Sociedad Global
Revista de relaciones internacionales y ciencias políticas
ISSN 1851-6262

COMPLEJOS DE SEGURIDAD E INTEGRACIÓN: PERSPECTIVAS CONVERGENTES SOBRE DEFENSA Y SEGURIDAD EN AMÉRICA DEL SUR

Enrique Martínez Larrechea (*)

Resumen

Este trabajo se propone una revisión de los desafíos de seguridad de América del Sur, en el complejo escenario de la transición de la uni a la multipolaralidad, en un conjunto de dimensiones relevantes y en el contexto de la aceleración del “momento unificador”, que caracteriza a grandes rasgos a la política internacional latinoamericana del último cuarto de siglo. Para ello pasa revista a una serie de desafíos globales, para caracterizar a continuación la “nueva política sudamericana”, una creación estrictamente oriunda de los primeros años del siglo XXI, aunque resultó preparada por el proceso histórico previo. La nueva política sudamericana se caracteriza por la aceleración de los procesos de integración en la región, y en especial por la complementación de los mecanismos de consulta y concertación políticas, lo que incluye las dimensiones política y de seguridad. El artículo analiza algunos aportes teóricos relevantes, en especial la noción de complejo de seguridad de Barry Buzan (1991) y propone la hipótesis de que existen indicadores fuertes de que la región sudamericana tiene de sí misma e intenta construir en otros actores internacionales, la percepción de constituir un complejo de seguridad, muy especialmente en su relación con la potencia hegemónica, tal como emerge de declaraciones de alto nivel político y de otros instrumentos de política internacional. Si ello es así, se necesita una arquitectura de seguridad -y también un programa de investigación- que sea compatible con el rol internacional de América del Sur durante los próximos años.

Palabras clave:

Seguridad internacional, Complejos de seguridad, Integración regional, Comunidad Sudamericana de Naciones, Política exterior.

Abstract

This paper has the aim to analyze and discuss the security challenges of South America into the complex framework of transition from unipolarity to multipolarity, regarding several relevant dimensions. Latin American international politics -specially South American one- is going through a time of re-construction of integration since the decade of sixties - after a century and a half of disintegration. A brand new South American international politics is emerging at the beginning of the XXI th century, based on both, Mercosur and the Andean Community of Nations. Based on Buzan’s concept of complex of security, and international instruments –such presidential declarations and speeches of representatives at international arenas- the paper underlines the challenge of setting up a new international architecture of security at the region, as well as program of research, that matches this challenge.

Keywords:

International Security, Security Complex, Regional integration, South American Community of Nations, Foreign Policy.

Resumo:

Este trabalho se propõe uma revisão dos desafios de seguridade da América do Sul, em o complexo cenário da transição da uni a multipolaridade, num conjunto de dimensões relevantes y no contexto da aceleração do “momento unificador”, que caracteriza a grandes rasgos, a política internacional latino americana da última parte do século. Para isso o artigo revisa uma serie de desafios globais, pra logo caracterizar a continuação duma “nova política sudamericana”, uma criação estritamente oriunda dos primeiros anos do século XXI, embora resultou preparada por o processo histórico prévio. A nova política da Sul América se caracteriza por a aceleração dos processos de integração da região, y em especial por a complementação dos mecanismos de consenso y consulta políticas, o que inclui as dimensões política y de seguridade. O artigo analisa alguns aportes teóricos relevantes, em especial a noção de complexo de seguridade de Barry Buzan (1991) y propõe a hipótese de que existem fortes indicadores de que a região sul americana se percebe a si mesmo e intenta construir em outros atores internacionais, a percepção de constituir um complexo de seguridade, muito especialmente em relação com a potencia hegemônica, tal como pode se ver em declarações de alto nível político y de outros instrumentos de política internacional. Si isto é assim, é preciso uma arquitetura de seguridade -y também um programa de investigação- que seja compatível com o rol internacional de América do Sul nos próximos anos.

Palavras-chave:

Seguridade Internacional, Complexos de Seguridade, Integração Regional, Comunidade Sul Americana de Nações, Política Exterior.

