Sociedad Global
Revista de relaciones internacionales y ciencias políticas
ISSN 1851-6262

MUNICIPALIZACIÓN DEL PERÚ, AHORA: LA FEDERACIÓN MUNICIPIOS LIBRES DEL PERÚ (FEMULP)

 

Antonio Colomer Viadel

Director del Inauco y del Área de Derecho Constitucional; Universidad Politécnica de Valencia, España

ancovia@urb.upv.es

 

 

A comienzos del año 2001, visitaron Madrid Oscar Benavides, Alcalde de la ciudad de Ate, próxima a Lima, Perú; y William Moreno, Presidente del Consejo Peruano de Autogestión (COPPA), que a la sazón actuaba como asesor técnico de la alcaldía de Ate.

En un almuerzo que compartimos los tres, me contaban la triste situación de los municipios peruanos, dependientes económicamente del gobierno central, con pocos recursos para dar satisfacción a las muchas necesidades de sus poblaciones y como las organizaciones de integración y federación municipal estaban controladas por el poder de Lima por lo que sus reivindicaciones eran muy limitadas y sin querer presentar dificultades al gobierno, pese a sacrificar los intereses de sus comunidades tan necesitadas.

Conociendo mi pasión municipalista me plantearon si podía ayudarles para poner en marcha una nueva organización desde la independencia de los municipios que pudiera presionar a las autoridades de la administración central para obtener los recursos necesarios y actuar como un verdadero contrapoder. Por mi parte, les indiqué que además esta iniciativa podría implicar un proceso de regeneración democrática si conseguían al mismo tiempo movilizar a los ciudadanos y sus organizaciones en esta iniciativa de mejora del autogobierno y de compromiso para los proyectos de crecimiento y reconstrucción de los servicios sociales y las obras públicas locales.

Me pidieron que mi colaboración se plasmase en redactar un Manifiesto fundacional de esa nueva organización municipalista peruana que incluyera tanto los valores y principios que debían inspirarla como los desafíos que debía asumir y las propuestas institucionales y organizativas en ese proyecto de reconstrucción regenerativa de la vida municipal.

Asumí con gusto este compromiso y finalmente el 6 de junio de 2001 remití una carta a Oscar Benavides en donde le decía: “Estimado Alcalde, de acuerdo con el compromiso que adquirí con William Moreno y usted, en ocasión de su visita a Madrid, le remito el texto del Manifiesto de la Federación de Municipios Libres.

Ojalá estas ideas sirvan para que se inicie en Perú un gran movimiento social y popular de base municipalista, que movilice a la sociedad y permita una mayor justicia y libertad para crecer y mejorar, desde la conciencia crítica y participativa de nuestros hombres y mujeres”.

En la misma fecha se dirigía al alcalde Benavides, William Moreno en el siguiente sentido: “Estimado alcalde y amigo: En la búsqueda de renovados caminos para derrotar a la pobreza y alcanzar niveles dignos para la vida de todos los peruanos, ambos coincidimos en que después del reiterado fracaso de los distintos gobiernos centrales de nuestro país, sólo cabe una salida que es democrática y pacífica: ‘la municipalización del Perú, ahora’.

Con este norte y siguiendo tus indicaciones, en las últimas semanas he venido trabajando con el Dr. Antonio Colomer Viadel –Director del INAUCO, España, e incansable defensor de la libertad en el marco de movimientos sociales y participativos– las bases ideológicas de lo que confío muy pronto será la Federación de Municipios Libres del Perú.

Se ha concluido con la redacción del Manifiesto de la Federación, el cual por intermedio tuyo se pone al servicio de los gobiernos locales peruanos e Iberoamericanos. Recoge tus puntos de vista, pero también el de muchos municipalistas peruanos con quienes compartí importantes horas pensando en el desarrollo nacional y el rol de los municipios. Es por tanto un producto colectivo, de un movimiento de verdad grande y estratégico, aunque en su edición figuren apenas unos cuantos nombres. Hasta aquí una meta cumplida.

