Sociedad Global
Revista de relaciones internacionales y ciencias políticas
ISSN 1851-6262

LA RESOLUCIÓN DE LA RONDA DE DOHA: SU SIGNIFICADO POLÍTICO Y LA ESPECIALIZACIÓN PRODUCTIVA DE AMÉRICA DEL SUR

Raphael Padula
Doctorando en Ingeniería de Producción por COPPE-UFRJ. Editor de la revista OIKOS
padula.raphael@gmail.com
 

 

Resumen:

Este trabajo apunta que la ronda de negociaciones multilaterales impulsada por los países centrales desde 2001 en el ámbito de la Organización Mundial del Comercio (OMC), la Ronda de Doha, tiene motivaciones y consecuencias económicas y políticas. Al igualar las “reglas del juego” entre países desiguales, especialmente en busca de la liberalización internacional del comercio y de las inversiones, el resultado de la resolución de las negociaciones conservaría la especialización productiva de América Latina en la división internacional del trabajo, como periferia exportadora de commodities, de bajo valor agregado e intensidad tecnológica, que generan menores remuneraciones, mientras los países centrales (desarrollados) acentuarían la concentración de su producción industrial de alto valor agregado e intensidad tecnológica. En el campo político, los países centrales y sus Estados fuertes gozarían de ventajas políticas (de poder) y saldrían victoriosos, lo que influiría en la distribución de beneficios entre y dentro de los Estados y en las posibilidades de desarrollo de los países periféricos. En este trabajo, apuntamos a quienes interesan estos beneficios desiguales y sus impactos sobre la integración sudamericana. Además, destacamos la dimensión de la importancia de la industria en las políticas de estos países –revelada en el largo y gran esfuerzo intervencionista que realizaron durante su proceso de desarrollo– y en la estructura productiva nacional.

Palabras clave:

Economía Política Internacional, negociaciones multilaterales, Desarrollo Económico, Política Comercial, Integración Regional.

Resumo:

Este artigo mostra que a rodada de negociações multilaterais impulsionada pelos países centrais desde 2001 no âmbito da Organização Munidal do Comércio (OMC), a Rodada de Doha, tem motivações e conseqüências econômicas e políticas. Ao igualar as “regras do jogo” entre países desiguais, especialmente na busca pela liberalização internacional do comércio e dos investimentos, a resolução das negociações levaria a manutenção da especialização produtiva da América Latina na divisão internacional do trabalho, como periferia exportadora de commodities, de baixo valor agregado e intensidade tecnológica, que geram menores remunerações, enquanto os países centrais (desenvolvidos) acentuariam sua concentração da produção industrial de alto valor agregado e intensidade tecnológica. No campo político, os países centrais, e seus Estados fortes, teriam uma vitória e ganhos políticos (de poder), influindo na distribuição de benefícios entre e dentro dos Estados e nas possibilidades de desenvolvimento dos países periféricos. Neste artigo, apontamos a quem interessam estes ganhos desiguais. Adicionalmente, apontamos o quanto a indústria foi importante nas políticas destes países, importância revelada no longo e amplo esforço intervencionista que realizaram quando estavam em processo de desenvolvimento, e o quanto a indústria é importante na estrutura produtiva nacional.

Palavras-chave:

Economia Política Internacional, Negociações Multilaterais, Desenvolvimento Econômico, Política Comercial, Integração Regional.

Abstract:

This paper points that the Doha Round of multilateral negotiations, pushed by the central countries since 2001 at the WTO, has economical and political reasons. Despite the G20 (periphery countries group) efforts for its resolution, in equalizing the “rules of the game” between unequal nations, especially aiming trade and investments liberalization, the negotiations resolution would led to the maintenance of the South America productive and trade specialization in low value-added and technological intensity commodities in the international division of labor, while the central countries would strength their concentration on the high value-added and technological intensity industrial production. Politically, their central countries strong States would reach political victory and gains, influencing in the distribution and in the possibilities of benefits and development between and inside the States. We point the main interested (States and groups) in these unequal gains and its impacts on the South-American integration. Yet, we approach the importance of the industry in the history of the central countries policies and in the productive structure as pointed by the development theory.

Key words:

International Political Economy, Multilateral Negotiations, Economic Development, Trade policy, Regional Integration.

... cuanto mayor es la cultura de una población,

menor es su dependencia de la naturaleza del país”.

Wilheln Roscher - Grundlagen der Nationalökonomie

Introducción

Los Estados nacionales que fueron capaces de llevar a cabo un exitoso proceso de desarrollo siempre guiaron sus políticas según su interés nacional. En la historia económica, un proceso de desarrollo exitoso no ha sido nada fácil, tampoco ocurrió espontáneamente conducido por las fuerzas del mercado, sino que exigió un amplio, complejo y duradero esfuerzo intervencionista de los Estados. Son esos mismos Estados exitosos que, cuando es conveniente a sus intereses, impulsan procesos de liberalización internacional de los mercados y de las finanzas, así como el iniciado a finales de los años 70, proceso conocido como globalización. A pesar de ser los promotores de esta liberalización, tales naciones no dejaron de proteger algunos sectores, por motivos estratégicos o por presiones políticas internas.

Tal liberalización, expuesta en la Ronda Uruguay del GATT,(1) mostró resultados claramente desfavorables para los países subdesarrollados, especialmente para los países de América Latina, que realizaron una apertura profunda y rápida de sus economías, provocando un aumento de la desigualdad -en relación a los países centrales- en términos de renta, riqueza, tecnología y poder. Frente a estos resultados, los países centrales (PCs) hicieron una fuerte presión para que se realizara una nueva y amplia ronda de negociaciones internacionales que impulsara una liberalización del comercio y de las inversiones aun más profunda a nivel internacional. Además, también tienen como objetivo incluir otros temas como la propiedad intelectual y las compras gubernamentales. Estas negociaciones ocurren en el ámbito de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y configuran la llamada Ronda de Doha, iniciada en 2001.

Nuestro análisis sobre la Ronda de Doha se apoya en tres percepciones fundamentales. Primero, existe un sistema internacional jerarquizado, formado por Estados que interactúan directamente entre si y a través de organismos multilaterales, que no son instituciones impasibles de recibir influencias políticas. Los principales factores que caracterizan esta heterogeneidad entre los Estados son los diferentes grados de poder político (incluso militar) y diferentes niveles de desarrollo económico, social y tecnológico. El sistema internacional está configurado por un núcleo central, formado por los países centrales y liderados por una nación hegemónica -que posee el poder militar y económico (incluso porque emite la moneda internacional), y los demás Estados forman la periferia del sistema. Los países centrales son países con mayor poder político, económico y tecnológico, conocidos como países desarrollados, mientras los países periféricos son los países subdesarrollados. Esta jerarquía no es estática y hay constantes movimientos, especialmente en la disputa por la hegemonía entre los Estados del centro, y la ascensión al núcleo central por parte de los países de la periferia.

Segunda percepción: existen coaliciones de poder y diferentes intereses políticos y económicos internos en cada Estado, que se pueden asociar a los intereses externos, y son importantes determinantes del vector de políticas (postura) adoptado.

Tercero, las estructuras productivas nacionales (diferente participación de las actividades económicas en la producción nacional) importan y son resultado de procesos históricos (estructuralismo-histórico), en los cuales la producción física de estas industrias, de alto valor agregado y alta intensidad tecnológica, son actividades fundamentales dinamizadoras de la economía, promoviendo mejores remuneraciones y mayor autonomía en términos de divisas en los países que no son emisores de la moneda internacional, y son fuentes de autonomía y poder político.

Son las interacciones entre los Estados en el sistema internacional que determinan las “reglas del juego” y, consecuentemente, las posibilidades de desarrollo -especialmente de la transformación productiva en la periferia- y la distribución de beneficios entre y dentro de las economías nacionales. Actualmente, el sistema internacional se configura por la hegemonia unipolar, lo que significa una restricción para los países periféricos si optan por una actuación por separado (sin cooperación o en competencia). Por consiguiente, dichos países deben trabajar por una orden multipolar (Darc, 2005).

En el debate sobre la Ronda de Doha predomina la perspectiva económica. Este trabajo analiza la Ronda de Doha no solo desde el punto de vista económico, sino también político; visto que su instauración y su posible resolución tiene motivaciones y consecuencias económicas y sociales - como en la división internacional del trabajo, que afecta directamente las estructuras productivas de los países latinoamericanos y su desarrollo, las ganancias de las empresas transnacionales, la generación y remuneración del empleo. No obstante, al mismo tiempo, tiene motivos y consecuencias políticas en las diferentes esferas de poder de los Estados en el sistema internacional. El objetivo aquí es demostrar como Doha intenta igualar las “reglas del juego” entre países desiguales, y tendría distintos impactos en los países con diferentes grados de poder, desarrollo y riqueza, con especial atención para la histórica especialización internacional de América Latina en la producción y exportación de bienes de bajo valor agregado e intensidad tecnológica, que tiene influencia en la ocupación de los trabajadores y sus remuneraciones. Como veremos después, los diferentes impactos reflejan los intereses de los que apoyan la resolución de Doha. De esta manera, apuntamos que el resultado tiene como objetivo mantener las industrias y el desarrollo de los países ricos, lo que ampliaría las diferencias internacionales de poder y riqueza.

Desde nuestra perspectiva, la propuesta de la Ronda de Doha debe ser observada dentro de una agenda política internacional más amplia y dominante en el debate internacional, encuadrada en la visión política liberal, donde las diferencias de poder entre los Estados nacionales no son consideradas relevantes y el sistema internacional generado por la relación entre Estados es considerado imparcial y benéfico. Esta agenda “diplomática moderna” más amplia -para usar el término de Guimarães (2006)- impuesta a partir de los países centrales, encabezada por EE.UU. como país hegemónico, tiene como principales puntos: democracia, derechos humanos, el narcotráfico, el terrorismo, la no proliferación de armas nucleares, el medio ambiente, garantía de la propiedad privada e intelectual y la consolidación de un orden jurídico internacional que suprima los obstáculos al flujo de bienes y de capitales.(2) Esta visión y su respectiva agenda justifican las acciones políticas de los PCs y la busca por un mundo supuestamente cada vez más liberal y globalizado económicamente. Los ataques del 11 de septiembre de 2001 fortalecieron dicha agenda.

Además de esta sección de introducción y de la sección final con las conclusiones y consideraciones finales, tendremos cuatro secciones más. En la primera sección, describiremos la Ronda de Doha, su evolución, los temas y objetivos formales de las negociaciones. En la sección 2, trataremos sobre el significado político y económico de Doha y apuntaremos los principales interesados en su resolución, enfocando la especialización productiva de América Latina, el papel de la integración regional y las diferencias de poder en el sistema internacional. En la sección 3, abordaremos la importancia del esfuerzo por la industrialización en la historia de las políticas de los PCs. En la cuarta sección, destacaremos la importancia de la industria en la estructura productiva de una economía nacional, buscando incluso puntos de vista de importantes pensadores económicos. En la sección 5, buscaremos señalar los impactos de la resolución de Doha sobre la integración sudamericana.

