Sociedad Global
Revista de relaciones internacionales y ciencias políticas
ISSN 1851-6262

EL MULTICULTURALISMO REVISITADO

 

Francisco José Calderón Vázquez
Profesor Asociado, Universidad de Málaga (España)
fjcalderon@uma.es 

 

RESUMEN

El presente artículo plantea una panorámica de uno de los conceptos más polémicos y controvertidos de la actualidad –el multiculturalismo– a partir de una revisión básica de sus coordenadas histórico-culturales y de sus autores más significativos. La coyuntura de grave contracción económica mundial por la que transitamos y las posibles connotaciones proteccionistas que podrían derivarse de la misma, hacen todavía más sugestiva la revisión de uno de los referentes culturales esenciales del Occidente en el último tercio del Siglo XX.

PALABRAS CLAVE

Multiculturalismo, Pluralismo, Migraciones, Etnias, Razas, Globalización.

ABSTRACT

This paper reviews one of the most polemic and controversial concepts nowadays – such as the multiculturalism– in historical-cultural coordinates and from the perspective of those authors conceived to be essential in its debate. The actual worldwide economical contraction situation and the potential protectionist shade upon it, suggest even more a review upon one of the essential occidental cultural basis in the last decades of the XX Century.

KEY WORDS

Multiculturalism, Pluralism, Migrations, Ethnicity, Races, Globalization.

RESUMO

O presente artigo brinda uma panorâmica sobre um dos conceitos mais polêmicos y controversos da atualidade –o Multiculturalismo– a partir de uma revisão básica das suas coordenadas histórico-culturais y de seus autores mais significativos. A atual situação de grave constrição econômica mundial que transitamos y as conotações protecionistas que poderiam resultar da mesma, fazem ainda más sugestiva a revisão de um dos referentes culturais essenciais do hemisfério nas últimas décadas do Século XX.

PALAVRAS CHAVE

Multiculturalismo, Pluralismo, Migrações, Etnias, Raças, Globalização.

1. Introducción

La tendencia a la multiculturalidad aparece como una constante, reiterada en todo el escenario internacional. No en vano, en las décadas finales del siglo XX el mundo ha asistido a una de las mareas migratorias más impresionantes de la historia humana. Los flujos migratorios procedentes de Asia, África y América con destino a la zona UE registraron un fuerte incremento, alrededor del 75% en el período comprendido entre 1980 y 2000, registrando Estados Unidos y Canadá aumentos aún mayores1 (PNUD, 2004).2

La aceleración de los movimientos y flujos migratorios, provocada por la globalización, está cambiando muy rápidamente el perfil étnico y cultural de muchos países en la escena internacional. En particular de los estados occidentales, principales receptores de dichos flujos. Las sociedades occidentales aparecen cada vez más como una suerte de patchwork o mosaico de grupos mayoritarios y minoritarios identificados por su lengua, etnia, cultura o status económico, el resultado es una suerte de miscelánea mundial en la que es muy difícil encontrar países homogéneos.3

La magnitud de tales cifras parece indicar con claridad que la multiculturalidad no resulta ser un fenómeno coyuntural, pasajero o esporádico, sino que parece haber arraigado con fuerza. En palabras de Amartya K. Sen (2004)4 “…ha venido para quedarse”, fundamentalmente, porque la situación de multiculturalidad es en gran medida el resultado de procesos migratorios sostenidos. Procesos cuyo motor a lo largo de la historia no ha sido otro que la búsqueda de mejores horizontes personales y familiares. La aspiración a la mejora, una de las más humanas que pueda albergar un ser humano, no parece que pueda ser relativizada. Por ello mientras existan hombres y mujeres, llenos de sueños, urgencias y necesidades, sobre la faz de la Tierra, parece muy difícil que tales dinámicas migratorias puedan ser abortadas, malogradas o interrumpidas, por más que se repriman, obstaculicen o traten de impedirse.

Por ello, resulta muy sugestivo profundizar en el conocimiento de los conceptos y posicionamientos teóricos que han dado cuerpo al mundo global de nuestros días, paradigma de los cuales es el Multiculturalismo.

2. Aproximación a un concepto ambiguo

Los conceptos “Multiculturalidad” y “Multiculturalismo” presentan perfiles imprecisos, por cuanto que la replicación de dichos términos en diferentes disciplinas, contextos temporales y ámbitos operativos, así como su utilización por múltiples actores, ha traído aparejada, tantas veces, su desvirtuación y pérdida de significado. Habiendo quedado dichos conceptos marcados por el estigma de la ambigüedad.

