Sociedad Global
Revista de relaciones internacionales y ciencias políticas
ISSN 1851-6262

EL IMPACTO DE LAS “POTENCIAS EMERGENTES” EN EL SISTEMA INTERNACIONAL: EL LIBRE COMERCIO EN UNA ENCRUCIJADA

 

  Matías Battaglia
Profesor Auxiliar de la Licenciatura en Relaciones Internacionales de la Universidad Abierta Interamericana (UAI), República Argentina
matcpol@yahoo.com.ar 

Nicolás Terradas
Profesor Auxiliar de la Licenciatura en Relaciones Internacionales de la Universidad Abierta Interamericana (UAI), República Argentina
nterradas@yahoo.com

 

RESUMEN

El presente artículo intenta llamar la atención sobre los dilemas políticos que ᆳclive relativo estadounidense y el progresivo ascenso de “nuevas potencias emergentes” (China, India, Rusia y Brasil). En este contexto, se concluye que el actual carácter cordial de las relaciones entre unas y otras potencias se verá crecientemente comprometido y enfrentará serias limitaciones. Por un lado, la fuerte presión del crecimiento económico y poblacional de las potencias emergentes generará un recrudecimiento de la competencia internacional por recursos escasos. Por el otro, esta misma ampliación en sus capacidades materiales se corresponderá necesariamente con intereses nacionales más amplios y expansivos.

PALABRAS CLAVE

Hegemonía, Potencias Emergentes, BRIC, Sistema de Libre Comercio.

ABSTRACT

The present article draws attention on the political dilemmas that the actual Liberal free trade global system will have to confront given the American relative decline and the growing rise of new “rising powers” (China, India, Russia and Brazil). In this context, the main conclusion is that, despite the present amiable tone of the relations among the different great powers, this kind of relation will not last long. On the one hand, rising powers’ strong pressure emanating from the growing national populations and economies will provoke a hardening of the international competition for scarce resources. And on the other, this very same widening of their relative material capabilities will go hand in hand with more assertive and expansive national interests.

KEY WORDS

Hegemony – Rising Powers – BRIC – Liberal Free Trade Global System.

RESUMO

O presente artigo intenta chamar a atenção acerca dos dilemas políticos que terá que resolver o atual sistema internacional de livre comercio ante o declive relativo dos Estados Unidos y o progressivo papel das “novas potencias emergentes” (China, Índia, Rússia y o Brasil). Neste contexto, se conclui que o atual caráter cordial das relações entre umas y outras potencias será crescentemente comprometido y enfrentará serias limitações. Por um lado, a forte pressão do crescimento econômico y de população das potencias emergentes fará a um recrudescimento da competência internacional por os recursos escassos. Por outro, esta mesma ampliação nas suas capacidades materiais se corresponderá necessariamente com interesses internacionais más grandes y expansivos.

PALAVRAS CHAVE

Hegemonia – Poderes emergentes – BRIC – Sistema de Livre Comercio.

Reducida a su expresión más fundamental, la historia de la política internacional se encuentra escrita por el ascenso y declive de las grandes potencias. De manera recurrente, a lo largo de los siglos, son sólo aquellas sociedades más dinámicas (tanto en términos económicos, militares, como también tecnológicos y sociales) las que han escalado la estructura internacional de poder volviéndose jugadores de peso y con un impacto global indiscutible. Asimismo, a su debido tiempo, cada una de estas grandes potencias ha debido afrontar la realidad de su declive relativo frente a otros nuevos actores emergentes, cada vez más dinámicos e innovadores.1 Estos momentos de “transición hegemónica” entre dos extremos de la balanza internacional de poder, en donde uno asciende y otro desciende, históricamente se han caracterizado por una altísima tensión en la competencia política, económica y militar a nivel mundial, así como también por la reconfiguración (a veces profunda) de las costumbres e instituciones internacionales que rigen diversas épocas.2

El comienzo del siglo XXI no es particularmente una excepción. Si bien el sistema internacional contemporáneo se caracteriza por la situación inédita de una hegemonía estadounidense que es ciertamente global, nuevas “potencias emergentes” se encuentran lenta pero firmemente abriéndose camino en la escena política y económica internacional. Otra característica llamativa de esta inédita configuración de poder mundial es la cantidad de competidores a los cuales debe hacer frente el hegemón. Es difícil encontrar situaciones históricas similares, en donde la potencia hegemónica haya debido afrontar a más de dos potencias en ascenso. En la actualidad, tanto países como China, India, Rusia3 o el mismo Brasil (conocidos más comúnmente como el grupo BRIC), son considerados por los estudiosos de la política internacional como potencias con aspiraciones y capacidades futuras de llevar a cabo una transición hegemónica que redefina las reglas de juego mundiales y con ello, también, les permita el acceso a los mayores beneficios de un renovado sistema político y económico global.

