Sociedad Global
Revista de relaciones internacionales y ciencias políticas
ISSN 1851-6262

ENTREVISTA A ARTURO FERNÁNDEZ

Por Juan Cruz Vazquez

 

Fecha: 26.10.07

Lugar: Escuela de Política y Gobierno (UNSAM)

SG: ¿Cómo describiría el origen y la historia de los estudios sobre sindicatos en la Argentina?

Arturo Fernández: Los estudios científicos sobre sindicatos se inician con la creación de la Carrera de Sociología en la UBA en 1958. Antes había habido memorias de sindicalistas, ensayos y estudios jurídicos sobre el sindicalismo desde perspectivas testimoniales, ideológicas o normativas. La preocupación dominante a principios de los años sesenta – sea desde una perspectiva marxista o desde la estructural-funcionalista – era interrogarse sobre el devenir del sindicalismo organizado con una fuerte vinculación al Estado durante el Justicialismo, al cual se lo veía como parte de un sistema fascista que era necesario superar. Al mismo tiempo, la definición que hizo el fundador de la Sociología académica, Gino Germani, del peronismo, caracterizándolo como un tipo de fascismo de base obrera y producto de la transición hacia la modernidad, resultó minoritaria frente a la opinión de la sociedad anti-peronista, la gran mayoría de los actores políticos y científicos sociales quienes afirmaban que el peronismo era fascismo. Germani había sospechado la solidez de la organización sindical peronista.

En la primera etapa de los estudios sobre el sindicalismo diversos autores van buscando el actor colectivo capaz de cuestionar la sociedad capitalista y definir sus características en la Argentina. La ruptura en materia de estudios sobre sindicalismo es el libro de Murmis y Portantiero: “Los orígenes del peronismo” donde, en clave marxista. los autores sostienen que la opción por el peronismo de los trabajadores en 1945 fue una opción clasista que en algún momento se transformaría en una verdadera oposición al capital; en 1945 y 1946 la clase obrera no habría sido manipulada sino que optó por sus propios intereses y no por los de la burguesía o por los de un Estado simplemente demagógico..

Esta hipótesis de todas maneras dividirá las aguas: el principal sociólogo que trabajó diversos aspectos del sindicalismo peronista, Juan Carlos Torre, va a tratar de demostrar la escasa participación en las elecciones sindicales de los años 60 en esos sindicatos, un manejo burocrático de los mismos, una tasa de afiliación mucho menor que aquella declarada por la CGT. Luego, va a estudiar el comportamiento sindical durante el gobierno peronista 1973-1976, buscando demostrar los límites que esta acción sindical tendría como proyecto político, lo cual habría llevado al fracaso definitivo del peronismo con el derrocamiento de la presidenta Isabel Martínez de Perón. La obra de Torre es la del sociólogo que, inspirado en Alain Touraine (con el cual se formó en Francia), desarrolló la obra más significativa sobre la temática por su análisis empírico de la composición del sindicalismo y de su estructura interna durante los años 60 y 70.

El estudio de analistas extranjeros que abordaron el tema del movimiento obrero en Argentina reflejaba perplejidad frente al comportamiento no clasista de la CGT, es decir una actitud ampliamente mayoritaria de cooperación con el capital y su vinculación con un partido proscripto y de dudosa posibilidad de funcionamiento para el futuro.

Tras la primera etapa de los estudios sindicales, la mayoría de los científicos sociales que habían investigado diversos aspectos del gremialismo de signo peronista y del movimiento obrero, tales como Juan Carlos Torre y Francisco Delich, llegaron a la conclusión que el sindicalismo argentino había sido vaciado de contenido, sea por su burocratización, sea por la represión del llamado Proceso o sea por la disolución de hecho de las comisiones internas que dejaron de funcionar prácticamente a partir del terrorismo de Estado iniciado en 1976. Esta idea de que el sindicalismo había desaparecido en cierto modo la ratificó la mala elección que hizo el peronismo en 1983 en la cual no perdió por enorme diferencia de votos; pero es cierto que el Partido Juticialista, donde los sindicalistas habían decidido prácticamente la conformación de las listas y los candidatos a presidente y gobernadores, fue derrotado por primera vez por la UCR, dirigida por Raúl Alfonsín. Ello generó la impresión de que era el principio de un fin pronto de ese peronismo, dado el agotamiento de su estructura sindical.