Desde una perspectiva operativa, el término multiculturalidad se refiere a la coexistencia en un mismo espacio socio-territorial de individuos y grupos de individuos pertenecientes a distintas etnias, culturas y nacionalidades (Cortina, 2005). La multiculturalidad describe, por tanto, una situación de hecho con connotaciones de pluralidad de identidades y de diversidad étnicocultural (Arango, 2002)5. El término multiculturalidad aparece referenciado al de multiculᆳturalismo que, empleado como adjetivo, se utiliza normalmente para designar el sesgo hacia el reconocimiento y la promoción de la diversidad que se da en la orientación de determinadas políticas inmigratorias, dirigidas a favorecer y estimular la integración de los flujos migratorios y de las minorías étnicas en la sociedad de acogida. Políticas cuyo objetivo es impedir procesos de asimilación de los distintos grupos, culturas o nacionalidades minoritarias por los grupos mayoritarios o el Estado.

En este sentido, las políticas multiculturalistas pretenden dar respuesta a ᆳtenciales como las siguientes ¿Cómo afrontar los retos que supone la presencia de grandes flujos migratorios en el seno de las sociedades de acogida? ¿Cómo abordar los problemas cotidianos derivados de la integración o incorporación de grandes grupos de inmigrantes a la sociedad receptora? ¿Cómo afrontar procesos de construcción comunitaria partiendo de realidades étnicas y culturales que parecen los fragmentos de algún macro rompecabezas?

A partir de esta base, la multiculturalidad en ciertas coordenadas ideológicas puede recibir un significado determinado, mientras que en otras puede recibir significados distintos e incluso contradictorios (Sartori, 20016; Kymlicka, 1996)7 lo que redunda en su perfil impreciso, necesitado de casuística aclaración (Rodrigo Alsina, 1997)8. De ahí que determinados autores (Vázquez Rial, 20019; Estrach, 200110; Rodrigo Alsina, 1997; Lamo de Espinosa, 1995)11 señalen los aspectos sombríos del multiculturalismo actual. Entendiendo que detrás de determinadas propuestas multiculturales podrían identificarse “retóricas de exclusión”, es decir: la orientación de determinadas corrientes de pensamiento a plantear una visión de las culturas como bunkers incomunicados. Compartimentos estancos no permeables, no susceptibles de relación o interacción.

Tales planteamientos resultan análogos, por acción u omisión, a los viejos arquetipos racistas. Si bien en los nuevos formatos la añeja exclusión racial, viene sustituida por la exclusión por identidad cultural. En estas coordenadas, la cultura se entiende como mecanismo de atribución de status y por tanto de exclusión, en definitiva una nueva versión de racismo, sólo que sin razas (Vertovec, 1996; 1999).12

Esta perspectiva “monolítica” o estática de la cultura, operando una suerte de reduccionismo cultural, planteada por autores como Huntington (1997) se contrapone a la perspectiva dinámica de mezcla o miscelánea cultural. Siguiendo a Marvin Harris (1990)13 las culturas actuales suelen ser el resultado de la combinación de elementos provenientes de otras culturas,14 fusiones o hibridaciones culturales resultantes de siglos de contacto. Para Harris (2001),15 la cultura no es una realidad fija o invariable, como parecen pretender las corrientes englobadas dentro del determinismo cultural. Sino que al ser dinámica está en constante cambio, sufriendo y ejerciendo recíprocamente influencias sobre otras culturas. Para Said (1996)16 las culturas son un fenómeno complejo y mestizo, resultado de mutuas y múltiples interacciones. Siguiendo a Adela Cortina (2005)17 las culturas han aprendido con la interacción, y continúan evolucionando. Por ello, aunque en la temática cultural exista una acentuada tendencia a la continuidad, parece coexistir con una evidente propensión al cambio. De ahí que las líneas de frontera culturales sean movibles, aunque la velocidad de dicho movimiento posiblemente resulte lenta.

Otros autores cuestionan la propia trascendencia y relatividad del concepto, alegando que la multiculturalidad puede ser una realidad de facto, o una de las muchas tendencias de las modas intelectuales actuales (Savater, 2004),18 o incluso un mero discurso, incluido dentro de lo que actualmente se consideraría “políticamente correcto” (Hopenhayn, 2000)19 todo dependería de cómo se formulen e implementen las propuestas multiculturales.