Introducción: seguridad en la agenda global a comienzos del siglo XXI

América del Sur y la región latinoamericana en general enfrentan, en la primera década del siglo XXI, un escenario de seguridad complejo, de transición y cambiante. Más aun, ese escenario no es el mismo, según consideremos en él determinadas dimensiones principales, o según la perspectiva de análisis subregional adoptada.

Sea como sea, este artículo se propone analizar las principales dimensiones que presentan los desafíos de seguridad para Sudamérica, en el marco de una suerte de aceleración política del proceso de integración regional -especialmente en sus dimensiones políticas- y extraer de ese análisis algunas nociones que permitan orientar, tanto la investigación como la toma de decisiones relativas a algunas dimensiones específicas de los desafíos de seguridad.

Finalmente, y a la luz de determinadas perspectivas teóricas, nos proponemos analizar a la región sudamericana como un complejo de seguridad, esto es: como un conjunto de Estados que no sólo conforman un bloque natural y un círculo histórico-cultural diferenciado, sino que poseen además mayores desafíos de seguridad externos que internos. En esa medida, sus perspectivas de seguridad, aun cuando puedan presentar diversidad y matices -aún tensiones- tienden a converger, más que a diferir.

El escenario global

Como es notorio, y ha sido destacado por diversos autores, el optimismo internacional posterior a la guerra fría dejó paso a la exacerbación de un momento unilateralista, en que la potencia hegemónica ha desarrollado una política cuasi “revolucionaria” (Tokatlian, 2004, 2005) poniendo en cuestión el orden multilateral y su governancia e introduciendo así un poderoso factor de inestabilidad global.

El camino hacia lo que parecería ser el intento de establecer una hegemonía unilateral durable posee diversos mojones: la no aceptación del protocolo de Kyoto, el rechazo del Estatuto de Roma y del Tribunal Penal Internacional, el apartamiento del tratado de antimisiles balísticos, además de la guerra preventiva contra Irak, y la suspensión de los derechos fundamentales tanto de los extranjeros sospechosos como de los propios ciudadanos norteamericanos.

En ese camino, los Estados Unidos han priorizado las consideraciones de seguridad de su agenda internacional, fundamentalmente a través de la apelación a la guerra contra el terrorismo islámico. Sin embargo, de este modo, la potencia hegemónica levantó una serie de auto-restricciones que tenía un gran valor en términos del sistema internacional y dio continuidad a la lógica cargada de incertidumbre de la política de la disuasión de la época de la guerra fría.

En ese sentido, cabe mencionar que la presencia norteamericana en Afganistán y en Irak, no sólo no contribuyó a desterrar o debilitar la amenaza del fundamentalismo islámico, sino que le ofreció motivos adicionales al sumir en el caos a Irak, generando un poderoso factor de inestabilidad en medio de una región crítica. Así, la política internacional unilateralista se enfrentó rápidamente a sus insubsanables limitaciones, ejemplificadas en la necesidad de que Siria e Irán asuman protagonismo como potencias regionales claves en la crisis de Irak, a pesar de que Estados Unidos incluía a estas potencias en un presunto “eje del mal”.

Además, la presencia militar estadounidense en Asia Central, si no la determinó, al menos potenció una concertación fundamental de las principales potencias interesadas en la reconstrucción de un esquema multipolar. La Organización para la Cooperación de Shangai es un ejemplo de un esfuerzo importante de coordinación entre China, Rusia, India, Uzbekistán, Turkmenistán, Kirgistán, Tayikistán y Afganistán, con la presencia de Irán.

En el extremo oriente, la escalada diplomática contra Corea del Norte y sus planes nucleares puede ser atribuida también en gran medida a las amenazas percibidas por otros actores frente a la política unilateral de la potencia hegemónica.

En el continente europeo, la política exterior de los republicanos no fortaleció a la Unión, que debe considerarse un socio estratégico de los Estados Unidos, sino que introdujo un eje de tensión con sus Estados-núcleo, la bipolaridad franco-germana, cooptando a sus aliados en la guerra de Irak entre las potencias medianas, Inglaterra, Italia -miembros del G7- España, y Polonia.