1. La ronda de Doha: para igualar las “reglas del juego” (3)

En noviembre de 2001, en la ciudad de Doha en Qatar, se llevó a cabo la IV Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC), donde los Ministros responsables por el comercio decidieron realizar una nueva ronda de negociaciones multilaterales y, de esa manera, se lanzó la Ronda de Doha, la primera ronda de negociaciones comerciales multilaterales en el ámbito de la OMC.(4) Esta nueva agenda de comercio, propuesta por los países centrales, recibió el apodo de Agenda de Desarrollo de Doha. Las negociaciones ocurren siguiendo el principio del compromiso único (single undertaking), que significa que nada está acordado hasta que todo esté acordado: el acuerdo final constituirá un paquete indivisible, es decir, un acuerdo sobre todas las materias.

Ante la falta de consenso entre sus miembros con respecto a la conveniencia de iniciar una nueva ronda de negociaciones multilaterales, la insistencia y las presiones políticas de los países centrales (los países industrializados) -representados por EE.UU., Japón, Unión Europea (UE) y Canadá- fueron fundamentales para su aprobación. Estos países tenían claros intereses en profundizar los acuerdos de liberalización de aranceles sobre bienes industriales, servicios, inversiones y compras gubernamentales.(5) Los países interesados en la liberalización del comercio internacional de bienes primarios -como Brasil, Argentina y Australia, entre otros- los apoyaron. Es importante resaltar que estos países estaban insatisfechos con los resultados de la Ronda Uruguay del GATT, debido a que los países centrales no liberalizaron sus mercados agrícolas conforme lo acordado y, en cambio, se demostraron dispuestos a abrir todavía más sus mercados de bienes industriales.

Su cronograma había establecido el inicio de las negociaciones para febrero de 2002 e, inicialmente, enero de 2005 fue la fecha que se determinó como plazo límite para su término - 3 años de duración. Posteriormente, en la VI Conferencia (2005), se postergó este plazo para finales de 2006. El objetivo de la fecha propuesta era solucionar la ronda antes que se expirara la autorización que daba al presidente estadounidense, George W. Bush, poder para legislar sobre el comercio por medio decreto (Fast Track). El término de la autorización se cumpliría el 30 de junio de 2007 en el Congreso.(6)

A través de la adhesión a la Agenda de Desarrollo de Doha, el objetivo principal de la Ronda es la liberalización del comercio de bienes y servicios y de inversiones a nivel mundial. La lógica de la “liberalización competitiva” es dejar que las fuerzas del mercado incentiven las naciones a se especializar en la producción y comercialización de los bienes en que poseen ventajas comparativas (estáticas) - presente en la teoría clásica liberal y en la teoría neoclásica neoliberal del comercio.(7) De esa manera, se profundizarían las actuales especializaciones internacionales, en las cuales el aumento del flujo de comercio (exportaciones e importaciones) sería la razón de los beneficios recíprocos en el comercio internacional. En este sentido, se propone igualar las condiciones de comercio, no importando las diferencias de fases de desarrollo y productividad entre los países, y tampoco las diferencias de “calidad” entre las actividades económicas (en términos de intensidad tecnológica, valor agregado, remuneraciones, efectos dinámicos, entre otros factores). Al contrario, tales diferencias serían la razón y el estímulo de la especialización.

La agenda se presentó demasiado amplia y compleja, lo que hizo más difícil la obtención de un consenso, comprendiendo diversos temas (un total de 19) agrupados en: Acceso a mercado para bienes no agrícolas (NAMA, en la sigla en inglés), Agricultura, Servicios, Comercio e inversión (evaluación del acuerdo TRIMS – Agreement on Trade-Related Investment Measures), Política de Competencia, Compras Gubernamentales, Facilitación de Comercio (esos cuatro puntos son denominados “Temas de Singapur”), Propiedad Intelectual (evaluación del acuerdo TRIPS – Trade-related Aspects of Intellectual Property Rights), Comercio Electrónico, Solución de Controversias, y “Reglas”.(8)

En Cancún (México), en septiembre de 2003, la V Conferencia Ministerial tenía como meta planificar y estructurar un esbozo de acuerdo concreto sobre los objetivos de Doha. Sin embargo, fracasó tras cuatro días de debate, específicamente en la discusión sobre el acceso a los mercados y subsidios agrícolas, cuando quedó más evidente la división Norte-Sur entre los países. En esta ocasión, las áreas de negociación se concentraron en cuatro temas: agricultura, NAMA (productos industriales), comercio de servicios y actualización de normas arancelarias (“Reglas”). Los subsidios agrícolas de los países centrales –tanto la Política Agrícola Común (PAC) de la UE, como los subsidios de EE.UU.– pasaron a ser un punto central en la discusión y los países en desarrollo rechazaron el acuerdo. Además, estos países se rehusaron a debatir los “Temas de Singapur”, debido a que muchos ítems aprobados en las reuniones anteriores todavía no habían sido implementados.

La Conferencia fue marcada por la creación y actuación del G20, grupo de países en desarrollo (emergentes), incluyendo los países de gran porte y encabezados por Brasil, China, India y Sudáfrica.(9) El objetivo del G20 es ser la voz de los países en desarrollo con especial enfoque en la negociación del acceso de sus bienes agrícolas a los mercados de los países centrales, eliminando los sus subsidios y proteccionismos (www.g-20.mre.gov.br). Al obstaculizar el proceso de negociaciones, el G-20 se mostró un interlocutor fundamental y de peso.

Ante el fracaso de las negociaciones constatado, algunas reuniones fueron realizadas buscando mantener el plazo final para las negociaciones. En agosto de 2004, en Ginebra, en una reunión entre algunos miembros -EE.UU., Canadá, Japón, UE, Brasil, India y Australia- se llegó a una estructura de propuesta para el acuerdo sobre la apertura del comercio global. En esta ocasión, se acordó reducir la agenda de negociaciones a cinco temas: NAMA, agricultura, servicios, TRIPS y facilitación de comercio; lo que en la práctica significó casi restringir las negociaciones a los temas del comercio industrial y de bienes agrícolas. Las negociaciones de Paris, en septiembre de 2005, enfocaron los temas seleccionados y, así, permanecieron los obstáculos críticos, sugiriendo una dificultad aún mayor para los involucrados en el acuerdo. El objetivo era alcanzar un acuerdo para finalizar las negociaciones en Hong Kong, en la VI Conferencia Ministerial.

La VI Conferencia de Hong Kong se realizó en diciembre de 2005. Su Declaración Final apuntaba hacia un acuerdo en algunas cuestiones específicas, incluyendo una fecha límite para la eliminación de los subsidios para exportaciones agrícolas en 2013. También se requirió que los países industrializados abrieran sus mercados para bienes provenientes de las naciones más pobres del mundo (agrícolas). La declaración dio nuevos aires de optimismo para las negociaciones, y esperanza de que se concluyera un amplio conjunto de acuerdos de libre comercio a finales de 2006.(10) No obstante, la disensión permanecería en las cuestiones claves. En julio de 2006, las discusiones de Ginebra no llegaron a un acuerdo sobre la reducción de los subsidios agrícolas a la producción y aranceles de importación, y las negociaciones proseguían y llevarían meses para terminar. Esta coyuntura hizo inviable los resultados pretendidos, principalmente tomando en cuenta la expiración del Fast Track en EE.UU.

Las negociaciones de la Agenda de Doha se detuvieron totalmente en junio de 2007, en la conferencia de Potsdam (Alemania), donde el mayor obstáculo siguió siendo el desacuerdo -principalmente entre EE.UU., UE, India y Brasil- sobre la liberalización agrícola e industrial, y el fin de los subsidios. En suma, todas esas cuestiones fueron ampliamente discutidas en las reuniones, pero hasta hoy no hay un consenso mundial en cuanto a la apertura comercial internacional.

Ante la proximidad de cambio de gobierno en EE.UU., surgió el temor de que esta alteración pudiera comprometer la viabilidad de un acuerdo en Doha, visto que el nuevo gobierno podrá revisar todos los posicionamientos estadounidenses en las negociaciones, especialmente en el caso de una victoria demócrata (de línea más proteccionista). En junio, tomando en cuenta esa posibilidad, el director general de la OMC, Pascal Lamy (11), convocó representantes de 35 países para una reunión en Ginebra (Suiza), a realizarse en julio de 2008. Era una forma de presión para que se garantizara la concreción de un acuerdo. En este sentido, la OMC presentó una propuesta alineada con los intereses de los PCs. Sin embargo, después 9 días de negociaciones, la reunión resultó en lo que muchos analistas consideran como el fracaso de la ronda de Doha o su congelamiento y atraso por varios años. Los obstáculos siguieron en las cuestiones de protección agrícola e industrial y reducción de subsidios agrícolas de EE.UU. y de la UE, y las negociaciones se detuvieron en el tema de la extensión de la protección agrícola en los países más pobres, especialmente en cuanto a los agricultores de subsistencia.

En una coyuntura de desvalorización cada vez mayor de la moneda internacional (dólar) y la proliferación de proteccionismos -frente al alza de precios de los alimentos y del petróleo, que acarrean una creciente busca por el control de la producción y las reservas estratégicas- es obvio imaginar que sería imposible llegar a un acuerdo general de liberalización cuando grandes intereses nacionales están en juego.

El cambio de postura de Brasil marcó la reunión. Ese país, buscando un punto de consenso -aunque con alto costo político y económico y apostando en la ampliación del mercado para su etanol- se mostró muy flexible, acogió gran parte de la propuesta de la OMC y se alineó a los PCs.(12) A cambio de su flexibilización, Brasil pretendía obtener mejores condiciones de acceso de su etanol en los mercados de EE.UU. (con tarifas elevadas) y de la UE (regulado por cuotas).(13) Por tener un agronegocio competitivo, especialmente en relación a los países en desarrollo, la flexibilización sería en parte justificada en términos económicos y por presiones internas. Consecuentemente, Brasil abandonó el G-20, entrando en desacuerdo con socios como India, China (que fueron socios fundamentales en la cuestión de las salvaguardias en 2005), Argentina y los demás países del Mercosur. Argentina y Brasil, por ejemplo, no se pusieron de acuerdo en cuanto a la flexibilidad que los países en desarrollo tendrían para proteger los sectores considerados más sensibles ante el impacto de cortes arancelarios - flexibilidad revelada en el limitado porcentual permitido. La propuesta inicial de la OMC era del 12%, mientras Argentina defendía la protección del 16% de sus ítems arancelarios y Brasil estaría dispuesto a proteger apenas el 14%, que acabó siendo la propuesta final de la OMC.(14)

EE.UU. propuso “reducir” su techo para subsidios a la producción agrícola para US$ 15 mil millones, un valor que, a pesar de ser menos que un tercio del actual techo, es el doble de lo que fue efectivamente gastado por el país en este último año. Llegaron a aceptar incluso una pequeña reducción para US$ 14,5 mil millones (menos 500 millones), lo que los países en desarrollo consideraron insuficiente. Otro punto de desacuerdo fue el de la reducción de tarifas de los NAMA, en el cual China, India y Argentina se posicionaron en contra de las reducciones, y EE.UU. y la UE buscan mayor apertura.

Por cuestiones de seguridad alimentaria o de desarrollo rural, los países en desarrollo presentaron propuestas que les protegen de cortes en algunos productos, lo que generó insatisfacción en los PCs - que a su vez son inflexibles en cuanto a sus subsidios internos. También, la UE quería que el etanol se volviera un producto sensible, posibilitando protección diferenciada, lo que hería los intereses de Brasil, que estaba alineado a los PCs.

