Revista de la Universidad Cristóbal Colón
Número 20 (Edición digital)

 

Las inundaciones en la costa de Chiapas en 1998: reflexiones sobre el posdesastre

Jimena Cuevas Portilla

Resumen: Este trabajo presenta, en primer lugar, un análisis de las características de vulnerabilidad social, las cuales propiciaron que las inundaciones de 1998 en Chiapas detonaran un desastre. En segundo lugar, utilizando un estudio de caso, se muestra cómo la vulnerabilidad social de las comunidades chiapanecas en general no ha sido reducida después del desastre y cómo éstas están expuestas ante el riesgo de desastre.

Abstract: This paper begins in first place with an analysis of the social vulnerability characteristics which lead the floods in Chiapas during 1998 to a disaster. In second place, using a case study, the document shows how, in general terms, the social vulnerability of the Chiapas communities has not been reduced after the events occurred in 1998, and how these communities are still exposed to the risk of a disaster.


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Cuevas Portilla, J.: Las inundaciones en la costa de Chiapas en 1998: reflexiones sobre el posdesastre en Revista de la Universidad Cristóbal Colón Número 20, edición digital a texto completo en www.eumed.net/rev/rucc/20/


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INTRODUCCIÓN

En la temporada de lluvias de 1998, el estado de Chiapas presenció inundaciones que, al enfrentarse a las condiciones sociales, económicas y políticas del estado detonaron un desastre. En la primera parte de este ensayo, a través de la caracterización de las inundaciones, mostraremos cuáles fueron las causas que propiciaron que las inundaciones detonaran el desastre.

La tesis central que mostraremos en la descripción de las causas es que para hacer el análisis del desastre no se puede separar a la población afectada de la amenaza natural. Al contrario, "analizar los desastres nos permite mostrar por qué no se deben segregar las amenazas naturales de la vida cotidiana y cómo los riesgos implícitos en los desastres tienen que estar conectados con la vulnerabilidad generada para mucha gente por su existencia normal." (Cfr. Blaikie; Cannon; Davis; Wisner,1996:23).

En este contexto entenderemos la vulnerabilidad social como la interacción de diferentes procesos que se han ido conformando a lo largo de la historia de las sociedades. En este sentido, utilizaremos la propuesta de vulnerabilidad global de Gustavo Wilches-Chaux. En ella se muestra cómo la interacción de diferentes aspectos sociales, económicos, políticos, geográficos, entre otros, crea vulnerabilidad.

Wilches-Chaux (1993:25-45) sugiere que la vulnerabilidad global está constituida por la articulación de once ángulos de la vulnerabilidad,' entre los que se encuentra la vulnerabilidad física, la cual se refiere a los asentamientos humanos localizados en zonas de riesgo. Estas zonas son habitadas, necesariamente, por gente que cuenta con escasos recursos económicos, lo cual les impide acceder a terrenos seguros. Los escasos recursos económicos enuncian la vulnerabilidad económica, esta última intrínsecamente ligada a la anterior y a las siguientes. La vulnerabilidad económica es entendida, entre otras situaciones, como la falta de empleo o de suficientes ingresos, que generan una débil capacidad de acceso a las necesidades básicas.

El limitado acceso a los recursos se puede entender a través de la vulnerabilidad política, la cual se caracteriza por la centralización de recursos y por la restricción de toma de decisiones relacionada con cualquier aspecto social. De tal manera, esta última conduce a la vulnerabilidad social, resultado de las relaciones sociales irregulares que se establecen entre los mismos miembros de la comunidad y entre la comunidad y los grupos centralizados.

La caracterización de vulnerabilidad que propone Wilches-Chaux no se presenta, ni debe ser entendida de la misma manera, en todas las sociedades. Sin embargo, dichas categorías permiten establecer algunas de las condiciones que originan los desastres, siempre y cuando las categorías sean utilizadas en contextos específicos. Para mostrar cómo se conforma la vulnerabilidad en la mayor parte de las comunidades de Chiapas, en la segunda parte de este trabajo presentaremos las condiciones actuales de una comunidad en particular afectada por una inundación en 1998. Finalmente, en las conclusiones compararemos las características que se encontraban antes del desastre con las condiciones del posdesastre, para dar cuenta de que la vulnerabilidad social no se ha reducido y, por lo tanto, existen riesgos de que suceda otro desastre?