Finalmente, la pretensión norteamericana de establecer un escudo antimisiles a las puertas de Rusia, ha reactivado el programa militar de este gran país, en el que se encuentra el “corazón de las tierras”, desde el que -sostenía Mackinder- se controlaba la Isla Mundial. En los Balcanes -con el apoyo a la independencia de Kosovo- y en Medio Oriente, la situación no es mejor.

En suma, el momento unilateral de la hegemonía norteamericana, en su afán por cancelar el orden multilateral inaugurado en la segunda posguerra y cuya institución emblemática son las Naciones Unidas, subvirtió los equilibrios regionales críticos en materia de seguridad, incrementando la inestabilidad y la incertidumbre globales. Pero, de un modo inverso y no deliberado, activó la cooperación de las grandes y medianas potencias interesadas en la constitución de un nuevo orden multipolar. Aunque desde el punto de vista teórico puede discutirse si el unilateralismo o el multilateralismo resultan esquemas más o menos compatibles con la paz y seguridad a escala global, no cabe duda de que la percepción dominante ante el fracaso de la guerra de Irak y el próximo final de la administración republicana, es que las amenazas a la paz provienen hoy de la política hegemónica que debería asegurarla. Uno de los más lúcidos intérpretes de la realidad internacional, el ex consejero de Seguridad Nacional Brzezinski, así lo ha expresado ante el sub-comité de asuntos internacionales del Congreso.

La nueva política sudamericana y sus desafíos específicos de seguridad.

La región sudamericana no posee recursos suficientes para pesar como un potencial competidor en el escenario tradicional de la seguridad internacional, el campo militar y de defensa. Un estudio argentino de 2003 (1), caracterizó así la magnitud sudamericana en términos militares:

“20.000 millones de dólares que América del Sur invierte en defensa por año, representa el 4% de lo que gasta Estados Unidos, la mitad de Francia, lo mismo que Arabia Saudita y un 50% de lo que gasta la India. La región asigna en promedio el 2% del PBI al rubro militar, siendo el más bajo del mundo en estos términos y hay casi un millón de hombres en las Fuerzas Armadas de América del Sur.

En el caso del componente militar terrestre, en conjunto todos los países de la región tienen 1.268 tanques de batalla, 701 tanques ligeros, 1.043 vehículos de exploración blindada y 2.109 vehículos mecanizados.

En artillería cuentan con 1.234 cañones de 105 milímetros o menos, 497 cañones de más de 105 milímetros y 90 baterías lanzacohetes. En las fuerzas aerotransportadas y helitransportadas de la región hay 375 helicópteros y 138 aeronaves.

Las armadas de América del Sur tienen 26 submarinos, un solo portaaviones -el Sao Paolo de Brasil comprado a Francia- un crucero, 7 destructores, 29 fragatas y 30 corbetas, lo que hace un total de 68 buques de superficie.

La aviación naval de los países de la región cuenta con un total de 44 aviones de ataque, 71 aviones de exploración, 81 helicópteros y 6 aviones de otros tipos.

En la capacidad anfibia de las armadas hay 47.960 infantes de Marina, 25 vehículos anfibios, 154 vehículos mecanizados, 60 tanques y vehículos de exploración blindada y 18 buques anfibios.

A su vez, el componente aéreo de los países sudamericanos sumados, reúne 95 caza interceptores, 311 caza bombarderos, 236 aviones de ataque, 169 de ataque ligero y 8 bombarderos, totalizando 819 aviones de combate.

En la aviación de transporte, se cuentan 81 aviones de transporte pesado, 76 de transporte liviano, 70 de transporte ligero y 13 cisternas, totalizando 247 aviones.

También integran las Fuerzas Aéreas de la región, 517 helicópteros.”

El mismo informe llamaba la atención sobre la necesidad de articular “un sistema de defensa regional en América del Sur”, con relación a las reuniones de Ministros de Defensa de la región Andina-Amazonia (Lima y Buenos Aires) y a la de los jefes de los Ejércitos del Mercosur ampliado (Bariloche).