En suma, había una serie de cuestiones en desacuerdo. Sin embargo, el punto de discordia, que provocó el fin de las negociaciones, y por eso quedó más evidente, fue el mecanismo de salvaguardias especiales (SSM), que permite a los países en desarrollo aplicar tarifas por encima del techo arancelario acordado en la OMC en caso de un aumento repentino de importación. La propuesta de la OMC es accionar las salvaguardias cuando las importaciones de un producto crezcan el 40% en relación al promedio de los últimos tres años. India y China defendieron que las salvaguardias deberían ser accionadas en el caso de un incremento del 15% por encima del promedio de los últimos tres años de las importaciones. Además, India insistió en un límite bajo, del 10%, buscando defender su agricultura de subsistencia, posición apoyada por los países en desarrollo. India se alineó a los demás países importadores de alimentos como Indonesia, Venezuela, países centroamericanos y africanos. No obstante, EE.UU. se mostró inflexible en las negociaciones, lo que resultó en desacuerdo, generalmente polarizado entre EE.UU. e India, y en el fin de las negociaciones del encuentro en Ginebra.

Las negociaciones en el sector de algodón, extremamente protegido por EE.UU., también eran consideradas de muy difícil solución. Desde 2005, se acordó que los subsidios del algodón deberían tener reducciones mayores que en otros productos. Sin embargo, EE.UU., que concede subsidios alrededor de US$ 800 millones, es contrario a reducciones significativas, así como China se opone a la apertura de su mercado. El obstáculo en las salvaguardias puso a EE.UU. en una posición menos delicada que otra, en que su proteccionismo al algodón fuera la causa principal del fracaso en las negociaciones. Así, este impedimento fue en gran parte el motivo de su postura inflexible.(15) Es interesante notar como un país, EE.UU., que se coloca como promotor del multilateralismo, tenía tan poco a ofrecer en términos de apertura y se mostró tan inflexible en cuanto a los puntos negociados.

Cabe resaltar que hay una diferencia sutil entre la posición de Francia y la de los demás países de la UE. Eso demuestra que el bloque tiene dificultades en orquestar una política externa común. Francia se muestra menos flexible en cuanto a las concesiones en la actual política agrícola, incluso afirmando que no ratificaría cualquier cambio en este sentido. Esa postura ha sido blanco de críticas por parte de Alemania, a pesar de que este país no demuestra ser favorable a grandes concesiones en el tema.

También es importante notar el papel que tuvo China ante la amenaza de sus intereses frente a un posible acuerdo de mayor apertura. Especialmente cuando Brasil se alineó con los PCs en las negociaciones, China asumió junto con India el comando del G-20 (contra EE.UU.) y reforzó su posición, buscando proteger su mercado agrícola y su sector textil. Sin embargo, al comprobar la imposibilidad de un acuerdo, y el fin de la amenaza, cambió su posición para mostrarse más “flexible” en favor de un acuerdo, lo que traería una buena impresión internacional, mostrando voluntad de negociar, y dejando la imagen de intransigencia para EE.UU. e India.

2. El significado político de Doha y a “quienes” interesan su resolución

Los Estados fuertes de los PCs, que actualmente promueven las negociaciones de liberalización comercial, son los mismos que conjuntamente con los organismos internacionales (FMI, Banco Mundial y OMC) promovieron la liberalización internacional desde finales de los años 70. Dicha liberalización llegó a Latinoamérica en los 80 e inicio de los 90, con el discurso de una globalización que volvería el mundo homogéneo y universalizado en términos de riqueza, renta y tecnología. Este fenómeno se llevaría a cabo a través del libre comercio, prevaleciendo las fuerzas del mercado, con la convergencia hacia arriba de los países y poblaciones más pobres. La difusión de este discurso ganaría fuerza y adhesión en América Latina por las medidas recomendadas por los PCs en el Consenso de Washington y por las condiciones impuestas en acuerdos de préstamos y financiaciones de los países latinoamericanos junto a instituciones multilaterales y PCs.

Según los Informes de la UNCTAD (Trade and Development Report: 1997; 2003), los países de América Latina adhirieron incondicionalmente a este discurso e ingresaron en un proceso de liberalización rápida, hecha sin ninguna estrategia de inserción. Consecuentemente, los resultados presentados en estos informes apuntan una creciente disparidad en comparación con los países en desarrollo en términos de renta, riqueza, tecnología, ocupación y niveles de los sueldos, asociada a una polarización de las actividades industriales de alto valor agregado e intensidad tecnológica en los PCs. Tales resultados demuestran un fuerte vínculo entre cambios estructurales, patrones tecnológicos y patrones de vida. Resaltamos que un aumento en la divergencia de poder político en el escenario internacional también acompañó este proceso. Lo que argumentamos aquí es que la resolución de la Ronda de Doha implica beneficios políticos y económicos desiguales y, por eso, es importante identificar a quienes interesan tales beneficios.

El proteccionismo agrícola de los países centrales es apuntado como la principal razón de no haber ocurrido la prometida convergencia entre los países después de la liberalización comercial y financiera de los 80 y 90. Dicho proteccionismo habría perjudicado los beneficios de la especialización comercial de los países productores primarios. Este fue el argumento ampliamente utilizado para justificar una nueva ronda de negociaciones en la que se buscara profundizar aun más la liberalización en los países periféricos. Dentro de esta perspectiva, esta nueva ronda aseguraría de hecho el libre comercio y la especialización de los países periféricos en la producción de commodities y sus supuestas ganancias.

El discurso usado por el gobierno de Brasil, en la condición de líder del G20, defiende que la liberalización del comercio agrícola sería benéfica en el combate al hambre y para el desarrollo de los países pobres. En este discurso está implícita la idea de que los países en desarrollo serían beneficiados con la resolución de la Ronda de Doha y la especialización en producción y comercialización agrícola.

El freno a las negociaciones ha sido indicado como una victoria política de los países menos desarrollados, representados por el G20. Es necesario resaltar que este freno y toda la postura del G20, especialmente del gobierno brasileño, manifiestan el deseo de ampliar la liberalización del comercio -igualdad de condiciones de comercio- y el derecho de los países subdesarrollados de ser los proveedores mundiales de productos primarios en la división internacional del trabajo. De esa manera, no se trata de trabajar por la igualdad de estructuras productivas y tecnológicas entre los países centrales y los subdesarrollados. En esta concepción, trabajar en favor de un comercio “justo” significa trabajar para igualar las “reglas del juego” y evitar que haya una liberalización aún mayor de los países en desarrollo en el comercio de bienes manufacturados sin que haya, como contrapartida, una liberalización por parte de los países desarrollados.(16)

Lo que se propone en la Agenda de Doha es nivelar las relaciones de comercio e inversiones entre países con desiguales: estructuras económicas, sociales, niveles de tecnologías y productividad; y, participaciones del valor agregado en la producción nacional. De esa forma, sacan aprovecho, sobre todo, de los distintos grados de poder político entre las naciones. Además, pretende resguardar los derechos de propiedad intelectual y patentes de las empresas líderes de los países centrales.

No es casualidad que esta agenda surgió y fue impulsada a partir de los PCs (ricos e industrializados), con sus Estados fuertes, que tienen grandes intereses en ampliar sus ventajas internacionales y de los beneficios de sus empresas transnacionales, y disponen de gran influencia en los organismos internacionales.

Aunque, de forma generalizada, prevalezca el aspecto económico en las discusiones, las cuestiones esenciales en las negociaciones de Doha son políticas y económicas. Como diría List (1841), las cuestiones de poder y riqueza caminan de la mano, y no hay como disociarlas. A pesar del discurso de libre comercio considerar las cuestiones como si fueran meramente económicas y la economía como si fuera una unidad global, lo que List (1841) llamaría de economía cosmopolita, las cuestiones nacionales (la economía nacional y su interés subyacente) y políticas (de poder) son fundamentales y determinantes en el sistema internacional.

Doha es más un movimiento de expansión de los Estados fuertes, intentando establecer reglas de su interés en el ámbito internacional, haciendo valer la superioridad de su poder político y trabajando en el sentido de ampliarla, para favorecer la creciente expansión y concentración de sus empresas (líderes) y de su capital, que no son apátridas y tampoco globales.(17) Las “reglas del juego” se definen y los beneficios efectivos y posibles se distribuyen, entre y dentro de los Estados, en el interior de las relaciones interestatales en el sistema internacional, que son relaciones de poder. (Guimarães, 2005, pp.53-54).(18)

Las empresas transnacionales, con sede en EE.UU., Japón y UE, quieren: (i) ampliar sus exportaciones para los países en desarrollo, aumentando sus ganancias de escala; (ii) salvaguardar sus tecnologías, garantizando rendimientos extraordinarios y maximizando la apropiación de los beneficios del aumento de los mercados; (iii) tener acceso a las compras gubernamentales de los demás países. Estas son empresas líderes competitivas, mientras las empresas de los países de América Latina ya fueron alcanzadas por la liberalización rápida de los 80 y 90; hecho revelado por la caída en la participación relativa de su industria en la producción nacional y mundial, así como en la caída de participación del valor agregado respecto a la producción nacional (UNCTAD, 1997; 2003). Estas empresas transnacionales ya cuentan con amplia libertad para invertir en los países latinoamericanos, explotando sus recursos naturales y su mano de obra barata, pero sin agregar valor significativo y tecnología a la producción, conforme presenta el informe de la UNCTAD de 2003. Tal libertad permite que estas empresas tengan un amplio poder para negociar junto a los gobiernos de los países periféricos en la hora de decidir la localización de la su producción.

El economista sueco Gunnar Myrdal (1956) apunta que, en el campo internacional, las industrias líderes mundiales, entre otros factores, operan su produción con: mercados y escalas de producción muy superiores, con mayores rendimientos crecientes de escala y de alcance; tecnologías y máquinas superiores; costos de producción muy inferiores, con acceso a capitales y préstamos de largo plazo más fáciles y/o subsidiados; con mayor acceso a infraestructura; en un ambiente de constante difusión de conocimiento (spillovers) y diversas economías externas circundantes; y que, incluso, con el avance en los sistemas de transportes llegan a otros países con precios más bajos. Así, el libre comercio con industrias más avanzadas de las naciones (o regiones) más desarrolladas produce la exclusión de las industrias más débiles en naciones (o regiones) menos desarrolladas del mercado, sobre todo las de pequeño y mediano porte, debido a la competencia e importación de bienes industriales más competitivos (baratos), causando la ampliación de los mercados de las industrias avanzadas de las naciones más fuertes.

La exclusión de industrias en los países subdesarrollados suscita una serie de efectos negativos acumulativos. Se forma un ciclo vicioso, generando: caída en el empleo, en la renta, en las actividades productivas conexas (destinada a abastecer la industria y sus trabajadores), en la oferta de servicios públicos, y posible caída en la recaudación de tributos - factores que pueden volver el país o región menos atractivo para inversiones productivas.

Jakobsen (2008, p.11) señala que: “Varias entidades empresariales estadounidenses, como la poderosa “Coalition of Services Industry” (CSI), han ido a Ginebra para presionar los países en desarrollo (....) en favor de más ofertas en el área de servicios”.