Dado que el actual sistema económico internacional se encuentra apoyado principalmente en la liberalización comercial4 y en el liderazgo estadounidense (plasmado en el dólar como la divisa internacional por excelencia), uno de los aspectos más interesantes en este progresivo reacomodo de las reglas e instituciones y de la incorporación de nuevas potencias, es ver cuál será el futuro del sistema de libre comercio en semejante contexto. Más específicamente, el analizar las posibilidades de supervivencia de un sistema que, a futuro, se verá crecientemente abandonado por el actor más poderoso (los Estados Unidos) y que no será un lineamiento central para las potencias en ascenso (i.e. BRIC), independientemente de que en el corto plazo el libre comercio sea utilizado para transferir recursos desde el centro hacia la periferia, acortando así la brecha de poder.5

En este marco, el presente artículo intenta llamar la atención sobre los problemas políticos a los que se deberá enfrentar el actual sistema internacional de libre comercio de cara al declive relativo estadounidense y el progresivo ascenso de nuevas potencias. En concreto, por medio del análisis de las áreas de competencia geopolítica más importantes entre ambas partes, es posible identificar ciertos patrones que moldearán el futuro escenario internacional. Sobre la base de estas regularidades, el artículo realiza, en una primera sección, un sucinto recorrido histórico por los antecedentes del sistema de libre comercio, impulsado inicialmente durante el período de hegemonía británica. En una segunda sección, y haciendo un contraste con el caso británico, se analiza la actual hegemonía estadounidense y su postura con el sistema internacional de libre comercio frente al ascenso de nuevas potencias. Luego, el artículo aborda a las potencias emergentes en conjunto, haciendo hincapié en los intereses, capacidades y estrategias perseguidas en cada caso.

Por último, como conclusión general, es posible observar que, a corto plazo, en el actual ordenamiento internacional el interés en promover el libre comercio en tanto un sistema global (tradicionalmente una característica de la potencia hegemónica – Gran Bretaña y/o los EE.UU.) es crecientemente más fuerte en las potencias emergentes que en los EE.UU. En parte, este fenómeno es una consecuencia lógica de la incipiente transición del poder económico, pero también es una evidencia de la fragilidad de las normas y reglas internacionales cuando su sustento material flaquea o desaparece. Asimismo, frente a este creciente declive económico del poder estadounidense, la voluntad por parte de las potencias emergentes de disputar espacios geopolíticos también se está acrecentando. Una de las manifestaciones más claras de este aspecto es, por ejemplo, el renovado auge de la ampliación de las soberanías en los espacios marítimos.6 De esta forma, entonces, el orden internacional emergente se caracteriza por dos grandes procesos: por un lado, EE.UU. es cada vez más revisionista con respecto al sistema de libre comercio – que paradójicamente él mismo promoviera en el pasado – dado su declive económico relativo; y por el otro, intenta sostener las normas, reglas e instituciones políticas internacionales, que forman la estructura militar de su hegemonía. Es decir, que a medida que las potencias emergentes puedan sostener su ascenso, EE.UU. agudizará su revisionismo económico y sostendrá su statusquismo político-militar internacional.

El siglo XXI ha traído aparejado casi en el final de su primera década un dilema: el sistema internacional de libre comercio (asociado más comúnmente con la Organización Mundial del Comercio –OMC– y las diversas instituciones financieras internacionales, como el Banco Mundial –BM– y el Fondo Monetario Internacional –FMI) posee bases materiales que se encuentran en un profundo estado de transición. Ello podría generar, a la luz de casos históricos, una interrupción por parte de la potencia hegemónica de la promoción y defensa del libre comercio. En otras palabras, dado que históricamente las potencias hegemónicas se han caracterizado por el liderazgo tanto político-militar como económico y tecnológico, sus intereses estratégicos han estado ligados inexorablemente con la promoción y consolidación de un sistema de comercio global abierto y de la prolongación de su hegemonía militar (comúnmente llamada, en la actualidad, como la “búsqueda de la preponderancia” militar).

Sin embargo, el actual sistema internacional se caracteriza por una hegemonía estadounidense que, aunque indiscutible en sus elementos militares, debe hacer frente a nuevas potencias que disputan seriamente su liderazgo económico. Como lo explica Fareed Zakaria:

“a nivel político-militar, [los EE.UU.] continuamos siendo la única superpotencia mundial. Pero en todas las dimensiones restantes – industria, finanzas, educación, sociedad, cultura – la distribución del poder está cambiando, alejándose progresivamente del dominio estadounidense”7.

Desde mediados del siglo XX, los EE.UU., siendo la primera economía, han aleccionado al mundo sobre los grandes beneficios de un sistema de libre comercio. Ahora, cuando el resto del mundo finalmente ha asimilado el libre comercio y es el principal beneficiario de sus riquezas, los EE.UU. se resienten de semejante sistema. En este contexto, es posible identificar tres grandes patrones históricos de la política de las grandes potencias que sirven, aquí, como marco analítico para abordar posteriormente los casos particulares de Gran Bretaña, los EE.UU., y las potencias emergentes.

En primer lugar, a lo largo de la historia de las grandes potencias, la performance econóᆳmica de los países (hegemónicos y emergentes) ha determinado en gran medida sus respectivas posiciones en tanto promotores o detractores de los sistemas económicos y políticos imperantes en cada época. Así, es posible destacar que, al igual que en el pasado, a medida que la hegemonía estadounidense ha ido evidenciando una performance económica inferior a la de otras potencias emergentes, su posición global relativa se ha visto debilitada y su interés en defender y promover las actuales “reglas de juego” (en este caso, el libre comercio) también se erosiona.

