Peña pronunció un discurso que finalizó con la frase: “Sea América para la Humanidad”.

En los inicios y primeros años del siglo XX los grandes temas abordados en política exterior tomarían tintes jurídicos: la Argentina tendría allí una gran participación en todo lo que es la búsqueda de un orden jurídico para la región y para el mundo. Surgen los estudios alrededor de la Doctrina Drago; la Doctrina Calvo; todas las propuestas y análisis sobre los sistemas de arbitraje. Con la Doctrina Drago la Argentina estaría así en el génesis de lo que podría llamarse el Derecho Internacional Americano, que tanto va a influir luego en el sistema mundial y multilateral. Cabe destacar aquí los trabajos y estudios sobre las cuestiones de asilo, o sobre la no injerencia exterior en los asuntos internos, muy vinculado a la política norteamericana y como respuesta a ésta. Deben destacarse las obras de Martín García Merou Política Internacional de los Estados Unidos, publicada en 1901; y de Vicente G. Quesada Derecho Internacional Latino-Americano, La política del Brasil con las Repúblicas del Río de la Plata, y Política Imperialista del Brasil, obras publicadas entre 1918 y 1920.

La Argentina tendrá grandes actuaciones en lo que concierne a su posición contraria a la injerencia en los asuntos internos de los Estados, como es el caso de la invasión de Veracruz por los “marines” de los Estados Unidos, que provocó una tormenta política en México (un poco antes de la I Guerra Mundial) y donde la Argentina tuvo una exitosa gestión mediadora. También debe resaltarse en este período la primera gran actuación internacional de la Argentina, que tendría lugar en el Congreso de Versalles, allí participará activamente en la negociación del Tratado que va a llevar a la formación de la Sociedad de las Naciones.

Ya en la década del ‘20, con Yrigoyen, los grandes temas de estudio en política exterior discurren sobre la no injerencia, la soberanía, y la dignidad nacional; pero se vislumbrarán nuevas perspectivas de estudio con temas que se comienzan a instalar en el escenario internacional: un ítem muy importante que yo siempre destaco como una de las grandes actuaciones argentinas es el pacto anti-bélico, una propuesta de Saavedra Lamas que tiende a sustituir el Tratado Briand-Kellogg de 1928. La idea argentina respecto al tratado anti-bélico creo que es un tema muy interesante y que tiene mucha literatura. Otro tanto puede decirse de las negociaciones con Gran Bretaña y Estados Unidos que llevan a la firma del pacto Roca-Runciman el 1° de mayo de 1933.

Es decir: el origen de los estudios sobre política exterior en la Argentina tendrán relación directa con los eventos históricos que se van sucediendo y en los cuales el país participa: los grandes temas se van instalando, y con ellos los estudios nacionales sobre éstos, tomando primeramente una perspectiva histórica, y posteriormente jurídica. En este sentido, cabe destacar la obra de Miguel Ángel Cárcano Política Internacional en la historia argentina, en tres tomos, publicada en 1973. A su vez, el período histórico desde Mayo hasta la Segunda Guerra Mundial es abarcado en la obra de recopilación documental La política internacional de la Nación Argentina (1941) de Carlos Alberto Silva.

JCV: ¿Qué lugar ocupan actualmente los estudios sobre política exterior frente a otros temas de la ciencia política y relaciones internacionales?

JAL: Creo que en Ciencia Política la producción de libros sobre las relaciones internacionales es menos importante que la que se escribe en materia de política interna, ya que como disciplina está más centrada en cuestiones como la democracia, los Derechos Humanos, el funcionamiento del sistema político… y en estos términos la política exterior se radica más en lugares especializados en relaciones internacionales.