Es importante resaltar que ni siquiera hay un consenso en el posicionamiento de los países de Sudamérica en cuanto a Doha. Brasil y Argentina, los dos principales países de la región, y que están entre los mayores productores agrícolas del mundo, poseen opiniones distintas. El gobierno de Argentina, que tiene una industria más débil, defiende una postura que preserve más el desarrollo de su industria, pensando en su economía como un todo y especialmente en el empleo, calificación y remuneración de su población.(19) Tal postura también puede ser resultado de la coalición interna de poder y de experiencias con acciones liberales de comercio no exitosas en el pasado. El sector industrial y los sindicatos argentinos son contrarios, pero, seguramente, el sector agro-exportador argentino es favorable a la resolución de Doha. El sector agro-exportador de Brasil presiona el gobierno brasileño, siendo un factor importante en el posicionamiento favorable del país a la resolución del acuerdo. De forma general, en los países periféricos, los empresarios del agronegocio son favorables al acuerdo, mientras que las organizaciones de trabajadores, los empresarios industriales, industrialistas y los sectores nacionalistas son contrarios. (20)

Las distintas posiciones de los países de Sudamérica en cuanto a la Ronda de Doha derivan de diferencias en términos de: grados de desarrollo, percepciones con respecto a los impactos de estas negociaciones, presiones internas, y/o de distintos proyectos de desarrollo. Estas divergencias de por sí presentan un potencial para provocar discordancias internas en cuanto al posicionamiento sobre las negociaciones, debilitando la posibilidad de una postura única de la región ante las negociaciones, así como el proceso de integración regional y sus posibilidades. Volveremos al tema de la integración regional más adelante.

3. La importancia de la industria en la historia de las políticas de los países centrales

Ante la constatación de que las negociaciones buscan ampliar aún más el acceso de la producción más competitiva de bienes industriales (intensivos en tecnología y en valor agregado, empleando trabajo menos cualificado y mejor remunerado) de los PCs, específicamente en los mercados de los países en desarrollo, profundizando patrones de especialización históricos en la división internacional del trabajo, es conveniente analizar la importancia del esfuerzo (intervencionista estatal) realizado por los PCs en busca de la implantación de una industria amplia y diversificada, un largo proceso guiado y no natural.

Aunque defiendan la liberalización arancelaria, especialmente en relación a la industria, los PCs, conocidos como países ricos o industrializados, cuando estaban en proceso de desarrollo (o emparejamiento), hicieron amplios esfuerzos para implantar y desarrollar sus industrias (List, 1841; Bairoch, 1995; Chang, 2002). Eso demuestra un exorbitante contraste entre sus estrategias de desarrollo y las políticas que promueven para los países en desarrollo. Tal acción se realiza de forma directa o a través de organismos internacionales (OMC, Banco Mundial y FMI, por ejemplo), en los cuales poseen alta influencia, especialmente EE.UU., la potencia hegemónica en el sistema internacional (Padula, 2005). Aquí vamos observar de forma sintética la experiencia de los principales íconos del desarrollo: Inglaterra y EE.UU..

Desde Inglaterra se comenzó a inventar y practicar agresivamente medidas para la implantación y el desarrollo de un sistema manufacturero de lana, así como leyes comerciales y de navegación, ya en el siglo XIV (Defoe, 1728). Sin embargo, fue en la Monarquía de los Tudor, principalmente con Henrique VII y con Elizabeth I, que inició una amplia estrategia mercantilista con el objetivo de implementar la industria textil y, consecuentemente, ascender la producción manufacturera generalizada.(21)

A partir de 1721, en el Reino de Jorge I, con la reforma de la política comercial de Robert Walpole (22), hasta la revocación de la ley del trigo (Corn Laws), en 1846, Inglaterra practicó un amplio conjunto de políticas comerciales, industriales y tecnológicas, y utilizó un amplio conjunto de leyes e instituciones, que tenía por objetivo su supremacía. No es casualidad que Inglaterra se volvió el país de la Primera Revolución Industrial y, tras aumentar su superioridad manufacturera, siguió con el proteccionismo. La utilización de proteccionismo arancelario, subsidios a las exportaciones, reembolso de aranceles cobrados sobre importaciones que sirven como materia prima para manufacturados exportados (drawbacks), control sobre la calidad de los artículos manufacturados exportados, están entre las medidas adoptadas por Inglaterra en este período (Chang, 2002, pp.42-43).

Con las naciones concurrentes, Inglaterra realizaba la transferencia de tecnologías (que ocurría a través de la exportación de máquinas, en la época), atraía sus trabajadores más cualificados y promovía “tratados ventajosos” con base en los principios del liberalismo económico; buscando, así, ampliar las ventajas de su industria. List (1841) apunta como ejemplo las consecuencias del Tratado de Methuen (1704), que estableció la reducción de los aranceles de importación de textiles británicos en Portugal, a cambio de la liberalización del mercado de vino británico a los portugueses. Con la apertura y el precio menor de los textiles ingleses, las industrias portuguesas textiles se arruinaron, pues dicha producción dejó de ser una actividad lucrativa. Así, Portugal se volvió más pobre y con un volumen de producción menor, con mayor desempleo, mientras la industria británica se expandió. Estas son las consecuencias reales de tales intercambios.

La gradual liberalización comercial británica, iniciada en la segunda mitad del siglo XIX, se encuadró dentro de una estrategia que buscaba favorecer su expansión manufacturera, especializándose en la producción y exportación de manufacturados y volviéndose una especie de fábrica del mundo, e induciendo a los demás países a la especialización en productos primarios destinados a Inglaterra.(23) Buscaba también fortalecer la City londrina como centro financiero internacional.

Las políticas coloniales, usadas por Inglaterra y otras metrópolis europeas, tenían como uno de sus objetivos esenciales y más comunes impedir el florecimiento de industrias en las colonias, para incentivar su producción primaria y para que no concurrieran con los bienes manufacturados de la metrópolis; para que después fueran manufacturados (agregándoles valor) y exportados a partir de la metrópolis, incluso para la propia colonia, aumentando los mercados (cautivos), las ganancias y el balance comercial en favor de los países dominadores. En el siglo XIX, en relación a los países semi-independientes (“colonias no formales”, como las de América Latina), Inglaterra y otras naciones desarrolladas practicaron “tratados desiguales”, para impedir el desarrollo manufacturero, generalmente imponiendo al país un techo arancelario del 5% y la privación de su autonomía arancelaria. (24) (Padula, 2005: 18; Chang, 2002: 94-99).

La estrategia colonial pasaba también por la inversión de las metrópolis en la producción de materias primas y en la infraestructura volcada hacia la exportación en las colonias formales y no-formales, con el objetivo de garantizar acceso asegurado y más barato a bienes primarios, al mismo tiempo en que asentaba mercados cautivos para sus exportaciones industriales.

Con diferentes grados de fuerza e interacción, dependiendo de la época, tales ganancias y formas de relaciones comerciales asimétricas siempre se basaron en por lo menos una de las tres siguientes formas de poder (o dominación): el poder político; el dominio ideológico (del pensamiento liberal, principalmente en el siglo XIX, y neoliberal, creciente a partir de finales de la década de los 70), y del dominio financiero (que respaldan la imposición sutil de “reglas” a ser adoptadas).

Observando a EE.UU., desde el fin del siglo XVIII, con Alexander Hamilton,(25) y por todo el siglo XIX, este país surge como gran teorizador y practicante del intervencionismo estatal como medio para el desarrollo industrial, a través de la protección y promoción de la industria naciente y de un amplio mercado interno. Como una especie de reacción a la teoría del “sistema británico” de libre comercio, que predestinaría EE.UU. a la producción y exportación de primarios -defendido por los agricultores del Sur- surge el “Sistema Americano” de economía política - defendido por los industrialistas del norte. No fue casualidad que EE.UU., conjuntamente con Alemania, otra gran proteccionista del siglo XIX, fueron los países de la segunda Revolución Industrial, y fueron crecientemente ganando los mercados de Inglaterra en el mundo y en Europa (Padula, 2005).

Antes de la década de 1830, EE.UU., a pesar de haber llegado a tener altos cocientes arancelarios, no se firmó como un país proteccionista, registrando varias oscilaciones en el promedio de aranceles practicado. Entre la década de 1830 y finales de la Segunda Guerra Mundial, los aranceles aduaneros promedios del país sobre los bienes manufacturados estuvieron entre los más elevados del mundo, incluso cuando ya había alcanzado la supremacía industrial.(26)

Los más notables ejemplos recientes de esfuerzo intervencionista por la industrialización son de Japón y de los NICs (New Industrialized Countries) del Este de Asia después de la Segunda Guerra, cuando el amplio uso de políticas industriales, comerciales y tecnológicas tuvo un importante papel.(27)

Es importante resaltar que, en el proceso de desarrollo de los países centrales, acuerdos internacionales de protección a la propiedad intelectual y de patentes no vigoraban y estos países pudieron recurrir a copias de tecnologías de los países más avanzados -en especial Alemania en el siglo XIX, copiando productos de Inglaterra- y incluso utilizando la ingeniería reversa -principalmente Japón en el posguerra (Chang, 2002).

Actualmente, para promover y proteger sus industrias, los PCs han usado un amplio conjunto de medidas “escondidas”, para usar el término de Chang (2002), con proteccionismo agrícola y subsidios que alcanzan U$ 1 mil millones por día, y también adoptan algunas medidas explicitas de proteccionismo a industrias incapaces de competir - como, por ejemplo, en el caso del acero en EE.UU..(28) Tal postura está de acuerdo con la coalición interna de poder de estos países y con sus intereses nacionales, de los cuales nunca se alejan.

4. La importancia de la industria en la estructura productiva

Ante el esfuerzo intervencionista realizado por los Estados de los PCs en favor de la industrialización, es natural que aparezca una pregunta: ¿por qué industrializarse? Encontramos en diversos pensadores económicos la percepción de la importancia de las industrias en la estructura productiva nacional. Como actividades dinámicas, sus efectos se reflejan en toda economía, pues son actividades más intensivas en tecnología y con retornos crecientes de escala, generando empleos más cualificados, mejor remunerados y en mayor cantidad. Las nuevas tecnologías y mejores remuneraciones se expanden por todos los sectores de la economía. En el capitalismo, la innovación (fruto de inversiones) posibilita una mayor acumulación, y la acumulación posibilita la innovación. Es un círculo virtuoso. Como la historia ha demostrado, la industria es el espacio por excelencia de la innovación. En ella, ambas, la innovación y la acumulación, se procesan más rápidamente que en la producción agrícola y extractiva. Recuperaremos en este trabajo, de forma sintética, la importancia de la industria en la estructura productiva nacional en la perspectiva de algunos de estos autores.

Antonio Serra, observando las diferencias entre los reinos italianos, en su Breve Tratado de 1613, apunta las causas de su riqueza o pobreza. El autor observa específicamente su Nápoles -de tierra fértil y pobre- y su vecina Venecia - estéril y rica. Serra (1613) apunta como en esta última, debido a la presencia de una cantidad y diversidad de manufacturas, asociada a un amplio comercio, las personas son más ricas, cultas, habilidosas y felices.

