Carolina Molinari
Carlos Calderón y José Gómez son los coordinadores de un grupo de investigación
patagónico que, en el ámbito de la Universidad Nacional del Comahue, hace ya
muchos años se dedican al estudio de la Historia política y social de Galicia,
especialmente el período que comprende la Edad Media y principios de la Moderna.
La dedicación casi exclusiva a esta temática y el estudio de fuentes de la época
(como las actas de la Junta de Galicia o los relatos de cronistas locales) les
han permitido desarrollar interpretaciones propias de este período histórico,
muchas veces alejadas de los conceptos explicativos que presenta la
historiografía española clásica.
Producto de este trabajo minucioso y artesanal Política, poder y centralización
es un libro de análisis histórico muy bien documentado, inscripto en lo que se
denomina toria Política, corriente historiográfica que focaliza en las
relaciones de poder como medio para interpretar el pasado. Anclado temporalmente
en los fines de la Edad Media y el surgimiento del Estado Moderno o Absolutista
Español (S. XV al S. XVII) los autores realizan un análisis de los grupos de
poder y los órganos de gobierno local del Reino de Galicia. En el período
estudiado el territorio gallego se encontraba signado por guerras
intranobiliarias y dinásticas, pestes, malas cosechas, etc.; que envolvían al
Reino en una “…conflictividad que se materializaba en una lucha de todos contra
todos” (p. 13). Es sobre esta Galicia anárquica que los Reyes Católicos deciden
imponer su programa de pacificación, institucionalización y definitiva
integración del reino a la monarquía castellana. Así, los autores buscan
acercarse en los sucesivos capítulos a las distintas formas de articulación del
poder local con la monarquía centralista.
Las fuentes históricas analizadas les permiten a los autores afirmar que el
reino de Galicia no aceptó sin más el dominio de la Corona, de hecho las
reacciones en contra del centralismo fueron violentas. No obstante, el poder
centralizador terminó por imponer la dominación, y los nobles gallegos
detractores fueron asesinados o expulsados del territorio. Sin dejar de señalar
esto, los autores reconocen el pedido de justicia que Galicia realiza a la
Monarquía Castellana y la “relativa” calma social que aporta la implantación en
el territorio gallego de las instituciones de Justicia monárquica. Esta relativa
paz, confiere el fundamento para la legitimación de la do-minación del poder
centralizador. Además, dentro de las relaciones de poder centro-periferia, los
autores muestran cómo se realizaron acciones de negociación política, que
beneficiaron tanto a los detentadores del poder local como al Estado
Centralizador Católico.
El libro recopila ocho artículos: los cuatro primeros escritos por Calderón y
los cuatro últimos por Gómez.
En el primer artículo Calderón nos acerca al contexto social y político que
imperaba en el Reino de Galicia en los S. XIV y XV. Describe robos, pestes,
conflictos intranobiliarios, entre otros infortunios. Este escenario propicia el
caldo de cultivo para el surgimiento del movimiento irmandiño: “…al que algunos
autores por el grado de beligerancia y cuestionamiento social alcanzado, han
definido como revolucionario y que otros atribuyen a la ruptura de los marcos de
contención instituidos por la iglesia” (p.17). Este movimiento estaba integrado
por campesinos, burgueses e hidalgos cansados de los robos, asesinatos,
depredaciones, cobro de excesivos tributos y otras manifestaciones de la
violencia nobiliaria. También relata los conflictos que provocaba la imposición
de la soberanía de los Reyes Católicos sobre el reino de Galicia, que no estaba
dispuesto a reconocerlos sin más.
El segundo artículo, nos relata las dificultades para implantar la dominación
monárquica de Isabel y Fernando en el territorio gallego, a través del análisis
de una crónica de la época “recuento de las casas antiguas del Reino de
Galicia”, redactada por Vasco de Aponte, Secretario del conde Don Fernando de
Andrade. Por intermedio de este documento se llega a las impresiones de los
gallegos ante la llegada de los primeros funcionarios monárquicos. La creación
en 1480 por los Reyes Católicos del cargo de gobernador, el cual era un delegado
del poder central en el territorio y su cometido era traer justicia y orden,
objetivo en parte cumplido a través de la eliminación o expulsión de la nobleza
opositora.
El tercer artículo aclara el concepto de “Casa hidalga” en referencia al sistema
señorial gallego. La “Casa” era una institución socio económica de ordenamiento
social (ya que organizaban el dominio de las tierras sujetas a la explotación
agraria), pero también tenía un fuerte peso inmaterial o simbólico (apellido,
emblema heráldico) que implicaba el reconocimiento de su superioridad por parte
de la población. A través del análisis de los documentos de la época se señala
la organización de las relaciones de superioridad y dependencia establecidas
entre las distintas “Casas” gallegas.
El cuarto artículo, nos muestra un ejemplo de la relación conflictiva entre
Galicia y el centro Castellano. A través del análisis de las actas de la Junta
de Galicia (órgano de gobierno del reino de Galicia creado en el S. XVI) se
observa el constante pedido a la Corona de la restitución del voto en las cortes
de Castilla, ya que el reino de Galicia había perdido la representación directa.