I. CARACTERIZACIÓN DE LAS INUNDACIONES DE CHIAPAS EN 1998

El 4 de septiembre de 1998 empezó a llover en la entidad chiapaneca; la gran intensidad de esta lluvia fue provocada por la depresión Javier, que se localizaba frente a las costas de Baja California Sur. Las lluvias que cayeron durante esos días en Chiapas triplicaron la cantidad de agua que comúnmente había caído en años anteriores en el mes de septiembre. La intensa precipitación pluvial provocó que, en pocos días, en el estado se encontraran inundaciones, deslaves de cerros, derrumbes, entre otras contingencias; situaciones que, en ese momento, los habitantes del estado ya vivían como desastre (Cruz y otros, 1998:55).

El desastre fue provocado en parte por un fenómeno natural manifestado en una densa avenida de agua, pero también se debió a un problema antropogénico; es decir, la deforestación, producto de incendios forestales y de tala ilícita, provocó que una parte importante de la sierra tuviera enormes deslaves y arrojara, junto con el agua, considerables cantidades de piedra y de lodo. Los cerros se desgajaron porque ya no tenían suficiente cubierta vegetal (Olayo, 1998:3). Otro factor que provocó que la inundación se convirtiera en desastre fue que parte de la población habitaba asentamientos irregulares; muchas viviendas se encontraban ubicadas en las márgenes de los ríos. La cuarta parte de la precipitación pluvial de todo un año arrastró, en unas cuantas horas, casas, puentes, siembras, vidas. Julio Moguel, en un articulo publicado en La jornada, menciona que la inundación que afectó a Chiapas no era un fenómeno que no hubiera podido preverse o reducirse en costos. El mismo autor señala que en México la calamidad natural no viene sola: "El desastre natural en tierra de indios es, hoy por hoy, la extensión de la guerra racial por otros medios". (Moguel, 1998:5) Moguel, parafraseando al subcomandante Marcos, menciona que la causa del desastre en Chiapas no fue únicamente por la lluvia. Parte del desastre provino de la improvisación, de la corrupción y manipulación de los instrumentos estatales y federales de la política pública.

La gran magnitud de la inundación no se debió sólo al clima, sino a la incapacidad del gobierno de Chiapas para hacer frente a desastres. La inundación se convirtió en desastre debido a las condiciones que presentaba y sigue presentando la entidad. Por ejemplo: construcciones de mala calidad, falta de un plan de contingencia, indiferencia por parte de la autoridades ante las demandas ciudadanas que pedían ayuda cuando las lluvias comenzaban, y a una clase política más preocupada por su imagen publicitaria que por gobernar. Durante los primeros días de septiembre, varios municipios costeros y de la sierra quedaron totalmente aislados. Había más de 500 mil personas sin energía eléctrica, agua potable, alimentos, medicinas, combustible, ropa. Hubo poblados que se dividieron en dos a causa de la crecida de los ríos, el agua arrastró el lodo, que en algunas ocasiones alcanzó hasta 70 centímetros de altura, y el agua llegó hasta niveles de dos metros. La autopista costera de 240 kilómetros que une a Tonalá con Tapachula quedó prácticamente destruida por la caída de puentes y la ruptura de la carpeta asfáltica. Por otro lado, los cientos de caminos rurales quedaron sepultados bajo el agua. No fue sino hasta el 9 de septiembre de 1998 que el periódico La jornada empezó a informar sobre la situación en Chiapas. Hasta el momento se habían cuantificado 28 muertos, 18 mil personas damnificadas, 20 municipios sin luz por el derrumbe de torres de energía eléctrica, más de 80 comunidades incomunicadas a causa del desbordamiento de 15 ríos ("28 muertos por las lluvias en Chiapas', 1998: 42). A pesar de que había un reporte que señalaba personas muertas, viviendas destruidas y albergues en donde se atendía a la gente afectada, para este momento las autoridades sólo habían declarado a los municipios dañados como zonas de emergencia. Al elevarse la cifra a 41 muertos a causa de las inundaciones provocadas por las lluvias, al quedar varios municipios incomunicados por el derrumbe y daños en la estructura de 20 puentes, el 10 de septiembre de 1998, el mismo periódico informó que la entidad chiapaneca afectada ya era considerada zona de desastre ("Chiapas: 41 muertos y 60 desaparecidos", 1998: 41). E111 de septiembre, a través del diario La jornada, la Cruz Roja informó que era complicado en ese momento entregar la ayuda a los damnificados debido a que continuaba el mal tiempo; además de que las vías de comunicación habían sufrido daños severos (Cruz, et al., 1998:55).