Para Serra (1613), el factor común de la cantidad y diversidad de manufacturas (o artífices) es el más importante de los factores que proporciona riqueza a los reinos,(29) apuntando cuatro motivos de su superioridad con respecto a la superabundancia de alimentos y géneros de primera necesidad: 1) mayor seguridad de ganancia, pues depende del hombre (trabajo, tecnología, etc.) y no de la naturaleza (clima, solo, etc.); 2) la producción manufacturera pode ser multiplicada más veces (retornos crecientes mayores) y las ganancias también, mientras la agricultura encuentra la restricción del factor fijo de la tierra; 3) mayor tiempo de conservación de los productos, posibilitando el almacenamiento y la venta a distancia y/o, posteriormente, de acuerdo con precios estables, reforzando el avance (disminución de tiempo y costos) en el sistema de transporte a distancia, y; 4) en la mayoría de las veces, se extrae mayor ganancia en la producción de bienes manufacturados que en la de bienes agrícolas. A partir de las afirmaciones de Serra, constatamos la idea de que las actividades económicas poseen diferentes capacidades para generar riqueza.

En la obra de Serra (1613), podemos identificar que las manufacturas estaban en el centro de este proceso porque son actividades económicas con calidades diferenciadas. Son actividades más intensivas en la división del trabajo, en (nuevas) máquinas y tecnologías (competencia imperfecta más dinámica), en retornos crecientes (ganancias de escala bajando costos), en espíritu empresarial e ingenioso, en el empleo de trabajo cualificado; así, siendo el núcleo de las sinergias y efectos sistémicos que generan ciclos virtuosos positivos, diseminando efectos por toda la economía (Reinert, 1999). Debido a estas características, el desarrollo de la actividad manufacturera atrae, demanda y emplea crecientemente una población cualificada y proporciona un comercio mayor, aumentando su escala de producción y sus ganancias. Serra apunta que estas actividades pueden y deben ser implantadas por medio de políticas del Estado en todo y cualquier reino que quiera alcanzar un alto grado de riqueza.(30)

Los análisis de Hamilton (1791) y List (1841) se desenvuelven en el mismo sentido de Serra (1613), y resaltan también la importancia de la interacción sinérgica y mutuamente benéfica entre el desarrollo de la industria y las actividades agrícolas y comerciales, creando demanda y estímulo recíproco, influenciando el sistema económico como un todo. Incluso, el desarrollo de una industria amplia, diversificada y avanzada tecnológicamente es, al mismo tiempo, producto y fuente de poder interno y externo del Estado. Por eso, según esos pensadores, la implantación y el desarrollo industrial demandan cuidados especiales, principalmente a las industrias nacientes y estratégicas (Padula, 2004).

En su principal obra, Sistema Nacional de Economía Política, List (1841: 99) define los poderes productivos de una nación como: la armonía del conjunto de leyes e instituciones; poder político nacional; seguridad nacional y orden público; fuerzas morales e intelectuales; cooperación armónica entre industria, comercio y agricultura; infraestructura y poderío naval; y, sobre todo una industria diversificada, activa y floreciente empujando las fuerzas productivas nacionales.

El economista argentino Raúl Prebisch (1949), uno de los fundadores del estructuralismo latinoamericano y de CEPAL, observó la existencia de un sistema económico mundial dicotómico entre países centrales y periféricos, caracterizado por la concentración en los primeros de la producción manufacturera, de la tecnología de punta, así como de los frutos provenientes del progreso tecnológico. A pesar de no presentar una percepción política (de poder) del sistema internacional, su visión sobre la dinámica del sistema es muy importante.

Prebisch (1949) observó que los países subdesarrollados incurrían en problemas permanentes en sus balances de pagos, y que esta tendencia ocurría en consecuencia de las asimetrías existentes en el sistema económico mundial y en el comercio internacional. El punto central de su argumento era la especialización de los países de la periferia, latinoamericanos, en la producción y exportación de productos agrícolas -de acuerdo con sus “ventajas comparativas” estáticas - de elasticidad-renta de la demanda inferior y con precios volátiles según las demandas del centro, importando productos manufacturados que poseen alta elasticidad-renta de los países centrales.(31) Esta diferencia de la elasticidad-renta tiende estructuralmente a acelerarse en favor de las importaciones de bienes manufacturados en los países periféricos y, además de la dependencia de la demanda de los países centrales, generan una deterioración secular de los términos de intercambio de los bienes primarios en relación a los bienes manufacturados. Así, los países periféricos inevitablemente encontraban problemas en su crecimiento económico y enfrentaban restricciones externas de divisas. A partir de la percepción de que los avances tecnológicos (aumentando la productividad y bajando costos) no ocasionaban una caída de precios y apenas mejoraban las remuneraciones (ganancias y sueldos) en los centros, Prebisch apuntó que los frutos del progreso técnico no eran transmitidos a la periferia, sino que se concentraban en los países centrales.(32)

A partir de eso, Prebisch apunta no solamente la necesidad de la industrialización para que los países latinoamericanos aumenten la elasticidad-renta de sus exportaciones, sino también que, con el aumento de la renta generada por el proceso de industrialización y el aumento de la propensión a importar proveniente del mismo, principalmente en relación la los bienes de capital, se da la necesidad de disminuir el coeficiente de importaciones a través de la substitución de importaciones. Estos son medios necesarios para que las naciones de Latinoamérica eviten las restricciones externas y alcancen un crecimiento superior a los de las naciones desarrolladas, donde la acción del Estado tiene un papel fundamental. En el ciclo de expansión económica de los países centrales, con el aumento de la demanda por commodities, Prebisch (1949) observa que los precios de commodities se elevan en relación a los bienes finales, y que los países periféricos deben aprovechar esta ocasión para promover su industria y reducir su necesidad de divisas, principalmente porque, en el periodo de caída del ciclo, la retracción de los precios de commodities es relativamente muy inferior.

Prebisch (1949) observa también que las actividades manufactureras en los países centrales generan más tecnologías (mayores avances y productividad) y mejores remuneraciones, expandiendo estos beneficios por toda la economía, empleando trabajo más cualificado y en mayor número, y tiene una clase trabajadora más organizada. Para Prebisch, la industrialización es importante para mejorar la calidad de vida.

Albert Hirschman (1959: Cap.VI) destacó la importancia de la implantación y del desarrollo del sector manufacturero debido a su mayor interdependencia (encadenamiento) con los otros sectores y, en consecuencia, son mayores sus efectos en cadena - efectos dinámicos sobre la cadena productiva nacional y especialmente sobre industrias satélites. Para el pensador, la actividad manufacturera es muy superior en comparación con la agrícola y la extractiva en cuanto a los efectos en cadena, que estimulan directamente el establecimiento y/o el desarrollo de otros sectores - “Talvez este sea aun el más importante motivo que actúa en contra de cualquier especialización total de la producción primaria de los países subdesarrollados” (incluso con respecto al argumento de la productividad relativa) (Hirschman, 1959: 169). Las actividades agrícolas y extractivas tienen efectos de eslabonamientos anteriores (“hacia delante”) más débiles, debido a su menor interdependencia con otros sectores y, en los países subdesarrollados, generalmente se destinan directamente al consumo y/o exportación.(33) Además, en general, la transformación industrial de estos productos es de bajo valor añadido al valor intrínseco del producto; principalmente en los países subdesarrollados. De esta forma, los PCs son los que disponen de la producción más intensa en tecnología.

Primeramente, Hirschman destaca para la implantación de una industria de bienes finales, con sus efectos de eslabonamientos posteriores (encadenamiento “hacia atrás”), creando demanda por productos primarios, semi-terminados, máquinas y equipos y servicios calificados. Así, la instalación y/o la expansión de una industria ligera puede inducir inversiones en los otros sectores de la cadena productiva, y en los países subdesarrollados puede estimular la substitución de importaciones por la producción interna de insumos antes importados. Eso ocurriría si actuaran los debidos incentivos y presiones, asegurando un mercado amplio y estabilizado y/o las ventajas necesarias a la producción.(34) Para Hirschman, la capacidad de generar efectos en cadena (combinación de efectos de eslabonamientos anteriores y posteriores, es decir, hacia atrás y hacia delante) y/o de inducir inversiones, debe ser el principal criterio para guiar la decisión sobre las inversiones (en actividades directamente productivas y/o en capital fijo social) en las economías subdesarrolladas que aspiran alcanzar una atmósfera de progreso y desarrollarse. La agricultura atrasada en estas economías no tendrían casi ningún efecto de eslabonamiento (anterior o posterior), y la agricultura avanzada tendría efectos relativamente menores si comparada a la industria, visto que demanda tractores, semillas, fertilizantes y almacenamiento especial.

Hirschman (1959) también reconoció que las industrias (y las áreas industriales) pagan mejores remuneraciones, debido a la demanda por trabajo más cualificado y en mayor número, así como por la mayor capacidad de organización de los trabajadores.

Es interesante notar que, en estos análisis, el comercio no es concebido separadamente, como un fin en sí mismo que puede llevar a la riqueza nacional: “comprando donde es producido más barato” y produciendo apenas los bienes en los que se tiene “ventajas estáticas”, aumentando el flujo de comercio como razón del desarrollo. Al contrario, en dichos estudios, el comercio es parte de un amplio conjunto sistémico, en el cual la expansión manufacturera es el núcleo dinámico del desarrollo que interacciona con otros factores. Así, el comercio es concebido como un factor estratégico trabajando por el aumento de la producción y del patrón de vida en la economía nacional.

Incluso, el aumento del comercio entre los países centrales -sustentado en bienes industriales intensivos en tecnología (y en diferenciación) y de alto valor agregado- puede ser mutuamente benéfico, incrementando recíprocamente las ganancias de escala y productividad de sus industrias. Ya el aumento de los mercados para los países periféricos, y su producción de commodities, no proporcionan los mismos beneficios, pues son actividades menos intensivas en tecnología y con retornos de escala menores, y emplean mano de obra de menor cualificación y remuneración.

5. La resolución de Doha y la integración regional sudamericana

La resolución de Doha tendría importantes consecuencias políticas y económicas para el proceso de integración regional sudamericano. Políticamente, afectaría la posibilidad de formación de un bloque político (de poder) unido que buscara proyectarse en el sistema internacional, influenciar sus reglas y las posibilidades de poder y desarrollo de la región como un todo, especialmente a favor de un proyecto de industrialización conjunto. Económicamente, la competencia externa perjudicaría cualquier posibilidad de una integración regional planificada con base en una división regional del trabajo sinérgica en sectores industriales dinámicos (que demandan larga escala de producción) - es decir, una integración que promueva la industrialización en todos los países, con un amplio mercado conectado por un sistema eficiente de infraestructura.

Según la concepción del “Regionalismo abierto” de CEPAL (1994), que es la misma del “Nuevo Regionalismo” del BID (2002), la integración regional sería un proceso de liberalización comercial intra-regional que ejercería la función fundamental de cementar (y establecer un marco) el proceso de liberalización comercial internacional, iniciado en la Ronda Uruguay del GATT y retomado en Doha. Los bloques regionales servirían como instrumentos en las negociaciones multilaterales de liberalización.