Pocas opiniones se oponían a esta línea, la cual se va a mantener durante los años ochenta; en esta corriente el más importante trabajo fue el del francés Bunel que intentó demostrar, a partir de un estudio de caso, la hipótesis que la estructura sindical peronista no representaba los intereses obreros sino que simplemente era una organización vinculada a los fines políticos de sus dirigentes y a los objetivos del Justicialismo, opuesto al gobierno de Alfonsín; la conclusión de Bunel también auguraba la extinción probable de una estructura gremial tan ajena a los intereses que decía representar . Este libro fue escrito hacia fines de los años 80 cuando efectivamente concluía el primer gobierno de la transición democrática, se acercaba el triunfo de Menem y el viraje del Justicialismo hacia una política neoliberal. Ese rumbo de la Presidencia de Menem, acompañado por importantes sectores del sindicalismo, parecía confirmar lo que preveía Bunel. Fueron pocas las expresiones que veían al sindicalismo peronista como una sólida estructura pese a aspectos de corruptela y manipulación de los afiliados. A ello contribuía la utilización del Estado y de la Ley que se había dictado desde los años cuarenta, otorgando el monopolio de la representación de los trabajadores al sindicato que se supone más numeroso en cada rama de actividad, todo lo cual efectivamente favorecía al sindicalismo vinculado al Estado.

Fue un investigador japonés, Hiroshi Matsushita, quien, al contrario de la opinión predominante, sostuvo que el sindicalismo de los años 45 en adelante no fue un extraño invento del Estado argentino o de un Coronel afortunado sino el producto de una larga evolución. El era un politólogo especialista en Relaciones Internacionales que venía a la Argentina a investigar sus relaciones exteriores y terminó haciendo un importante trabajo sobre el sindicalismo entre 1930 y 1943, advirtiendo cómo sus tendencias mayoritarias se iban preparando el advenimiento de un movimiento como el peronismo, sea por su tendencia a negociar con el Estado, o sea por abandonar la idea de una lucha socialista internacionalista y adoptar el reclamo de soluciones nacionales a los problemas sociales. Esta línea de Matsushita es, repito, minoritaria, pero efectivamente cabe distinguirla como un serio intento de explicación de por qué el sindicalismo peronista nació, se desarrolló, y, pese a todas las predicciones de diversos estudiosos, no ha desaparecido todavía. Aun hoy existe como una estructura burocrática que perdió poder político pero subsiste.

SG: ¿Qué lugar ocupan actualmente los estudios sobre sindicatos frente a otros temas de la ciencia política en la Argentina?

Arturo Fernández: El lugar que ocupa es escaso. Ello se debe al desprestigio creciente de los sindicatos y a su pérdida de poder político ( después de la derrota de 1983 y el triunfo de la renovación peronista fue cada vez menor la presencia política de sindicalistas). Aún en los últimos años en los que se ha rehabilitado la negociación colectiva y en que la CGT tiene un rol mayor, es mucho decir que actualmente el sindicalismo ocupa un lugar político significativo. Muy por el contrario, el sindicalismo tiene menos afiliados, poder económico y proyección política que en 1950-1975 y un desprestigio demostrado en múltiples encuestas por el cual la inmensa mayoría de la sociedad ve con desconfianza a los sindicalistas y más aún: confunde sindicalismo con corrupción a partir, es cierto, de una minoría de sindicalistas realmente corruptos. Por lo tanto en la Ciencia Política nacional hay cada vez menos estudios sobre sindicalismo y política. Realmente los estudios de sindicalismo van cada vez más de la mano de estudios sociales del trabajo que es una especialidad transdisciplinaria más vinculada a la sociología del trabajo, la rama más importante y más dinámica de la sociología argentina.