Los estudios sobre política exterior protagonizan un salto cualitativo en la década del ‘80, y es allí donde adquieren un lugar distintivo. Hasta entonces, como dije precedentemente, la bibliografía importante y con calidad no es muy numerosa, salvo en lo referido a obras de Derecho Internacional, donde sí hay un gran trabajo documental y analítico, con autores como Moreno Quintana, Antokoletz, Bollini Shaw y otros. A partir de la década del ‘80 se conocen muchos estudios sobre política exterior y relaciones internacionales de autores argentinos. Cabe destacar la obra de Mario Rapoport Gran Bretaña, Estados Unidos, y las clases dirigentes argentinas, 1940-1945; y de Ricardo Alberto Paz El conflicto pendiente (tomo I: Frontera con Chile; y tomo II: El Beagle y el Cabo Hornos).

JCV: ¿Qué ámbitos académicos y/o institucionales marcaría usted como centrales en los estudios sobre política exterior?

JAL: La Universidad de Belgrano (UB) tiene un muy buen equipo y ha manifestado preocupación sobre este tipo de estudios. Lo mismo se puede decir de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), que ha asumido un fuerte liderazgo en análisis de política exterior.

En términos institucionales cabe nombrar a la misma Cancillería argentina, que durante muchos años ha publicado sus Memorias, pero que desgraciadamente está descuidada, porque la biblioteca histórica –la gran biblioteca– que supo estar en el tercer piso del Palacio San Martín fue desmontada y puesta en cajones y así vivió durante muchos años, ya que no se hizo la nueva biblioteca, ni el nuevo edificio previó un lugar para ese fin.

En lo que hace a los “archivos documentales” difícilmente pueda emplearse ese concepto, ya que se trata de un depósito de documentos, que estuvo muchos años en la calle Cepita, cerca del Riachuelo. El archivo de Cepita estuvo allí durante años en cajas, a cargo de dos personas (una encargada y un ordenanza) con mucho afán de trabajo, pero insuficientes conocimientos para poder organizarlo adecuadamente. Creo que ahora se están haciendo grandes esfuerzos para procesar en microfilms todos esos papeles.

JCV: ¿Qué referentes locales destacaría usted en la actualidad sobre este tema?

JAL: La producción de libros sobre política exterior argentina ha crecido exponencialmente, y sus autores y referentes son numerosos de acuerdo a la época y la relación concreta entre países que se analiza: imposibles de plasmar todos aquí.

Por un lado, y en términos históricos, los referentes que hicieron la política exterior en el siglo XIX no han dejado casi memorias sobre sus actuaciones: y ése es un problema al que se suma que nuestros archivos fueron siempre muy deficientes, muy malos. Porque usted, si quiere hacer un estudio de la política exterior argentina, debe trabajar sobre archivos como documentos fundamentales, ya que la prensa de cada época no refleja exactamente esas múltiples gestiones. Es por ello que en términos de investigación sobre documentos originarios argentinos encontramos pocos estudios o ensayos sobre la política exterior argentina, y que en la actualidad se nos dificulta trabajar sobre esas épocas fundacionales.

Un referente que ha ayudado documentalmente a trabajar el tema es Carlos Silva, que ha escrito un libro enorme de documentos que se llama La política exterior de la Nación argentina, que ya cité. Después encontramos trabajos fundamentales de Estanislao Zeballos, de Moreno Quintana, de Calvo y de clásicos como Antokoletz y Ruda. También cabe nombrar varios estudios realizados por la Academia Nacional de Historia, y este no es punto menor, ya que muchos de nuestros libros sobre el tema están enfocados al aspecto histórico del Derecho. El estudio concreto de la política exterior, en sí misma, considero que es más reciente.

Asimismo, y tanto en términos de trayectoria como de publicación reciente, pueden nombrarse algunos trabajos que me han sido muy interesantes y sólidos: Mario Rapoport hizo un libro muy bueno sobre las relaciones entre Inglaterra y Estados Unidos, otro tanto puede decirse de algunos libros muy interesantes de Vicente Palermo dedicados a esta veta. Por su parte, Carlos Uriburu Rivas ha estudiado y publicado recientemente un libro de política exterior argentina entre 1853 y 1916, que constituye un nuevo aporte sobre esa época. Y bueno, para no ser demasiado modesto, debo citar mi propia obra.

JCV: ¿Y qué referentes mundiales nombraría usted como más influyentes en estudios sobre la política exterior en términos genéricos?