Así, el sentido (geo)político de la integración sudamericana (o latinoamericana y del regionalismo de forma general) sería formar bloques para fortalecer las posiciones de influencia y poder internacional de los países en las negociaciones de los acuerdos multilaterales de libre comercio, iniciados con las aperturas unilaterales impulsadas por la Ronda Uruguay, para obtener ganancias en la comercialización de los bienes en que poseen ventajas comparativas.(35)

En la misma dirección, el nuevo regionalismo presentado por el BID (2002) tiene como enfoque “la interacción entre los esquemas actuales de integración sub-regional, la nueva agenda promovida en Doha por las discusiones sobre el comercio multilateral, iniciativas Norte-Sur como el área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), y los acuerdos inter-regionales con la Unión Europea y Asia” (BID, 2002, p.1). Según el mismo documento del BID (2002), el sentido de la integración regional sería la inserción competitiva de los países partícipes aprovechando las fuerzas de la globalización, profundizando las reformas estructurales neoliberales iniciadas en el medio de los 80:

“En realidad, las iniciativas de integración regional un tercer nivel de reforma de política que apunta a complementar y reforzar la liberalización unilateral y multilateral impulsada desde mediados de los años ochenta. Desde ese punto de vista, la integración regional es una parte integral del proceso mismo de reforma estructural” (IBD: 2).

La IIRSA (Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana), presentada en la I Reunión de Presidentes de Sudamérica, realizada en agosto de 2000 en Brasilia, es un proyecto regional capitaneado por bancos multilaterales - CAF (Corporación Andina de Fomento), FONPLATA (Fondo Financiero para el Desarrollo de la Cuenca del Plata) y BID (Banco Interamericano de Desarrollo), este último altamente influenciado por EE.UU.(que posee el 30% de peso en los votos de sus decisiones, debido a su participación en el fondo). Este proyecto –que reúne proyectos enviados por los países de la región, muchos destinados a cuestiones internas de los países y a la integración al mercado global - promueve la integración de la infraestructura regional teniendo como uno de sus principios orientadores el regionalismo abierto.(36) Además, prioriza proyectos que atiendan a criterios como capacidad de atraer inversiones privadas y aumento de la competitividad de los bienes regionales en el mercado global.

A partir de los criterios mencionados, del diseño de sus ejes de integración y de la prioridad dada a la concepción de corredores de exportación (asociada a la concepción neoliberal), concluimos que este proyecto tiende a elegir obras de infraestructura volcadas hacia fuera, sin garantizar cualquier organicidad entre las mismas, acentuando un patrón histórico regional, en el cual la carencia de una infraestructura que conecte de forma eficiente los países de la región sigue siendo un obstáculo significativo a la integración. Esta infraestructura destinada a la exportación (transferencia para los países centrales) eficiente y competitiva de nuestros recursos naturales o de commodities industriales de bajo valor agregado, con base en recursos naturales, favorece predominantemente los PCs que a ellas tendrían acceso y las empresas transnacionales. De esta manera, la IIRSA -asociada al regionalismo abierto, en el cual se apoya- tienden a perfeccionar la histórica característica de la región de especialización productiva e inserción en el comercio internacional sostenida en la producción de commodities, dependiente de la demanda de los PCs, con integración de infraestructura deficiente entre los países y una oferta de infraestructura volcada hacia el mercado global.

Opinamos que, al contrario, la integración regional debe tener como objetivo político formar un bloque para proyectar el poder interno y externo de los Estados Nacionales, otorgándoles capacidad de influenciar las “reglas del juego” en el sistema internacional, a favor de un orden multipolar, que aumente sus posibilidades de desarrollo, ante los contingentes internos y externos que puedan surgir, para promover la industria y un amplio mercado regional, ligado por un amplio sistema de infraestructura conectando todo el territorio regional.

De esa forma, la integración debe ser un instrumento para promover el poder político y económico de las naciones y del continente como un todo. El comercio y la escala de producción generados por el proceso de integración -formando un amplio mercado interno regional- tendrían fines estratégicos y específicos: impulsar de forma planificada la industrialización y la autonomía de las naciones (incluso en términos de divisas), y no simplemente aumentar los flujos comerciales internos y/o externos basados en ventajas comparativas estáticas. En otras palabras, incluso dentro de la unificación, el comercio está sustentado en el aumento de la producción física y tecno-científica y en las ventajas comparativas dinámicas de las naciones, favoreciendo también la inserción del continente frente al comercio internacional. Así, hay un largo y amplio proceso en el cual intereses nacionales y regionales, y proteccionismos específicos y liberalizaciones intra y extra-regionales, interactúan de manera continua y permanente. Esa forma de integración no tiene relación con un principio cosmopolita liberal de paz universal y libre comercio futuro, pues las cuestiones de poder e intereses nacionales y regionales siempre están presentes. Sin duda, si fuera llevado a cabo, tal proceso provocaría reacciones adversas por parte de los PCs, especialmente de EE.UU., pues amenazaría su supremacía en la región.

Prebisch (1959), enfocando América Latina, observó la importancia de la integración regional en la creación de un amplio mercado (con una amplia escala) necesario para la instalación de industrias tecnológicamente avanzadas, distribuidas de forma planificada por los países de la región, formando una división regional del trabajo basada en la producción industrial. Para el economista, los países mayores (Brasil, Argentina y México) deberían especializarse en la producción de bienes de capital (Prebisch, 2001). De esa manera, a pesar de su visión estrictamente económica, Prebisch identificó que la integración regional era un medio para la industrialización de los países periféricos latinoamericanos, para enfrentar su restricción de divisas y problemas de balance de pagos, en suma, para enfrentar su dependencia económica y tecnológica de los PCs.

List (1841) percibió que las naciones atrasadas concentraban su población y producción de bienes primarios en la faja costera, volcada hacia los puertos, así como su infraestructura. Según List, el desarrollo industrial y de la infraestructura promoverían una mejor distribución geográfica de las actividades económicas y de la población en el territorio nacional, aprovechando los recursos naturales existentes en toda extensión nacional, creando mercado (demanda) y oferta para productos y regiones antes no exploradas. El desarrollo industrial impulsaría la viabilidad tecnológica para aprovechar los recursos naturales distribuidos en el espacio geográfico, transformándolos en bienes manufacturados y agregándoles valor; y, económicamente, el sistema de infraestructura posibilitaría su producción y comercialización de forma eficiente, generando un amplio mercado interno y una mejor ocupación del territorio. Eso tendría aplicabilidad tanto para la nación, como para la unión continental.

De esa manera, identificamos que la concepción de infraestructura regional debe buscar la conexión entre los principales centros productores y consumidores del continente, así como un mejor aprovechamiento de sus recursos en favor de nuestro desarrollo y autonomía, promoviendo nuestra industrialización, la generación de empleo y renta. Un ejemplo es la posibilidad de autonomía energética (un tema estratégico y de creciente importancia en las relaciones internacionales), ante las complementariedades de los países y de la autosuficiencia regional.

Conclusiones y consideraciones finales

Para los PCs, la resolución de la Ronda de Doha representaría, en un primer momento, un fortalecimiento del debilitado sistema multilateral, una victoria política de los Estados fuertes y una victoria económica de sus transnacionales. Podemos prever que el fracaso de Doha debilitaría mucho la OMC, organismo creado para promover la liberalización comercial, según los intereses de los PCs, que nació a partir de los resultados de la Ronda Uruguay.

Para los países en desarrollo, la resolución de las negociaciones y, consecuentemente, los resultados de una creciente especialización en la producción de commodities industriales y principalmente de productos primarios, representarían el estancamiento de sus posibilidades de desarrollo (prediciendo su permanente condición de subdesarrollo) y una especie de recolonización, con significativas pérdidas relativas de poder político, económico y tecnológico.(37) Los efectos económicos, sociales y políticos provocados por las pérdidas de importancia de la industria nacional y de la autonomía que ella genera, ya fueron tratados anteriormente. Así, la resolución de Doha contribuiría para un escenario internacional más polarizado.

En nuestra evaluación, no fue el proteccionismo agrícola de los PCs lo que provocó los resultados desfavorables de la globalización, sino su creciente especialización productiva en la producción de bienes industriales intensivos en tecnología y de alto valor agregado.

Además, debemos resaltar el hecho de que, junto con estas iniciativas de liberalización comercial, ocurren acciones de los Estados centrales por el control sobre las materias primas estratégicas (como la energía) en territorios de la periferia y por la ampliación de su poderío militar, especialmente por parte de la potencia hegemónica estadounidense. Esto ha suscitado un creciente movimiento de agudización de los proteccionismos nacionales.

Dentro de todo este contexto, y conjugado con estos intereses, existe la intención de los Estados de los PCs de no permitir que en Sudamérica se haga realidad una integración regional basada en una división regional del trabajo en sectores industriales dinámicos. Esta forma de integración debería ocurrir a través de un amplio proceso en el cual intereses nacionales y regionales, y proteccionismos específicos y liberalizaciones intraregionales, interactuarían de forma continua y permanente.

Los discursos del BID (2002) del “Nuevo Regionalismo” y de CEPAL (1994) de “Regionalismo abierto” promueven exactamente lo contrario. En estas concepciones, la integración regional sería un proceso de liberalización comercial intraregional y fundamentalmente un cemento (y una etapa) del proceso de liberalización comercial multilateral iniciado en Doha. La liberalización del comercio internacional, junto a la IIRSA, promueven un regreso al modelo colonial; en el cual las metrópolis (PCs) realizaban inversiones en la producción y en la oferta de infraestructura volcada hacia la exportación de commodities en las colonias, buscando obtener acceso eficiente y barato a estos bienes, mientras creaban mercados cautivos para sus bienes industriales.

Según la visión de Jakobsen (2008: 9), iniciar la Ronda de Doha, “(...) fue un gran equívoco, pues no se solucionó una serie de pendencias de la conclusión de la Ronda Uruguay del GATT, las economías de los países en desarrollo ni siquiera se habían recuperado de los efectos de la apertura económica de los 90, y la agenda comercial, una vez más, fue determinada por los intereses de los países industrializados”.

Además, la actual coyuntura económica y política internacional, de crecientes nacionalismos y alta de los precios de bienes básicos y estratégicos (como el petróleo), no favorece la promoción de un acuerdo amplio en los moldes de Doha basado en una visión política y económica liberal.

Los PCs se apresuran en aprobar lo más rápido posible el acuerdo de Doha aún en el gobierno George W. Bush, pues existe la posibilidad de la elección de un gobierno demócrata en EE.UU., que tendría una línea más proteccionista. Con eso, ganó fuerza la idea de se llevar a cabo un proceso horizontal rápido y más flexible, con el objetivo de facilitar el proceso.(38) Ante la posibilidad de fracaso de la Ronda de Doha, y del efectivo fracaso del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) en América Latina, EE.UU. ha negociado y promovido Tratados de Libre Comercio (TLCs) bilaterales, limitado a condiciones especiales de inversiones y acceso a compras gubernamentales para sus empresas. Esta ofensiva estratégica se ha expresado claramente en Sudamérica en las negociaciones de TLCs con Perú, Colombia, Chile y Uruguay. Con eso, EE.UU. también intenta afectar el proceso de integración y el surgimiento de una potencia o coligación de potencias que amenace su hegemonía regional. EE.UU. ha logrado muchas ventajas en las negociaciones bilaterales, debido a su gran capacidad de negociación, y no se mostró flexible en las negociaciones multilaterales, es decir, tiene poca apertura en este sentido. Así, estratégicamente, EE.UU. tendría que pagar un costo muy alto en un acuerdo multilateral y, así como en el caso del ALCA, son más susceptibles a negociar bilateralmente, a pesar de tener dificultades de aprobar estos acuerdos en el Congreso - debido a los intereses de grupos internos de gran influencia. Según Susan Schwab, representante de comercio de EE.UU., el país sigue comprometido con la Ronda (O Globo, 30/07/2008, p.23).