En un estudio realizado en 2006 (Martínez Larechea, 2007) analizamos los pronunciamientos políticos de las Cumbres del Mercosur, así como otros documentos pertinentes (speechs de representantes del bloque en Naciones Unidas -Nueva York- y declaraciones de cumbres bilaterales) y dimos cuenta del recurrente interés y preocupación de estos pronunciamientos por el espacio sudamericano, el que es considerado prácticamente (en especial desde la conformación de la Comunidad Sudamericana de Naciones) como un espacio doméstico. Además de las declaraciones ministeriales y presidenciales sobre la relación del Mercosur con Bolivia, con Chile y con la Comunidad Andina de Naciones (y de los acuerdos de alcance parcial suscritos con ellos), resultan especialmente relevantes diversos documentos emanados de las Cumbres, que, además de contener en algunos casos expresiones de solidaridad en coyunturas críticas vividas por algunos países, se proyectan al análisis de cuestiones regionales y subregionales, ofreciendo perspectivas por lo general distantes de los de la potencia hegemónica (declaraciones referidas, por ejemplo, al Canal de Panamá, a las Islas Malvinas, a la situación de Cuba y al diálogo y el relacionamiento con la República Dominicana y con el CARICOM).

Además, el Foro de Consulta y Concertación Política del Mercosur ha venido a configurar un mecanismo ampliado de concertación y convergencia políticas, involucrando a todas las cancillerías de América del Sur.

Desde el punto de vista interno a los Estados, algunas de las temáticas bajo la supervisión del FCCP (Reunión de Ministros de Educación, Reunión de Ministros del Interior, por ejemplo) poseen una alta carga simbólica y constituyen recursos para la legitimidad política y social del proceso de integración.

Desde el punto de vista externo al Mercosur, la coordinación política en diversos foros internacionales le permitió reforzar las políticas exteriores nacionales en aquellas perspectivas u objetivos de carácter compartido. Aunque las alusiones manifiestas a la potencia hegemónica, de existir, son sólo las estrictamente indispensables (por ejemplo, en el marco de las intervenciones sobre el bloqueo económico, financiero y comercial a Cuba, en la Asamblea General de las Naciones Unidas), es frecuente constatar contenidos latentes que la implican de manera más o menos directa o lateral (declaraciones o comunicados sobre Malvinas, declaración sobre el Canal de Panamá, satisfacción por avances de Bolivia en relación a cultivos “ilegítimos” de coca, Mercosur como Zona de Paz, la Agricultura y la OMC, preocupación sobre la Ronda de Doha y el multilateralismo, etc.).

La apelación, no sólo retórica, sino también político-estratégica al régimen democrático, a la plena vigencia de sus instituciones, vinculándolos a la existencia misma del bloque mercosureño, constituye una pauta constante. Se subordina a su observancia la permanencia e incluso la adhesión al Mercosur, de conformidad con lo establecido por el Protocolo de Ushuaia sobre Compromiso Democrático, la Declaración Presidencial sobre Compromiso Democrático en el Mercosur, Bolivia y Chile y el Protocolo de Adhesión de las Repúblicas de Bolivia y Chile a la Cláusula sobre Compromiso Democrático. El Mercosur ha sido declarado también como zona de paz.

Como consecuencia de tales definiciones político-jurídicas centrales del Mercosur, la acción internacional del bloque se orienta a sostener los principios del multilateralismo, y el apoyo a los instrumentos internacionales que garantizan la paz y la seguridad internacionales, a la exclusión del uso o la amenaza de la fuerza y a la proscripción y eliminación de armas químicas y de destrucción masiva.

Por otra parte, la nueva orientación sudamericana de Brasil, caracterizada por una nueva política de defensa y una mayor disposición a la cooperación, tanto a nivel amazónico, como en el Atlántico Sur, resultan fundamentales para sostener estas perspectivas comunes.