Ahora, el reto es operacionalizar el Manifiesto y lograr en el Perú una mayor justicia y libertad, descentralización y democracia, educación y empleo, en suma, una nación desarrollada con base municipal y participación ciudadana”.

Es también significativa la “Carta desde el Municipio” que desde Ate va dirigir su alcalde, Oscar Benavides, a los otros alcaldes peruanos y en general al movimiento municipalista dándoles a conocer este Manifiesto, con fecha 9 de junio:

“Soy un peruano como tantos, como la mayoría que viven de su trabajo dentro del Perú o en otros países a los cuales llegaron buscando el futuro no logrado en la tierra natal.

Conocí la pobreza a temprana edad al igual que la mitad de los peruanos, y también perdí muchas horas de juego y recreación, como la mayoría de los niños de nuestra patria que tienen que trabajar ayudando a sus padres o ocupando su lugar porque fallecieron o abandonaron el hogar.

No soy distinto al peruano común, también con mi esposa formamos una familia como tantas familias, y con base en este rol se desarrolló nuestra creatividad y fortaleza para avanzar juntos.

Trabajé en casi todo, desde canillita hasta llegar a ser empresario funerario gracias a la universidad de la vida que también le ha sido útil a muchos hombres y mujeres de nuestra patria. Sin embargo, estudié administración de empresas, me gradué en Centro de Altos de Estudios Nacionales (CAEN), y ahora estudio derecho en la Universidad Inca Gracilaso de la Vega, para perfeccionar lo aprendido desde muy niño.

En este sentido, soy un peruano realizado como casi todos los peruanos que hemos edificado una familia, una casa para vivir y condiciones de relativa estabilidad; pero soy consciente que la inestabilidad social, económica y política de nuestro país, se ha incrementado a todo nivel y los más pobres llevan la peor parte en todas las ciudades de nuestro país.

Por ello me convertí con el apoyo de mi pueblo en alcalde de la ciudad de Ate, ciudad de unos 500 mil habitantes. Asumí esta responsabilidad ciudadana para sumar esfuerzos por una vida digna para todos, el derecho a jugar de los niños, el derecho a la tranquilidad de los adultos mayores, y el derecho a tener condiciones para la producción de nuestros medios de subsistencia. Esto es en mi opinión ‘el desarrollo local’.

Pero el ámbito local y la gestión municipal, verdadera escuela de autoformación, después de dos años como alcalde me hizo comprender que hay que apurar el paso dentro de la historia y caminar sumando, mirando el bosque, es decir, a todos los municipios del Perú.

La historia nos muestra que el centralismo en nuestro país no da para más, salvo seguir generando pobrezas y violencias. Que urge la descentralización para salir de la pobreza y vivir en paz, y que también urge convocar a todas las formas de solidaridad y cooperación internacional, aliados estratégicos del desarrollo de nuestros pueblos. En mis viajes por Chile, Uruguay, México, España, Corea, Bélgica y Francia, constaté que existen recursos que tanto Ate como otros municipios de nuestro país podrían convocar para el desarrollo local.

No queda entonces otra opción más inteligente que la ‘Municipalización del Perú, Ahora’, como la estrategia del desarrollo nacional. Y en esta perspectiva es que, junto con otros colegas alcaldes, hemos decidido crear la Federación de Municipios Libres del Perú (FEMULP), entidad abierta y convocante que agrupa a municipalidades interesadas en la intercooperación local, regional, nacional e internacional. Por lo tanto, con gran satisfacción ponemos a disposición de todos los municipalistas peruanos el Manifiesto de la FEMULP, marco conceptual para el desarrollo local y nacional del Perú”.

El 21 de julio de ese año 2001, en la plaza de armas de Lima, y en la sede de la Municipalidad de la ciudad, actuando como anfitrión su alcalde, se constituyó la asamblea fundacional de la FEMULP, eligiendo como su primer presidente al alcalde Oscar Benavides Majino, de Ate.