El formato inicial de la resolución de las negociaciones -de alcanzar la liberalización comercial plena y el fin de los subsidios agrícolas en los países centrales- es muy improbable, visto que estas políticas de protección agrícola son fundamentales para: mantener el patrón de vida en el campo equiparable con el patrón de la ciudad (remuneraciones en la industria); responder a la coalición interna de poder; formar un amplio mercado interno y; mantener una producción estratégica de bienes básicos.

Con el cambio de gobierno en EE.UU., se agrava la tendencia de que las negociaciones se extiendan por más años o fracasen definitivamente. El intento de la OMC queda restringido a encontrar fórmulas que impidan retrocesos en los avances logrados en las negociaciones. De lo contrario, la OMC tiende a volverse un simple y débil foro de resolución de cuestiones comerciales. En nuestra opinión, la tendencia ahora es que la OMC asuma un papel cada vez más débil y que los países busquen negociaciones bilaterales y dentro del bloque. Dichas formas de negociaciones no poseen la capacidad de influir en los subsidios de los PCs, sino solo en las tarifas y cuotas.

En Brasil, las presiones del agronegocio y la insistencia del gobierno en el discurso de que el país, al volverse en un gran productor agrícola mundial, puede ejercer un papel fundamental en la solución del problema de la inflación mundial de alimentos, apuntan hacia un esfuerzo por el liderazgo en la liberalización, intentando atraer los países del G20 para la misma posición.

Después de esta negociación, el G20, así como el eje Sur-Sur, fue afectado y probablemente quedarán profundas cicatrices (desconfianzas), principalmente en relación a Brasil. Este país salió políticamente derrotado al alinearse con las propuestas insignificantes de los PCs (que tampoco fueron aceptadas) y al chocarse con el G20 (China, India, Argentina y socios sudamericanos). Estas últimas pérdidas fueron las más perjudiciales. Usualmente, los países subdesarrollados han asumido posicionamientos más vulnerables a concesiones y cambios, debido a la posibilidad de ganancias económicas de corto plazo y/o inmediatas, y a presiones internas relacionadas con estas ganancias. No obstante, el tablero geopolítico internacional resalta la importancia creciente de China e India como grandes jugadores, que no hacen concesiones en cuanto a sus intereses, y con el creciente nacionalismo deben obstaculizar el proceso de liberalización en el ámbito de Doha.

A pesar de ser imposible hacer una previsión conclusiva para la resolución de la Ronda, la tendencia históricamente probable es que los Estados fuertes no hagan concesiones que perjudiquen sus intereses y concedan el mínimo de ventajas posible a los países en desarrollo. Queda a criterio de los países subdesarrollados ingresar en esta forma de acuerdo o no. Es comprensible porque los Estados fuertes buscan sus intereses, lo que no se puede comprender es porque las naciones subdesarrolladas no buscan los suyos.

Conforme Chang (2002) señala, para desarrollar sus industrias y alcanzar los países desarrollados, los países periféricos demandan protecciones e incentivos aún mayores que los utilizados por los PCs en sus procesos de desarrollo, visto que las diferencias tecnológicas son hoy muy superiores y los costos de transporte son muy inferiores. En nuestro punto de vista, para los países de Sudamérica, la integración regional se presenta como una oportunidad importante para fortalecer y proyectar sus Estados con poder político en el escenario y poder de decisión internacional, aumentando sus posibilidades de desarrollo e industrialización, formando un amplio mercado regional, explotando economías de escala y realizando un comercio mutuamente benéfico.

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NOTAS

1. Las negociaciones internacionales realizadas por los organismos multilaterales responsables por el comercio internacional son llamadas Rondas. El GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio) es el organismo multilateral predecesor de la Organización Mundial del Comercio (OMC), substituido en 1995, y su primera Ronda de negociaciones ocurrió en 1947.

2. El Embajador Samuel Pinheiro Guimarães (2006) define, separadamente, la visión política liberal y la visión estratégica de la diplomacia moderna. La concepción política liberal, para Guimarães (2006: 55-56), concibe el sistema internacional como formado por Estados que, aunque denoten algunas obvias diferencias de poder, “tienden a cooperar entre sí para el bien de la humanidad y la paz, desde que en ellos prevalezca la democracia”, no siendo relevantes las cuestiones de poder. “Los Estados más poderosos no ejercerían su poder en provecho propio, sino para el bien de la humanidad, sin oprimir a los más débiles” - siendo poderosos y benevolentes. Así, en esta visión, los países periféricos deberían adoptar como estrategia cooperar con los demás Estados en el sistema internacional, principalmente manteniendo una relación especial con las grandes potencias, sin desafiarlas y siguiendo las reglas del sistema internacional “que, a fin de cuentas, es imparcial y benéfico en relación a todos los Estados que se comporten de forma civilizada”. De esa forma, según Guimarães (2006: 63), “la visión estratégica de la ‘diplomacia moderna’ argumenta que los fenómenos esenciales en la esfera internacional, después del fin de la Guerra Fría, son la expansión inevitable del proceso económico de globalización; el fin de los conflictos políticos y militares (excepto en algunas regiones marginales); la hegemonía unipolar e incontestable de EE.UU. como característica de esta fase histórica; y el gradual desaparecimiento de los Estados nacionales y de las fronteras, fenómenos que juntos llevarían a la irrelevancia de la defensa y de la afirmación de la soberanía nacional. Los nuevos temas de importancia en la agenda diplomática moderna serían los derechos humanos, el narcotráfico, el terrorismo y la consolidación de un orden jurídico internacional que suprima los obstáculos al flujo de bienes y de capitales, garantizando el funcionamiento y la expansión de la nueva economía global, benéfica, próspera e imparcial. (...) La igualdad soberana de los Estados, la no intervención y la autodeterminación pasan a ser para la diplomacia moderna conceptos relativos y flexibles”.

3. Las informaciones sobre la Ronda de Doha utilizadas fueron extraídas de documentos e informaciones disponibles en la página web de la Organización Mundial del Comercio (World Trade Organization): www.wto.org.

4. Esta es la 9ª ronda desde el antiguo GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio).

5. Estas negociaciones podrían haber comenzado en la Conferencia Ministerial de la OMC de 1999, realizada en Seattle, con el nombre de “Ronda del Milenio”. Sin embargo, los países en desarrollo resistieron y se opusieron a la necesidad del “consenso explícito”, debido a su insatisfacción con los resultados de la ronda de Uruguay. El “consenso explícito” fue alcanzado en la conclusión de Doha tras la presión que se hizo sobre las delegaciones de algunos países en desarrollo para que dejaran el país.

6. Toda declaración de la OMC, incluso el acuerdo de comercio establecido entre EE.UU. y otro(s) país(es), debe ser confirmada por el Congreso de EE.UU para tener vigencia en el país. La autorización para legislar por decreto (Fast Track) en cuanto a cuestiones relativas al comercio, daba al Presidente la autoridad de ejecutar medidas de fomento del comercio sin la necesidad de ratificar los acuerdos en el Congreso. Sin el Fast Track, era complicado validar el acuerdo de Doha en el senado estadounidense, debido a los opositores en el senado y de la grande influencia de lobbies de empresas menos cosmopolitas y/o menos competitivas, de sindicatos, de sectores y regiones proteccionistas.

7. Nos referimos a la teoría de las ventajas absolutas de Adam Smith y a la teoría de las ventajas comparativas de David Ricardo, en el caso clásico. También mencionamos la teoría de especialización por ventajas comparativas en factores específicos, con origen en la teoría Stolper-Samuelson, y al modelo Hekscher-Olin, de ventajas comparativas en dotación de factores, en el caso neoclásico.

8. Informaciones sobre el TRIPS y el TRIMS se encuentran en la página web de la OMC: www.wto.org. Para una visión crítica de los acuerdos, ver artículos y libros de Ha-Joon Chang, como por ejemplo: “Globalization, Economic Development and the Role of State”, Zed Books: 2003.

9. Con algunos miembros variables, el grupo es actualmente integrado por 23 países: 5 de África (Egipto, Nigeria, Sudáfrica, Tanzania y Zimbabwe), 6 de Asia (China, India, Indonesia, Pakistán, Filipinas y Tailandia) y 12 de Latinoamérica (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Cuba, Ecuador, Guatemala, México, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela). Según las informaciones encontradas en su página web (www.g-20.mre.gov.br), sus miembros corresponden a casi el 60 % de la población mundial, el 70 % de la población rural del mundo y el 26% de las exportaciones agrícolas mundiales.

10.En esta ocasión, ocurrieron protestas y choques entre manifestantes y policiales, dejando más de cien heridos, aunque ninguno en estado grave.

11.Pascal Lamy, como director general de la OMC, es el chair del Comité de Negociaciones Comerciales (TNC, en la sigla en inglés), quién conduce la mesa de negociaciones de los respectivos encuentros, y de la Ronda de Doha. Antes de asumir el cargo de director general de la OMC, fue negociador intermediario entre la UE y el Mercosur.

12.Esta postura, llamada de independiente, fue elogiada por los PCs, por parte de la prensa brasileña e internacional, y por los sectores brasileños interesados en la resolución de Doha y en la apertura de los mercados.

13.Los EE.UU. mantienen una tarifa de US$ 0,54 por galón de etanol, bloqueando las exportaciones brasileñas, y son muy contrarios a la discusión de ese tema, principalmente debido a los lobbies. La UE quería incluir el etanol como producto sensible y propuso cuotas vinculadas al consumo europeo, lo que agradó un poco más a Brasil (O Estado de São Paulo - Agencia Estado. “Brasil troca apoio por etanol”. 29/07/2008. disponible en: http://ultimosegundo.ig.con.br/economia/2008/07/29/brasil_troca_apoio_por_etanol_1478846.html).

14.Una materia publicada en el periódico argentino La Nación, en 27/07, reveló la insatisfacción de las autoridades y los negociadores argentinos frente a la postura brasileña. Según declaraciones de fuentes diplomáticas, se consideró dicha postura como una “traición del gigante sudamericano contra los socios del Mercosur”, y un elemento creador de tensión dentro del bloque, comentó Alfredo Chiaradía, secretario argentino de Relaciones Económicas Internacionales.

15.Según la materia del periódico O Globo, “O fio arrebentou” (30/07/2008, p.23): “Una de las cuestiones planteadas por los negociadores fue por qué EE.UU. se mostró tan inflexible. De toda manera, se difundía rumores de que la negociación corría el riesgo de hundirse por falta de acuerdo en la reducción de los subsidios del algodón - sector demasiado protegido en EE.UU. Arruinar las negociaciones debido a las salvaguardias facilitaba echar la culpa del fracaso a India. Si las negociaciones hubieran fracasado a causa del algodón, la posición estadounidense sería delicada, pues miles de productores de algodón en África fueron perjudicados”.