En segundo lugar, las potencias que se encuentran emergiendo a nivel internacional lo hacen, por su parte, primero en base a una performance económica relativamente superior al hegemón (lo que lentamente también va traduciéndose en un posicionamiento político, tecnológico y militar cada vez más sólido), y luego a partir de la disputa progresiva de espacios geopolíticos estratégicos. En otras palabras, aquellos países en ascenso y que se caracterizan por jugar el “juego económico” de una mejor forma que el hegemón, son los que más frutos extraen de los beneficios económicos generales del sistema de libre comercio contemporáneo. Con ello, también, poseen un interés político más claro en defender y promover tal sistema u orden internacional.

Claro está, este apoyo al libre comercio por la capacidad de los emergentes de “jugar mejor el juego”, es sólo circunstancial. Necesitan seguridad en sus relaciones comerciales a largo plazo. La dependencia de altas tasas de crecimiento y bajo desempleo para mantener el orden social hace que sea impensada la aceptación de perder mercados, aún ante países “amigos”; vicisitud propia del libre comercio (por ejemplo, cuando EE.UU., perdió parte de su economía a manos de Japón y la Comunidad Económica Europea –CEE– durante la Guerra Fría). La coyuntura favorable cesará cuando el actual líder del sistema se estabilice y “nuevos emergentes” jueguen mejor en algunos sectores de la industria. Esto se explica, porque, a diferencia de EE.UU., los BRIC no dispondrán de un margen de ajuste sobre su población ante una eventual competencia en productividad y eficiencia; dado que, ya lo han realizado para llegar al lugar donde están hoy en día.

Y por último, es posible identificar un tercer patrón general por el cual las áreas de competencia y disputa hegemónicas comienzan a transitar trayectorias inversas o en espejo. Por un lado, los EE.UU. necesariamente deben reacomodar sus intereses de cara a un sistema de libre comercio otrora instituido por aquel país pero que actualmente ya no brinda los mismos beneficios relativos; es decir, que enfrenta fuertes incentivos por reformar un sistema económico del cual ya no es el principal beneficiario. Y por el otro, impulsado por el ascenso de nuevas potencias globales que buscan equiparar su nuevo status económico con altos niveles de prestigio, de reconocimiento, de control y de poderío militar, se crean nuevas áreas de disputa geopolítica localizadas sobre todo en torno al acceso a determinados recursos estratégicos, a zonas geográficas consideradas vitales, y al control de ciertos espacios geográficos comunes (tanto territoriales como marítimos).

Generalmente, a lo largo de la historia, pocas grandes potencias han promovido el libre comercio como política central. De hecho, sólo Gran Bretaña en el siglo XIX y los EE.UU. luego de la Segunda Guerra Mundial (SGM) han actuado de esa manera. Cuando se analiza en profundidad las implicancias de estos distintos patrones, es posible observar que la preferencia por promover un sistema de libre comercio no ha sido una elección fortuita, sino que, tomando algunos factores materiales en consideración, se encuentran dos atributos en cada una de las potencias hegemónicas durante sus respectivos períodos como promotores del libre comercio.

Los atributos encontrados son: (1) la superioridad en poderío marítimo,8 y (2) la superioridad económica por sobre el resto de los poderes emergentes o de segundo orden. El primer factor incluye no sólo la flota de guerra en sí, sino que también los puntos y pasos estratégicos a lo largo de las principales rutas marítimas. En materia económica, no sólo la superioridad cuantitativa en términos de PIB es un factor determinante, sino que a ésta debe agregársele la capacidad de influenciar las “reglas de juego” y distribución de inversión extranjera directa (IED) en el mundo; en pocas palabras, que la desaparición del actor analizado genere principalmente crisis antes que beneficios.

Antes de adentrarnos en los casos contemporáneos, es válido recordar un antecedente de la puja por el control del comercio y las vías marítimas; en el mismo ya se encuentran las bases que según los autores, continuarán dándose en el período analizado. Como muy bien lo expresa Sergio Gaut vel Hartman:

“Durante dos siglos Roma y Cartago crecieron sin entrar en colisión, cada una en su esfera de influencia, pero en 264 a.c., a raíz de un incidente sobre Mesina, en Sicilia, se desencadenó un conflicto por el control de la isla y se puso en evidencia la causa principal del enfrentamiento entre ambas: los intereses superpuestos en los enclaves estratégicos de la región”.9

El caso de Gran Bretaña

Esta potencia adoptó definitivamente el libre mercado luego de luchas políticas en las décadas del ‘30 y ‘40 del siglo XIX. Entre 1846 y 1849, con el rechazo de las Corn Laws y la eliminación de la última de las Navigation Acts, se aprecia el refuerzo de posiciones de los defensores del libre comercio.