Constituyen también dispositivos relevantes las alianzas estratégicas de Argentina-Brasil y de Argentina-Chile, que contribuyen también a incrementar la densidad del tejido institucional en torno a la cuestión de la seguridad, contribuyendo a la conformación de nuevas y convergentes comunidades de seguridad (Domínguez, 2003).

Lo mismo puede señalarse respecto de la Comunidad Andina de Naciones, que ha extendido el Compromiso de Lima: Carta Andina para la Paz y la Seguridad, Limitación y control de los gastos destinados a la Defensa Externa”; además, la CAN, en el marco de su política exterior común, ha establecido un Grupo de Alto Nivel para el seguimiento del compromiso de Lima. Posteriormente adoptaron la Decisión 52 “Plan Andino para la Prevención, Combate y Erradicación del Tráfico Ilícito de Armas Pequeñas y Ligeras en todos sus aspectos.” En la XV Reunión del Consejo Presidencial Andino, se encargó al Consejo de Ministros de Relaciones Exteriores presentar los lineamientos centrales de una política de seguridad andina.

La producción de perspectivas políticas y de relacionamiento externo del Mercosur, se ha proyectado hacia posiciones que promueven un esquema multilateral en lo económico-comercial y multipolar en lo político, afirmando de este modo la autonomía de los países de la región y del conjunto.

Ello, naturalmente, no debe resultar llamativo. Sin embargo permite afirmar la hipótesis de que los países sudamericanos -y no sólo desde perspectivas subregionales- poseen percepciones comunes de amenazas, poder y seguridad, reforzando a menudo las reivindicaciones externas de sus miembros e intentando esquemas de coordinación que tienden a diferenciarse de los promovidos por la potencia hegemónica (Martínez Larrechea, 2007).

Así, más allá de la comunidad hemisférica de seguridad (Diamint, 1991, 2005; Rojas Aravena, 2005), un concepto sumamente inclusivo, es posible identificar una o varias sub-comunidades, conectadas a las diversas instancias del proceso de integración regional.

La creación de la Comunidad Sudamericana de Naciones y de la Iniciativa de Infraestructura de América del Sur, más que cualquier otro esquema de integración, constituye la condensación de un momento histórico unificador, preparado desde el surgimiento de CEPAL y prefigurado antes por Rodó, Ugarte y Vasconcelos, entre otros (Metali y Methol, 2006), pero que comienza a efectivizarse en términos de progresiva articulación política desde la década del sesenta. Se comienza a poner fin a un largo momento fragmentario, en que terminó el primer intento anfictiónico de Bolívar.

En esa medida, este evento implica el nacimiento de una verdaderamente nueva dimensión sudamericana, que conlleva un fuerte desafío en términos del rol que ella ha de jugar en la potencial conformación de un Estado continental (América del Sur) y acerca de cómo han de resolverse los dilemas de seguridad en un contexto de transición.

América del Sur. ¿Un complejo de seguridad?

El neorrealismo o realismo estructural constituye una formulación teórica que renovó las perspectivas del realismo clásico, presentadas en La Teoría de la Política Internacional de Kenneth Waltz, que constituye una suerte de texto canónico. Los conceptos nucleares de las formulaciones clásicas se mantuvieron intocados en el enfoque neorrealista y fundamentalmente persistieron dos ideas cardinales: la de los Estados como actores racionales y unitarios y la idea del poder como concepto analítico. Sin embargo, estos conceptos fueron puestos en la perspectiva de una estructura más amplia: el Sistema Internacional. El comportamiento de los Estados estaría estrechamente asociado a las restricciones que provienen del sistema y sería este sistema el que da forma a la acción estatal. Así, mientras los realistas clásicos buscaban comprender el cambio en la política internacional, con eje en las unidades conformadas por cada Estado, el neorrealismo concibe el cambio como un atributo del sistema que afecta la distribución de poder en su interior.(2)

En la perspectiva neorrealista estructural, el Sistema Internacional opera como un espacio de intermediación (como el mercado en las relaciones económicas) uniendo las diversas dimensiones y esferas, aunque con predominio de la esfera política. Por lo tanto, las “variables a nivel del sistema” y no de la unidad son las teóricamente relevantes (Fernández Pardo, 1999: 217). El orden internacional aparece así regido por la idea de anarquía, es decir por una estructura descentralizada en la que los actores fundamentales, los Estados, actúan como entidades soberanas, en orden a garantizar su propia supervivencia. Deben por lo tanto incrementar sus capacidades ofensivas y maximizar su poder, enfrentando su dilema de seguridad.(3) El resultado de ese constreñimiento sistémico es el equilibrio de poder.