16.Para el análisis de la posición del G20, y específicamente del gobierno brasileño, sugerimos la lectura de los documentos y materiales divulgados en la página web del G20: www.g-20.mre.gov.br. Con el objetivo de combatir la inflación de alimentos, un fenómeno internacional, aumentando la producción agrícola brasileña, el presidente Lula anunció el 02/07/2008 la liberación de R$ 65 mil millones para grandes propietarios rurales y otros R$13 mil millones para la agricultura familiar, totalizando R$ 78 mil millones para financiación y comercialización de la cosecha 2008/2009. Ver: Globo (periódico). “Lula libera R$65 bi para grande produtor rural”. Jueves, 3 de julio de 2008, p.29.

17.La expansión y acumulación de poder y riqueza caminan de la mano, en una intensa asociación entre poder y capital nacional. La actuación de estos Estados fuertes fue fundamental en la liberalización del final del siglo XIX y en el proceso de globalización iniciado en el fin del siglo XX. Conforme apunta Fiori (2007), el origen histórico del capital y del sistema capitalista europeo es indisociable del poder político. Una alianza cada vez más estrecha y multiforme entre el poder y el capital fue consolidándose en Europa desde el llamado “largo siglo XIII”, cuando la tendencia expansionista de acumulación de poder de los Estados abría espacio para la expansión del capital por los territorios económicos conquistados, en una interacción sinérgica, y eso está en el origen del sistema mundial capitalista.

18.El Embajador Samuel Pinheiro Guimarães (2005: 53) señala que en el ámbito internacional: “negociaciones entre Estados definen la propia estructura jurídica del sistema internacional y los diversos aspectos de las relaciones entre Estados, individuos y empresas -tales como las normas relacionadas con el comercio, inversiones, capitales, movimientos de trabajo, medio ambiente, temas militares y otros- que forman el molde en de el cual actúan internacionalmente las empresas, los individuos y las agencias del Estado”. Según Guimarães (2005: 54), “Las negociaciones y las relaciones internacionales son regidas por ejercicios de poder y jamás por esquemas lógicos, cartesianos o imparciales o por acciones de buena voluntad. El poder tiene aspectos económicos, políticos y militares, pero seguramente la actividad política es vital para la economía, tanto pública como privada”.

19.Ver: (Periódico) Folha on line. “Líderes do Mercosul vão a cúpula sem consenso sobre Doha”. São Paulo: 30/06/2008. Disponible en: http://www1.folha.uol.com.br/folha/bbc/ult272u417515.shtml (acceso en 02/07/2008).

20.El agronegocio brasileño envió representantes al último encuentro de Ginebra, que elogiaron la postura de Brasil y criticaron el fracaso de las negociaciones. El sector automovilístico del país se mostró satisfecho por tener más tiempo para prepararse para enfrentar la concurrencia.

21.En el inicio del siglo XV, Inglaterra era un país pobre, especializado en la exportación de lana y endeudado con banqueros italianos. Henrique VII, al asumir el reinado en 1485, inicia un gradual proceso de industrialización, comenzando por la substitución de importaciones, volcado hacia la manufactura de lana, que se fue expandiendo para otras manufacturas. En 1489, subieron las tarifas arancelarias sobre los tejidos, la Corona pagaba premios a los trabajadores extranjeros calificados que inmigraban, daba subsidios a los empresarios que establecieran manufacturas textiles, y, así, se promovió la actividad manufacturera local. Además, cuando se alcazaba una determinada capacidad manufacturera, se prohibía la exportación de lana bruta. Todas las manufacturas que se desarrollaran y mecanizaran recibirían estos beneficios. La aplicación de esta estrategia mercantilista siguió en el siglo XVI con Elizabeth I, que llegó al poder en 1587 (Defoe, 1728; List, 1841).

22.Robert Walpole fue el primer Primer Ministro británico.

23.Esta lógica está sobreentendida en las tesis clásicas de libre comercio británicas de Adam Smith y David Ricardo.

24.Así como los tratados hechos con Inglaterra, el primer ejemplo en América Latina fue Brasil, en 1810, pero el ejemplo más impactante fue el de Japón, en 1854.

25.Primer secretario del tesoro norteamericano, autor del Informe sobre las Manufacturas en 1791, donde defendió la protección de la incipiente industria y su promoción, además de la promoción del mercado conectado por una amplia infraestructura, por razones de desarrollo, seguridad e independencia de EE.UU..

26.Conforme Chang (2002: 27) apunta, si tomamos en cuenta adicionalmente los costos de transportes hasta la década de 1870, concluimos que las manufacturas norteamericanas fueron las más protegidas en el comercio internacional en este periodo. En 1832, el promedio arancelario para los manufacturados, por la ley del año mencionado, era del 40% -se acordó, particularmente, mayor protección a los bienes textiles y de hierro.

27.Una excepción seria Hong-Kong, que adoptó una postura liberal debido a su posición muy particular. Es importante observar que los países del este asiático no copiaron exactamente las políticas industriales, comerciales y tecnológicas anteriores, pues la usaron de manera más sofisticada y sintonizada, utilizando ampliamente: subsidios a las exportaciones más substanciales y bien elaboradas, y de hecho impusieron tasas de exportación muy inferiores en comparación con las Naciones actualmente desarrolladas; reembolso de aranceles sobre importaciones de materias primas y máquinas para industrias exportadoras (como en Inglaterra); coordinación de inversiones complementarias sistematizadas por planes indicativos y programas de inversiones del gobierno (anteriormente eso era realizado de manera menos ordenada); competencia administrada a través de regulación de entrada y salida de empresas, precios e inversiones, con el objetivo de disminuir la competencia desperdiciadora (realizada con cuidado en cuanto al abuso de monopolio y de manera más sensible a las exportaciones); subsidios y restricciones sobre competencia con el objetivo de ayudar el avance tecnológico; integración de políticas relacionadas al capital humano y al aprendizaje dentro de su estructura de política industrial; licencia tecnológica e Inversiones Directas Extranjeras reguladas, maximizando la transferencia y el spill over (difusión) tecnológico de un modo más sistemático; y, subsidios y provisión de política pública para educación, capacitación e I&D, con el objetivo de aumentar la base de cualificación y capacidad tecnológica.

28.Chang (2002: 120) llama medidas proteccionistas escondidas a: las restricciones voluntarias a las exportaciones, las cotas sobre importaciones, la protección y subsidios a la agricultura, y las sanciones comerciales unilaterales (especialmente por el uso de tasas anti-dumping), entre otras. Para el autor, hasta los días actuales, los EE.UU. son el más agresivo usuario de estas medidas. Además, cabe resaltar que los altos presupuestos militares estadounidenses fomentan sus industrias y el avance tecnológico.

29.Según la expresión utilizada por Serra: “por ser este el factor más seguro e incluso superior a la superabundancia de géneros de primera necesidad y materias primas” (Serra, 1613).

30.Serra (1613) apunta la inferioridad de la producción primaria en relación a la actividad manufacturera, por los siguientes motivos: (i) depender de la naturaleza (y no de la tecnología); (ii) sus ganancias son inseguras; (iii) bienes perecibles (plazo de almacenamiento limitado) y con alta volatilidad de precios; (iv) retornos crecientes menores y menos intenso en innovaciones (competencia imperfecta menos dinámica y competencia “casi” perfecta). Además, una nación que sustenta su producción y comercio exterior en la actividad primaria, necesitando importar manufacturados, produce los efectos mencionados en las naciones de las cuales importa los manufacturados. El comercio basado en la exportación de agrícolas e importación de manufacturados fue llamado por Charles King (citado en Reinert, 1998) de Bad Trade, en su obra The British Merchant or Commerce Preserved, de 1721 (publicada en 3 volúmenes; London, John Darby). La conjugación del comercio exterior con las manufacturas, King denomina de Good Trade.

31.La elasticidad-renta de la demanda mide la sensibilidad (o intensidad) de la variación de la demanda en relación a la elevación de la renta.

32.En cambio, el aumento de la productividad en la agricultura, que generaba un aumento relativo de la oferta, resultaba en una caída de los precios de los bienes primarios en el comercio internacional. De esa forma, los países periféricos transferían los frutos de su progreso técnico en la producción primaria a los centros.

33.Hirschman (1959: 168-169) señala que: “La agricultura en general, y la agricultura de subsistencia en especial, son, de hecho, caracterizadas por la escasez de efectos en cadena. Por definición, toda producción primaria debe excluir cualquier grado considerable de eslabonamientos anteriores [hacia atrás], pese a que la aplicación de métodos modernos, en verdad, acarrea substanciales compras externas de semillas, fertilizantes, insecticidas y otros inputs en curso, además de máquinas y vehículos”.

34.“De gran relevancia son los efectos de eslabonamientos posteriores, que son resultados combinados de la existencia de varias industrias de la última etapa. Lo mínimo de capacidad económica de muchas industrias básicas e intermediarias es tan reducido que, en mercados pequeños, una cantidad de industrias de consumo necesita establecerse, antes que su demanda conjunta justifique la substitución de la importación de mercancías básicas e intermediarias por la producción nacional” (Hirschman, 1959: 174). Los efectos de eslabonamiento de varias industrias posiblemente serán mayores que los efectos singulares de estas industrias y que la suma de los efectos de eslabonamiento singulares de estas industrias, lo que revela la naturaleza acumulativa de los subdesarrollados (Hirschman, 1959, p.160).

35.La tesis central presentada en el ámbito del Regionalismo Abierto sostiene que, en los últimos años, la integración regional debe generar la interacción entre dos tipos de fenómenos: (1) la apertura comercial y las políticas de desregulación, que teóricamente todos los países realizaron a nivel nacional -a partir de la Ronda Uruguay- siguiendo las señales del mercado, que habrían puesto en evidencia la importancia relativa del comercio exterior (flujo de comercio y especialización) en el conjunto de las economías en un contexto de liberalización comercial general, creando interdependencias en el ámbito internacional; (2) Además de esta “tendencia ‘natural’ y no discriminatoria frente a terceros países”, existe una interdependencia impulsada por acuerdos o políticas explícitas preferenciales con respecto a las relaciones con las demás naciones, especialmente en la región (CEPAL, 1994: 2). Las formas como esos fenómenos interactúan serían de fundamental importancia.

36.En el Comunicado de Brasilia (párrafo 33, disponible en www.iirsa.org), los Presidentes acordaron que el proceso de integración regional, como un proceso de formación de un espacio económico ampliado, ocurriría dentro de los principios del “regionalismo abierto”. En este sentido, se impulsaría la integración de la región al reforzar: la posición de los países de la región en cuanto la profundización del ALCA; las negociaciones con la Unión Europea y la OMC (Organización Mundial del Comercio), entre otras en el marco extra regional; y, especialmente, la integración de las economías en el flujo de comercio internacional.

37.Para Jakobsen (2008: 10), “la existencia de un trade off entre un acuerdo en NAMA y un acuerdo en agricultura será esencialmente política para prestigiar el sistema multilateral de comercio, al contrario de un acuerdo comercial con resultados benéficos para todos”.

38.Según Jakobsen (2008: 11), “El argumento favorable a la realización del proceso horizontal es resultado de la presentación de la nueva fórmula de flexibilidad en NAMA, que generó la impresión de desenlace de las negociaciones, y la posibilidad de entendimientos en el área agrícola, como el techo para subsidios domésticos y la adopción de cuotas con aranceles menores para algunos productos”.

 
 
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