3. Los orígenes del multiculturalismo

Como tal concepto, el multiculturalismo aparece en la segunda mitad del siglo XX en el contexto académico anglosajón y norteamericano. Siguiendo a Sartori (2004) las trazas del concepto se remontan a las corrientes neomarxistas inglesas fuertemente influenciadas por el relativismo de Michel Foucault (1995)20 y las ideas de la postmodernidad de activación de las diferencias y los islotes culturales de Jean François Lyotard (1989).21

En su dimensión ideológico-cultural, siguiendo a Oleza (2003)22 los contenidos esenciales del multiculturalismo provienen en gran medida del marco teórico de los Cultural Studies, contenedor que engloba toda una serie de corrientes teóricas como el deconstruccionismo de John Brenkman,23 el neomarxismo de Frederick Jameson24 o el posmarxismo de Edward Said,25 entre otros.

Los Cultural Studies irrumpen con fuerza en el panorama académico norteamericano a partir de los ‘80, constituyendo su común denominador el hecho de ser promovidos desde posicionamientos ideológicos de izquierda. En este sentido, parecen palpables las influencias marxistas europeas y el postestructuralismo de Michel Foucault (1980).26 Los Cultural Studies podrían entenderse como una reacción contra el universalismo occidentalista surgida en un país como los Estados Unidos de Norteamérica de acentuada esencia multiétnica y multicultural, aunque a pesar de proyectarse como bandera de las ideas asimilacionistas del crisol de razas y del melting pot, parezca esconder bajo su epidermis, fuertes contradicciones y conflictos entre dichas etnias y culturas.

En el complejo y, a veces abigarrado, panorama teórico del multiculturalismo, destacan por su carácter de referente las tesis de W. Kymlicka (1996) centro de la corriente denominada “liberalismo multicultural”. Tesis que podría encuadrarse dentro del marco teórico del liberalismo político (Rawls, 1987;27 Gray)28 y de los principios liberales de tolerancia, en virtud de los cuales se plantea la neutralidad del Estado29 frente a las diversas opciones individuales respecto a lo que ha de ser una “buena vida”. Debe remarcarse, empero, que en determinados aspectos puntuales la tesis de Kymlicka tiende a exceder las fronteras del liberalismo estricto, manteniendo zonas de contacto con el liberal-comunitarismo de Charles Taylor (1993)30 y con las tesis comunitaristas de “igualdad compleja” de Michael Walzer (1998),31 Alisdair McIntyre (1987),32 Michael Sandel (2000)33 y Benjamín Barber (1984).34 De hecho, Kymlicka (1996) no plantea una visión individualista metodológica en sus escritos, no concibe a los seres humanos como tales “átomos aislados” sino como tales sujetos sociales y comunitarios, insertos en redes de adscripción social y pertenecientes por tanto a grupos de identidad cultural determinada. Adscripción que constituye un ingrediente esencial en sus vidas, al proporcionar sentido y autoestima.

Para Kymlicka (1996)35 un estado es multicultural tanto cuando sus miembros pertenecen a naciones diferentes, situación que este autor denomina “estado multicultural”; como cuando por causa de emigración personal o familiar provengan de otras naciones, situación considerada “estado poliétnico”. Por tanto, para este autor, las diferencias nacionales36 y étnicas constituyen la columna vertebral del multiculturalismo.

Siguiendo tales directrices, una sociedad sustentada en los principios de la tolerancia liberal debería tratar a todos los que la integran con igual consideración y respeto. Desde la óptica liberal, resultaría inadmisible aceptar la existencia de un dualismo social que estratificase a los ciudadanos en función de su pertenencia grupal y cultural en ciudadanos de clase A (los pertenecientes a los grupos mayoritarios y dominantes) y ciudadanos de clase B (los pertenecientes a grupos minoritarios, marginales o relegados) Para evitar dicho dualismo se haría necesaria la construcción de un entorno positivo al reconocimiento mutuo y recíproco entre ciudadanos. Este contexto positivo tendría que posibilitar que los ciudadanos (independientemente de cuál sea su grupo de adscripción) se perciban como iguales y se reconozcan entre sí (Taylor, 1993).

Por tanto, se preconiza para la construcción de dicho entorno la adopción de un formato contenedor multicultural que permita la integración de los diversos grupos étnico-culturales en condiciones de igualdad. Constituyendo su idea básica el reconocimiento del derecho a ser diferentes, o lo que es igual a participar en la vida común manteniendo sus diferencias. El formato contenedor multicultural requiere para su puesta en marcha de la adopción de medidas compensatorias o de protección para el respeto a las minorías, proponiéndose por Kymlicka (1996) el reconocimiento y atribución de los denominados “derechos diferenciados en función del grupo” para las minorías y grupos minoritarios.