El sistema internacional como totalidad emerge como la gran variable con potencialidad explicativa de los resultados; pues no son los atributos de las unidades ni siquiera sus relaciones específicas, las que pueden explicar la estructura sistémica total.

Como lo destaca Fernández Pardo (1999: 226) a partir de la visión neorrealista, el rol de las organizaciones internacionales está vinculado con la necesidad de introducir algún tipo de lógica jerárquica en un sistema que carece de ella (a diferencia de lo que sucede en el orden interno) y de entregar cierta autonomía para la obtención de “bienes públicos” internacionales.

Entre las premisas del pensamiento neorrealista, cabría suscribir la que señala que las organizaciones internacionales no pueden alterar sino marginalmente el funcionamiento del sistema internacional, caracterizado por su básica condición anárquica, que sin embargo admite ciertos niveles de cooperación, los que corresponderían al paso de la “anarquía inmadura” a la “anarquía madura”, propuesta por Buzan. El neorrealismo estructural concibe pues un mundo internacional de posiciones relativas y no absolutas de esos actores racionales y unitarios que son los Estados.

Por su parte, otros neorrealistas, como Stephen Walt, Stephen Krasner, o Robert Gilpin, realizaron contribuciones significativas. Walt postuló hacia 1985 un nuevo examen del concepto de balance de poder y formuló la teoría del balance de amenazas, según la cual la amenaza a la supervivencia o autonomía de un Estado proviene de un conjunto de variables, a saber: el poder agregado, la proximidad geográfica, el poder ofensivo y las intenciones agresivas percibidas en otros Estados. Ello determina cierto comportamiento de los Estados en sus alianzas, que está directamente relacionado con su percepción del balance de amenazas que enfrentan. El aporte de Walt distingue analíticamente los conceptos de poder y de amenaza, lo que representó un énfasis nuevo en el enfoque realista; además de que ambos conceptos provienen de un proceso de percepción de las intenciones agresivas, más que de la sola percepción de un objetivo incremento del poder.(4)

El concepto de complejo de seguridad, elaborado por Buzan en 1988 y 1991, también en la matriz neorrealista, aparece como un concepto teóricamente potente para nuestra investigación. Designa a un grupo de Estados cuyas percepciones de seguridad tienden a ser comunes y cuyo listado de amigos y enemigos tienden a aliarlos. Ello es así en la medida en que las cuestiones globales tienden a ser analizados en términos regionales. Pese a que el concepto aparece como de difícil operacionalización, resulta sumamente rico en orden a analizar las consideraciones de seguridad que acompañan en alguna medida (variable, según las perspectivas) el desarrollo del proceso de integración regional.

Conclusiones provisionales

Con independencia de si los países de América del Sur conforman hoy o puedan conformar en el futuro un “complejo de seguridad”, o si de este complejo se articula en torno de otros complejos o “comunidades” (Diamint, 1991, 2005) lo cierto es que muchas de los elementos de convergencia política en la región se orientan a reducir la incertidumbre y a garantizar características centrales de una arquitectura de paz y seguridad, anticipando en lo posible las eventuales situaciones de crisis que puedan cuestionar el orden democrático y la identidad jurídico-institucional de los regímenes de la región. De este modo, el “complejo de seguridad” sudamericano, contribuye a excluir hipótesis de potencial intervención de la potencia hegemónica, que posee una presencia militar fuerte en la sub-región y que prioriza esta dimensión como eje de su relación con América Latina.