Cuando empezaron a mejorar las condiciones climáticas y bajaron los niveles de algunos ríos, las brigadas de socorristas comenzaron a llegar a las comunidades aisladas. El Ejército Mexicano, aplicando el plan DN-III, fue comisionado para hacer llegar la ayuda a los damnificados por vía aérea. En el área de desastre se encontraban operando 65 helicópteros, se repartieron 450 toneladas de víveres y 230 mil litros de agua; de igual forma, se instalaron 110 albergues que dieron servicio a 25 mil personas ("57 muertos por lluvias en Chiapas; en todo el país, 77",1998:53).

A pesar de que la ayuda ya había llegado a la zona, entre el 12 y 14 de septiembre, el número de muertos se incrementó a 180 personas y había 207 individuos desaparecidos. 500 mil personas de nueve municipios continuaban aisladas, sin viviendas, sin alimentos, ni energía eléctrica y empezaban a enfrentar los primeros brotes de epidemias ("Son ya 180 muertos y 207 desaparecidos en la entidad: datos extraoficiales", 1998: 4). E115 de septiembre ya había dejado de llover; sin embargo, en la zona costera nadie podía decir que tras la tempestad había llegado la calma. Durante las lluvias, la gente intentaba sobrevivir buscando qué comer, dónde dormir y cómo satisfacer las necesidades básicas. Cuando las lluvias se interrumpieron, la gente pudo darse cuenta de la destrucción de sus viviendas, de la pérdida de siembras y animales, y se enfrentó a enfermedades pulmonares, oculares y estomacales. Lo que la gente encontraba en ese momento era un lejano retorno a la normalidad.

Algunos testimonios recopilados por La jornada muestran la situación de los habitantes: "Perdimos todo; estamos en desgracia, perdimos hasta nuestros muertos." ("Hemos perdido todo, hasta nuestros muertos", 1998c: 5). A ocho días de declarada como zona de desastre la entidad chiapaneca, se informó que la ayuda entregada al estado era insuficiente ante la magnitud de los daños. La falta de víveres generó casos de rapiña entre las familias de las comunidades (Vargas, 1998: 55). La situación en Chiapas continuaba siendo crítica; sin embargo, el 20 de septiembre, a través del diario La jornada, se informó que el Presidente Zedillo había declarado que ya estaba superado el estado de emergencia en la entidad. Desde el punto de vista del mandatario ya estaban reparadas las vías de comunicación, y por lo tanto, ya era posible canalizar la ayuda a las comunidades que estaban incomunicadas. El Presidente declaró que la mayoría de las comunidades habían sido ayudadas ("Superado, el estado de emergencia en Chiapas, afirma el Ejecutivo", 1998e: 5).

No obstante, el 24 de septiembre, la organización Cáritas de la diócesis de Tapachula afirmó que, hasta el momento, había entre 400 y 500 personas fallecidas y seguían apareciendo más cadáveres. También esta organización indicó que los damnificados habían ascendido a 282 mil, de los cuales faltaba por atender el 30 por ciento. Al contrario del Presidente Zedillo, Cáritas declaró que la etapa de emergencia duraría de dos a tres meses (Román, 1998: 5 y "Han fallecido en Chiapas entre 400 y 500 personas, dice Cáritas" 1998: 49). Aun cuando la etapa de emergencia todavía no estaba superada en su totalidad, al pasar los días, la prensa dejó de publicar noticias referentes a la inundación. Al menos, el periódico La Jornada publicó el 30 de septiembre, la última noticia importante en relación con el desastre. En esta noticia se reportó el recuento de los daños y, para el momento, la afectación se cuantificó de 600 comunidades en 31 municipios, y daños a 16 mil 747 viviendas, de las cuales 8 mil 637 se perdieron totalmente, por lo que se necesitaban 200 hectáreas para reubicar a las familias afectadas (Ballinas, 1998: 7). En las zonas dañadas se instalaron mesas de registro para levantar un censo; las personas que perdieron sus casas podían acudir y así determinar la ayuda que se les asignaría. Como hemos visto hasta aquí, la inundación que se manifestó en Chiapas no fue la única causa del desastre. Las intensas lluvias que cayeron durante ese verano sólo evidenciaron las condiciones sociales, económicas y políticas en las que se encontraba el estado en ese momento. Desde nuestro punto de vista, el desastre de 1998 se puede observar como un proceso en el cual la intensa precipitación pluvial mostró explícitamente la interacción de diferentes factores, entre ellos los económicos, sociales, políticos que representaban la vulnerabilidad social del estado. Al interactuar estos factores en tal coyuntura dieron como resultado el desastre.