SG: ¿Qué ámbitos académicos e institucionales marcaría usted en la actualidad como centrales en los estudios sobre sindicatos?

Arturo Fernández: En materia académico-institucional, el principal centro donde se estudia comportamiento sindical, identidades obreras, etc. es el CEIL- PIETTE, que es una unidad ejecutora del CONICET creada hacia 1970, con una larga historia en estudios económicos y sociales sobre el trabajo. Actualmente trabajan cerca de quince investigadores del CONICET y cuarenta becarios, en número creciente. En esta unidad ejecutora hay cinco especialistas en temas sindicales estudiados desde diversos ángulos.

Otro lugar donde hay grupos de investigación sobre temas de estudios sociales del trabajo y donde necesariamente se estudia sindicalismo es el Instituto Gino Germani de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA.

Uno de las figuras de la Sociología del Trabajo, Marta Novick, investigadora del CONICET, tiene un grupo que funciona en la Universidad de General Sarmiento. En la Universidad Nacional de Rosario hay un equipo que estudia higiene y seguridad laboral dirigido por el médico sanitarista Dr. Cohen. Seguramente hay otros grupos que desconozco…. Además, Marta Novick está asesorando al ministro Tomada y ha generado una serie de investigaciones en el Ministerio del Trabajo

SG: ¿Qué aristas considera usted que presentan vacíos en estos tipos de estudio?

Hasta 1990, la preocupación de las Ciencias Sociales, sobre todo cuando se pensaba en actores colectivos, era estudiar el movimiento obrero en su conjunto, las organizaciones sindicales mayores, la estructura sindical, las elecciones sindicales siempre a nivel nacional y, en última instancia, la proyección política del sindicalismo; ello sucedía no solo en Argentina sino, en cierta medida, en todos los países donde había estudios sobre sindicalismo.

El estudio del funcionamiento interno de los sindicatos, de su vida interna o de sus estructuras más pequeñas prácticamente no está realizado en nuestro país; hay pocos trabajos, sean de caso o estudios históricos sobre la evolución de las diversas ramas del sindicalismo, el funcionamiento de las comisiones internas y la identidad obrera (que es un gran tema derivado de la obra del inglés Thompson). Ello se comenzó a investigar en la Argentina luego de los años 90 y en la medida en que el sindicalismo había perdido poder político y dejaba de ser un actor colectivo capaz de influir decisivamente en la sociedad. Así se está comenzando a desarrollar trabajos sobre micro-escenarios sindicales y sobre la realidad del mundo obrero, sobre lo cual hay más falencias en nuestro país que en las sociedades industriales desarrolladas. Sin embargo creo que este problema fue en parte universal en las Ciencias Sociales: estudiar más lo macro y descuidar lo micro que, a la vez, puede ocultar – si uno estudia demasiado pequeñas realidades – el conjunto. En el caso concreto de los sindicatos la carencia fundamental es ver lo que pasa por debajo de las grandes estructuras.

SG: ¿En su caso personal: cuál fue la motivación por este tema y su trayectoria en este tipo de estudios?

Arturo Fernández: Mi motivación fue esencialmente la de un politólogo sensible al contexto argentino y quizás demasiado absorbido por su particularidad. Traté de encontrar respuestas socio-políticas a la proscripción del Partido Peronista desde mi tesis de maestría de 1969, la cual nunca fue publicada. En ella utilicé un esquema teórico derivado de Gabriel Almond, o sea de uno de los grandes autores conductistas; allí trataba de demostrar que la proscripción del peronismo se debía a la imposibilidad del sistema de partidos de articular y agregar los intereses de la clase obrera argentina. De ahí pasé a estudiar diversos aspectos de la proyección política del sindicalismo de orientación peronista definiendo en mi tesis doctoral el carácter ambivalente de su ideología, lo cual la hacía multifacética y perdurable.