Se distribuyó en la misma fecha y ocasión un folleto con el texto del Manifiesto y el lema “Descentralización y democracia”. En su página de presentación incluyó un agradecimiento sentido a mi persona como Director del Instituto Intercultural para la Autogestión y Acción Comunal, INAUCO, de España, “por su valiosa contribución en la definición y redacción del Manifiesto”.

Fue para mí una hora de gran alegría asistir a aquel acto constitutivo de la FEMULP, así como conocer después su expansión por todo el territorio nacional peruano en donde se han creado las entidades regionales y departamentales de la Federación. Ha celebrado después varios Encuentros nacionales, a algunos de los cuales he tenido la oportunidad de asistir.

La FEMULP se ha abierto a la cooperación con otras organizaciones municipalistas latinoamericanas, portuguesas y españolas, valorando esa dimensión iberoamericana del municipalismo.

Ha tenido también sus crisis y polémicas, pero ha salido fortalecida de todas ellas. Creo que su fidelidad a los ideales y los proyectos incluidos en su Manifiesto fundacional le ha dado una profunda coherencia.

Por todo ello creo que la culminación de esta exposición es transcribir ese texto del Manifiesto que redacté durante los primeros meses del año 2001 y que los promotores de la Federación peruana asumieron prácticamente en su integridad.

Manifiesto de la Federación de Municipios Libres del Perú (FEMULP)

A finales del siglo XX se nos dijo desde países desarrollados del Norte que la democratización generalizada era un acierto pero que la estabilidad de nuestras sociedades hacía conveniente una cierta apatía democrática, un cierto conformismo participativo que se limitará al simple acto del voto como a la elección de representantes en los poderes del Estado cada cierto tiempo.

En América Latina tal práctica ha producido en los últimos años un enorme crecimiento de la pobreza, vinculada a cierto desengaño democrático al contemplar parecidas prácticas caciquiles y oligárquicas enmascaradas bajo la túnica de la legitimidad democrática.

La elección regular y libre de los gobernantes es muy necesaria, pero no para convertirlos en soberbios caudillos, dotados de plenos poderes a ejercer a su antojo, amputando nuestra dignidad de ciudadanos que va unida a la participación crítica y continua en las cuestiones que afectan a la comunidad a la que pertenecemos.

Esa comunidad de comunidades que es la nación-Estado se apoya en sus cimientos más resistentes que son los Municipios, hijos mestizos de la comunidad andina y del cabildo hispano, espacio de ciudadanía donde se ejerce el primer y fundamental protagonismo político, social, educativo, económico, de donde surgen las conciencias personal y colectiva de pertenencia e identidad a esa institución colectiva que construimos y realizamos entre todos.

Por ello no queremos ser tutelados como menores incapaces –excepto de ejercer el sufragio de tiempo en tiempo– sino asumir la responsabilidad de toma de decisiones que afecten a nuestra convivencia colectiva y de emprender los pasos para superar el subdesarrollo, la pobreza, la desigualdad y la injusticia.

Esa tarea es obra de todos.

Si los pueblos viven como propios los fines y prioridades de su quehacer colectivo, los hacen suyos y los acompañan, los vigilan y controlan en su camino desde el inicio hasta la culminación, involucrándose incluso en su construcción efectiva, sólo de este modo podrán alcanzarse plena y eficazmente. No hay plan que se cumpla sin el compromiso, el ánimo y entusiasta acompañamiento de quienes son sus destinatarios.

Necesitamos por tanto empezar –al contrario de los planes políticos habituales- desde adentro y desde abajo, desde lo pequeño e inmediato, desde esas comunidades a escala huma-na que son las ciudades pequeñas y medianas o los barrios de las grandes, que son entornos entrañables y conocidos, en donde las relaciones entre personas tienen nombres, son de carne, sangre, de limpias miradas a los ojos, en donde es una realidad cotidiana la convivencia ciudadana frente a las “muchedumbres solitarias” de las grandes ciudades, de los Estados estables y desarrollados, plagados de temores e indiferencias.