A continuación presentaremos las características físicas, económicas y sociales de Chiapas para entender cómo los riesgos del estado fueron determinados por la vulnerabilidad social. Asimismo, entender por qué la inundación detonó el desastre, afectando principalmente a tres regiones económicas: IV Frailesca, VIII Soconusco y IX Istmo-Costa.

El estado de Chiapas se encuentra entre los paralelos 14° 33' 3" y 17° 57 25" y los meridianos 90'22'13" y 94'8'33". La entidad está delimitada al norte por las planicies de Tabasco y al sur por la Sierra Madre de Chiapas, la cual conduce a la larga franja costera del océano Pacífico. Al este, Chiapas se encuentra limitado por los ríos Usumacinta y Suchiate y la cordillera de montes Cuchumatanes, que encuentra su fin en el interior de la selva del Petén. Desde los 600 metros de altura empieza la floresta tropical conocida hoy como Selva Lacandona, atravesada por largas cañadas; asiento de ríos, lagos, pantanos y caseríos aislados. Y, al oeste, la entidad está limitada por los estados de Veracruz y Oaxaca.

La cadena montañosa que se encuentra en Chiapas se caracteriza por formar parte de la cordillera que atraviesa América Central. En lo alto de las montañas, el clima es frío y templado, las tierras que se ubican aquí se caracterizan por estar bañadas con las aguas del río Grijalva, que corta las cordilleras en profundos cañones y valles. La Sierra Madre va descendiendo hasta dar lugar a una serie de valles de tierras fértiles y clima caliente y seco. El Río Grande cruza este valle y, al norte, se une al río Grijalva, para desembocar en el Golfo de México.

Los ríos poco extensos que desembocan al océano Pacífico provenientes de la Sierra Madre, son: el Cahuacán, el Coatán, el Huixtla, el Cintalapa de la Costa, el Novillero, el Zanatenco y el Suchiate, este último el más importante debido a que marca la frontera entre México y Guatemala. Los ríos más grandes son el Grijalva y el Usumacinta, los cuales rodean los Altos de Chiapas y se unen en Tabasco, antes de desembocar en el Golfo de México. El Grijalva cruza la sierra en el Cañón del Sumidero (Véase: Zebadúa,1999:21-23).

Desde el punto de vista geográfico-físico, Chiapas está constituido por siete regiones fisiográficas distintas: 1) la llanura del Golfo, 2) las montañas de oriente o lacandonas, 3) el altiplano central o los altos de Chiapas, 4) la serranía y meseta norte de Chiapas, 5) la depresión central, 6) la Sierra Madre de Chiapas y 7) la planicie costera del Pacífico. De acuerdo con las regiones fisiográficas del estado y con los recursos naturales que se encuentran en ellas, Chiapas está dividido en nueve regiones económicas: I Centro, II Altos, III Fronteriza, IV Frailesca, V Norte, VI Selva, VII Sierra, VIII Soconusco y IX Istmo-Costa.