Si bien el crecimiento y las bases de la política comercial basada en su flota podrían rastrearse desde el siglo XVI; es en el siglo XIX donde alcanza su apogeo en términos militares-navales y en materia económica. En relación a la primer variable, luego de Trafalgar en 1805 (que significó el fin de la competencia francesa, al menos en términos navales), Gran Bretaña se convirtió en la primera potencia naval, y para mediados del siglo XIX, su flota sólo era equiparable a la suma del resto de las flotas de las otras potencias.10 Estrictamente relacionado, su posesión de puestos de reaprovisionamiento eran inigualables. Al fin de la época Victoriana (que finaliza en 1901 con el fallecimiento de la Reina Victoria I) contemplaba el gobernante inglés que el poder se extendía en todos los grandes pasos marítimos y oceánicos: se controlaba el estrecho de Malaca (Malasia y Singapur); el Canal de Suez y Mar Rojo (Egipto, Sudán, Somalia11 ); el Pasaje de Drake (Islas Malvinas, Islas Shetland del Sur, Georgias y Sándwich); el paso del océano Atlántico al Índico (Sudáfrica), y se controlaba el Mediterráneo (Gibraltar y Malta), entre otras posiciones.12

En materia económica de 1830 a 1870 alcanzará su máximo crecimiento y será llamada el “taller del mundo”, durante ese período la producción de varios bienes tales como carbón, hierro, textiles no tenían parangón.13 Asimismo se debe pensar en la vigencia del Patrón Oro14 y la centralidad londinense, la Libra Esterlina llega a convertirse (para 1913) en el 40 % de las reservas de divisas mundiales, asimismo países como Rusia, Japón, Austria-Hungría entre otros, tenían principalmente como reservas, letras del Tesoro Británico o depósitos bancarios en Londres.

La preeminencia, a pesar de las emergentes potencias EE.UU. y Alemania, será mantenida hasta 1914; aunque será superada (en especial desde 1880)15 en el largo plazo. Las razones de que se pudiera mantener Londres en términos económicos como centro, a pesar de la creciente competencia, fueron las altas tasas de crecimiento en la industria del hierro y el carbón (hasta 1914); la IED en el mundo, alto perfil en servicios financieros, monetarios y comerciales; y por último, la superioridad que poseía en el transporte naviero a nivel mundial.16

El caso de los Estados Unidos

La adopción del libre comercio por parte de los EE.UU. se encuentra cronológicamente sin duda, luego del final de la Segunda Guerra Mundial; se aprecia una adopción de políticas opuestas a las que utilizó para garantizar su crecimiento a fines del siglo XIX.

En relación al sustento material del libre comercio se encuentra que hacia fines de la SGM en materia naval se poseía una indiscutida superioridad, en especial por la destrucción de la marina japonesa que era la única con posibilidad de rivalizar con el poder norteamericano en el futuro cercano.17 Esta derrota japonesa permitió acrecentar el poder marítimo estadounidense. Se consiguió obtener gran parte de las posesiones niponas en el Pacífico18 y el Sudeste Asiático; teniéndose el control de pasos estratégicos como el de Malaca -además del Japón mismo y Corea del Sur-.

Asimismo el poderío naval se incrementa en este período por la asimilación de los intereses británicos. Lo cual se formaliza mediante la creación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la Organización del Tratado del Sudeste Asiático (OTSEA)19 y el Tratado de Seguridad del Pacífico (ANZUS)20; extendiendo el poder norteamericano alrededor del globo.

Una cita resume de manera sintética el reordenamiento:

“La postguerra del último conflicto, si bien no tuvo un formal Versalles con sus contradicciones, se caracteriza por el desmenuzamiento de los imperios coloniales que habían edificado, según la concepción marítima periférica, Gran Bretaña, Francia, Holanda y Bélgica; por un repliegue hacia las riberas que cede a Rusia la hegemonía sobre países que cultural, religiosa e ideológicamente corresponderían a Occidente21 […]; y, por primera vez en la edad contemporánea, el surgimiento de un líder indiscutido de las naciones thalassico-oceánicas: los Estados Unidos de América”.22

Asimismo durante la Guerra Fría (1947-1991) el gobierno norteamericano mantuvo su superioridad naval en la confrontación. Aunque el Almirante Sergei Gorshkov promoviera la creación de una Marina Soviética de aguas azules destinada a rivalizar con la de EE.UU., la URSS ulteriormente fracasa.23 Debe considerarse que la Unión Soviética utilizó principalmente a las unidades de superficie en operaciones cercanas a la costa; posicionándose en un rol defensivo, reconocía sus vulnerabilidades.24

Llegada la Post Guerra Fría (1991- actualidad), por un lado, se mantuvo la superioridad naval, y por el otro, la expansión de países que prestaron sus instalaciones y/o participaron en prácticas militares conjuntas con las fuerzas estadounidenses (como Singapur, Vietnam e Indonesia) permitió extender un cordón de control por sobre potencias emergentes como China. La extensión de la marina de guerra estadounidense llega a tener un alcance en todos los océanos y principales mares, con la 2da, 3era, 5ta, 6ta, 7ma, y 4ta Flota. Según el analista Barry Posen25, el poderío marítimo norteamericano en alta mar es indiscutido dada la tecnología y cantidad de medios disponibles.26

En materia económica, así como el Patrón Oro regulaba el anterior período de libre comercio, el sistema surgido de Bretton Woods reguló la economía de la post guerra; y EE.UU. y el dólar (oro) fueron el centro del mismo. Esta centralidad fue posible dado que en la post SGM los EE.UU. representaban el 70% de las reservas mundiales,27 el 50% del PIB mundial y el 60% de la producción manufacturera.28

El sistema de “tipo de cambio ajustable” se basaba en la paridad que establecía EE.UU. entre su moneda y el oro, ya que al poseer las mayores reservas mundiales del mineral fijaba una paridad de 35 US$ por Onza de oro, y el resto de los países a la vez establecían la paridad con el dólar, ya que éste tenía la posibilidad de ser convertible en oro.