Cuando volví a la Argentina en 1983, y en contra de la opinión de la mayoría de los científicos sociales con los cuales tomé contacto, me dediqué a estudiar el movimiento social más importante numéricamente que había resistido a la dictadura militar iniciada en 1976. Además del caso de los pequeños grupos de Derechos Humanos de enorme heroísmo que habían confrontado con el Proceso, una mitad aproximadamente de la CGT se movilizó desde 1979 contra la dictadura y su proyecto económico. Este es el principal hallazgo de mi investigación sobre prácticas socio-políticas del sindicalismo en el período 1976-1983.

Luego estudié la evolución del sindicalismo desde 1955 hasta 1985, reconociendo la acción del Estado argentino tratando de dividir, destruir y hasta suprimir el sindicalismo y, por su parte las formas diversas de resistencia obrera, sobre todo a nivel macro (nunca hice trabajo micro con comisiones internas). Así explicaba por qué la CGT subsistía e iba a seguir subsistiendo como la columna vertebral del peronismo. Para mí ya era evidente en los años 80 que el peronismo había sobrevivido gracias a que esa CGT organizó dicha resistencia y pudo evitar diversas formas de represión desde 1955 hasta 1983. Más aún, hoy puede afirmarse que, en los últimos años, los gobiernos peronistas de Menem, de Duhalde y de Kirchner han podido gobernar con paz social muy elevada gracias a la cooperación de la principal central sindical. La CGT vive un proceso declinante, está burocratizada y dividida, pero, como cualquier sindicato en el mundo, coopera con el partido más próximo. Ello sucede con cualquier sindicato social-demócrata cuando gobiernan los Partidos Social-demócratas en Europa Occidental.

Lo expuesto fue lo principal de mis trabajos sobre sindicalismo que – es cierto – se ha ido agotando como objeto de estudio politológico, por la pérdida relativa de poder político del sindicalismo dentro del peronismo. Ello se debe a la transformación tecnológica y económica mundial que cambia totalmente el rol del movimiento obrero como actor colectivo en el mundo capitalista después de 1980-1990. Aun así esas organizaciones constituyen sin lugar a dudas el principal movimiento social, incapaz de transformar por sí mismo ningún Estado y ninguna realidad social sin asociarse con otros movimientos sociales que hoy en día van ocupando la escena en una sociedad cada vez más fragmentada. En las sociedades del siglo XXI habrá menos obreros y más diversidad de grupos sociales que reclamen sus derechos.

SG: ¿Cuáles son los títulos, ediciones y los años de las producciones de su obra?

Arturo Fernández: Dejando de lado artículos que no voy a enunciar, los principales trabajos sobre sindicalismo en la Argentina que publiqué fueron: “Las Prácticas Sociales del sindicalismo 1976-1982”, Centro Editor de América Latina, 1985; “Ideologías de los Grupos Dirigentes Sindicales (1966-1973)”, publicado también por el Centro Editor de América Latina en 1986: en realidad éste era un trabajo terminado en 1976 donde en la tesis doctoral preveía la perdurabilidad del Justicialismo sindical y del sindicalismo Justicialista. Luego, en 1988, edité “Las Prácticas Socio-Políticas del sindicalismo (1955-1985)”, siempre en el Centro Editor de América Latina. En 1990 “Sindicalismo e Iglesia (1976-1987)”, CEAL. Esta editorial tenía una colección de bajo costo que le interesaba difundir estudios sobre el movimiento obrero, de acuerdo a la orientación dada por su fundador. En 1993, ya en Rosario, realicé un estudio de caso local: “Las nuevas relaciones entre Sindicatos y Partidos” (aunque no está en el título, en Rosario); en 1996 edité “Empresas y sindicatos frente a la flexibilización laboral”, otro estudio de caso centrado en Quilmes y zonas adyacentes, publicado por el mismo sello editorial citado; y en 1998, en Editores de América Latina (una pequeña editorial que luego no subsistió), “Crisis y decadencia del sindicalismo argentino”. En el 2002, la nueva Editorial Biebel publicó bajo el título de “Crisis, sindicalismo y después” una compilación que pretendía dar cuenta de algunos problemas ligados al trabajo y la terrible crisis del 2001-2002. Finalmente, dentro de esta línea, en equipos de trabajo financiados por el CONICET y los UBACYT diversos libros sobre Estado y relaciones laborales, publicados por las Editoriales Lumen (1999) y Prometeo (2005 y 2007), donde algunos capítulos – no todos – se refieren al sindicalismo; el último libro estudia en clave comparativa el sindicalismo de Argentina, México y Brasil.