1º. La dimensión política de nuestros municipios libres

Hemos de volver a la tradición del cabildo abierto en donde ningún ciudadano puede desentenderse de la suerte de su comunidad, ni dejar de estar presente, una vez elegidos los representantes legales.

Al contrario, la ciudadanía tiene la capacidad de hacer propuestas de nuevas ordenanzas, o la iniciativa para la supresión de las que no funcionen o recurrir al referéndum municipal para la toma de decisiones de especial trascendencia. E incluso revocar aquellos dirigentes contaminados de tentaciones de cacique despótico.

En donde nadie se sienta ajeno a la suerte de la comunidad y esté dispuesto ante el llamamiento para desempeñar alguna responsabilidad comunitaria en algunos momentos de su vida.

2º. El municipio libre es una comunidad de libres

En el Municipio Libre la participación cooperativa debe ser un acto voluntario de conciencia y responsabilidad libre.

El MUNICIPIO LIBRE debe ser un espacio de experimentación social en donde se reconozca también el derecho a ser diferencial, desde el respeto mutuo hasta la tolerancia hacia las minorías y las diversas opciones personales.

Ahora bien, el vecino a la hora de trabajar con los otros vecinos en esa actividad mutualista de crecer y mejorar la comunidad, tendrá que dejar temporalmente de lado su camiseta ideológica y partidista – a la que tiene derecho– para no interferir ni debilitar la acción social comunal del Municipio Libre.

Debemos empezar por la educación, la cultura y los valores. Eduquemos desde niños para la cooperación y la ayuda mutua y no para el enfrentamiento o la comparación odiosa y agresiva. Eduquemos para ser merecedores de integrarnos en esa comunidad de libres que supone una disposición ciudadana a asumir alguna disposición social, y entregar su dedicación y experiencia durante cierto tiempo a la comunidad, en una rotación de dedicaciones a la que ningún ciudadano, excepto el discapacitado, será ajeno.

Deberíamos rescatar aquel viejo principio de las culturas basado en la reciprocidad de dona-ciones según el cual el más generoso en la entrega es el que adquiere mayor prestigio y autoridad moral en la comunidad, y provoca comportamientos recíprocos de donación.

La cultura común se enriquece con las aportaciones recíprocas, con la suma de esfuerzos y se empobrece con los enfrentamientos.

Mantengamos en el corazón de nuestros vecinos y ciudadanos la pasión por la libertad y la justicia aunque sea en forma resistente, con ese silencio tenaz de nuestros campesinos luchando por sus tierras, ocupando a veces otras arrebatando o abandonadas en una suerte de “quijotismo coral” tan admirable como el “profético”.

Este nivel de autoexigencia se inicia también en la relación entre saberes y profesiones. Si cada uno de nosotros en el ejercicio de nuestro oficio o profesión nos exigimos una máxima calidad, una máxima dedicación y rigor, como consecuencia de nuestro deber profesional vivido como tarea bien hecha y de precio justo, surgirá el mejor ejercicio de los derechos de los demás, sin necesidad de reclamos sino como consecuencia natural de esa reciprocidad de deberes.

Uno de los desafíos pues de nuestra Federación para resolver carencias de profesionales necesarios a nuestro pueblo y Municipios, tendrá que empezar por enseñar esta ética de las profesiones.

3º. No estamos solos y solos pereceremos

Tenemos vocación federativa e integradora.

La Federación de Municipios Libres es un organismo vivo, palpitante, en donde todas sus células y sistemas acuden en auxilio del miembro en peligro o con riesgo. Su peligro es peligro para todos. Su mejor defensa es crecer en cantidad y calidad. Organizar servicios públicos y sociales de acción compartida, mediante la creación de asociaciones de Municipios libres, en ámbitos locales, regionales, nacionales hasta llegar a una convergencia operativa iberoamericana y una disposición abierta a cooperar con Municipios inspirados de tales principios, de cualquier rincón del mundo, es su quehacer permanente.