JAL: Sin duda Hans Morgenthau, Pierre Renouvin y Jean-Baptiste Duroselle son referentes indiscutidos en el tema, que han hecho aportes significativos en el terreno teórico e histórico, y que he leído mucho. Al haberme dedicado mucho al tema de las instituciones, he leído mucho a Claude Albert Colliard, y en este sentido también me ha sido muy importante la obra de MacGann y sus observaciones sobre las relaciones panamericanas. En cuestiones militares es central la obra de Pierre Lelouch, que ahora es Subsecretario de Asuntos Europeos; y en términos de cooperación económica internacional debo señalar centralmente a Jacques L’Huillier. Destaco también a Paul H. Nitze en su obra From Hiroshima to Glasnot: At the Center of Decision, y los trabajos de Andre Fonaine sobre la Guerra Fría. En las dos últimas décadas la producción extranjera es enorme y de autores muy variados. Deben destacarse Henry Kissinger, Joseph S. Nye y Robert Kagan, representando este último el pensamiento neoconservador.

Finalmente quiero destacar que para tener un cuadro de la realidad internacional a partir de la década del ochenta hay que analizar el fenómeno de la globalización. Sobre este tema hay una obra muy extensa y variada.

Independiente de la especificidad de los estudios sobre política exterior, los libros sobre historia mundial también los he leído mucho porque me parecía muy importante conocer la historia que determinaba el actuar internacional de cada uno de los Estados.

Por otra parte, y en términos de la teoría del poder, he trabajado los autores clásicos como Maquiavelo, Hobbes y toda la teoría realista; de los que he abrevado para escribir mi libro La doctrina del poder y el sistema internacional.

En fin, hay una bibliografía enorme de la que he abrevado para mis análisis sobre política exterior, y una lista exhaustiva seguramente excede el cometido de esta entrevista, por lo que le menciono algunos de los autores que más me han ayudado en mi trabajo y estudios sobre el tema.

JCV: Sin duda este campo de trabajo está relacionado directamente a su labor como diplomático de carrera, pero en su caso –y frente a otros temas que se pueden abordar en el espectro internacional– ¿Cuál fue la motivación por este tema y su trayectoria en este tipo de estudios?

JAL: Siendo diplomático me comenzaron a solicitar que diera conferencias sobre las cuestiones en las que había trabajado, ofreciéndome posteriormente que diera clases sobre el tema, por lo que finalmente me aboqué a trabajar la temática desde una investigación más profunda y una lectura sistemática. Así fue que, hacia 1970, todo lo que yo estaba haciendo desde mi lugar de diplomático lo empecé a elaborar de un modo más sistemático y a abrevar fuertemente de archivos documentales, y así escribí mi trabajo monográfico titulado La cooperación en el sistema de la ONU. Mi primer libro sobre la política exterior argentina fue: De Chapultepec al Beagle. Anteriormente ya había escrito La doctrina del poder y el sistema internacio-nal, donde abordé temas de política internacional, pero desde una óptica más teórica. En este sentido, De Chapultepec al Beagle fue una obra más documental y elaborada sobre un lapso (1945-1980) en la política exterior de nuestro país.

Asimismo, y en términos de relaciones internacionales, trabajé fuertemente el tema de cooperación internacional; realicé un análisis (que no salió publicado) sobre la I Conferencia de Comercio y Desarrollo, bajo el título: Aspectos orgánicos del Comercio Internacional de Postguerra. En fin, tengo muchos escritos publicados en revistas y diarios sobre temas internacionales.

JCV: ¿Y qué obras de su autoría destacaría usted en términos de análisis de política exterior y relaciones internacionales?

JAL: Siguiendo un orden cronológico, y acotándome a los libros que he escrito, mencionaría La integración económica de América Latina (Buenos Aires, Juarez editor, 1972); El orden internacional y la doctrina del poder (Buenos Aires, editorial Depalma, 1978); De Chapultepec al Beagle. Política exterior argentina: 1945-1980 (Buenos Aires, editorial Emecé, 1984); La causa argentina (Buenos Aires, editorial Emecé, 1988); Un mundo sin orillas (Buenos Aires, editorial Emecé, 1996); y Aquel apogeo. Política internacional argentina 1910-1939 (Buenos Aires, editorial Emecé, 2002).