A pesar de que este sistema cae hacia 1971-73 por la salida de la convertibilidad, el nuevo sistema siguió teniendo a EE.UU. como centro. El mismo fue llamado “Patrón Dólar”29. Durante ese período e inclusive los ’90 las divisas europeas luchaban por sostenerse en valores estables e ir encaminándose hacia la moneda única; y no es hasta fin de aquella década que el Euro comienza a fortalecerse y puede llegar a ser considerada moneda de referencia (el yuan renminbi y el yen tampoco estaban en ese lapso temporal al nivel de transformarse en el eje económico).

La década del ‘90 permitió dejar de lado los temores de una caída en la economía por la eventual “sobreexpansión imperial” -predicción del intelectual Paul Kennedy- y posicionaron a EE.UU. en lo que Charles Krauthammer denominará el “Momento Unipolar”30. En 1997 representaba un aproximadamente 27% del PIB mundial; además concentraba el 35.8 % del total mundial en el gasto en tecnología, mientras que Japón estaba en el 17.6 %, Alemania en 6.6%, Gran Bretaña en 5.7 %, Francia en 5.1 % y China en 1.6 %31.

Por último merece destacarse una similitud que se encuentra con el caso británico: la caída de la producción manufacturera como factor relevante en la creación de ganancias (en EE.UU. cayó a un 14% de la producción total). Como dice Joseph Stiglitz, la “Nueva Economía” estadounidense se sustentó en las “ideas”32. Las empresas “puntocom” serán el fiel reflejo del momento; las mismas “…alteraban el ritmo mismo del progreso tecnológico e incrementaban la tasa de crecimiento de la productividad hasta niveles inusitados durante un siglo o más”33.

El surgimiento de “los otros”

La resultante de la crisis de la economía norteamericana es la consolidación de los llamados emergentes; aunque la cantidad de países que ingresan en esa categoría es vasta, desde la Argentina hasta Zimbabue, debe señalarse que cuatro son los principales aportantes al crecimiento económico mundial de los últimos años. Los emergentes aglomerados en la sigla BRIC (Brasil, Rusia, India, China) han sido los que concentraron el 50% del PIB global en 2009 y fueron los responsables del 70% del crecimiento de la economía mundial.34 Aunque desde tiempo atrás su protagonismo ya era evidente. Por ejemplo, en 2005 representaban 27% del PIB mundial.35 Además, numerosos estudios indican que, exceptuando a Rusia, están en vísperas de lograr una rápida recuperación de la crisis.36 India y China poseen tasas de crecimiento de alrededor del 6% y Brasil (aunque cayó en el primer cuarto del año) está creciendo con mayor fuerza que el resto de Latinoamérica y se espera retome la senda de crecimiento, superando el valor de precrisis ya en el próximo año.37 Esto resulta aún más sugestivo en un contexto de detención y caída del crecimiento de las principales economías industrializadas (-6.3% en EE.UU.; -6% en la UE; -15% en Japón).38

Vale detenerse un momento para analizar la situación, dado que en este punto la comparación con el caso de Gran Bretaña resulta ineludible. Parecería apreciarse que el sustento material del libre comercio, correspondiente a la superioridad económica, va diluyéndose al igual que sucedió con el Imperio Británico a partir de 1880. Ello abre fuertes interrogantes y sólo restaría analizar si la superioridad marítima también será puesta en cuestionamiento, dadas las iniciativas marítimas de tres de los BRIC.

Así como los EE.UU., a medida que lograban un proceso de industrialización exitoso, comenzaron a ocuparse más seriamente de la política marítima, hoy en día los “BIC” se encuentran ejecutando algún tipo la ampliación de la jurisdicción o algún tipo de control sobre espacios marítimos.39

En el Mar del Sur de China, Beijing aspira a efectuar un control de prácticamente todo el espacio marítimo dado que las aguas territoriales40 que aduce tener, ocupan y sobrepasan los reclamos de Filipinas, Vietnam, Malasia, Indonesia (los mayores litigantes),41 aproximadamente reclama para sí 3 millones de Km2; se incluyen en el reclamo las islas Spratley y Paracel.42 Aún así, el radio de acción de la Marina China para garantizar la seguridad nacional (que lleva a cabo una fuerte modernización para convertirse en una marina de “Aguas Azules”)43 incluye el estrecho de Malaca y las Islas Marianas.

De modo más amplio se alega por parte de analistas norteamericanos, que China sigue la estrategia del “Collar de Perlas”,44 que incluye la posesión de islas más allá del Mar de China, involucrándose en el Océano Índico. Esto se presupone por las inversiones en puertos en Sri Lanka; en el territorio de Baluquistán en Pakistán (en el cual espera también construir una base naval); en Bangladesh (Chittagong); en Myanmar (donde espera la construir un puerto de aguas profundas); y por último, por la voluntad de construir bases y/o instalaciones militares en las islas Hainggyi y Coco.