Todos estos libros se encuentran en la mejor y más completa biblioteca de estudios sociales y sindicales de la Argentina, la Biblioteca del CEIL-PIETTE (Saavedra 15, Capital Federal) (Página www.ceil-piette.gov.ar).

SG: Por último, a su percepción ¿Cuál sería la incidencia de los estudios de Argentina sobre el tema en el exterior?

Arturo Fernández: Hubo autores extranjeros importantes: cité al japonés Matsushita, la canadiense Gouyon, el francés Bunel etc. que estudiaron el sindicalismo argentino y no son los únicos. Me da la impresión – hablando siempre más de Ciencia Política que de Sociología del Trabajo – que el sindicalismo argentino es un enigma tal como el propìo peronismo Por lo tanto en el exterior es abordado como algo difícil de comprender, lo cual se nota mucho en el celebrado libro de Bunel. Es cierto que la decadencia argentina es difícil de comprender para nacionales y, sobre todo, para extranjeros. Las resonancias más importantes de los estudios sindicales fueron el conjunto de aportes que los mejores cientistas sociales argentinos le hicieron al presidente Alfonsín, explicándole que el sindicalismo argentino – y por lo tanto el peronismo – estaban a punto de desaparecer, lo cual llevó no precisamente a aciertos gubernamentales. Ello no es “culpa” de los cientistas sociales: los políticos pueden escuchar a todo el mundo pero son ellos los que deciden. La idea del tercer movimiento histórico del presidente Alfonsín está relacionada con esta visión. Quizás los científicos sociales nos acercamos al FREPASO creyendo que el peronismo y su sindicalismo estaban en decadencia irreversible, por lo cual que había que crear un partido superador lo más rápido posible, el cual iba a iba a consolidarse inmediatamente.

En ambos casos los principales estudios sobre sindicalismo tuvieron cierta repercusión política nacional.

SG: ¿desea agregar alguna otra apreciación para cerrar la entrevista?

Arturo Fernández: Simplemente señalar que es cierto que uno comenzó a estudiar el sindicalismo cuando éste era a nivel mundial expresión del movimiento que – en mayor o menor medida y siendo o no marxista, se constituía en articulador de los intereses de los grupos subordinados en el capitalismo y que había logrado extraordinarios cambios: por un lado el Estado de Bienestar en el capitalismo; y, por otra parte, la posibilidad de formar una alternativa al capitalismo que eran la Unión Soviética y países semejantes que funcionaban con mucho dinamismo aparente y como ejemplos de superación del subdesarrollo. Todo ello era producto de la historia del movimiento obrero.

Luego de 1990 las cosas han cambiado y por eso también el interés sobre este actor. A mi entender sigue siendo el principal movimiento social, mucho más importante que los verdes o ecologistas pese a que el problema del medio ambiente es mucho más grave que otros. Sin embargo los verdes son movimientos fuertes en pocas partes del mundo. Quizás el feminismo – movimiento social más débil numéricamente - consiguió muchos más logros y cambió la condición femenina en los últimos 50 años en el Occidente y partes de Asia con más profundidad y éxitos que aquello realizado por el movimiento obrero. Sin embargo, en materia de proyección política es difícil identificar el movimiento feminista como más importante que el movimiento obrero. Aún con los enormes cambios económicos y tecnológicos en curso el movimiento obrero sigue siendo el movimiento social más influyente desde el punto de vista político y, por lo tanto, objeto de interés de la Ciencia Política.

 
 
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