A cambio de esto, otorgarían el aporte económico que solicitaba la Corona para
la construcción de galeones que defenderían las costas gallegas. Este hecho
puntual sirve de ejemplo para ana-lizar el juego de poder que suponía la
concesión de ciertos intereses para la Corona pero siempre a cambio de un factor
de representación y poder que permitiera ganar soberanía a favor de la nobleza
local. El grueso de la población “respondía” a los señores locales, por lo que
el poder central debía siempre negociar con la Junta para conseguir los tributos
y la defensa de las costas gallegas, eje de su política centralizadora. Así, el
voto en cortes es restituido en 1621-1622, lo que otorga la real representación
gallega ante el gobierno central. La junta del reino se convertirá en el
instrumento con el que se luchaba por mantener la soberanía gallega.
El primer artículo escrito por Gómez propone una reflexión en torno a la
Revolución Irmandiña de 1467 (hito en la historia medieval de Galicia). A través
de un estudio diacrónico, contextualiza lo ocurrido en la sociedad del Antiguo
Régimen: Galicia como reino cristiano, donde gobernar era sinónimo de hacer
justicia y el objetivo era el bien común. Explica que el poder señorial había
perdido legitimidad, y se había convertido en abusivo, no solo por la violencia
ejercida, sino también por el cobro de excesivos impuestos, especialmente en el
contexto de pestes, desastres climáticos y malas cosechas que se vivía. Los
sublevados atacaban las fortalezas de los señores por representar la expresión
más acabada de ese sometimiento. Así llega a la conclusión que la revuelta se
realizó gracias a la reacción de amplios sectores de la sociedad gallega que
veían que los grandes señores se estaban desviando de su función social (cada
uno tenía una en el Antiguo Régimen). Concluye que los actores que participaron
de la revuelta tenían como objetivo la restauración de la justicia de acuerdo a
los cánones de una sociedad cristiana, y no alterar la totalidad del orden
social, en una lucha de campesinos contra señores como muchas veces ha
interpretado la historiografía tradicional
En el segundo artículo, a través del análisis de un pleito promovido ante la
Audiencia de Galicia (institución judicial instaurada por los Reyes católicos)
por los vecinos, Gómez observa los mecanismos de mantenimiento del poder en el
territorio gallego. Según los datos de la época, las denuncias ante la Audiencia
contra los abusos por usurpación de tierras o cobro de excesivos tributos contra
los señores eran continuas. El sostenimiento de las desigualdades queda
demostrado cuando ante un fallo adverso el señor lo desobedecía, simplemente
porque el poder efectivo lo seguían detentando los nobles locales, sin que las
instancias judiciales centralizadas pudieran cambiar demasiado esta realidad de
fuerza del sistema señorial.
En el tercer capítulo Gómez desarrolla la idea de que la injerencia de los Reyes
Católicos en Galicia logró fortalecer grupos locales de poder: “…la intervención
real en los espacios locales llevó aparejada la formación de un plantel de
funcionarios cuyos cargos constituyeron una fuente de beneficios económicos y
prerrogativas sociales” (p.144). El sistema real se apoyaba sobre los
funcionarios gallegos que, falsificando padrones municipales, promovían hidalgos
en contra de las leyes Monárquicas. A través de los documentos de la época Gómez
demuestra como comienza a surgir una nueva legitimidad, ya no tan basada en la
costumbre respetada “desde tiempos inmemoriales” y sí respaldada en el derecho y
los registros notariales.
Para finalizar este libro y ya llegando al último artículo, José Gómez, volcado
en el análisis de las Actas de la Junta de Galicia, reflexiona acerca de la
incidencia de las guerras que emprendió la Monarquía Hispánica en el
ordenamiento político al interior de Galicia. Los apoderados del reino gallego
respondían muy bien a las demandas reales, ya que significaba una vía de ascenso
social. Se negociaban hombres para las guerras a cambio de títulos nobiliarios.
Las actas de la Junta exhiben la relación de nombres de las principales familias
gallegas ocupando cargos importantes en la estructura militar de la monarquía.
Así, para ilustrar una vez más los cambios que vivió Galicia a partir de su
integración a la monarquía católica, establece “La violencia sin cuento
característica de Galicia en el siglo XV […] orientada en los conflictos
exteriores librados en beneficio de los ideales de integración propios del orden
concebido por el catolicismo, sostenidos firmemente por la monarquía castellana”
(p. 193).
Durante el desarrollo de este libro pudimos observar una Galicia a la que se le
impone por la fuerza el centralismo castellano, pero que muchas veces, negocia y
consigue imponer sus intereses localistas, demostrando la complejidad de las
relaciones de poder y su mantenimiento. El análisis que aportan los autores
permite trazar una línea de continuidad con la historia política reciente de
España. Recién en 1978, y tras la dictadura franquista, se intenta resolver de
alguna manera esta tensión entre el centralismo del Estado Español y las
reivindicaciones de las comunidades autónomas con el establecimiento de la nueva
Constitución que las reconoce e incorpora, otorgándoles soberanía para
autogobernarse. Es así que el estudio de la Historia de Galicia siempre va a
tener amplia resonancia en el presente ya que el estado central aún mantiene
muchas veces relaciones de tensión y pujas de poder con las denominadas
“nacionalidades históricas”. La documentación de gran valor histórico que
compone este libro, se vuelve así de suma importancia para rastrear y analizar
una y otra vez los orígenes medievales de esta relación.