India por su parte -siguiendo el documento Freedom to use the seas: India’s Maritime Military Strategy, de 2007- entiende que la tarea de su Marina de Guerra debe abocarse a la Región del Océano Índico (IOR por sus siglas en inglés); en tanto que las amenazas que pueden surgir de esta región (casi todo el Océano Índico) por la acuciante situación humanitaria, de seguridad y pobreza, pueden impactar en India.45 Por lo demás, esta región es neurálgica para el comercio mundial y la responsabilidad recae en India dado que “India se encuentra en una posición única en la geopolítica del IOR”.46

El área de seguridad de India estaría abarcado por nueve “choke points”47 que van desde África al Sudeste Asiático. El informe pone de relieve sintéticamente la prioridad (y alcance) del control indio sobre estos puntos estratégicos, dado que “la estrangulación de cualquiera de ellos causaría la disrupción del comercio marítimo y una volatilidad incontrolable de los precios del petróleo y los commodities, provocando turbulencias en la economía global”.48

Finalmente, en el Atlántico, Brasil reclama el reconocimiento de la llamada “Amazonía Azul”.49 Tomado como referencia el texto O Mar no Espaço Geográfico Brasileiro, se puede apreciar que esta política se promueve en el contexto de la extensión de 200 MN50 a 350 MN de la zona económica exclusiva (ZEE), avalada por la Convención de Derecho del Mar (CONVEMAR). La extensión está estipulada en 4.5 millones de Km2.51 Dentro de ella se encuentran valiosos recursos naturales.52

Finalmente, debe considerarse que además de la Amazonía Azul, Brasil demuestra un interés más amplio orientando sus preocupaciones en todo el Atlántico Sur (desde el “estrecho” Natal-Dakar hacia el Sur), según se aprecia en la Estrategia de Defensa Nacional (EDN).53 En la misma, a la hora de elaborar hipótesis de utilización del componente militar, la amenaza de un conflicto armado en el Atlántico Sur es considerada. Asimismo, en otra sección de la EDN, dentro de la reorganización de las Fuerzas se identifica como necesaria la reorientación hacia el Atlántico Sur.54

¿Una amenaza real?

A diferencia del traspaso del poder entre potencias anglosajonas, este nuevo escenario pareciera tener un componente mixto; es decir, en el aspecto económico se evidencia un surgimiento de los nuevos grandes actores vis-à-vis la decadencia relativa del hegemón. Pero al analizar el componente marítimo, no se encuentra en el corto plazo una competencia a nivel mundial entre las respectivas Marinas de Guerra. En la actualidad, y también a largo plazo, los países del BIC poseen aún demasiadas dificultades al interior,55 así como amenazas en sus fronteras continentales, como para poder abocarse a una expansión y competencia marítima. Entonces, ¿qué impacto podría tener esta reorganización de bases materiales del sistema internacional?

Analizando los componentes geográficos y las capacidades militares de los actores, resulta claro que Brasil no podrá obstaculizar la navegación estadounidense en sus áreas de interés ya que no posee pasos estratégicos de fácil control. Sus áreas de interés, tanto la Amazonía Azul como el Atlántico Sur son grandes espacios geográficos donde resulta imposible rivalizar con los Grupos de Batalla de los EE.UU. (además, la brecha tecnológica es demasiado amplia). Por su parte, China e India,56 sí podrían generar inconvenientes. Ambos se orientan al control de puntos estratégicos cercanos al litoral (cruciales para el progreso del comercio internacional). Esto se reviste de importancia porque estas potencias asiáticas, en contraposición al caso brasileño –y con un mayor desarrollo tecnológico–, utilizarían sus fuerzas dentro de zonas del litoral donde, retomando a Barry Posen, EE.UU. no ha logrado perfeccionar las capacidades para superar a cualquier posible amenaza.57 En definitiva no existiría la garantía de vencerlo militarmente, pero sí de interrumpir el comercio internacional. Con esto, se puede ver que la configuración de poder ya no es tan clara como en la transición hegemónica de Gran Bretaña a EE.UU. Se encuentra un mosaico de intereses que no anulan al poderío marítimo estadounidense en términos globales pero sí lo dañaría ante un eventual enfrentamiento militar en tanto el paso por el Océano Índico, y de éste al Pacífico, se encontrarían en manos ajenas.

En tal situación, las potencias asiáticas también sufrirían económicamente si decidieran hacer uso de la fuerza; por ello, su ocurrencia se considera poco probable. Sin embargo, debe recordarse que a lo largo de la historia no siempre se ha ido a la guerra utilizando la racionalidad como fundamento. Tómese en cuenta, por ejemplo, la Guerra Ruso-Japonesa de 1905, donde no se elaboró siquiera un plan de aprovisionamiento para las naves en su viaje hasta Japón (partiendo desde el Báltico y pasando por el Océano Índico) y tampoco se evaluó la modernización de la Armada nipona de los últimos años previos al conflicto; la invasión de Irak a Kuwait en 1990, donde se ignoró el cambio de contexto internacional y se sobrevaloró el poderío nacional; y también el caso de Alemania en la SGM, que inició el conflicto sin finalizar la construcción de su Armada,58 cuya falta coadyuvó, en buena medida, a la ulterior derrota del Eje. Por último, un caso más cercano, recuérdese Malvinas, donde hubo una escasa consulta incluso entre las propias Fuerzas antes de declarar la guerra y no hubo ningún plan de acción conjunta.