No pretendemos ni sustituir ni suplantar al Estado.

Aplicar, sin embargo, un principio de subsidiaridad según el cual todo lo que podamos hacer en la escala local o regional no debe decidirse en la escala nacional. Primero, por un principio de eficacia política, y segundo, por un principio de favorecimiento de la participación ciudadana como elemento fundamental de la dignidad política y del sentido de la libertad.

El problema de nuestra sociedad es el de sus profundos desequilibrios sociales, económicos, culturales, pero también institucionales. Esa macrocabeza estatal que todo lo quiere dirigir, que todo lo quiere tragar es algo grotesco y enfermizo, pero además, profundamente ineficaz.

Hemos de ir a una descentralización cooperativa auténtica en donde el nuevo equilibrio implique una cooperación igualitaria entre el Estado y los Municipios.

“Una verdadera estructural federal –escribía el profesor argentino Frías– coordina sin especular, controla sin anular, promueve sin marginar, ayuda sin presionar”.

El Gobierno Central será supremo en lo suyo, pero subsidiario en la esfera de los Municipios y de las regiones.

4º. Autonomía municipal y finanzas municipales

La autonomía municipal debe alcanzar a los medios financieros y tributarios para la realización de servicios eficaces y dignos y las políticas de inversiones necesarias. Con el fin no sólo de mejora de locales y espacios públicos sino también para aplicar las políticas sociales de lucha contra la pobreza que no debe consistir únicamente en la entrega paliativa de alimentos, medicinas o ropa y la mejora de viviendas, sino dar a nuestros vecinos más necesitados, mediante la formación y la enseñanza intensiva, la oportunidad de recobrar la dignidad de protagonistas en ese proceso social de salvación y recuperación.

El Municipio en colaboración con asociaciones locales y organizaciones no gubernamentales puede ser un excelente promotor de desarrollo socio económico, más aún, su conocimiento de las necesidades y de las técnicas disponibles junto con el trabajo comunal constituye un método eficaz, con inversiones limitadas, para alcanzar sus objetivos.

El presupuesto municipal debe ser transparente y en la política de inversiones se debe seguir el ejemplo del “presupuesto participativo”, iniciado en Porto Alegre (Brasil), con lo cual toda la comunidad mediante un sistema de ponderación de votos y a través de los barrios y distritos, interviene para fijar las prioridades y siente como suyos tales proyectos.

La penuria económica de los municipios es un grave error. Las Cajas de Ahorro Municipales deberían ser promotoras, con el apoyo del Estado, de un sector de Economía Solidaria que integre con recursos suficientes a sectores populares propietarios de empresas asociativas y familiares tanto debidamente constituidas como partícipes aún en la economía informal.

La política de desarrollo social parte en estos casos de un mejor conocimiento de la realidad a fin de invertir primero donde es más urgente y necesario. El Municipio es la primera trinchera para combatir la pobreza.

Tanto en los órganos de planeación nacional como en el Ministerio de Economía y Finanzas, deben existir una representación significativa del conjunto de los Municipios.

5º. Garantías constitucionales

Necesitamos un sistema de garantías para que esta reconstrucción de la sociedad política desde sus cimientos municipalistas no se resquebraje.

Los municipios deben poder recurrir al Tribunal de Garantías Constitucionales en aquellos conflictos de competencias que afecten a su autonomía.

Tal vez sería necesaria una reforma constitucional para dejar sentado en la Ley Fundamental la existencia de una Cámara Alta parlamentaria de representación territorial en donde los Municipios tuvieran una participación mayoritaria.