El reconocimiento de tales derechos implica para Kymlicka (1996) el necesario conocimiento de sus límites, lo que implica para los titulares y beneficiarios de tales derechos un ejercicio responsable de los mismos.37 El conocer y aceptar las dos caras de la moneda resulta fundamental, ya que para este autor la evidencia empírica histórica indica con nitidez que “la probabilidad de que los grupos étnicos y nacionales abusen de sus derechos y de sus poderes es muy elevada”.

Desde la óptica del liberalismo clásico, el reconocimiento de las diferencias y la atribución de derechos “diferenciales”38, así como las prácticas compensatorias o discriminatorias positivas en favor de los grupos o minorías étnicas o culturales, ha sido visto tradicionalmente con preocupación. Por cuanto suponía, por un lado la ruptura fáctica del principio fundacional de la igualdad individual e institucional, y por otra, la debilitación de la identidad cívica compartida y el nivel de compromiso de los miembros de esa sociedad (Kymlicka y Straehle, 2000), lo que en principio casaba mal con la idea de neutralidad del estado “liberal” frente a las múltiples y diversas opciones individuales.

Tal preocupación no es de extrañar, puesto que el núcleo del liberalismo viene constituido por la defensa de los derechos del individuo. Por lo que desde la perspectiva liberal tradicionalmente se ha venido considerando que el reconocimiento de derechos colectivos podría conducir a limitar los individuales. Para Kymlicka resulta decisivo que los grupos étnico-culturales no utilicen los derechos diferenciales como armas de ataque y defensa. Es decir, que los grupos no instrumenten sus derechos para someter a otros, ni tampoco para controlar u oprimir a sus propios miembros. En este sentido, Kymlicka (1996) considera esencial que las dinámicas grupales al interior de las minorías respeten los derechos individuales de sus miembros o, lo que es lo mismo, que sean utilizados sus derechos diferenciales como “restricciones internas” para limitar la libertad de acción de sus miembros a revisar críticamente las autoridades y las prácticas tradicionales.

Kymlicka (1996) parte del principio de que tratar a las personas como individuos, en un plano de igualdad “formalista”, supondría ocultar u omitir las injusticias que históricamente se han producido con respecto a las minorías étnico culturales, grupos de inmigrantes, etc. Por ello, en un mundo en el que la gran mayoría de países son multiculturales, o están deviniendo aceleradamente multiculturales, se impone al liberalismo político la necesidad de superar la tensión conflictual entre los derechos individuales y los derechos colectivos, promoviendo la articulación de los principios de libertad individual y justicia social, con la protección de las minorías.

4. Crítica y debate en torno al multiculturalismo

Dentro de los posicionamientos críticos con las tesis multiculturalistas podrían distinguirse tres grandes campos de acción: a) el liberalismo clásico de (Barry, 2001);39 b) los posicionamientos antimulticulturales (Sartori, 2001)40 y los postulados marxistas y neomarxistas (M. Hardt y A. Negri, 2002;41 S. Zizek, 1998).42

Desde la perspectiva liberal, Barry (2001) considera que el énfasis en la diferencia que las políticas multiculturalistas conllevan trae consigo un reforzamiento de los hechos diferenciales, ahondando las distancias en vez de acortarlas. Esto supone que los distintos grupos etnoculturales puedan tender a encerrarse en sí mismos, enrocándose en torno a “su” hecho diferencial, tendiendo a interactuar solo consigo mismos. Produciéndose en paralelo una baja interacción con los restantes y con la sociedad en su conjunto, impidiendo que surja un horizonte común, un proyecto común de sociedad con el cual puedan identificarse los individuos. Si cada grupo pretendiera políticas hechas a su medida, destinadas a satisfacer “sus” necesidades, el conjunto, o mejor dicho: la cohesión del mismo podría resentirse, cuarteándose el conjunto del sistema. Por tanto, para Barry, van a resultar incompatibles la perspectiva de grupo con la de sociedad, siempre y cuando el primero se anteponga a la segunda.

Sartori (2001) parte de la diferenciación fundamental entre pluralismo y multiculturalismo. Para este autor el pluralismo tiene su origen en las guerras de religión europeas de los siglos XVI y XVII, la separación de Iglesia y Estado y en la aparición del concepto de tolerancia. El Pluralismo, como expresión de tolerancia, supone apertura a la diversidad, es tolerante con la diversidad pero no la exalta, valora o enfatiza. El multiculturalismo, en cambio, designa por una parte una situación de hecho que indica la multiplicidad de culturas y por otra una proclama política que pretende enfatizar e institucionalizar las diferencias, considerándolas valor prioritario, piedra angular de la construcción social. Sartori percibe al multiculturalismo como un proyecto político de “promoción” de las diferencias culturales que puede traer consigo la fragmentación o “balcanización” de la sociedad. Este autor plantea el problema de la tolerancia con los intolerantes, en palabras textuales: jusqu’à quel point la société doit-elle être ouverte? (Sartori, 2003)43 considerando que las democracias liberales deberían prescindir de las identidades peligrosas. Señalando como tales a los flujos migratorios de matriz islámica. Los planteamientos del autor parecen responder a posicionamientos de la derecha liberal europea, lo que indica y explica la gran influencia que parecen haber alcanzado sus tesis a raíz de la vorágine de los atentados del 11-S y sus corolarios en Europa.