Al conocer las características geográficas del estado se puede entender por qué la lluvia de 1998 afectó principalmente a la región Frailesca, ubicada en la Sierra Madre de Chiapas, y a las regiones Istmo-Costa y Soconusco, que se encuentran en la planicie costera del Pacífico. El promedio anual de precipitación pluvial de la Sierra Madre y de la costa de Chiapas oscila entre 1500.0 y 2500.0 milímetros; en el caso de 1998, las lluvias se triplicaron. Aunado al aumento de lluvia, la mayor parte de la Sierra de Chiapas estaba deforestada. Debido a la deforestación, la lluvia que cayó no pudo ser absorbida por la tierra, de tal manera que el agua fue descendiendo por la sierra hasta llegar a la planicie costera del Pacífico. En cuanto a las características sociales y económicas de la población del estado, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Información (INEGI) la población en la década de los noventa era de alrededor de 3.2 millones de habitantes, radicados en 111 municipios. Los municipios con mayor población eran Tuxtla Gutiérrez (la capital del estado desde fines del siglo XIX), Tapachula, Ocosingo, San Cristóbal de las Casas, Las Margaritas, Comitán, Villaflores, Tonalá, Chilón y Palenque. En ese período, Chiapas era el estado más pobre de México. De sus 111 municipios, 37 eran considerados con un "grado de marginación muy alto". La mayoría de su población sobrevivía con menos de un salario mínimo (Véase: Zebadúa,1999:13-19).

En los años noventa, Chiapas tenía el índice de mortalidad más alto del país. Aquí fue donde se reportaron el mayor número de casos de cólera y muertes ocasionadas por tuberculosis, enfermedades que dan prueba de la pobreza en que se encontraba el estado en general. Por otro lado, el analfabetismo alcanzó el nivel más alto del país. El promedio de escolaridad de la población de 15 años o más era de cuarto de primaria, y el 29% de todos los habitantes mayores de 15 años no tenía instrucción educativa alguna.

Aunado a lo anterior, muchas comunidades no contaban con luz eléctrica ni drenaje. Casi la mitad de las viviendas estaban construidas con materiales de lámina de cartón, bambú y palma, madera, adobe, entre otros. De la totalidad de las viviendas del estado, más de la mitad de los techos que éstas sostenían eran de lámina de asbesto, material de desecho, lámina de cartón y madera. En general, la mayor parte de la población que constituía al estado se caracterizaba por ser una población de bajos recursos económicos. Los datos estadísticos en relación con los salarios mínimos y con las condiciones de las viviendas dan cuenta de las condiciones sociales y económicas en las cuales vivía la población.

En el caso de 1998, las características antes mencionadas limitaron a la población para actuar ante la situación de emergencia. La población no contaba con suficientes recursos para enfrentar el fenómeno. Con esto no queremos decir que la situación de pobreza causa desastres; sin embargo, en el caso de Chiapas, fue uno de los factores que provocaron el desastre y, además, la población carecía de indicaciones de cómo actuar ante el mismo.

En el afán de reconstruir las causas del desastre, encontramos que éste fue producto de la interacción de los factores antes mencionados. En ese año, la mayor parte de la Sierra Madre de Chiapas estaba deforestada, lo que provocó que ésta no absorbiera el agua. Al no absorberse, la lluvia descendió por las montañas arrastrando todo lo que encontraba en el camino. Lo que halló el agua fueron casas poco resistentes y una población vulnerable que no supo qué hacer.

II. POSDESASTRE Y VULNERABILIDAD SOCIAL

El desastre de 1998 mostró las carencias de las autoridades para hacer frente a la emergencia. De igual manera, evidenció la vulnerabilidad social en la que se encontraba la población. Se podría pensar que, aunque en su momento el desastre no pudo ser prevenido, éste sirvió como ejemplo para evitar otro posible desastre.

En la reconstrucción del desastre se encontró que éste fue producto, entre varios factores: de la deforestación, de la falta de un plan de prevención ante desastres, de la falta de atención por parte de las autoridades hacia la gente que pedía ayuda cuando empezaba a llover; otra causa fue la ubicación de algunas viviendas en zonas de riesgo. Aunado a lo anterior, la condición de pobreza de la población limitó a ésta a enfrentar la emergencia y, después, a recuperarse rápidamente. Sin embargo, aunque las causas del desastre fueron evidenciadas por el mismo, después de éste, las autoridades no han hecho nada para reducir la vulnerabilidad social y así prevenir otro desastre.