Necesitamos un sistema nacional de judicatura formado por funcionarios independientes, imparciales y competentes, reclutados de forma objetiva por sus méritos y honestidad que garanticen a los ciudadanos y a las instituciones municipales la equitativa resolución de recursos de defensa de sus derechos y libertades fundamentales.

Habrá que reconocer a las comunidades campesinas y nativas la vigencia de su derecho consuetudinario y la capacidad de jurisdicción interna, aunque con garantías de recurso.

Tal vez para que la eficacia y funcionalidad de este mecanismo decisivo de garantía opere, podríamos empezar por autorizar y legalizar la figura del “Juez de Paz”, elegido por cada comunidad municipal, entre aquellas personas “buenas y justas”, con capacidad de decidir tanto como árbitro y amigable componedor, ejerciendo el don de la palabra, como verdadero juez que resuelve un conflicto hasta cierto nivel de cuestiones litigiosas. Y respaldado no sólo por la autoridad moral sino por toda la Municipalidad para el cumplimiento de sus decisiones.

Otra institución de garantías ciudadanas a establecer es el “Defensor del Pueblo Municipal”, que actúe en estrecha colaboración con el “Juez de Paz”, acoja las quejas de los vecinos y se dirija a los funcionarios de la administración local para canalizar justas reclamaciones de éstos y les apoye en la tramitación de los recursos o quejas ante instancias superiores promoviendo si es necesario, acciones populares en tal sentido. Su elección debe ser popular y democrática, por toda la comunidad.

Tales cargos deben ser honoríficos o tener únicamente la recompensa de los jornales o salarios no cobrados durante el tiempo de dedicación, para mantener su independencia, con garantía de conservar su puesto de trabajo, pero sin ser excesivamente oneroso para la comunidad.

Argumentos finales

Es cierto que todo no se puede hacer desde el Municipio, pero se puede hacer mucho más y mejor.

A principios del siglo XIX, en los albores de las independencias nacionales en el continente, se escribió un libro, “El Evangelio Americano”, del chileno Francisco Bilbao, que ya defendía construir una federación libre de Municipios libres como el mejor modo de organizar la independencia en las tierras americanas.

En Venezuela otro hombre notable, Francisco de Miranda, defendía ideas semejantes por la misma época, que chocaban con el autoritarismo de algunos de sus contemporáneos. Apoyaba también la unidad fundamental de los hispanos, cualquiera que fuera su lugar de nacimiento. Tal vez intuía ya la emergencia de esa “raza cósmica” –así denominada por el mexicano Vasconcelos– que expresa el valor añadido de esa simbiosis mejorativa del mestizaje físico, psicológico, cultural creado en ese Continente de la Esperanza.

Por su parte, en el Perú en 1873 Manuel Pardo bosquejó una política descentralizadora creando los Consejos Departamentales. Luego Nicolás de Piérola postuló la forma federativa para satisfacer nuestras necesidades de hoy y de mañana; pero es José Carlos Mariátegui quien advirtió que un regionalismo que se contente con la autonomía Municipal no es un regionalismo.

A aquellos que quieran desanimarnos, que quieran desmovilizarnos, con la acusación de ser un sueño utópico nuestra iniciativa, podríamos contestarles con las palabras de Miranda al final de su vida, “sólo lo imposible es razonable”.

En estas tierras andinas, abiertas y dispuestas a entrelazarse con las otras tierras hermanas de América latina, con sus hombres y mujeres, se levanta ahora esta bandera federal de los MUNICIPIOS LIBRES.

Tenemos la firme voluntad de no arriarla hasta verla ondear en los lugares de honor de todas nuestras ciudades y comunidades.

FECHA DE RECEPCIÓN: ABRIL DE 2009 FECHA DE ACEPTACIÓN Y REVISIÓN FINAL: JUNIO DE 2009

 
 
SOCIEDAD GLOBAL es una revista académica de la Universidad Abierta Interamericana. La versión digital es editada y mantenida por el Grupo de Investigación eumednet de la Universidad de Málaga.

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