Tanto para Barry como para Sartori, la recepción de individuos y grupos opuestos o enfrentados a los valores e ideas seminales de las sociedades liberal-democráticas, su reconocimiento legal y la consiguiente atribución de derechos diferenciales que propugnan las propuestas multiculturalistas, podrían significar una especie de caballo de Troya que podría suponer, a la postre, la desintegración de la sociedad. Para Barry, el problema existencial del multiculturalismo radica en las “sociedades paralelas” que podrían crearse y coexistir al interior de un mismo estado, con lo que al vivir cada uno enrocado en su diferencia legalizada, en cuanto reconocida por el sistema jurídico institucional, la interacción intercultural podría ser muy débil. Por ello, este autor considera que si el horizonte grupal se antepone al horizonte societario, el resultado será la inexistencia de un destino común, un proyecto común de futuro que agrupe y galvanice la diversidad étnico-cultural.

Desde la perspectiva marxista se procede a una intensa revisión crítica del multiculturalismo. Se entiende que el multiculturalismo aborda la diversidad como tal diferencia “cultural”, omitiendo el contexto de desigualdad socioeconómica y sociopolíticas donde la diversidad se produce. Asimismo, se considera que el multiculturalismo, al uso, presenta un carácter sustancialmente “eurocéntrico”, tratándose de un producto nítidamente liberal, típico producto de diseño y elaboración del ámbito académico cultural anglosajón.

Para Zizek (1998) el multiculturalismo podría considerarse una suerte de ideología del capitalismo global,44 una especie de facilitador de la globalización del capital, que repite el mismo esquema relacional que los viejos imperios coloniales decimonónicos imponían entre la metrópoli y sus colonias. En dichos planteamientos la metrópoli colonizadora trataba al pueblo colonizado como “nativos”, cuya cultura debería ser estudiada y “respetada” cuidadosamente. Para Zizek (2004)45 el “…poder colonizador no proviene más del Estado-Nación, sino que surge directamente de las empresas globales. A la larga, no sólo terminaremos usando la ropa de una República Bananera, sino que viviremos en repúblicas bananeras”.

Los posicionamientos marxistas o neomarxistas entienden que el multiculturalismo, bajo una aparente “defensa” de la diversidad y promoción del “pluralismo” enmascara una poderosa forma “indirecta” u oblicua de racismo46, puesto que no procede a confrontar los valores de la cultura occidental-europea o cualquier otra con las otras culturas, sino que se mantiene en una especie de posición neutral, “superpartes” de “universalidad”. Desde esta posición en las alturas se pueden contemplar las otras, pero da la impresión que el pretendido respeto por la cultura del otro parece más una afirmación de la superioridad propia.

5. Conclusiones

La evidencia empírica de la historia mundial plasma que el auge y caída de los conceptos y, en definitiva, de las ideas que representan, puede traer cambios drásticos en la configuración del panorama social, como si de “modas” se tratase. En este sentido, los vientos de crisis agudan y barren el escenario occidental, y sus problemáticas secuelas en términos de invocaciones continuas a posicionamientos proteccionistas no parecen augurar buenos tiempos para las dinámicas relacionales ya se expresen éstas en términos mercantiles o personales. El multiculturalismo es una expresión, posiblemente la más significativa, de estas dinámicas relacionales, en lo personal y en lo social.

A pesar de las contradicciones y ambigüedades antes reseñadas, la idea multicultural ha dado vida y cuerpo a realidades humanas muy significativas y a esquemas de desarrollo de convivencia cosmopolita de los más depurados de la historia humana. Por ello, los posibles altibajos que los posicionamientos multiculturales puedan afrontar en un mundo en grave crisis, no pueden oscurecer su carácter de referente básico en un mundo que algún día será una gran Kosmoupolis como soñaron los filósofos estoicos y epicúreos 2.500 años atrás.

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FECHA DE RECEPCIÓN: FEBRERO DE 2009

FECHA DE ACEPTACIÓN Y REVISIÓN FINAL: MAYO DE 2009

PP: 157 - 170 157

 
 
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