Como desde 1998 en Chiapas no ha sucedido otro desastre de gran magnitud, la vulnerabilidad social no se ha evidenciado ante las autoridades, pero esto no significa que la población no esté en riesgo. ¿Los riesgos para las autoridades y para la misma población se harán evidentes hasta que suceda otro desastre? El trabajo de campo elaborado desde abril de 2004 en una comunidad pesquera afectada por las inundaciones de 1998 en el municipio de Tonalá, nos permite afirmar que, desde ese año, las condiciones de vulnerabilidad social no se han reducido. A continuación presentaremos las condiciones geográficas, sociales y económicas de la localidad Manuel Ávila Camacho, para dar cuenta que, en conjunto, conforman la vulnerabilidad social que, a su vez, determina los riesgos en los que vive la comunidad. Con este estudio de caso, pretendemos mostrar un ejemplo de la vulnerabilidad social en la que siguen viviendo las comunidades chiapanecas en general.

El municipio de Tonalá fue uno de los más afectados por las inundaciones de 1998 debido a que se encuentra ubicado en la región Istmo-Costa. Tonalá comprende la extensión territorial de 1166.2 kilómetros cuadrados y se localiza en la parte suroeste del estado, su cabecera está situada a 16° 05 24" de latitud norte y 93° 49 01" de longitud oeste y a una altitud de 60 metros sobre el nivel del mar. Al norte, limita con el municipio de Villaflores, al noreste con Villa Corzo, y con el municipio de Arriaga al noroeste. Al sureste, limita con el municipio de Pijijiapan y al suroeste con el Océano Pacífico (Véase: Trujillo et al., 1988: 527). A 23 kilómetros rumbo al sureste del municipio de Tonalá se encuentra la localidad Manuel Ávila Camacho, mejor conocida por sus habitantes como "Ponte Duro" debido a las fuertes corrientes de viento. "Ponte Duro" limita con el poblado Pueblo Nuevo al oeste y con el poblado de El Manguito al este; al norte, limita con la laguna Buena Vista, y con el estero San Francisco y el océano Pacífico al sur. Sin embargo, la costa que comprende a esta localidad tiene sólo algunos tramos de playa frente a mar abierto. La mayor parte del litoral de esta zona está formado por una serie de esteros. Durante las temporadas de lluvia, estos esteros alcanzan una extensión mayor. Como se mencionó antes, "Ponte Duro" limita al norte y al sur con dos cuerpos de agua: la pampa Buena Vista y el estero San Francisco, respectivamente. Durante el verano de 1998, estos cuerpos de agua alcanzaron una extensión mayor a la que comúnmente habían alcanzado en otros años. Esto provocó que la comunidad se inundara en su totalidad. El 6 de septiembre de 1998 empezó a llover en "Ponte Duro" y no dejó de llover hasta el 10 de septiembre. El 12 de septiembre empezaron a entrar lanchas para rescatar a la gente que vivía cerca de la pampa, debido a que en este lugar el agua llegó a 1.50 m de alto. En ese día no desalojaron a todos, ya que aquellos que habitan en zonas más altas de la comunidad todavía no resultaban tan afectados por la inundación.

Los días 14 y 15 de septiembre toda la comunidad se inundó y algunas personas empezaron a salir de ésta hacia los albergues que se instalaron en las colonias cercanas: Boca del Cielo y Cabeza de Toro. El traslado de la comunidad a los albergues se llevó a cabo a través de lanchas, ya que las calles estaban completamente inundadas. Aquellas personas que permanecieron en la comunidad, las recorrían en lanchas durante el día para vigilar sus casas y, en las noches, buscaban las partes más altas para poder dormir en lugares secos. A esta gente se le llevaron despensas por medio de lanchas y helicópteros, para que pudieran satisfacer sus necesidades básicas. La inundación provocó que algunas casas hechas de madera se derrumbaran, y que las construidas con material se afectaran parcialmente. El gobierno ayudó de forma económica a las personas que perdieron sus viviendas. Esto los benefició, ya que con ese dinero pudieron construir con materiales más duraderos (cemento) sus nuevas casas.

Cuando dejó de llover, narra la señora María Magali Aguilar

Ya mirábamos las estrellas y gritábamos de contentura, nosotros estábamos como cuando el diluvio, porque miraron el arco iris, nosotros miramos las estrellas y decíamos ya dejó de llover, ya dejó de llover. Se murieron muchas culebras y apestaba. Ya no ha habido otra inundación como ésa, pero ya quedamos atemorizados porque cuando está lloviendo y lloviendo, decimos ya nos vamos a hundir otra vez...