Es siempre necesario recordar el peso de las presiones políticas-sociales al interior de los Estados. Esto debe ser tomado en cuenta dado que los países de Asia se encuentran en un proceso de crecimiento de su clase media, lo cual impactará certeramente en la política nacional. Esta “nueva” clase media tiene más necesidades y demandas, y es más crecientemente difícil de satisfacer desde el gobierno. Asimismo, se observa con preocupación la tendencia global hacia una menor disponibilidad a futuro de recursos base para la industria, recursos alimentarios y energéticos.59 La eventual incapacidad de los Estados de garantizar la provisión de éstos recursos podría ser el disparador de acciones destructivas hacia mediados del actual siglo.60

Conclusión

El sistema de libre comercio, tal y como lo conocemos actualmente, se encuentra en un momento crítico ya que las garantías materiales para su sostenimiento (vistas durante el siglo XIX y XX, en los casos de Gran Bretaña y los EE.UU.) se encuentran en un proceso de profunda transformación. Asimismo, cada una de las potencias emergentes evidencia una tendencia, a largo plazo, a la conformación de sistemas regionales de libre comercio hacia el interior, pero crecientemente restrictivos hacia el exterior. En este contexto, el actual carácter cordial de las relaciones entre unas y otras potencias se verá crecientemente comprometido y enfrentará serias limitaciones. Por un lado, la fuerte presión del crecimiento económico y poblacional de las potencias emergentes generará un recrudecimiento de la competencia internacional por recursos escasos. Por el otro, esta misma ampliación en sus capacidades materiales se corresponderá necesariamente con intereses nacionales más amplios y expansivos.

Las transiciones de poder nunca han sido fenómenos sencillos. Sin embargo, siempre ha sido más deseable cuando ellas han ocurrido de manera lenta, con bajos grados de incertidumbre relativa (i.e. pocas potencias en ascenso), y en una atmósfera general de estabilidad. El or-den internacional emergente, en cambio, se caracteriza por una progresiva rápida transición de poder, con altos grados de incertidumbre, y en un contexto general de inestabilidad económica y financiera. La conjunción de todos estos factores repercutirá más fuertemente en la economía (y en el nivel de vida) de los EE.UU. que en las economías de las potencias emergentes debido a que su participación en el porcentaje mundial de la riqueza en la historia reciente ha dependido del alcance global de su economía en los mercados mundiales.

La indiscutible posición hegemónica estadounidense en términos militares, que a más largo plazo también se verá afectada; en el corto plazo, generará fuertes incentivos para su utilización. Es digno de destacar que, más allá de su sistema de alianzas internacionales, históricamente los EE.UU. ha mantenido como principio rector de su política exterior que cualquier interrupción de la libre navegación (por ej., bajo la forma de la obstaculización de un paso estratégico) será interpretado como un ataque a su seguridad nacional, y que por ende, lo obligaría a utilizar la fuerza militar para revertir dicha situación.

Sin lugar a dudas, en su expresión más fundamental, la actual situación internacional es una puja por el acceso y control de recursos estratégicos crecientemente escasos. Las semejanzas con etapas históricas previas son evidentes; la competencia por colonias por parte de Europa en el siglo XIX, por ejemplo, viene a la mente. Sólo cabe esperar que la actual incipiente competencia entre las potencias aquí estudiadas no desemboque en un final igual de trágico.

REFERENCIAS

A Cooperative Strategy for 21st Century Seapower (Navy, Marine Corps y Coast Guard, U.S. Government, October 2007).

Aneez, S. “Sri Lanka gives China first exclusive investment zone”. En Reuters India, 1° de julio de 2009. Disponible en: http://in.reuters.com/articlePrint?articleId=INIndia-40731520090701. (Recuperado el 01/08/2009).

Barbero, Saborido, Berenblum, Lopez Nadal, Ojeda (2007). ᆳdial. Buenos Aires: Emecé.

Bedi, R. “India and China: Neighborhood problems”, Asia Times, 17 de junio de 2003. Disponible en: http://www.atimes.com/atimes/South_Asia/EF17Df05.html. (Recuperado el 01/08/2009)

Black, J. (2008). Great Powers and the Quest for Hegemony. The World Order since 1500. London y New York: Routledge.

Castro, J. “El BRIC cambia el eje del poder mundial junto a los EE.UU.”, en diario Clarín, 21 de junio de 2009.

DiCicco, J. M. y Levy, J. S. (1999). “Power Shifts and Problem Shifts: The Evolution of the Power Transition Research Program”. En Journal of Conflict Resolution, vol. 43, n° 6, pp. 675-704.

Du Buff, R. B. (2003). “U.S. Hegemony: Continuing Decline, Enduring Danger”. En Monᆳthly Review, vol. 55, n° 7.