Ese conjunto de Estados con percepciones de seguridad comunes -o al menos convergentes- puede tener -y en efecto, tiene- tensiones internas, clivajes, puntos de posibles fractura, entre los que cabe mencionar especialmente los conflictos territoriales latentes o irresueltos en la extensión de sus fronteras nacionales (Domínguez, 2003). Es posible también que puedan señalarse geometrías variables, según se consideren las asociaciones estratégicas bilaterales (Argentina-Chile, Argentina-Brasil), los grandes pactos subregionales (Mercosur, Can, Comunidad Sudamericana de Naciones, CARICOM), los mecanismos amplios de concertación política (Grupo de Río, Grulac) y la proyección individual de sus “system affecting states”, Brasil y México.

Sin embargo, tanto el origen histórico del proceso de integración actual, caracterizado por su contemporaneidad respecto del proceso de democratización y del final de la guerra fría (5) (Contadora, Grupo de los Ocho, Grupo de Río, Asociación estratégica argentino-brasileña, Política exterior común de la CAN, Comunidad Sudamericana de Naciones) como las orientaciones políticas y diplomáticas de los dos componentes principales de esta Comunidad (Mercosur y CAN) nos permiten postular como hipótesis de trabajo, una perspectiva teórica fertilizada en forma cruzada por diversas perspectivas, especialmente el neorrealismo de Waltz y Buzan y el constructivismo de Wendt. En este sentido, cabría decir que las respuestas a los desafíos de seguridad de América de Sur durante las próximas décadas pasan por un doble proceso de sostenimiento de su autonomía y no alineamiento con el unilateralismo norteamericano, a la vez que de articulación y diálogo con la potencia hegemónica, en cuestiones críticas relativas a su seguridad militar. Pasan también por la cooperación y el diálogo político, a nivel global, con Estados continentales, Estados nacionales y conjuntos de Estados que promuevan perspectivas de multipolaridad y que estén dispuestos a revisar la arquitectura global de la seguridad internacional y a democratizar y potenciar el rol de las Naciones Unidas, sin alterar por ello el “balance de amenazas” de los Estados Unidos.

La cuestión de la institucionalidad de la seguridad en América del Sur, en el sentido complejo y multidimensional que atribuimos a este concepto, se encuentra en un proceso histórico de transición, en el curso del cual es altamente probable que deba ser redefinida para incluir no sólo las instancias de coordinación y encuentro de ministros de defensa en lo relativo a temas militares y de defensa, sino también el desarrollo de la infraestructura regional (IIRSA), la concertación política en torno a activos tales como los recursos naturales (agua, biodiversidad, Acuífero Guaraní, Amazonia), los recursos energéticos (etanol, gas petróleo), la promoción de los sistemas regionales de investigación y desarrollo (dinámicas brain drain - brain gain) y la lucha contra las organizaciones criminales, capaces a menudo no sólo de erosionar el capital social, la salud pública y la economía nacional, sino también de menoscabar la plena vigencia de instituciones y libertades democráticas.

Referencias

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NOTAS

* Licenciado en Sociología por la Universidad de la República. Master en Ciencias Sociales con Mención en Educación por FLACSO, sede Argentina. Master en Democracia y Educación en Valores por la Universidad de Barcelona. Doctor en Relaciones Internacionales por la Universidad del Salvador. Coordinador de un Programa y una Diplomatura en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales sede Uruguay y Coordinador de Maestría en la Universidad de la Empresa (Uruguay).

1. http://www.defesanet.com.br/intel/nuevamayoria/ (Abril 2006).

2. Cfr. Evans y Newnham, 1998: 364-365 (Neorrealism)

3. El dilema de seguridad se plantea entre el incremento del propio poder a la vez que de la inseguridad de otros estados. Dicho concepto fue desarrollado por Herz (1950 y 1959), por Buzan (1983) y por Jarvis (1978).

4. Una aplicación del concepto de balance de amenaza puede verse en: http://www.nato.int/acad/fellow/01-03/alaziz.pdf (Recuperado abril 2006).

5. Boersmer, 1996; Hirst, 1988.

 
 
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