Como lo señala el anterior testimonio, tanto en "Ponte Duro" como en el estado de Chiapas en general, no ha habido otra inundación como aquella. Sin embargo, la gente tiene miedo de que suceda nuevamente. ¿Por qué la gente tiene miedo? ¿Su miedo se deberá, acaso, a que asumen las condiciones sociales en las que vive y a que saben que, en caso de otra inundación, esas condiciones no les permitirán enfrentarla?

Conforme a los datos del INEGI del año 2000, la localidad Manuel Ávila Camacho cuenta con alrededor de 1902 habitantes, de los cuales 969 son hombres y 933 mujeres. Existen 401 viviendas habitadas, lo que representa un porcentaje de 4.7 personas por cada casa. Un 70 por ciento de las viviendas que se encuentran en esta localidad está construido con cemento. La mayoría de los techos que sostienen éstas son de lámina y, los menos, de cemento. E130 por ciento restante de las casas está construido con palos de madera enterrados en la tierra. Algunos techos de estas viviendas son de palma y, otros, de lámina.

Cabe señalar que algunas de las viviendas de cemento afectadas parcialmente por la inundación de 1998, en la actualidad presentan fracturas en su estructura. Esto significa que éstas tienen mayor riesgo de caerse en caso de la presencia de otra amenaza natural, que aquéllas cuya estructura no está fracturada. De igual manera, las casas construidas con palos de madera, también presentan el riesgo de caerse por la fragilidad de sus cimientos.

Por otro lado, el índice de población ocupada, según INEGI (2000), es de 512 (INEGI, 2001) personas. Los datos obtenidos a través del trabajo de campo realizado en el año 2005, nos permiten saber que 452 hombres son socios de la cooperativa pesquera de "Ponte Duro". Estos datos nos sugieren proponer que la principal actividad económica del lugar es la pesca, ya que el 88.28% de la población económicamente activa se dedica a ella. Los salarios con los que vive la mayor parte de la población varían a lo largo del año, debido a que dependen de la captura del camarón. El camarón no se extrae en cantidades idénticas todos los meses del año. Por ejemplo, el crustáceo es escaso de enero a abril. De mayo a julio hay un poco más, pero no en abundancia. De agosto a septiembre es la temporada de abundancia. En octubre y noviembre, el camarón es escaso debido a que hay fuertes vientos, y en diciembre la cosecha del producto es nula. Durante la temporada de abundancia, cada pescador extrae a diario aproximadamente 10 kilos de camarón. Ellos venden cada kilo a 35 pesos (precios de 2005), por lo que durante esta temporada tienen un ingreso aproximado de 350 pesos diarios. Estos salarios son variables entre cada pescador y entre cada temporada.

Por otra parte, durante las temporadas en las que el camarón es escaso, los pescadores extraen un kilo de crustáceo diario. Por lo tanto, ellos obtienen 35 pesos por día. También se debe tomar en cuenta que, en ocasiones, ellos no tienen la oportunidad de capturar nada. De acuerdo con la captura del camarón, la mayor parte de la población vive a lo largo del año con menos de dos salarios mínimos diarios. Esto significa que "Ponte Duro" es una comunidad que se caracteriza por carecer de un excedente monetario. Los pocos ingresos económicos que tiene la población pueden ser un factor de riesgo ante una amenaza natural. En el caso de 1998, la condición económica de la comunidad fue uno de los factores que provocó que la localidad fuera afectada. Algunas de las viviendas no resistieron debido a las condiciones en las que se encontraban. Aunado a esto, los habitantes, al igual que en la actualidad, no contaban con los suficientes ingresos económicos para enfrentar la inundación y, posteriormente, recuperarse con rapidez. Otro factor que provocó el desastre de aquel año fue que la comunidad no contaba con un plan de prevención de desastres, ni un plan de evacuación. Actualmente, la gente narra que ese aspecto sigue igual, ellos no saben qué hacer en el caso de que se presente otra inundación.

Como podemos observar, las condiciones actuales de la comunidad son prácticamente iguales que aquellas que provocaron el desastre en 1998. Como desde finales de la década de los noventa no ha sucedido otro desastre de gran magnitud, las autoridades no se han dado la tarea de reducir la vulnerabilidad social de la comunidad.