Estrategia de Defensa Nacional. Paz y Seguridad para Brasil (Ministerio de Defensa, Gobierno de Brasil, diciembre de 2008).

Freedom to Use the Seas: India’s Maritime Military Strategy (Integrated Headquarters Ministry of Defence, Navy, 2007).

Gilpin, R. G. (1981). War and Change in World Politics. Cambridge: Cambridge University Press.

Glantz, M., “Soviet naval strategy a quest for global reach?”. En ᆳter. Disponible en: http://www.history.navy.mil/colloquia/cch10c.html. (Recuperado el 01/08/2009).

Grimaldi, H. (1989). Historia de las Descolonizaciones del Siglo XX. Madrid: Ed. Iepala.

Hobsbawm, E. (2006). La Era del Imperio. Buenos Aires: Ed. Crítica.

Jing-don, Y. (2006). “China-ASEAN relations: perspectives, prospects and implicatione for U.S. interests”. En SSI.

Kennedy, P. (1987). The Rise and Fall of the Great Powers. Economic Change and Military Conflict from 1500 to 2000. New York: Random House.

Kim, W. (1992). “Power Transitions and Great Power War from Westphalia to Waterloo”. En World Politics, vol. 45, pp. 153-72.

Klare, M. T. (2008). Planeta Sediento, Recursos Menguantes. Barcelona: Tendencias.

Kraske, J. (2009). “Sovereignty at Sea”. En Survival, vol. 51, n° 3.

Lemke, D. (2002). Regions of War and Peace. Cambridge: Cambridge University Press.

Lozano, Á. (2007). La Guerra Fría. Barcelona: Melusina.

Mc Devitt, M. (2007). “The Strategic and Operational Context”. En Scobell y Kamphausen (eds.). Right-Sizing the People’s Liberation Army, SSI.

Mearsheimer, J. J. (2001). The Tragedy of Great Power Politics. Nueva York: W.W. Norton & Co.

Milia, F. A. (1965). Estrategia y Poder Militar. Buenos Aires: Instituto de Publicaciones Navales.

Organski, A.F.K. y Kugler, J. (1980). The War Ledger. Chicago: The University of Chicago Press.

Organski, A.F.K. (1958). World Politics. New York: Knopf.

Pehrson, C. J. (2006). “String of Pearls: meeting the challenge of china’s rising power across the asian litoral”. En SSI.

Pérez-Llana, C., “Cuánto sufrirán los países emergentes”, en diario Clarín, 21 de septiembre de 2008. Disponible en: http://www.clarin.com/diario/2008/ 09/21/opinion/o-01764732.htm. (Recuperado el 01/02/2009).

Posen, B. R. (2003). “Command of the Commons”. En International Security, vol. 28, n° 1, pp. 5-46.

Scafati, A. “Brasil, Rusia, India y China, los dueños de la economía global”. Infobae profesional, 1° de abril de 2007.

Schweller, R. L. (1999). “Managing the Rise of Great Powers. History and Theory”. En Ross, Robert (ed.). Engaging China: The Management of an Emerging Power. Florencia: Routledge.

Simões Serafim, C. F. (coord.) (2005). Geografia: ensino fundamental e ensino médio. O mar no espaço geográfico brasileiro. Brasília: Ministério da Educação, Secretaria de Educação Básica / Coleção explorando o ensino, v. 8.

Stiglitz, J. (2003). Los Felices ’90. Madrid: Taurus vel Hartman, G. (2008). Grandes Batallas de la Historia. Buenos Aires: Andrómeda.

Yan, X. (1995). “Economic Security, Good-neighbor Policy Emphasized in Post-Cold War Security Strategy”. En Xiandai guoji guanxi, n° 8, pp. 23-8.

Zakaria, F. (2008). The Post-American World. New York: W.W. Norton & Co.

FECHA DE RECEPCIÓN: MARZO DE 2009 FECHA DE ACEPTACIÓN Y REVISIÓN FINAL: JUNIO DE 2009

 
 
SOCIEDAD GLOBAL es una revista académica de la Universidad Abierta Interamericana. La versión digital es editada y mantenida por el Grupo de Investigación eumednet de la Universidad de Málaga.

Directora
María Susana Durán Sáenz


ISSN: 1989-3981
EUMEDNET

SOCIEDAD GLOBAL
Universidad de Málaga > Eumed.net
Congresos Internacionales


¿Qué son?
 ¿Cómo funcionan?

 

7 al 24 de
octubre
XII Congreso EUMEDNET sobre
Globalización y Crisis Financiera




Aún está a tiempo de inscribirse en el congreso como participante-espectador.


Próximos congresos

 

10 al 29 de
octubre
II Congreso EUMEDNET sobre
Arte y Sociedad

4 al 21 de
noviembre
XI Congreso EUMEDNET sobre
Migraciones, Causas y Consecuencias

17 al 28 de
noviembre
II Congreso EUMEDNET sobre
El Derecho Civil en Latinoamérica y Filipinas: Concordancias y Peculiaridades

24 de noviembre al 12 de
diciembre
II Congreso EUMEDNET sobre
Transformación e innovación en las organizaciones

3 al 20 de
diciembre
XI Congreso EUMEDNET sobre
Desarrollo Local en un Mundo Global