JCV: ¿Y tiene algún otro proyecto editorial en puerta?

JAL: Ahora estoy escribiendo un ensayo en el que busco indagar por qué la Argentina se quedó empantanada, cuáles fueron las causas de un anegamiento en el desarrollo de nuestro país. Es todo un desafío ¿verdad?

JCV: Por último, y desde su percepción ¿Cuál es la incidencia de los estudios sobre la política exterior a nivel mundial?

JAL: Bueno, las teorías y los enfoques generales tienen poco en cuenta lo que se está escribiendo en nuestro país. Cuando tratan un tema en el que la política argentina tiene o tuvo alguna incidencia no pueden dejar de citar los documentos y análisis argentinos.

En lo particular del país, en lo que hace a su historia y sus actuaciones, los autores argentinos cuentan; pero, en lo que hace al sistema internacional su mención o referencia es poca. Yo he sido mencionado en el diario Le Monde y en algún diario norteamericano sobre el tema del sistema mundial cuando escribí Un mundo sin orillas. Inclusive, Pierre Bourdié –el gran sociólogo francés– lo consideró uno de los mejores libros sobre la globalización cuando comentó ese trabajo a mediados de la década del ‘90, siendo muy generoso en sus elogios. Pero en general somos pocos, y poco ayudados también por nuestra industria editorial y nuestros gobiernos.

El estado argentino no prestigia a los intelectuales, ni los utiliza ni los usa… mas bien los ignora; y la Cancillería, generalmente, está en manos de gente que no tiene una concepción integral de estos asuntos. Los cuadros superiores no están profesionalmente preparados –salvo excepciones– para ejercer responsabilidades en materia de gestión de la política exterior, son personas que están de paso, como muchos embajadores políticos que no les interesa el tema de la producción de conocimiento en este sentido: no dejan rastro con el paso por las funciones diplomáticas. Por ello es que se torna muy difícil, en un país con tanta inestabilidad y tantos cambios de rumbo, tener realmente una visión a largo plazo de la política exterior que responda a los intereses nacionales y no a los intereses coyunturales de los gobiernos, que son mas bien circunstancias transitorias o definiciones a partir de la ideología.

Cada vez más la política interna va influyendo en los cuadros y en el personal diplomático, que torna más inestable la dimensión de la política exterior. Yo diría que en la medida que la política partidaria y todos los avatares de la política interna abordan la Cancillería el asunto va a ir cada vez peor. Yo concibo el manejo de la política exterior y la gestión de los intereses nacionales argentinos con un criterio profesional, yo creo que si no hay un Estado profesional que diferencie bien claro Estado y Gobierno vamos a seguir igual, porque las negociaciones a largo plazo y complejas requieren personal estable y preparado: el gobierno debe dar las grandes líneas estratégicas, y la ejecución diplomática de los designios de la política exterior debe ser profesional.

JCV: ¿Algunas reflexiones finales o algo que desee agregar?

JAL: Tenemos grandes desafíos por delante con motivo de este Bicentenario, del cual muchos han hablado y pocos saben de qué se trata. Yo creo que es el momento de reflexión del camino recorrido y de definir las grandes tareas que faltan para cumplir con ese sueño de la gran Argentina, con esa promesa que fuimos y que todos en lo profundo de nuestra conciencia sabemos que no hemos realizado.

Entonces, es ese “¿Por qué no nos va mejor?” lo que yo intentaré ayudar a develar en el trabajo que estoy preparando, y es ésa la pregunta que debemos hacernos, es decir: qué debemos hacer para cambiar de rumbo. Si no cambiamos de rumbo, la Argentina seguirá el curso declinante de los últimos cuarenta años.

 
 
SOCIEDAD GLOBAL es una revista académica de la Universidad Abierta Interamericana. La versión digital es editada y mantenida por el Grupo de Investigación eumednet de la Universidad de Málaga.

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