CONCLUSIONES

Lo que quisimos mostrar con el estudio de caso antes presentado es que en esta comunidad, la vulnerabilidad social se encuentra prácticamente igual que en el año de 1998. De la misma manera, este estudio específico sirve como ejemplo para dar cuenta de cómo viven las comunidades chiapanecas en general.

En relación con el censo de 1990, encontramos en los datos de CONAPO del año 2000 y en el XII Censo General de Población y Vivienda 2000, que las condiciones de pobreza en el estado no han variado significativamente. De acuerdo con los datos de CONAPO (CONAPO, 2000), Chiapas es considerado como uno de los estados con un "grado de marginación muy alto". De sus 118 municipios, 44 de ellos están clasificados como de marginación "muy alta". En cuanto a los datos obtenidos a través del INEGI (2004a), encontramos que el 38.1% de los habitantes del estado que trabajan reciben menos de un salario mínimo; las condiciones sociales que caracterizan a la mayoría de la población colocan a Chiapas como el estado más pobre de la República Mexicana. En cuanto a las viviendas, el 48% de ellas están construidas con materiales de lámina de cartón, lámina de asbesto y metálica, bambú y palma, madera, adobe. E152% de las casas están hechas con tabique, ladrillo, cemento, concreto. De la totalidad de las viviendas, el 76% de los techos son de lámina de cartón, palma, madera, teja, entre otros materiales (INEGI, 2004b: 116-117). E112.2% de las viviendas carece de energía eléctrica, el 32%, de agua entubada y el 37.7%, de drenaje, mientras que el 51.9% de las viviendas no dispone de los tres servicios en conjunto (INEGI, 2001). Las características que describimos del estado de Chiapas en general, y aquellas condiciones que caracterizan a la localidad Manuel Ávila Camacho en particular, muestran que la vulnerabilidad social del estado no se ha reducido. El desastre de 1998 no sirvió como ejemplo para que las condiciones sociales y económicas de la población mejoraran. Pasado el desastre, Chiapas regresó a la normalidad. Esta normalidad significa que el estado presenta las mismas características que antes del desastre.

En el caso específico de "Ponte Duro', la vulnerabilidad social conformada por los recursos económicos, las condiciones de las viviendas y las características geográficas del lugar determinan los riesgos en los que vive la comunidad. El hecho de que hasta el momento no haya habido otro desastre de la misma escala, no significa que la comunidad no esté expuesta al riesgo de desastre. Como vimos, la vulnerabilidad social no ha sido reducida, los riesgos están presentes y posiblemente daremos cuenta de ello hasta la llegada de otra amenaza natural.'

'Durante la última semana de septiembre y los primeros días octubre de 2005, en el estado de Chiapas, la intensa precipitación pluvial producto del huracán Stan provocó varias inundaciones en diversos municipios del estado. Como señalamos a lo largo del artículo, en Chiapas se encontraban ciertos riesgos ante desastres, los cuales no eran visibles ni para las autoridades, ni para la población. Estos riesgos no se evidenciaron sino hasta la llegada de Stan. Debido a la coyuntura, la mayor parte de las poblaciones costeras se vieron afectadas. En el caso de "Ponte Duro', al igual que toda la costa, éste fue afectado; sin embargo, en los medios de comunicación nacionales se habló poco de Tonalá porque, comparado con otros municipios costeros, no se afectó de manera importante. El trabajo de campo que elaboramos en la última semana de octubre de 2005 nos permitió observar a la localidad después de la inundación. En esta semana encontramos que no hubo muertos, ni desaparecidos, sólo una casa destruida e importantes enseres perdidos. La inundación provocó que se interrumpiera la actividad económica y varios habitantes se endeudaran por la falta de un excedente económico. Después de este último desastre, la población no se ha podido recuperar y ésta sigue viviendo en el riesgo permanente ante desastres.


FUENTES DE CONSULTA

"57 muertos por lluvias en Chiapas; en todo el país, 77" (1998): La Jornada, septiembre 11, sección Estados, México, D. F., p. 53.

"28 muertos por las lluvias en Chiapas" (1998): La jornada, septiembre 9, sección Sociedad y Justicia, México, D. F., p. 42.

BALLINAS, Víctor (1998): "Graves daños y desbordamientos de ríos en Chiapas, Morelos, Edomex y Tlaxcala", La Jornada, septiembre 30, sección Estados, México, D. F., p. 7.

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